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¿Un cafecito?

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Vamos, los invito a una taza de café, vamos a abrir el alma para dejar salir nuestra mejor historia acompañados de un café y un amigo, que no hay mejor combinación ni mejor manera de aliviarnos el alma. La humeante taza frente a nosotros, llena de esencia, de significado, delicioso, fragante, que nos destrabe los nudos, que nos aligere el corazón.

¡Cuántas historias  comienzan con una taza de café, endulzado o no, cuántos amores que bailan a su alderredor, cuántos dolores compartidos en su compañía!
¡Cuántos corazones rotos acompañados de su aroma, cuántas interminables noches solitarias, cuántos insomnios compartidos! La magia se hace café y nos acompaña en cada evento importante de nuestras vidas, nos anima a seguir,  nos da impulso, lo mismo nos llena de nostalgia que nos desborda de energía.
Una deliciosa, humeante y humilde taza de café  nos estructura y nos acomode las piezas del rompecabezas cada mañana.
Por esos platicas tan  inesperadas y tímidas que me hacían sentir tan halagado y a la vez tan emocionado.
Por esas tardes de cine y café aún en medio de la lluvia, pues se puede hacer  sentir que no había obstáculos para poder ser felices.
ABRAHAM ROCHA RDZ

EXISTEN PERSONAS QUE NO DEBERIAN AMAR… CAPITULO 25 & 26

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-¡Te mato! ¡Por dios que te mato!- Me encontraba discutiendo con Lisandro acerca de su forma de hacer que Emilie no se marchara.

-Creí que querías que ya no te ocultara nada… Mejor amigo.-Se burló de mí. Este tipo lograba cabrearme

-¡Jodido bastardo, deja de bromear!-

-Bueno… No tenía tiempo de comprar flores… Dijiste que no debía regresar sin ella, por eso tuve que hacerlo-

-Te voy a matar maldito escritor pervertido. ¡Fue un error comprarle aquel boleto a Emilie!…- Maldición… Estaba tan molesto por sus palabras, que sin darme cuenta me delaté.

Lisandro sorprendido, con los ojos como platos, tampoco esperó esa traición de mi parte.

-Álvaro… ¿Lo hiciste a propósito? ¿Sabías que aceptaría mis sentimientos?-

– . . . ¿Tienes algún problema con eso?- Exclamé en un tono bajo desviando la mirada.

-¿Qué hubieses hecho si Emilie realmente hubiera abordado aquel autobús?- Preguntó seriamente.

-No es tonta… Además, sabía que llegarías antes de que sucediera aquello…-

-Te estás contradiciendo. Pensé que el futuro no se podía predecir.-

-¡Cállate! ¿Así es cómo me agradeces?- Maldito Lisandro, a todo le encontraba una forma de joderme.

-Sí, si… Estoy realmente agradecido contigo. Pero nunca esperé que hicieras algo así por mí. Tú supusiste que no llegaría a tiempo ¿verdad?- Sonrió revolviéndome el cabello.

-Tú cabeza es un lio. Tardas mucho en ordenar una idea y en dar respuesta. Perderías minutos antes de que entendieras.- Me avergonzaba decirle eso, de cierto modo fui un egoísta. –Pero, no es como si lo hubiese hecho por ti. Yo no quería que Emilie se fuera… Probablemente, si tú no hubieras ido, sería yo quien fuera por ella a la terminal con una excusa creíble-

-Jaja, te odio…- Comenzó a carcajear. –Antes mentías mejor Álvaro ¿Qué ocurre?- Se sentó en el sillón despreocupadamente.

-¡Es la verdad idiota!- Me estaba poniendo realmente incómodo.

-Y tampoco te alterabas de esa forma… Pero, gracias.- Concluyó con su análisis así mi persona.

-Lisandro… Como buenos amigos que somos, necesito que me hagas un favor…-

-Por supuesto Álvaro, no podría negarlo.-

-¡Perfecto! ¿Podrías de todo corazón enterrarte bajo tres mil metros de profundidad en la tierra?- Sonreí angelicalmente.

-¡¿De dónde diantres sale tu aura oscura?!-

-¡¿Ahora de qué jodidos hablas?!- Ambos comenzamos a alzar la voz. Lisandro y yo teníamos un carácter bastante fuerte. Uno más infantil que el otro, pero aun así, podíamos defendernos uno del otro.

-¡¿Por qué no aceptas que lo hiciste por mi bien?!-

-¡Te estás volviendo muy arrogante! Ya te dije que no lo hice por ti-

-Ya vas otra vez… ¡Siempre negando que quieres ayudar a alguien más!-

-No voy a discutir contigo algo tan estúpido Lisandro.- Me calmé un poco. Sabía que si continuábamos, tarde o temprano saldrían palabras que nos terminarían lastimando. Si algo aprendí fue reservarme la verdad.

-Vale, pero que te quede claro que para mí, fue un noble gesto de amabilidad de tu parte.-

-Pareces mujer… Siempre buscando sacar pelea.-

-Oye… Si me das cuerda es porque tú también la quieres.-

¿En qué momento pensé que Lisandro sería buen partido para Emilie? Lo peor que pude hacer fue arrepentirme. Yo solo me condené.

-¿De qué tanto discuten?- Antes de poder responderle gravemente, entró Emilie a la habitación.

-No es nada Emi.- Traté de disimular. –Sólo le estaba agradeciendo a Lisandro el hecho de haberte alcanzado en la terminal. – Pude escuchar una carcajada por parte de Lisandro a la hora de oír mis palabras. Lo voy a matar… Algún día lo haré.

-Así es Emilie. Álvaro me estaba platicando acerca de su gran “error” ¡Oh! Y también de cómo fue que lo cometió…-

-¡Ah! Ignóralo Emilie, está delirando…- Lo interrumpí antes de que dijese una tontería. Este idiota podría delatarme con el único propósito de que yo le diera la razón.

Él comenzó a reírse. Maldito bastardo… Por fin tenía con que cobrarse todas las que le había hecho.

-Por cierto Emilie… Me gustaría que tuviéramos una cita.-

-¿Una cita?…-Ella se puso nerviosa ante la inesperada invitación de Lisandro.

-Sí, quiero compartir recuerdos contigo. Además de que necesito enseñarte varias cosas que desconoces.- Le guiñó el ojo derecho. ¡Maldito pervertido! Mira que proponerle algo tan vulgar frente de mí.

-Lisandro… ¿Sobrevivirías de agua y semillas?-Pregunté curioso.

-¿Eh? Supongo que sí… Me aterra la pregunta y no sé si preguntar el porqué de la misma.-

-Digamos que es lo que estoy pensando en darte de comer una vez que te encierre en una jaula.- Agregué calmado.

Emilie soltó una risilla, algo tierna e inocente. Comencé a odiarme por permitir que un lascivo como Lisandro fuese su primer novio. Maldita sea, había sacrificado a mi pequeña prima. Fui un idiota.

-Terminaré de desempacar… Álvaro gracias por aceptar mi inesperada decisión.-

-Para nada, me alegra que no te hayas marchado.-

-Gracias, espero no ser una molestia.- Parecía nerviosa. Toqué sus hombros y le sonreí. El que yo les ayudara a estar juntos, fue porque una parte de mí quería contemplarla siempre. Ahora que lo pienso, fue algo egoísta y cruel, porque de principio sólo pensé en mí. Pero, no importaba. Ya no había nada que remediar.

Ella se marchó dejándome con el burlón de Lisandro. Nunca me había sentido tan chantajeado como en esos momentos. Probablemente era el precio que tenía que pagar por mis arrogancias.

-Álvaro… Necesito preguntarte algo que ha estado rondando en mi cabeza cuando conocí a Valeria.- ¿Por qué justo ahora te mencionaba? No pude evitar sentir un pequeño tirón del pecho. Me puse realmente incómodo y nervioso.

-¿Qué es?- Pregunté un tanto aturdido. No quería más aclaraciones como la de Katherine.

-¿Tú realmente puedes amar?- ¿Y ahora que estaba diciendo? ¿Podrías ser que él se diera cuenta de nuestro pequeño juego?

Estás diciendo estupideces otra vez. No creo que amar sea de poder. Simplemente considero que existen personas que no deben amar porque comenten errores que son irreversibles. Actúan a base de sentimientos y no de razón. Siempre intentando ver el lado positivo a todo, cuando en realidad se han puesto una venda en los ojos para huir de la verdad. No hay personas que odie más que aquellas.-

-Quizás tengas razón… Pero, sin darte cuenta tú cambiaste Álvaro. No solías ser el tipo de persona que prestara atención a una relación. Nunca cuidabas un detalle. Jamás pensabas en la persona. Finalizar una relación para ti era como borrarla del planeta. Me di cuenta de aquel cambio cuando noté tu sonrisa en aquella foto. Era la primera vez en mucho tiempo que la vi de una forma sincera y pura. Además de que en aquel malentendido, fácil pudiste abandonar todo. Pero, te empeñaste en querer aclararle la verdad. Es más, te has exaltado cuando escuchaste su nombre ¿no es así? ¿Acaso sigues pensando en ella? ¿Hasta cuándo abandonaras tu orgullo? ¿Hasta cuándo aceptaras que la amas?-

-Cállate… Yo jamás podría llegar a amarla… Ella está descontrolando mi vida… Siempre en mis pensamientos rondando. Preguntándome siempre qué estará haciendo en estos momentos, con quién está. ¿No te das cuenta que me está molestando?-

-O te está dando lo que has anhelado…-

-¡Ya basta! ¿Qué sabes tú?-

-Estás exaltándote de nuevo. Anteriormente hubieses dicho algo más calmado. No te cabrerías tan rápido. Pero, cuanto más lo niegues, más fuerte se volverá… Álvaro ¿De verdad eres una de esas personas? ¿Tú no deberías amar?- Salió de la habitación dejándome exhorto en mis pensamientos.

-Idiota…-Susurré escuchando el pequeño rechinido de la puerta cerrándose. Aunque odié admitirlo… Tenía razón… Yo estoy cambiando. Te estoy dando más atención de la que mereces… Siempre tratando de estar contigo… Siempre anhelándote… Deseando tenerte… No lo permitiré. Nunca lo aceptaré…

Lisandro y Emilie salieron a su “cita” Estaba un poco furioso con respecto a sus palabras. Quería meditar acerca de mi comportamiento explosivo y atrófico.

¿En qué momento perdí de vista mi objetivo? ¿Podría ser que yo solo perdí control de mis emociones? Aunque el mañana sea incierto para mí… Todavía me queda una carta. La jugaré, apostaré y arriesgaré para poder ganar… confío en que no voy a fallar.

[Ding Dong]

Me sobresalté un poco al oír el timbre de la casa. Ni siquiera tenía tiempo para hacerme una idea de quién podría estar tocando a la puerta.

Me paré un poco molesto del sofá. Necesitaba calmar mis nervios.

-Señor Crowley, menos mal que lo encuentro. Siempre se escabulle muy bien.- Llegó un señor un poco anciano, con un toque elegante y distinguido. Su rostro se notaba algo cansado por el paso del tiempo. Él era el mejor amigo de mi padre y también su abogado.

-Oh… Licenciado Brais. Ha pasado tiempo.- Le estreché la mano. No es como si me hiciera ilusión encontrarme con esta persona.

-Lo mismo digo, mira que grande te has puesto. Cada vez te pareces más a Rafa…- Se detuvo en la última palabra. Como si hubiese tragado saliva, comenzó a ponerse nervioso–Lo siento…-

-Adelante, dígalo. Cada vez me parezco más al egocéntrico de mi padre. El distinguido Rafael Crowley ¿no es así?- Comencé a burlarme.

-Si… Escuche, sé que no desea saber nada del testamento. Pero la empresa necesita un líder… Por eso le pido que lo reconsidere.-

-¿Usted cree que yo necesito algo de ese hombre? No me importa que es lo que haya asentado en aquel papel. Yo nunca esperé nada de él. Además de que, usted licenciado Brais, parece llevar a flote la empresa que tanto amó mi padre. No encuentro la necesidad de buscarme. Y por lo que sé, ninguno de los empleados sabía que el señor Rafael Crowley tuviese un hijo. Pienso que sería sospechoso que de la nada salga un heredero-

-Señor Crowley, su padre realmente confiaba en que tomase su lugar una vez crecido. Él siempre lo presumía como su mayor orgullo, por eso no se preocupe por lo empleados. Es verdad que nunca llegó a presentarlo, pero todas sabían acerca de su esposa… Usted era muy joven como para presentarse. Pero, Rafael siempre vi por usted. Su educación fue formada con alto esmero de su parte.- Terminó su largo argumento.

-Lo entiendo perfectamente… Nunca me vio cómo su hijo, sino como su sucesor ¿Eso es lo que quiere decir señor Brais?- Ni siquiera valía la pena enfadarme. Hace tiempo opté por abandonar aquel sentimiento. –Gracias… Pero. No estoy interesado en cohabitar en el mismo ambiente de esa persona.-

-Señor Crowley…-

-Basta de formalidades. Que yo sepa usted es mayor para mí. Puede llamarme Álvaro. Después de todo, usted fue el amigo de mi padre. No intente cambiar nuestros puestos que me educaron para respetar edad, no nivel de trabajo-

Él sólo suspiró ante mis negaciones.

-Álvaro, ¿no crees que es hora de dejar de guardarle rencor? Él realmente te amaba, sólo que nunca lo expresó abiertamente.- No pude evitar reírme ante su exclamación tan divertida.

-Yo no le guardo rencor, no tengo tiempo para dedicarle tal emoción. –Suspiré agobiado, esta plática no iba a ningún rumbo que me agradase. –Señor Brais, le invito a tomar algo, sería descortés de mi parte que ambos continuemos esta conversación en la entrada de mi condominio.-

-¿Huh? Gracias… Con permiso.- Se adentró a la casa, cargando lo que parecía ser un pesado portafolio.

-Por favor, siéntase como en su hogar.- Le supliqué que se sentara en el sillón de la sala.

-Eres muy amable, muchas gracias.-

-¿Café, té, soda o un poco de alcohol?- Pregunté caminando rumbo a la cocina.

-Es muy tarde para tomar algo caliente, la soda me desagrada y no bebo bebidas alcohólicas desde hace mucho. Agua está bien, por favor.- Pudo ahorrarse todas aquellas explicaciones… Pero, supongo que trataba de rechazar educadamente.

-Aquí tiene.- Le extendí el vaso, sentándome en otro sillón. Esperando a que le diese un sorbo a su bebida.

-Gracias.- Bebió hasta la última gota. Creo que en el fondo sabía que se gastaría su aliento tratando de convencerme, como siempre lo había hecho. –Álvaro… Haciendo de un lado la empresa de tu padre. Quiero aclararte también que tu antigua casa está incluida en el testamento.-

-¿Usted piensa que me agradaría regresar a aquel lugar? No tengo ningún momento agradable el cual merezca la pena recordar de esa prisión.-

-Oh vamos… Allí pasaste tu niñez. Estar solo en este lugar no debe ser grato.- Observó toda mi casa como escaneándola.

-Está equivocado. Si regreso a aquella casa. Probablemente esté aún más solo. Desde aquel accidente de mis padres, por más cruel que suene comencé a estar rodeado de personas. Por eso, no hay ningún objetivo de regresar al pasado Licenciado Brais. Además de que en estos momentos no vivo solo. Comparto está casa con un amigo.-

-¿Un amigo? Interesante, recuerdo que cuando te conocí parecías una persona solitaria y reservada.-

-Eso ha sido grosero, señor Brais. ¿Insinúa que cuando nos presentamos me sentenció para no tener ni un amigo? No soy tan introvertido.- Sonreí un poco. Realmente no estaba ofendido porque yo también llegué a pensar lo mismo.

-No quise decir eso… Me disculpo, si te incomodé.-

-No se preocupe. Su nombre es Lisandro, Lisandro Riveil, lo conocí antes de que me avisaran sobre la muerte de mis padres. Desde ese entonces él ha estado a mi lado. Junto con mi pequeña prima.-

-Espera… ¿Has dicho Riveil?-

-Si… ¿Hay acaso algún problema?- Pregunté mirándolo confuso. Parecía horrorizado y extrañamente perdido en sus pensamientos. -Licenciado Brais. ¿Usted lo conoce?

-No, lo siento. Conozco a su madre… Pero, nunca pensé que ustedes dos se llegarían a encontrar algún día…-

-¿Qué está diciendo? ¿Acaso hay una razón en especial para nunca encontrarnos? El mundo es pequeño.-

-No me digas que tú no…- Pausó nerviosamente. Como si estuviera a punto de decir algo que me estaba ocultando. –Olvídalo… Me he desviado.- Comencé a intrigarme acerca de lo que dijo. Esté señor estaba escondiendo algo que parecía muy importante.

-Ya veo.- Estaba un poco incómodo. El silencio había predominado por unos segundos.

-Cierto… Hablabas acerca de tu prima… No sabía que Rafael tuviese sobrinas.-

-Para nada. Perdí contacto con la familia de mi padre. Mi prima fue sobrina de mi madre. Se llama Emilie Miller.- Le extendí una fotografía de ella para que la pudiese contemplar mejor.

-¿Ah? No puede ser, es toda la imagen viva de tu madre. Tiene un gran parecido con Fernanda. Es como verla, sólo que más joven.-

-Lo mismo pienso yo. ¿Ahora entiende por qué no debo regresar a aquella casa? Si me voy ahora, me quedaré solo.-

-Probablemente tengas razón… Pero, ¿realmente abandonaras todo?-

-No, nunca fue mío. Más bien diría rechazar. No aceptaré tales cosas provenientes de una persona que me explotó de pequeño.-

El licenciado Brais suspiró, resignado. Anteriormente siempre fue así. Yo rechazaba y el regresaba cada 6 meses o quizás más. Me sorprendía siempre su tan ardua insistencia.

-Álvaro… Tu padre realmente quería que lo sucedieras. No había otra cosa que anhelaba más que verte triunfar. Por eso, yo cumpliré con sus peticiones. Por favor reconsidéralo.- Abrió su portafolio y sacó una gran carpeta de color beige con un sobre blanco muy bien sellado. –Toma, puedes leer el testamento. Oh, y está es una carta que Rafael escribió para cuando tú fueses un adulto. Puedes leerla si gustas. No estás obligado.-

Tomé ambos papeles y le agradecí por su entrega. Dudé un poco con respecto a la carta. Podría ser un engaño de su parte para que yo aceptase dirigir la compañía.

-Si no hay nada más que decir, creo que me retiro. Gracias por escucharme. Me ha dado un gusto saber que estás mejor. Adiós.- Se despidió estrechándome nuevamente la mano.

-Que le vaya bien-

Una vez marchado. Exhausto decidí entrar a tirarme sobre mi cama y dormir tranquilamente. Ni siquiera me interesaba la supuesta carta de mi padre. Si para no regresar al pasado tenía que borrar el indicio de este en el presente. Yo debía tirar la carta, pero había decidido guardarla. Quizás algún día la leería. ¿Con qué objetivo? No lo sé, tal vez era un poco curioso.

