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Existen personas que no deberían amar… Capitulo 2

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Esta acción tuya sólo significaba algo: podía divertirme más contigo. Sonreí de sólo pensarlo…

Correspondí a tu beso, pero esta vez a mi modo. Te jalé de la cintura y acerqué tu cuerpo para que chocase conmigo.

Mi beso era desesperado, realmente estaba excitado con esa cara que tenías, cada toque de mi lengua con la tuya hacía que lloraras más.

Besé tu cuello de manera apasionada, realmente quería hacerte que recordaras por siempre todo de mí y que siempre sufrieras con ese amargo recuerdo.

-Ah… Alva…ro.- Titubeabas mi nombre.

Más, más, mucho más, quiero romper todo de ti, quiero que sufras, quiero que ya no puedas con esa carga. Quiero acabar todo de ti.

Esa noche a las 10:34 para ser exactos, estabas a punto de perder lo que siempre habías guardado con tanto cuidado.

-¿Estás bien?– Como si realmente me importase pregunté.

-Ah…Sí.- Decías a penas duras, cubriendo tu rostro que estaba demasiado avergonzado por el acto que estábamos a punto de hacer. Por primera vez serías retrete humano. Te haría mía, sólo mía.

-Du…Duele…- Te costaba hablar, debido a tu primera vez es normal que así fuese.

Las lágrimas volvieron a salir, sin embargo no pude verlas ya que aún cubrías tus ojos. Qué molesto era todo eso.

Tomé tu mano izquierda con fragilidad tratando de ocultar mi enfado.

-Valeria, sujétate de aquí.- Posé tu palma en mi hombro. Con mi otra mano tomé tu delicada mano derecha y la apreté fuertemente sin herirte de modo que tú sintieras confianza.

Gritabas mi nombre y suplicabas que te abrazara. Así lo hice.

Te tomé entre mis brazos mientras susurrabas la palabra ‘Te amo” una y otra vez, parecía que te habías sincronizado con tus lágrimas. Sentía como cada una de ellas resbalaba por todo mi hombro y recorría mi espalda.

“Muéstrame más”. Pensaba escuchando cada gemido tuyo.

¿Qué pasaría en la mañana? ¿Qué tal si alguien disidiese terminar todo?

Realmente quería ver esa reacción en tu cara, pero ahora no era el momento. Quería que sufrieras mucho más.

No podía dejar de sonreír de imaginarme tu completo dolor mientras tú dormías recostada en mi pecho.

Comencé a juguetear con tu largo cabello marrón, lo enroscaba entre las yemas de mis dedos. Era muy suave y olía bien. Era un olor embriagante debo aceptar.

Despertaste con una sonrisa estúpida en el rostro, ahora abrazándome y con la cabeza en mi cuello. Eres molesta, demasiado, pareces una niña.

-Buenos días amor- Dejaste salir de tus labios para después rozarlos con los míos.

¿Cómo es posible que hubiese alguien tan tonta como tú?

Sonreí, no por el beso si no por tu incredulidad e inocencia.

-Buenos días cariño.– Respondí dándote un delicado beso en la frente. Te sonrojaste en el acto y cubriste tu rostro con las sabanas.

Por un instante sentí un dolor en el pecho… Seré honesto me dio ternura esa inocencia que poseías por naturaleza.

Rápidamente borré ese pensamiento tan innecesario y me levanté a ducharme dejando tu momento íntimo con las sabanas.

Sumergí mi cuerpo en una tina llena de agua caliente, el vapor que emanaba de esta era muy agradable.

Cada contacto con tu cuerpo quería olvidarlo fuese como fuese. El sexo sólo es una mentira una simple farsa mal estructurada. Quizá sólo una diversión.

-Qué bien se siente.-

¡¿Qué demonios?! Pensé en esos momentos cuando te metiste y te acorrucaste conmigo en la bañera haciendo que el agua sobrepasara su límite por el peso de alguien más dentro.

-Eh…Sí claro el agua caliente es lo mejor.- Maldita sea.

¿Qué intentabas hacer?

-¡Oh por dios! Amor estás sonrojado, jaja. Eso déjamelo a mí.- Dijiste giñando tu ojo derecho de manera seductora.

Maldición tenías razón, estaba ruborizado, ¿Qué esperabas? Soy un hombre y el acto que acababas de hacer era muy inesperado y vergonzoso.

¿Qué les pasa a las mujeres hoy en día?

Sonreías tan dulcemente, suspirabas tan abiertamente.

Y tú corazón… ¡por dios tu corazón! Parecía que un baterista profesional estuviese tocándolo. Podía escuchar cada bombeo de sangre que daba; era muy rápido y pesado.

