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Existen personas que no deberian amar… capitulo 19 & 20

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¿Qué rayos le ocurría?

-¿Emile? ¿Estás bien?- Pregunté preocupado. No respondió. Quedó absorta en sus pensamientos. ¿Qué estaba pensando? ¿Cuál era el motivo de sus lágrimas?

Fue un sentimiento confuso. Algo que no entendía muy bien… Una simple anomalía que ocurría en mi vida.

El pesado cuerpo que chocó con el mío.

-Duele…- Solté inconscientemente. A veces creo que mi cerebro me jugaba una mala pasada. Decía lo que debía permanecer en mi cabeza. Tenía que disculparme pronto… pero ¿cómo? Nunca fui buena hablando con los demás. Se malinterpretan mis palabras y al final no puedo hacer nada. Era muy difícil. Oh Emilie, no seas ridícula. Me gritaba en mi cabeza. Que patética soy. No, no de nuevo. Volvería a verme como una tonta…

-¡Lo siento!- Exclamó apenado un joven alto de ojos casi amarillos combinados con finos toques verdosos. Me extendió su grande mano ofreciéndome su ayuda.

-Gracias.- Su palma era rígida. Un poco áspera y fría. Hice un poco de fuerza y el contacto de sus dedos fue más cercano con los míos. Tenía que decir algo… después de todo la culpable era yo. Estaba exhorta en mis pensamientos que no me di cuenta que él deambulaba. Sólo esperaba que mis palabras no me apuñalaran cruelmente.

-Está bien, fue mi culpa.-Perfecto. Nada tonto. Pero… ¿Por qué me estaba observando con esa mirada intimidante? Podría ser que estuviera ¿molesto?

Lo sabía…Soy una rara…

-Para nada, fue mi culpa.- Agregó cambiando su semblante. Me aliviaba el hecho de que no estuviera furioso por el golpe. Le sonreí calmadamente.

Fue entonces que lo observé mejor. ¿Qué le ocurría? Sus ojos parecían hinchados. Una pequeña lágrima yacía en su pómulo; solitaria y húmeda parecía apunto de romperse.

-¿Estás bien?- Le miré preocupada. No sabía qué es lo que estaba haciendo. Indecisa y un poco nerviosa toqué su mejilla. ¿Por qué su mirada era triste? No me agradaba…

Rápidamente separó su mano de la mía. Qué vergüenza no había notado que la seguía sosteniendo. Ha de ver sido incómodo para él. Limpió presuroso sus parpados.

-Oh ¿esto?, no es nada, una pequeña basura. Hoy corre mucho viento.- ¿Viento? Estaba mintiendo… No había mucha ventisca. Quizás estaba exagerando… pero, su mirada no era por una basurilla. ¿Podía ser quizás una persona? Quizás el viento era el modo en que lo representaba… ¿Ese viento lo había hecho sufrir?…

Pronto reaccioné. ¿Qué diablos hago yo metiéndome en la vida de los demás? Álvaro decía que la curiosidad era un hábito muy horrible…

-Ya veo, tienes razón.- Dije evitando hacerle otra pregunta. Debería concentrarme en buscar a mi primo en el instituto. Hacía tiempo que no le veía. . –Tengo que irme. Espero y el viento no vuelva a lastimarte.- ¡RAYOS! Eso no debí haberlo dicho… Pero en el fondo, no me gustaría que lo hiciese.

Él sonrió. Por lo menos logré esa expresión.

-Adiós pequeña…- Escuché que dijo en un leve susurro. ¿Cuál era su problema?… Yo no era muy pequeña… ¡Él era el alto! Me molesté un poco. Aunque también me dio risa su comentario.

Caminé rumbo al instituto Galo. Mi primo debía estar ahí. Bueno… Eso creía yo. Al parecer habían tenido una excepción de salir temprano ese día los alumnos.

Álvaro no invites a las personas si no piensas esperarlas… Pensé.

No me quedaba nada que hacer. Se estaba haciendo un poco tarde. Tenía que regresar a mi casa pronto. Mamá se molestaría. Yo ya no era una niña, sin embargo me seguían tratando como una. Suspiré agobiada.

Al día siguiente, decidida fui al instituto más temprano… Creo que demasiado. Los alumnos estaban en clases joder. Resignada exhalé profundamente y me senté en una de las bancas. Su colegio era amplio. Me hubiese gustado estudiar allí, pero mi familia pronto se mudaría. Recuerdo que Álvaro estaba molesto por eso. Lo extrañaría mucho, con él era muy sencillo entablar una conversación a pesar de que siempre me miraba nostálgicamente. De verdad lo sentí por causarle tales emociones confusas…

Di un pequeño brinco por la campanilla del almuerzo. Maldición… Creo que si sigo siendo una cría.

Comencé a preguntar a los alumnos que veía salir. Dios… Ni siquiera sabía en qué departamento estudiaba… ¿Qué clase de familia soy?

-Lo siento… No lo conocemos. Podemos acompañarte si gustas.-

-No, gracias. Pero no serían de ayuda…-Joder, de nuevo lo que pensaba salía de mis labios. La vergüenza me invadió. Había sido grosera. –Lo siento… No quise decir…-

-Jaja, descuida. Tienes razón.- Rieron ambos jóvenes. –Entonces nos vemos, pequeña.-

¿Pequeña?… Recordé al joven de ayer. ¿Estará acaso mejor? Parecía realmente mal… Quizás no debí dejarlo en ese estado… No, no, ¡NO! ¡Emilie Miller, deja de distraerte! Me regañé.

Borrando aquellos pensamientos. Me acerqué a una pareja. Rogaba al cielo que aguien conociera a mi amado primo.

-Disculpen…-Pude notar a una bella chica de tez morena y largo cabello lacio. Que linda era… Miré al joven que estaba a su lado. –Anda… si eres el joven de ayer… – El mundo parece un pañuelo. Era una gran coincidencia. Le sonreí.

Sentí una mirada algo pesada igual que el ambiente. ¿Qué podrá haber sido?

-Lo siento, creo que me estas confundiendo.- Trató de sonreír.

¿Podría ser que me equivocase de persona? No, por supuesto que era él. Quizás olvida a las personas de manera fácil… Por inercia miré a la joven en breves segundos… Emilie tonta, seguramente era su novia. La chica pudo malinterpretar mis palabras… Oh maldición… Esperaba no haber metido en problemas al chico.  

-Oh disculpa. Te pareces a un amigo… lo siento, soy una tonta.- Volví a sonreír. –Disculpen el mal entendido.- Me sentí culpable, no podía hacer otra cosa que pedir perdón. Presurosa me alejé.

Noté un grupo de jóvenes conversando. ¡Quizás siendo más alguno de ellos conocerá a Álvaro!

Emocionada, queriéndome quitar el horrible encuentro que provoqué les pregunté un poco animosa.

-Hola… Mi nombre es Emilie. Es un placer.- Dije un poco nerviosa. –Disculpen la molestia que he de causarles. Pero quisiera que me ayudaran a encontrar a Álvaro Crowley… Él es mí…-

-Oye, espera. ¿Te presentas y ya nos pides favores?- Me interrumpió una de esas personas. No sabía que decir… Quizás tenían razón… Fue descortés acercarme por interés.

-Lo… Lo siento.- Me trababa al hablar.

-Te perdonamos sólo porque eres muy bella. ¿No deseas quedarte un rato más en buena compañía?- Noté su mirada lasciva. Que miedo daba…

-No, gracias… yo… yo tengo que encontrar a mí…- Estaba aterrada… Mi mente estaba en blanco.

-Oh vamos, te divertirás con nosotros.-

-Preferiría no hacerlo.-

-No seas tímida, ven…- Cerré mis ojos esperando lo peor… ¿Por qué no pude reaccionar?

-Ha dicho que no.- Escuché una cálida voz un poco familia. Era aquel joven. Había tomado del brazo al chico que empezó todo esto.

-Lisandro, ¿qué demonios quieres? No ves que estamos ocupados.-Dijo en tono de burla. ¿Lisandro? Se llamaba Lisandro, el joven que había venido a rescatarme… Por favor. No te vayas. Fui mi petición tan egoísta.

-A la chica.- Un pequeño latido surgió de mi pecho. Gracias… Dije en mi mente.

-¿Qué dices? Si ella estaba pasándola bien con nosotros, ¿no es así pequeña?- Las personas de aquella persona me desagradaban. Agaché mi mirada y comencé a temblar.

-…N…No.- Mi voz era muy baja. El viento, se llevaba cada palabra.

-No digas mentiras, te acercaste tan provocativamente a preguntarnos sobre alguien. Como si no supiéramos esa excusa. Jaja, mejor di lo que realmente quieres.-

-Yo… eso es mentira… yo nunca…- Quería llorar… Malditas emociones… El miedo, el pánico… ¿Qué debía hacer?…

Escuché un sonido en seco… Lisandro… Lisandro había golpeado a aquel sujeto. Su mirada parecía de un asesino, pero… No tenía miedo de él.

-¡¿QUÉ TE PASA BASTARDO?!- Enfurecido se levantó del piso e intentó golpearlo.

Quedé sorprendida ante los reflejos de Lisandro. No, no lo hagas… Saldrás herido, pensaba. Pero ninguna palabra fluía de mi boca.

Mi nerviosismo no se iría. Parecía eterno… Mi madre, mi padre e incluso Álvaro tenían razón. Soy una niña todavía…

-¿Estás bien?- Me extendió su mano. ¿Cómo reaccionaría ante lo ocurrido? ¿Cómo debía decirle gracias?…

Sentí un delicado abrazo. Él me estaba abrazando… Era gentil… Era amable…

-¿Eh?… ¿De qué hablas?- Sorprendida pregunté limpiando mis mejillas.

-Lo siento por mostrarte mi lado más deplorable…- ¿Qué estaba diciendo? ¿Deplorable? La única patética había sido yo…- Lo siento por mentirte hace rato, quizás no hubieses estado en esta situación… por eso… Lo sien…- ¿Por qué era tan sencillo hablar con esta persona?… ¿Por qué me inspiraba confianza? Ver sus ojos tristes, su cálida voz echa un hielo, dolía…Demasiado.

-Gracias.- Lo interrumpí besando su mejilla. –Gracias por salvarme.- Su semblante cambió.

-Ven, vamos.- Delicadamente me apartó y tomó mano. –Mi nombre es Lisandro, Lisandro Riveil es un placer.- Que se presentara formalmente era agradable.

-¿Eh?… ¡Oh! Mi nombre es Emilie Miller…- Bajé un poco el tono de mi voz.

-Así que… Emilie, ¿qué te trae al instituto Galo?- Preguntó caminando rectamente.

-Busco a mí…-Pausé… No es que desconfiará de Lisandro. Pero… Mis palabras siempre se han de confundir, por eso…- A alguien muy importante para mí. – dije, tratando de disimular.

-Puede ayudarte si lo deseas…-.

-¿De verdad?… ¡Gracias! Me salvas demasiado Lisandro.-Sí, así era. Me estaba salvando incontables de veces. Gracias, gracias, gracias. No podía dejar de pensar en eso, pero al notar que su sonrisa se caía y se desvanecía sentí un dolor en mi pecho. –Oye… Ella era tu novia ¿verdad?- Pregunté desconsideradamente.

-Digamos que lo era…- Dijo un poco frío.

-¿Lo era?-

-Aún está en proceso. No sé cómo decirle que lo nuestro finalizó.- Parecía duro en sus palabras. ¿Realmente era así? ¿O era una de sus máscaras?

-Eso es horrible…- Dije refiriéndome al viento que lo lastimó. Pero una vez más… todo se malinterpretó. Lisandro se sorprendió. No es como si haya dicho por él…

-Digamos que ella hizo algo que me dolió.-

-El viento…- Lo sabía, ella era el viento. .

-¿Eh? ¿El viento?-

-Ella, ella es el viento de ayer ¿no?- Maldita sea… Debo dejar de pensar en voz alta.

-Si…- Parecía triste.

-Lisandro… ¿La amabas?- ¡EMILIE CALLATE! Me gritaba. Un conflicto se desarrollaba en mi mente. Pronto le terminare desagradando.

-..Por supues…-Pausó y se quedó pensativo. –No lo sé.- Fue su respuesta.

-Ya veo.- Debía dejar de presionarlo. Soy una desconocida y he de darle miedo ahora.

-Dejemos este tema. Mejor concentrémonos en buscar a tu novio…- ¿Novio? Eso fue gracioso. Nunca tuve novio. Me da hasta vergüenza decirlo.

-Yo no tengo novio.- No podía decirle que ni siquiera mi primer beso he dado. ¡Ah! ¿Por qué rayos tuvo que recordarme algo tan humillante?… Espera, ¿realmente es humillante?… ¿Qué barbaridades estoy diciendo?…

De sorpresa él me volvió a abrazar… ¿Estaba triste de nuevo? No quiero verlo triste…

-¡¿Qué demonios haces Lisandro?!- Escuché un grito proveniente de una voz muy familiar.

-¡Oh! ¡Álvaro!- Por fin lo encontré. Estaba feliz.

Álvaro me abrazó y besó mi mejilla. ¿Lisandro conocía a Álvaro? ¿Amigos?

-¿Huh? ¿Lo conoces?-Pregunté.

-Claro, digamos que es especie de amigo.- Hizo una sonrisa.

-Jaja, por supuesto. Así que enhorabuena Álvaro, es una hermosa mujer.- Dijo Lisandro sonriendo… ¿Le parezco hermosa?… Era la primera vez que me sentí ruborizada. El haberlo oído de sus palabras, me hacía feliz…

-Lo sé, no hace falta que me lo digas.-

-Deberías proponerle matrimonio ahora, de lo contrario me adelantare. – ¿Matrimonio? Dije que no quería que me siguieran tratando como una niña… pero, ¡casarme no está en mis planes!

-Lisandro… ¿Qué demonios piensas? Emilie es mi prima.- Dijo Álvaro un poco enfadado.

-¿De qué hablas? No comparten apellido…-

-Idiota. Ella es parte de la familia de mi madre, es hija de mi tía Raquel. Por lógica no compartimos apellido Lisandro… ¿Qué idiotez habrá pasado por tu cabeza? De todos modos, ¿cómo la conoces? ¿De dónde ha salido la confianza de aquel abrazo bastardo?- Me preguntó enojado.

-Oh, Lisandro me resca…-

-Sólo me pidió ayuda para encontrarte… pero… ¡Era muy hermosa que no me resistí!- Mintió…

No lo entendía. ¿Por qué hizo eso? Quizás era algo sin importancia para él… Así es… Sólo ayudó a una chica tonta que no puede defenderse sola. Estúpida Emilie…

Recuerdo muy bien ese encuentro… No podría olvidarlo. Siempre dolía el simple hecho de oír sus palabras en mi memoria. Su actitud pronto cambió drásticamente. Forzaba sonrisas, ocultaba cosas… La persona que llegué a admirar por su valentía se había ido… O quizás algo forzó a que se fuera.

¿Cómo es que logra aguantar ese dolor que lo inunda? Tan sólo quiero verlo feliz. Con una sonrisa verdadera…Pero ¿cómo logro que una raíz brote de una roca?

No me gustaba ver a Lisandro sufrir. Una persona sincera con un corazón noble se había marchitado ante mis ojos. Quizás el viento le sigue hiriendo…

Él se volvió considerado conmigo, más amable, más atento. Cada detalle, cada elogio… Quizás estaba tratando de olvidar a su novia. Remplazarla con alguien desechable.

Todo de él me hacía sentir confusa. Sentimientos ajenos a los que había sentido antes se desbordaban de mí… Pero él… Él sólo me veía como una niña. Me trataba como una, a veces me tomaba el pelo con frases tiernas. Lo soportaría, lo aguantaría, daría lo mejor de mí por no lastimarlo… Me engañaba, porque en el fondo me dolía. Su amabilidad era acido para mi cuerpo… Me salvó, no una sino varias veces. Él fue mi único gran amor… El primero… Aunque nunca lo sabrá, pues sé, que no aguantaré por mucho tiempo. Por eso… Será un secreto… pues pronto se cansara de jugar con una niña… “

-Emilie… ¿Qué ocurre?- Pregunté más que confundido.

-Álvaro… Yo ya lo decidí… Me iré de regreso con mis padres…

CAPITULO 20…

¿Qué estaba diciendo? Irse… No de nuevo, no soportaría su ausencia después de acostumbrarme a vivir con ella.

-Emilie… ¿Por qué deseas irte? ¿Algo no va bien en el instituto?- No, no era la universidad de Galo. Era él. Jodido Lisandro, le advertí acerca de esto.

-En lo absoluto. Sólo que… He estado muy lejos de casa. Mis amigos me han dicho que me extrañan… Por eso… yo… Yo quiero regresar pronto…- Temblaba a cada palabra.

Suspiré. Ella estaba mintiendo.

-Hace poco, mencionaste a Lisandro. Preguntabas la razón de tanta amabilidad ¿no? ¿Él es el motivo?-

-…No. Hablé sin pensar… Lisandro es amable porque soy tu prima, él me quiere como una hermana, soy una niña a su lado. No tiene nada que ver él en este asunto.- Revolvía sus ideas. No eran claras, eran confusas. ¿Podría ser que ella….? Imposible…

-Emilie… Tú estás…-

-¡Emilie! Qué alegría que hayas vuelto. Me sentía muy solo con tu ausencia.- Llegó Lisandro, sentándose al lado de ella. -¿Huh? ¡Qué hermosa te ves! Pareces una tierna muñequita con tus rizos.-

Este idiota… La mirada de Emilie parecía nostálgica. Sonreía algo forzada. ¿Por qué él no se daba cuenta de su dolor?… Lisandro la estaba haciendo sufrir… Que desconsiderado de su parte… No quería verla así… Podría ser que… ¿Acaso era lo que Samuel sentía? No, ¡no!… Borré esos pensamientos tan innecesarios. Que estupidez, lo tuyo es diferente…

-Gracias…- Dijo débilmente. Su semblante parecía el de una llama a punto de extinguirse.

-¡Oh! Emilie, mira lo que he comprado para ti.- Lisandro posó sobre ella las delicadas flores. –Dijiste que te gustaban.- Lisandro sonrió arduamente.

Ella lo miró sorprendida, evitando decirle que ya las había visto. Se sonrojó y le regaló una sonrisa tan inocente.

No había duda alguna… Ella lo amaba. Estaba enamorada de Lisandro. Esos pequeños detalles lograron que Emilie lo amase. Pero Lisandro ¿realmente la amaba? ¿Él sentía lo mismo por ella?… No me importaría si así fuese… Quizás un poco…

-¡Volví! Hola amor.- Llegó Katherine y besó mi mejilla. – ¡Dios! ¿Qué te ocurrió Álvaro?-Dijo tocando mi pómulo.

-Me caí.- Joder, aquella pregunta me estaba estresando.

-¡Deberías tener más cuidado!- Tocó con sutileza aquella marca. -¡Lisandro te dije que le cuidaras!- Gritó un poco molesta.

-Álvaro ya no es un niño…- Trató de defenderse Lisandro. –Además, le he comprado esto.- Sacó una pomada y se la entregó a Katherine.

-Cielos…- Suspiró. –No eres de confiar Lisandro.- Untó suavemente en donde había sido el golpe de “tu amado novio”

-Gracias, pero Lisandro tiene razón. Debí haber tenido más cuidado. Siento haberte preocupado. Tomé su mano y besé sus dedos delicadamente.