Recordé entonces acerca de lo que dijo de Lisandro. Nuevamente sentía una inquietud en el fondo. Quería saberlo, pero se había detenido.

Tales pensamientos de nuevo fueron interrumpidos por el sonar del timbre. ¿Ahora quién? Podría ser que el licenciado Brais haya omitido algo y sólo regresaba para decírmelo. Era molesto, pero tenía que atenderlo, después de todo, Isabel y él cuidaron de mí.

-¿Qué ocurre señor Brais?- Pregunté al instante que abrí la puerta. Oí una risilla, algo molesta pero familiar.

-Lo siento Álvaro, creo que no soy el señor Brais.- Sonreíste burlándote un poco acerca de mi suposición.

-Perdón, acabo de tener una visita y pensé que eras él.- No pude evitar observarte. Maldición ¿Por qué cada día que pasaba te veía más hermosa? Tu largo cabello suelto brillándome. Tu leve maquillaje que hacía resaltar tu vista. Tu fragancia que me invitaba a abrazarte. No hay duda alguna. Si no te tengo, te deseo. Así funciona ¿verdad? Igual que un objeto material.

-Por lo que veo, no recibes muchas visitas ¿no es así?- Dijiste dulcemente. O al menos así lo percibí… -Entonces, ¿me vas a dejar entrar o tengo que pedírtelo?- Bromeaste.

-La sutileza nunca fue lo tuyo ¿cierto? Adelante pasa a la cueva del lobo. Claro, si no temes ser mordida.-

-¡¿Qué estás diciendo?!… Idiota.- Comenzaste a ponerte nerviosa y levemente te ruborizaste. –Sin embargo, “el lobo” tiene correa, así que supongo que estaré bien- Volvió tu forma arrogante y pasaste esquivándome.

-No del todo. Puede ser que alguien la haya roto. Después de todo, no era un perro.-

-¿Eh? ¿A qué te refieres? Tú y Katherine…-

-No es nada. Vamos-Te interrumpí y posé mi mano sobre tu espalda guiándote hasta el vestíbulo. –Y bien… ¿A qué has venido?- Pregunté sentándome en el sofá. Tú hiciste lo mismo y me observaste por breves momentos.

-No vine por una razón específica. Sólo quería saludarte.- Lógicamente estabas mintiendo.

-Ya veo. ¿Cómo sigues?- Pregunté recordando tu accidente. No es como si realmente me importara tu salud. Pero, realmente me tenías preocupado.

-Mucho mejor, gracias de nuevo… Escucha Álvaro… Quería disculparme por la actitud tan estúpida de Joel.- Agachaste la mirada avergonzada. ¿Por qué eras así? Siempre culpándote de tales cosas. Quizás esa sea la parte que odié más de ti.

-No me molesta en absoluto. Además de que no tienes por qué disculparte. Tú no eres responsable de nada.-

-Aunque digas eso, realmente prefiero que sea así- Comenzaste a inquietarte jugando con tus manos. -¡Oh! Casi lo olvido. Toma.- Me entregaste una bolsa blanca. –No sabía cómo agradecerte, así que le pedí a mi tía que me ayudara. Sé que no te gustan mucho las cosas dulces, pero me esmeré en hacerlo. Por favor acéptalo.- ¡¿Desde cuándo te habías vuelto tan tierna?! Te odio…

-Gracias. ¿Qué es?-

-Oh… Es pastel de queso con mermelada de zarzamora. Espero que te guste.- Volviste a sonreír. Me sentí un poco cabreado. Sentía que me estabas retando.

-No tenías que hacerlo-

-Por eso es un agradecimiento Álvaro–

-Pensé que sólo venias a saludarme- Sonreí un poco por tu descuidada confesión.

-Si… Pero… Yo…-

-Ni siquiera tienes una excusa. –Me reí un poco ante tus reacciones. ¿Qué ocurría? Estar contigo hacia que mis preocupaciones exteriores desaparecieran.

-Me has atrapado.-Relajaste tus hombros, como con más confianza.

-Entonces supongo que te quedaras a degustar el pastel conmigo.-

-¿Eh?… No. Yo ya me iba.- Comenzaste a arreglar tus cosas de manera apresurada. ¿Qué te ocurría? Pareciera que deseabas irte lo más pronto posible. Como si yo lo fuese a permitir.

-Que cruel, me dejaras solo.-

-¿Lisandro no está contigo?- Preguntaste sorprendida, calmando más tus acciones.

-No, salió a una “cita”-Hice comillas con mis dedos.-con mi prima. Digamos que fue culpa mía que esos dos hayan terminado juntos.- Exhalé agobiado.

-¿Enserio? Quién lo diría. Pareces cupido…-Sonreíste de una forma extravagante y única. Hacía tiempo que no veía tu sonrisa, ni siquiera entablaba una conversación así. Cuando quieres dejas de ser molesta y ruidosa.

-¿De verdad? Entonces, creo que sería conveniente tirarte una flecha.- Volviste a ponerte nerviosa. Que problemático, parecías una niña. Era fácil jugar con tu corazón.

-Por favor, deja de bromear…- Me imploraste con una mirada triste. Aquellos ojos tiernos, fueron como una punzada en mi pecho.

Tenía que cuidarme. Estos pequeños gestos de tu parte me hacían erizarme. Y si las palabras de Lisandro tenían verdad, debía alejarme. Pero eso sería como admitir una derrota, cosa que no aceptaría aunque me la pusieran en charola de plata. Yo todavía no estaba acabado. No mientras tú siguieras prendada de mí. Por tu sonriente rostro me estaba dando cuenta, que aquella herida, la estabas logrando cicatrizar. Entonces permíteme ser de nuevo la infección. Aquel que no te dejé salida, para que el mar te pueda tragar.

-¿Quién está bromeando- Besé tu mejilla. Lo sabía, sigues usando la misma fragancia. Tu piel sigue siendo igual de suave y aún te sonrojas por un gesto tan insignificante. ¿Por qué no había descubierto aquello que me inquietaba? No encontraba aquello que me hacía estremecerme. ¿Quién rayos eras tú para hacerme sentir de esa manera?

-Deberías dejar de hacer eso… Tú tienes a Katherine… ¿Por qué me ilusionas de esa manera?… Que cruel eres…-Comenzaste a sollozar con una voz casi tenue.

-Katherine me terminó. Ella y yo no somos ni amigos Valeria.-

-¿Eh? ¿Te terminó? ¿Por qué haría eso? Quiero decir… Eres amable, gentil, dulce, tierno…-Bajaste el tono de tu voz. En verdad eras un tonta. Mira que catalogarme con esos adjetivos. Eras tan ciega, tan vulnerable. Tanto que me desagradaba esa parte ignorante de ti.

-Valeria, una relación no se basa sólo en la gentiliza de una persona. Se debe demostrar. Supongo que Katherine lo notó. Inconscientemente, hay cosas que mostré del pasado y probablemente la hirieron. Por eso, nuestra relación no llegó a más. Y creo que lo entiendo.-

-Pero…-Toque tu mejilla, tratando de que no dijeras más. No podría inventar otra mentira.

-No pongas esa cara, eres una cría aún.- La apreté sutilmente. –Si quieres consolarme, quédate conmigo a probar tu pastel, después de todo pudiste echarle veneno.-

-¡Eso es mentira! Idiota… Sólo me quedaré para que no digas nada.- Hiciste un puchero y volteaste la mira tratando de parecer molesta.

-Pero serás tú la que lo pruebe primero. De verdad me das desconfianza.- Comencé a gastarte bromas sin sentido. Jugando cual niño travieso. ¿A dónde iría a parar?

-Como si yo pudiera hacer eso. Te odio…-

-Claro que no me odias. Sino no estarías aquí.-

-Cállate… ¡¿Por qué te gusta pelear conmigo?!- Te exaltaste un poco.

-No estoy peleando. La única que está alzando la voz eres tú.-

-Eres un fastidio cuando te lo propones.- Tu rostro molesto, sólo lograba hacer que me diera cuenta de que tan bella eras. Decidí parar con la pequeña riña, de lo contrario, terminaría confundiéndome de nuevo.

-Valeria, ¿Tú eres feliz con Joel?- Aquella pregunta salió inconscientemente. También el sonido melancólico.

-¿Por qué lo dices?… Él y yo terminamos ayer. Me di cuenta de que aún no estoy lista para empezar otra relación con alguien más… Si te soy sincera, mis sentimientos por ti no han cambiado. Soy un desastre ¿no es así? Usando una excusa tan triste para venir verte. Lo siento…- Una parte de mí, se alegró al oír tal afirmación. Estaba emocionado y eso no me agradaba. Me incomodaba, pero me aliviaba.

-Ya veo… Valeria-Llamé tu nombre.

-¿Sí?-Alzaste tu mirada, parecías un poco exaltada.

-¿Entonces no está mal si hago esto de nuevo?- Tomé tu nunca acercando nuestras frentes. Te miré unos segundos y recorrí tus labios con mi pulgar. Tu cristalina mirada era tan embriagante. Cerraste tus ojos, dándome una aprobación de que debería continuar.

Besé frágilmente el borde de los mismos. De nuevo el sabor a fresas… Joder…

CAPITULO 26 …. CONTINUACIÓN

Ambos prolongamos aquel beso. La pasión, el deseo y la ansiedad, estaban revueltos con lo que podría ser la necesidad de buscarnos el uno al otro. Es molesto, es abrumador e irritante, pero sí de ese modo podría tenerte, debía tomar precaución.

De negro tu realidad yo la pienso pintar, por eso no debía correr riesgo. Una caricia o una sola palabra, podría derribar el grueso muro de concreto. ¿Qué lograría con volver a rendirme a tu encanto? ¿Qué conseguiría de un encuentro sexual? Nada… La respuesta era tan clara. No había sentido doble, voltearas como voltearas el asunto, siempre sería así. No había nada que dar ni nada que recibir a cambio. Sólo una farsa y un engaño. Pero eso era inservible, no sólo para mí, sino también para ti.

Siempre he querido decirte una cosa. Una simple y llana pero poderosa palabra. Una que quizás podría hacerme regresar a mis pacíficos días. Aquellos en los que sólo me preocupaba en mis actividades diarias.

-Álvaro… Creo que deberíamos parar…- Sonreí engatusadoramente ante tu suplica. Que linda te veías tratando de detenerme.

-Te dije que tuvieras cuidado… Bajaste la guardia… Demasiado diría yo.- Te recosté en la cama y de nuevo te besé.

Nunca me enamoraré, jamás lo haré. Si te veo solamente como un juego, podré soportar este deseo. Aunque probablemente mi orgullo sea superior a ese amor tan gracioso que tú inventaste.

Lentamente, de una manera delicada, bajé mi mano hacía tu muslo, haciendo que te estremecieras por el contacto. Cada mordida a tus labios hacía que tu cuerpo se calentara. Lo mismo que el roce de nuestras lenguas. Sólo tú lograbas sacar mi perversión, así que debías empezar a aceptar mis reglas. Ninguna chica como tú me atará, recuerda que sólo eras mi presa y nada más. Entre tú y yo no debe existir algo más que no sea físico.

Tomé tu mano y la apreté con la mía. Respiramos en el mismo tiempo, ambos agitados y desesperados. ¿Qué más dará entregarme a ti? No necesito tu amor, solamente eres de una diversión. Cuando menos te des cuenta, pasarás a ser otra más.

Tu mirada de inocencia y depravación a la hora de lamer tu cuello, sólo me excitaba. Si intentabas buscar una salida, temo que las llevabas de perder. Metí mi rodilla entre tus piernas. Quería que memorizaras cada momento, para que así me convirtiera en tu vicio.

Presuroso, retiré mi playera y volví a aprisionarte con mis manos. Tu mirada llorosa, tus mejillas ruborizadas y esa tierna expresión de placer, eran sumamente deseables.

Limpié una descuidada lágrima que salió de tu cristalino parpado. Unos segundos, ambos permanecimos inmóviles ante el encuentro de nuestras miradas. Lo lascivo y lo puro enfrentándose con una cierta desventaja para el último.

Sin despegar mi mirada hacía tu rostro, comencé a desabrochar tu camisa. Cada botón era desesperante, pero también provocador.

Rodeaste mi cuello con tus brazos y rápidamente te alzaste para abrazarme. Estabas un poco agitada y temblando.

-¿Qué ocurre?… ¿Estás bien?- Posé mi palma sobre tu espalda sumergiendo mi cabeza sobre tu cabello.

-Dime… ¿Qué es lo que somos?… Por favor… Explícamelo- Tus palabras parecían pequeños susurros desvaneciéndose en la nada. Si aquello era tu preocupación, no podría evitar sonreír para mis adentros. En un momento como este, se te ocurría decir tal estupidez.

-Sólo pídeme que es lo que quieres que seamos… Y así será- Susurré a tu oreja para después morderla. No permitiría que me desviaras del tema.

Gimoteaste un poco tratando de ocultar tu voz. ¿Por qué lo hacías? Aquello era un estimulante para mí.

Tomé y alcé tu rostro para volver a besar la comisura de tus labios, deseando que sólo así me permitieras continuar con el desbroche de tu prenda. Retiré cuidadoso tu camisa y pude contemplar el diseño de tu sostén… Seguías siendo una niña. Aquel estampado de pingüinos sonrientes lo confirmaba.

-Oye… Son lindos de cierto modo.- Me levanté para reírme un poco. No podía ignorarlo, realmente me hacía gracia. ¿Cómo se supone que debería continuar al ver eso?

-¡Idiota…!-Cubriste tus pechos molesta, pero de una forma sumamente infantil. Estabas realmente sonrojada. Eso me hizo sonreír inconscientemente. Un poco de nostalgia se adentró en mi pecho… ¿Yo estaba extrañando mis momentos a tu lado? No es como si pudiera admitirlo libremente… -¡Deja de reírte es vergonzoso! Si hubiera sabido que tú…- Bajaste el tono de tu voz. Poco a poco iba escuchando tus tonterías una vez más.

-O sea que si supieras que terminaríamos así, ¿te hubieses arreglado para mí?- Sonreí gentilmente.

-¿Eh?… Por… Por supuesto que no. Eso no es lo que quería decir.-Parecías nerviosa e insegura con tus palabras. Suspiré prolongadamente por tu falta de honestidad y por las interrupciones que me estaban irritando.

-Bueno, realmente no importa. Está bien de esa manera, ya que no lo necesitaras ¿cierto?- Me acerqué a tu rostro y besé tu mejilla.

En un movimiento rápido solté el broche de tu sujetador. Diste un pequeño brinco y me abrazaste tímidamente.

-Escucha Valeria, se acabaron las distracciones… Es el momento de decirme si deseas que continúe, porque una vez que empiece, no me detendré.-Volví a ponerme encima de ti.

Me miraste unos segundos con unos tiernos ojos acuosos. Tu mirada era confusa; parecía gritarme que parara pero a la vez me suplicaba que siguiera. ¿Cuál ganaría? Eso lo decidiría tu respuesta.

-Qué cruel eres… Hacerme decir cosas tan indecentes…- Desviaste tu mirada. De verdad eras tan hermosa y delicada.

-Sólo quiero oírlo de tu boca…- Acaricié tu mejilla.

-Yo te quiero, así que… Por favor hazme sentir que me amas, que soy tuya.- Cubriste tu rostro. Esas palabras fueron un golpe muy fuerte para mi ego. Por supuesto que eras mía. De eso no había duda alguna.

-Es una buena afirmación Valeria… Yo también soy sólo tuyo…- Ni siquiera con Katherine me había entregado de esta forma. Tú tenías algo especial, algo único que me volvía loco. Mientras aumentara el palpitar de mi corazón, la adrenalina crecería.

-Álvaro… Te amo.- No me molesta que lo digas, lo que más odio son tus palabras después de todo. Yo realmente no lo entiendo… ¿Qué es el amor? Cada vez sentía mayor impotencia. Ciertamente me horrorizaba cuando perdía mi control a la hora de verte, de sentirte y de tenerte. Por eso, debía convertirme pronto en una adicción para ti.

-Lo sé… Yo también te amo.- Esa frase tan sólo es una mentira cruel. Tu enamoramiento era un error. Sólo sufrirás, como otros sufrieron… Si no estabas preparada para soportarlo, no me importaba continuar. Estoy pensando en ti todos los días… Jamás entenderías esta aberración. Hay tantas cosas que quiero decirte, más prefiero salir sólo vencedor.

Aquel beso apasionado fue únicamente por el momento. Por más dulces y empalagosos que fuesen, los deseaba. Tu voz, tus suspiros, tus lágrimas, tus caricias. Todo de ti…

No existe el amor, al menos entre tú y yo. Así funciona mi mundo. Tú decidiste entrar en él. Intentabas anclarte a mí creyendo que yo sería tu soporte, pero déjame decirte que jamás lo conseguirás conmigo. Y aunque te dieras cuenta, de este vil juego nunca saldrías.

Los sentidos se adormecen, las emociones se desbordan y la conciencia desaparece ante tal acto inmoral. Es molesto que mi cuerpo reaccione y se entregue a ti deliberadamente… Supongo que es parte de la diversión…

Es una y otra vez la misma historia. Es tan divertido utilizarte, atormentarte me extasía. Dañarte debería ser considerado un arte. Me aprovecharé de que sé que me amas para saciarme. Era gracioso que no entendieras que sólo me divertía, pues eso era lo único de ti que yo quería. Soy egoísta, eso lo acepto. Si supieras que sólo deseo salir victorioso. Tenía que manipularte nuevamente, moldearte igual que una arcilla. La razón y el amor. Todo eso me da igual. Yo simplemente tengo pensamientos que me revuelven mi cerebro que tengo que apagar pronto.

Nuestras voces resuenan por toda la habitación, en una curiosa sincronía. Puede que me he estado volviendo gentil. Las cosas más sencillas de la vida, pueden volverse las más poderosas, entonces debería utilizarlas a mi favor.

Agotada ante algo tan vacío como el sexo, te recostaste sobre mi pecho. Estabas un poco agitada y exaltada. Qué triste que llegaras a tu límite. Sabía que no aguantarías más. No importaba, pues no debía ser agresivo. Un pequeño cordero no podría igualar el instinto de caza de un animal salvaje.

Estaba decidido, regresaría a ti. Empezaría de nuevo la historia, pero esta vez no cometería errores de nuevo.

Me paré cuidadosamente quitando tu brazo de mi cuerpo. Dejé que durmieras un poco más. Mira que agotarte tan rápido. Qué divertido.

Fui directo a la regadera para poder limpiar mi cuerpo de esta suciedad. Estas sensaciones tan denigrantes que sólo me hacían perder la razón.

No sabría que excusa poner si Lisandro y Emilie regresaran pronto y te encontraran. Escucharía de nuevo el cuestionamiento de Lisandro y una triste reprimenda. Tenía pronto que relajar mi cuerpo, hacer entrar en razonamiento mi cerebro y por último meditar lo sucedido. Las tonterías que se llaman valores, no estaban siendo aplicados en esos momentos.

Me tranquilicé un poco después de que el agua fría me bañara. Nunca en mi vida llegué a pensar que tú serías mi estimulante para este tipo de cosas.

