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Existen personas que no deberian amar II… capitulo 2

Hace tiempo en algún lugar olvidé lo que era el amor y los sueños… Pensé que eran sólo inservibles y que serían un estorbo en mi vida. Que equivocado estuve… Estoy agradecido de haber conocido a la persona que me lo enseñó. Logró librar el ser humano inmaduro y cobarde, de las frías cadenas que me tenían aprisionado. Me recordó lo que tiempo atrás abandoné. La gentiliza, la amabilidad, el amor… Todo aquello que me brindó para volver a renacer, siempre se lo agradeceré.

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El sol desaparece pronto para mí. Es como si decidiera esconderse dándole un empujón al telón de la noche dentro de la fría y silenciosa habitación donde sólo queda la tristeza de saber que te he perdido, pero más tristeza tengo al saber que nunca la veré más…

Ya no puedo estar a su lado y no puede verlo… Pronto me olvidara. Pronto sanara cada una de las heridas. Fingiré estar bien como si dejará atrás mis sentimientos sólo en mi memoria. Matando lentamente el sufrir que me puede causar.

Sólo estoy pagando cada una de mis acciones. Aquello que deseé, frágilmente colapsó y es cubierto por un imaginativo castillo de arena que desaparecerá. Aunque lo anhele, aunque quiera volver a gritos. No puedo. Hice daño a una escala que no está prescrita. Perdí a mi familia, también pierdo la luz y al amor de mi vida. ¿Merezco ser perdonado?

Ah… Soy un idiota. Aun cuando quería transmitirle tantas cosas, ya es muy tarde… No puedo regresar el tiempo. Y aunque lo hiciera, estoy seguro que no podría darme cuenta. Yo le causé tantos problemas…

Sólo nos queda abandonar nuestros sentimientos. A pesar de que para mí sean frágiles y delicados intentaré desconectarlos.

Estar con éste amor a medias es como congelar el florecer de las rosas. Es tan distante que estoy a punto de ya no verlo. Ella ya no está… Mi persona amada, mis preciados días a su lado ¿A dónde irán? Tallaré mi amor y mis pecados, manteniendo en mis pupilas el adiós y la tristeza.

Ella fue una persona que danzó con una máscara de completa traición. Pensaba que era el destino… Para Valeria no era una coincidencia el que nuestros caminos se cruzaran.

Pensé que yo le había colocado una venda, pero creo que en realidad la venda siempre la tuve yo. Aun cuando creía tener todas las respuestas, ella me mostró una sincera sonrisa y drásticamente cambió todas las preguntas que un día me formulé.

Lamentarse es lo más patético que puedo hacer. No hay forma de que me permita estar con ella. No tengo ningún derecho… Ese privilegio yo mismo lo tiré.

Repentinamente las lágrimas comienzan a fluir y a desaparecer… Incluso si mi pecho está a punto de explotar de dolor, no puedo deshacerme de mis sentimientos, así que sólo cargaré con ellos. Las lágrimas se agotaran, mi voz se marchitara y aun así, el lacerante dolor quedara profundo en mi pecho…

Cuatro años… Cuatro años ya han pasado Valeria. Esta es mi última mentira que probablemente me condene más. La última que me hizo desaparecer de tu vida. No pediré ser perdonado ante tal acto de idiotez.

Rozar la muerte fue experiencia que no deseaba sentir… Yo debí haber muerto… No debería estar sentado en esta habitación mirando el aburrido techo. No entiendo cómo es que sigo aquí… Este es mi castigo. Ver como mi amada sufre… Ver a mi hija crecer lejos de mí… Esto es una agonía… Pero no puedo regresar a ellas…

“-Sexta descarga… ¡Ahora!-

-¡Doctor está reaccionando! El marcapasos parece estable… ¡Lo logramos!-

-Joven Álvaro tranquilícese todo irá bien… Enfermera, dé el aviso a los acompañantes. También necesito un protocolo de tratamiento, debemos asegurarnos de su salud… –

-Por favor… No lo haga…- Tomé de la bata al doctor Blake con pocas fuerzas.

-¿Eh?… Joven Álvaro no se esfuerce… Cálmese…- Me tomó gentilmente del hombro. -¿Se encuentra usted bien?, Enfermera, traiga el suero…

-Se lo suplico… Es lo único que le pido Doctor Blake… Por favor…- El aliento se volvía más pesado a cada palabra…

-¿De qué está hablando joven Álvaro? La señorita de hace rato ha estado muy preocupada… Todos sus acompañantes están preocupados. Mi obligación como doctor es…-

-¡Por favor!- Me levanté bruscamente… Joder, estúpido dolor. El aire nuevamente se escapa…

-¡Cálmese! ¡No puede hacer movimientos bruscos! ¡¿Es que acaso desea tener más problemas?! –

– Doctor Blake… Sólo necesito a mi hermano… Sólo necesito a Lisandro… Se lo ruego…- Mis lágrimas resbalaron fríamente nublando mi mirada. Esto era de lo peor… Morir quizás sea otra forma de amar… Otra forma de gozar… Otra felicidad que no puedo alcanzar…

-…Enfermera… Llame al señor Riveil… Omita cualquier información y pregunta…-

-Enseguida doctor…-

-Joven Álvaro… No preguntaré el porqué de su insistente discreción, pero ¿tiene idea de cuantas normas he de quebrantar en estos momentos?… Sé que nos conocemos desde que usted era un pequeño, pero no debería tomar este tipo de confianzas conmigo… –

-Gracias doctor…-

-Usted nunca cambiara ¿verdad?- Sonrió de manera gentil. –Bueno, espero que esto no sea un error de su parte. Pero quiero que recuerde esto, el valor de un acto se juzga por su oportunidad…-

-Lao-Tsé ¿no es así?-

-En efecto… Me sorprende que ubique una de sus frases. No conozco a muchos que sepan acerca de este señor.- Escondió sus manos en uno de los bolsillos de su elegante bata blanca.

-Su existencia aún está en duda…-

-Tienes razón… Sin embargo, la filosofía propuesta es muy aceptable para mí.

-Es curioso que siendo usted un médico de tan reconocido hospital, crea en el taoísmo… ¿En qué parte exactamente está usted de acuerdo? ¿La relación de armonía del ser humano con la naturaleza o la inmortalidad?-

-No es anormal joven Álvaro. El taoísmo nunca fue una religión. Sólo ha sido filosofía. En efecto, soy hombre de ciencia pero con respecto a su pregunta ambas van entrelazadas. Sin embargo, a lo largo de los años que llevo ejerciendo como doctor, no puedo creer en la inmortalidad de la manera en que lo ven los demás. De lo contrario, podríamos decir que no tiene caso esforzarnos en diferencial el mal del bien, pues ni el bien ni el mal existen como tal. Sólo son un simple cambio de perspectiva que recibe la gente.-

-Lo siento… Aún no logro trascenderlo

– Algunas creencias sustentan que es algo espiritual. Es decir que el alma nunca muere. Si la vemos desde otra perspectiva. Hay muchas formas en la que el ser humano puede ser inmortal. Por ejemplo cuando una persona aparenta cambiar por completo. No estoy de acuerdo con esa lógica. No considero que una persona pueda cambiar.-

-¿Qué quiere decir?…-

-De una manera sencilla y entendible, se puede decir que esa persona simplemente dejó de hacer ciertas acciones características de su personalidad. O en otras palabras, enterró una parte de ella. Sin embargo, esta no murió. Sólo se ocultó. Puedo que incluso vuelva a surgir cuando menos lo esperes de una manera más fuerte pues se contuvo demasiado. Ahí tienes otro concepto de inmortalidad. –

-Ya veo…-

-Ah… Debo dejar de sacarte palabras, no estás en condiciones de tener una charla amena.- Comenzó a revisar todo el equipo que me rodeaba y a examinar mi cuerpo.

-Doctor… ¿Usted crees que estoy haciendo lo correcto?…-

-No soy yo quien debe responder esa pregunta. Algún día su valor se determinara. Las decisiones son propias. No busques a terceros para que te digan que hacer. Si no comenzaras a tener culpables en las consecuencias y estar involucrado es lo que menos quiero. Sólo recuerda la frase y entiéndela antes de sentir que ha sido un error…-

-…Si… Gracias…- Sólo recibí una sonrisa de su parte… Mi decisión ya estaba tomada… El camino que escogería, era sumamente cruel… Pero justo para mí… “

-Álvaro… ¿Qué estás haciendo?- Lisandro gesticuló un rostro de disgusto.

-Viendo el techo… Es muy bonito…- Me paré de la cama donde me encontraba reposando.

-Tú siempre eres así…- Suspiró agobiado.

-Lo siento… Apropósito Lisandro, ¿qué tal va la empresa de nuestro padre?- Me burlé al enfatizar la última palabra.

-Ah… Ni me recuerdes de ese lugar. Ahora entiendo porque no querías aceptar tomarla. Eres muy listo Álvaro… Mira que dejarme todo el trabajo a mi…-

-Si no querías estar al mando, debiste rechazarla.-

-Lo sé, pero el señor Brais me rogó demasiado… Tú sabes que no soy bueno negándome a tales insistencias.-

-Es uno de tus tantos defectos mi querido hermanito.-

-Oh vamos, deja de burlarte.- Sonrió dándome un pequeño golpe en el hombro. -Por cierto, feliz cumpleaños…- Lisandro me extendió un presente con un envoltorio delicado.