– Eres un desastre Álvaro…- Besó mi frente y se recostó en mi pecho. -¿Oh? ¡Vaya que lindas! Son camelias…- Miró las bellas flores que yacían en un bello esplendor. -¿Son tuyas Emilie?- Preguntó sonriendo.

-Si… Lisandro me las regaló…- Bajó el tono de su voz.

-¿De verdad? Lisandro, necesitaras más si quieres conseguir a Emilie.- Carcajeó un poco.

-Pero ¿qué dices? Sólo es un obsequio de amistad…-Parecía inseguro de sus palabras -¿Verdad Emi?- Trató de sonreír.

-…Si- Dijo en susurro. –Lo siento… Creo que quiero dar una vuelta por el lugar…- Se levantó y a punto de irse. Lisandro le tomó del brazo.

-Ni creas que dejare que vayas sola.- La miró profundamente. Ella sólo agachó la mirada.

-Está bien… Puedo ir sola.- Emilie lo trató de quitar sutilmente.

-Lisandro… Ella ya no es una niña.- Dije mirándolo confuso.

-Lo sé. Es por eso que iré con ella.- Agregó seriamente. Su mirada no era la habitual. Me sorprendí ante su respuesta. No esperaba tales palabras por parte de él. –Emilie, por favor…déjame ir contigo. ¿Acaso no te has visto en el espejo?- Le preguntó.

-Si… Todos los días. ¿Por qué?…-

-¿Por qué?… Simplemente porque eres hermosa… Tierna, amable, dulce… No pienso dejar que ningún otro idiota intenté lo de la última vez. Así que iré contigo.- La tomó de la mano y comenzó a caminar con ella. ¿Última vez? ¿De qué hablaba?

Pude notar a Emilie más que sonrojada. Sé que debía detener aquella escena… Lisandro era más que idiota para darse cuenta de los sentimientos que estaba provocando en ella. Si no tenía cuidado, él terminaría lastimándola. Sin embargo… No hice nada por evitarlo, pues noté una aprobación por parte de ella.

-Lisandro es un poco celoso… ¿No lo crees?- Dijo Katherine al ver que ellos dos se alejaban.

-Demasiado diría yo.- Suspiré. Algo en mi me preocupaba. Temía que ella se alejara de mi lado. Sé que era egoísta… Pero una parte de mí, aún era dependiente de aquel recuerdo.

-Que lindos…- Se inclinó hacía mi hombro y dio un suspiro largo y pausado.

Su voz… Su fragancia, su piel y aquella mirada… No provocaban en mí una emoción tan vibrante como la tuya…

En el fondo me alegraba, pues no había dudas con ella. Pero también me alertaba y preocupa…

-Álvaro, estoy un poco intrigada, el hecho de haber visto a Valeria…- La interrumpí dándole un beso en los labios. No quería hablar acerca del tema. Me incomodaba de sólo pensarlo.

-Te amo. Eso es lo único en lo que debes preocuparte.- En el fondo era mentira.

Ella sólo sonrió. Permanecimos en silencio por breves momentos…

Sentí un pequeño escalofrío… Un temor que inundaba mi cuerpo… Una frágil voz que se rompía en pedazos llamaba mi nombre.

-Valeria…- Suspiré y miré a una dirección que fue como una pesadilla para mí.

Poco a poco, tu cuerpo era sumergido entre las cristalinas aguas… Idiota ¡¿Qué hacías dentro del agua sola si no sabías nadar?!

Aparté a Katherine y me levanté presuroso, a punto de correr para sacarte de ahí, sentí una frágil mano detenerme.

Era Katherine, parecía triste. Se aferró más a mi como si supiera que algo terminaría si me dejaba ir contigo.

-Por favor… Tengo que ir con ella.- Le susurré a su oído. Katherine sorprendida me soltó y agachó la mirada. –Gracias.- Besé su mejilla.

Presuroso y sin pensarlo me lancé al agua tratando de tomarte los más pronto posible. ¿Por qué tiene que ser de esta manera? ¿Por qué fui el único que te vio? Tu cuerpo se había perdido de mi visión, yacía en el fondo. Demonios, comenzabas a convulsionar… Sujeté tu brazo y te llevé a la superficie.

Agitado saqué tu cuerpo del agua… Una multitud de personas se acercaban presurosas. Idiotas… Tan atrasados llegan…Estaba agitado, molesto y asustado…

Tus parpados estaban cerrados. Tus labios eran morados y tu piel se había puesto más blanca. Era una broma ¿verdad? Este tipo de cosas… Sólo hacían que me encadenara a ti.

¡¿Dónde estaba el idiota de tu novio?! ¡¿Por qué demonios te fuiste con él?! ¡¿Por qué diantres habías preferido su compañía?! Gritaba en mi mente, mientras realizaba las compresiones cardíacas. Valeria ¿por qué me haces este tipo de cosas?

Separé tus labios y tomé tu mentón. Uní mis labios con los tuyos tratando de pasar el oxígeno a tus pulmones.

-No me hagas esto Valeria…- Te decía continuando con el RCP. Cada intento de que reaccionaras, se me hacía eterno… No lo aceptaría, no permitiría esto… Jamás…

De pronto, volviste a abrir los ojos y soltaste el agua que habías ingerido. Tu tono de piel, levemente mejoró.

Comenzaste a toser y el personal de emergencia por fin llegó. Te subieron a una camilla y te suministraron oxígeno a través de una mascarilla. Malditos… Quería golpearlos…

-¡Quítate idiota!- Sentí un empujón fuerte. Era el idiota de tu novio.

-Señor, ¿conoce a la joven?- Preguntó uno de los ayudantes.

-Por supuesto… Es mi novia.-

-Pues dé las gracias a este joven.- Dijo señalándome. –Si él no hubiese practicado el RCP, hubiéramos temido lo peor.-

-¡No le voy a dar las gracias a un idiota como él!-

-Señor, este hombre salvó la vida de su novia.-

-No creí que fueras así de ignorante Joel.- Estaba molesto. No porque no me hubiera agradecido. Sino por el hecho de haberte dejado sola…

-¡Mira imbécil! ¡¿Quieres otra mejilla golpeada?!- Preguntó molesto.

-Adelante ojito morado.- Sé que debía ignorar cualquier provocación… Pero… De verdad quería golpearlo.

-Eres un…-

-¡Deténganse los dos!- Gritó el personal de emergencia. –Deberían apenarse… Una vida corrió peligro y ustedes discutiendo por algo tan estúpido.-

-¿Estúpido? Besó a mi novia- Dijo molesto. No podía haber persona más tonta en el planeta. A Samuel le habían quitado su puesto.

-Eres un estúpido…- Traté de no elevar el tono de mi voz. –Si te hace feliz. Ese beso no significó nada para mí más que hacer que reaccionara.- Limpié mis labios que habían tocado tus frías comisuras.

Caminé queriendo marcharme, pero algo me detuvo. Sorprendido regresé mi mirar.

-Álvaro… Por favor, no te vayas.-Dijiste a duras penas y comenzaste a llorar

Una espina brotó de mi pecho, tratando lentamente de penetrar todo mi ser… Dolía. Sujeté tu mano

-Tranquila… Estoy contigo.-Besé el dorso de tu muñeca y limpié tus mejillas.

¿Qué estaba haciendo de mi vida? ¿En qué momento mi mundo se descontroló? Tú tienes la culpa… Estas acciones me mantienen seco por dentro, no puedo tolerarlo, actúo más como una bestia que como un humano, una bestia que reacciona al choque entre los celos y el odio. Tú causaste la destrucción de mi ser.

No puedo perdonarte… Te odio por estar a mí alrededor y cambiar las cosas de cómo eran. No necesito mostrar “amor” a aquellos que están llenos de complejos de inferioridad. Incluso aunque sea un pensamiento deshonesto, haré cualquier cosa para aplastarlo antes de quedar expuesto…

 

CONTINUACION…

 

ABRAHAM ROCHA RDZ…

 

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Existen personas que no deberian amar… capitulo 15 & 16

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fotografia de Handra Rocha

-¿Álvaro? Oh santo cielo, sí eres tú. ¿Cuánto tiempo ¿verdad?- Se acercó a mí una bella joven. Sus gruesos labios rojos y su cabello sostenido en una cola de caballo la hacían lucir un poco mayor para mí.

-Lo siento… Pero ¿quién eres?-

Ella carcajeó levemente.

-Siempre has sido así Álvaro. Soy Itzel Cowpland ¿me recuerdas?-

-¡Oh! Cuánto tiempo, lo siento Itzel, te vi tan cambiada que te desconocí-

-Jaja, siempre con tus excusas-

-Me atrapaste- Le guiñé el ojo izquierdo.

-Pero tan encantador como siempre, y dime ¿qué paso con Valeria? Supe que terminaron- Dijo de manera seductora.

-¿Cómo lo sabes?-

-¿Recuerdas a Violeta? Al parecer Valeria está saliendo con su hermano, Joel, que acaba de regresar de Australia-

-Ya veo, bueno quizá no era la indicada para mí- ¿Por qué me dolía tal frase?

-Tienes razón cariño-

-Da igual… ¿Qué has hecho de tu vida?- Traté de olvidar ese tema y de zafarme de sus manos que acariciaban mi pecho.

-Oh, que aburrido, estoy trabajando como vicepresidente en un balneario turístico. No todos heredamos la empresa de nuestros padres Álvaro.- Contestó divertida.

-En eso tienes razón-

-Por cierto, recibí estas entradas para mis amigos, pero como la mayoría están ocupados con sus hijos y trabajo pensaba tirarlas, de suerte que te encontré. Toma puedes quedártelas, me ilusionaría mucho que visitaras mi área de trabajo, dan unos excelentes masajes tienes que probarlos.- Dijo dándome cinco entradas.

-Gracias, pero son demasiadas…

-Oh cariño invita a quien desees, bueno nos vemos- Me interrumpió y se marchó.

Ahora que lo pienso, Emilie desde su estadía en la casa, no hemos salido juntos. Aprovecharía esta oportunidad, para agradecerle lo que ha hecho por mí y para disculparme por mi actitud tan inmadura.

También sería buena idea distraerme. Invitaría a Katherine para no pensar en ti. Por supuesto tenía que invitar a Lisandro. De lo contrario estaría todo el tiempo molestándome.

El otro boleto se desperdiciaría, pues Isabel se había ido de vacaciones con su novio.

El sábado partimos al balneario. Katherine y Emilie se llevaban tan bien, eso en el fondo me agradaba.

La vista del grande manantial me dejó sorprendido. Qué hermoso era. Las aguas eran tan cristalinas. Los árboles frondosos daban mucha sombra. Y hermoso pasto verde mojado daba un olor agradable.

-Enseguida regresamos- Katherine tomó del brazo a Emilie y se la llevó al vestidor.

Se alejaron apenas unos metros, el probador no se encontraba lejos.

-Es la primera vez que veré a Emilie en bañador- Agregó Lisandro tumbándose en el césped de aquel exótico lugar.

-Pobre Emilie, tener que soportar que unos jodidos bastardos como tú, que se interesen en su cuerpo.- Le dije.

Él carcajeó y guardó silencio unos cuantos segundos.

-Me enamoré de ella… eso es todo.-

-¿Eh?- Sorprendido exclamé, esta vez parecía tan seguro de sus palabras. Es verdad que siempre se lo decía, pero tanto ella como yo, lo tomábamos como una simple broma. Sin embargo ese tono tan distinto en sus palabras me estaba haciendo dudar.

Él por otro lado, ignoró mi gesto, parecía perdido en sus pensamientos.

Cuando dos personas están destinadas a estar juntas… no importa el tiempo ni las personas. El destino siempre hará que se unan…

Que buena broma. Pensé riéndome por aquel párrafo que leí alguna vez en un libro. Mirando como ella sonreía besando a su mejor amigo.

-Tenías razón…- Dije en susurro.

-Ahora me crees- Comentó Álvaro dando media vuelta a punto de marcharse.

-Aunque hubiese preferido no saberlo- Agregué sonriendo, tratando de no mostrar mi amargo dolor.

Álvaro detuvo su caminar y regresó a verme. Su mirada tan inexpresiva se tornó un poco molesta.

-Idiota- Dijo finalmente marchándose.

Yo seguía sonriendo, esperando a que se fuese completamente. En verdad agradecía su preocupación por mí, porque aunque la niegue, él se preocupa por mí. Aunque intente ocultar sus emociones, él es tan transparente.

Cuando por fin su silueta desapareció de mi vista, mis ojos no retuvieron más aquella agua salada.

-Carolina…- Entre suspiros dije su nombre. -¿Por qué lo hiciste?- Susurré avanzando lentamente.

La amaba, era lo más importante que tenía. Carolina se había convertido en alguien tan especial para mí. Pero ahora, ahora sólo quería olvidarla. Álvaro cientos de veces me lo dijo.

-El amor es una farsa y ella lo conoce bien- Fueron sus palabras.

Que ciego fui. Que predecible también. Es tonto, lo sé, nunca me imaginé en este estado tan despreciable. Enamorarme fue quizás mi peor error, el amor sólo es una vil mentira… Espera… ¿Qué demonios digo? Estaba sonando como Álvaro.

Calmado Lisandro sólo es una mala experiencia. Me auto regañé. Dejé a la dulce pareja, Carolina parecía feliz. ¿Reclamarle? No, sólo me vería como un idiota, además de que en el fondo estaba consciente de que la había perdido.

Caminé sin un rumbo establecido, quería alejarme.

He perdido. Lo sabía. Quizás siempre lo supe…

Las lágrimas no se irán, maldición. No creí nunca sentir mi cuerpo tan vacío o incluso sentir dolor el ver sonreír a alguien más. Aun así, la sigo amando… una parte de mí quiere correr y alejarla de ese tipo… de luchar, pero, es muy tonto, yo sabía a lo que me enfrentaba. Nunca competiré con alguien como él.

Sumergido en mis pensamientos, mirando de frente, ignoré el frágil cuerpo que chocó conmigo.

-Duele…- dijo casi en susurro.

-¡Lo siento!- Exclamé apenado. Rápidamente le ofrecí mi ayuda.

-Gracias.- Sentí una suave mano y muy pequeña posada en mi áspera palma. Hizo un poco de fuerza y el contacto de sus dedos fue más cercano.

-Está bien, fue mi culpa.- La miré. Tan linda con sus bellos ojos color castaño. Su tierna carita de porcelana. Sus frágiles labios rojizos y pequeños. Su largo cabello lacio.

Reaccioné a su respuesta un poco tarde. Su belleza me había dejado cautivado.

-Para nada, fue mi culpa.- Ella me sonrió de una manera adorable, pura e inocente que por un momento olvidé el amargo recuerdo de mi amada.

-¿Estás bien?- Me miró preocupada, su mano aún sostenida con la mía parecía una bendición. Delicadamente y casi temblando tocó mi mejilla y me miró nostálgicamente.

Recordé entonces que mis ojos debían estar hinchados aún. Mi mano por fin se separó de la suya. Limpié presuroso mis parpados.

-Oh ¿esto?, no es nada, una pequeña basura. Hoy corre mucho viento.- Inventé una excusa.

Hizo una mueca de confusión. Intentó volver a sonreír.

-Ya veo, tienes razón.- Lo dijo como evitando hacerme otra pregunta, supongo que no quería incomodarme. Se lo agradecí, pues para ser honesto yo tampoco lo deseaba. –Tengo que irme. Espero y el viento no vuelva a lastimarte.-

Sonreí a su inocente comentario. Pensé que nunca más la volvería a ver. Pensé que sería como aquellas personas tan encantadoras a simple vista que por un breve momento te cautivan, pero que jamás te las has de encontrar otra vez.

El haberla visto me había hecho bien, por eso, no me importaría no verla de nuevo. Esto era un adiós definitivo. La vi avanzar poco a poco.

-Adiós…pequeña- Dije con un susurro.

Lentamente desapareció, cruzando aquella calle.

Decidí caminar, ir algún sitio y despejar mi mente. Sin embargo, no fue necesario. Su rostro de aquella chica merodeaba en mi cabeza. Su sonrisa, su mirada, su voz… todo de ella predominaba en mis recuerdos. Sabía que eran frágiles y que pronto se desvanecerían como un eco. Por eso, recordaría todo para disfrutarlo un poco más.

Al día siguiente, en la hora del descanso del colegio. Carolina actuó de forma habitual. Quizás desde siempre fue así.

No me molestó en lo absoluto. Su hipocresía era algo graciosa.

-Mi amor, recuerdas nuestra primera cita. Me gustaría ir un día de estos de nuevo. Sólo para recordar agradables momentos.- Sonrió tomándome de la mano.

Recuerdo que el roce de su piel con la mía me estremecía y me invadía de felicidad. Pero…ahora me dolía de una manera sumamente mortífera.

Triste le sonreí. ¿Qué más podía hacer? No tenía el valor de decirle algo. Pero… me preguntaba por qué. No quería llorar… no enfrente de ella. Me humillaría. Jamás sufría, jamás lloraba en su presencia. Fui feliz. Ahora comprendo que no debí amarla. ¿Qué debía hacer en esta situación?

-Disculpen…- Escuché de nuevo su voz… La miré. Su hermosa cara volvió a salvarme. Mi pequeño ángel otra vez me salvó. –Anda… si eres el joven de ayer… – Me sonrió tan amablemente. Me invadió una gran paz y alivio. ¿Cómo lo hacía?…

Pude notar la mirada furiosa de Carolina. No quería que empezara uno de sus tantos dramas.

-Lo siento, creo que me estas confundiendo.- Traté de sonreír.

La pequeña cambió pronto su semblante. Parecía confundida. Miró rápidamente a Carolina y agregó.

-Oh disculpa. Te pareces a un amigo… lo siento, soy una tonta.- Volvió a sonreír. –Disculpen el mal entendido.- Me sentí culpable por hacer que se disculpara por nada. La vi alejarse. Quizás necesita ayuda con algo, sin embargo la ignoré. Soy un idiota…

Pronto, reaccioné. ¿Qué hacía ella en el instituto? ¿Estaría buscando a alguien? ¿Quizás información para ingresar?… Le estaba dando demasiadas vueltas al asunto.

-Lisandro… Tengo que irme, luego hablamos.- Dijo Carolina un poco molesta al verme tan pensativo.

En otros tiempos si ella hubiese dicho aquello, saldría corriendo a detenerla y le rogaría perdón sea por lo que sea. Pero, ahora sólo quería estar con aquella chica. Ayudarla. Verla. Hablar con ella… Quizás sólo estaba tratando de distraerme. Que despreciable soy…

Carolina por fin desapareció de mi vista, animoso apresuré mi paso para encontrar a la chica. No debía estar lejos. Debía disculparme y agradecerle por fingir. Esa pequeña entendía muy bien cada situación.

Miré a todos los lados a cada paso. La ansiedad se hizo tan grande al no poder encontrarla. ¿Cómo había podido ir tan lejos en breves segundos?

A punto de rendirme, pude oír su frágil voz…

-No, gracias… yo… yo tengo que encontrar a mí…-

-Oh vamos, te divertirás con nosotros.-

-Preferiría no hacerlo.-

-No seas tímida, ven…-

-Ha dicho que no.- Tomé del brazo al chico que estaba a punto de ponerla mano encima. Esos tipejos tenían fama de ser casanovas y lo que es peor, acorralar a chicas entre varios hasta no dejarles escapatoria.