Regresé a la habitación donde pacíficamente dormías, tan calmada y serena. Cubrí tu cuerpo desnudo con una manta. Era hermoso contemplarlo no lo voy a negar, pero no quería recordar lo que acabábamos de hacer. Con tranquilidad me senté en el borde la cama para poder observar tu rostro dormitar.

Eras tan linda en esos momentos. Tu semblante tranquilo y tu suave suspirar. Tus labios entreabiertos, una expresión tan infantil y pura. Rocé tu mejilla con mi dedos; lenta y paulatinamente. Sabía que no resistiría mucho tiempo, y así fue. Me acerqué a tu rostro y besé tus labios que parecía que me invitaban a degustarlos.

Sorprendido por mi falta de control, me alejé rápidamente. Tu ligero movimiento me exaltó un poco. Besé tu frente y me recosté a tu lado. Abrazándote de una forma en la que rogaba que no se repitiera. Que cálido era tu cuerpo. Tener cerca tu aroma y sentir el palpitar de tu corazón era un problema severo para mí. Sólo por esta vez me rendiría a ti…

Calculo que una hora o quizás menos, permanecimos en esa posición. Despertaste presurosa buscando tu ropa. Contemplé cada acción tuya. Sonreí ante tanta angustia de tu parte.

-Me tía me matará, lo sé.- Eras menos inocente que la última vez, sin embargo no me molestaba.

-Tranquila, siempre puedes llevarte mi ropa…-

-Deja de bromear.- Te sonrojabas por mi tan considerada sugerencia.

-No era una broma.- Aclaré riendo. Sentí una almohada que aventaste en mi cara.

Velozmente te vestiste y medio arreglaste tu cabello.

-Álvaro me tengo que ir… Con respecto a lo que dijiste… Yo…-

Te miré unos segundos, parecías nerviosa. Alcé mi cuerpo de la cama y me acerqué a ti.

-Fui yo quien decidió terminar todo ¿cierto? Y ahora mírame, de nuevo queriendo arreglar las cosas. Fui un idiota Valeria, me dejé llevar por impulsos… Pero, realmente quiero estar contigo otra vez, por favor dame una oportunidad.- Tomé tus manos y las besé.

-Álvaro… No sabes lo feliz que me haces- Sentí tu tierno abrazo.

Conversamos un poco antes de despedirnos en la entrada. Era gracioso, nunca había regresado con mis ex novias. Todas se habían quedado en el olvido.

-Puedo llevarte si gustas.-

-No gracias. Si me tía me ve contigo, sé que me hará muchas cuestiones. No quiero responderlas por ahora. De todas formas, gracias. Eres muy considerado.-

-Entonces ten cuidado… Amor.- Intenté que recordaras nuestros pequeños apodos. Por segundos te sorprendiste y después me sonreíste amablemente.

-Sí… Adiós.- Te alzaste un poco y me besaste rápidamente.

En ese momento escuché el sonido de la puerta abriéndose.

-¡Llegamos!- Gritó Lisandro sonriendo. Seguido de Emilie. Maldición… ¿Por qué en esta situación? –Oh… Disculpen- Se sorprendió un poco por verte de nuevo.

-Ah… Después de mucho tiempo es bueno verte Lisandro.- Sonreíste nerviosamente.

-Lo mismo digo, me sorprende tu visita y también… Ohm… ya sabes… ¿Ustedes dos volvieron?- Se trataba en cada oración.

-Sí.- Intervine en su conversación. Él me observó confundido, y extrañamente sorprendido.

-Ya veo… Me alegro por ustedes.- Volvió su sonrisa.

Emilie parecía no entenderlo muy bien. Supongo que era normal, relación contigo no tenía mucho.

-Tú debes ser Emilie, la prima de Álvaro ¿cierto? Quisiera disculparme contigo, por mi actitud tan estúpida.-

-Me tiene sin cuidado. Descuida, no es la primera vez que me malentienden. Sin rencores.- Te extendió la mano con una grata sonrisa. Ambas sonrieron estrechando sus manos.

-Gracias, bueno me tengo que ir… Fue un placer volver a verlos- Corriste cual niña pequeña hacía la salida. Al cerrarse la puerta sentí la mirada interrogante de Lisandro.

-Me vas a explicar lo ocurrido, tú vienes conmigo.- Me tomó del brazo.

-¿De qué hablas? El único que tiene que interrogarte soy yo. ¿Por qué han tardado tanto?-

-Bueno fuimos a muchos lugares… ¡Espera! No me cambies el tema.-

Emilie sólo se reí ante nuestra pequeña discusión.

-Escuchen, yo tengo que ir a ver a Isa. Dijo que tenía algo importante que decirme. Nos vemos.- Le dio un besó en la mejilla a Lisandro.

-Si, ten cuidado.- Fue correspondida por él. Mi frágil prima… Joder, lo admito eran celos, pero sabía que llegaría el momento en que la vería así. Por un lado me aliviaba el que fuese Lisandro.

-Ahora sí, dime ¿qué ocurrió? – Volvió su interrogante una vez que Emilie se fuese.

-No entiendo por qué debo darte explicaciones.-

-Hace rato, parloteabas acerca de que te molesta y que nunca podrías llegar a amarla, y ahora resulta que han vuelto en una relación. Explícame eso que aún no termino de entenderlo.- Me miró de una manera sería e intimidante.

-Fue simplemente por las jodidas palabras que argumentabas. Me molesté un poco y hablé sin pensarlo. Ella vino y las cosas se dieron por si solas. Deberías alegrarte por mí en vez de cuestionarme.-

-Claro que me alegro, te relajas más cuando estás con ella, pero el que admitas tus sentimientos, me preocupa. Tú sabes que eres muy importante para mí ¿verdad?- Me tocó de los hombros mirándome nostálgicamente.

-Sí, lo sé. No te preocupes, sabes como soy de terco. Así que descuida, estaré bien-

-De acuerdo, confiaré en ti- Volvió a sonreírme.

-A propósito ¿Recuerdas al señor Brais?-

-¿Eh?… Si- Gesticuló una cara de nervio.

-Bueno, llegó hace rato con la misma propuesta absurda del testamente. Pero hubo algo que me intrigó un poco. Mencionó a tu madre y dijo algo acerca de que le sorprendía nuestro encuentro. ¿Sabes a qué se refería con eso?-

-Para nada…- Parecía inseguro con sus palabras. Pronto sentí que se estaba incomodando. Él probablemente estaba ocultándome algo.

-¿De verdad? Porque no lo parece.- Quise presionarlo un poco.

-Álvaro, estoy cansado. Quiero ir a relajarme un poco. Iré a bañarme.- Desvió el tema y pasó esquivándome. Lo sabía, no quería decirme nada.

Traté de olvidar el asunto. Incluso pasó alrededor de dos meses, sin embargo, aquello seguía tan latente. Me intrigaba, quería saberlo… No importaba cuanto tiempo transcurriera, algo de mí hacía que no olvidara. Incluso mis momentos a tu lado, no hacían que lo olvidara.

Una tarde Lisandro me llamó al móvil.

-Están encima del ropero Álvaro.-

-Sí, sí, ya entendí Lisandro. – Subí en un banco y con dificultad debido al celular, bajé una caja marrón.

-Pero espera, es una caja vino- Demasiado tarde me dijo.

-Joder, pudiste haberlo dicho de principio- Volví a subir la caja tratando de tener cuidado. Pero el banco comenzó a tambalear y la caja resbaló de mis manos esparciendo cientos de papeles. -¡Maldita sea!- Exclamé.

-Alva ¿estás bien? Joder macho que golpe más seco.-

– Estoy bien, sólo fue la caja que se cayó, te llamó después que tenga el manuscrito- Le dije a punto de colgar.

-Date prisa por favor- Rogó Lisandro.

-No tengo la culpa que al “escritorcito” se le olvidase su redacción-

-Lo sé, pero de verdad cuento contigo- De la otra línea pude escuchar el sonido para colar. Guardé mi teléfono en el bolsillo de mi pantalón. Con ambas manos bajé la caja vino. No hay duda alguna que se trabaja mejor sin ninguna distracción. Coloqué la caja sobre el escritorio y me dispuse a recoger las hojas esparcidas.

Lisandro tenía un desastre. Ni siquiera me molesté en tratar de ordenarlos. Los fui apilando conforme los alzaba. Madre mía que tenía un lío.

-¡Y la última!- Proclamé victorioso. Algo de aquella hoja llamó mi atención. Tenía mi nombre y el de Lisandro en letras negras y muy notorias. Hay que reconocerlo y más que nada aceptarlo, somos humanos y la curiosidad siempre nos pica. La sostuve con mi mano tratando de que no se doblase.

-Veamos- apunto de leer, fui interrumpido por tu llamada.

-Álvaro, siento llamar tan tarde pero hay algo que debo decirte. ¿Podríamos vernos en dos horas?- Preguntaste insegura y bajando ligeramente el tono de tu voz.

Dudé unos segundos.

-Oh… Claro- respondí.

-Te espero en la plaza- Colgaste rápidamente.

Guarde el móvil en mi bolsillo, ignoré la hoja y la acomodé con sus compañeras. Suspiré y meneé mi cabeza suavemente.

¿De qué querías hablar? Me pregunté. Olvidando aquella curiosidad, tomé la caja vino y cogí las llaves del automóvil.

Una fuerte ventisca entró violentamente por aquella ventana abierta.

-¡Joder!- Exclamé furioso, pues la pila de documentos de nuevo se encontraba en el suelo. Maldecía a Lisandro a cada papel alzado. De nuevo aquella hoja tentaba mi respeto a la privacidad. Decidido a curiosear, la tomé y comencé a leer.

Estimado señor Lisandro Riveil.

Gracias por escoger el laboratorio Unlione para ayudarlo con su análisis de DNA de paternidad, con referencia del número: 2415573

Hemos completado el análisis de un número de regiones específicas de ADN en las muestras que nos ha suministrado. Cada región de ADN específica podría tener cualquier alto número de diferentes combinaciones de secuencias molecular.

Eso significa que es poco probable que cualquiera de los dos extraños recogidos, compartieran la misma combinación de secuencia de ADN en cualquiera de estas regiones específicas. Por lo que es improbable estar al 100%. Sin embargo, esto de descarta que exista la posibilidad de parentesco.

De las siguientes muestras suministradas por la doctora Annie Wray nosotros obtuvimos los siguientes resultados con un 99.9% de precisión.

Esperamos que se comunique con nosotros en caso de que exista alguna duda con respecto al análisis…”

Debajo de esto último, se encontraba una pequeña tabla, en la cual ponía el nombre de Lisandro, seguido de mi nombre y pude leer el resultado de la prueba que decía “Emparejados”… Junto con una palabra que me dejó petrificado… Hermanos.

CONTINUARA ….

 

ABRAHAM ROCHA RDZ

 

Existen personas que no deberian de amar… capitulo 21 & 22

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¿Cuándo será el día que vuelva a mi tranquilidad? Son molestos estos días… Cada uno de ellos, horas y minutos se han vuelto una tortura para mí. ¿La única víctima aquí soy yo? Estúpidos pensamientos débiles… No importaba, te haré pagar por todo Valeria… Cada valioso tiempo pensando en ti sería saldado por una lágrima de dolor. Así que, vuelve a mí…

Seguí esperando sentado en un sillón de la sala de emergencias. ¿Por qué te acompañé ese día? No preguntes… Aún no sé la respuesta.

-¡Álvaro! Macho ¿Cómo está?- Llegó Lisandro junto con Emilie. Los dos parecían preocupados.

-Está en revisión. Parece estar reaccionando bien.- Esas palabras me aliviaban, me tranquilizaban. Pero las odiaba.

-Todo estará bien Alva.- Me dio una palmada ligera en mi hombro y me sonrió calmadamente.

-Gracias Lisandro.-

-¿Acompañantes de la señorita Valeria Hoffman?- Preguntó saliendo del consultorio el doctor.

-Sí…-Contesté un poco débil. Un poco furioso, y confundido. Prácticamente no me había movido desde que te llevaron a ese lugar. Y Joel… Joel se largó a los 15 minutos de tu estadía. Yo debí haber hecho lo mismo, pero… Quería saber que tú estabas a salvo.

-La paciente está mejor, pueden pasar a verla si gustan. Por un momento le ha dado un susto.- Sonrió como si realmente no hubiese ocurrido nada.

-Adelante Alva, nosotros esperaremos.- Dijo Lisandro sentándose con Emilie en el largo sillón.

Abrí la puerta despacio. Entré y te vi… Idiota, no vuelvas a darme sustos así.

Estabas sentada en la camilla, viendo hacía la ventana sonriendo con unas cuantas lágrimas.

-Oh… Álvaro… Pensé que era Joel, ¿dónde está él?- Incluso aún preguntas por él. Que tonta eres.

-No ha regresado desde hace hora y media.- Dije secamente. En mis planes no era entrar y hablar acerca del paradero de tu novio.

-Lo siento… No debí preguntarte eso… Debería darte las gracias ¿verdad?- Sollozaste un poco forzando una sonrisa. –Dime… ¿Hasta cuándo van a continuar estos días de impactarme a mí misma?- Tus tiernos ojos azules me suplicaban una respuesta desesperadamente. ¿Cómo debía dártela si no lo entendía? Ante el silencio producido, cubriste tu rostro tratando de evitar que tus lágrimas resbalaran. ¿Qué debía hacer?…

-Valeria… No puedo salvarte de esta agua.- Limpié tu rostro llevándome cualquier residuo de llanto. Debía alejarme… Simplemente preguntar tu salud, aún cuando aquel doctor me la había dicho. Debí haber huido. Pero… Ya era demasiado tarde, mis brazos rodearon tu cuerpo estrechándolo contra el mío.

-Gracias… Gracias por salvarme.- Correspondiste a aquel abrazo. Tus lágrimas se deslizaban como niños en un tobogán sobre mi playera.

-No, no agradezcas… Si yo hubiese llegado a tiempo, tú no estarías…-

-Estoy feliz.- Me interrumpió apunto de decir algo de lo que quizás me arrepentiría más adelante. –Álvaro, ¿por qué te culpas?- Sonreíste dulcemente.

¿Culparme?… No, jamás haría eso. Nunca, pero…

Me recosté en tu hombro. Tu fragancia, tan suave y embriagante me obligaban a no moverme. Puede percibir el sonido de dos bombeos. Tu corazón latía acelerado y el mío parecía seguirlo. Estos días son los que más odio. Eres la que me está destruyendo… La que me cambia.

Comenzaste a jugar suavemente con mi cabello. Lo enredabas entre tus dedos, peinándolo delicadamente. ¿A dónde fueron aquellos días?

-Álvaro… Siento ser una molestia… Otra vez lo hice ¿no es así? Te separé de Katherine, deberías ir con ella… Yo esperaré a Joel…- ¿Aún deseabas su compañía? De nuevo me estabas rechazando… ¿Quién te creías? Sólo haciéndome enojar, alterando mi paciencia.

-Déjalo…- Fueron palabras autónomas. –Termina con él…-

-¿Eh? ¿Qué estás diciendo?… Álvaro deja de bromear…- Reíste ligeramente.

-No es una broma… No estoy riendo Valeria.- Y eso era lo que me aterraba. Estaba siendo sincero. No quería que estuvieran con ese idiota. Aunque me cueste admitirlo, tú valías mucho… Eres un juguete valioso, no deben compararte con piezas de plástico baratas… Tú eras de la más fina porcelana.

Agachaste la mirada.

-¿Por qué?… ¿Por qué no me dejas avanzar?- Sollozaste de nuevo. –Siempre… Siempre me haces esto… Quiero sacarte de mi corazón, de mis pensamientos. Intentó olvidarte con él…-Quebraste en lo último.- Pero, no puedo. Dijiste que no me podías salvar de las lágrimas… Eso no es verdad, ya lo has hecho.- Sonreíste melancólicamente.

-Valeria… ¿De qué hablas? Yo nunca he…-

-Lo has olvidado…-

“Me encontraba llorando, de nuevo el idiota de mi novio me había engañado, no era la primera vez ni la segunda, eran ya demasiadas. Soy una tonta. Dije entre enojo y tristeza. Las abundantes lágrimas no sedaban, no es como si fueran por él, eran debido a mi idiotez y engaño. Veía pasar a las personas, unas riendo, otras no disimulaban el verme, algunas se burlaban de mí e irónicamente creía que todas eran más felices que yo.

Gemí un momento y volvieron a salir aquellas gotas saladas. Me daba rabia sentir esto, yo no era débil…

Un joven alto se posó frente mío, extendió su mano otorgándome un libro y un pañuelo. Un miedo rodeó mi espalda. Su mirada penetró mis ojos. Parecían desafiarme.

No pude evitar sonrojarme. Era realmente guapo. Su rostro simétrico y su dulce aroma me habían cautivado. Con nerviosismo tomé el libro y el pequeño pedazo de tela. Con mi mano temblorosa limpié torpemente mis párpados. Suspiré prolongadamente evitando el contacto visual pues me intimidaba bastante.

Una mueca de disgusto se le dibujó en el rostro. Se agachó acercándose demasiado a mi cara. Con delicadeza me quitó el pañuelo y sostuvo mi rostro con su otra mano alzándolo sutilmente, que frías eran. Tiernamente limpió mi mejilla y mis pómulos.

-Mira que desastre, tu maquillaje se ha corrido-

Sentí el rostro hervir. Era demasiado vergonzoso.

De nuevo se incorporó de pie y abrió el libro que me había dado.

– No dejes que nadie más las vea… No tienen derecho, nadie. – Se retiró sin decir más.

-Gracias…- agregué tarde.

¿Quién habrá sido? No lo sabía, pero, mi corazón se aceleró y olvidó por momentos la tristeza que sentía. Por su presencia y este dulce detallé olvidé al amor de mi vida

Sólo quería decirle gracias y devolverle el grueso libro. Creí que en jamás lo volvería a ver. Creí que había sido un guardián típico de los libros de fantasía el cual me cuidó por breves segundos.

Suspiré tratando de recordar sus bellos ojos, de recordar su voz. Perdida en mis pensamientos tropecé con un cuerpo duro.

-Lo siento…- dije casi al instante.

-Descuida, fue mi error.- Respondió un joven de buen porte, castaño de ojos azulados.

-De todas maneras lo siento…- Un silencio incómodo se penetró en el ambiente. ¿Qué más tenía que decir ahora?

-Esto… Mi nombre es Valeria- Dije tratando de disimular la tensión.

-Un placer, mi nombre es Samuel- Sonrió de manera seductora.

Observé lo que sujetaba en su mano. Llevaba un libro color marrón. Grande en letras doradas se podía leer el título de “Sadness” era el mismo libro que aquel joven me prestó.

-¡Un ángel!- exclamé sorprendida.

-¿Disculpa?- me miró de manera extraña. Sentí la cara hervir, que estúpida fui.

-No es nada… Jaja… Pensamientos tontos…- Maldición.