-¿Ah?, gracias. No tenías que darme algo…-

-Soy el único que tiene el privilegio de felicitarte en persona- Inseguro me observó unos minutos.

-Tienes razón…-

-Venga hombre, no pongas esa cara.- Me tomó de los hombros, tratando de hacerme sonreír. –Vamos, abre tu regalo.-

-Sigues siendo como un niño.- Rasgué cuidadosamente el papel. Saqué una cadena con un pequeño dije redondo color plateado. –Es un colgante bonito, gracias…-

-Espera, eso no es todo.- Tomó delicadamente el presente y abrió el guardapelo. –Si tu necedad sigue con tu decisión, por lo menos deberías llevarlas contigo.- Me enseñó las pequeñas fotos que había colocado.

Del lado derecho, se encontraba una foto de mi querida prima. Su tierna sonrisa aun en foto me tranquilizaba. Del lado izquierdo, había una foto que me dejó inmóvil y con una profunda depresión. Valeria se encontraba sonriendo rebosante de felicidad, cargando a Fernanda, mi pequeña hija…

-G-Gracias…- Las palabras eran más difíciles de pronunciar. Sentí que lentamente me ahogaba en un mar de nostalgia.

-Álvaro… Aun no lo entiendo. ¿Por qué intentas olvidar lo que alguna vez te hizo feliz?-

-Jamás me permitiría borrar tan sinceros sentimientos. Nunca la olvidaré… Pero después de todo lo sucedido, no me siento capaz de demostrarlo. Echo de menos cada palabra, cada pensamiento, cada tacto, cada sonido, cada sonrisa… Cada uno de sus enfados, sin embargo simplemente verla sonreír es suficiente para continuar con vida. –

-Aunque digas eso, no lo parece. Quizás no moriste físicamente… Pero, pareces un muerto que intenta vivir. Pensé que habías sepultado a tu “otro yo”-

-Yo también lo creí Lisandro… Lo intenté, pero no fue suficiente. Me convertí en lo que más odié y lo que más deseo destruir. Tengo que retenerlo hasta que ella olvidé mi existencia… Una vez que Valeria lo consiga, moriré y no la lastimaré más… –

-Me pregunto cuanto aguantaras…- Suspiró agobiado. –Álvaro, si Valeria se enamora de alguien más ¿Crees poder aguantar el impulso?-

-No. Me invadiría el dolor hasta que lentamente me atrape, pero… Una parte de mí me detendrá y hará que observe hasta el último momento del adiós.-

-No creo que el amor sea algo de autocontrol… ¿Realmente deseas abandonar lo que ella te mostró?-

-No… No lo dejaré. ¿Aún no lo entiendes? Lo llevaré conmigo hasta que muera. Por más que sumamente gélido, lo cargaré siempre.-

-Álvaro… ¿Consideras que jamás volverás a enamorarte? ¿Qué harás si al día siguiente tu corazón late por otra persona?-

-…Eso es imposible. Yo ahora vivo en el olvido. Esta habitación se ha convertido en mi nuevo mundo… Esta es mi nueva vida…-

-Sabes… Eres igual que un pájaro…Igual de resignado cuando lo meten a una jaula. No hay nada más patético que pensar que jamás obtendrá su libertad. Es lo que más odio… Por eso, tú no serás como un ave que olvidó sus alas…-

-¿Qué quieres decir?-

-Si quieres iniciar una nueva vida, no seré yo quien te detenga. Pero ten en cuenta que para hacerlo, debes dejar atrás otra.-

-¿A qué te refieres?…- El rumbo que había tomado esta conversación no me agradaba.

– No dejaré que te arranques las alas. Lenguaje de escritor Álvaro…-Sonrió burlonamente. -Soy tu hermano, por eso permíteme darte una nueva vida.-

– … ¿Pretendes ser una especie de Dios? Deja de decir tonterías… ¿A qué estás jugando Riveil?-

-La pregunta sería “¿A qué estamos jugando?” Ahora si me disculpas. Tengo que ir a recoger a un amigo que ha llegado de improviso. Parece ser que lo han transferido y ha decidido mudarse…-

-¿Amigo?… ¿Qué amigo?-

-Su nombre es Marlon… Marlon Crosman. Lo hubiese invitado a mi hogar pero tuvo una pelea con Emilie, al grado de que no pueden verse más…-

-…Espera… No estarás hablando de…-

-Así es. Ya está decidido. Le he pedido el favor a una empleada de la empresa. Se quedará con ella unos días en lo que encuentre un lugar en donde encajar. Fue una suerte que haya aceptado aun cuando fue inesperadamente.-

-Ni lo sueñes…-

-Álvaro, escúchame… Si ya no quedan oportunidades, ¿no sería conveniente crear una?- Su cuestionamiento me intrigaba.

-Oye… Tú de verdad quieres a tu hermano ¿no es así?- Pregunté sarcásticamente.

-No sabes a que grado.- Sonrió desafiante. –Tómalo como un inicio. Después de todo, estás dispuesto a comenzar de nuevo ¿no es así?-

-Yo nunca dije eso…-

-Todo ser humano merece ser feliz… No importa la cantidad. No importan los errores o el pecado…-

-Yo ya fui feliz… Y por idiota dejé escaparlo… No hay manera de que lo recupere… Ella se llevó todo de mí. No queda nada…-

-Lo siento… Pero no permitiré que mueras en el profundo océano si estoy viéndote ahogar. No cometeré más errores, debo sacarte antes que vayas más adentro…- Sus palabras me herían… Su preocupación me daba rabia. Había algo más oculto en sus metáforas… Pero ¿qué?

-¿Qué clase de prueba es esta Lisandro?-

-No es una prueba…- Me miró fríamente. Tomó el colgante y alzó mis manos poniéndolo encima…-Has decidido abandonar tu otra vida. Por lo tanto… Este es tu renacer, Álvaro.

Abraham Rocha Rdz

Existen Personas que no deberian amar II …. Capitulo 1

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Tenía que estar bromeando…

-Necesito este pequeño favor Alice, ¿podrás hacerlo?-

Asenté con la cabeza, en el fondo sabía que él ya conocía mi respuesta, después de todo, cómo le diría que no a mi jefe. Suspiré agobiada. El tener un inquilino en mi casa no era un sueño efímero, y mucho menos sabiendo que era una persona influyente para mi jefe. Tenía que ser una buena anfitriona, de lo contrario perdería mi empleo. Esto no era un favor, era un fuerte aferró de pie, de mis pies. Ahora entendía porque Margarita preguntó sí vivía sola. ¡Odio los secretos de oficina! Aunque en lo personal, no me molesta tener algo de compañía….

¿Cómo sería mi huésped? ¿Sería hombre o mujer? ¿Adulto, joven o bebe? Oh por el divino señor, que no fuese un bebé, no soy buena niñera.

-Tranquila señorita Alice, no tendrá que cuidarle y mucho menos cambiar pañales- Como si leyese mi pensamiento dijo sonriendo el señor Riveil, Lisandro Riveil, mi jefe. -Su nombre es Marlon Crosman un viejo colega del colegio. Se mudó a Manhattan hace años, ahora ha regresado pero no encuentra un lugar donde instalarse, mi prometida Emilie tuvo un pequeña riña hacia él, por lo que me es imposible tenerlo en mi hogar, sólo será un tiempo en lo que encuentra un lugar estable, además de que usted puede ser de gran influencia para su ámbito laboral. Le aseguro que no le causará muchas molestias, es tranquilo y un poco solitario, pasara desapercibido se lo aseguro, y nuevamente señorita Alice le estoy eternamente agradecido. – Agregó casi en reverencia.

Quería sugerirle buscar un apartamento, pero los ojos del señor Riveil parecían gritar desesperadamente mi aceptación.

Creo que debía sentirme de cierto modo agradecida con él, por tenerme la confianza, a mí, a la torpe novata que llegó hace apenas dos meses, a la inexperta Alice Bafflen.

-No se preocupe señor Riveil, no será ninguna molestia-

-Oh, por favor dime Lisandro, tenemos casi la misma edad- Sonrió dulcemente.

Riveil tenía 29 años y yo 27 había una pequeña diferencia que sabía disimular muy bien. Parecía que nuestras edades fueran a la inversa.