Oh quizá… ¿Era el mío?

¿Qué demonios estaba pensando?

“Reacciona Álvaro sólo pasaste una noche con ella” Quería que esa frase rebotara en mi cabeza.

Al tener relaciones siempre fue indiferente, nunca me importó nada, siempre me lanzaba al precipicio y después huía. ¿Qué era diferente en esos momentos?

Maldita sea de nuevo el pecho me dolía.

Por si fuera poco apestabas, ese jodido olor que emanaba de tu cuerpo no podía dejar de percibirlo.

¿Pero que estaba diciendo? Pareciera que fuera un sabueso.

-¡¿Pero qué?!-

Hubiese pensado otra cosa con todos esos pensamientos intrigantes en mi cerebro si no hubiese sido por la fuerte erección que me dio y tu acto seguido; un fuerte grito desgarrador.

Menos mal que me habías quitado esos pensamientos, aunque sigo opinando que la cachetada que recibí por parte tuya era muy innecesaria. Fue tu culpa para empezar.

No entiendo la función del cuerpo y creo que jamás lo haré. Es decir, no me cabe en la cabeza que haya personas que se odien pero puedan entregarse de manera sexual por el simple hecho de placer.

Tú no me odias, me repites tantas veces que me amas que es imposible pensar tal sentimiento hacia mí, es por eso que entregaste todo ayer.

Sin embargo yo te desprecio y me repugnas, A pesar de eso mi cuerpo reacciona ante ti. Es ahí donde no comprendo.

-¡Eres un idiota! Como puedes pensar en esas cosas sabiendo que sigo muy sensible.– Dijiste de manera muy caprichosa e infantil.

Enserio nunca me cansaré de decírmelo; en verdad te odio.

Pero no importaba en esos momentos, ya te haría sufrir más tarde.

El día transcurrió de manera normal, quitando tus golpes cada que me intentaba acercarme a ti.

-¡AH!… ¡NO TE ACERQUES!-

En verdad deberían darme un premio por haber seguido con mi farsa.

Caminabas muy tímidamente con las manos juntas, como tratando de ocultar algo.

Me mirabas de reojo y cuando te regresaba a ver, volteabas rápidamente y te sonrojabas. Por unos segundos sentí un acto involuntario.

Sonreí… ¿Sonreí?

“Tengo que acabar con esto”. Pensé después de esa traición de parte mía.

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Podría perder todo lo que hasta ahora había hecho, por una simple confusión. Tengo que aprender a controlar mejor mis acciones, no quiero que mi cerebro sea monótono sin mi consentimiento.

¿Qué debería hacer? Si terminaba ahora contigo, tu mente tan pequeña imaginaria que sólo te ocupé de objeto sexual. Igual sufrirías pero lo olvidarías muy rápido y lo dejarías en una pequeña experiencia del pasado.

Yo quería que sufrieras más. Que fuese inolvidable. Quería enterrarte una espina que siempre sangrara en tu corazón y nunca pudieses ser feliz.

Mis acciones ahora fueron cambiando. Era más detallista a la hora de un regalo, te decía más seguido una frase sin valor para mí.

-Te amo y siempre lo haré- Ésta última, siempre la hacías terminar con muchos besos empalagosos.

Pase más horas contigo, evité a mis amigas y amigos, para hacerte creer que en mi mundo sólo había espacio para ti.

Tuviste muchos pretendientes que intentaron alejarte de mí.

Te dijeron tantas cosas ciertas mías.

“Él está engañándote con otra; No te conviene sólo juega con tus emociones; Sólo te utilizó”

Dejémoslo en un etcétera.

Nunca las creíste, pensabas que eran típicas frases de pretendiente celoso.

Pobre ingenua, si hubieses escuchado a uno de ellos, mi plan se hubiera derrumbado y todo mi tiempo que dedique en formularlo sería en vano.

Tu mejor amigo, ese bastardo de Samuel, sabía todo lo que yo intentaba.

Aún recuerdo cuando se enteró.

Te desprecio y créeme que mucho, pero ella ha te ha escogido y no puedo hacer nada, sólo te pido que siempre la cuides y nunca la lastimes-

-¿Crees que realmente me interesa? No eres nadie para ella y aunque lo fueses no te haría caso, ella solo es una pieza en mi tablero.- Solté sin preocuparme a su reacción.

-¿De qué hablas?- Otro estúpido en el planeta, perfecto.

Creo que es más que claro, ella es mi sujeto de observación. Quiero descubrir hasta dónde puede llegar la cordura humana con el simple hecho de enamorarse.- Decidí que sólo Samuel supiera eso de mi propia boca. Deseaba ver la reacción que tenía.