-Es gracioso, pensé que hablas leído este libro, en efecto trata acerca de un ángel sufrido de amor. El ángel denominado Sadness, él estaba a cargo de tener al mundo en plena paz. La tierra era muy distinta a como es ahora. Él cuidaba de que todos estuviesen felices, pero este personaje se enamora de una doncella, una simple humana. Tocado por su gran belleza decide descender del cielo para conocerle, la joven era más bella de cerca. Sin embargo ella estaba prendada y cautivada por un demonio. Inmediatamente, llega a la conclusión que aquel vil demonio la ha encantado, pues para él, no hay otra explicación. El ángel intentaba quitar aquel hechizo, pero por alguna razón esté no se iba. Descubre entonces que no existe ninguno. Confundido aún sin entenderlo vuela de regreso a las alturas. Triste sonrió mirando como ella era feliz al lado de aquel ser malignó. Decepcionado decide olvidarla continuando su labor establecida. Tantos años pasados, su corazón aún guardaba aquel pequeño sentimiento. Aunque parecía marchito seguía punzante. Decidió pues observarle de nuevo. Pensó que una mirada no le mataría. Pero por más que su vista buscaba, no podía encontrarla. Desesperado bajó de su blanca nube. Recorrió cada rincón de aquel mundo, su rostro gesticuló una cara de horror a cada paso recorrido. Tanto fue el impacto de no percibir su alma que de repente comenzó a soltar lágrimas, lo cual provocaron que todas las personas que por ahí deambulaban decidieran acercarse. Pero, cuanto más presenciaban aquellas lágrimas que para entonces les eran desconocidas, sus almas comenzaban a caer en depresión. Comenzaron a culparse unos a otros, comenzaron a crear problemas de cualquier situación que había ocurrido, buscaban una excusa para llorar.

La historia terminaba diciendo lo siguiente <Y vagó, vagó buscando a la joven doncella que fue devorada por la soledad, dejó su labor atrás causando sólo tristeza, perdido en la tierra aún espera encontrar a su damisela>- Terminó de hablar Samuel.

Le miré un poco extrañada, parecía que aquella historia realmente le conmovía.

-¡Oh! Disculpa- agregó en tono apenado. -Creo que te estoy incomodando.

-Por el contrario, me ha parecido interesante- Le sonreí.

-¿De verdad lo piensas?- Asombrado preguntó.

-Si.- Contesté de inmediato.

-Me alegra oír eso, no había conocido a una persona interesada en este libro-

Solté una risilla, se veía muy emocionado.

-Sabes, tal vez te llevarías muy bien con la persona que estoy buscando, parece ser que tienen tanto en común-

-¿Es un amigo tuyo?- preguntó sonriendo.

-Digamos que fue mi salvador- agregué apenada.

-Espero lo encuentres, parece ser alguien muy majo.-

-¡Apuesto que sí!- Ambos sonreímos. Comenzamos una amena conversación. Esta persona era muy agradable. Pronto se convirtió en mi mejor amigo con el paso del tiempo.

Aquel joven hizo que me encontrara con él. Era el destino. Me salvó de no convertirme en la damisela de aquella horrible historia. Quería encontrarlo, agradecerle por todo…

-Valeria sigues con eso… Ríndete.- Me decía Samuel una y otra vez.

-¡NO! Sé que lo encontrare algún día. Además…- Tomé el libro que me entregó. Era muy preciado para mí. –Aún tengo que regresarle esto…- Lo abracé melancólicamente.

-Valeria, ¿no crees que deberías ver a otras personas? Aquellas que están cerca de ti…- Se acercó a mí. Su rostro estaba muy junto al mío. Me ruboricé un poco, él siempre era así… No lo entendía… Quizás tenía razón, pero…

[Ring, Ring] Sonó el teléfono de mi casa.

-¡Oh! Lo siento Samuel debo contestar…- Lo aparté y corrí a coger la llamada.

-Cielos… Siempre es lo mismo.- Dijo decepcionado.

-Diga…- Contesté.

-¿Hablo con la señorita Valeria Hoffman?- Preguntaron de la otra línea.

-Sí, soy yo. ¿Qué desea?-

-Habla en asesor educativo de Galo, para informarle la buena noticia. Usted ha ingresado con un puntaje casi perfecto del 95%. Enhorabuena, ya es una estudiante de Galo.-

-¿De verdad? ¡Gracias!- Lo había logrado. Logré entrar a la universidad que mi tía deseaba. No podía estar más que feliz.

Una vez que colgaron, le comenté a Samuel mi logró. Él me abrazó y besó mi mejilla.

-¡Felicidades bajita!-

-No me digas así… Eres un tonto.- Sonreí. Pasar el tiempo con Samuel era muy agradable.

El día por fin había llegado… Conocería mi nuevo instituto. Amigos nuevos, maestros nuevos… Samuel no estaría conmigo, pero había prometido visitarme. Los buenos amigos siempre estarán ahí para ti ¿No es así?

-Mi nombre es Valeria Hoffman, es un placer conocerles, espero llevarme bien con todos ustedes.- Me presenté ante mis nuevos colegas. Al parecer era una tradición de todas las instituciones.

Poco a poco se fueron presentando los demás estudiantes. Todos parecías muy agradables.

-El joven que está leyendo. El ultimo de aquella fila, preséntese por favor.- Dio la orden el profesor Francis.

-Mi nombre es Álvaro Crowley…- Fue todo lo que pude oír. Escuché a varias chicas murmullando que lo guapo que era. Regresé mi mirar hacia él. No lo podía creer… Mi guardián. No había duda… Era él.

¿Tengo que saludarle? ¿Se acordara de mí? Valeria tonta. Me regañé enojada. No pude concentrarme en ninguna clase. Deseaba que la hora del descanso llegara pronto. Que pensamientos tan egoístas tenía.

Sonó el timbre que fue una descarga que aceleró mi corazón. Era mi oportunidad. Tenía una forma de acercarme, llevaba aquel libro. Siempre lo traía conmigo.

-Al tratar de localizarlo lo no lo encontré. Había desaparecido. Cuando pronto noté que en realidad había sido opacado por un grupo de chicas. Después de todo, era lógico que fuera popular entre ellas.

Salí del salón para conocer el instituto, de todas formas no podría acercármele. Tenía mucho tiempo para hacerlo ¡Esto era genial! Él estaba en mi clase… Estaba feliz.

Contemplé la pizarra que había, colgada en una pared del corredor.

-Mira Zully, este chico es un genio. Tuvo el 100% en el examen.-

-¿Enserio? Es sorprendente, pensé que nadie lo sacaba.-

Me acerqué un poco para ver al supuesto genio. Quedé sorprendida cuando leí su nombre en el puesto número 1. Álvaro realmente era grandioso.

Mi nombre se encontraba por debajo de 3 nombres más, pero… Estábamos en la misma pizarra. ¿Por qué me sentía de esa manera? No importaba… Estaba feliz.

Pasó el tiempo y no podía acercarme a Álvaro. La distancia crecía más… Las chicas cada vez lo opacaban más. ¿Qué debí hacer? A este paso, nunca podría entablar una conversación con él. Sentía celos…

-Joven Álvaro ¿de nuevo tarde? Sera sancionado si vuelve a ocurrir- Le repetía el señor Francis.

Pronto lo suspendería… Pues de nuevo no llegaba…

-Rosalía perdóname, voy tarde a la clase de biología.- Escuché su cálida voz.

-No se dará cuenta cielo- Estaba con ella. Rosalía la chica más guapa según ella, de Galo.

-Disculpen- Ambos voltearon a mi dirección. Sentí una escaneada por parte de Rosalía.

-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?- Preguntó molesta. ¿De verdad conoce a todos los del instituto? Sera idiota. Pensé.

-No sé a qué te refieres, yo siempre he asistido a este colegio- Respondí enojada. Miré a Álvaro unos segundos parecía que no le agradaba la presencia de Rosa.. –Él es mi novio, te pido que le sueltes.-

¡¿Qué demonios estaba diciendo?! Álvaro podría negarlo y quedaría como una idiota… Quería que la tierra me tragara.

Rosalía me miró, y se burló.

-Si claro bajita, alguien como él jamás saldría contigo. Tendrás bello rostro, pero date cuenta que es lo que tiene a mi lado.- Demonios, actué sin pensar.

-Basta Rosalía, es verdad ella es mi novia- Álvaro hizo un lado a Rosa y tomó mi mano. Sentí que me desmayaría… Pero no podía, tenía que seguir con la actuación.

-Gracias, hasta ahora me defiendes Álvaro.- Lo abracé sutilmente. Era la primera vez que lo hacía… Creo que iba a morir.

-Dime que esto no es verdad Crowley-Rosalía, me miraba con cierto desprecio.

-Es la verdad- Él correspondió al abrazo. Me estremecí un poco.

Rosa molesta continuó su camino.

-Te debo una- Me sonreí y dejó de abrazar. No quería que el abrazo terminara, así que me aferré a él… Cerré mis ojos esperando un rechazo por parte suya.

Sentí sus manos tomar mi barbilla, y tiernamente besó mi mejilla. No pude evitar sonreírme. Mi guardián estaba conmigo…

-Perdona pequeña, pero llego tarde a una clase, te veré luego- Lo sabía… No me recuerda.

-¿Iras a la clase del señor Francis?- Dije calmadamente siguiendo el ritmo de sus pasos.

-¿Eh?, si así es. ¿Cómo lo sabes?-

-Tenemos el mismo horario Álvaro- Seguí avanzando. Él se detuvo de golpe-¿Qué ocurre?- Pregunté sorprendida.

-Lo siento, no recuerdo haberte visto en las clases.-

. –No destaco mucho.- Le tomé de la mano.

Abrí la puerta del aula. El señor Francis aún no estaba presente.

-Valeria pensé que no regresarías, saliste sin avisar.- Se acercó Carolina una amiga mía.

-Lo siento- Reí disculpándose.

-Bueno eso no importa, pero dime algo, desde cuando te llevas tan bien con el príncipe.- Nos albureó y sonrió pícaramente. No pude evitar sonrojarme y rápidamente solté su mano.

-Lo conocí hoy-

-Disculpa, ¿me llamaste príncipe?- Preguntó ignorando mi torpeza.

-Así es Álvaro, supongo que no te has dado cuenta de tu apodo.- Respondió Carolina

-Lo siento, no presto mucha atención.-

-Si me he dado cuenta de eso, de ahí tu apodo, príncipe. Eres el tipo soñado de casi todas las chicas de Galo.-

-Ya veo.-

-Valeria ¿por qué saliste?- Me preguntó Carolina

-Bueno… faltaba alguien en la clase, el señor Francis le advirtió a Álvaro suspensión si volvía a entrar tarde. Sólo me preocupé-

-Pudiste a verme dicho, el señor Francis me avisó ayer que faltaría, te pudiste haber ahorrado la búsqueda del príncipe, y esperar que llegase.-

-¡Pero si no, ella lo hubiese…! Perdón- Baje la voz avergonzada. Estaba a punto de decir algo innecesario – Si no hubiese buscado quizás nunca habría tenido la oportunidad de conocerle.-

-Bueno no es una excusa muy válida, pudiste haberle hablado como lo hago yo ahora.-

-¡Pero!… Lo sé…-

Carolina sonrió divertida. Continuó la conversación, tomé confianza poco a poco. De verdad Álvaro me la daba.

-Caro ¿vienes?- Le invitaron un grupo de chicas y chicos. Ella afirmó y se despidió. Dejándonos solos.

-Álvaro, lo siento, fui un poco atrevida.-

-¿De qué hablas? Gracias a ti me libre de un ser comido vivo.- No disimulé una sonrisa.

-Tu rostro demostraba que no querías, pero igual no debí…-

-Gracias-Me interrumpió–Mi nombre es Álvaro Crowley aunque creo que no hace falta presentación, es un placer.- Extendió su mano.

-Valeria Hoffman, el gusto es mío.- Sonreí… Por fin, por fin conocí a mi salvador…

Nunca le devolví aquel libro… No recuerda nuestro primer encuentro, así que será un secreto que sólo guardaré yo. Lo quiero… No, lo amo. Estoy enamorada de Álvaro… Él me salvó de una amarga cicatriz. La sanó con su amabilidad…

-Tú me gustas…- Dije ruborizada. Esperaba un rechazó… Pero él me abrazó.

-Lo mismo siento por ti- Me susurró al oído.

No lo esperaba… La persona que tanto amo, me correspondía el sentimiento. Estaba feliz… Emocionada, no quería que se fuera de mi lado nunca…”

-¿Aún no lo recuerdas Álvaro? Esa niña llorona  de aquel día… Te agradece todo… Por eso, quiero verte feliz…- Sonreíste.

Así que eras aquella chica… Me equivoqué… No eras una acosadora, eras mucho peor. Mira que guardar aquel recuerdo. Me repugna…

-¿Qué ocurre Álvaro? Lo sabía no lo recuerdas… Está bien… Yo…-

-Valeria, guarda silencio.- Uní mis labios con los tuyos…

No permitiré que robes la batuta al maestro… Jamás.

CAPITULO 22…. CONTINUACION

Te amo… Te necesito… No te vayas. Son sólo palabras que han perdido mucho valor. Las has convertido en un simple cliché. Pues desde que te conocí mi mente has distorsionado. Y aunque quiera ignorarlo, sigo pensando en ti.

Nunca pensé que tales pensamientos me llevarían a querer recuperarte. Poco a poco comencé a perderte, pero lo veremos en una analogía. Si estás a punto de caer desde un acantilado y yo te tirase una cuerda ¿la aceptarías Valeria?

–Está bien si ahora me das una cachetada.- Me burlé un poco de ti. -¿Qué ocurre?-

-… ¿Por qué lo hiciste?- Preguntaste agachando la mirada. Parecías un cachorro frente a su amo.

-No dejabas de hablar. Me molesté un poco que no escucharas lo que tenía que decirte. Además de que me has echado de una manera cruel. Así que…- Sentí tus brazos rodear mi cuello y de forma inesperada volviste a besarme.

-¡Lo siento!- Dijiste reaccionando y separándote rápidamente.

-Está bien… Supongo que fue venganza.- Si intentas retarme, déjame decirte que las llevabas de perder… Me acerqué a tu oído. -¿Tienes algún problema si me quedo?-

-¡¿Eh?! ¡Yo no quise decir eso! Es sólo que… Katherine debe extrañarte…- Bajaste el tono de tu voz. –Oye… Olvidemos lo que paso hace poco, por favor.- Cubriste tu rostro.

-¿De qué hablas? Aquí no ha ocurrido nada.- Besé tu mejilla y me separé de ti.

-Gracias.- Quebraste un poco tu voz.

-Valeria… Si me lo pides, no me iré.-

-Pero… Katherine, ella ha de estar preocupada por ti. Ve a verla sino se pondrá furiosa.-

-Entonces no lo niegas.- Sonreí. –Deberías ser un poco egoísta Valeria. Sólo pídemelo y aceptaré.-Te susurré.

-Álvaro yo…-

-Él ya se iba ¿no es así Valeria?- Entró Joel a la habitación.

-Pero si has llegado, pensé que nunca vendrías.- Me alejé de ti

-¿De qué hablas? Sólo me fui 15 minutos.- Manifestó mintiendo.

-Claro. Si lo ves del lado relativo puede ser que hayan pasado quince minutos. Aunque aquí haya pasado una hora y media.- Declaré enojado.

-Tú novia está afuera, esperando. Deberías ir.- Trató de ignorar mi comentario.

Gesticulé una cara de disgusto y enfado. Ni te hagas la idea de que eran celos, porque no lo eran… Te recuperaría aunque ese tipo tratara de impedirlo.

-Entonces me voy.- Comencé a caminar hacía la salida.

-Ah… ¡Gracias!- Escuché tus suaves palabras. –Gracias por salvarme.-

Muy bien Valeria. El haberle aclarado a Joel quien era tu salvador era perfecto para mi jugada. Me pregunto hasta dónde podrás tolerarlo. Te aliaste conmigo correspondiéndome aquel beso. Tan sólo quería paz mental, por eso, deberías decirle adiós a Joel pronto.

-¡Oh! Álvaro… ¿Cómo está ella?- Preguntó Katherine rápidamente al verme salir del consultorio.

-Se está recuperando… Me alegra haber llegado a tiempo.- Suspiré y le sonreí.

Ante mi expresión, ella sólo agachó la cabeza triste.

-Tienes razón… Álvaro, lo siento, actué de una manera muy estúpida. Es sólo que…-

Me molesta cuando piensan de más. Besé a Katherine tiernamente, de esa manera tus besos no se volverían riesgosos para mí.

Lentamente separe mis labios de los tuyos.

-No te preocupes, está bien. Lo entiendo.- No, la verdad no entendía algo así de posesivo.

-Álvaro…- Su voz parecía triste y divisé unas cuantas lágrimas rodar por sus mejillas. -¿Podemos irnos ya?- Fue la súplica que me hizo. ¿Ahora qué le ocurría? No entiendo a las mujeres aunque lo intente.

-Claro… Si es lo que quieres, vámonos.- Traté de tomarle de la mano pero ella rápidamente la quitó y comenzó a caminar. ¿Seguía molesta acaso? Si tu amor es enfermizo, quizás el de ella era peor…

-¡Álvaro! ¿Cómo está Valeria?- Corrió hacia mi Emilie. Katherine continuó recto sin siquiera detenerse.

-Ella está mejor Emi. Ven es hora de irnos.- Toqué sus hombros para tranquilizarla. Lisandro no dijo nada respecto a Katherine, parecía ser que él había notado su comportamiento tan sorpresivamente extraño.

El camino a casa fue algo callado. Tenía tantas preocupaciones en la cabeza. Una de ellas era la pronta partida de Emilie, no conocía los motivos exactos sólo sabía que no cambiaría de opinión, parecía muy segura. Y por otro lado, el comportamiento de Katherine. ¿Podría ser que hubiese visto la escena del beso? Y si es así… ¿Cómo se supone que debería sacar el tema?

Por breves segundos regresé a verla, pues no podía despegar mi vista del frente, ya que estaba manejando. Ella se encontraba pensativa mirando por la ventana del automóvil.

Yo no quería dañarla… No, yo no quería herir a nadie. Por eso a la persona que más amaba le serví como un juguete. ¿No es tonto? Lo sabía desde siempre. Y aunque me dolía, siempre lo guardé, nunca le dije a nadie acerca de eso.

Creí que así tenía que ser… Era estúpido, tonto, quizás tan cotidiano. Tal vez cotidiano fue la razón que me obligó a continuar de esa manera.

-Valeria está sufriendo con un idiota como él. Sólo la hace sentir miserable, culpable. Que impotencia siento el no poder hacerle abrir los ojos.- Eran siempre las pláticas que teníamos Samuel y yo.

Él también me hacía sentir de la misma manera… Me hacía sufrir…

-Samuel… ¿Qué te parece si te ayudo?- Fueron mis palabras. Quizás sólo de esa manera, por fin podría llegar a quererme.

Me daba un poco de risa mi actitud… Sentirme humillada por alguien… Depender de esa persona… Era para odiarme.

-¿De qué hablas Katherine?- preguntó sorprendido.