-A propósito señ… Lisandro-Corregí- ¿Por qué me pide este favor? No llevo mucho tiempo en la empresa, podría haber escogido a otra persona, sin embargo usted me eligió –

-Esa es la clave, no llevas mucho tiempo aquí, un punto a mi favor-

-Disculpe pero aún no entiendo…-

-Lo siento señorita Alice, tengo una importante reunión, debo irme. -Me interrumpió y se paró de golpe de su elegante silla. – Yo personalmente llevaré a Marlon a su morada. Hasta luego-

No insistí, igual si lo hacia él no estaría dispuesto a contarlo. Llegué apresuradamente a mi casa, tenía que dar una buena impresión, era la primera vez que tenía visita y no era cualquier visita. Arreglé el living lo más formal posible, el comedor relucía de limpio, el cuarto donde mi inquilino reposaría tenía la mejor comodidad que podía brindar, el cuarto de baño recibió mucha atención de limpieza. Mi habitación…Bueno, ella quedó igual, no soy muy ordena en ese aspecto, pero que más daba, no entrarían a ver, eso esperaba. Bastaría con cerrar la puerta y ¡puf! casa ordena de una joven ordena.

Sonó el timbre de la entrada, alarmada corrí al baño a medio arreglar mi aspecto.

-¡Enseguida voy!- Grité agitada.

Abrí la puerta y con una gran sonrisa dije

-¡Bienvenidos!-

-Alice… Sólo vengó a dejar tu correo- Ethan el cartero me extendió tres sobres.

-Lo siento…- Traté de disimular mi vergüenza.

-¿Esperas a alguien?- Preguntó divertido.

-Creo que se notó-

-Jaja, bastante- Rió ante mis expresiones de nervio- Bueno, hasta luego Alice- Agregó y se marchó enseguida.

Cerré la puerta y me recosté en el sofá. De verdad estaba algo cansada. Quizás Lisandro se había retractado y me llamaría para cancelar. Cuanto lo deseaba.

Sonó el timbre casi al instante de cerrar la puerta.

-Ethan ¿Qué has olvidado esta vez?- Abrí y… ¡Sorpresa! mi jefe me regaló una de sus tantas sonrisas.

-Buenas tardes señorita Bafflen-

-B-Buenas tardes señor Riveil…- tartamudeé apenada.

-Lo siento si he interrumpido algo.-

-P-para nada… Me he confundido…-

-No tiene de qué disculparse. Le presento a Marlon Crosman, mi querido amigo-

Detrás de él se asomó un joven apuesto, alto no tanto como mi jefe, pero era de una estatura mayor a la mía, de unos bellos ojos color avellana, con una mirada nostálgica y su piel pálida que dejaba ver sus bellos labios opacos. Casi quedé hechizada por su encanto, este hombre viviría conmigo, sólo los dos bajo el mismo techo, que ilusiones tan humillantes tenía.

-Un placer conocerle… Alice- Su suave voz varonil dijo mi nombre tan seductivamente… Pero ¡espera! ¿Cómo este hombre conocía mi nombre? Por supuesto tonta Alice, Lisandro le contaría.

-El placer es mío…- Más nerviosa no podía notarse.

-Creo que no hace falta presentarte Alice- Interrumpió mi jefe.

-¿Ah? ¿De qué habla? Él conocía mi nombre, quiero decir, ¿usted no le habló de mí?-

-En absoluto- sonrió. ¡¿Quién demonios accede a vivir con una desconocida?!

-Tu identificación- Espetó Marlon.

Mi cara se enrojeció, es verdad, llevaba puesto mi credencial con mi nombre, había estado tan ocupada arreglando mi casa que olvidé cambiar mi blusa.

No supe que responder, me quedé sin palabras. Creí morir de vergüenza por tan insignificante detalle.

-Es un bello nombre para una bella mujer- Agregó Marlon para romper la tensión.

-G-Gracias… ¡Oh! ¿Dónde están mis modales? Adelante pasen…- Abrí más la puerta.

-Pensé que nos dejarías aquí- río Lisandro. Él como siempre tan risueño, lo único que logró fue elevar mi tensión.

Ambos se adentraron. Marlon llevaba consigo 4 maletas. Era extraño que sólo fuese esa cantidad. Quiero decir, el señor Riveil dijo que había vuelto para quedarse, sin embargo es una cantidad de equipaje pequeña… Podría ser que como no encuentra un lugar estable por el momento sólo necesito eso. Debería dejar de hacerme cuestionamientos ilógicos…

-Lo siento…- Escuché decir a Marlon.

-¿Algo va mal señor Crosman?-Pregunté un poco nerviosa.

-Si… Disculpa que sea una molestia. Quiero decir. Mi llegada tan repentina a tu morada debe ser algo incómodo para ti. Creo que Lisandro debería tener más consideración con respecto a este tipo de favores.-

-Ah… No hay de qué preocuparse. No me molesta en lo absoluto.-

-Estás mintiendo ¿no es así?- Maldición… Me atrapó…

-N-no… Se equivoca…-

Él se quedó contemplándome unos segundos para después dar un suspiro prolongado.

-Lisandro es tu jefe ¿verdad? Él se ha aprovechado de eso para pedirte tal favor. Hay muchas razones para que tú aceptases. Prácticamente has accedido por obligación ¿me equivoco?-

-Si… Tiene razón… ¡Pero!… De verdad no me molesta el hecho de que usted permanezca aquí. Estoy de cierto modo agradecida con el señor Riveil por pedir este favor… Quiero decir, no llevo mucho en la empresa. Sin embargo él me tomó en cuenta y me confió como una casera… – Creo que no debí haber dicho tales palabras. ¿Qué pensara ahora de mí? Tonta Alice…

-Ya veo… Pero aun así, es sumamente desconsiderado de su parte. Te aseguro que no seré una molestia. Trataré de pasar desapercibido para que no notes mi presencia.- Me sonrió de una manera gentil y cálida… Esta persona era… Un poco extraña. Sus palabras y su sonrisa parecían sinceras, sin embargo, me inquietaba aquella mirada profunda y perdida que parecía llena de melancolía.

-No hay de qué preocuparse señor Crosman. Me agrada la idea de tener compañía…-

-Oh, por favor, no ocupes formalidades. Simplemente Marlon está bien para mí. Y aunque aprecié tu gesto solidario, no quita el hecho de que perturbe tu paz. Después de todo, has vivido sola ¿no es así?-

-¿Ah? Si…- Es cierto que desde hace tiempo comencé a vivir sola. Me independice hace tiempo.

Tenía sus desventajas el vivir con alguien más. Pero aun así, la compañía nunca viene mal… Espero no arrepentirme de mis pensamientos. Aunque creo que eso sería imposible, el amigo del señor Riveil parecía una persona grata. Y además tenía algo especial… Él era gentil, parecía amable y encantador… No, no ¡No! Alice, recuerda que no tienes que sentir eso por alguien… Lo acabo de conoces y ya me estoy haciendo ideas equivocadas… Los hombres aparentan ser así para después burlarse. Deja de decir tonterías. Comencé a regañarme por estar a punto de olvidar lo que prometí hace años…

-…Tú dijiste que él era…-

-¡NO! No lo es… Siempre mintió… Todo fueron falsas esperanzas… Recuerda siempre esto Alice… Mi pequeña Alice… Los hombres son iguales… Todos. Son unas bestias sin corazón… ¡Nunca, escúchame bien, nunca, esperes algo de ellos! Tienes que valerte por si ti misma, ¿entendido?-

-P-pero…-

-Alice… Escucha a tu madre… Los hombres son falsos…- Sentí su tierno abrazo rodear mi cuerpo de 10 años…”

En aquel entonces, yo no entendía el porqué de la situación. Sólo quería saber dónde estaba mi padre… Yo era una pequeña que lo necesitaba. Sin embargo, tiempo después me enteré que nos abandonó a mi madre, a mi hermana pequeña y a mí… Fue entonces que entendí las palabras de mi mamá. Ella tenía razón. No debía depender de alguien. No debía confiar de nuevo. No debía abrir mi corazón y ser débil. De lo contrario, terminarían pisoteándome, igual que a ella hace años.

-Por cierto… Lisandro ¿Cuándo piensas ayudarme con esto?- Escuché decir a Marlon quejándose un poco.

-¿Eh? ¡Ah! Lo siento… Ya voy…- Quedé sorprendida por el modo que tenía al hablar con mi jefe. Quizás esta persona sea de mucha influencia para el señor Riveil. No importaba si fuesen amigos o no.

-Date prisa…- Fueron sus palabras tan exigentes. Realmente no lo entendía.

-Deberías ser más cortes con tus palabras ¿sabes?- Lisandro tomó las maletas y con la mirada me suplicó que lo guiase a donde Marlon se quedaría.

-No tengo por qué ser amable con alguien que abusa de confianza con sus empleados- Parecía molesto.

-A Alice no le importa ¿verdad?- Me sonrió de manera cómplice.

-Oh… En lo absoluto…- Tartamudeé un poco.

-De nuevo lo estás haciendo Lisandro…-

-Vale, vale, me has atrapado. Prometo recompensarte de algún modo Alice.-

-N-no… No se preocupe señor Riveil…-

-Vamos, deja de llamarme así… Sólo dime Lisandro ¿de acuerdo?-

-Si… Lo siento… ¡Ah! Cierto… Déjenme guiarlos a la habitación que he preparado- Comencé a sentirme un poco intranquila. Sentía una mirada fija en mí.

Abrí la habitación torpemente. Debido al poco tiempo del que disponía, sólo había una cama cerca de la ventana. Un armario que mi hermana me había regalado hace años y un pequeño escritorio un poco deteriorado pero aun parecía seguro de usarse, encima de este había una pequeña lámpara.