Él estaba perdidamente enamorado de ti, pero tú siempre lo viste como un amigo.

-Esto no se quedara así, no permitiré que la hieras. Un bastardo como tú no merece verla sonreír- Dijo de forma asesina.

Me tomó de la camisa y me alzó, mostrándome su puño de manera amenazadora.

-Adelante hazlo, golpéame, esto me dará puntos sobre ella y a demás por fin te hará desaparecer de su vida por herir a su amado novio.- Sonreí cuando su semblante cambio a una cara sorpresiva y analítica.

-Maldito…- Me soltó de la camisa y se sentó en una banca de la plaza con las manos en el rostro, tratando de ocultar las ganas de asesinarme.

Suspiró tratando de que todo su cuerpo y su mente se calmaran. Esto era realmente grandioso, ahora tenía a dos personas de prueba.

La primera sufriría la perdida de alguien que amaba hasta el borde de morir y la segunda persona, sufriría de un amor no correspondido y viendo sufrir a su amada con alguien que jamás la querrá.

Samuel seguía sin dejar su rostro aún sentado en la banca.

Decidí irme, no había nada más que ver ni que decir por parte mía.

Tomé mis cosas y comencé a caminar por el trayecto rumbo a mi casa.

-Ella se dará cuenta, independientemente sin que le diga, no es tan tonta como crees, Álvaro…

Me detuve al escuchar sus palabras, volteé a verle y le sonreí tan felizmente.

-Entonces debo darme prisa en mi propósito, gracias por el consejo eres un buen amigo.-Retomé mi camino y pude escuchar como Samuel golpeó fuertemente la banca.

Interesante amigo tenías Valeria. Aunque me deprimí cuando no te dijo nada de nuestra pequeña charla.

Realmente me hubiera gustado ver cómo te ponías de parte mía. Porque a decir verdad yo sabía que así sería. Creo que él también lo intuyó, debo reconocer que es un poco listo.

Por fin apareció otro jugador en mi ajedrez.

¿Qué tanto duraría dentro del juego? Esperaba que mucho, ya que ahora con él dentro, las cosas serían más interesantes…

Abraham Rocha Rdz

 

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Existen personas que no deberian de amar…. Capitulo 1

Quizás al 

principio te 

detesté… Para 

ser sincero odié 

tu manera de 

ser. Me parecía 

demasiado 

ruidosa y 

molesta.

Fotografia: José Novelo 

Fingía una sonrisa de agrado por mi presencia, pero la realidad no fue a si llevabas prisa y no era nadie en tu vida,  siempre me molestabas con tonterías y reiamos. Lo dejaba pasar ya que desde que te conoci me encantaste en pocas palabras asi empezo todo

Desde la primera vez que te conocí lo supe, me habia enamorado de ti, tus gestos y tu mirada te delataban. Intentaba pasar el mayor tiempo posible conmigo.

A pesar de mi descubrimiento no me importaste, no te dediqué ningún pensamiento, pero las conversaciones fueron creciendo pero mi corazon ya pertenecia a otra persona aunque lejos estaba no me importaba

“Invitación de Charla de: Valeria Hoffman”

Tenía dos opciones cada vez que lo hacías. Ignorar y aceptar. Pero sabes algo, siempre aceptaba tus llamadas. Quizás sólo lo hacía para reírme de ti. ¿Con qué me sorprenderías hoy? Me preguntaba siempre.

Esa charla terminaba en peleas y discusiones. Eso era lo que tú querías, agradece que te cumpliera tus deseos.

La más graciosa de tus acciones, fue cuando pediste ayuda a un amigo mío para confesarme tus emociones. ¿Crees que yo no los sabía? Siempre los supe.

Tus mejillas ahora pintadas de carmesí y una mueca de timidez rebosaba toda tu cara.

-Tú me gustas- Soltaste de repente agachando tu pálida cara con toques de ruborización excesiva.

Era por fin mi momento de alejarte de mí, destrozar tu pequeña mente con crueles palabras y demasiado desprecio. Todo lo que alguna vez encerré en mi mente y que siempre te quise decir saldría por primera vez.

Sin embargo, aún agachada, pude divisar como caían unas cuantas lágrimas de tu rostro esperando una respuesta. Contuve aquellas palabras que esperaba decirte.

Sonreí para mis adentros. ¿Realmente me amabas?

Interesante. Pensé.

Te abracé y te susurré un: Lo mismo siento por ti.

Sentí como te sorprendías como si no esperaras mi respuesta, decías mi nombre una y otra vez. Que gracioso no podía contener mi sonrisa.

La única razón de que yo aceptase tener algo contigo, fue que quería jugar con tus emociones. ¿Cuánto podía ilusionarte con palabras amables?