-Yo quiero ayudarte con Valeria. Álvaro parece ser una persona demasiado predecible. Quizás podríamos tenderle una trampa.- No me importaba de qué manera sería utilizada y degradada.

-¿Una trampa? ¿Qué tipo de trampa?-

-El decirle a Valeria cosas de Álvaro sin pruebas es algo tonto… Ella está enamorada de él, nunca sabrá sus verdaderas intenciones sino lo ve ella misma.-

-¿Estás proponiendo ponerlo en evidencia? ¿Pero cómo? Tendríamos que seguirle hasta encontrar algún indicio que lo delate.-

-O podemos crear las pruebas.- Le sonreí con aires de confianza.

-Exactamente ¿qué?-

-Álvaro no ama a Valeria ¿no es así? Yo creo en lo que dices, por lo tanto será fácil seducirlo.-

-Espera… ¿Tú harías eso por ella?-

-Por supuesto. Ella es tu amiga… Además que también será por ti. No quiero que sufras.- Él se acercó a mí y me dio un rápido beso. Aunque para él no signifique nada… Para mí era un pequeño mar de emociones.

-Gracias Katherine.- Me abrazó sutilmente. ¿En qué momento me denigré de esa manera? No importaba pues ya no había vuelta atrás.

La amiga de mi madre necesitaba ayuda en dar adopción a una camada de cachorros. Era una excelente oportunidad de tender nuestra trampa. Así que sin dudarlo me ofrecí a ayudarle.

Elegí un vestido de olanes color blanco. Frágilmente pinté la comisura de mis labios con un tono carmesí. Era la hora de hacerle ver a Valeria la verdad acerca de su novio.

Samuel me dijo acerca de una brecha dónde comúnmente él deambulaba. Madre mía, si que lo tenía vigilado.

-¿Estás segura de querer continuar?- Me preguntó Samuel dejando la caja llena de cachorros en el suelo.

-Por supuesto- Le aclaré firmemente, aun cuando en el fondo quería abandonarlo.

-De acuerdo… Gracias.-Sentí su cuerpo rodear el mío. Nada había cambiado, ni él, ni mis sentimientos.

Se despidió de mí dejándome con los sabuesos. Esperando por Álvaro… Sólo le conocía por foto. Pero es algo demasiado superficial… Esperaba no equivocarme.

Esperé y esperé. No había señales de él. Sólo algunas personas que específicamente en minutos pasaban. Ninguna encajaba con la descripción de Álvaro. Cuando de repente llegó un joven, que postró su mirada en los cachorros. No tenía opción, por lo menos cumpliría mi promesa de darlos en adopción.

-¿Desea tener uno? Parece gustarle mucho los animales.- Le dijo sonriendo.

-¿Eh? No, es muy amable pero yo creo que debería venderlos. Son unos hermosos canes en perfecto cuidado. En lo personal pagaría muy bien por ellos- Dejó de acariciar al pequeño sabueso y con un pañuelo de algodón limpió su mano.

-Oh que va, por supuesto que no los vendería, debe usted saber que he empezado desde temprano a obsequiarlos. Sólo he logrado encontrarle casa a uno de ellos.- Miré su rostro y no lo podía creer. Era él… Álvaro estaba frente mío. Joder… Era más guapo en persona.

-Quizás no estás ubicada en la zona adecuada.-

-Jaja, lo sé. Confesare que no fui cuidadosa en buscar un lugar concurrido. La caja no es nada ligera ¿sabes?- Le sonreí tranquilamente.

-Oh, entiendo.- Me devolvió el gesto. Cuidadosamente recogió la caja donde los cachorros jugueteaban sin mucho esfuerzo. –Vamos, busquemos un hogar a estos pequeños.- Sorprendida lo miré. ¿De verdad estaba ayudándome?… ¿Y ahora qué se supone que debía hacer?

-¿Eh?… ¡EH! –Grité- Espera no es necesario.- Tomé sus brazos tratando de que bajara la caja. Sentí por un momento la cara hervir de vergüenza.

-¿Por qué? Pensé que me habías lanzado una indirecta con tu frase “La caja no es nada ligera ¿sabes?”- No pude evitar sonrojarme. Su mirada era intimidante. Le solté y cubrí mi boca tratando de que no viese mi sonrojo.

Traté de asimilar la situación. Es verdad, el plan era seducirlo. Así que necesitaba estar más tiempo con él.

-Supongo que quieres ayudarme…Vale te dejare ya que pareces querer algo de compañía. Pero será a mi modo ¿Estás de acuerdo con eso? – Dije de manera muy arrogante, guiñándole el ojo derecho. Demonios… Eso fue demasiado estúpido ahora que lo pienso.

-Claro. ¿Debería llamarte Jefa?- Con tono burlón preguntó.

-No… Mi nombre es Katherine.- Dije tímidamente.

-Está bien, Katherine, es un placer. Yo soy Álvaro- Me extendió su mano. Lentamente la estreché. Todo estaba saliendo mejor de lo que pensaba. Sería fácil hacerlo caer. Pensé.

-Lo mismo digo Álvaro.-

Comenzó a caminar con la caja sobre mi hombro. Intenté igualar su paso. Era rápido a pesar de que llevaba peso encima.

Llegamos a una plaza con un enorme jardín bastante concurrido. Rápidamente le quité la caja y la puse sobre una banca vacía.

Álvaro con cuidado levantó al pequeño cachorro y le dejó que anduviera un rato en el parque jugueteando con las palomas.

No tardo para que una pareja con dos hijos quisieran a aquel sabueso juguetón.

El hacer eso había sido muy inteligente, había logrado dar en adopción al pequeño. Estaba encantada de entregárselo a aquella pareja que parecía tan cariñosa y unida.

-Bien hecho Álvaro.- Dije dándole un puñetazo en el hombro derecho. Puede que estaba tomando más confianza, sin embargo, me agradaba su idea.

Comencé a sacar a todos los cachorros y los dejé que anduvieran paseando por el gran prado. Por supuesto sin perderlos de vista.

El segundo cachorro se fue en manos de una anciana que necesitaba compañía. No podía dejar de sonreír. Realmente estaba feliz de poder ver que los cachorros se iban en buenas manos. No tardo para que otro de los tres pequeños se fuera con una pareja de recién casados. Le sonreí a Álvaro. Recordé entonces que la amiga de mi madre, me dijo que los sabuesos estaban entrenados, así que decidí llamarlos, pues se estaban alejando un poco. Comencé a jugar con los dos. Estaba feliz, era un día agradable. Aparte también que tenía que disimular.

-Exacto son una ternura ¿Desean uno? – Escuché la voz de Álvaro

-¿Oye Carlos nunca has sentido como un escalofrió detrás?- Preguntó uno de los chicos que se había acercado.

-Ohm… Creo que se de lo que hablas.-Regresó a ver nerviosamente a Álvaro.

-Hola chicos, no pude notar que están interesados en uno de estos pequeños.-Interrumpí el momento de tensión sonriendo. No lo podía crear… ¿Él me estaba celando? Me sentí un poco alagada y extrañamente feliz. Samuel nunca me había prestado atención de esa manera.

-¿Eh?- Dijeron al mismo tiempo, voltearon a verlo de nuevo. Él sólo sonreí tan arduamente. Vaya que lo estaba intimidando. Me causó un poco de gracia.

-Claro que si… yo quiero uno jaja. Son muy lindos ¿verdad? Francisco.-

-Si claro… Son muy tiernos.- Acariciaron al cachorro.

-Me alegro que deseen adoptarle.-Les entregué al segundo cachorrito que quedaba.

Comenzó a oscurecer. Sólo un cachorrillo se había quedado sin hogar. Pero no importaba, estaba contenta.

Tomé entre mis brazos al canino y con mi mano derecha lo sujeté firmemente. Comencé a acariciarle con mucha ternura. Suspiré exhausta.

Álvaro se sentó a mi lado y acarició el lomo del cachorro, a lo que este volteó y lamió sus dedos. Rápido escondió su mano.

Reí por el acto tan cómico. Debía permanecer más tiempo con él. Así que me levanté y le extendí mi mano. Tenía que forjar mayormente mis lazos con él.

-Ven conmigo Álvaro- Sujeté su palma, jalándolo un poco para que me levantase. Él no puso objeción y siguió mi paso.

-¿A dónde vamos?- Preguntó sonriendo.

-Bueno como me has ayudado hoy, quisiera llevarte al lugar donde mi madre siempre me llevaba. Hay un puesto de helados cerca, vamos yo invito.- Respondí muy entusiasmada. Tenía el lugar perfecto a donde llevarlo. Además de que era uno de mis favoritos.

No solté su mano es más, me aferré de esta.

Caminábamos de manera lenta como si ninguno de los dos quisiese soltar la mano del otro. Eso me causaba gracia… Pero también me causaba cierto hormigueo en el estómago.

En todo el trayecto, ninguno habló. Sólo intercambiamos miradas y gestos de agrado. Ninguno de los dos se declinaba al dejar el contacto de nuestras manos.

Detuve mi caminar frente a una franquicia con un gran letrero sobre la fachada que decía “Less Bessones” un título muy llamativo y único. Insistí en seguir tomando su mano, pero sorpresivamente sujetó la mía más a fondo y me guio a la entrada.

-¿Puedo tomar su orden?- Preguntó un joven mesero al vernos llegar e instalarnos.

-Por favor.-Sonreí- Yo quisiera una copa sencilla de yogurt natural. Agréguele poco durazno.-

-Enseguida señorita. ¿Y usted caballero?-

-Sólo tráigame una copa de vainilla.- Parecía un poco molesto. Quizás era por el helado. Ya era lago tarde, pero de verdad me agradaba este lugar.

-¿Desea agregarle jarabe de caramelo encima?-

-No gracias así está bien.- Respondió desinteresadamente.

-¿Alguna galleta quizás?- Volvió a preguntar el mozo. .

-Le repito que mi orden está completa.- Parecía desesperado e intrigado.

-Enseguida regreso con su pedido. –

Le sonreí divertida. Se había molestado por las agobiantes preguntas del mesero.

-Omitiendo eso, es un lugar muy agradable.- Dije tranquilamente sin dejar de verlo.

-No lo niego. Parece acogedor.- Agregó tranquilamente.

Sonreí amablemente.

Pensé acerca de la descripción de Samuel. Era muy diferente a lo que había dicho. O quizás tenía a otra persona enfrente. Álvaro era amable, atento… Era alguien dulce… ¡¿Qué estaba diciendo?! Katherine basta. Concéntrate. Me dije.

Regresé a verlo por un momento. Sus bellos ojos hicieron que mis mejillas se pusieran muy rojas. ¿Qué me ocurría? Se supone que yo debía seducirlo. No él. Su mano aun tomaba la mía. Como por voluntad lo notó.

-Lo siento- La soltó de manera apenada.

Me sentía nerviosa… Mis movimientos eran torpes. De verdad era muy encantador. Debía tener cuidado.

Nuestro pedido no tardo mucho. El mesero puso las dos copas cristalinas sobre la mesa. Cuidadosamente colocó las cucharas encima de estas.

-Fue un placer servirles.- Hizo una reverencia y se retiró.

Trate de tomar la cuchara, pero mis movimientos torpes continuaban y la tiré al piso. Me sonrojé por tal descuido.

Álvaro se agachó por el utensilio. Yo sólo le agradecí muy apenada. Me temblaba la mano con cada cuchareo que daba a la copa. Él me sonreía y no me quitaba la mirada. Sólo estaba haciendo que me pusiera más nerviosa. ¡Ah! Lo odiaba.

-No me mires tonto- Dije de manera muy infantil.

Soltó una pequeña carcajada. Molesta le embarré un poco de helado en la nariz. Al instante tomó una servilleta y se limpió. Comencé a reír.

Él me regresó la jugada. Los dos carcajeamos… Ahora que lo recuerdo… Samuel no estaba en mis pensamientos en aquel momento. Había logrado sonreír de nuevo… Me sentí bien… Él me hacía sentir de esa manera.

Nuestras salidas comenzaron a ser frecuentes. Junto con el pequeño cachorro, el cual decidí quedármelo y al que Álvaro bautizó como Moka.

Me di cuenta pronto que había perdido… Su compañía me era grata. Álvaro estaba llenando el vacío que Samuel me causaba. Me estaba haciendo olvidarlo… Él estaba aquel lugar que tenía Samuel en mi corazón. ¿Qué debía hacer ahora?…

Cuando me di cuenta de que Álvaro me había dado un beso sorpresivamente… Mi mente colapsó. Era suave y tierno.

-Álvaro… yo…-

-Te quiero.- Me interrumpió besando mí frente. Esa frase ante mis oídos era sincera. Estaba feliz y no podía dejar de pensar en ello. Lo abracé sutilmente.

-¡Perfecto!- Dijo Samuel emocionado. –Tenemos que decirle a Valeria lo más pronto posible.- Me abrazó. A él ni siquiera le importó que su novia haya sido besada por otro hombre. Pero… Ya no me intrigaba.

-Lo siento Samuel… No lo haré.- Él sorprendido dejó de abrazarme y me miró extrañado.

-Pero… ¿Qué dices?- Alzó la voz, molesto. – No será que acosa tú… ¡¿De verdad te has enamorado de él?!- Me tomó de los hombros bruscamente.

Lo único que pude hacer fue agachar la mirada. No había nada que negar, pues aquello era la verdad.

-Lo siento…- Dije apenada.

-¡Que idiota eres! Álvaro es un idiota… ¿Qué no te advertí?- Me soltó agresivamente. –No me importan tus sentimientos… Tú vendrás conmigo y le dirás todo.- Sujetó mi brazo.

-No… No lo haré- Me zafé de su agarré. –Estoy cansada de que siempre te importe más Valeria que yo…- Por fin tenía el valor de decirle aquello que guardé tan estrictamente. –Siempre ella, siempre siendo más tierno con ella… Sólo Valeria está en tu mundo ¿no es así? Arréglate como puedas, yo ya no te ayudaré.-

-Eres una egoísta… ¡Valeria está sufriendo!-

-Y de nuevo ella… ¿Ahora me entiendes?- Ni siquiera había lágrimas que soltar.

-Mira, no me importa si deseas estar con Álvaro después de todo tú ya sabes a lo que te enfrentas…-

-Él no es como tú dices…-

-Katherine no seas estúpida, sólo has visto una faceta de él- Argumentó exaltado.

-¡Pues prefiero su faceta a la tuya!- Le grité. –Quizás sea falso… Pero me hace sentir feliz…-

-Entonces ayúdame a separarlo de Valeria y será todo tuyo- Comentó sonriendo nerviosamente. Me daba un poco de pena su actitud.

-Adiós Samuel- Agregué finalmente. Me marché aliviada. A pesar de que habíamos terminado tan mal, no regresaría de nuevo atrás.

Cogí el móvil dispuesta a llamarle a Álvaro. Quería oír su tierna voz.

-Al habla Álvaro.- Sentí felicidad oír sus palabras.

-Hola Alva, soy Katherine, ohm… Tengo que hablar contigo, ¿podríamos reunirnos?- Pregunté un poco nerviosa.

-Oh, lo siento Kate, no podre, tendré visita. ¿De qué quieres hablar?- Preguntó en tono preocupado. Creo que me estaba tomando el pelo ¿de verdad haría que lo dijese?

-Bueno, es algo muy importante… sobre… ya sabes…- Estaba muy nerviosa. –El beso- Susurré

-Oh… podríamos hablarlo mañana- Exclamó serio.          

-¡Por supuesto!- Emocionada agregué.

-Perfecto, yo te aviso la hora- Colgó.

Yo no quería dañar a Valeria… Ella era amable, sincera y amigable. Sé que debí ayudar a Samuel, sin embargo había sido lastimada tantas veces, y Álvaro cubrió aquellas heridas…

Me pregunté ¿Tan débil era? No lo sé… Sólo tenía en claro que los recuerdos que me estaba propiciando, eran alegres. Me abandonaría como mujer si decidiese ser la amante. Pero en verdad lo amaba. A pesar de las palabras de Samuel, a pesar de que cabía la posibilidad de que Álvaro estuviera fingiendo. Lo aceptaría.

Podría ser que yo era igual que Valeria…

-¿Estás feliz ahora?- Llegó Samuel un poco triste. Parecía impactado y melancólico.

-¿De qué hablas?- Pregunté invitándolo a pasar a la casa.

-Ella me odia… Él ganó… Todo se acabó.- Soltó en un sollozo.

-Lo siento… No lo entiendo del todo.-

-¡Estoy diciendo que Álvaro ganó! Ellos dos terminaron. Él quedó como la victima… Y yo…Yo fui un mentiroso a su lado. Él lo logró, a pesar de que le dije acerca de ti, a pesar de que él sabía de nuestro plan… No se inmutó en nada…- Desvaneció su voz…

-Samuel yo…-

-Está bien. No importa. Es lo que querías, ¿no es así?-

-Es por esa actitud que no te puedo perdonar.- Odiaba que pensara por mí. Que nunca me escuchara.

-Sólo vete… No quiero oírte.- Fueron las últimas palabras que intercambiamos.

Al marcharse no pude evitar soltar unas cuantas lágrimas. No era fácil aceptar una ida de alguien que había sido muy especial. Sentí un sabor amargo correr por mi garganta. Pero esto era el adiós definitivo entre él y yo.

A partir de ese momento mi vida continuaría. Mi mayor error siempre fue estancarme en un solo lugar. Pero… Ahora era el momento de avanzar

-Katherine…- Abrió Álvaro la puerta de su condominio.

-Hola.- Saludé melancólicamente. -Es repentina mi llegada, pero realmente tenemos que hablar.-

-Adelante- Dijo invitándome a entrar.

Le sonreí y acepté la oferta.

-¿Y dime de qué quieres hablar?- Se sentó en un sofá y me indicó que hiciese lo mismo.

-Bueno… quisiera hablar sobre Samuel.-

-¿Vecino, primo, hermano, hijastro o mascota?- Me causó gracia sus conclusiones.

-Ex novio, novio cuando nos dimos aquel beso.- Le aclaré.

-He de adivinar que era una estrategia.-

-Digamos que sí. Yo sería tu manzana de la discordia. Se suponía que yo le haría ver la verdad a Valeria. Cada una de nuestras salidas fue planeada. Incluso nuestro encuentro.-

-Igual no lo logró- Agregó en tono frío -¿Por qué lo hiciste?, ¿no sentiste celos de Valeria?- Me sorprendí un poco. ¿Él había notado mis sentimientos?

-Sí, pero… pensé que él me amaría, yo sabía de Valeria, él nunca dejaba de hablar de ella. Quise hacerlo feliz, y le di la opción de separarla de ti.- Decidí sincerarme con él.