-Lisandro, ¿qué demonios quieres? No ves que estamos ocupados.- Se quejó Alejandro, el que lideraba a ese par de bastardos; el padrino.

-A la chica.- Lo miré desafiante y molesto.

-¿Qué dices? Si ella estaba pasándola bien con nosotros, ¿no es así pequeña?-

La joven agachó la mirada, pude notar que estaba temblando.

-…N…No.- Dijo casi en susurro.

-No digas mentiras, te acercaste tan provocativamente a preguntarnos sobre alguien. Como si no supiéramos esa excusa. Jaja, mejor di lo que realmente quieres.-

-Yo… eso es mentira… yo nunca…-Pude notar unas cuantas lágrimas de su hermoso rostro.

No recuerdo con exactitud que sentimientos me invadieron en aquel momento. Pero… creo que si hubiese empleado un poco más de fuerza le podría haber roto la mandíbula a ese idiota.

-¡¿QUÉ TE PASA BASTARDO?!- Enfurecido se levantó del piso e intentó golpearme. Tampoco recuerdo de dónde surgieron tales reflejos. Dos golpes en la cara y uno en el estómago. Fueron suficientes para dejarlo fuera de combate.

Tuve demasiada suerte, lo admito. Ninguno de sus acompañantes intentó ayudarle. Mejor para mí, aunque lo intentara no podría con cinco más.

-¿Estás bien?- Le extendí mi mano a la chica, a mi ángel. Seguía cabeza abajo temblando. No respondió. ¿Realmente estaba tan aterrada? La abracé delicadamente. No quería verla llorar, no lo soportaría. ¿Cómo se llama esto? ¿Amor a primera vista?, no lo sé, pero algo era seguro, no quería terminar con este abrazo. –Todo estará bien… no hay nada que temer…-Salieron aquellas palabras por si solas.

Ella se aferró a aquel abrazo. Sentí sus cálidas lágrimas. Estar de esa manera me hacía sentir feliz…

-Está bien si también lloras.- Me sorprendí ante su comentario… ¿Qué estaba diciendo?… Yo no quería llorar… no ahora… Pero… Mis lágrimas me traicionaron y resbalaron sobre su cabellera tan fina. ¿Tan vulnerable me veía?

Mi dolor y su miedo prolongaron más aquel tierno abrazo. Oía su palpitar, olía su aroma, sentí su suave piel y cuerpo cerca del mío. Aunque aún no era apropiado aceptarlo, estaba enamorándome de ella. O quizás ya lo estaba.

-Lo siento…- Dije en un suspiro y sollozante.

-¿Eh?… ¿De qué hablas?- Preguntó limpiando sus mejillas.

-Lo siento por mostrarte mi lado más deplorable…- Ni yo entendía de dónde salía tanta confianza para hablar así con ella…- Lo siento por mentirte hace rato, quizás no hubieses estado en esta situación… por eso… Lo sien…-

-Gracias.- Me interrumpió besando mi mejilla, llevándose unas cuantas lágrimas en sus labios. –Gracias por salvarme.- Me sonrió de una manera tan dulce. Esas palabras que ella dijo fueron aquellas que yo debí haberle dicho. Sin embargo, en ese momento estaba tan feliz de poder estar una vez más con ella. Es demasiado tarde… Nunca lo esperé, ella dominó mi corazón tan rápido.

-Ven, vamos.- Delicadamente la aparté y tomé su frágil mano. Ella sorprendida me miró, sin embargo no se opuso. –Mi nombre es Lisandro, Lisandro Riveil es un placer.- Le dije avanzando rectamente.

-¿Eh?… ¡Oh! Mi nombre es Emilie Miller…- Bajó un poco el tono de su voz.

Emilie… Un lindo nombre. El simple hecho de pronunciarlo era tierno. Sostuve su mano con más aferro. Cálida, tanto que podía derretirme. Suave, como algodón puro y natural. ¿Qué estaba haciendo?… ¿Qué demonios estaba haciendo con ella? ¿Por qué todo había terminado así?

-Así que… Emilie, ¿qué te trae al instituto Galo?- Pregunté sin mirarla, no podía, su mirada me ponía nervioso. Sentía que si la veía quería abrazarla nuevamente. Que penoso era mi caso, enamorarme de una cara linda… no, no era eso. Quizás sólo llevo dos días de verla, pero siento que sé algunas cualidades de ella, o quizás sólo las estoy inventando para sentirme mejor. Que risa he de dar.

-Busco a mí…-Pausó.- A alguien muy importante para mí. –

Quedé un poco pasmado, quizás un novio…su novio. Pero… Si tenía novio ¿por qué sostenía mi mano? ¿Por qué me abrazó con tan poca importancia?… ¿Sera igual que Carolina? ¿Le importara un bledo los sentimientos de los demás? Eso es cruel… Demasiado. No. ¿Qué demonios digo? ¿Qué clase de estúpidas conclusiones estoy sacando? Estoy haciendo prejuicios… Que idiota soy.

-Puede ayudarte si lo deseas…- Le dije aflojando un poco nuestro agarre de manos.

-¿De verdad?… ¡Gracias! Me salvas demasiado Lisandro.- Me sonrió… Este sentimiento se estaba haciendo más grande… ¿Por qué? Es imposible, es ilógico… Es verdad que no existe algoritmo para el amor… Pero si lo hay para el enamoramiento. Su rostro no debió ser el único estimulo. ¿Qué era? –Oye… Ella era tu novia ¿verdad?- Preguntó de manera inocente.

Me sorprendí un poco.

-Digamos que lo era…- En otro momento eso me hubiera dolido, pero ahora no, mi pequeño ángel, Emilie, se encontraba tomando mi mano. No me dolía en lo absoluto.

-¿Lo era?-

-Aún está en proceso. No sé cómo decirle que lo nuestro finalizó.-

-Eso es horrible…- Hizo un gesto de estar molesta. Se veía más como una niña a la que le acaban de quitar su paleta que alguien que realmente está molesta. Me dio gracia.

-Digamos que ella hizo algo que me dolió.-

-El viento…-Susurró.

-¿Eh? ¿El viento?-

-Ella, ella es el viento de ayer ¿no?- Preguntó curiosa. ¿Por qué alguien que conocía muy poco estaba enterándose de mi vida? Se dio cuenta tan fácil…

-Si…- Dije entre quebrado. Palabras de odio y traición se reflejaban en mi mente. Esta herida me causaba confusión.

-Lisandro… ¿La amabas?-

-..Por supues…- Dudé. Ya no podía decir que la amaba porque ni yo lo sabía. Juré que fue mi vida, que fue mi todo… Pero si Emilie entró demasiado rápido a mi corazón, eso podía ser mentira. Tan sencillo fue deshacerme de su amor… Fue tan frágil… Casi cristal. –No lo sé.- Fue mi respuesta.

-Ya veo.- Apartó la mirada y se quedó callada un momento.

-Dejemos este tema. Mejor concentrémonos en buscar a tu novio…-Demonios, esa palabra salió por si sola… ¿Desde cuándo me traiciono?

-Yo no tengo novio.- Esas palabras me volvieron aún más feliz. Involuntariamente la abracé con un brazo sin dejar de soltar su mano. Ella sorprendida sólo dejó que su cuerpo se acercara más al mío. ¿Qué me ocurría?… Quería estar con ella de esa manera por siempre. Quería protegerla. Quería que siempre sonriera para mí, porque me tranquilizaba el simple hecho de verla. Me estaba volviendo dependiente…

-¡¿Qué demonios haces Lisandro?!- Escuché un grito proveniente de una voz muy familiar.

-¡Oh! ¡Álvaro!- Emilie se separó de mí y corrió a abrazar a Álvaro. Sonrió, le sonrió a alguien más… Soy idiota, quizás no tenía novio, pero quizás tenía un amado. De seguro ha de pensar que soy un tonto. No, realmente lo soy.

Álvaro correspondió a su abrazo y besó su mejilla. Me sorprendí un poco la reacción de él, no suele ser de las personas que demuestren muy fácil sus sentimientos. En algo tenía razón, esa pequeña era un ángel. Si logró que alguien como él le mostrase afecto, debía ser una obra divina.

Sonreí para mis adentros. Me alegraba por él y por ella. Sin embargo sentía una profunda tristeza.

-¿Huh? ¿Lo conoces?-Preguntó Emilie sorprendida.

-Claro, digamos que es especie de amigo.- Le devolvió una sonrisa.

-Jaja, por supuesto. Así que enhorabuena Álvaro, es una hermosa mujer.- Le dije sonriendo. Emilie se sonrojó un poco.

-Lo sé, no hace falta que me lo digas.-

-Deberías proponerle matrimonio ahora, de lo contrario me adelantare. – Pude notar como ellos cambiaron su semblante a confusión.

-Lisandro… ¿Qué demonios piensas? Emilie es mi prima.- Dijo Álvaro un poco enfadado.

-¿De qué hablas? No comparten apellido…-

-Idiota. Ella es parte de la familia de mi madre, es hija de mi tía Raquel. Por lógica no compartimos apellido Lisandro… ¿Qué idiotez habrá pasado por tu cabeza? De todos modos, ¿cómo la conoces? ¿De dónde ha salido la confianza de aquel abrazo bastardo?- Me preguntó enojado.

-Oh, Lisandro me resca…-

-Sólo me pidió ayuda para encontrarte… pero… ¡Era muy hermosa que no me resistí!- Mentí. No debía preocuparlo.

Emilie me miró unos segundos y pronto pude ver su decepción.

-Ya veo. Así que de ahí la confianza…- Álvaro suspiró. –Aléjate de ella jodido pervertido.- Dijo rodeando a Emilie en sus brazos como protegiendo a un conejo de un hambriento lobo

Carcajeé un poco, realmente era un idiota… El más grande quizás .A pesar de que tenía oportunidad con Emilie… no lo haría. No debía. Álvaro es una persona valiosa para mí, quizás por lo que ambos compartimos. Quizás por lo que nos une de manera fuerte. Quizás por su amistad… no puedo herirlo ni a él ni a ella. Así como olvidé a Carolina, la puedo olvidar a ella… No quiero lastimarla, no quiero verla triste…Jamás me permitiría hacerla llorar. Nunca me lo perdonaría y perdería todo… Por eso, si mi único privilegio es verla, por mi está bien… después de todo, aún soy un desconocido para ella.

No debí amarla… Nunca debí. Ella será prohibida para mí. Y como buen humano, lo deseare, deseare eso tan prohibido, pero no cometeré el error de tenerlo… No, no lo tendré.

Estoy feliz de haberla conocido, estoy agradecido de darme valor en abandonar a la que alguna vez creí mi amor… Estoy agradecido de que ella sea mi nuevo amor. De que ella llene el vacío que hubo. Por eso… no puedo estar con ella. La cuidaré de lejos. La amaré de lejos. La veré feliz con alguien más, veré como le sonríe, como le entrega su amor… Pero, seré feliz de sólo verla sonreír…

Existen personas que no deberían amar… Quizá Álvaro tenía razón, sin embargo, para mi aún era mentira…“

-Oye Lisandro… ¿Lisandro? ¡Lisandro!- Le grité, maldita sea, odiaba cuando se perdía de esa manera.

-¿Eh? ¿Qué ocurre Álvaro?- Reaccionó por fin a mis llamadas.

-De verdad eres un distraído, quizás el peor. Vamos, las chicas nos están esperando.- Caminé seguro de que él siguiera mi paso.

-Y bien, ¿qué les parece?- Katherine comenzó a modelar. Que linda se veía. Ese conjunto le asentaba perfectamente. Emilie parecía avergonzada, aunque no lo entendía del todo, su traje de baño rojo, le ajustaba de una manera especial. Estaba hermosa.

-Los dos se ven preciosas.- Besé la frente de Katherine y rodeé los hombros con mi brazo.

-En eso tienes toda la razón, se ven hermosas. Aunque para qué miento, no puedo dejar de verte Emilie, lo siento Katherine pero mis ojos se concentran más en ella. –Le sonrió. Emilie se sonrojo y agachó la mirada. Este idiota debería ser más cuidadoso con sus palabras. Mira que ilusionarla de tal manera. Nunca lo perdonaré si ella sufre.

Lisandro idiota. Pensé.

Katherine y Emilie avanzaron a la pizarra de actividades.

-¡Oh! Grandioso, mira Emilie tienen un acuario.- Dijo Katherine señalando la actividad.

-Nunca he visto un acuario, me gustaría ir.- Agregó entusiasmada. –Álvaro ¿podemos ir?- Me preguntó inocentemente.

-Si, por favor Álvaro.- Se le unió Katherine.

-Jaja, temo que no podrás negárselos Álvaro, las mujeres unidas consiguen lo que sea.- Carcajeó Lisandro.

-Creo que tiene razón.- Suspiré. –Está bien iré a preguntar a recepción. No tardo.- Me alejé rumbo al lugar. Demonios se hallaba muy distanciado. Pero, admito que esto sirvió para poder apreciar mejor el paisaje. Todo era tan calmado, tan sereno, tan bello.

Llegué a la barra y me dispuse a preguntar la información y acerca de los horarios.

-Disculpe…-

-Disculpe…- Al mismo tiempo oí una voz muy familiar que hizo mi cuerpo estremecer.

¿Es el destino o casualidad? ¿Destino? ¿Realmente existe eso? No, es imposible. Opté por casualidad…

-Oh, Álvaro…-

-Valeria…-

CAPITULO 16 CONTINUACION…

-Qué sorpresa tan grata.- Sonreíste dulcemente.

-Claro, lo mismo digo.- No, no era lo que pensaba. ¿Por qué de todos los lugares? ¿Por qué de todos los días? ¡¿Por qué demonios nos encontramos en este momento?!

-Valera, ¿quién es?- ¡¿Y por qué con tu novio?!

-Oh, él es Álvaro.-

-Así que tú eres el famoso Álvaro. Un gusto mi nombre es Joel. Valeria me ha hablado de ti.- Dijo rodeándote de la cintura.

-¿De verdad? ¿Te dijo que fuimos una pareja feliz?- Te miré sonriendo de manera melancólica. Te sorprendiste por el comentario y pude notar tu sonrojo. Él también lo percibió. ¡Ja! Punto para mí. Joder… ¿A qué demonios estaba jugando yo?…

-No lo sé, sólo me interesó la parte de quedar como amigos.- Maldito. Esa estúpida palabra me molestaba. Él me molestaba. Pero… ¿por qué? No debería enfadarme por una corta frase.

-Tienes razón.- Lo miré frívolamente.

-Esto… Álvaro, es una enorme coincidencia encontrarnos aquí ¿no lo crees?- Rompiste la tensión que se estaba formando entre él y yo.

-Demasiada.- Te sonreí.

-Así que Álvaro. ¿Has venido solo?- Preguntó Joel, abrazándote y dándote un beso en la cabeza. Este tipo… Dos podían presumir de su pareja.

-Por supuesto que no. Vengo con mi prima, un amigo y mi novia.- Pude notar que te sorprendiste. Me miraste unos segundos tristemente y agachaste la mirada.

Joel lo notó y agregó.

-Oh, bueno en ese caso no te molestamos más.- Apunto de irse, creyendo no verte más, decidiste proponer algo que no deseaba.

-Álvaro, ¿no quisieras recorrer el balneario con nosotros? Escuché que tienen una fabulosa vegetación. Será divertido si somos más ¿verdad?-

-Me gustaría.- No. No. ¡NO! Esto estaba mal. Ni siquiera pensé en nada a la hora de responder. Por un lado no quería, pero por el otro, no quería que estuvieras a solas con él. ¿Qué me ocurría? Mi plan era alejarme de ti. Pero pareciera que trataba de estar más tiempo contigo.

Joel, se molestó pero no dijo nada. Idiota, si supieras que su gran amor fui… No, soy yo…

Demonios…

-¡Qué bien!-

-Pero será en otro momento, Emilie y mi novia, querían ir al acuario. Así que te veré después Valeria.-

-Oh… Ya veo… ¡Yo también quería ir al acuario!- Joel te miró sorprendido. Pareciese que al principio no tenían planeado eso. –Lo siento Joel, debí decírtelo antes.- Sonreíste de manera inocente.

-No importa, está bien. Vamos al acuario. – Te regresó el gesto.

No pude evitar reírme para mis adentros. Tú no estabas del todo enamorada de él. Querías estar cerca de mí. Si la espina que dejé seguía ahí, podía sentirme tranquilo. Aunque me perturbaba las ganas de alejarte de él, todavía no aceptaría estos pensamientos tan confusos. Todavía no aceptaría que compartieras recuerdos con alguien más. Se supone que deberías sufrir… No podías olvidarme.

-Entonces nos veremos ahí supongo. Parece ser que el próximo recorrido es a las 3 de la tarde.-

-No falta mucho para las 3, podemos irnos juntos.- Dijiste instantáneamente. ¿Qué es lo esperabas de mí Valeria?

-Por mí está bien… Pero ¿no crees que se molestará tu novio?- Te susurré al oído.

-¿Eh? No, no lo creo.- ¿Por qué estabas tan segura sin consultarlo?

-De acuerdo, vamos.- Sé que debía alejarme. Sé que debía romper cualquier lazo, cualquier momento de estar contigo. Pero una parte de mi ser me gritaba y te buscaba. ¿Cuándo me convertí en un imán? ¿Cuándo te convertiste en mi metal de atracción?

Katherine, la necesitaba. Necesitaba a la que alguna vez me sirvió de distractor. Necesitaba enamorarme de ella, necesitaba crear recuerdos que reemplazaran los tuyos.

Yo no te amo… Es sólo que, verte con alguien más no es algo que deba permitir. Me juraste amor. Entonces, debo hacer que des validez a esa palabra. Sí, eso debía ser lo que realmente me molestaba. No debía existir otro factor.

-¿Huh? Katherine… Ha pasado tiempo.- Corriste al verla. ¿Desde cuándo se conocían?… Pensé que ella y tú nunca forjaron una amistad. Ella no mencionó nada al respecto.

-Oh… Valeria…- Dijo con la voz apagada. Tenía que fingir al respecto, no podía hacer saber que yo conocía la relación que alguna vez tuvo con Samuel.

-Valeria ¿La conoces?-

-¡Claro! Ella era la novia de… De un amigo.- Mi actuación salía como la planeé. Pronto Katherine se unió conmigo. Es bueno saber que tenía una “cómplice” en este absurdo juego.

-¿Conoces a mi novio? ¿Qué coincidencia? ¿De dónde le conoces?-

-¿Álvaro es tu novio?- Preguntaste ahora más sorprendida. –Ya veo… ¿Él nunca te habló de mí?-

-No, no recuerdo.- Pude notar su voz un poco celosa. Casi queriendo remarcar lo que para ella ahora le pertenecía.

-Creo… Creo que es mejor de esa manera.- Sonreíste.

-En ese caso, lo siento Valeria te veremos después, iremos al acuario. –Dijo tomándome del hombro.

-¡Nosotros también iremos!- Te exaltaste un poco. –Lo… Lo siento…-

Aún seguías de ruidosa… Eso me tranquilizó pero… me molestaba.

Pude notar una mirada de enojo por parte de Katherine hacía mí. Las mujeres son aterradoras cuando quieren.

-Ya veo… Vamos Álvaro.- Besó mi mejilla y se pegó a mi cuerpo. Me daba un poco de gracia su actitud.