-Sé que es muy poco, pero espero que sea de su comodidad. Aunque si lo desea podemos mejorarlo para que tenga una mejor estancia-

-No… Así está bien, gracias.- Me observó unos momentos detenidamente. Parecía estar escaneándome. Por un momento me sentí intimidada.

-Alice ¿Acaso este cuarto ya lo tenías?- Preguntó Lisandro dejando las maletas cerca del escritorio.

-Tuve que acondicionarlo. Esta habitación había estado vacía desde hace tiempo.-

-¿La cama también la has acomodado tú?- Me cuestionó Marlon sin dejar de mirarme de esa manera.

-Si… –

-Lo sabía…- Me tomó del brazo delicadamente. -Te has lastimado haciendo esto ¿verdad?- Volteó mi muñeca mostrando el rasguño de mi antebrazo. Es cierto que al mover la base del colchón por un torpe descuido, rocé mi piel contra el metal. –Lo había notado antes, pero no estaba del todo seguro…- Ahora entendía porque su penetrante insistencia es mirarme… Él estaba preocupado…

-Oh… Esto no es nada… Sólo es una pequeña rozadura.- No debía parecer débil…

Como si me estuviera desafiando, dio un pequeño apretón al lugar de la lastimada. Joder que dolía.

-Aun te duele ¿cierto?…-

-Pero… D-De verdad no es nada grave.- Traté de zafarme de su agarre.

-Dejen de coquetear ustedes dos.- Sentí la cara hervir por las vergonzosas palabras que dijo Lisandro. Este tipo de comentarios realmente me ponían nerviosa. -Alice, lamento que haya ocurrido esto. Debiste haberme pedido ayuda. Lo siento por dejarte esto a ti sola. No sabes lo apenado que estoy.-

-No hace falta que se disculpe…- Ellos dos estaban dándole demasiadas vueltas al asunto. Quiero decir, este pequeño “accidente” si se le puede llamar así, son cosas que le ocurren a todo el mundo. Considero que no deberían hacer tal drama. Las mujeres no somos tan delicadas como para quebrarnos por algo tan neutro.

-Descuida Alice, haré que pague más tarde por esto.- Marlon miró molesto a Lisandro.

-Será en otro momento. Tengo que irme, prometí reunirme con Emilie.- Pronto la mirada de Marlon se volvió pasiva por sus palabras.

-Ya veo… Entonces ve con ella… No la hagas esperar…-

-Eso haré… Bueno, Alice me retiró. Nuevamente, gracias por acoger a mi gran amigo. Nos vemos en la oficina.- Me tomó del hombro y me regaló una sonrisa gentil.

-No se preocupe señor.-

Observé un momento a Marlon… Drásticamente su humor había cambiado. Parecía lleno de tristeza con su cabeza agachada y su mirada perdida. ¿Qué estaría pensado? Quizás la riña de la que habló Lisandro haya sido más drástica… ¿Marlon estaba enamorado de la prometida de mi jefe?… Eso podría ser una opción.

Por extraño que suene, puede que esta persona lleva miles de cicatrices consigo. Incluso su voz parece romper en pedazos… Creí que eran ideas mías… Pero, algo en mí, intuye que aquellos ojos llenos de nostalgia, ocultan un dolor indescriptible…

¿Qué clase de persona eres, Marlon Crosman? Fue la pregunta que me hice al notar una silenciosa lágrima recorrer su pómulo derecho…

RECUERDOS ….¿DEBERIAS DEJAR DE FUMAR?

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– “¿Por qué?, ¿hace daño fumar o algo así?“

Decirle a alguien que deje de fumar porque es dañino para su salud es estúpido. Él sabe que es dañino, pero aun así lo hace; o al menos ese es mi caso. También sé que todos moriremos en algún momento, la única diferencia es que yo lo haré antes. Bien, mis razones son más difíciles de entender que de explicar si no has tenido la misma sensación que yo al encender un cigarro.

Y es que al hacerlo no sólo enciendes “un cigarro”, “enciendes” un tranquilizante, una esperanza, un sentimiento que sabes que se consumirá poco a poco pero lo disfrutas por el tiempo que dure… Verás, personalmente jamás diré que soy un “escritor” o un “poeta” porque solo soy un pendejo con pluma y papel, cuya inspiración dura lo mismo que dura un cigarro. Y no tienes ni idea de cuantos sentimientos, de cuánto dolor, cuantas preocupaciones se han consumido en algún cenicero.

En esas ocasiones en que una cajetilla fue mi única acompañante, además de la Soledad… Maldita Soledad. No me gusta Arjona, pero tuvo mucha razón en esto: “19 cigarros en fila dicen que es mala la nicotina, pero es peor la soledad”. Y es verdad; no muchos saben todo lo que la soledad puede llegar a asfixiar… E irónicamente, un cigarro es lo único que me da ese “aire” para seguir, para sentirme real. Por eso es que pienso en ti, luego fumo.

AHORA ME DOY CUENTA QUE DEJE DE FUMAR Y TE PUDE OLVIDAR ….

BY: ABRAHAM ROCHA RDZ

 

existen personas que no deberian amar… capitulo 27 & 28 final

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-Hermanos… Debe ser una broma…-

“…Me molesta que los demás se aprovechen de alguien por prejuicios; ¿Qué hay de malo el que quiera cuidarte?; Eres mi mejor amigo Álvaro; Sabes, estoy feliz de tenerte a mi lado, eres demasiado amable…” Fui un iluso…

“… ¡Por favor vayamos juntos al partido del sábado!; Oye, adivina, entré en la misma secundaria que tú, estaremos juntos en la misma clase; Eres un poco cruel con las chicas, pero por lo menos eres sincero; ¡Álvaro! ¡¿Por qué no me dijiste que te habías lastimado?! Joder macho, siempre eres así. Vamos déjame ver que tan grave es…” Cada una de sus palabras…

“…Yo sólo quiero cuidarte; Eres muy importante para mí…” Todas ella eran mentiras… Él sólo se sentía comprometido ¿no es así?

Me sentía inmóvil en aquellos momentos. Siempre traté de huir de mi pasado, sin darme cuenta que estaba siendo perseguido por el mismo. Lo sabía, no podía escapar…

Todo esto parece una broma… Un estúpido castigo… Su fantasía en la que me ha envuelto… Desvanece mi conciencia por su falta de honestidad… De todas las personas… Él ¿Por qué tenía que ser él?

Pensé que nunca me traicionaría… Pensé que era mi mejor amigo… Pensé que también era importante para mí… Que también lo apreciaba… ¡Mentiras! ¡Falsedades! ¡Engaños! ¿Qué otros sinónimos necesitaba para repudiar todos aquellos recuerdos?

No podía creerlo… No, no quería hacerlo. ¿Cómo era posible que incluso en su tumba aquel hombre me fastidiara? Mi modo de pensar me aterraba… Culpar a mi padre después de fallecido era un absurdo sentimiento.

¿Qué debería hacer? ¿Realmente podría seguir viéndolo como un amigo? ¿O podría aceptarlo como un hermano? No, jamás podría… Él tenía la culpa del sufrimiento de mi madre… ¿Cómo podría perdonarlo?

Petrificado, volví a tomar la caja vino. Mis acciones motoras eran controladas involuntariamente. Movía mi cuerpo sin siquiera sentir la orden de hacerlo. Me sentía fuera de lugar, todo se volvía confuso y estúpidamente lleno de ansiedad. Busqué presuroso aquella carta. La tomé y salí rumbo a la editorial…

-¡Álvaro!… Gracias al cielo has llegado, no sabes cuánto me has salvado.- Llegó Lisandro a mi encuentro. -¿Ah? ¿Estás bien? Te ves muy pálido.- Intentó tocar mi hombro.

Reaccioné rápidamente de manera alertada y esquivé su mano. No quería ni siquiera tocarlo. Lo odiaba… Yo estaba empezando a odiar a esta persona.

-Si… Estoy bien- Ni siquiera podía verlo a los ojos.

-Ya veo… Gracias por las molestias…- La conversación comenzó a enfriarse. Él me miró preocupado, parecía querer decirme algo, pero decidí interrumpirlo.

-Lisandro… ¿Tardaras mucho?-

-Quizás un poco… ¿Por qué?-

-Quisiera que me acompañaras a un sitio.- Mi voz parecía opacada.

-De acuerdo. Entonces supongo que está bien que me acompañes, quedarte aquí solo no sería educado. Vamos- Hizo un movimiento con su cabeza de que debía entrar.

Él iba a la delantera. No podía ni igualar su paso. Decidí quedarme detrás de él, pensando en todo lo que habíamos vivido juntos…

“…Nunca pensé que ustedes dos se llegarían a encontrar algún día…” Ahora esas palabras tenían sentido…. Herido una y otra vez… Siempre es lo mismo para mí. Supongo que ya debería estar acostumbrado.

Lisandro no despegó su mirada de mí. Ambos sentados distanciadamente, esperando mientras revisaban su trabajo.