-¿Eso quiere decir que todas nuestras citas fueron actuadas?-

-No… de eso vengo a hablarte. Aquel beso… no fue fingido… desde la segunda cita comencé a enamorarme de ti, incluso olvidé que todo era parte de un plan. Me era grato estar a tu lado. Ese mismo día del beso, a Samuel no le importó, y que no me doliera me alegró. Él me dijo que teníamos que decirle a Valeria lo más pronto posible. Me negué, era demasiado tarde, comencé a amarte. Una parte de mi me decía que estaba mal. Pero no me importaba ser la otra, porque te amo Álvaro, sin embargo me enteré que terminaste con Valeria.- No sé qué respuesta esperaba por parte de él… Confesarme no fue una tarea fácil…

-Pensaba terminar con Valeria, desde ese beso, siéndote sincero, yo también me enamoré de ti, Katherine.- Aquella palabras hicieron emocionarme. No lo esperaba. Álvaro se acercó a mi rostro. Tocó mi mejilla. Sus manos eran cálidas. Lentamente unió sus labios con los míos…

Mi mayor miedo a enamorarme siempre fue pensar acerca del vacío que me provocaría la partida del amor… Porque yo estaba consciente de que no era eterno, siempre fue así, siempre lo vi de esa manera. Sin embargo, si por una vez podría llegar a disfrutarlo al lado de esta persona… Sería feliz. Pues los recuerdos que me hizo formar a su lado, en ninguno me vi triste, en todos sonreía. Recuperé lo que había olvidado.”

El camino a casa fue agotador. Me sentía cansado y adolorido del cuerpo. Era como si alguien hubiese colocado encima de mí una caja con varios ladrillos.

-Álvaro… ¿Podemos hablar?- ¡Vaya! Katherine por fin decidió dirigirme la palabra.

-¿Qué ocurre?- Le tomé de la mano y ella desvió la mirada. Por lo menos esta vez no había apartado su muñeca.

-Yo…- Comenzó a temblar. Parecía a punto de llorar. -¡Gracias!- Se abalanzó a mi cuello y me estrecho sutilmente. Me sorprendí su cambio de humor tan notorio. Demonios… ¿Qué se supone que debía hacer ahora?

Rodeé su espalda y le correspondí al abrazo.

-Katherine… ¿Estás bien?- Le pregunté tranquilamente.

-Álvaro… Sería mejor que lo dejemos…- Exclamó en un silencio opaco.

¿Cómo se supone que debía entender eso?… Aunque sus palabras fueron aquellas, ella aún seguía abrazada a mí. Soltando silenciosamente unas lágrimas y un suspiro reprimido.

CONTINUARA….

 

ABRAHAM ROCHA RDZ

Existen personas que no deberian amar…capitulo 10

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Con los primeros rayos del sol, desperté. Perezoso fui a la habitación de Lisandro, yo era su despertador personal.

-Lisandro- Toqué la puerta varias veces. Por lo general, me respondía a la primera llamada. Esta vez no lo hizo. Claro, suponía que estaba molesto aún. No comprendí sus palabras de ayer, por ende, no pude disculparme.

Cansado y adolorido de mis nudillos, decidí abrir la puerta rechinante. Me detuve unos segundos, pues aún no sabía qué es lo que le diría para que todo fuese como antes. Realmente se le veía molesto y me preocupaba.

Me senté de espaldas a la entrada. Sostuve mi barbilla. Lo único que impregnaba en mi mente, eran sus dolidas palabras.

Por más que lo intentara, no podía comprenderlas. ¿Por qué te enfocas en rechazar la felicidad? ¿Dónde quedó esa ardua sonrisa? ¿Dónde quedó la persona que admiraba? ¿Querían decir que yo era transparente ante sus ojos? Pero no tenían mucha relación… Yo era feliz provocándote dolor. Mi sonrisa, ante la mayoría, era muy real. ¿Admirarme? ¿Él me admiraba?

Quise ordenar mi caótica mente. Debía concentrarme en como pedir perdón. De nuevo. Aunque no entendía ¿de qué tenía la culpa?

Decidido por fin, abrí la puerta, esperando que las palabras surgieran solas sin tener que prepararlas con anticipo.

Para mi sorpresa, él no se encontraba. La cómoda estaba perfectamente tendida. La ventana abierta, como era costumbre cuando él se levantaba.

Bajé a la cocina, todo estaba en orden, igual que la sala de estar. Los deberes de la casa ya estaban hechos. Impactado, traté de buscar una nota, que dijera por qué no estaba.

Fue un total fracaso, ninguna nota dejó pegada, o siquiera abandonada en la mesa.

Sonó mi celular, lo cogí para poder ver de quien provenía la llamada. Era él.

-Lisandro ¿dónde estás?-

-Tranquilo Alva, sé que no soportas mi ausencia- Me dio una ligera sensación de despreocupación al ver que él actuó como de costumbre. –Tu prima, Emilie, llamó en la madrugada, al parecer su vuelo salió más temprano, quería que tú la pasaras a recoger ya que vino a visitarte. Pero estabas muy dormido y no quise molestarte, así que le propuse ir yo, ella aceptó. En estos instantes estamos almorzando en un restaurant. No recordaba a tu prima tan hermosa… ¡oh! Qué tierna, se sonroja…jajaja, bueno sólo llamaba para avisarte, llegaremos en unos momentos, adiós-

-¡Oye espera! ¿Por qué la casa está tan limpia?-

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-Eso es porque anoche me sentí mal por lo que te dije, no es mi asunto, lo siento por involucrarme, como no pude dormir enseguida, me dispuse a limpiar un poco, y que bueno que lo hice, tu prima irá y no quieres que vea tu desorden ¿verdad?- Pude oír una pequeña carcajada. Menos mal, Lisandro no estaba furioso.

-Vale, los espero- Colgué.

Recosté mi flojo cuerpo sobre el sofá. Miré para el techo. Blanco, un color tranquilizador para muchos. Para mí es aburrido y sin gracia, que emite luz de más.

Comencé a recordar la apariencia de mi prima, lo vago que recuerdo, era cuando ella tenía 15 años, yo tendría cerca de 19 años. Ahora Emilie, tendría 17 años.

Maldito Lisandro, espero y no intente nada, recuerdo cuando la conoció, parecía un pedófilo cada que la veía.

Me sorprendía su tan repentina visita de Emilie, me frecuentaba muy poco, una vez cada año. Bueno sería agradable volver a verla.

Decidí meterme a la ducha, quería relajar mi tenso cuerpo para poder llamar a Katherine.

El agua de la fría regadera de metal, era una severa tortura. Pero relajaba mi hirviente cabeza.

Cerré mis débiles ojos. Y apareció ella. Tan bella como la recordaba. Su piel blanca y cálida. Su dulce sonrisa. Esos bellos ojos miel. El suave aroma embriagante que emanaba su delgado cuello. Su elegante cabello castaño, radiante como finas hebras de sol. La armoniosa voz, fina como un ángel caído, cantando con un ligero toque melancólico. Sus delgados dedos que siempre tocaban mis mejillas.

No pude evitar soltar unas cuantas lágrimas. Era lo peor. Emilie era la viva imagen de mi madre.

Inhalé agitadamente y contuve el sollozar. No quería volver a sentir mis ojos hinchados. No de nuevo esa sensación de ardor.

Camine hasta mi cuarto, cabeza abajo. Tratando de controlarme a la hora de ver a Emilie.

Me vestí lo más apresurado posible. Unos pantalones y una playera negra.

Baje a la habitación principal esperando a mi prima. ¿De qué hablaríamos? ¿Cómo luciría ahora? ¿Será la misma de siempre? Fueron preguntas que invadieron mi cabeza.

Me desconcerté al oír el tono de mi celular.

-Al habla Álvaro- Contesté sin revisar el número procedente.

-Hola Alva, soy Katherine, ohm… tengo que hablar contigo, ¿podríamos reunirnos?-

-Oh, lo siento Kate, no podre, tendré visita. ¿De qué quieres hablar?- Pregunté en tono preocupado. Sin embargo, tenía una vaga idea sobre el tema.

-Bueno, es algo muy importante… sobre… ya sabes…- Se notaba nerviosa. –El beso- Susurró.

Me sorprendí un poco, su tono era igual de inocente. No podía afirmar nada, no sin antes conocer la relación que tenía con Samuel, después de todo ella podría estar fingiendo.

No me quedaba más que seguir actuando.

-Oh… Podríamos hablarlo mañana-

-¡Por supuesto!- Emocionada gritó. Eso me dio un aire de desconfianza. Tenía que tener cuidado. Samuel aclaró algo cuando nos vimos, él aún no terminaba de mover. Cualquier cosa podría pasar. Quizás sea una trampa por parte de él.

Llevarme con Katherine para mostrarte mi infidelidad. Entraba esa posibilidad. Era una treta muy fácil de adivinar.

-Perfecto, yo te aviso la hora- Colgué. En ese instante, se escuchó la perilla abriéndose de la puerta. Era Lisandro entró, pero no pude ver a Emilie con él.

Me miró unos segundos y sonrió.

-Tranquilo, Isa la secuestró- De manera natural y sarcástica agregó.

Suspiré y aflojé la espalda. Salí junto con Lisandro, para contemplar como Emilie, era cruelmente torturada por abrazos y cumplidos.

-¡Oh mi hermosa princesa! Mira tu bella carita, pareces una muñequita a punto de romperse.-

-No digas cosas tan vergonzosas, ya no soy una niña- Su voz tan delicada sólo hacía que Isa gritara como una mamá viendo a su hijo de preescolar recitando un poema. –Álvaro… Ayúdame- Casi susurrando alzó su frágil mano pidiendo auxilio.

Sonreí al ver que ella no había cambiado. Caminé hasta ella e Isa. Pero me detuve sintiendo un dolor en mi pecho, como una espina brotando apresuradamente.

Su mirada…. Su mirada, la misma de aquella mujer amable… Sentí frío.

“Álvaro te quiero tanto.” Esa frase se escapó de mis recuerdos.

Sacudí mi cabeza, hice un gesto de reproche y tomé su suave mano, apretándola.

Ella me miró y sonrió al ver que estaba mejor. Emilie sabe qué recuerdos me trae el sólo verla.

-Ha pasado tiempo prima- Le devolví la sonrisa.

-Demasiado- Contestó.

-Bueno dejemos a la familia un rato en su encuentro- Isa le soltó para que pudiésemos saludarnos. Ella y Lisandro se adentraron a la casa.

Sintiéndose libre, Emilie me abrazó tiernamente riendo. Como lo pensé, era el mismo aroma. Débilmente alcé mis manos y rodeé su espalda. El simple contacto con su piel me daba tranquilidad.

 

A veces odiaba el existir de Emilie, recuerdos dolorosos me empreñaban, pero también me alegraba poder recordar dulces momentos.

-Gracias por venir- Quité su cabello de su rostro, y besé su frente. En el momento escuché el sonido de una bolsa caer.

-Tenía razón…- Reconocí tu voz en el instante… Miré hacia el frente, te encontrabas agachando tu rostro con tu mano en la boca. Tu cabello te cubría. Pero en el piso se marcaban las gruesas lágrimas que soltabas. –Debí creerlo cuando me lo dijo… ¡Soy una idiota!- Saliste corriendo limpiando tus ojos.

Emilie no me preguntó nada, pero su simple mirada lo decía todo, quería saber quién eras.

-Espera aquí- Le dije tocándola de los hombros, separándola del abrazo. Ella sólo asintió con la cabeza.

Le sonreí y corrí en tu dirección. Me detuve y sujeté el poste, grité tu nombre. Volví a correr.

-¡Valeria!-

Te perdí de vista ante aquella multitud de gente. Así que después de todo Samuel habló, idiota.

Regresé a paso lento. Emilie se encontraba sentada en la banqueta. Preocupada alzó la mirada y se levantó.

-¿La alcanzaste?- Preguntó forzando su voz.

-No- Contesté agitado – Ella es mi novia- Aclaré –Ha malinterpretado nuestro abrazo-

-Lo siento- Su ojos se tornaron tristes y acuosos.

-No tienes la culpa- Toqué su cabeza para calmarla. –Ven vamos adentro, que quiero que dejes tus maletas porque es mi turno de pasear contigo- Le sonreí, odiaba verla triste.

-Sí- Agregó débilmente.

Metió sus maletas en mi habitación. Bajamos a la sala para irnos a la plaza comercial con Lisandro e Isa.

Maldito Lisandro, nadie lo invitó. Daba igual, Emilie se sentía feliz.

Isa no paraba de hablar con mi prima en todo el camino, Emilie escuchaba atentamente regalando su tierna sonrisa, ella sólo hablaba pocas veces.

Paseando de tienda en tienda, desesperado por la cantidad de ropa que Isa escogió para Emilie.

Lisandro sólo sonreía por la tan grande paciencia de Emilie. Isa no sabe diferenciar una muñeca de juguete con un ser humano.

-Emi ven- La jaló del brazo con delicadeza hacia otra tienda, esta vez de ropa interior. Pude notar lo colorada que Emilie se tornó.

Lisandro y yo esperamos sentados en una banca, frente a la tienda. Viendo como Isa escogía múltiple lencería. Doy gracias que la naturaleza optó por hacerme hombre.

-Lisandro… ¿Qué fue lo que hiciste cuando Dulce pensó que la engañabas con Karen?-

Él me observó y confundido inclinó la cabeza hacia el lado izquierdo.

-¿A qué viene esa pregunta?-

-No me esquives con otra.- Le rogué.

-Terminé con ella- Pensó unos segundos y apoyó su mejilla en sus nudillos. -¿Qué ocurrió esta vez con Valeria?-

-¿Por qué piensas que ocurrió algo?- dije molesto.

-Tú nunca te has interesado en mis relaciones- Agregó rápidamente sin dejar de observarme irónicamente.

-Bueno está bien…  Ella malinterpretó cuando me vio con Emilie, yo la estaba abrazando y ella llegó, entonces…-

-Oh por eso gritaste su nombre- Me interrumpió.

-Sí- Apagué mi voz. ¿Por qué me sentía tan mal? Quizá se deba a la expresión de mi prima al creer que ella fue la culpable. Tal vez esa fue la razón de querer aclararte todo.

-Álvaro… Esta vez tú no tienes la culpa, Valeria tuvo desconfianza, eso ocurre en las relaciones, incluso en aquellas donde fluye mucho el amor.-

-Entiendo- Lisandro me dio tres golpecitos en la espalda.

-Ánimo hombre, veras que se arreglara- Me limité a sonreírle por sus palabras consoladoras.

“Debí creerlo cuando me lo dijo” Esa oración se adentró en mi mente. En tan cortas palabras, me afirmabas tu desconfianza. Si habías venido a verme fue porque dudaste por segundos.

-¡Listo! Miren que monos pantis- Llegó Isa mostrando una lencería con encajes rojos de bellos bordados.

Lisandro y yo nos regresamos a ver. Pude notar sus mejillas rojas y que se diga de las mías. Sentía la cara hervir.

-¡AH! ¡Eso es vergonzoso Isa!- Emilie intentó gritar, trató de quitarle la prenda sin mucho éxito. Nunca había observado a Emilie tan colorada. Estaba temblorosa, creo que eran muchas emociones para ella en esos momentos. –Oh… Álvaro….-Señaló hacía atrás de mí.

Giré en dirección a la que ella apuntaba. No podía creerlo, eras tú, abrazada de Samuel. Era fácil adivinar que estabas llorando y por supuesto ese idiota tratando de consolarte.

Sentí un dolor punzante en el pecho… Este no era mi plan. Me desconcerté un poco cuando sentí el contacto de una cálida mano.

-Vamos- Emilie tomó mi palma e hizo que me levantara. Isa y Lisandro no dijeron nada, permanecieron quietos, dándome a entender que debía ir.

Caminé agarrado de la mano de mi prima. Ella avanzaba calmadamente. Yo sin embargo, tenía un poco de nervio, no sabía que decir, Samuel podría decirte lo de Katherine.

-Tranquila, todo estará bien desde ahora-

-No… No lo estará fui una tonta…-Tus palabras y las de él fueron más intensas a cada paso que Emilie y yo nos acercábamos.

-Buenas tardes- Dijo ella en tono suave.

Volteaste a verla, y por acto de reflejo, miraste como sujetaba su mano.

-Qué cruel…- dijiste en voz quebrada.

Samuel se paró en frente tuyo, con los brazos cruzados.

-¿No es suficiente lo que le has hecho? Todavía vienes a mostrar tu infidelidad-

-Por favor…. Cállate…- Emilie apartó a Samuel y te tomó del brazo, jalándote delicadamente. –Soy su prima… Un placer conocerte- Sonrió dulcemente. –Puede que no lo creas… Confieso que ni siquiera tengo un plan para que me creas…- Emilie agachó su mirada.- Lo siento has de pensar que soy molesta…Pero… ¡Álvaro es mi primo, casi mi hermano!- Te miró nerviosa.

La miraste unos segundos, limpiaste tus ojos. Notaste que ella tenía un ligero parecido hacia mí. Samuel quedó atónito, no supo qué decir, no esperaba tal acción por parte de Emilie.

Lisandro llegó, pocos segundos después.

-Créele Valeria, dice la verdad, esta pequeña, es la prima de Álvaro, puede que sea demasiado hermosa como para creerlo, pero…-

-¡Lisandro!- Gritó Emilie sonrojada y muy nerviosa.

-Lo siento… Lo siento.- Dijo Lisandro sonriendo.

Quise regresar a ver a Samuel. Quería ver su cara, era lógico que las llevara de perder.

-Lo siento- Fue lo único que dijiste.

Este era el momento, el momento en el que por fin perdieras.

-Emilie, Lisandro, ¿me podrían dejar a solas con Valeria?- Emilie movió la cabeza afirmando. Lisandro tomó del hombro a Samuel.

-Creo que eso aplica para ti también- Agregó

-¡Valeria él te fue infiel!- Gritó. –Por Dios no seas tan estúpida date cuenta- Se sobresaltó un poco. Desesperado porque le creyeras.

-Tienes razón… Debí darme cuenta que aún persistes con querer separarme de Álvaro- Firmemente le aclaraste.

-Y lo logró- Dije con una voz fría y nostálgica. Lisandro, Emilie y tú, regresaron la mirada así mí, sorprendidos por mis palabras. Samuel anonado cayó de golpe sobre la banca. Él sabía que había perdido.

-Nos retiramos- Emilie jaló a Lisandro de su manga junto con Samuel, este aceptó sin mucho esfuerzo, y se marcharon.

Tú seguías mirándome fijamente.

Nada puedo hacer… Lo siento Valeria, aquella tarde un pensamiento se quedó en mí, cuando hablaste de Samuel, tu voz dudosa fue fácil de percibir, quise ignorarlo y en un instante, hice que desapareciera. Yo nunca quise este final para los dos… Siempre lo supe desde el fondo de mi corazón, terminar contigo sería lo mejor. Aún si había dolor, lo prefería de esa manera, aunque me reusé a esa decisión muchas veces. No podía hallar un buen momento para hablar. Créeme que le sonrío al pasado que yo tuve a tu lado, pero me temo que esto es el final. Mi alma está en pedazos no lo niego, dime si no te diste cuenta que en coincidencias supimos que el destino jamás no quiso unir. En nuestra relación no había nada más que hacer, entre mis manos yo deje tu amor desfallecer. Así fue como nuestra relación se fue apagando más nada pude hacer, en mi mente llueve un mar de emociones que no puedo hablar. Si tan sólo una vez pudiese volver a nacer, desearía encontrarme contigo de nuevo, aunque la historia se repita de nuevo, sería feliz, por eso, no queda nada que hacer.– Nunca me había cansado de hablar tanto y peor, tener que inventar cada palabra mencionada.