Lisandro me miró un tanto confundido, no dijo nada y caminó junto a Emilie.

Katherine no se despegó de mí en ningún momento. Temía que yo volviese contigo… Como si eso fuera posible…

Emilie por el contrario parecía alegre. Lisandro era un poco experto en el tema de los animales marinos. Le explicaba con detalle acerca de cada uno de los peces que Emilie contemplaba. Parecían una pareja.

Terminando al que parecía ser un eterno recorrido. Katherine me dio un rápido beso en los labios. Me sorprendí un poco por su acción.

Tú nos observaste y pude sentir tu mirada furiosa y triste.

-Gracias Álvaro por traerme aquí.- Me sonrió. –Valeria, fue agradable pasar tiempo contigo y tu novio. Pero realmente me gustaría estar a solas con Álvaro ¿no te importa verdad?-

-¿Huh?… En lo absoluto.- Parecías triste.

Katherine realmente estaba celosa. Sonreí, parecía una niña. Agradecía su manera de actuar, ella me alejaría de ti. Si yo no podía hacerlo, ella me daría un empujón. Aunque en el fondo me regañaba por no poder alejarme de ti, yo solo.

Lisandro y Emilie fueron al área de toboganes. Nos despedimos de ti y de Joel.

No sin antes darte una escena que te haría sufrir. Porque sin duda alguna aun lo merecías.

Abracé a Katherine tiernamente. Besé su cuello y corrí con ella en mis brazos rumbo al canal de agua que pasaba por el balneario.

Katherine carcajeó, ella sin lugar a duda era hermosa, cautivadora y lo mejor, no era una ruidosa. Aparté su cabello mojado de su rostro. Ella rodeó mi cuello con sus brazos y me besó. Un beso lento y apasionado.

Sólo pude observar cómo te ibas de manera presurosa dejando a Joel que comenzó a perseguirte rápidamente.

Esto lo hice para que entendieras que realmente me he olvidado de ti. Para que entendieras que aún no estás lista para ser sólo mi “amiga”. Para recordarte que aún sigo siendo tu amor, que aún sufres por mí. Que me extrañas, que me necesitas… Todo esto comenzó cuando tu amor me declaraste, si me confundo ahora con sentimientos estúpidos, mi tiempo habrá sido en vano. Sí, así es. Por eso, destruiré todo de ti… Destruiré cada parte de ti, hasta que el viento se lleve las migajas de tu ridículo amor.

Aunque en el fondo me duela, el hecho de no tenerte a mi lado… ¡NO! Eso no es cierto. Maldición…

CONTINUARA

ABRAHAM ROCHA RDZ

Existen personas que no deberian amar… capitulo 13 & 14

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-Llevas más de una hora escondida tras la pared.-

Emilie dejó ver unos tiernos ojos y lentamente se acercó a mí, sentándose a mi lado.

-Lo siento. ¿Estás bien?- Preguntó con su delicada voz.

-Sí. ¿Por qué?-

-No lo sé, estaba preocupada, subiste solo a la terraza.- No respondí, dejé de observarla y contemplé el hermoso cielo de esa tarde, donde los rayos del sol bañan a las nubes en un punto medio después de una tormenta.

-Parece hecho de vainilla-

Emilie sonrió y miró el cielo.

-Sí- Permanecimos en silencio. -Álvaro… ¿Qué se siente amar?- Preguntó abrazando sus piernas en posición fetal.

-¿De qué hablas?- Me sorprendí por su pregunta un tanto desconcertante.

-¿Duele?-

-Bueno…  Yo te amo y duele mucho. Siempre me preocupo por ti.- Contesté.

-Lo siento…- Abrazó más fuerte sus rodillas. Toqué su mano para tranquilizarla.

-No es tu culpa de que yo te ame, soy feliz de poder tenerte a mi lado-

Ella volvió a sonreír.

-Yo también te amo, e igual me duele verte triste Álvaro.- Su voz se fue haciendo más melancólica. –… ¿el amor es sólo dolor?-

-Quizá sólo es que algunos no deberían poder amar-

-Eso es cruel.- agregó.

-Puede… Yo tengo miedo de perderte. No quiero que te vayas de mi lado, no quiero perder lo que amo.-

Ella tomó mi mano y murmuró.

-Está bien… Siempre estaré aquí contigo. Nada me pasará.- En mi mente apareció la imagen de aquella mujer.

De nuevo la amargura invadió mi garganta.

-Mientes-

Me levanté en seco y dejé a Emilie sentada sin decir más.

¿Por qué…? ¿Por qué ella usó las mismas palabras que mi madre prometió?

El amor, la felicidad, la calidez, la dulzura, las promesas… Son sólo pensamientos.

Una promesa no vale nada. Son sólo mentiras. Nunca se cumplen.

-Álvaro, ¿qué haces?-

-Oh… estoy dibujando.- Ella se acercó hacia mi dibujo y me regaló una bella sonrisa.

-Qué talentoso eres Álvaro, ¿quién es?-

Me sorprendió su pregunta, pensé que reconocería el rostro.

-Mamá, eres tú.- Respondí un poco disgustado.

-Vaya… me alagas, el retrato es muy hermoso, aunque yo no tengo ojos verdes cariño.-

-Lo sé… pero te gusta el color verde.-

-Sí, es más, confieso que me gustaría tenerlos de ese color.-

-Es por eso que los coloreé de esa manera mamá-

-Ya veo, sin embargo no puedes cambiar lo que soy cielo.-

-Hay personas que cambian su cuerpo, ¿por qué tú no deberías?- Pregunté coloreando el cabello del dibujo.

-Bueno, existen límites. Somos humanos y siempre estaremos disgustados por todo. Aun así, no cambiaría estos ojos, ellos presenciaron tu llegada.-

-Qué ridículo suena mamá-

Ella carcajeó.

-Tienes razón, pero, para mí es algo que no quiero olvidar. No sabes lo feliz que me sentí en aquel momento.-

-Toma- Le entregué mi dibujo y recogí mis lápices de colores. Ella lo tomó y se fue mirando el dibujo sin dejar de sonreír.

Subí a mi habitación. Me tumbé en la cama, abrazando mi estuche de colores. Observé las paredes, adornadas con mis dibujos. Mis amigos. Los únicos.

¿Qué habrá más allá de estos muros? ¿Habrá niños que jueguen con la tierra? ¿Qué trepen arboles? ¿Corran aun sabiendo el peligro de caer? ¿Alguien a quien pueda llamar amigo?

Miré el calendario.

-Hoy es martes- Caminé hacia la ventana para poder esperar al coche gris que no tardaría en regresar.

Lo único que podía ver era un enorme patio y a Sebastián, un hombre extranjero que poseía un acento extraño. Creo que provenía de Cuba. Él se encargaba del cuidado del jardín. Una vez conversé con él. Me había contado que de pequeño escapó de su casa para poder tener una vida mejor.

Pasaron un par de minutos, cerca de la calle principal iban corriendo dos canes, parecía que estuvieran jugando. A lo lejos, noté a un Labrador, mirándolos, igual que yo -con nostalgia y un poco de celos.- El labrador se encontraba encadenado hacia un poste y mientras yo, encerrado en un cuarto de concreto.

No tardó mucho para que el automóvil por fin llegara. Bajó un hombre de traje, al cual mi madre me obligaba decirle padre. Él tenía ojos verdes, quizás mi madre por eso amaba el color verde.

Yo no odiaba a mi padre. Sólo odiaba el hecho de no permitirme ir a un colegio donde hubiese niños.

Bajé corriendo las escaleras. Corrí rumbo al vestíbulo. Mi padre sólo venía los martes, jueves y sábados. Para mamá era importante recibirlo formalmente.

Mi padre entró con esa sonrisa falsa, igual que él.

-Estoy de regreso cariño- Abrazó a mi mamá.

-Bienvenido amor.-

-¿Cómo estás Álvaro?- Preguntó revolviendo mi cabello.

-Muy bien padre- Contesté apartando su mano.

-Bien, ¿qué tal lo cursos de piano?-

-Ya no voy a los cursos papá- Él ni siquiera estaba al pendiente de mí como para saber eso.

-¿Por qué motivos?- Preguntó en tono serio mirando a mi mamá.

-El educador dijo que Álvaro no necesitaba más cursos. Aprendió muy rápido.-

-Oh ya entiendo, grandioso Álvaro, haces honor a tu apellido- Él me tocó de ambos hombros y me sonrió.

-Gracias- No me importaba un alago de ese hombre. Pero mientras mi madre fuese feliz, lo soportaría.

-Por cierto cariño, te preparé tu platillo favorito.- Exclamó

-¿De verdad? Fernanda eres la mejor esposa que este hombre podría tener, te amo.- Besó a mi mamá.

¿Cómo puede actuar de esa manera?

Las cartas y fotos de su cajón decían lo contrario a lo que ahora decía. Al parecer él también amaba a una tal Sarah.

Papá y Mamá habían discutido ese día sobre ella. Él prometió no volver a tener encuentros con ella. Pero… yo no le creo…

La cena fue algo aburrida. Papá hablaba de una manera bastante hogareña. De vez en cuando unas cuantas carcajadas se compartían.

-Álvaro ¿qué ocurre estas muy callado?- Preguntó mi padre.

-Rafael, quizá sea por lo mismo…-

Agaché mi cabeza. De nuevo el sermón.

-Álvaro ¿Sigues pensando en eso? Ya te he dicho mil veces que mi hijo no compartirá su sabiduría con otros niños. Por eso es que me la paso trabajando tanto tiempo. Para poder pagarte lo mejor. –

-Lo sé…-

-Entonces ¿por qué diantres sigues pensando en lo mismo?-Preguntó con un tono intimidante.

-Quiero correr como ellos…-Susurré

-¿Qué? No te escuché.- Subió el tono de su voz. Mamá sólo permaneció callada.

-Quiero correr como ellos…- Aumenté un poco mi voz – quiero jugar como ellos…-Qué más daba el decírselo- ¡QUIERO SER LIBRE COMO ELLOS!- Me levanté de la mesa y salí corriendo directo a la salida.

-¡Álvaro!- Escuché el gritó de mi mamá.

A punto de tocar la acera lejos de la cerca de ladrillos de mi casa, una ligera sensación de adrenalina se apoderó de mí. Podría llamarla felicidad.

Corrí recto, reía por el simple hecho de tener la brisa en mi cara. Respiré apresuradamente. Quería que este aire hiciera explotar mis pulmones. De mis ojos salieron abundantes y gruesas lágrimas. Una gran sonrisa se dibujó en mi rostro.

Me acosté en el pasto. No tenía idea de donde me encontraba. Pero no me importaba, no quería regresar. El olor de la hierba mojada me era placentero. La luna nunca había sido tan grande y resplandeciente.

Me quedé contemplando la hermosa cara de la noche.

Escuché el tirón de una cadena, seguido de varios ladridos. Me incorporé y busqué el proveniente de esos sonidos.

No muy lejos de mí, pude divisar al mismo Labrador tirando de su cadena. Ladraba hacia mi dirección. Su brusquedad hizo que la cadena oxidada se reventara.

El gran can avanzó presurosamente de manera amenazadora. Me levanté lo más rápido posible y comencé a correr.

Estuve a punto de rendirme y dejar pasar lo que tenía que pasar. Mis pies por fin se habían agotado.

Nunca nadie dijo que no habría consecuencias.

-¡Fuera! ¡Largo de aquí!- Una joven de unos 14 años comenzó a tirar pedradas al animal.

El sabueso retrocedió gruñendo. Ella me tomó de la mano y salimos corriendo. ¿Quién era? Muchas gracias papá por no permitirme conocer a mis vecinos. Pensé.

Abrió presurosa la puerta de su casa y rápidamente nos adentramos a ella seguido de cerrarla.

-Eso estuvo cerca- Dijo agitada.

Al estar cerca de la luz pude observarla mejor. Era muy hermosa. Sus ojos grandes color miel hicieron que me sonrojara.

-¿Estás bien?- Preguntó acercándose hacia mí y revisando todo mi cuerpo.

-S…sí.-Desvié mi mirada y tartamudeé al responder.

-Joder qué susto nos han sacado- Se sentó en una silla y me invitó hacer lo mismo.

-Gracias-

-Ni lo menciones- Ella sonrió tan ampliamente. –Nunca te había visto por estos rumbos. ¿Te has perdido?-

-No lo sé- Caminé hacia la ventana. Mi casa se podía ver a unas cuantas calles- Creo que no. Ese es mi hogar.-

-Aguarda, ¿te apellidas Crowley?- Preguntó bastante sorprendida.

-Sí ¿Conoces a mis padres?-

-¿Bromeas? Ellos son los que siempre donan dinero para el mantenimiento del parque- Supuse que ella hacía referencia a mi madre. Cada jueves ella depositaba cierta cantidad en el buzón. De mi padre no lo creería, de seguro mamá utilizaba su apellido. –No sabía que los Crowley tenían un hijo. Un placer mi nombre es Isabel Ackermell. Puedes llamarme Isa si lo prefieres.-

-El placer es mío Isa. Mi nombre es Álvaro Crowley.- Estrechamos manos.

-¿Y qué hacías solo? Ya es un poco tarde ¿no lo crees?-

-Sí, tienes razón creo que sería mejor regresar.- Caminé en dirección a la puerta principal. Isa me detuvo cuando estaba punto de girar el pomo.

-Espera, te acompañaré.-

Acompañado se podía contemplar mejor el camino ya recorrido. Isa nombró a todos los vecinos e historias. Lo que me agradaba de ella, era su tan ardua sonrisa y las risas que me brindaba. Sus problemas menores de su colegio y una locura de alguna amiga.

Yo escuchaba atentamente. Por mi parte no había mucho que decir. Sólo que soy un prófugo que escapó de una cárcel disfrazada de hogar.

-¿Así que tocas el piano? ¡Eso es grandioso! Yo intenté aprender, pero fue un desastre. –Dijo en puchero.

-Yo puedo enseñarte- Necesitaba una excusa para poder seguir viendo a aquella chica y se había presentado la oportunidad.

-¿En serio? ¡Gracias, me encantaría!-

Continuamos platicando, o mejor dicho, ella continuó su charla hasta llegar a la entrada.

Mi madre me recibió.

-Oh Álvaro estaba tan preocupada- Me abrazó fuertemente, por un segundo pensé que iba a llorar. Lo siento mamá.

-Mamá ella es Isa, Isabel Ackermell- Presenté a mi compañera.

-Un placer Isabel, mi nombre es Fernanda, madre de Álvaro- Su sonrisa me tranquilizó.

-¿Y mi padre?- Pregunté al notar que no había señales de él.

-En su estudio- Respondió agachando la mirada. Lo cual me dio a entender que habían discutido.

-Ya veo, ¿madre podría enseñarle clases de piano a Isa?-

-Por supuesto mi amor. Si ella lo desea, por mi está bien- Invitó a pasar a Isa y platicamos otro rato más, jugamos viejos juegos de mesa que mi madre guardaba en un cajón. Isa pronto se tenía que ir. Pero no importaba, ya que mañana vendría por su primera clase de piano y lo mejor sería que mi padre no estaría.

El teléfono sonó y mamá se paró a atender la llamada.

Isabel y yo continuamos platicando, me sentía feliz, quizás no era un amigo, pero era una persona, una real y no una de pintada en un papel.

Pude escuchar el flasheo de una cámara, mamá había tomado una foto justo en el momento en que Isa y yo reíamos a causa de recordar la persecución del gran labrador.

Al fin tenía un recuerdo.

Mamá despidió a Isa gentilmente, ella prometió volver mañana.

Subí a mi recamara y mi madre subió tras mío. Me arropó con las delgadas mantas de mi cama. Ella siempre me contaba un cuento.

-Existió una vez un pequeño escorpión que mataba muchos bichos aún más pequeños que él y se los comía para sobrevivir. Un día llegó una comadreja e intentó atraparlo de un par de zarpazos, pero el escorpión corrió y corrió con todas sus fuerzas para no terminar muerto. En medio de su veloz escape, no vio con cuidado lo que tenía al frente y cayó en un pozo profundísimo y lleno de agua. Al ver que jamás iba a lograr salir de allí y que su ahogo era inminente, se puso a orar. Entre llantos y lamentos decía que se había dado cuenta de lo egoísta que había sido. Había pasado toda su vida matando otros animalillos para sobrevivir, pero ahora era él la víctima y ni siquiera había servido de alimento a la comadreja. Iba a dejar el mundo sin prestarle algún servicio, su muerte sería en vano, al igual que su vida. Entonces le pidió a Dios que no dejara que eso ocurriera, que permitiera que su cuerpo sirviera para el bien y la felicidad de todos. El escorpión empezó a arder en llamas y brilló con un rojo tenue, iluminando el cielo nocturno para todo el mundo…-

-Quisiera que mi cuerpo brillara como el escorpión- Agregué.

-Yo también lo quisiera…- Dijo mi mamá sosteniendo su pecho y con una sonrisa triste.

-Mamá, ¿siempre estaremos juntos? Yo no quiero perderte…-

Sí…Nunca te dejaré solo. Siempre estaré aquí contigo. Nada me pasará – Respondió sonriendo dulcemente…

Sus palabras se irían en la mañana.

-Rafael ¿no crees que esto es demasiado?-

-¡Por supuesto que no! Álvaro debe aprender a obedecerme. Tú tienes la culpa al meterle ideas tan estúpidas en su cerebro. No permitiré que mi hijo sea un completo inútil- Dijo mi padre arrancando cada uno de mis dibujos de la pared.

Permanecí callado viendo como cada uno de mis amigos eran destruidos en cientos de pedazos. La mirada de mi mamá parecía disculparse conmigo por no hacer nada.

Papá tomó todos mis libros que mamá me leía y los amontonó en una caja.

-¡Verónica!- Gritó a una de las mucamas de la casa.

-Dígame señor- Apareció frente a la entrada de mi habitación.

-Dile a Sebastián que queme toda esta porquería de libros. Estúpidos escritores liberalistas. Lo único que saben hacer es perturbar la mente de los niños. Imbéciles.- Tomó la caja y se la entregó a Verónica.

-Enseguida señor- Ella dio media vuelta y se retiró.

-Álvaro, sólo quiero lo mejor para ti.- Mi padre me tomó de los hombros y se agachó a mi altura. Se fue dejándonos solo mi mamá y yo.

-Álvaro, mi pequeño lo siento- Me abrazó sutilmente.

-Estoy bien…- Le dije con voz temblorosa. Me zafé de su abrazo y comencé a recoger cada trozo de papel regado.

-Cariño, los podemos pegar si quieres-

-No, puedo volver a hacerlos.- Mamá me miró con tristeza y se dispuso a ayudarme.

A corta distancia, cerca de la salida estaba un sobre tirado. Debió haberse caído del saco de mi papá.

Lo levanté y se lo entregué a mi madre. Ella lo observó un momento, se cubrió la boca con su mano derecha, su semblante cambió sorpresivamente y sus ojos comenzaron a tornarse rojos y acuosos.

Presurosa abrió la carta y comenzó a leerla, de su mejilla resbalaron gruesas lágrimas.

-Álvaro enseguida vuelvo, no salgas de tu habitación ¿entendiste?- Mi mamá salió del cuarto y cerró la puerta.

Yo continué limpiando la recamara.

-¡Esto es el colmo Rafael! No puedo creerlo de verdad no puedo… ¡¿Cuándo pensabas decírmelo?!- Escuché el gritó de mi madre. -¡Dijiste que no volvería a suceder, me lo prometiste! ¿Cómo…cómo es posible que ahora esto?- La voz de mamá se oía aún más quebrada.