¿Cuántas veces me han mentido? ¿Quién realmente es honesto conmigo? Nadie. Yo mismo me respondí. Ahora comprendía perfectamente la atención de su madre, la sobreprotección de Lisandro… Se sentían culpables… Sólo fue lastima… Se burlaron de mí… Todos.

-¿Nos vamos?- Preguntó Lisandro quitando mi nube de pensamientos.

-Si…- Me levanté en seco y de manera distante caminé presuroso.

Él no me despegó la mirada en todo el camino. Ninguno se atrevía a romper el silencio. Yo iba tragando un sabor amargo, reprimiendo cualquier pensamiento, para que no saliese antes de tiempo.

-Álvaro… Este lugar es…-

-Así es…-

-¿Por qué vamos hacia allá?- No respondí a su pregunta. Prefería quedarme callado hasta llegar. En el fondo me dolía tanto… No sé cómo lo soporté.

Bajé del automóvil cerrando la puerta bruscamente. Llegué a la entrada de mi antigua casa y saqué las llaves de la entrada principal. Volver aquí sólo me haría más daño… Lo sabía, pero lo quería de esa manera.

Al escuchar el sonido de abertura, entré rápidamente, seguido de Lisandro. Quien sólo seguía mis pasos.

-Álvaro… Has estado actuando raro. ¿De verdad va todo bien?-

-¿Cuándo pensabas decirme?-

-¿Eh? ¿Decirte qué?- Me molesté un poco ante su exclamación tan estúpida. Regresé a verlo. No podía aun creerlo. Deseaba que esto fuese una pesadilla. Una simple broma…

-Tú… ¿Desde cuándo lo has ocultado? ¿Desde cuándo lo sabes?-

-¿Qué estás diciendo?… Lo sabía, no te encuentras bien… Vamos, tengo que llevarte a descansar…- Me tomó del brazo.

-¡No me toques!- Me jalé bruscamente. – Sólo dímelo… Necesito oír que es cierto…-

-No sé de qué me estás hablando…-

Furioso ante sus respuestas “ignorantes” subí las escaleras que conducían al segundo piso. Si el señor Brais decía la verdad, todo seguiría tal cual lo recuerdo y aquello estaría en su lugar.

Entré a la habitación que era de mis padres. Los muebles seguían en el mismo orden. Tenía que encontrarla pronto.

Revisé cajones haciendo un fructuoso desastre. De pequeño nunca me atreví a husmear aquella carta, pero ahora la necesitaba.

El último cajón era de los álbumes familiares. Tomé un grueso libro y lo abrí toscamente. La carta por fin cayó. Sabía que una amistad se perdería… Sabía que algo de mí se iría. Pero lo racional desapareció ante tal acto de inmadurez.

El tener aquella correspondencia en mis manos trajo consigo recuerdos olvidados. Era la segunda vez que la tenía en mi palma, pero ahora, sabría su contenido.

-Lisandro… ¿Podrías leer esto?- Escondí el sobre de la misma para evitar que leyese el remitente. Inseguro aceptó. Yo no tenía el valor de leerlo. Sería una tortura escucharlo, pero de ese modo estaría mejor. La ojeó unos segundos.

-¿Dónde encontraste esto?- Me miró muy horrorizado. Supongo que reconoció la letra de su madre…

-Sólo léela. No omitas nada. Sabré si lo haces.- Él parecía nervioso y preocupado. Ninguno de los dos sabíamos que es lo que había sido escrito en esa carta. Pero algo era seguro, fuese lo que fuese, nos lastimaría a ambos.

-Álvaro… Está bien, lo haré.- Comenzó a leer…

Sé que me has pedido abstenerme de hacer este tipo de cosas… Puede que te estés enfadando con el simple hecho de haber leído el remitente. Puede también que sea egoísta y demasiado. Compartes días conmigo y con ella.

¿En qué momento acepté? Ni si quiera yo lo sé. Me he preguntado qué es lo que hice mal. Seguramente es debido a las pequeñas diferencias y dudas que he vivido.

Quisiera regresar el tiempo, aunque probablemente esto llegué a ocurrir de nuevo. No llegaré a comprender jamás lo qué es el amor. Es extraño y muy difícil para mí. Enamorarme de una persona casada… Eso no iba con mis principios morales.

Sabía que debía alejarme. Tenía que evitarte e ignorarte. Admirarte desde lejos sería lo mejor. Eso era seguro. Pero, soy una persona muy despiadada. O al menos ese concepto quiero emplearme. Me aproveché de tu pelea con Fernanda y decidí acercarme. Fue un grave error… Aunque no me arrepiento, y eso es lo peor.

Te preguntaras con qué objetivo es que estoy haciendo esto. Te escribo porque es un modo de desahogarme. A veces siento impotencia. A veces siento celos. Pero supongo que es lo que merezco por ser la amante. Hay muchas desventajas para mí, Rafael. Tengo que tragarme todo yo sola. Hay veces en las que quiero huir, o bien, gritarle al mundo lo que siento. Pero sé que sería algo demasiado cruel. No sólo para tu mujer, sino también para tu hijo. Tú me has tratado de consolar, diciéndome palabras gentiles y amables. Pero eso no quita el hecho de que yo soy sólo una acompañante.

Mi hijo. Nuestro hijo, fue una bendición para mí. Estaba feliz el poder recibirlo en mis brazos. Pensé que hasta ahí terminaría nuestra relación. Pues tenías que tener cuidado. No me importaba alejarme de ti o el que te marcharas definitivamente. Yo estaba feliz con nuestro pequeño. Pero nunca te fuiste, permaneciste a mi lado junto con nuestro bebe.

 


Si te escribo, no es para molestarte. Es para agradecerte. Tu afecto así mí, tu cariño hacia nuestro hijo y los momentos que has compartido con nosotros.

Te amo… Pero aun así es equivocado lo que siento….”

No sólo logró engañar a mi madre… Sino también a la de él… Ambas eran ciegas, ambas eran tontas… Ambas se aferraron a él con ese estúpido sentimiento. Y lo que es peor, ambas sabían que se estaban haciendo daño al amarlo, pero ninguna lo dejó…

Lisandro permaneció callado. Parecía un poco afectado. Había gesticulado una cara de tristeza…

-¡¿Cuándo me pensabas decir que compartimos el mismo padre?!- Le aventé los análisis en la cara. Estaba realmente exaltado. Furioso y lleno de dudas.

-¿Cómo encontraste esto?- Su voz quebrada parecía apunto de sollozar.

-¡Lisandro por dios! Parecía que los hubieses puesto apropósito. Pero, ya no importa. ¡Sólo dime desde cuándo sabes esto!-

-Álvaro… Yo…-

-¡Deja tus parloteos y dímelo claro!-

-Desde que éramos niños…- Sentí un cubo de agua fría recorrer mi cuerpo… Así que era verdad después de todo… Él sólo sentía pena por mi situación…

-¿Por qué nunca me lo dijiste?…-

-Hay cosas en las que sólo el tiempo puede decidirlas. Nunca encontré el momento ni el lugar. Para mí también fue difícil aceptarlo. Por eso hice los análisis, yo tampoco quería creerlo… – Su voz parecía calmada… Como si realmente esto para él fuese algo sin importancia.

Sentí que la rabia se apoderaba de mí. Que en sus venas corriera la misma sangre me molestaba. Cada lágrima que mi madre derramó, probablemente fue él quien la causó.

Apreté mi puño haciendo que mis nudillos empezaran a tronar. Con toda la ira reservada, le lancé un puñetazo a su rostro.

-¡¿Crees que eso es algo que se pueda ocultar?! ¡¿Acaso tienes idea de cómo me siento?!-

Pude contemplar un poco de sangre de su labio. Con su palma intentó tomar su mandíbula.

-Puede que nunca lo entienda… Tienes razón… Pero… ¡¿Tú crees que es fácil para mí?!- Me regresó el golpe. -¡¿Crees que fuiste el único que sufrió?! ¡Álvaro intenta ponerte en mi situación!-

-¡Ni siquiera lo haré! ¡No tienes idea de mi infierno en este lugar! ¡En estos momentos tengo muchas dudas!… Lisandro tú eres el mayor… Tu naciste primero… ¡Ahora no sé quién es el bastardo de los dos!-

-¡¿Quién es el estúpido que lleva su apellido?!-

-Un apellido no es nada… Él siempre estuvo más pendiente de ti ¿no es así? En la carta lo dice… ¡Por dios! ¡Te dejó tener una maldita mascota! Cuando a mí ni siquiera me permitía tener un pez…-

-¿Pendiente de mí? Ser hijo de la amante no ameritaba privilegios Álvaro… ¡Yo siempre sería visto como un error! ¡¿Me escuchaste?! ¡UN ERROR! ¡Sentía pena por mí!-

-¡No me vengas con tales estupideces! ¿Dices que son privilegios el ser utilizado como una herramienta? ¡Estás totalmente equivocado!-

-No es lo que quise decir… Pero, a ti siempre te presumía como su mayor orgullo… Siempre me contaba de ti… Siempre diciéndome lo que esperaba de ti… Siempre denigrándome… ¡¿Sabes que tan miserable me sentía a la hora de compararme contigo?! Yo ya te odiaba sin siquiera conocerte.-

-¡Por lo menos sabías de la existencia de un medio hermano!… Yo ni siquiera tuve el honor de ser informado… –

-Álvaro… ¿Consideras eso un honor? Me echaba en cara lo que tú llegarías a hacer. Lo hizo con la intención de que me esforzara más, de que fuese alguien en la vida, pero sin rebasarte. Porque él desde el principio me aclaró que no podría.-

Hubo una breve pausa. Un pesado silencio que se prolongó durante unos segundos.