Me alejé de ti sin siquiera permitirte decir algo.

-Álvaro… lo siento- Pude oír el llanto que estabas reprimiendo. En verdad eres ruidosa y molesta, pero sobretodo eres una sollozante de primera.

Emilie y Lisandro se encontraban conversando con Isa. Antes de reunirme con ellos, decidí saludar a Samuel, quien se encontraba sentado cerca de la fuente.

-Sami, ¿Qué ocurre?- Me senté junto a él. No hubo respuesta – Te dije que te estabas arriesgando ¿verdad?- Le dije como si estuviese hablando con un infante. –Bueno alégrate hice lo que querías, terminé con ella. Sólo que… ¡Sorpresa! ella piensa que es la culpable por haberte hecho caso- Le sonreí.

Por instinto sabía que el intentaría golpearme, lo esquivé y él sólo quedó agachado, llorando. Un llanto en silencio.

Es tu derrota Samuel, Jaque mate…

CONTINUACION…

COLABORACION: ABI DLT, RO GARCIA & ABRAHAM ROCHA RDZ

 

existen personas que no deberian de amar… Capitulo 8

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La mañana siguiente fue algo tranquila. Descartando el hecho de tener que levantar a Lisandro. Realmente tiene el sueño pesado. Pero es grato cuando se despierta y hace el desayuno.

Sonó el timbre.

-¡Álvaro!- Gritaste tan enérgicamente y me abrazaste al instante en que abrí la puerta.

Valeria… Qué gusto me da verte – Correspondí a tu abrazó y posé mi mentón sobre tu cabello. En verdad eras muy pequeña.

Sentí tu respiración en mi pecho y la suave fuerza que aplicabas al agarrar mi espalda.

Miré tus bellos ojos azuleados, rebosantes de inocencia. Tan puros e ingenuos. Uní mis labios con los tuyos, esa sensación de temor al poder percibir algún sabor de ti por fin había desaparecido. No era más que un beso sin sentimiento. Frío y sin dulzura.

Tus mejillas rojas, sólo me subían de nivel. Cada insignificante detalle que te brindaba era como colgarte una cadena más, porque la correa ya la tenías.

-Te amo… Enserio te amo– Aún no logro trascender tus sentimientos. Pero a pesar de eso, es conveniente que los tengas.

Oye Alva mira lo que…– Lisandro se detuvo, sorprendido fijó sus ojos en mí, me sonrió y miró amistosamente a Valeria.

¿Quién es?– Preguntaste observando a Lisandro irónicamente.

Ah… Él es un…

Rival para ti querida– Me interrumpió. Volteeé mi mirar hacia Lisandro. Él sólo sonrió tan abiertamente. Ese tipo no conoce la palabra vergüenza. Cerré mis ojos e inexpresivamente regresé a verte. Quiero aclarar algo, tu mirada perdida y vacía parece la de un psicópata.

… Rival… ¿Qué debería hacer Álvaro?- Y lo que es peor, tus palabras con sonante frío dan escalofrió. –¡Álvaro es sólo mío!– Gritaste y me abrazaste muy infantilmente.

¡Claro que no enana! Él es mío

¿Cómo es posible que haya terminado en esa manera?, Lisandro abrazándome por la espalda y tú por el frente.

¡Suéltale!

¡NO! Yo llevo más tiempo de conocerle… Déjalo tú.-

¡Álvaro!– Chillaste como una niña.

-A él le gustan los altos, y tu cariño eres muy baja.-

-Lisandro… ¡VETE AL CARAJO!- Te abracé más fuerte quitando a Lisandro de mi espalda.

Él sólo carcajeó.

Valeria él es un amigo de la infancia– Te dije tratando de que lo dejaras de ver con desprecio.

Pero admite que deseabas una relación conmigo– Guiñó su ojo derecho. Sentí un hormigueo recorrer mi dorso. Era una sensación de miedo y asco. ¿Qué le ocurría? Ahora era más molesto que antes.

No dijiste nada. Permaneciste callada. Lo miraste unos segundos. Volviste tu mirar hacia mí.

Enojada caminaste hasta llegar y toparte con Lisandro. Mirando hacia arriba debido a tu estatura. Mantuviste tus cejas fruncidas. Lisandro te miró un poco sorprendido.

-Te gané, Álvaro es mío– aflojaste tu ceño y sonreíste brincando. Corriste hacía mí y me abrazaste.

Pude notar la cara de alivió de Lisandro. Pensé que te habías molestado, y al parecer, creo que él pensó lo mismo.

Su sonrisa volvió y se sentó en el sillón.

Valeria Hoffman mucho gusto– Extendiste tu mano para poder estrecharla con la de Lisandro.

Lisandro Riveil un placer– Los dos se regalaron una sonrisa tan agradable.

Álvaro te traje esto– Me entregaste una bolsa blanca. Algo pesada. Con duda la tome.

¿Qué es?– Pregunté dejándola en el comedor.

Un regalo…– Sonreíste escondiendo tus manos. –Bueno me voy– saliste corriendo entre risillas, algo molestas.

Un poco preocupado y extrañado por tus acciones, le pregunté a Lisando. – ¿Qué crees que sea?

Bueno hay una carta aquí

¿Eh? ¿Qué carta?– No había notado que ese maldito había abierto la bolsa.

Él me dio la supuesta carta. La miré. Era tu letra.

Álvaro… Bueno… No sé qué escribir, no se me da muy bien. Esto…quería disculparme contigo por mi actitud tan exagerada. Tú te disculpaste conmigo aunque no tuvieses la culpa de nada.

Fui una tonta. Otra vez dejé que me metieran ideas falsas en la cabeza. Pensé que ya no me amabas y que solamente estabas jugando conmigo. Quise ignorar mis pensamientos, pero al ver tu reacción hacia mis modos de afecto, comencé a creer que era cierto. Me entristecí tanto que salí corriendo como una inmadura. No podía detener mis pies. Quería volver a entrar a tu casa y abrazarte, pero estos malditos nervios y emociones que no me permitieron regresar.

Llegué a mi casa con un aspecto terrible. Traté de limpiar mis ojos húmedos e hinchados. Imposible el ocultarlos pues mi tía, Elena, los notó. Sorprendida y un poco preocupada me tomó de los hombros y me abrazó sutilmente.

-Ya pequeña, todo estará bien- Me consolaba como si ella supiese porque yo estaba llorando.

Mis lágrimas volvieron. Nunca había amado tanto como te amaba a ti. Todo esto que sentía era demasiado nuevo y pensé que no lo soportaría.

Me recosté en el sillón tratando de calmarme. Elena se sentó a mi lado, acariciando mi cabello.

-Oye Valeria, ¿sabes lo que me anima en ese estado? – No respondí a su pregunta y ella prosiguió. –Ir de compras, ven vamos- Me levantó y medio peinó mi cabello.

Pasamos por una gran plaza y un bello parque. Había una hermosa joven jugueteando con un cachorro, no despegue mi vista de ella. Parecía muy feliz. Tanto que me dio envidia.

Suspiré y antes de dejar de observarla, vi a un joven que se le acercó. Por un momento llegué a pensar que eras tú. Que tonto ¿No lo crees? Mi mente me traicionaba. La verdad me intrigué y quise quedarme un rato tratando de averiguar si eras tú. Pero dos jóvenes se interpusieron.

-Oh mira qué monada- Dijeron los dos.

Antes de poder moverme y observar mejor al tipo, mi tía me jaló del brazo.

-¡Mira! mira Valeria que lindo vestido.-

Dejé de pensar en ello y entré a la tienda con mi tía. Dejando atrás a aquella pareja. He de suponer que ellos dos eran pareja. Fue muy infantil pensar que eras tú.

Se parecía mucho a ti, claro solo de espaldas. Si hubiese visto su rostro hubiera quedado más tranquila. Pero me dije a mi misma que era imposible que me estuvieras engañando. Me auto regañé por mi desconfianza.

Al salir de la tienda. Recorrimos un largo pasillo de franquicias.

Elena me hizo esperar en frente de un establecimiento de helados. Yo había pensado que era restaurante. Con esas decoraciones tan lujosas.

Pude divisar a la misma chica desde la gran ventana. Estaba con aquel sujeto.

La chica dejó ver su sonrisa. Oh que hermosa era. Volví a sentir celos pero ahora de su belleza.

Ella tomó un poco de su helado y lo embarro en el rostro del chico. Se escuchó una pequeña risilla de ambos. Ojalá algún día podamos hacer los mismo Álvaro. Pensé.

Una sonrisa de melancolía surgió en mi rostro. Realmente quería verte y ser feliz como ellos se veían.

Mi tía regresó y me mostró una blusa verde agua. De manga larga y floja. Era para mí. Agradecí y le pedí que nos fuéramos. La escena de esa pareja me era dolorosa.

Regresamos a casa, ya era tarde. Quise llamarte pero al instante que me recosté en mi cama, me quedé dormida.

Al otro día traté de olvidar lo ocurrido, dispuesta a disculparme contigo. Así que hice todos los deberes de la casa

El tiempo pasó y yo por fin había terminado. Miré por la ventana. Oh dios, que tarde era. Rápidamente subí a mi cuarto y me metí a bañar.

El agua estaba helada así que me duche lo más rápido posible. Saliendo me di cuenta que no había alistado mi ropa.

Recordé entonces la blusa que me regalo mi tía. La tomé y me vestí con ella. Quería apurarme así que agarré un short de mezclilla y me lo puse.

Sequé mi cabello pues seguía escurriendo de agua. Bajé las escaleras corriendo. Mi tía me detuvo y me preguntó hacía dónde me dirigía.

Tardé un poco en contarle mi problema. Miré el reloj, ya era muy tarde. Me maldije. Realmente fui una tonta. No quise mandarte mensajes o llamarte, realmente quería disculparme contigo en persona.

Sentadas en las sillas del comedor. Escuché el timbre, Elena se levantó y fue a abrir la puerta.

-Pasa cariño, pasa, te estuvimos esperando- Me entré curiosidad de saber quién era. Era raro tener visitas…

-¿Quién es tía?- Miré hacia la puerta. No podía creerlo habías venido a mi casa. –Álvaro…-Sonreí a duras penas. Me sentí triste y a la vez un poco feliz de verte. Agaché mi mirada.

-Bueno jovencitos los dejo- Mi tía se alejó rumbo a la cocina, dejándonos solos. Al volver a mirarte noté tu apariencia. Parecía que habías dormido en la calle y que un perro te hubiese mordido.

-¡Oh Álvaro!, ¿qué te ha pasado? –corrí hacia ti y te tomé del hombro. Recordé entonces cuando me empujaste, temerosa te solté.- eh… perdón- Volví a agachar mi mirada. -¿Estas bien?- pregunté.

-Claro…pequeñas complicaciones- Respondiste. Me alegré que estuvieses bien. Intenté hablar pero fui callada por el contacto de tus manos con las mías. Te acercaste a mi rostro y besaste mi mejilla.

-Perdóname fui un tonto- Susurraste, sentí un hormigueo recorrer mi cuerpo. –Sólo mírame, soy un desastre, sin ti me perdería fácilmente- Me abrasaste. Sentí mi corazón latir.

-Álvaro- Te abracé, realmente te amo. Sentí el impulso de llorar y así lo hice. Estaba feliz.

Tomaste mi rostro y me besaste, fue un tierno beso que creo una chispa de emoción dentro de mí. Me diste un sutil beso en la frente y volviste a abrazarme.

Platicamos sobre el problema. Quería disculparme pero no pude. Nunca surgieron las palabras adecuadas. El único que se disculpó fuiste tú.

Me sentí tan mal de nuevo, por haber dudado de ti aquella tarde que vi a esa joven con el chico. Sin embargo no pude disculparme en persona. Sé que no podre mirarte y decir lo siento, por eso te escribo, para pedir disculpas por mi acción tan dramática y por la desconfianza que tuve. Sé que me amas, no me ha quedado duda de eso, gracias Álvaro por hacerme tan feliz. Te amo.

P.D. Te horneé un pay de limón, mi tía me enseñó a preparalos espero y te guste.”

Sonreí terminado de leer tu tan graciosa carta. La arrugué y deposité en el bote de basura. -Lisandro… ¿Gustas una rebanada de pay?– Sonreí…

CONTINUARA…

Abraham Rocha Rdz

Existen personas que no deberian de amar… capitulo 5

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El tiempo pasó tan rápido con ella, entre risas y pláticas, el ocaso cayó. La Luna dejo ver su cara blanca. La pequeña calle era pocamente iluminada.

Katherine y yo desalojamos el establecimiento. El cachorro se había quedado dormido entre sus brazos. Ella suspiró profundamente.

-Al final no encontramos hogar a este pequeño.-

El cachorro comenzó a temblar al contacto con la ligera brisa de otoño que transcurría en estos tiempos.

Me quité mi chamarra y cubrí al sabueso torpemente. Katherine sonrió divertidamente.

-Álvaro no me imagino cuando tengas tus hijos- Agregó. Tomó la chaqueta y lo enredó delicadamente para no despertarlo. – ¿Cómo le pondremos?- Preguntó de repente.

Estaba hablando en plural. ¿Qué ya no pensaba en regalarlo? Guardé silencio un momento y la miré unos segundos.

-Moka-

-¿Moka?…- Dudó por un instante. –Oye deja de ver ese cartel mientras piensas un nombre.– Rió por mi inconsciente acción. En efecto, yo miré un letrero de un puesto de café.

-Ok, pero admite que no es un mal nombre.- Metí mis manos en mis bolsillos y le sonreí.

-Quizá… Dejémosle así de momento- Me miró tiernamente y rozó con su mano suavemente a la criatura.

Entre plática que ella dirigía, caminamos por una gran calle. Con distintos árboles frondosos. La brisa le acariciaba el rostro. Su melena danzaba al compás del viento. Como si este llevara la batuta.

Katherine se despidió de mí en la vuelta de esquina. Me entregó mi chaqueta, asegurándome que ella se encargaría de protegerlo del frío. Insistí en acompañarla, pero se negó. Me proporcionó su número telefónico para volver a vernos otro día.

Vi como lentamente desaparecía entre la penumbra de la noche.

pareja

Todo había terminado mejor de lo que no creía. Volteé mi andar en dirección contraria. Los grafittis de distintos muros que pude contemplar eran tan pobres. Recuerdo que hace un par de días, hubo una disputa entre la autoridad y unos jóvenes de secundaria. Al parecer ellos habían sido los causantes de una pintarrajeada en una pared del congreso. Se defendieron diciendo que lo que ellos pintaban era arte. ¿Arte? Dejó de ser arte hace tiempo. Ahora sólo son un montón de garabatos. Es más moda que expresión.

-Ha pasado tiempo ¿verdad? Álvaro.- Una voz llamó mi atención. Con la mirada busqué de dónde provenía.

-Bastante… Lisandro- Él sonrió y avanzó hasta mí. Lisandro era un amigo de mi infancia. Era un hombre alto y delgado. Su rostro redondo y agraciado revelaba su joven edad de 21 años. Cejas pobladas y grandes. Ojos, entre amarillento y verde, se parecerían a los de un águila, eran vivos e inteligentes, expresivos y maliciosos. Poseía una nariz respingada, un poco afeminada dentro de la virilidad que sus pómulos afirmaban. Aún así lograba un encaje perfecto. Sus labios eran finos como cuchillas y preparados para una burla. El color de su cabello trigueño intenso, contrastaba perfecto con el blanco de su piel.

Vestía con una gabardina de color gris claro sin abotonar, dejando ver una playera negra entallada perfectamente. Unos pantalones negros y mocasines del mismo color.

-Creí que te habías olvidado de mí.- Recargó su brazo sobre mi hombro.

Le miré sin mucha inexpresividad. Suspiré e intenté simular agrado de encontrármelo.

-Jamás olvidaría al sujeto que me protegía en primaria-

-A juzgar por tu apariencia física, creo que aún necesitas protección.- Carcajeó un instante.

Devolví una falsa risa. Tratando de darle a entender que no me había ofendido su comentario. Es verdad, él me cuidaba en primaria. Golpeaba a los otros niños que se burlaban de mí.

“– Ahora discúlpense- Lisandro obligó a Miguel y Gerardo a pedirme disculpas por haberme empujado hacia el charco de lodo.

-Descuida, no me hice daño.- Le dije tratando de que les soltara de sus camisas. –Además no quiero una disculpa hipócrita Lisandro- Tenía ganas de llorar, pero si lo hacía sólo aumentarían las burlas. Lisandro notó mi emoción. Les dejó ir y estos no dudaron y salieron corriendo.

Me sentía muy mal por haber ensuciado mi uniforme. Tenía un ardor en la rodilla, alcé el forro de mi pantalón para contemplar cómo se resbalaban unas cuantas gotas de sangre.

Torpemente caminé al tronco del gran árbol de jacarandas del colegio. Me senté con cuidado, tratando de no flexionar mis rodillas.

Lisandro tomó un pedazo de papel y lo humedeció con un poco de su agua. Se sentó a mi lado y trato de limpiar mi herida.

-Oye… ¿Por qué me ayudas?- Pregunté mirando como él era muy cuidadoso con mi rodilla.

-Me molesta que los demás se aprovechen de alguien por prejuicios.– Respondió sonriendo abiertamente.

-No deberías, nadie te lo pagará.

Él me miró unos segundos, su mirada era muy penetrante y analítica.

-Es probable, pero no lo hago por eso. Me agradas eso es todo- Dobló el papel y se levantó, caminando a un cesto para depositarlo en él. Regresó inmediatamente y volvió a sentarse a mi lado.

-Gracias- Lo dije casi en susurro.

-No hay problema, ahora pensemos como limpiar tu uniforme. Ven conmigo.- Me tomó de la mano y delicadamente me alzo de modo que no me hiciera daño. Yo simplemente le seguí a donde me guiaba.

Llegamos a la entrada de los sanitarios. Lisandro me metió con él. Me indicó que me quitase la ropa.

Desabroché mi camisa y me la quite. Tenía muchas manchas de barro en la parte superior.

Le pasé la prenda a Lisandro. El abrió la perilla del fregadero. Metió la camisa y comenzó a frotarla con su palma. Las manchas se fueron borrando fácilmente.

-¡Listo!- Proclamó victorioso. La extendió en la barra del lavamanos y me sonrió. –Descuida no tardará mucho para que la puedas usar.-

Lisandro sacó un pañuelo y lo sumergió en el agua. Lo exprimió y comenzó a limpiar mis pantalones.

-Espera… Esto es demasiado.- Intenté detenerlo pero él me ignoró.

-No tardará mucho.- Volvió a sonreír.

-¡Estás invadiendo mi espacio personal!– Le grité empujándole de los hombros.

-Tranquilo ya casi termino.- Dijo de manera muy infantil, como si para él fuese un privilegio ayudarme. Me era muy incómoda su eficiencia.

Inhalé profundamente e intenté calmarme. Rogaba que no viniera alguien. De lo contrario pensarían otra cosa.