-Sarah…- Pensé.

-Fernanda eso fue hace años-

-¿¡Por qué no me dijiste que esta mujer y tú…-

-Shh… calla o escuchara Álvaro- Interrumpió mi padre.

-No puede ser Rafael, tenemos que decirle-

-¿Para qué?-

-¿Cómo que para qué? ¡Tiene que darse cuenta que clase de hombre es su padre!

-Con lo bien que lo tienes educado dejaría de obedecerme- Dijo con sarcasmo.

-No puedo creerlo, ¿qué edad tiene?-

-No necesitas saberlo son mis asuntos.-

-Es por eso que te largas ¿no? Vas con la otra…

Escuché un golpe seco, un slap, sonido proveniente de una cachetada.

-¡Te prohíbo que le llames así! –

-¿¡Y cómo quieres que le llame si eso es lo que es!?

-Maldita sea… olvídalo yo me largo de aquí.-

-¿A dónde vas?…- Se escuchó la puerta abrirse de un azote.- Rafael… ¡Rafael!… ¡RAFAEL!- Mamá comenzó a gritar con voz aguda intercalada con llanto.

Bajé con pasos delicados las gradas de las escaleras, y ahí la encontré, de rodillas con las manos en la cara frente a la puerta abierta.

-¿Estás bien?- Me agaché a su porte e intenté quitar sus manos delicadamente. Su hermoso rostro estaba cubierto de lágrimas abundantes.

Sollozante me abrazó, sentí sus cálidas lágrimas en mi hombro. Su aire agitado comenzó a rebotar en mi cuello.

-¿Por qué lloras?-Pregunté acariciando su cabello marrón.

No respondió, continuó llorando toda la tarde, por un momento pensé que se deshidrataría.

Verónica separó de mi hombro a mi madre y se fue con ella a su habitación Una última lágrima cayó en mi mejilla, la intenté limpiar con mi dedo índice.

Qué hermosa era, tan transparente, tan cristalina y pura. Lentamente resbalo en todo mi dedo hasta desaparecer.

[Ding Dong]

Sonó el timbre de la casa.

Era la primera vez que yo abría la puerta para recibir a alguien.

-¿Quién es?- Pregunté antes de girar la perilla.

-Álvaro, soy Isa, ¿todavía está en pie la oferta del piano?- Resonó su tierna voz.

-Isa… adelante- Le invité a pasar. No podía creerlo, había vuelto. Ella volvió. Sin duda alguna mi corazón había quedado cautivado por tan pequeño gesto.

Llevé a Isabel hacia el gran piano para poder enseñarle lo básico.

Aprendió muy rápido en cifrado americano, ¿qué era lo que ella decía que se le dificultaba?

Comprendía cada una de mis instrucciones. Curioso le pregunté. -¿Por qué no aprendiste con tu otro maestro?-

-Bueno, es sencillo de responder. Era constantemente acosada por él.-Dijo temblorosa.

Guardé silencio y continuamos con las lecciones. Ella era un excelente aprendiz. No había ninguna dificultad a la hora de enseñarle.

Verónica nos sirvió la cena, mamá no bajó en ningún momento. Me preocupé bastante, pero la palmada de Verónica y su dulce sonrisa calmaron mis ansias.

Isa se despidió luego de degustar los alimentos. Haciendo la misma promesa, volver.

Una vez se hubiese marchado, subí a mi habitación, no sin antes cerciorarme de que mi madre estuviese mejor.

Abrí un poco la puerta y miré como ella se encontraba tumbada en la cama, abrazando fuertemente la almohada de mi padre.

Agaché decepcionado la mirada y volví a cerrar la puerta.

Delicadamente me recosté en mi cama, pensando en lo sucedido. El amor hace que perdamos la cordura, de eso no me quedaba duda.

A punto de conciliar el sueño, un ruido me puso en alerta. Me levanté presuroso y salí de mi cuarto descalzo. Desde el pasillo, noté como mi madre aventaba cuadros hacia el piso haciendo que estos se quebraran. Verónica y Sebastián intentaban calmarla, pero les era muy difícil.

-Oh… Joven Álvaro regrese a su habitación, no se preocupe ella estará bien- Dijo gentilmente Verónica.

Asentí con la cabeza y volví a adentrarme a mi alcoba. Con las sabanas me arropé de pies a cabeza, rogando que la luz del día apareciera pronto.

Las noches se repitieron de la misma manera durante dos meses, mi padre no regresaba, mamá continuaba arrojando cuadros y rompiendo fotografías. Isa llegaba en las tardes, que era la hora de dormir de mi madre, así que nunca se dio cuenta de la depresión de mi mamá.

Una mañana, bajé a tomar el desayuno como era costumbre. Un ligero aroma de rosas y lirios se combinaron en mis fosas nasales.

Caminé rumbo al comedor y encima de la mesa se encontraba un hermoso arreglo floral de hermosos vivos colores. En una hoja de las múltiples rosas, colgaba una pequeña tarjeta.

-Para mí hermosa princesa.- Leí. Al lado del jarrón se encontraba una carta que yacía abierta. El remitente no era nada más ni nada menos que Rafael Crowley. –Verónica, ¿dónde está mi madre?- Pregunté un poco molesto.

-Están dando un paseo por el jardín. –Respondió exprimiendo una naranja.

-Ya veo-

-¿No le emociona que se hayan reconciliado?- Preguntó acercándome un vaso de jugo.

-No lo sé- Bebí el jugo casi de un sorbo. Verónica me acercó un plato de huevos fritos y comencé a comerlos.

No es que no me hiciera ilusión o emoción que mis padres volvieran a estar juntos, sólo que siempre se repetía que se había vuelto tan cotidiano. ¿Cómo lo hacía? ¿Cómo hacía que mamá volviese a perdonarlo?

No lo entiendo y espero nunca entenderlo… es muy cruel de su parte ser tan duro con mamá.

Papá entró abrazado de mi madre, cual pareja adolescente enamorada.

-Álvaro- Soltó a mi mamá para abrazarme y darme un beso en la frente. –Perdóname cariño, fue muy estúpido de mi parte, he mandado a Sebastián a la librería a comprar los libros que he quemado.-

-No tenías que hacerlo… Supongo que tienes razón, son sólo tonterías de críos-

-No Álvaro yo me equivoqué- Me tomó de ambas manos y me miró tristemente a los ojos.

Debió ser actor en lugar de empresario, creo que le quedaba mejor el papel. No quería seguir soportando sus patéticas actuaciones así que lo abracé.

-Oh mi pequeño Álvaro- Exclamó.

Mamá se unió a nuestro abrazo y comenzó a llorar riendo. Los sentimientos humanos son tan difíciles de comprender. Hace semanas ella gritaba maldiciendo y ahora le llenaba la mejilla de besos.

La mañana transcurrió tan diferente al ambiente al que estaba acostumbrado, papá sostuvo la mano de mi madre todo el tiempo que tardamos en almorzar.

Incluso hicimos oración por los alimentos.

-Álvaro, tu madre y yo saldremos a cenar con la familia Zimmerman-

Mis ojos se abrieron como platos, recordé entonces que mi padre mencionó a esa familia como unos importantes inversionistas de la empresa. Ahora tenía sentido el querer arreglar las cosas con mamá. Ella era su esposa y la necesitaba para que lo acompañara a esa importante comida.

Me pregunto si está bien el amar por quien no lo merece. Que tonta eres mamá. Pensé.

En la tarde, ambos se despidieron de mí. Mamá lo hizo dos veces. Su rostro parecía decir que no quería separarse de mí.

-Álvaro…-Me tomó de los hombros y se hincó a penas duras por su largo vestido. –No lo olvides, siempre juntos- Me abrazó dulcemente y besó mi mejilla.

Sentí un escalofrió recorrer el dorso de mi espalda. Vi el auto a lo lejos marcharse. Era mi oportunidad de volver a salir y disfrutar la brisa.

Caminé recorriendo las calles del vecindario cuando a lo lejos miré a un niño llorar sentado cerca del pequeño árbol seco y muerto. Me acerqué, sus lágrimas eran constantes. Agaché para verlo mejor. Él lo notó e intentó cubrir sus ojos.

-¿Por qué haces eso?- Pregunté calmadamente. –Las lágrimas son lindas- Intenté quitar sus manos.

-¡NO ME TOQUES!- Me gritó y me empujó. Caí agresivamente. No me dolió. Él me miró preocupado y asustado. –Lo…lo siento- Se calmó y volvió a sollozar.

-Descuida no me lastimé- Me levanté con un poco de dolor. Me senté a su lado y saqué un pañuelo blanco que Isa me había regalado. Limpié sus gruesas lágrimas.

-¿Tú también te burlarás?- Preguntó repentinamente.

Paré de limpiar sus ojos acuosos. Lo miré y sin mucha inexpresividad le aclaré. – ¿Burlarme? ¿Por qué? –

-He recibido risas y humillaciones por estar llorando.-

– Odio hacer prejuicios a primeras impresiones. Tus lágrimas tienen motivo, yo no soy quien para juzgarte- Sonreí para poder calmarlo. –Si quieres contarme para desahogarte adelante.

Él me vio. Pareciera que no esperaba esa respuesta. Había dejado de gemir.

-Mi perro ha muerto atropellado por mi vecino-

-Oh… Bueno yo nunca he tenido una mascota…

-¡No era una mascota!- Alzó la voz sobresaltando.-Era mi mejor amigo

-Disculpa…- Él volvió a llorar. Vaya que la estaba liando más.

Recordé entonces una pequeña caja de dulces que llevaba conmigo. La saqué y tomé un pequeño bombón; lo introduje en su boca, sus lágrimas dejaron de salir.

-Come- Le dije sacando más dulces y dándoselos. No sabía cómo consolarlo, así que utilice el método que Isa hacía conmigo.

Él escupió todas las golosinas. Me miró y comenzó a reír. -¿Qué haces? – Preguntó entre risas. Lo miré sorprendido. No espera tan repentino cambio de humor.

-Has dejado de llorar- Exclamé.

-Eso parece, gracias.- El niño se levantó y me alboroto mi cabello. Era alto. No lo había notado debido a que estaba sentado. –Me tengo que ir, volvamos a vernos.-

-Claro, cuídate-

Él se fue corriendo. Olvidé preguntar su nombre. Es una pena. Pensé que por fin haría un amigo.

Mis pensamientos se desvanecieron en cuanto llego Isa de manera agitada.

-¡Álvaro, oh pobre Álvaro!- Se hincó y me abrazó – Siento lo de tus padres, pero descuida pequeño yo te cuidaré- No entendí de que estaba hablando. ¿Qué había ocurrido con mis padres?

No lo entendí hasta que pasamos cerca del accidente.

Toqué mi mejilla donde mi madre me regaló su último beso. ¿Por qué no cumplió su promesa?

>>Siempre juntos<<

Isa sostuvo mi mano de camino a la funeraria. Entré con ella, subí unas escaleras que parecían infinitas.

Los dos ataúdes adornados con cientos de flores blancas. Mamá las odiaba, ella odiaba esas flores, decía que le desagradaban porque no tenían color, no se podría apreciar la vida en ellas. Que eran sólo simples flores blancas aburridas. Lo mismo pensaba yo. Las odiaba.

-¿Él es su hijo?; Pobre criatura; Es muy pequeño; mejor así, no lo entenderá- Escuché murmuras de varias personas, todas desconocidas para mí.

Un profundo sentimiento brotó de mi pecho. Lo odiaba, odiaba a mi padre. Él tenía la culpa. Mi pequeña mente quería tener un culpable. Lo odio… Lo odio…

Un sabor amargo inundó mi pecho. No era agradable sentirlo. ¿Llorar? ¿Por qué? ¿De qué serviría regar lágrimas? ¿De qué serviría mostrarlas?

En la iglesia, el sacerdote comenzó su sermón. ¿Por qué la gente se arrodillaba? Los humanos siempre hacen lo que quieren… ¿Por qué creer en la iglesia? ¿Por qué creer en una religión? Al fin al cabo fue creada por humanos, ellos que han cambiado la historia siempre a su manera.

Vamos a matar a los cuervos porque hay demasiados, pero aumentaremos a los pandas porque hay muy pocos e incrementaremos la humanidad aunque sea suficiente. Es lo que dicen. Nosotros siempre estamos rezando y haciendo una reverencia a Dios, ignorantes, sí, de que nos estábamos convirtiendo de alguna manera en Dios sin darnos cuenta ¿Qué demonios nos hace pensar que lo somos?

Nunca he visto a Dios. Siempre lo miraba en pinturas aquí y allá. Escuchado sobre los dioses en historias este y aquel, todos tienen forma humana.

¿Es una coincidencia o el destino? ¿O es nuestro propio boceto egoísta?

Incluso si hubiera una siguiente vida, incluso si no existe ¿A quién le importa? Incluso si reencarnamos, incluso si no lo hacemos ¿Qué demonios importa?

La gente siempre hace lo que quiere. Incluso si estamos en la cima de la cadena o como se llame. Seguimos insistiendo en que existe un lugar todavía más alto.

Creado, destruido y pegado. Así funciona el triste rompecabezas que se han inventado.

Se preguntan: ¿Por qué? ¿Por qué es así?

Pretenden sostener un signo de interrogación, incluso aunque ya lo saben

Eso es porque la humanidad es estúpida. Y así es, todos lo sabemos. Así que podemos simplemente perecer a la cuenta de 1,2,3.

La estupidez no se cura sino hasta la muerte. Entonces ¿cuál es el punto de usar nuestros cerebros?

Ahora hay grandes expectativas sobre la siguiente vida

Pero espera, ¿Qué sucede con el ahora? Aquí y ahora hay que ser imprudentes, luego descuidados. Combina ambos y haz un lío. Aquí y ahora hay que ser sombríos, luego misteriosos. Combina ambos y haz que todo sea incierto

Sin embargo, ¿Qué podemos hacer y cómo? Todo lo que decimos, todo lo que hacemos es no. ¿Entonces qué podemos hacer? ¿A dónde nos podemos dirigir?

Incluso si vamos al cielo, incluso si vamos al infierno. Incluso si estamos, incluso si no. Si no podemos ir a ningún lugar, ¿Entonces a dónde?

Incluso si el camino se encuentra por encima de nosotros, incluso si el camino no se encuentra por debajo de nosotros ¿qué más da?…

CAPITULO 14… CONTINUACION

 

No pude disfrutar la compañía de Katherine en la cena. Recuerdo cada una de sus palabras en la conversación. Sin embargo mi mente no se encontraba transcendiendo significado. Podría decirse que en mi cabeza, sólo existías tú.

Me encontraba dando vueltas en la cocina cual león encerrado en una jaula.

-Demonios, demonios- Decía continuamente. “Si pudiéramos ser sólo amigos, no me importaría” ¿Qué demonios te hace aferrarte tanto a mí?

Tu enfermo amor me causaba dolor y pánico. Estaba tenso, mordía mis uñas tratando de encontrar forma de olvidarte.

-Álvaro… ¿qué haces?- Preguntó Lisandro siguiendo mi paso con sus pupilas.

-Lisandro tienes que ayudarme- Lo tomé de la chaqueta y lo incliné a mi estatura. –Joder ¿por qué tienes que ser tan alto?- Le reproché.

-Calmado hombre… ¿Es por lo de Valeria?- Me tomó de ambas manos tratando de separar mi agarre.

-¿Cómo lo sabes?- Pregunté sorprendido.

-Alva, eres tan descuidado que has dejado esto en la entrada- Lisandro sacó la carta hecha un desastre. La desdobló y me la entregó.

-No debes leer lo que no te corresponde- Le miré molesto tomando la carta.

-Pensé que era un manuscrito. Y bien ¿Qué es lo que ocurre Alva?- Se sentó en una silla fijando su codo en la mesa.

-¿Qué es lo que piensas de esta carta?-

-Es muy buena redactando, pone mucho sentimiento, quizás podría ayudarme en algunos trabajos pendientes que tengo-

-No idiota, ¿qué piensas que debería hacer?- Pregunté algo apenado.

-¿La sigues amando?- Me miró de manera desafiante.

-No lo sé- Desvié la mirada.

Un dolor punzante, como si una cicatriz se estuviera abriendo completamente comenzó en mi pecho. Era como si algo de mí me dijera que es mentira. ¿Por qué?

Él se levantó de la silla y se acercó a mi rostro, mirándome de nuevo con esa penetrante mirada. Agaché la cabeza para no tener que verlo más.

Lisandro, con su dedo índice tocó mi frente alzándola de nuevo, seguía mirándome fijamente. Maldición ¿Por qué demonios es tan alto?

-Mentiroso.-

-¡¿Por qué dices eso?!- Sobresaltado quité su mano.

-Álvaro, siempre que mientes desvías las pupilas de un lado a otro-

-¿Qué clase de tipejo eres para observar todos mi movimientos?-

-Tu mejor amigo- Sonrió ampliamente.

-No me ayudas en nada, Lisandro-

-Puedes volver a verla Álvaro, ella está dispuesta a hacerlo, ¿no crees que tú también?-

-¿Crees que debería?-

-Debes sanar esa herida Alva- ¿Herida? ¿Desde cuándo me dejaste una?

-Gracias- Quizás volverte a ver quitaría estas ansias. –Sé que nunca lo digo, y no esperes que lo haga a menudo, pero, me alegra que seas mi amigo- Le sonreí, en verdad lo apreciaba, apreciaba que estuviese a mi lado. Era cierto, él era mi mejor amigo.

-Sabía que me amabas-

-No lo arruines ¿quieres?-

Él sólo se limitó a regalarme una sonrisa.

La mañana siguiente transcurrió algo agitado. Ahora tenía esa jodida preocupación de cómo volver a verte. ¿Qué debería hacer? ¿Ir a tu casa y tocar? Tampoco estaba muy desesperado. Nuevamente los nervios surgieron. Había decidido despejar mi mente hiendo a comprar las provisiones.

Me subí de prisa al vagón del metro. No quería manejar en el automóvil. Se suponía que la distracción debería durar bastante tiempo.

Me senté en el primer asiento que miré. Para mi sorpresa todo el vagón estaba casi vacío. Debí habérmelo imaginado, era demasiado temprano para que la gente estuviera despierta un domingo.

-¿Álvaro?- Escuché una voz que fue casi una puñalada en mi pecho.

-Valeria…-

Sonreíste y te sentaste a mi lado. ¿Por qué de todos los lugares, me la tengo que topar justo ahora? Pensé.

-Cuanto tiempo ¿no?- Preguntaste sonriendo de manera triste. Tus ojos mostraban unas cuantas lágrimas a punto de salir.

-Bastante- Respondí tratando de fingir una sonrisa.

Agachaste la mirada tratando de que tu cabello cubriera tu rostro enrojecido.

Una ligera sensación de calma invadió mi garganta. No habías cambiado en nada. Sólo que ahora tenías el cabello un poco más largo. ¿Por qué diantres noté ese cambio?

-¿Qué escuchas?- Noté tus audífonos en tus oídos.

-Ah, es una nueva banda, la vocalista tiene una hermosa voz, ¿quieres escucharla?- Dijiste extendiéndome el auricular derecho.

-Claro- Lo tomé y lo coloqué en mi oído.