-…Lisandro, ese idiota llevó a la muerte a mi madre…- Me calmé un poco. Sentía un fuerte sabor amargo en la garganta.

-También a la mía…- Me sorprendí ante su exclamación.

-¿De qué hablas?-

-Álvaro, tu madre no fue la única víctima. Tú tampoco eres el único que lo odia. Quizás sea sólo lo que compartimos como hermanos. Odio por nuestro padre. O al menos así era como nos obligaban a decirle… Mi madre murió de depresión. Ese amor tan compulsivo la llevó a una tristeza profunda.-

-Lisandro… Es muy difícil para mí comprenderlo… Incluso siento ganas de ahorcarte. Dime… Tu amistad… Tu protección… Tus insistentes ganas de permanecer a mi lado ¿Fue por esto? ¿Por este estúpido lazo de sangre?-

-Jamás… Álvaro, yo te odiaba. ¿No lo entiendes? Te despreciaba sin haberte conocido. El día del funeral de tus padres, mi madre fue invitada por la única persona que sabía de su relación amorosa. El licenciado Brais le llevó la noticia. Mi perro había muerto hace nada y ahora mi padre… ¿Cómo lo soportaría? Fue cuando te vi… Álvaro Crowley, el hijo deseado, el hijo que sería heredero. El mayor orgullo de nuestro padre. No podía creerlo. Era el mismo pequeño que me había consolado. Pero había una diferencia, ese niño que estaba ante mis ojos era otro… Ahora era mi hermano. Me habías enseñado una lección tan grande. No debí hacer prejuicios por las tontas ideas que ese señor me metió. Al ver tu rostro tan apagado y decaído, comprendí que tan equivocado estaba con respecto a tu persona. En mi crecieron las ganas de protegerte, de cuidarte, de permanecer a tu lado. Te veías tan solo, pero a la vez parecías un roble; fuerte y difícil de derrumbar. Llegué a admirarte… Eras una persona que guardó sus emociones tan calmadamente. Mientras yo, exaltándome y siendo tan expresivo…- Unas cuantas lágrimas rodaron de sus parpados. Suspiró prolongadamente un poco aturdido.

-No entiendo cómo puedes admirar eso de mí… Si fue lo que más odié de mí ser…-

-Lo sé… Me di cuenta de que era equivocado que hicieras eso… Por eso traté de poder ayudarte. Tú siempre lo hacías conmigo Álvaro. Nunca como hermanos, siempre fue como amigos.-

-Lisandro… Quiero estar solo… Necesito pensar tantas cosas.- Sin darme cuenta, mis lágrimas ya habían caído desde hace tiempo. –Tú también deberías estar solo. Supongo que lleva tiempo trascenderlo…-

-Álvaro… Yo ya tuve mucho tiempo para asimilarlo. Entiendo tu sentimiento ahora… Creo que es mejor dejarte a solas. Lo siento…- A punto de marcharse lo detuve.

-¿Piensas irte caminando acaso? Eso déjamelo a mí. Llévate el auto… En mi estado no creo que se conveniente manejar…-Le aventé las llaves. Sus reflejos lograron atraparlas.

-Oye… Sé que nunca podremos vernos el uno al otro como hermanos, ya que nuestro lazo como tal no se fomentó. Pero quiero que sepas, que siempre serás mi amigo…- Se despidió dejándome solo en la oscura y fría casa.

Esperé un rato más antes de poder comenzar a llorar desenfrenadamente. Grité tan exaltado… Todo lo que alguna vez debí llorar estaba siendo derramado.

El haberme contenido mucho tiempo hacia que mi pecho se apretara… Era horrible… Era tonto… Era una forma de librarme de lo amargo…

Ni siquiera yo, podría reconocerme en esos estados tan deplorables. Tan desquiciados. Tan humillantes…

Mi cuerpo flojo se tumbó en la esquina de la habitación. Sentía los ojos hinchados y las mejillas pegajosas. Es por eso que las emociones son peligrosas… No pueden nunca tener control sobre ellas… Te transforman tan fácilmente…

Recordé entonces la supuesta carta escrita por Rafael. Nerviosamente, rasgué el sobre y saqué una delicada hoja de papel con unas cuentas letras… No había duda alguna, era su letra…

¡Felices 26 Álvaro Crowley! Has dejado por fin de ser un niño iluso. Ahora estás en edad de saber realmente tu propósito. Siempre quise un hijo que cumpliera mis expectativas. Sabes, esta carta está siendo redactada en mi oficina. Me puse a pensar seriamente, sobre el futuro y ahora eres mayor… Pero justo en estos momentos eres un niño de 6 años.

Fernanda, tu madre. Me ha dado un grandioso regalo. No sabes lo feliz que me hace saber que tengo un primogénito. Sé que sabrás llevar a flote el apellido. Tu abuela dice que de seguro te parecerás a mí. Confío en que así sea.

Sé que abrirás está carta en tu cumpleaños. Justo el día que heredaras mi empresa. Álvaro, recuerda que para ser alguien necesitas tener en claro tu futuro. Yo soy tu padre y te ayudare en esa decisión. Por eso fueron tus años de estudio y dedicación. Desarrollar tus inteligencias, fue lo primordial que pensé cuando naciste.

Siempre esperé grandes cosas de ti Álvaro… Incluso tu madre está de acuerdo conmigo. Juntos seremos una familia exitosa…

También ahora que tu mente es más madura, sé que sabrás perdonar las tonterías de tu padre. Después de todo, somos humanos ¿no? Quizás a estas alturas ya sabrás acerca de tu hermano. Bueno, tu medio hermano. Sé que puede resultar complicado entenderlo. Pero quiero que sepas que ambos para mí son importantes.

Después de todo, son mis hijos. Puede que haya sido duro contigo. Pero quiero que sepas, que siempre esperé lo mejor de ti. Volverme padre, no estaba en mis planes, lo acepto. Pero su llegada me hizo ver ciertas cosas. Yo quiero que mis hijos triunfen, que nunca sean pisoteados por tonterías exteriores… Espero muchas cosas de ti Álvaro. Confío en que no me decepcionaras…”

Arrugué la carta hecho rabia. Él había llamado tontería a Lisandro. Incluso ante tales declaraciones era un completo idiota… Su estúpida carta me llenó de cólera. Fui un imbécil al leerla. Por más que lo intentará, ese hombre jamás cambiaría… Ser utilizado por alguien como él, era desagradable.

Todo lo que veo ahora, es una mancha borrosa de mi mente transitoria… Que poco a poco desaparecerá. ¿Esto es lo más lejos que mis gritos pueden llegar? Mi subconsciente me gritó “Quiero ser salvado…” Aunque sabía que eso era imposible…

CAPITULO 28 FINAL

Es tan doloroso. Es tan triste. Es muy frustrante. Quiero detenerlo, sólo que no sé cómo hacerlo… Siempre termino perdiendo todo. Yo lo odio tanto. Es tan sin sentido, quiero borrarlo… Sólo quiero tirarlo lejos. Quiero saltar y gritar con toda la fuerza de mis pulmones.

No hay manera de que pueda perdonar este imparable sentimiento; Este dolor, este odio. Todo es tan insignificante, quiero borrarlo pero incluso aunque no me sea permitido, sólo rindiéndome podré salvarme. Puede que me odie… No, yo no me odiaba. Ellos me hicieron odiarme.

Él me engaño diciéndome que podría hacer todo bien. Sus palabras baratas alineadas en una promesa… Pero está bien… No me importa. Ya no…

La gente que siguen siendo bestias, y la gente que trata de ser humanos ¿A cuál debo ir? Quizás a la primera…

Miré a lo lejos mi celular vibrando e iluminando el lugar. Ya llevaba cerca de hora y media haciendo eso… ¿Quién más podría ser? Sólo eras tú… Habías estado llamando tan insistentemente desde hace rato. No me encontraba en razonamiento como para hablar contigo…

pareja

Tú y yo… Todo esto estaba mal… Comencé a preguntarme por qué aún no te habías ido lejos de mí… Sé que no eres tan fuerte. ¿Acaso seguías mi juego por amor?…

Escuché el sonido de la puerta abriéndose. Poco a poco dejó entrar un pequeño rayo de luz. Tu figura pronto se volvió clara. ¿Qué demonios hacías aquí? ¿Por qué siempre aparecías en tales momentos?… Por tonto que suene, estaba agradecido…

-Álvaro…- Corriste y te inclinaste para tocarme.