Ese día te dediqué todos los pensamientos, quería enamorarte más y más. Quería ilusionarte y que tú imaginaras un futuro a mi lado, para después romper todo lo que tenías. Me emocionaba el simple hecho de imaginar ese día.

Realmente te odiaba, odiaba tu sonrisa cada que te veía, tus pequeños caprichos, tus celos y sobre todo tu amor.

Te amo mucho Álvaro eres todo para mí.- Decías una y otra vez.

-Yo más mi pequeña– Mentía siempre, mi objetivo se estaba cumpliendo. Toda palabra que yo te dijese era motivo de una estúpida sonrisa en tu rostro y un rubor inimaginable.

Tú creías cada frase de mí, confiabas en mí, lo más importante era que me amabas a locura.

Tuve muchas ideas de enamorarte más y hacerte creer que me estabas perdiendo dándote celos con amigas que fui conociendo.

-Vete con Itzel tu mejor amiga anda- Tus reacciones eran graciosas pero no podía perderte, es más, esto me daba mucha ventaja de irte destrozando tu corazón poco a poco.

-Amor yo sólo te amo a ti, ella es una amiga, tú eres mi luz que me va iluminando y que me ha salvado siempre.- Por ti tuve que volverme cursi en mis mentiras, todo un poeta. Te las creías y siempre te disculpabas por reaccionar así.

Intentaste darme celos dos o tres veces.

Él es Samuel, es mi mejor amigo y siempre puedo contar con el cuándo tú no estás.-

Eras demasiada obvia y me daba gracia todo eso, pero claro no pude decir que no me importaba, porque en esta mentira mi rol era estar enamorado de ti.

Él es buen chico ¿no? Pareciese que él te merece más que yo, supongo que es lo que me tratas de decir.-

Haciéndome el celoso ganaba puntos y estabas cayendo más rápido en mi trampa. Tú misma fuiste haciendo tu red.

Ese tal Samuel te amaba, yo lo veía en el modo en que me odiaba y en el que te miraba, sin embargo tú no te dabas cuenta.

El día que él te propuso dejarme tu inmediatamente dijiste que no.

-Lo siento, mi corazón sólo pertenece a Álvaro.-

Heriste sus sentimientos y para compensar mis “celos” rompiste todo contacto con él. Esto era perfecto, lastimaste a una persona sólo por mí, por fin te tenía colgando de mi meñique.

Para hacer que me amases más, decidí frecuentarte poco para que las ansias de poder verme se hicieran más grandes. Y así fue, poco a poco te ibas hundiendo en una depresión de amor.

Tuve ciertos contactos que me ayudaron a saber cada una de tus emociones. Me enteré que seguías teniendo comunicación con ese tal Samuel ya que sentías una fuerte tristeza de un amor no correspondido. Vaya eras más lista de lo que pensé, tu corazón, por así decirlo, intuía falso amor de parte mía.

Antes de que tu fueses la que me declararas como te sentías y que todo se fuese por la borda decidí terminar de cierto modo con la farsa antes que tú. Deseaba hacerte sentir culpable.

Te mentí como siempre.

-Valeria, tenemos que hablar.- Tu rostro se puso pálido y me miraste con esos ojos azules tan bellos, no mentí cuando dije que realmente eras hermosa. -Me es difícil decirlo pero no soy el indicado para estar a tu lado, quiero que seas feliz y siempre sonrías. Temo que yo no soy aquella persona que te pueda hacer feliz, tu amigo Samuel parece sacar las sonrisas que yo no pude.-

-¿De qué hablas Álvaro? Él…Él sólo es un amigo…– ¡Ja! Fue más fácil de lo que me imaginé, ni siquiera había terminado de soltar mi actuación y tus ojos ya se habían puesto muy acuosos.

-Valeria… Realmente quiero que seas feliz, además temo que este es el fin, no podré verte nunca más, debemos seguir, te aseguro que estarás mejor con él.- Terminé mi actuación ensayada y repasada días atrás. Incluso ya sabría tus respuestas.

-Por favor no me dejes, eres todo para mí, sin ti… Sin ti yo me moriría.-

No pude evitar reírme en mis pensamientos, esa última frase no me la esperaba, si hubiesen caído lágrimas en esa última sería una novela bastante graciosa.

Lástima que las soltaste después de 5 minutos de silencio.

Te cubriste la cara tratando de que tus lágrimas ya no salieran. No puedo creer lo feliz que estaba, realmente me gustaba ver esa expresión en tu rostro.