Lisandro terminó y me entregó mi camisa. Estaba un poco húmeda pero limpia y eso era lo que importaba.

Al ponérmela un escalofrío recorrió el dorso de mi espalda. Lisandro rió por mi pequeño brinco. Yo le retorcí su oreja para que se callase.

-Eso duele Álvaro.- Hizo un gesto de tristeza y puchero. Reí por un instante. Era muy divertido debo admitir.

Él me miró sorprendido. Como si no esperase esa acción mía. Mantuvo esa expresión unos segundos y luego sonrió muy feliz.

Desde ese momento el cuidó de mí…

-Feliz cumpleaños Alva- Lisandro me entregó una caja envuelta con un papel decorativo color rojo. Llamativo y metálico.

Lo tomé y agradecí por el obsequio. Él me miro esperando a que lo abriese. Por un momento sentí un corto y rápido Déjà vu. En mi mente apareció tu rostro sonriente, igual al que él tenía en esos instantes. Me aterré y traté de calmarme.

Miré a Lisandro de nuevo. Seguía con su misma expresión facial. Rasgué el papel del presente. Era una caja color vino. Su textura era algo rígida. Parecía hecha de cuero. La abrí sin mucha emoción.

Saqué de esta algo que me dejó sin habla. Era un marco con acabados dorados con una foto de Lisandro sonriendo. Debajo de esta decía “Feliz cumpleaños. Con cariño Lisandro.”

-Dime que te gusta. Es mi mejor pose.- No respondí al instante. Quedé atónito. No sorprendido ya que él siempre en mi cumpleaños me regalaba una fotografía suya. Ya fuese en estampado de una playera. En una taza. Una toalla o en ropa interior. El marco era nuevo. –Así no tendrás que preocuparte por mi ausencia. Puedes dormir con el si tienes una pesadilla.- Agaché mi cabeza mirando el cuadro. Se veía bien pero no considero que esto sea apropiado para un regalo. No dije nada y dejé que continuase parloteando. Me pregunto si hubiese sido mejor una almohada con mi cara… ¿Tú qué opinas Alva? ¿Quieres una donde dé un beso?

Lo voy a matar…

Metí con cuidado el portarretrato en la caja. Lo miré. Él seguía esperando una respuesta. Le sonreí de manera inocente. Con toda mi fuerza posible le aventé la caja a su cara.

-¡SERÁS IDIOTA! ¡¿POR QUÉ PIENSAS QUE QUERRÍA ESO?! ¡JODIDO BASTARDO! – Retomé mi compostura mientras él se sobaba la nariz.

-No has cambiado en nada.- Sonrió y me alborotó el cabello. Él siempre fue como un hermano mayor para mí. Pero nunca entendía su manera de pensar.

-No tienes remedio.- Alcé la caja y la guardé en mi chaqueta. Su regalo no era el mejor. Pero tampoco podía negárselo. –Déjame ver. Creó que te golpee un poco duro.- Lisandro dejó ver su nariz. Estaba un poco roja por el golpe en seco de la caja.

-Eres muy amable.- Soltó de repente. ¿Por qué lo diría? Si yo fui el que le había causado eso. Realmente no lo entendía. –Pero fue muy cruel Alva, creí que me querías.- Puso una cara de víctima y un puchero muy notorio.

Enojado le apreté la nariz y se la balance de derecha a izquierda continuamente.

-¡Ah! Eso duele.– Gritó sacando una lágrima.

-Lo sé- Le sonreí abiertamente cerrando mis ojos

-Sabes eres muy aterrador cuando sonríes y más de esa manera. Puedo ver una aura oscura a tu alrededor –

-Estás exagerando-

-Si te pones a mi perspectiva, pensarías diferente.-

-Es un poco tarde, me tengo que ir.-

Oh, claro entiendo, pero antes ¿Te importaría darme la dirección de un hotel cercano?– ¿Seré idiota o ciego? No me había percatado de sus maletas.

-¿Qué no vives aquí?- Pregunté sorprendido.

-Bueno me mudé hace ocho meses a la casa de mi madre. Ella está muy enferma, pero vine de visita por tu cumpleaños… Espera… ¿No te habías dado cuenta?-

-No-

-Le dejé encargado al recepcionista que si llamabas para saber de mí, te diera mi nuevo número. Pero tú nunca llamaste ¿verdad?- Lisandro volvió a poner su cara infantil y hablaba como si realmente estuviese llorando.

-Bueno ahora lo sé- le dije ignorando su patética actuación. –Lo que no entiendo es… ¿Por qué llegaste tan tarde?-

-Seré honesto. Tomé el vuelo equivocado.- Sonrió como si no le importase. –Me dirigía a tu departamento. Pero te encontré en el camino.-

-¿Por qué no buscaste un hotel primero? –

-Me emocioné el poder felicitarte de nuevo, que no lo pensé.-

Suspiré por su torpe comentario.

-No hay hoteles cerca de esta zona.-

-Tomaré un taxi, sólo anótame una dirección. No recuerdo muy bien esta ciudad.-

-¿Cuánto tiempo estarás aquí?-

-Dos días- contestó mirándome fijamente y sonriendo.

-Bueno no es mucho tiempo, si quieres puedes quedarte estos días conmigo.– Lisandro no me respondió al instante. Parecía pensativo. Sus ojos mostraban un vacío. Su postura era aterradora.

-Vale, acepto.- Pronto lo mencionado anteriormente cambió. Ahora era un infante. Me abrazó apretándome muy fuerte.– Sabia que te importaba.- Reía a cada segundo. Su físico demostraba a un adulto, pero su mente era de un crio.

-Oye yo nunca dije que me importas, sólo que no quiero regresar solo. Hay mucha inseguridad así que necesito que seas mi guardaespaldas. – Traté de fingir mi preocupación hacia él.

-Entiendo.- Dijo sonriendo. Tomó sus maletas y comenzó a caminar rebasándome. Le detuve y le quité una maleta.

-Rayos… ¿Cómo piensas cuidarme cargando esto? Eres un desastre.-

-Tienes razón.- Me sonrió y caminó a mi lado. –Gracias-

Silencié unos segundos. No comprendía por qué él aguantaba estar conmigo. Lo traté mal tantas veces, pero él siempre estuvo a mi lado.

Lisandro es molesto y ruidoso, sin embargo, él es mi único amigo.

CONTINUARA….

ABRAHAM ROCHA RDZ

Existen personas que no deberian de amar… Capitulo 4

 

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Agradecí y salí del consultorio con mis resultados en mano.

La recepcionista me despidió muy amablemente, por supuesto sólo levanté mi mano haciendo una señal de adiós.

Decidí irme caminando hasta mi casa. Necesitaba un momento para pensar. Quizá el viento, soplando las hojas de aquel árbol frondoso me haría reflexionar. El canto de ese pájaro tal vez me haría pensar otra cosa.

Al lado de un puesto de revistas típico de la esquinas, se encontraban regalando unos pequeños cachorros Silky Terrier. No pude pasar sin que captaran mi atención. Me quedé unos instantes observándolos, en verdad eran una monada. Me acerqué a la pequeña caja.

Eran cinco cachorros. No parecía haber cruce con otra raza. Eran de perfecto linaje.

Le hice caricias a uno de ellos, a lo cual los otros 4 se acercaron también. El pelaje de estos era fino, de textura sedosa. El más pequeño lamió mi mano e intentó morderla. Por supuesto no tenía dientes, de lo contrario hubiera aventado a ese animal muy lejos.

La joven que los estaba obsequiando pudo notar mi gran llamada de atención hacia ellos.

¿Desea tener uno? Parecen gustarle mucho los animales.-

¿Eh? No, es muy amable pero yo creo que debería venderlos. Son unos hermosos canes en perfecto cuidado. En lo personal pagaría muy bien por ellos- Dejé de acariciar al pequeño sabueso y con un pañuelo de algodón me limpié la mano donde me había mordido el más joven de los cinco.

Oh que va, por supuesto que no los vendería, debe usted saber que he empezado desde temprano a obsequiarlos. Sólo he logrado encontrarle casa a uno de ellos.- Dijo la joven mujer de cabellos oscuros y ojos grisaseos.

-Quizá no estás ubicada en la zona adecuada.- Era la verdad, estaba muy cerca de una brecha cerrada. Por lo general no deambula gente en esa calle.

-Jaja, lo sé. Confesaré que no fui cuidadosa en buscar un lugar concurrido. La caja no es nada ligera ¿sabes?- Ella poseía una hermosa sonrisa. Era muy atractiva, parecía una frágil muñeca de porcelana y con ese corto vestido de olanes color blanco, hacía resaltar sus rojos labios.

-Oh, entiendo.- Le sonreí. Recogí la caja donde los cachorros jugueteaban sin mucho esfuerzo. –Vamos, busquemos un hogar a estos pequeños.- Ella me miró muy sorprendida.

-¿Eh?… ¡EH! –Gritó- Espera no es necesario.- Tomó mis brazos tratando de que bajara la caja. Parecía un poco sonrojada.

-¿Por qué? Pensé que me habías lanzado una indirecta con tu frase “La caja no es nada ligera ¿sabes?”- Ella volvió a sonrojarse un poco más notable. Me soltó y cubrió su boca, desviando la mirada.

Te preguntas porqué causo ese efecto de ruborización en las mujeres. Yo tampoco lo sé. Isa siempre me ha dicho que soy atractivo pero tratándose de ella, siempre pensé que eran palabras amables.

-Supongo que quieres ayudarme…- Pensó un momento sin regresar a verme. –Vale te dejaré ya que pareces querer algo de compañía. Pero será a mi modo ¿Estás de acuerdo con eso? – Dijo de manera muy arrogante. Me guiñó su ojo derecho y sonrió abiertamente.

-Claro. ¿Debería llamarte Jefa?- Con tono burlón pregunté. Ella se sonrojó ahora más visiblemente.

-No… Mi nombre es Katherine.-

-Está bien, Katherine, es un placer. Yo soy Álvaro- Le extendí mi mano y ella la estrechó con la suya de manera frágil y amable, regalándome de nuevo su bella sonrisa.

-Lo mismo digo Álvaro.-

Comencé a caminar con la caja sobre mi hombro. Ella intentó igualar mi paso.

Llegamos a una plaza con un enorme jardín bastante concurrido y Katherine rápidamente me quito la caja y la puso sobre una banca vacía.

Uno de los tusos me miró como suplicándome que lo sacase de aquella gran caja. Con cuidado levanté al pequeño cachorro y le dejé que anduviera un rato en el parque jugueteando con las palomas.

No tardó para que una pareja con dos hijos quisieran a aquel sabueso juguetón.

Katherine estaba encantada de entregárselo a aquella pareja que parecía tan cariñosa y unida.

-Bien hecho Álvaro.- Dijo dándome un puñetazo en el hombro derecho. Debo decir que a pesar de su aspecto frágil y delicado, su golpe dolió.

Ella comenzó a sacar a todos los cachorros y los dejó que anduvieran paseando por el gran prado. Por supuesto sin perderlos de vista.

El segundo cachorro se fue en manos de una anciana que necesitaba compañía. Katherine no simulaba su sonrisa. Realmente estaba feliz de poder ver que sus mascotas se iban en buenas manos. No tardo para que otro de los tres pequeños se fuera con una pareja de recién casados. Katherine me sonrió y llamó a los dos cachorros hacia ella. Estos no tardaron en obedecerla, me sorprendió mucho que lo hicieran. Los tenía muy bien educados. Ella comenzó a jugar con los dos. Su risa era muy contagiosa y agradable.

-Oh… Mira qué monada.- Unos adolescentes de unos 16 años se quedaron mirando la escena de dueño y mascota unida que Katherine estaba proporcionando.

No sabría decir si ellos consideraban a los cachorros una monada por su actitud o miraban embobados a Katherine. No tarde en ponerme a la defensiva.

-Exacto son una ternura ¿Desean uno? – Sonreí cerrando mis ojos.

-¿Oye Carlos nunca has sentido como un escalofrió detrás?- Preguntó uno de ellos a su amigo.

-Ohm… Creo que sé de lo que hablas.- Me regresó a ver de manera nerviosa.

-Hola chicos, no pude notar que están interesados en uno de estos pequeños.- Katherine interrumpió el momento de tensión sonriendo de manera amable.

-¿Eh?- Dijeron al mismo tiempo, voltearon a verme. Yo aún no quitaba mi tan alegre sonrisa.

-Claro que sí… Yo quiero uno jaja. Son muy lindos ¿verdad? Francisco.-

-Sí claro… Son muy tiernos.- Acariciaron al cachorro.

-Me alegro que deseen adoptarle.- Katherine les entregó al segundo cachorrito que quedaba. Ellos lo tomaron, agradecieron y se marcharon. Sólo espero que ese pequeño canino esté bien.

Aunque cuando se fueron pude ver como ellos dos empezaron a jugar con el tuso y a pensar en un nombre para bautizarlo. Creo que después de todo no iban por Katherine.

No tardó mucho para que el Sol decidiese esconderse de la luna. Bañando a su paso con unos cuantos rayos. Mi sombra se hacía cada vez más notoria. No habíamos podido encontrar una familia para el último cachorro. Sin embargo a Katherine no le importó, parecía satisfecha de haber conseguido hogar a los otros pequeños.

Ella tomó entre sus brazos al canino, con su mano derecha lo sujetó firmemente. Comenzó a acariciarle con mucha ternura. Pude escuchar un pequeño suspiro exhausto por parte de ella.

Me senté a su lado y acaricié el lomo del cachorro, a lo que éste volteó y lamió mis delgados dedos. Tuve una sensación de cosquilleo y rápido escondí mi mano.

Katherine rió por el acto, se levantó de la banca y me extendió su mano.

-Ven conmigo Álvaro- Sujetó mi palma, jalándome un poco para que me levantase yo no puse objeción y así lo hice.

-¿A dónde vamos?– Pregunté sonriendo.

-Bueno como me has ayudado hoy, quisiera llevarte al lugar donde mi madre siempre me llevaba. Hay un puesto de helados cerca, vamos yo invito.- Respondió muy entusiasmada.

Que más me quedaba que decirle que por supuesto iría con ella.

Katherine no dejó mi mano, es más, se aferró de esta. Quien viera nuestra escena pensaría que somos un par de enamorados. No me molestó que lo hiciese me era muy agradable. Su mano realmente era suave y cálida. Las pocas veces que volteaba a mirarme, me sonreía.

Caminábamos de manera lenta como si ninguno de los dos quisiese soltar la mano del otro. Eso me causaba gracia y un poco de felicidad.

De su cuerpo emanaba una dulce fragancia, no sabría describirla, este aroma comenzaba con un olor a cerezas, después se desvanecía, dejando paso a olores florales, tal vez lilas o quizás a la flor almizcle blanca.

En todo el trayecto, sólo intercambiamos miradas y gestos de agrado. Ninguno de los dos se declinaba al dejar el contacto de nuestras manos.

Ella detuvo su caminar frente a una franquicia, con un gran letrero sobre la fachada que decía: “Less Bessones” un título muy llamativo y único. Ella insistía en seguir tomando mi mano, pero esta vez fui yo quien la sujeto más a fondo y la guié hasta la entrada.

En el vestíbulo se podían ver ocho mesas color caqui. Sólo tres de ellas tenían cuatro sillas, las demás sólo presentaban dos. Ese lugar era más un lugar al cual asistir con tu pareja.

Era un amplio lugar con una decoración extravagante, los contrastes con diversos tonos café, eran muy adecuados. Se podía percibir un ligero aroma de café y aire frío. La iluminación no era muy intensa, era de un tono amarillento combinado con suaves toques naranja, que contrastaba con el color chocolate de unas cuantas macetas.

Las vitrinas panorámicas dejaban ver una gran variedad de sabores frutales. Y sobre esta, distintos clasificados de barquillos.

Temí que no dejasen pasar al pequeño cachorro por tomar medidas de higiene sanitaria. Sin embargo me equivoqué. Nos asignaron una mesa cerca de una gran ventana.

Un joven mesero que no despegó la vista de Katherine, preguntó un poco nervioso:

-¿Puedo tomar su orden?.-

-Por favor.- Sonrió Katherine -Yo quisiera una copa sencilla de yogurt natural. Agréguele poco durazno.-

-Enseguida señorita. ¿Y usted caballero?- ¡Vaya! Volteó a verme, pensé que no había notado mi presencia.

-Sólo tráigame una copa de vainilla.- No tenía muchas ganas para un helado, era un poco tarde para consumirlo. Pero claro que no podía negarle la invitación a ella.

-¿Desea agregarle jarabe de caramelo encima?-

-No gracias así está bien.- Respondí desinteresadamente.

-¿Alguna galleta quizás?- Volvió a preguntar el mozo.

Odio los lugares donde insisten en agregar algo más a tu pedido. Me es desesperante.

-Le repito que mi orden está completa.-

-Enseguida regreso con su pedido.-

Katherine sonreía divertidamente, como si hubiese leído mi pensamiento de desesperación a las preguntas del mesero.

 

-Omitiendo eso, es un lugar muy agradable.- Dijo tranquilamente sin dejar de verme.

-No lo niego. Parece acogedor.– Le respondí muy calmado, apoyando mi mejilla sobre mi mano.

Ella simplemente se limitó a sonreírme. No podía entender cómo una simple expresión de parte de suya me hacía sentir feliz y calmado.

Katherine me miró un momento pensando, luego sus mejillas se pusieron muy ruborizadas. ¿Qué le ocurría? Me preguntaba, hasta que recordé que aún no soltaba su frágil mano.

-Lo siento- Le solté de manera apenada.

Ella no movió su mano de la mesa. Guiñaba más apresuradamente. Realmente parecía nerviosa. Sus movimientos eran un poco torpes. Tartamudeaba ligeramente.

Todo eso me causaba gracia y ternura. Katherine era muy encantadora. Era muy tierna y frágil.

Nuestro pedido no tardo mucho. Servido en una bandeja plateada. El mesero puso las dos copas cristalinas sobre la mesa. Cuidadosamente colocó las cucharas encima de éstas.

-Fue un placer servirles.- Hizo una reverencia y se retiró.

No parecía heladería, me sentía como en un restaurante de gran prestigio. Supongo que eso lo hacía único a este lugar.

Katherine tiró la cuchara al piso. Sus movimientos torpes continuaban aún. Se sonrojó por su pequeño descuido.

Me apoyé de una mano sobre la mesa y me agaché por el utensilio. Ella sólo me agradeció muy apenada. Le temblaba la mano con cada cuchareo que daba a la copa. Yo le sonreía y no le quitaba la mirada. Esto hacía que se pusiera más nerviosa.

-No me mires tonto- Dijo de manera muy infantil.

Solté una pequeña carcajada y ella me embarró un poco de helado en la nariz. Al instante tomé una servilleta y me limpié. Ella cubrió su boca dejando salir una pequeña risita.

Sentía alegría el poder verla. Me di cuenta de algo. Encontré solución a mi problema.

Katherine me hizo no pensar en ti, esto era lo que faltaba. Un pequeño distractor y ella era la clave…

Continuará…