-¿Cómo es que llegaste?… Fue Lisandro ¿verdad?… Él te trajo aquí…-

-¿Eh?… Si- Ese idiota… A pesar de que le dije que quería estar solo… Siempre hace todo lo contrario.

-Supongo que te lo ha contado…- Sonreí melancólicamente. Ni siquiera podía dejarte ver mi rostro. Me sentía sin fuerzas.

-No, no sé qué ocurre. Sólo me dijo que me necesitabas.- Me abrazaste delicadamente… Sentí un pequeño alivio…

-Ya veo… ¿Ni siquiera intestaste averiguarlo?-

-No… ¿Cómo podría hacer eso?-

-Está es mi antigua casa. Aquí pasé mi niñez. Puede que en este lugar la mayoría de mis recuerdos latentes estén formados… Cuando era pequeño mis padres fallecieron en un accidente. Nunca pude perdonar a mi padre… Y ahora descubro que tuvo un hijo, el cual sin saberlo se convirtió en mi mejor amigo… Es un golpe muy duro no sólo para mí, sino también para Lisandro…- Era extraño para mí el decir tales cosas de mi pasado. Nunca pensé contárselas a una persona como tú.

-Lo siento…- Me miraste triste.

-¿Por qué te disculpas? No podrías ni entenderlo… Así que no digas tal palabra.- Te sorprendiste un poco ante tal exclamación. Me dio gracia, pues esta era la primera vez que conocías al verdadero Álvaro…

-Si… Creo que fue muy grosero de mi parte.- Tus acciones se hacían más incomodas. Recordé entonces nuestra última conversación.

-¿Qué era lo tan importante que tenías que decirme?- Mostré cierta falta de interés. Pero deseaba ignorar el tema. Ya no quería seguir recordando.

-Ah… S-Sobre eso no te preocupes. Era algo que quizás no te importe…-Insegura tartamudeaste un poco.

-No lo parece… Está bien si lo dices… Te dejé plantada ¿no es así? Por lo menos debo tener consideración, así que dímelo.- Quería distraerme, eso era todo.

-Veras… Ohm… M-Me han ofrecido un trabajo un poco lejos… No sé qué decirles… Yo…-

-Es una oportunidad para ti… ¿verdad? Puede que no vuelva a ocurrir- Te interrumpí antes de que dijeras algo más.

-S-si… Pero sabes yo quería saber qué piensas acerca de eso, ya que tú y yo…-Pausaste un poco. Me molestaba tu inseguridad.

-No entiendo por qué tienes que consultarlas conmigo. Deberías aprender a tomar decisiones por ti sola.-

-Oh… Claro. Lo lamento.- Te miré unos momentos. Parecías triste ante mi actitud tan cortante. Pero aun así no decías nada… Te veía frente a mí pedir perdón…

Tú lo estabas tolerando de nuevo… Pronto me di cuenta de algo… Justo en estos momentos, yo era igual que él… Todo lo que él hizo, yo lo estaba proyectando…

Fui un tonto… Lo que más odié, estaba siendo reflejado en mí… Después de todo esto era… Esto era lo que me hacía volver a ti… Soy un idiota… Por fin había encontrado lo que buscaba. Por eso era aquella calidez… Porque en ti sentía mis recuerdos… Esto era lo que últimamente me volvía loco. Tenía que ver con lo que hacías… Tú eras idéntica a las acciones de mi madre… Por eso me molestabas.

Luchar para tener tu atención. Era una cosa que no era tan común para mí. Me sentía no deseado… Claro… Ahora lo sé. Maldita sea…

Quizás al tirar el pequeño teatro lo conseguiría. Si arrojaba lejos el tablero de ajedrez, probablemente lo lograría.

Seguir contigo era un error. Me aterrorizaba terminar siendo la copia perfecta de mi padre. Sentía que aquella mascara pronto se rompía en pedazos…

Esta página de nuestro “cuento” estaba a punto de ser cambiada… Estás páginas en blanco comenzaban a agotarse.

Cosas como el amor, los sueños o la esperanza. Todo eso lo tiré a la basura. Sabía que era un error… Pero, una parte olvidada de mí, quería detener mis pensamientos.

Tenía la sensación de estar manteniendo una ventaja falsa. Creo que ya he tenido suficiente… Ya me había hartado. Algo agridulce había sido escupido. Aunque sea cercano, es imposible percibirlo…

-Álvaro…Tú no me amas ¿verdad?- ¿Qué estabas diciendo ahora? Comenzaste a derramar unas cuantas lágrimas sonriendo de manera tranquila.

-¿Y ahora de qué hablas?…- ¿Desde cuándo lo sabias? Parecías tan segura y sin ningún nervio que delatar en tus expresiones.

–“Somos perfectos” Fue nuestra primera mentira juntos. “Nosotros siempre estaremos bien juntos” Fue la segunda. Estas mentiras a las que sucumbas decían que seríamos tan perfectamente felices…Sólo basta con mirar aquella sombra burlona para saber que es mi imaginación negándose a aceptar. Sé que ocultaste tu verdadero yo… “Así es, soy el payaso que deseas, contrólame” Fueron mis pensamientos… – Valeria… Deja de sonreír… Detén tus palabras. No quiero oírlas. -Mi única fuerza eran aquellos felices recuerdos aunque se fuesen transformando en agonía… Yo sabía que este amor estaba muerto desde el comienzo…Incapaz de creer, no queriendo hacerlo.- Sentí mi pecho siendo estrangulado. -Recuerdo los días en los que me sentía amada. Rodeada de sonrisas y de amabilidad… Yo creía que era el destino cuando mi corazón latía de pensamientos felices. No te importó, aunque no me lo digas directamente, aun así yo lo entiendo. ¿Sabes en lo que mis sentimientos se han convertido? Nunca quise esto… Yo creía que era incierto. Nunca quería dudar de ti… Desde el principio todo era mentira… Pero como una tonta seguí enamorándome… Y ahora sé que este es el triste final de mi fe ¿Crees que realmente nunca lo supe?- El telón había caído. El falso actor que utilizaba dulces mentiras para manipular por fin fue condenado…

– ¿Soy así de perverso?- Comencé a carcajear. -“Me gustas” Hazme decir esas palabras Valeria. Si puedes.­­- No pude parar de sonreír ante tus palabras, aunque esta sonrisa se estuviera quebrando. Tan sólo un corazón coronado con algo como afecto o amor fui incapaz de entenderlo. –Tienes razón, ambos nos divertimos. Te quedaban hermosos los hilos que me permitían utilizarte.- No, no era lo que quería decir… La razón por fin se había escapado de mis manos. La locura sólo iba en aumento. Y las palabras de un lunático salían a flote…

-Por fin tu verdadero rostro…- Reíste gentilmente. -Todo fue un capricho de tenerme a tu lado ¿no es así? Pero creo que ahora ya no estamos jugando…”Te amo” Para ti sólo fue una sencilla frase, es sólo algo más que una herramienta rota. Me he preguntado si algún día te arrepentirás de esto…-

-¿Piensas que esta es una cara de arrepentimiento?- Me acerqué a tu rostro. -Lo nuestro fue tan sólo físico… Nada tiene que ver el corazón. ¿Cómo podría lamentarme por eso? ¿Realmente eres así de ingenua? ¿Cómo puedes sonreír? ¿Acaso lo haces por ignorancia?-

-No te quiero, no te necesito, te olvidare. Fueron palabras que nunca diría… Te seguiría el juego. Me resigné, porque sabía que no podría huir. Mi corazón no ha cambiado y no lo hará. Sin importar el hoy o el mañana te amare. Por eso, tengo que alejarme de ti…He llegado a mi límite. Álvaro… El amor no es de uno, se compone de dos… Gracias por todo. Pero, no quiero ser la chica de este texto.- Me entregaste un grueso y olvidado libro. Aquel que nos dio este pequeño vinculo.

Trataste de convertirme en un caballero… En un príncipe… En un Romeo. Sin darte cuenta que en ese cuento todo era una tragedia.

No quiero estar aquí… La realidad en la actualidad es mentira. Ya que el “príncipe” se ha ido lejos y desechado. Entonces voy a dejar las cosas con “el otro yo”. Convertiré esta situación en una comedia. Para volver a fingir que no te necesito. Sólo quería oír tu voz. Quería que borraras este sentimiento de desazón. Tu lienzo había sido pintado de mentiras. Una y otra vez…

Ningún amor es auténtico. El corazón supletorio nubla cualquier sentimiento. ¿Qué es el amor? De nuevo alzó la voz a esa pregunta. ¿Es algo… dulce? Ya que algo de lo que conozco es sólo amargura, sé que no seré capaz de entender lo que es… Pero, todas tus dulces palabras… Tu gentileza, tu amabilidad, tu calidez… Siempre estuvieron conmigo.

Mis lágrimas seguramente son demasiado transparentes como para ser vistas. Quiero que me ayudes. No puedo dejar de pedírtelo. Nadie más que tú puede. No hay manera de que diga algo así… Todo eso hizo que me diera cuenta de mi inmadurez y debilidad.