-Lo siento…- Dije como si yo también estuviese dolido y me marché, para ser sincero no quería irme, deseaba ver más y más tu rostro lloroso. Gritabas frenéticamente una y otra vez mi nombre, sin embargo no volteé ni una sola vez ya que aquella sonrisa que sobresalía de mis labios no podía ser parada. Sin embargo, fui detenido de repente por una pequeña mano que se aferraba a mi chaqueta.

-No te vayas…- Traté de quitar mi sonrisa del rostro pero fue imposible, así que hablé sin voltear a verte.

-Es lo mejor para los dos.– Mi voz sonaba triste ¿Qué esperabas de una actuación muy bien ensayada?

De verdad deseaba voltear, sólo para poder ver ese rostro que tanto me gustaba. Ese, tu rostro sumergido en tanto dolor.

-¡No lo aceptaré!- Alzaste la voz y corriste para ponerte frente mío.

Demonios. Pensé, yo seguía sonriendo, pero al parecer tú no lo viste ya que cerraste tus ojos, donde aún brotaban esas lágrimas tan saladas y me besaste. Debo admitir que fue un beso muy tierno y frágil. Me habías tomado de sorpresa, pero no importaba, podía ver tu rostro más de cerca.

La vista de esas mejillas rojas y bañadas con ese líquido reprimido era sumamente bella.

Esta acción tuya sólo significaba algo: podía divertirme más contigo. Sonreí de solo pensarlo…

Abraham Rocha Rdz 

Cuatro crisis existenciales que debemos superar

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¿Quién no ha tenido crisis existenciales contra las que luchar?
Los que me conocen saben que soy muy crítico. Primeramente soy crítico conmigo mismo y con la forma que en ocasiones opera mi propia mente. También soy crítico con la sociedad e incluso con la humanidad como especie. El problema es que cuanto más crítico eres más riesgo tienes de sufrir crisis existenciales. Sin embargo, sin crisis existenciales ni reflexionaríamos lo suficiente ni podríamos disfrutar de las liberaciones catárticas que experimentamos cuando éstas estallan y nos permiten tomar un nuevo y mejor rumbo en nuestra vida.
A continuación expongo 4 crisis existenciales, algunas propias y otras, omnipresentes en la sociedad en general. Las 4 me producen o me han producido verdaderos quebraderos de cabeza pero, por otro lado, también son, para mí, referencias. Es decir, puntos de apoyo que utilizo como fuentes de inspiración para mejorar día a día. Enfrentarme a ellas me ha permitido convertirlas en motores motivacionales de mi existencia y, por tanto, en mis amigas, pues estimulan mi crecimiento personal y contribuyen continuamente a mejorar mi vida.

1. El sentido de la vida

“Mi vida no es plena, para qué engañarme. A veces no encuentro los porqués de lo que hago ni veo el verdadero objetivo de mi existencia. Me siento prisionero del camino social preestablecido, ese que nos impone lo que hay que hacer (y lo que no) para triunfar en la vida. Desde que nacemos, existe un mensaje subliminal que nos dice que para triunfar o ser alguien en la vida hay que tener estudios superiores, encontrar un buen trabajo o fundar una familia en una cómoda casa con jardín.

-¿Con qué derecho pretenden regir nuestro destino?-me digo a mí mismo-¿Por qué nos limitan psicológicamente desde la infancia haciéndonos creer que existe una receta estándar para llegar a felicidad?

Siento que mi verdadero camino está lejos de los cimientos que en la actualidad estoy forjando. Siento que en mi vida debe haber un cambio radical que me permita encontrar un camino que me satisfaga. Espero ser suficientemente valiente para emprender ese arriesgado viaje eligiendo bien mi destino, teniendo el coraje para superar los obstáculos que vengan y siendo lo suficientemente sincero conmigo mismo”.

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La prisión de la mente y la sociedad:

No hay nada más asfixiante que verse obligado a estar recluido en una prisión. Cuando estás preso no existe un futuro inmediato, sólo existe un presente desolador del que no podemos escapar y que nos impide realizar lo que anhelamos. Nuestro destino se encuentra bloqueado, nuestras necesidades más íntimas son ignoradas y los placeres de la vida pasan por nuestro lado sin que podamos disfrutarlos.

Esta es la vida del prisionero, una vida sin libertad y sin esperanza donde la existencia pierde su chispa, convirtiéndose en algo monótono, gris e indeseable. El no ser dueño de ti mismo ni de tu destino convierte la vida en algo indigno de ser vivido.

Nuestro mundo está lleno de prisiones, pero no de prisiones de piedra y metal sino de prisiones que habitan en nuestra mente. Nuestro entorno y nuestra sociedad nos cargan de obligaciones y trampas para mantenernos constantemente ocupados y preocupados. Luego, nuestra mente acaba siguiendo esos dictados hasta desarrollar pensamientos negativos, rutinas inútiles y obligaciones autoimpuestas. Y al final, sin darnos cuenta, nos encontramos con una agenda sin huecos, un ritmo de vida frenético y una existencia monótona, falta de estímulos y sin proyectos a largo plazo que nos ilusionen.