Tuve que acercarme mi cuerpo más para que el cable pudiese alcanzar. Miré como te tensabas levemente al estar junto a mí y tiraste un poco el cable de los audífonos.

-Lo siento- Te disculpaste un poco sonrojada. Le diste Play para que la canción comenzara.

Sin darte cuenta inclinaste un poco la cabeza hasta mi hombro izquierdo. Simplemente eso me hizo sentirme orgulloso.

-Álvaro, ¿te gustaría escuchar todo el disco? Creo que nuestro viaje habrá terminado cuando acabe.- Preguntaste sonriendo.

¿Qué debería hacer? Deseaba quedarme, deseaba poder respirar más de tu aroma.

-Me gustaría- Respondí casi al instante. ¿Por qué me traiciono?

Las preocupaciones de los niños y adultos son las mismas. Las molestias, el rechazo, la angustia y la presión. Todo con la misma voz desgarrada. La necesidad de ser alguien en la vida y cumplir las expectativas de otros. La necesidad de huir de los demás sólo va en aumento. Pero, yo no tenía preocupaciones. Recuerdo que el mundo me daba igual, nada me importaba, no hasta que terminamos. Mi preocupación eres tú. Mi ruta de escape está bloqueada por ti.

Los alaridos de la cantante nos satisfacen. ¿En qué momento el sonido habitual cambió? Llevabas el ritmo con los golpecitos que dabas a tu rodilla con los dedos. Fue cuando me di cuenta que nos estábamos poco a poco separando. No lo quería.

Me dijiste que nuestro recorrido duraría hasta que el disco se terminara. Por eso en secreto le di repetir. No sé por qué lo hice. Pero en verdad deseaba que nuestro viaje no terminara.

Pero enfrente de la parada olvidaste lo que dijiste.

-Lo siento Álvaro, tengo que bajar aquí- Te levantaste y tomaste tus cosas. Me quitaste los audífonos de un tirón suave. –Gracias- Dijiste gentilmente. –Gracias por aceptar mi propuesta, amigos nada más. Nunca mirar hacia atrás ¿verdad?- sonreíste y bajaste del vagón.

¿Amigos? Valeria, ¿en qué momento lo acepté? El agobiante dolor, irritación, infelicidad y aversión crearon un profundo hueco por mi inmadura decisión.

Pude notar por la ventanilla que te encontrabas con un sujeto, alto, moreno, cabello azabache cobrizo. ¿Un amigo? No, no era un amigo, uniste tus labios con los de él. Te costaba sonreír, parecías triste.

Nuestros alaridos nos lastiman a ambos. ¿Por qué compartías tu sonrisa con alguien más? No lo quiero.

El vagón comenzó a avanzar. Lentamente noté como te alejabas abrazada de ese tipo.

¿Por qué? ¿Por qué me dolía verte de esa manera? Aunque sea un pensamiento inadecuado y aunque sé que no lo quiero aceptar, tu amabilidad ha permanecido inalterable. Lastimándome… Aquella sonrisa que me brindaste no la quiero. Ruego me odies. Hazlo pronto antes que me hunda en este dolor… ¿Dolor? Debe ser una broma…

CONTINUARA….

 

ABRAHAM ROCHA RDZ

Existen personas que no deberian de amar… Capitulo 11

jose-novelo

Samuel me cogió de la camisa bruscamente.

-¿Por qué?… ¿Por qué lo haces?- Murmuró con la voz quebrada y sollozante.

-Porque odié el día en que se cruzó en mi camino…-

“-Maldita sea, de nuevo es tarde- Salí corriendo por el pasillo de la universidad. Me pregunto si el corredor es un buen sitio para pasar el rato, había demasiados estudiantes.

¿Cuántas veces he llegado tarde a la clase del señor Francis?

¿De nuevo tarde?, ya oía la típica frase cantora y burlona. Joder, estúpido despertador, no sirve de nada. Ah no espera, el idiota fui yo, olvidé ponerle am, en su lugar puse pm. Qué hilarante suena.

Lo único que me queda es apresurar mi paso. Vamos Álvaro tu puedes. Ánimos, sí eso era, necesitaba ánimos.

Eché mi paso andar velozmente, esquivando al equipo de Fútbol americano. Malditos, no están en edad de crecer así de tosco. Bestias han de ser. ¿Y por qué las porristas deciden hacer piruetas a mitad del pasillo? Cabelleras rubias y pelirrojas golpean mis ojos.

-Hola Alva- Casi en coro. Qué molestas son, con sus voces chillonas.

-Hola Violeta, Hola Cassie, Hola Itzel, Hola Iris- sigo dándome regalías por haberme aprendido todos sus nombres, y por poder decirlos rápidamente.

Oí risillas y murmuras después de mi saludo. Las chicas no me interesan. No por ahora. Todas ellas son ruidosas y engreídas. Deseaba salir de la universidad de Galo, lo antes posible.

Rezando por no encontrarme con la ‘reina’ del instituto.

-Hola Alvarito- Maldición. Y es por eso que dejé de creer en un dios.

-Hola Rosalía- Sonreí falsamente, tratando de quitar su mano de mi corbata. Su rostro demasiado cerca me era incómodo. Ella es bella, se siente superior, ese lindo rostro no estará por siempre, aun así, Rosalía lo ignora, y piensa que todo el mundo la adora. Todos excepto yo, por supuesto. Nunca me ha interesado alguien así de patética.

-Te he dicho que me llames Rosa cariño- El olor de durazno que emite es muy fuerte, y provoca nauseas.

Sentí miradas que hicieron mi cuerpo erizarme. Tengo suerte que ninguno de esos tipejos me hayan asesinado.

-Rosalía perdóname, voy tarde a la clase de biología.-

-No se dará cuenta cielo- Me dio un beso en la mejilla. Joder, el brillo labial de sus labios, dejó pegajoso mi pómulo.

-Disculpen- Rosalía y yo volteamos a mirar. Era una linda chica, tez blanca, casi pálida, cabello castaño y unos bellos ojos azulados, es como yo describiría lo más resaltante de ella. Jamás la había visto en el instituto Galo. Rosa la miró de pie a cabeza, creo que ella tampoco le conocía.

-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?- Como si fuera un guardia que acaba de encontrar a un intruso en propiedad restringida.

-No sé a qué te refieres, yo siempre he asistido a este colegio- Respondió enojada, me miró unos segundos y de nuevo regresó su mirar hacia Rosalía. –Él es mi novio, te pido que le sueltes.-

¡¿Novio?! ¿Qué demonios estaba diciendo esa pequeña?, sí pequeña, demasiado baja de estatura. De seguro es como Iris y Violeta, contando a todo el colegio que yo salgo con ellas. Puras mentiras de chicas necesitadas.

Rosalía me miró, divertida rió.

-Sí claro bajita, alguien como él jamás saldría contigo. Tendrás bello rostro, pero dáte cuenta que es lo que tiene a mi lado.-

No sé qué intenciones tenga esa chica, aunque me moleste admitirlo, es preferible en estos momentos seguirle la farsa. Espero por su bien que se dé cuenta que Rosalía jamás se lo perdonara.

-Basta Rosalía, es verdad ella es mi novia- Hice un lado a Rosa y tomé de la mano a aquella joven.

-Gracias, hasta ahora me defiendes Álvaro.- Ella me abrazó. Espera… ¿dijo mi nombre? ¿Cómo diantres lo sabe?

No tarde en pensar que ella era igual a las demás. Otra acosadora en mi vida.

-Dime que esto no es verdad Crowley- Rosalía, miraba con cierto desprecio a la chica. Temía que me preguntase su nombre. Podría inventar uno, y claro ella seguiría el juego, pero si Rosa investigara sobre ella, lo lamentaríamos los dos.

-Es la verdad- Correspondí al abrazo, sentí como su cuerpo se estremecía. Al final me arrepentiré, lo sé. En estos momentos ella es mi único escape.

Rosa molesta continuó su camino.

-Te debo una- Le sonreí y la dejé de abrazar. Sentí como ella se aferró a mi espalda. Tenía los ojos cerrados, los apretó haciendo una mueca de pequeña.

Me resigné, tenía que hacer lo mismo que hacia cuando Iris me abrazaba.

La tomé de la barbilla y besé su mejilla. Sería muy problemático que me amase. Nunca te correspondería. Pensé

Ella con ojos acuosos sonrió.

-Perdona pequeña, pero llego tarde a una clase, te veré luego- Creí que me desharía de ella. Creí que jamás le volvería a dirigir la palabra.

-¿Iras a la clase del señor Francis?- Dijo calmadamente siguiendo el ritmo de mis pasos.

-¿Eh?, si así es. ¿Cómo lo sabes?-

-Tenemos el mismo horario Álvaro- Siguió avanzando mientras yo me detuve en seco. ¿Desde cuándo ella era mi compañera? -¿Qué ocurre?- Preguntó sorprendida.

-Lo siento, no recuerdo haberte visto en las clases.- Ella me sonrió, y me tomó de la mano. –No destaco mucho.-

Dejándome llevar por todo el pasillo, pude escuchar muchos murmureos. Debí de haberle soltado de la mano, pero aún seguía anonado.

Abrió la puerta del aula. El señor Francis aún no estaba presente.

-Valeria pensé que no regresarías, saliste sin avisar.- Se acercó una joven de tez morena y grandes ojos marrón. Cabello negro y lacio amarrado por una liga. Su nombre era Carolina, a ella sí que le conocía. O bueno, por lo menos sabía de su existencia en esta clase.

-Lo siento- Rió disculpándose.

-Bueno eso no importa, pero dime algo, desde cuando te llevas tan bien con el príncipe.- Nos albureó y sonrió pícaramente. Joder seguía tomando su mano. Valeria la soltó rápidamente y agachó la cabeza.

-Lo conocí hoy- Sus mejillas se tornaron carmín.

-Disculpa, ¿me llamaste príncipe?- Pregunté ignorando la reacción de la pequeña.

-Así es Álvaro, supongo que no te has dado cuenta de tu apodo.- Respondió Carolina

-Lo siento, no presto mucha atención.-

-Si me he dado cuenta de eso, de ahí tu apodo, príncipe. Eres el tipo soñado de casi todas las chicas de Galo.-

-Ya veo.-

La morena sonrió, era la primera vez que hablaba con ella.

-Valeria ¿por qué saliste?- Le preguntó.

-Bueno… faltaba alguien en la clase, el señor Francis le advirtió a Álvaro suspensión si volvía a entrar tarde. Sólo me preocupé-

Ahora que lo pienso, gracias a ella me liberé de Rosalía. Es cierto que le debo una.

-Pudiste a verme dicho, el señor Francis me avisó ayer que faltaría, te pudiste haber ahorrado la búsqueda del príncipe, y esperar que llegase.-

-¡Pero si no, ella lo hubiese…! Perdón- Bajó la voz avergonzada. Carolina se sorprendió un poco. – Si no hubiese buscado quizás nunca habría tenido la oportunidad de conocerle.-

Me sorprendí un poco por su respuesta. Muchas chicas se acercaron a mi sin ninguna estrategia, otras tropezaron intencionalmente conmigo, pero ella, ella esperó una oportunidad. Por un instante me conmovió.

-Bueno no es una excusa muy válida, pudiste haberle hablado como lo hago yo ahora.-

-¡Pero!… Lo sé…- Si dejara de ser tan ruidosa y escandalosa, podríamos haber sido amigos.

Carolina sonrió divertida. Conversamos un poco. Valeria tomaba más confianza a cada palabra.

-Caro ¿vienes?- Le invitaron un grupo de chicas y chicos. Ella afirmó y se despidió. Dejándonos solos.

-Álvaro, lo siento, fui un poco atrevida.-

-¿De qué hablas? Gracias a ti me libre de un ser comido vivo.- Valeria soltó una risilla.

-Tu rostro demostraba que no querías, pero igual no debí…-

-Gracias- La interrumpí. –Mi nombre es Álvaro Crowley aunque creo que no hace falta presentación, es un placer.- Le extendí mi mano.

-Valeria Hoffman, el gusto es mío.- Estrechamos nuestras manos y compartimos una sonrisa.

Quizás mi error fue ese. Ser amable con ella por un simple acontecimiento.

Ella volvió un desastre mi vida. Todo el tiempo, ella quería estar cerca de mí. Alejó a la mayoría de mis acosadoras, pero en cambio, se volvió todas ellas en una sola.

La detesté, odié su manera de ser. Fingía una sonrisa de agrado por su presencia, siempre me molestaba con tonterías de toda una cría. Lo dejaba pasar ya que nunca me importo la gente estúpida como ella.

A pesar de ser consciente de sus sentimientos, nunca le di importancia.

Lo peor de todo era que estaba metiéndose en mi vida. Era torpe y escandalosa. Sin embargo me sorprendía cada que intentaba llamar mi atención. Llamadas, mensajes, cartas, avales, indirectas, miles de excusas para hablarme o para discutir.

Era divertido, pero aun así me molestaba. Quería deshacerme de ella lo más pronto posible. Pero quería que se diera cuenta de todo mi enojo reprimido. Quería que sufriera, porque la odiaba.

Odiaba que su amabilidad penetrara mi barrera. Mi muro… aquel que me ayudó a no volver a querer… Ella lo estaba logrando, estaba haciéndome sentir calidez. Tenía que hacerla desaparecer, dándole a entender mi odio, para que nunca se me acercara.

Creí que nunca lo lograría hasta que el día finalmente llegó.

-Tú me gustas- Soltó de repente agachando su pálida cara con toques de ruborización excesiva.

Era por fin mi momento de alejarla de mí, destrozar su pequeña mente con crueles palabras y demasiado desprecio. Todo lo que alguna vez encerré en mi mente y que siempre le quise decir saldría por primera vez.

Sin embargo, aún agachada, puede divisar como caían unas cuantas lágrimas de su rostro esperando una respuesta. Contuve aquellas palabras que esperaba decirle.

Sonreí para mis adentros. ¿Realmente me amaba?

Interesante. Pensé.

La abracé para finalmente susurrarle. –Lo mismo siento por ti-“

-Si ella nunca hubiese interferido, sería tuya- Caminé en dirección recta, dejando a Samuel, anonado.

Sentí una mirada, no era la de él, era una mirada de unos ojos azules, una mirada triste y llorosa. Tu mirada Valeria.

CONTINUACION….

 

ABRAHAM ROCHA RDZ

Existen personas que no deberian amar…capitulo 10

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Con los primeros rayos del sol, desperté. Perezoso fui a la habitación de Lisandro, yo era su despertador personal.

-Lisandro- Toqué la puerta varias veces. Por lo general, me respondía a la primera llamada. Esta vez no lo hizo. Claro, suponía que estaba molesto aún. No comprendí sus palabras de ayer, por ende, no pude disculparme.

Cansado y adolorido de mis nudillos, decidí abrir la puerta rechinante. Me detuve unos segundos, pues aún no sabía qué es lo que le diría para que todo fuese como antes. Realmente se le veía molesto y me preocupaba.

Me senté de espaldas a la entrada. Sostuve mi barbilla. Lo único que impregnaba en mi mente, eran sus dolidas palabras.

Por más que lo intentara, no podía comprenderlas. ¿Por qué te enfocas en rechazar la felicidad? ¿Dónde quedó esa ardua sonrisa? ¿Dónde quedó la persona que admiraba? ¿Querían decir que yo era transparente ante sus ojos? Pero no tenían mucha relación… Yo era feliz provocándote dolor. Mi sonrisa, ante la mayoría, era muy real. ¿Admirarme? ¿Él me admiraba?

Quise ordenar mi caótica mente. Debía concentrarme en como pedir perdón. De nuevo. Aunque no entendía ¿de qué tenía la culpa?

Decidido por fin, abrí la puerta, esperando que las palabras surgieran solas sin tener que prepararlas con anticipo.

Para mi sorpresa, él no se encontraba. La cómoda estaba perfectamente tendida. La ventana abierta, como era costumbre cuando él se levantaba.

Bajé a la cocina, todo estaba en orden, igual que la sala de estar. Los deberes de la casa ya estaban hechos. Impactado, traté de buscar una nota, que dijera por qué no estaba.

Fue un total fracaso, ninguna nota dejó pegada, o siquiera abandonada en la mesa.

Sonó mi celular, lo cogí para poder ver de quien provenía la llamada. Era él.

-Lisandro ¿dónde estás?-

-Tranquilo Alva, sé que no soportas mi ausencia- Me dio una ligera sensación de despreocupación al ver que él actuó como de costumbre. –Tu prima, Emilie, llamó en la madrugada, al parecer su vuelo salió más temprano, quería que tú la pasaras a recoger ya que vino a visitarte. Pero estabas muy dormido y no quise molestarte, así que le propuse ir yo, ella aceptó. En estos instantes estamos almorzando en un restaurant. No recordaba a tu prima tan hermosa… ¡oh! Qué tierna, se sonroja…jajaja, bueno sólo llamaba para avisarte, llegaremos en unos momentos, adiós-

-¡Oye espera! ¿Por qué la casa está tan limpia?-

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-Eso es porque anoche me sentí mal por lo que te dije, no es mi asunto, lo siento por involucrarme, como no pude dormir enseguida, me dispuse a limpiar un poco, y que bueno que lo hice, tu prima irá y no quieres que vea tu desorden ¿verdad?- Pude oír una pequeña carcajada. Menos mal, Lisandro no estaba furioso.

-Vale, los espero- Colgué.

Recosté mi flojo cuerpo sobre el sofá. Miré para el techo. Blanco, un color tranquilizador para muchos. Para mí es aburrido y sin gracia, que emite luz de más.

Comencé a recordar la apariencia de mi prima, lo vago que recuerdo, era cuando ella tenía 15 años, yo tendría cerca de 19 años. Ahora Emilie, tendría 17 años.

Maldito Lisandro, espero y no intente nada, recuerdo cuando la conoció, parecía un pedófilo cada que la veía.

Me sorprendía su tan repentina visita de Emilie, me frecuentaba muy poco, una vez cada año. Bueno sería agradable volver a verla.

Decidí meterme a la ducha, quería relajar mi tenso cuerpo para poder llamar a Katherine.

El agua de la fría regadera de metal, era una severa tortura. Pero relajaba mi hirviente cabeza.

Cerré mis débiles ojos. Y apareció ella. Tan bella como la recordaba. Su piel blanca y cálida. Su dulce sonrisa. Esos bellos ojos miel. El suave aroma embriagante que emanaba su delgado cuello. Su elegante cabello castaño, radiante como finas hebras de sol. La armoniosa voz, fina como un ángel caído, cantando con un ligero toque melancólico. Sus delgados dedos que siempre tocaban mis mejillas.

No pude evitar soltar unas cuantas lágrimas. Era lo peor. Emilie era la viva imagen de mi madre.

Inhalé agitadamente y contuve el sollozar. No quería volver a sentir mis ojos hinchados. No de nuevo esa sensación de ardor.

Camine hasta mi cuarto, cabeza abajo. Tratando de controlarme a la hora de ver a Emilie.

Me vestí lo más apresurado posible. Unos pantalones y una playera negra.

Baje a la habitación principal esperando a mi prima. ¿De qué hablaríamos? ¿Cómo luciría ahora? ¿Será la misma de siempre? Fueron preguntas que invadieron mi cabeza.

Me desconcerté al oír el tono de mi celular.

-Al habla Álvaro- Contesté sin revisar el número procedente.