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Vivir así perpetúa un estilo de vida que no potencia nuestras cualidades, que nos obliga a hacer cosas que no nos gustan y que impide que sigamos nuestros sueños. Esto no es una vida, es una prisión. Una prisión donde todos nuestros actos están controlados y donde aquello que se sale de los límites establecidos está prohibido. Por tanto, acabamos presos de una vida mediocre que, en lo más profundo de nuestro ser, sentimos que no merece la pena ser vivida.

Ser consciente de estos hechos es útil para liberarse las limitaciones que tanto nuestra propia mente como la sociedad acaban incrustando en nuestra forma de ser y vivir. De hecho, el modelo social actual nos lleva al límite hasta que terminamos vacíos y agotados. Pero, en realidad, ¿Para qué tanta prisa? ¿Hacia dónde nos lleva ese ritmo de vida tan acelerado? Estas preguntas me llevaron a la tercera reflexión.

El estrés, la enfermedad de los tiempos modernos:

En nuestra sociedad “moderna” solemos empeñarnos por hacer el máximo número de actividades posibles en un tiempo limitado: estudios, trabajo, cursos de idiomas, un segundo trabajo de fin de semana, …Eso nos lleva a ir constantemente al límite y con la agenda continuamente apretada. Siempre estamos lamentándonos de lo ocupados que estamos y del poco tiempo del que disponemos para nosotros mismos. En estas circunstancias no tenemos margen de maniobra, estamos siempre al filo del colapso y cualquier imprevisto, contratiempo o circunstancia que altere nuestra rutina hace que nos sintamos sobrepasados.

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Finalmente, acabamos nuestra vida eternamente ocupados, angustiados y estresados por tareas absurdas. Y cuando ya es demasiado tarde, nos damos cuenta de que hemos dejado pasar las actividades que realmente importan: aquellas que nos hacen sentir bien, aquellas que nos ayudan a cumplir nuestros sueños y aquellas que nos permiten hacer algo por los demás y crear un mundo mejor.

Ser consciente que llevas una vida frenética y sin sentido es el primer paso a la hora de crear un estilo de vida “diferente” que se ajuste más a aquél que siempre deseaste. Y, para concluir, no podía dejar pasar la oportunidad de azotar un poco a la humanidad entera como especie en mi última reflexión. De hecho, si analizamos fríamente nuestra especie, no podremos negar que dejamos aún mucho que desear.

La crisis espiritual de la humanidad:

Observo una curiosa paradoja en la forma de actuar de las personas. Aquéllas que tienen dinero, poder y recursos no son felices en su vida porque se sienten vacíos, solos o porque no tienen tiempo para sí mismos. Por otro lado, las personas que no disponen de dinero, poder y recursos tampoco son felices porque, aunque puedan disponer de tiempo para sí mismos, no disponen del confort y la tranquilidad necesaria para disfrutar de lo poco que tienen.

Así pues, parece que nadie es ni puede ser feliz o, mejor dicho, que nadie sabe ser feliz. De esta situación derivan muchas paradojas y nacen muchas de las crisis existenciales que atormentan las personas de nuestros tiempos. Crisis que tienen origen en cuestiones de naturaleza filosófica, moral y espiritual. Muchos no estarán de acuerdo conmigo en esta última afirmación pero, decidme entonces por qué el desarrollo (tecnológico, económico, ecológico, médico e intelectual) es cada vez mayor y, en cambio, somos cada vez más infelices a causa del modo de vida que acabamos construyendo. ¿Cómo es posible si no que cuantas más comodidades y posesiones materiales tengamos más vacíos e insatisfechos nos sintamos? ¿Por qué no usamos los avances tecnológicos para mejorar la ecología y el medio ambiente en lugar de fabricar armas y obtener un mundo cada vez más deforestado, más contaminado y más cercano a la desaparición de la vida? ¿Por qué el desarrollo de la economía genera cada vez más hambrunas y desequilibrios entre las personas y sociedades?

 

 

 

clic… el tiempo se paro

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De esas veces que escuchas un clic y sientes como el tiempo se para. Un golpe seco que al fin y al cabo no es un golpe. Aquellas veces en las que se activa el botón de la incomprensión, que se acciona lo desconocido y se entierra tu propia monotonía. Aquellas veces en las que al no entender, re inventas el significado de ira; solo que esta vez, en esta historia, la ira se casó con la decepción.