-Hola Alva, soy Katherine, ohm… tengo que hablar contigo, ¿podríamos reunirnos?-

-Oh, lo siento Kate, no podre, tendré visita. ¿De qué quieres hablar?- Pregunté en tono preocupado. Sin embargo, tenía una vaga idea sobre el tema.

-Bueno, es algo muy importante… sobre… ya sabes…- Se notaba nerviosa. –El beso- Susurró.

Me sorprendí un poco, su tono era igual de inocente. No podía afirmar nada, no sin antes conocer la relación que tenía con Samuel, después de todo ella podría estar fingiendo.

No me quedaba más que seguir actuando.

-Oh… Podríamos hablarlo mañana-

-¡Por supuesto!- Emocionada gritó. Eso me dio un aire de desconfianza. Tenía que tener cuidado. Samuel aclaró algo cuando nos vimos, él aún no terminaba de mover. Cualquier cosa podría pasar. Quizás sea una trampa por parte de él.

Llevarme con Katherine para mostrarte mi infidelidad. Entraba esa posibilidad. Era una treta muy fácil de adivinar.

-Perfecto, yo te aviso la hora- Colgué. En ese instante, se escuchó la perilla abriéndose de la puerta. Era Lisandro entró, pero no pude ver a Emilie con él.

Me miró unos segundos y sonrió.

-Tranquilo, Isa la secuestró- De manera natural y sarcástica agregó.

Suspiré y aflojé la espalda. Salí junto con Lisandro, para contemplar como Emilie, era cruelmente torturada por abrazos y cumplidos.

-¡Oh mi hermosa princesa! Mira tu bella carita, pareces una muñequita a punto de romperse.-

-No digas cosas tan vergonzosas, ya no soy una niña- Su voz tan delicada sólo hacía que Isa gritara como una mamá viendo a su hijo de preescolar recitando un poema. –Álvaro… Ayúdame- Casi susurrando alzó su frágil mano pidiendo auxilio.

Sonreí al ver que ella no había cambiado. Caminé hasta ella e Isa. Pero me detuve sintiendo un dolor en mi pecho, como una espina brotando apresuradamente.

Su mirada…. Su mirada, la misma de aquella mujer amable… Sentí frío.

“Álvaro te quiero tanto.” Esa frase se escapó de mis recuerdos.

Sacudí mi cabeza, hice un gesto de reproche y tomé su suave mano, apretándola.

Ella me miró y sonrió al ver que estaba mejor. Emilie sabe qué recuerdos me trae el sólo verla.

-Ha pasado tiempo prima- Le devolví la sonrisa.

-Demasiado- Contestó.

-Bueno dejemos a la familia un rato en su encuentro- Isa le soltó para que pudiésemos saludarnos. Ella y Lisandro se adentraron a la casa.

Sintiéndose libre, Emilie me abrazó tiernamente riendo. Como lo pensé, era el mismo aroma. Débilmente alcé mis manos y rodeé su espalda. El simple contacto con su piel me daba tranquilidad.

 

A veces odiaba el existir de Emilie, recuerdos dolorosos me empreñaban, pero también me alegraba poder recordar dulces momentos.

-Gracias por venir- Quité su cabello de su rostro, y besé su frente. En el momento escuché el sonido de una bolsa caer.

-Tenía razón…- Reconocí tu voz en el instante… Miré hacia el frente, te encontrabas agachando tu rostro con tu mano en la boca. Tu cabello te cubría. Pero en el piso se marcaban las gruesas lágrimas que soltabas. –Debí creerlo cuando me lo dijo… ¡Soy una idiota!- Saliste corriendo limpiando tus ojos.

Emilie no me preguntó nada, pero su simple mirada lo decía todo, quería saber quién eras.

-Espera aquí- Le dije tocándola de los hombros, separándola del abrazo. Ella sólo asintió con la cabeza.

Le sonreí y corrí en tu dirección. Me detuve y sujeté el poste, grité tu nombre. Volví a correr.

-¡Valeria!-

Te perdí de vista ante aquella multitud de gente. Así que después de todo Samuel habló, idiota.

Regresé a paso lento. Emilie se encontraba sentada en la banqueta. Preocupada alzó la mirada y se levantó.

-¿La alcanzaste?- Preguntó forzando su voz.

-No- Contesté agitado – Ella es mi novia- Aclaré –Ha malinterpretado nuestro abrazo-

-Lo siento- Su ojos se tornaron tristes y acuosos.

-No tienes la culpa- Toqué su cabeza para calmarla. –Ven vamos adentro, que quiero que dejes tus maletas porque es mi turno de pasear contigo- Le sonreí, odiaba verla triste.

-Sí- Agregó débilmente.

Metió sus maletas en mi habitación. Bajamos a la sala para irnos a la plaza comercial con Lisandro e Isa.

Maldito Lisandro, nadie lo invitó. Daba igual, Emilie se sentía feliz.

Isa no paraba de hablar con mi prima en todo el camino, Emilie escuchaba atentamente regalando su tierna sonrisa, ella sólo hablaba pocas veces.

Paseando de tienda en tienda, desesperado por la cantidad de ropa que Isa escogió para Emilie.

Lisandro sólo sonreía por la tan grande paciencia de Emilie. Isa no sabe diferenciar una muñeca de juguete con un ser humano.

-Emi ven- La jaló del brazo con delicadeza hacia otra tienda, esta vez de ropa interior. Pude notar lo colorada que Emilie se tornó.

Lisandro y yo esperamos sentados en una banca, frente a la tienda. Viendo como Isa escogía múltiple lencería. Doy gracias que la naturaleza optó por hacerme hombre.

-Lisandro… ¿Qué fue lo que hiciste cuando Dulce pensó que la engañabas con Karen?-

Él me observó y confundido inclinó la cabeza hacia el lado izquierdo.

-¿A qué viene esa pregunta?-

-No me esquives con otra.- Le rogué.

-Terminé con ella- Pensó unos segundos y apoyó su mejilla en sus nudillos. -¿Qué ocurrió esta vez con Valeria?-

-¿Por qué piensas que ocurrió algo?- dije molesto.

-Tú nunca te has interesado en mis relaciones- Agregó rápidamente sin dejar de observarme irónicamente.

-Bueno está bien…  Ella malinterpretó cuando me vio con Emilie, yo la estaba abrazando y ella llegó, entonces…-

-Oh por eso gritaste su nombre- Me interrumpió.

-Sí- Apagué mi voz. ¿Por qué me sentía tan mal? Quizá se deba a la expresión de mi prima al creer que ella fue la culpable. Tal vez esa fue la razón de querer aclararte todo.

-Álvaro… Esta vez tú no tienes la culpa, Valeria tuvo desconfianza, eso ocurre en las relaciones, incluso en aquellas donde fluye mucho el amor.-

-Entiendo- Lisandro me dio tres golpecitos en la espalda.

-Ánimo hombre, veras que se arreglara- Me limité a sonreírle por sus palabras consoladoras.

“Debí creerlo cuando me lo dijo” Esa oración se adentró en mi mente. En tan cortas palabras, me afirmabas tu desconfianza. Si habías venido a verme fue porque dudaste por segundos.

-¡Listo! Miren que monos pantis- Llegó Isa mostrando una lencería con encajes rojos de bellos bordados.

Lisandro y yo nos regresamos a ver. Pude notar sus mejillas rojas y que se diga de las mías. Sentía la cara hervir.

-¡AH! ¡Eso es vergonzoso Isa!- Emilie intentó gritar, trató de quitarle la prenda sin mucho éxito. Nunca había observado a Emilie tan colorada. Estaba temblorosa, creo que eran muchas emociones para ella en esos momentos. –Oh… Álvaro….-Señaló hacía atrás de mí.

Giré en dirección a la que ella apuntaba. No podía creerlo, eras tú, abrazada de Samuel. Era fácil adivinar que estabas llorando y por supuesto ese idiota tratando de consolarte.

Sentí un dolor punzante en el pecho… Este no era mi plan. Me desconcerté un poco cuando sentí el contacto de una cálida mano.

-Vamos- Emilie tomó mi palma e hizo que me levantara. Isa y Lisandro no dijeron nada, permanecieron quietos, dándome a entender que debía ir.

Caminé agarrado de la mano de mi prima. Ella avanzaba calmadamente. Yo sin embargo, tenía un poco de nervio, no sabía que decir, Samuel podría decirte lo de Katherine.

-Tranquila, todo estará bien desde ahora-

-No… No lo estará fui una tonta…-Tus palabras y las de él fueron más intensas a cada paso que Emilie y yo nos acercábamos.

-Buenas tardes- Dijo ella en tono suave.

Volteaste a verla, y por acto de reflejo, miraste como sujetaba su mano.

-Qué cruel…- dijiste en voz quebrada.

Samuel se paró en frente tuyo, con los brazos cruzados.

-¿No es suficiente lo que le has hecho? Todavía vienes a mostrar tu infidelidad-

-Por favor…. Cállate…- Emilie apartó a Samuel y te tomó del brazo, jalándote delicadamente. –Soy su prima… Un placer conocerte- Sonrió dulcemente. –Puede que no lo creas… Confieso que ni siquiera tengo un plan para que me creas…- Emilie agachó su mirada.- Lo siento has de pensar que soy molesta…Pero… ¡Álvaro es mi primo, casi mi hermano!- Te miró nerviosa.

La miraste unos segundos, limpiaste tus ojos. Notaste que ella tenía un ligero parecido hacia mí. Samuel quedó atónito, no supo qué decir, no esperaba tal acción por parte de Emilie.

Lisandro llegó, pocos segundos después.

-Créele Valeria, dice la verdad, esta pequeña, es la prima de Álvaro, puede que sea demasiado hermosa como para creerlo, pero…-

-¡Lisandro!- Gritó Emilie sonrojada y muy nerviosa.

-Lo siento… Lo siento.- Dijo Lisandro sonriendo.

Quise regresar a ver a Samuel. Quería ver su cara, era lógico que las llevara de perder.

-Lo siento- Fue lo único que dijiste.

Este era el momento, el momento en el que por fin perdieras.

-Emilie, Lisandro, ¿me podrían dejar a solas con Valeria?- Emilie movió la cabeza afirmando. Lisandro tomó del hombro a Samuel.

-Creo que eso aplica para ti también- Agregó

-¡Valeria él te fue infiel!- Gritó. –Por Dios no seas tan estúpida date cuenta- Se sobresaltó un poco. Desesperado porque le creyeras.

-Tienes razón… Debí darme cuenta que aún persistes con querer separarme de Álvaro- Firmemente le aclaraste.

-Y lo logró- Dije con una voz fría y nostálgica. Lisandro, Emilie y tú, regresaron la mirada así mí, sorprendidos por mis palabras. Samuel anonado cayó de golpe sobre la banca. Él sabía que había perdido.

-Nos retiramos- Emilie jaló a Lisandro de su manga junto con Samuel, este aceptó sin mucho esfuerzo, y se marcharon.

Tú seguías mirándome fijamente.

Nada puedo hacer… Lo siento Valeria, aquella tarde un pensamiento se quedó en mí, cuando hablaste de Samuel, tu voz dudosa fue fácil de percibir, quise ignorarlo y en un instante, hice que desapareciera. Yo nunca quise este final para los dos… Siempre lo supe desde el fondo de mi corazón, terminar contigo sería lo mejor. Aún si había dolor, lo prefería de esa manera, aunque me reusé a esa decisión muchas veces. No podía hallar un buen momento para hablar. Créeme que le sonrío al pasado que yo tuve a tu lado, pero me temo que esto es el final. Mi alma está en pedazos no lo niego, dime si no te diste cuenta que en coincidencias supimos que el destino jamás no quiso unir. En nuestra relación no había nada más que hacer, entre mis manos yo deje tu amor desfallecer. Así fue como nuestra relación se fue apagando más nada pude hacer, en mi mente llueve un mar de emociones que no puedo hablar. Si tan sólo una vez pudiese volver a nacer, desearía encontrarme contigo de nuevo, aunque la historia se repita de nuevo, sería feliz, por eso, no queda nada que hacer.– Nunca me había cansado de hablar tanto y peor, tener que inventar cada palabra mencionada.

Me alejé de ti sin siquiera permitirte decir algo.

-Álvaro… lo siento- Pude oír el llanto que estabas reprimiendo. En verdad eres ruidosa y molesta, pero sobretodo eres una sollozante de primera.

Emilie y Lisandro se encontraban conversando con Isa. Antes de reunirme con ellos, decidí saludar a Samuel, quien se encontraba sentado cerca de la fuente.

-Sami, ¿Qué ocurre?- Me senté junto a él. No hubo respuesta – Te dije que te estabas arriesgando ¿verdad?- Le dije como si estuviese hablando con un infante. –Bueno alégrate hice lo que querías, terminé con ella. Sólo que… ¡Sorpresa! ella piensa que es la culpable por haberte hecho caso- Le sonreí.

Por instinto sabía que el intentaría golpearme, lo esquivé y él sólo quedó agachado, llorando. Un llanto en silencio.

Es tu derrota Samuel, Jaque mate…

CONTINUACION…

COLABORACION: ABI DLT, RO GARCIA & ABRAHAM ROCHA RDZ

 

Existen personas que no deberian de amar… capitulo 5

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El tiempo pasó tan rápido con ella, entre risas y pláticas, el ocaso cayó. La Luna dejo ver su cara blanca. La pequeña calle era pocamente iluminada.

Katherine y yo desalojamos el establecimiento. El cachorro se había quedado dormido entre sus brazos. Ella suspiró profundamente.

-Al final no encontramos hogar a este pequeño.-

El cachorro comenzó a temblar al contacto con la ligera brisa de otoño que transcurría en estos tiempos.

Me quité mi chamarra y cubrí al sabueso torpemente. Katherine sonrió divertidamente.

-Álvaro no me imagino cuando tengas tus hijos- Agregó. Tomó la chaqueta y lo enredó delicadamente para no despertarlo. – ¿Cómo le pondremos?- Preguntó de repente.

Estaba hablando en plural. ¿Qué ya no pensaba en regalarlo? Guardé silencio un momento y la miré unos segundos.

-Moka-

-¿Moka?…- Dudó por un instante. –Oye deja de ver ese cartel mientras piensas un nombre.– Rió por mi inconsciente acción. En efecto, yo miré un letrero de un puesto de café.

-Ok, pero admite que no es un mal nombre.- Metí mis manos en mis bolsillos y le sonreí.

-Quizá… Dejémosle así de momento- Me miró tiernamente y rozó con su mano suavemente a la criatura.

Entre plática que ella dirigía, caminamos por una gran calle. Con distintos árboles frondosos. La brisa le acariciaba el rostro. Su melena danzaba al compás del viento. Como si este llevara la batuta.

Katherine se despidió de mí en la vuelta de esquina. Me entregó mi chaqueta, asegurándome que ella se encargaría de protegerlo del frío. Insistí en acompañarla, pero se negó. Me proporcionó su número telefónico para volver a vernos otro día.

Vi como lentamente desaparecía entre la penumbra de la noche.

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Todo había terminado mejor de lo que no creía. Volteé mi andar en dirección contraria. Los grafittis de distintos muros que pude contemplar eran tan pobres. Recuerdo que hace un par de días, hubo una disputa entre la autoridad y unos jóvenes de secundaria. Al parecer ellos habían sido los causantes de una pintarrajeada en una pared del congreso. Se defendieron diciendo que lo que ellos pintaban era arte. ¿Arte? Dejó de ser arte hace tiempo. Ahora sólo son un montón de garabatos. Es más moda que expresión.

-Ha pasado tiempo ¿verdad? Álvaro.- Una voz llamó mi atención. Con la mirada busqué de dónde provenía.

-Bastante… Lisandro- Él sonrió y avanzó hasta mí. Lisandro era un amigo de mi infancia. Era un hombre alto y delgado. Su rostro redondo y agraciado revelaba su joven edad de 21 años. Cejas pobladas y grandes. Ojos, entre amarillento y verde, se parecerían a los de un águila, eran vivos e inteligentes, expresivos y maliciosos. Poseía una nariz respingada, un poco afeminada dentro de la virilidad que sus pómulos afirmaban. Aún así lograba un encaje perfecto. Sus labios eran finos como cuchillas y preparados para una burla. El color de su cabello trigueño intenso, contrastaba perfecto con el blanco de su piel.

Vestía con una gabardina de color gris claro sin abotonar, dejando ver una playera negra entallada perfectamente. Unos pantalones negros y mocasines del mismo color.

-Creí que te habías olvidado de mí.- Recargó su brazo sobre mi hombro.

Le miré sin mucha inexpresividad. Suspiré e intenté simular agrado de encontrármelo.

-Jamás olvidaría al sujeto que me protegía en primaria-

-A juzgar por tu apariencia física, creo que aún necesitas protección.- Carcajeó un instante.

Devolví una falsa risa. Tratando de darle a entender que no me había ofendido su comentario. Es verdad, él me cuidaba en primaria. Golpeaba a los otros niños que se burlaban de mí.

“– Ahora discúlpense- Lisandro obligó a Miguel y Gerardo a pedirme disculpas por haberme empujado hacia el charco de lodo.

-Descuida, no me hice daño.- Le dije tratando de que les soltara de sus camisas. –Además no quiero una disculpa hipócrita Lisandro- Tenía ganas de llorar, pero si lo hacía sólo aumentarían las burlas. Lisandro notó mi emoción. Les dejó ir y estos no dudaron y salieron corriendo.

Me sentía muy mal por haber ensuciado mi uniforme. Tenía un ardor en la rodilla, alcé el forro de mi pantalón para contemplar cómo se resbalaban unas cuantas gotas de sangre.

Torpemente caminé al tronco del gran árbol de jacarandas del colegio. Me senté con cuidado, tratando de no flexionar mis rodillas.

Lisandro tomó un pedazo de papel y lo humedeció con un poco de su agua. Se sentó a mi lado y trato de limpiar mi herida.

-Oye… ¿Por qué me ayudas?- Pregunté mirando como él era muy cuidadoso con mi rodilla.

-Me molesta que los demás se aprovechen de alguien por prejuicios.– Respondió sonriendo abiertamente.

-No deberías, nadie te lo pagará.

Él me miró unos segundos, su mirada era muy penetrante y analítica.

-Es probable, pero no lo hago por eso. Me agradas eso es todo- Dobló el papel y se levantó, caminando a un cesto para depositarlo en él. Regresó inmediatamente y volvió a sentarse a mi lado.

-Gracias- Lo dije casi en susurro.

-No hay problema, ahora pensemos como limpiar tu uniforme. Ven conmigo.- Me tomó de la mano y delicadamente me alzo de modo que no me hiciera daño. Yo simplemente le seguí a donde me guiaba.

Llegamos a la entrada de los sanitarios. Lisandro me metió con él. Me indicó que me quitase la ropa.

Desabroché mi camisa y me la quite. Tenía muchas manchas de barro en la parte superior.

Le pasé la prenda a Lisandro. El abrió la perilla del fregadero. Metió la camisa y comenzó a frotarla con su palma. Las manchas se fueron borrando fácilmente.

-¡Listo!- Proclamó victorioso. La extendió en la barra del lavamanos y me sonrió. –Descuida no tardará mucho para que la puedas usar.-

Lisandro sacó un pañuelo y lo sumergió en el agua. Lo exprimió y comenzó a limpiar mis pantalones.

-Espera… Esto es demasiado.- Intenté detenerlo pero él me ignoró.

-No tardará mucho.- Volvió a sonreír.