Y no entendieron de vaivenes aquellos que los miraban, ni de reproches, ni de silencios negativos y vengativos; en este caso solo ellos comprendían su forma de vivir.

No entendieron, los demás, de sus ausencias y sus pocos ratos. No entendieron su conveniencia ni sus falsas sonrisas. No comprendieron el engañoso cariño del que es engañado, del que disfruta siéndolo, del que sabe serlo. No entendieron el velado placer de abrir la herida con las dos manos.

No lograban habitar sus sensaciones, interiorizar sus pensamientos. No pudieron determinar sus sentimientos encontrados, y aquellos que no se encontraban por el camino.

No apoyaron el veneno que bebían por amor, ni el amor personalizado del propio veneno.

Quién podía ser Ira o Decepción. Quién podía ser Soledad o Desencanto. Quién podía ser Indiferencia o Dolor. Quien podía encarnar cualquiera de esos papeles, llegaba a empatizar con el primer hilo del trayecto. Pero nunca llegaba a desenredar la madeja.

En este caso, esta aislada vez, Ira se enamoro de Decepción solo por el placer de crearla y Decepción correspondió simplemente por que no sabía hacer otra cosa para calmar su propia sed.

Pero no se complementaban, su madeja estaba demasiado enredada. Mientras la pena se tomaba una copa con la alegría y no muy lejos la tristeza molía a palos a la sinceridad. Cuando todos vivían su absurda lucha de egos y absolutamente todos querían salvar la partida.

De esas veces que escuchas un clic, un onomatopeya que puede simbolizar cualquier cosa, que puede significar aquello que tu quieras, y que esta vez quizás solo simboliza la rotura de una cuerda.

La apertura de una herida y un sanar lento pero necesario. Que haya o no hemorragia, aun cuando haya o no dolor. Aun cuando siempre haya terceros en la historia.

De esos silencios que ahogan palabras, que las absorben, las enguyen y deterioran. De aquellas palabras que son utilizadas, no para el diálogo, si no como instrumento de caza. De aquellas cacerías con ánimos de dejar manchas de sangre en el suelo al paso de tus pies. Del ritmo de tus pisadas. Del tambor de la guerra.

Encontraban al tiempo en contra, encontraban al espacio encaprichado, uno de ellos no moriría nunca mientras que el otro solo viviría a  ráfagas de destiempo, abrazado algunas noches al olvido.

Olvidó el tiempo hablar de inseguridades, aquellas que se llevaban a la boca cada noche y hacían un recorrido inverso por el estómago. Aquellas que se contaban sin ni si quiera contarse. Y hablaban de su gemela, confianza; les quedaba grande.

Olvidó el tiempo advertir del tiempo que duraría la marea baja, olvidó poner precio al minutero y venderlo al por mayor.

Esas veces en las que solo puedes fruncir el ceño y apretar los labios, para después permitirles una vida entera de relajación.

 De esas veces en las que oyes un clic y hasta la historia más cuerda se rompe, que hasta el propio romper lo hace.

Abraham Rocha Rdz

 

 

 

 

“Crimen mas dulce”

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Tenía esa fascinación macabra por los crímenes. Los cuándo, cómo, dónde y a quién.
En primer, segundo, y tercer grado. Premeditado, con alevosía, con ensañamiento. Por emoción violenta, en ocasión de robo, o pasional. Los sabía todos y los estudiaba con secreta emoción. ¿Qué llevaba a todos esos locos a cometer ese tipo de actos? ¿Nacían o se volvían así? Eran preguntas sin respuesta PERO me encantaba.

Desde luego que siempre me ocupaba de leer de ese tipo de crímenes, de esos en los que la muerte se confirma clínicamente y con autopsia de por medio, y no de esos en los que se robaban corazones y dejaban muertos en vida, hasta que mi vida misma dio un giro y se lo mostró.

Si en su mente siempre sonaba 9 Crimenes, él llevaba los nueve encima.
La miel de sus ojos, su mirada perversa, su sonrisa, su perfume, la forma de hablar, cómo caminaba, la fascinación por lo perverso, el amor por su hijo, y sí, parecido a ella pero no igual, también estudiaba crímenes. Pero él sí se ocupaba de esos que roban el aliento en un segundo, de esos amores que te llevan a vivir en el cielo y el infierno al mismo tiempo (y si eso no es un crimen debería ser ilegal).

Y logró obsesionarme, casí podría decirse que se había vuelto loca, que su habitación podría haber sido una perfecta escena del crimen después de estar juntos. Pero ella se ocupaba de casos reales, qué sabía de amor y contar lunares como si fueran estrellas, que era lo que la diferenciaba de mi, que sí sabía de esas cosas, y sí que sabía jugar. Porque todo lo que tenía de romántico lo tenia de perversa y mi mente no dejaba de pensar en el gran crimen que estábamos por cometer

Siempre tenía las palabras precisas, la sonrisa intacta, la mirada que le gustaba, todo el conjunto que podía obligarla a hacer cualquier cosa; y yo lo sabía. Aunque al mismo tiempo cualquiera podía sucumbir a sus encantos (y claro que lo hacían) por eso mentir era un arte, y creía que un par de palabras lo solucionaban todo, pero olvidó un (no tan) insignificante detalle, se había metido con alguien mental primero que  emocional, y olvidó que la gente mental piensa demasiado.

Y por supuesto que yo pensaba demasiado; entre su padre celoso, la lectura y las películas, pensaba más como un psicólogo cronológico que como ser humano no sabia diferenciar lo personal y en todos lados estaba presente la psicología. Sabía cuándo alguien le estaba mintiendo y sabía que ella mentía, pero ya era tarde para muchas cosas porque él ya no estaba sólo en su mente sino en su alma. Él asesino y ella loca por morir. Pero así pasa cuando sucede. 

PARA MI SOLO SE CONVIRTIÓ EN UN CRIMEN MAS QUE LO DISFRUTO MIENTRAS DURO
By: Abraham Rocha Rdz

 

vendedora de caricias …

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Desde tiempos antiguos se ha escuchado hablar de geishas y prostitutas, así como también se les ha criticado desde siempre por ser pecadoras, hijas de Satanás y de más cosas; pero nunca se han puesto a pensar cuáles son los motivos por los cuales han tenido que vender sus cuerpos. Bueno, esta es mi historia y de cómo fue que terminé siendo prostituta.

Mi nombre artístico es PAMELA y empecé como sexo-servidora a los 19 años. Los motivos por los cuales empecé en este medio fue cuando la economía de mi familia empezó a deteriorarse, pero la circunstancia más grande fue cuando mi pequeño empezó a enfermar, hasta llegar el punto que le dio neumonía, así que tuve que llevarlo al hospital y ahí mismo lo internaron, pero desafortunadamente no tenía dinero para pagar, así que acudí con una amiga, ella me prestó dinero y enseguida fui al hospital; cuando llegué me dijeron que no era suficiente, que mi pequeño Mateo estaba cada vez más débil y que lo mejor era que me lo llevara a mi casa para que ahí muriera.

Y fue así como me vi en la necesidad de tener que aceptar aquella propuesta, que por mucho tiempo Karina me había propuesto acerca de convertirme en una vendedora de caricias. Esa misma tarde Karina me llevó con Orlando, el hombre que me daría protección y el mismo para el que empezaría a trabajar desde entonces para empezar a llevar una doble vida.

Mi primera cita fue con un hombre aproximadamente 45 de edad, esa noche me sentí la mujer más sucia del mundo, me bañe una y otra vez, pero enseguida intente ver el lado bueno del porqué hice lo que hice y ese único motivo fue por mi bebé, nada más por él; así que busqué fuerza de donde fuese que la tuviera para continuar en este nuevo mundo. Sí, mi bebé se recuperó, pero ahora lo único que quedaban eran deudas, así que habría que pagar aproximadamente 50,000 mil pesos en tres meses, no me quedo de otra que seguir trabajando para Orlando.

Y es que entre más me quería zafar de ese trabajo, más me veía envuelta y sin darme cuenta, ya había pasado casi un año, corriendo riesgos en este empleo, pero ¿qué podía hacer si la crisis cada día empeoraba y era cada vez más difícil encontrar un buen empleo? Así que debía continuar como prostituta.

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En una ocasión mientras atendía a un cliente, éste me empezó a golpear sin razón alguna, pero afortunadamente uno de los protectores que me había asignado Orlando, se dio cuenta y fue así como me salvó, pero infortunadamente muchas veces no es así con otras mujeres.

Sin embargo, esta pequeña historia no es nada a comparación de las miles y miles de mujeres, que como yo, tuvieron que convertirse en vendedoras de caricias. Créeme mi amigo, que nunca se gana más de lo que se pierde, porque en un trabajo como este, los riesgos que se corren son innumerables, además la doble vida que uno lleva es demasiado dolorosa, ya que debes fingir placer al estar con alguien a quien no conoces y quizás no volverás a ver nunca más.

Mi nombre real es Diana y hoy en día ya no empleo como sexo-servidora, sin embargo, esta historia siempre estará conmigo y puedo decir orgullosa que lo hice para salvar a mi hijo; no como muchos creen que lo hacemos por dinero fácil. Así que nunca critiques el porqué una mujer se convierte en vendedora de caricias.