-¡Estás invadiendo mi espacio personal!– Le grité empujándole de los hombros.

-Tranquilo ya casi termino.- Dijo de manera muy infantil, como si para él fuese un privilegio ayudarme. Me era muy incómoda su eficiencia.

Inhalé profundamente e intenté calmarme. Rogaba que no viniera alguien. De lo contrario pensarían otra cosa.

Lisandro terminó y me entregó mi camisa. Estaba un poco húmeda pero limpia y eso era lo que importaba.

Al ponérmela un escalofrío recorrió el dorso de mi espalda. Lisandro rió por mi pequeño brinco. Yo le retorcí su oreja para que se callase.

-Eso duele Álvaro.- Hizo un gesto de tristeza y puchero. Reí por un instante. Era muy divertido debo admitir.

Él me miró sorprendido. Como si no esperase esa acción mía. Mantuvo esa expresión unos segundos y luego sonrió muy feliz.

Desde ese momento el cuidó de mí…

-Feliz cumpleaños Alva- Lisandro me entregó una caja envuelta con un papel decorativo color rojo. Llamativo y metálico.

Lo tomé y agradecí por el obsequio. Él me miro esperando a que lo abriese. Por un momento sentí un corto y rápido Déjà vu. En mi mente apareció tu rostro sonriente, igual al que él tenía en esos instantes. Me aterré y traté de calmarme.

Miré a Lisandro de nuevo. Seguía con su misma expresión facial. Rasgué el papel del presente. Era una caja color vino. Su textura era algo rígida. Parecía hecha de cuero. La abrí sin mucha emoción.

Saqué de esta algo que me dejó sin habla. Era un marco con acabados dorados con una foto de Lisandro sonriendo. Debajo de esta decía “Feliz cumpleaños. Con cariño Lisandro.”

-Dime que te gusta. Es mi mejor pose.- No respondí al instante. Quedé atónito. No sorprendido ya que él siempre en mi cumpleaños me regalaba una fotografía suya. Ya fuese en estampado de una playera. En una taza. Una toalla o en ropa interior. El marco era nuevo. –Así no tendrás que preocuparte por mi ausencia. Puedes dormir con el si tienes una pesadilla.- Agaché mi cabeza mirando el cuadro. Se veía bien pero no considero que esto sea apropiado para un regalo. No dije nada y dejé que continuase parloteando. Me pregunto si hubiese sido mejor una almohada con mi cara… ¿Tú qué opinas Alva? ¿Quieres una donde dé un beso?

Lo voy a matar…

Metí con cuidado el portarretrato en la caja. Lo miré. Él seguía esperando una respuesta. Le sonreí de manera inocente. Con toda mi fuerza posible le aventé la caja a su cara.

-¡SERÁS IDIOTA! ¡¿POR QUÉ PIENSAS QUE QUERRÍA ESO?! ¡JODIDO BASTARDO! – Retomé mi compostura mientras él se sobaba la nariz.

-No has cambiado en nada.- Sonrió y me alborotó el cabello. Él siempre fue como un hermano mayor para mí. Pero nunca entendía su manera de pensar.

-No tienes remedio.- Alcé la caja y la guardé en mi chaqueta. Su regalo no era el mejor. Pero tampoco podía negárselo. –Déjame ver. Creó que te golpee un poco duro.- Lisandro dejó ver su nariz. Estaba un poco roja por el golpe en seco de la caja.

-Eres muy amable.- Soltó de repente. ¿Por qué lo diría? Si yo fui el que le había causado eso. Realmente no lo entendía. –Pero fue muy cruel Alva, creí que me querías.- Puso una cara de víctima y un puchero muy notorio.

Enojado le apreté la nariz y se la balance de derecha a izquierda continuamente.

-¡Ah! Eso duele.– Gritó sacando una lágrima.

-Lo sé- Le sonreí abiertamente cerrando mis ojos

-Sabes eres muy aterrador cuando sonríes y más de esa manera. Puedo ver una aura oscura a tu alrededor –

-Estás exagerando-

-Si te pones a mi perspectiva, pensarías diferente.-

-Es un poco tarde, me tengo que ir.-

Oh, claro entiendo, pero antes ¿Te importaría darme la dirección de un hotel cercano?– ¿Seré idiota o ciego? No me había percatado de sus maletas.

-¿Qué no vives aquí?- Pregunté sorprendido.

-Bueno me mudé hace ocho meses a la casa de mi madre. Ella está muy enferma, pero vine de visita por tu cumpleaños… Espera… ¿No te habías dado cuenta?-

-No-

-Le dejé encargado al recepcionista que si llamabas para saber de mí, te diera mi nuevo número. Pero tú nunca llamaste ¿verdad?- Lisandro volvió a poner su cara infantil y hablaba como si realmente estuviese llorando.

-Bueno ahora lo sé- le dije ignorando su patética actuación. –Lo que no entiendo es… ¿Por qué llegaste tan tarde?-

-Seré honesto. Tomé el vuelo equivocado.- Sonrió como si no le importase. –Me dirigía a tu departamento. Pero te encontré en el camino.-

-¿Por qué no buscaste un hotel primero? –

-Me emocioné el poder felicitarte de nuevo, que no lo pensé.-

Suspiré por su torpe comentario.

-No hay hoteles cerca de esta zona.-

-Tomaré un taxi, sólo anótame una dirección. No recuerdo muy bien esta ciudad.-

-¿Cuánto tiempo estarás aquí?-

-Dos días- contestó mirándome fijamente y sonriendo.

-Bueno no es mucho tiempo, si quieres puedes quedarte estos días conmigo.– Lisandro no me respondió al instante. Parecía pensativo. Sus ojos mostraban un vacío. Su postura era aterradora.

-Vale, acepto.- Pronto lo mencionado anteriormente cambió. Ahora era un infante. Me abrazó apretándome muy fuerte.– Sabia que te importaba.- Reía a cada segundo. Su físico demostraba a un adulto, pero su mente era de un crio.

-Oye yo nunca dije que me importas, sólo que no quiero regresar solo. Hay mucha inseguridad así que necesito que seas mi guardaespaldas. – Traté de fingir mi preocupación hacia él.

-Entiendo.- Dijo sonriendo. Tomó sus maletas y comenzó a caminar rebasándome. Le detuve y le quité una maleta.

-Rayos… ¿Cómo piensas cuidarme cargando esto? Eres un desastre.-

-Tienes razón.- Me sonrió y caminó a mi lado. –Gracias-

Silencié unos segundos. No comprendía por qué él aguantaba estar conmigo. Lo traté mal tantas veces, pero él siempre estuvo a mi lado.

Lisandro es molesto y ruidoso, sin embargo, él es mi único amigo.

CONTINUARA….

ABRAHAM ROCHA RDZ

Existen personas que no deberian de amar… Capitulo 4

 

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Agradecí y salí del consultorio con mis resultados en mano.

La recepcionista me despidió muy amablemente, por supuesto sólo levanté mi mano haciendo una señal de adiós.

Decidí irme caminando hasta mi casa. Necesitaba un momento para pensar. Quizá el viento, soplando las hojas de aquel árbol frondoso me haría reflexionar. El canto de ese pájaro tal vez me haría pensar otra cosa.

Al lado de un puesto de revistas típico de la esquinas, se encontraban regalando unos pequeños cachorros Silky Terrier. No pude pasar sin que captaran mi atención. Me quedé unos instantes observándolos, en verdad eran una monada. Me acerqué a la pequeña caja.

Eran cinco cachorros. No parecía haber cruce con otra raza. Eran de perfecto linaje.

Le hice caricias a uno de ellos, a lo cual los otros 4 se acercaron también. El pelaje de estos era fino, de textura sedosa. El más pequeño lamió mi mano e intentó morderla. Por supuesto no tenía dientes, de lo contrario hubiera aventado a ese animal muy lejos.

La joven que los estaba obsequiando pudo notar mi gran llamada de atención hacia ellos.

¿Desea tener uno? Parecen gustarle mucho los animales.-

¿Eh? No, es muy amable pero yo creo que debería venderlos. Son unos hermosos canes en perfecto cuidado. En lo personal pagaría muy bien por ellos- Dejé de acariciar al pequeño sabueso y con un pañuelo de algodón me limpié la mano donde me había mordido el más joven de los cinco.

Oh que va, por supuesto que no los vendería, debe usted saber que he empezado desde temprano a obsequiarlos. Sólo he logrado encontrarle casa a uno de ellos.- Dijo la joven mujer de cabellos oscuros y ojos grisaseos.

-Quizá no estás ubicada en la zona adecuada.- Era la verdad, estaba muy cerca de una brecha cerrada. Por lo general no deambula gente en esa calle.

-Jaja, lo sé. Confesaré que no fui cuidadosa en buscar un lugar concurrido. La caja no es nada ligera ¿sabes?- Ella poseía una hermosa sonrisa. Era muy atractiva, parecía una frágil muñeca de porcelana y con ese corto vestido de olanes color blanco, hacía resaltar sus rojos labios.

-Oh, entiendo.- Le sonreí. Recogí la caja donde los cachorros jugueteaban sin mucho esfuerzo. –Vamos, busquemos un hogar a estos pequeños.- Ella me miró muy sorprendida.

-¿Eh?… ¡EH! –Gritó- Espera no es necesario.- Tomó mis brazos tratando de que bajara la caja. Parecía un poco sonrojada.

-¿Por qué? Pensé que me habías lanzado una indirecta con tu frase “La caja no es nada ligera ¿sabes?”- Ella volvió a sonrojarse un poco más notable. Me soltó y cubrió su boca, desviando la mirada.

Te preguntas porqué causo ese efecto de ruborización en las mujeres. Yo tampoco lo sé. Isa siempre me ha dicho que soy atractivo pero tratándose de ella, siempre pensé que eran palabras amables.

-Supongo que quieres ayudarme…- Pensó un momento sin regresar a verme. –Vale te dejaré ya que pareces querer algo de compañía. Pero será a mi modo ¿Estás de acuerdo con eso? – Dijo de manera muy arrogante. Me guiñó su ojo derecho y sonrió abiertamente.

-Claro. ¿Debería llamarte Jefa?- Con tono burlón pregunté. Ella se sonrojó ahora más visiblemente.

-No… Mi nombre es Katherine.-

-Está bien, Katherine, es un placer. Yo soy Álvaro- Le extendí mi mano y ella la estrechó con la suya de manera frágil y amable, regalándome de nuevo su bella sonrisa.

-Lo mismo digo Álvaro.-

Comencé a caminar con la caja sobre mi hombro. Ella intentó igualar mi paso.

Llegamos a una plaza con un enorme jardín bastante concurrido y Katherine rápidamente me quito la caja y la puso sobre una banca vacía.

Uno de los tusos me miró como suplicándome que lo sacase de aquella gran caja. Con cuidado levanté al pequeño cachorro y le dejé que anduviera un rato en el parque jugueteando con las palomas.

No tardó para que una pareja con dos hijos quisieran a aquel sabueso juguetón.

Katherine estaba encantada de entregárselo a aquella pareja que parecía tan cariñosa y unida.

-Bien hecho Álvaro.- Dijo dándome un puñetazo en el hombro derecho. Debo decir que a pesar de su aspecto frágil y delicado, su golpe dolió.

Ella comenzó a sacar a todos los cachorros y los dejó que anduvieran paseando por el gran prado. Por supuesto sin perderlos de vista.

El segundo cachorro se fue en manos de una anciana que necesitaba compañía. Katherine no simulaba su sonrisa. Realmente estaba feliz de poder ver que sus mascotas se iban en buenas manos. No tardo para que otro de los tres pequeños se fuera con una pareja de recién casados. Katherine me sonrió y llamó a los dos cachorros hacia ella. Estos no tardaron en obedecerla, me sorprendió mucho que lo hicieran. Los tenía muy bien educados. Ella comenzó a jugar con los dos. Su risa era muy contagiosa y agradable.

-Oh… Mira qué monada.- Unos adolescentes de unos 16 años se quedaron mirando la escena de dueño y mascota unida que Katherine estaba proporcionando.

No sabría decir si ellos consideraban a los cachorros una monada por su actitud o miraban embobados a Katherine. No tarde en ponerme a la defensiva.

-Exacto son una ternura ¿Desean uno? – Sonreí cerrando mis ojos.

-¿Oye Carlos nunca has sentido como un escalofrió detrás?- Preguntó uno de ellos a su amigo.

-Ohm… Creo que sé de lo que hablas.- Me regresó a ver de manera nerviosa.

-Hola chicos, no pude notar que están interesados en uno de estos pequeños.- Katherine interrumpió el momento de tensión sonriendo de manera amable.

-¿Eh?- Dijeron al mismo tiempo, voltearon a verme. Yo aún no quitaba mi tan alegre sonrisa.

-Claro que sí… Yo quiero uno jaja. Son muy lindos ¿verdad? Francisco.-

-Sí claro… Son muy tiernos.- Acariciaron al cachorro.

-Me alegro que deseen adoptarle.- Katherine les entregó al segundo cachorrito que quedaba. Ellos lo tomaron, agradecieron y se marcharon. Sólo espero que ese pequeño canino esté bien.

Aunque cuando se fueron pude ver como ellos dos empezaron a jugar con el tuso y a pensar en un nombre para bautizarlo. Creo que después de todo no iban por Katherine.

No tardó mucho para que el Sol decidiese esconderse de la luna. Bañando a su paso con unos cuantos rayos. Mi sombra se hacía cada vez más notoria. No habíamos podido encontrar una familia para el último cachorro. Sin embargo a Katherine no le importó, parecía satisfecha de haber conseguido hogar a los otros pequeños.

Ella tomó entre sus brazos al canino, con su mano derecha lo sujetó firmemente. Comenzó a acariciarle con mucha ternura. Pude escuchar un pequeño suspiro exhausto por parte de ella.

Me senté a su lado y acaricié el lomo del cachorro, a lo que éste volteó y lamió mis delgados dedos. Tuve una sensación de cosquilleo y rápido escondí mi mano.

Katherine rió por el acto, se levantó de la banca y me extendió su mano.

-Ven conmigo Álvaro- Sujetó mi palma, jalándome un poco para que me levantase yo no puse objeción y así lo hice.

-¿A dónde vamos?– Pregunté sonriendo.

-Bueno como me has ayudado hoy, quisiera llevarte al lugar donde mi madre siempre me llevaba. Hay un puesto de helados cerca, vamos yo invito.- Respondió muy entusiasmada.

Que más me quedaba que decirle que por supuesto iría con ella.

Katherine no dejó mi mano, es más, se aferró de esta. Quien viera nuestra escena pensaría que somos un par de enamorados. No me molestó que lo hiciese me era muy agradable. Su mano realmente era suave y cálida. Las pocas veces que volteaba a mirarme, me sonreía.

Caminábamos de manera lenta como si ninguno de los dos quisiese soltar la mano del otro. Eso me causaba gracia y un poco de felicidad.

De su cuerpo emanaba una dulce fragancia, no sabría describirla, este aroma comenzaba con un olor a cerezas, después se desvanecía, dejando paso a olores florales, tal vez lilas o quizás a la flor almizcle blanca.

En todo el trayecto, sólo intercambiamos miradas y gestos de agrado. Ninguno de los dos se declinaba al dejar el contacto de nuestras manos.

Ella detuvo su caminar frente a una franquicia, con un gran letrero sobre la fachada que decía: “Less Bessones” un título muy llamativo y único. Ella insistía en seguir tomando mi mano, pero esta vez fui yo quien la sujeto más a fondo y la guié hasta la entrada.

En el vestíbulo se podían ver ocho mesas color caqui. Sólo tres de ellas tenían cuatro sillas, las demás sólo presentaban dos. Ese lugar era más un lugar al cual asistir con tu pareja.

Era un amplio lugar con una decoración extravagante, los contrastes con diversos tonos café, eran muy adecuados. Se podía percibir un ligero aroma de café y aire frío. La iluminación no era muy intensa, era de un tono amarillento combinado con suaves toques naranja, que contrastaba con el color chocolate de unas cuantas macetas.

Las vitrinas panorámicas dejaban ver una gran variedad de sabores frutales. Y sobre esta, distintos clasificados de barquillos.

Temí que no dejasen pasar al pequeño cachorro por tomar medidas de higiene sanitaria. Sin embargo me equivoqué. Nos asignaron una mesa cerca de una gran ventana.

Un joven mesero que no despegó la vista de Katherine, preguntó un poco nervioso:

-¿Puedo tomar su orden?.-

-Por favor.- Sonrió Katherine -Yo quisiera una copa sencilla de yogurt natural. Agréguele poco durazno.-

-Enseguida señorita. ¿Y usted caballero?- ¡Vaya! Volteó a verme, pensé que no había notado mi presencia.

-Sólo tráigame una copa de vainilla.- No tenía muchas ganas para un helado, era un poco tarde para consumirlo. Pero claro que no podía negarle la invitación a ella.

-¿Desea agregarle jarabe de caramelo encima?-

-No gracias así está bien.- Respondí desinteresadamente.

-¿Alguna galleta quizás?- Volvió a preguntar el mozo.

Odio los lugares donde insisten en agregar algo más a tu pedido. Me es desesperante.

-Le repito que mi orden está completa.-

-Enseguida regreso con su pedido.-

Katherine sonreía divertidamente, como si hubiese leído mi pensamiento de desesperación a las preguntas del mesero.

 

-Omitiendo eso, es un lugar muy agradable.- Dijo tranquilamente sin dejar de verme.

-No lo niego. Parece acogedor.– Le respondí muy calmado, apoyando mi mejilla sobre mi mano.

Ella simplemente se limitó a sonreírme. No podía entender cómo una simple expresión de parte de suya me hacía sentir feliz y calmado.

Katherine me miró un momento pensando, luego sus mejillas se pusieron muy ruborizadas. ¿Qué le ocurría? Me preguntaba, hasta que recordé que aún no soltaba su frágil mano.

-Lo siento- Le solté de manera apenada.

Ella no movió su mano de la mesa. Guiñaba más apresuradamente. Realmente parecía nerviosa. Sus movimientos eran un poco torpes. Tartamudeaba ligeramente.

Todo eso me causaba gracia y ternura. Katherine era muy encantadora. Era muy tierna y frágil.

Nuestro pedido no tardo mucho. Servido en una bandeja plateada. El mesero puso las dos copas cristalinas sobre la mesa. Cuidadosamente colocó las cucharas encima de éstas.

-Fue un placer servirles.- Hizo una reverencia y se retiró.

No parecía heladería, me sentía como en un restaurante de gran prestigio. Supongo que eso lo hacía único a este lugar.

Katherine tiró la cuchara al piso. Sus movimientos torpes continuaban aún. Se sonrojó por su pequeño descuido.

Me apoyé de una mano sobre la mesa y me agaché por el utensilio. Ella sólo me agradeció muy apenada. Le temblaba la mano con cada cuchareo que daba a la copa. Yo le sonreía y no le quitaba la mirada. Esto hacía que se pusiera más nerviosa.

-No me mires tonto- Dijo de manera muy infantil.

Solté una pequeña carcajada y ella me embarró un poco de helado en la nariz. Al instante tomé una servilleta y me limpié. Ella cubrió su boca dejando salir una pequeña risita.

Sentía alegría el poder verla. Me di cuenta de algo. Encontré solución a mi problema.

Katherine me hizo no pensar en ti, esto era lo que faltaba. Un pequeño distractor y ella era la clave…

Continuará…