-Oye… El que no digas nada, es muy cruel. Pero de cierta manera me siento algo aliviada. Ahora no me duele… Ves… Te olvidaré… Eso probablemente sea mentira… Pero…- Tu voz se hizo en silencio ante las gruesas lágrimas. –Lo siento… Tengo que decirte adiós. Gracias por haberme soportado, incluso aunque fuesen mentiras…- Besaste mi frente y presurosa te marchaste. Fue nuestro adiós definitivo…

Y ahora… Me encuentro en la penumbra. Siento que algo comienza a desmoronarse de mi ser. Sin saber lo que me atormenta… Yo sólo gimoteo y me quejo. Pero verte de esa manera, me causa impotencia…

Sin tocar las heridas que nunca revelé, tú me rodeaste con tu ternura. Quizás no pueda devolverte eso con la misma o el triple de la cantidad que me diste, aun así “Me gustas” o “Te amo” Mira, ahora puedo decirlo, sin embargo no lo hice en el tiempo que es debido. ¿Por qué el amor tiene que ser así amargo? Apuesto a que debe ser una tribulación para sacar más dulzura.

… Sólo hazme olvidar semejante amargura. Que esta semejante pesadilla se ilumine. Que termine hasta el punto en que me desvanezca. Hasta que pierda la cabeza. Hasta llegar a lo que deseo… Hasta que vuelvas a amarme…

Este idiota que se está incorporando… Se está enamorando…

Los días han pasado. El tiempo continúa su curso habitual en todos los sentidos. Ahora que lo tengo en claro, me doy cuenta de que anteriormente mi vida fue monocroma. ¿Fue lo que siempre quise? No. Ahora soy capaz de decirdirlo.

Incluso puedo decir lo importante que es Lisandro para mí… Él tenía razón… Hermanos jamás seremos. Mejores amigos, puede que sea cierto. El ser egoísta nunca me dejó ver eso. Tal vez estemos separados por tal acontecimiento. Pero estoy seguro de que enterraremos este pasado con unas cuantas lágrimas para que lentamente se pierda.

La soledad sólo aumentara y probablemente te olvidaré… ¿Cuándo aprenderé a dejar de mentir? Por supuesto que no podré olvidarte. Me he aferrado a tus recuerdos. Lograste penetrar mi corazón. Conseguiste dejar una marca…

Sigo pensando en ti. Necesito verte. He descubierto lo que realmente siento. Esto no es sólo un juego. El corazón me duele. Pensé que podría ganar. Cuán equivocado estaba.

Creí que eras una bailarina y que esta pieza de baile podría dominarla.

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Me he convertido en presa. Sin saber cuándo fue o cómo… Esto es una torcida realidad, y un quebrado corazón. Esta barrera por fin se ha destruido. Mi corazón late fuerte por ti.

Aunque sea muy falso si pudiese ver tu rostro, si tan sólo tocara tu mejilla o si tan sólo tu voz pudiese oír, quizás está angustia se iría.

Amar y ser amado nunca me había importado. Lo creí irreal… Puede que la sincronía no esté presente. Fui amado, pero nunca amé. Y ahora que por fin lo logré, no soy correspondido.

Una poción de amor, eso debía ser. No. Claro que no era eso, es imposible que exista.

Mi celular comenzó a vibrar. Cayó de la mesa en donde se encontraba. Al instante abrí mis ojos, sobresaltado un poco del sillón. Sin ánimos, me levanté. Mi postura parecía de un alcohólico, tambaleaba al caminar, mis piernas flojas y sin mucha movilidad, se doblaban a cada paso.

Cogí el móvil. Encendí la pantalla. Era un mensaje de Lisandro.

Llegaras tarde. Perderás tu última oportunidad. No la arruines. ‘‘

¿Última oportunidad? No comprendía. Sin previo aviso, sonó el tono de llamada. Era Lisandro.

-Al habla Álvaro.- Contesté rápidamente.

-¿Te llegó mi mensaje?-

-Sí, sólo que no lo comprendo ¿A qué haces referencia con “última oportunidad”?- Pude oír un gesto de disgusto y sonido de reproche.

-¿No lo sabes?- Preguntó con tono burlón.- Sabía que no… Alva, Valeria se ira de la ciudad a vivir con una amiga a Madrid. Es tu última esperanza. Por desgracia todo se puso en reversa para ti. Es el momento de revelarle todo ¿no lo crees?- Fue directo y muy claro.

Sentí una descarga eléctrica recorrer mi cuerpo. Un pequeño rayo que revivió mis dormidos ojos. Mis piernas comenzaron a temblar. Mi corazón bombeó lejos de lo normal. Pareciera que quisiera salir por la boca.

-Es mentira- Fue lo único que pude decir con mis labios fríos y sin vida. Yo no quería creerlo, no quería oír sobre ti.

Se oía como de la otra línea, Lisandro suspiraba, decepcionado de mi reacción.

-Central 18, calle Perenil. Hora de salida. 5:30 pm-

Colgó al decir la última frase.

Sentí cómo el soporte de mi cuerpo se quebraba. Me tumbé sobre el sofá, dejando libre el agarre de mi celular.

Miré a un vacío. Quería asimilar cada una de sus palabras. Volteé unos instantes al reloj de pared.

5:03 pm. Mis ojos quedaron fijos, viendo como la manecilla de los segundos daba su trayecto. Me levanté, ahora con nauseas, sentí por una instante, mi cuerpo a punto de caer. ¿Esto es lo que llaman depresión?

Y ocasionado por quien, por ti, tú. Una persona que en mi vida jamás debió perforar mis emociones.

El doctor Blake tenía razón en algo. El maldito corazón sólo es un órgano que bombea sangre.

Sería fácil dejar pasar tu ida, olvidarte como una fotografía en un álbum. Sera mejor para los dos. Pensé. Sin embargo, ¡No sé por qué demonios estoy corriendo rumbo al aeropuerto!…

El viento en mi cara lastima, pero también se lleva mis frías lágrimas. Tu rostro sólo tu rostro predomina en mi rumbo. Quiero verte, quiero tocarte. Yo… Yo no puedo vivir sin ti… Te amo… Es tan deplorable que hasta ahora tenga el valor de gritarlo.

El temor de ser olvidado o ignorado fue desechado. Todas estas emociones reservadas son liberadas. Estoy perdiendo el control de mis acciones… Pero ya no me importan…

…¿Q-Qué es esto? ¿Por qué mi vista es borrosa? ¿Eso que escucho es una ambulancia? Me cuesta respirar. Mi cuerpo se siente liviano. Esas dos pequeñas están llorando, su rostro es pálido. Un señor parece preocupado…

-Súbanlo con cuidado- Da la orden una persona con el logo del hospital Unlione. ¿Qué ha ocurrido?

-¡Mierda!- ….D-Duele. Una de esas personas me ha subido a una camilla un poco brusco. Demonios duele mucho…- Ten más cuidado imbécil, este hombre está rozando la muerte-

Maldición… ¿Qué estaba diciendo? ¿Rozar la muerte? Mis ojos se vuelven pesados. Dormiré con esa ruidosa alarma de la espaciosa ambulancia… Aunque sea forzadamente, pues mis parpados parece que no aguantaran tal pesadez….

Con el olor a medicina, desperté ahora en una camilla blanca. Conectado a 4 cables. Dos en las fosas nasales. Uno en mi antebrazo derecho y los últimos en mi pecho. El marcador de pasos se oye estable…

Ahora lo recuerdo. Salí corriendo y vi una intermitente luz. El sonido de un freno desesperado. El gritar de dos pequeñas. El contacto de mi cuerpo con un metal frio y pesado fue lo único que pude percibir.

-Joven Álvaro, siga la luz-

-Doctor no parece responder-

-Busca en su expediente y llama a algún pariente o conocido-

-Enseguida-

Los sonidos se vuelven más leves. A penas escucho esas voces.

-Tranquilo joven Álvaro, ha sido un golpe de suerte no pensamos que se pudiera salvar- Dijo el Doctor Blake sonriendo – Es impresionante que haya aguantado la noche-

Lo he arruinado, he perdido mi oportunidad. Seguramente tú seguirás en ese avión rumbo a Madrid.

No puedo dejar de sonreír por mi idiotez. Lágrimas se combinan con esta sonrisa de dolor.

Hay personas que no deberían poder amar… y creo que soy una de ellas. Soy inmaduro, idiota. Todo un crío cuando pensaba que tú lo eras.

¿Qué más da ahora? Si decido rendirme… ¿A quién le importa?…

Si hubiese podido decirte adiós antes… De esta manera. Incluso podría haber fingido no darme cuenta del dolor que siento y las mentiras de esta espina incrustada, se irían.

Las lágrimas que cayeron de tu mejilla oprimieron mi pecho.

Aunque me odies… porque está bien incluso si me odias. Esconderé este pequeño deseo, este sueño y estos sentimientos en mi corazón. Aun cuando quiero decírtelos cada vez más.

Seguramente… Encontraras la felicidad… Lo que tú posees, es lo que yo perdí. Desapareciendo en una profunda depresión agitándose hacia mi interior.

Fui tan feliz en ese momento… y también tan estúpido por no darme cuenta. Aunque lo deseé, no volverá…

Resuena un eco suavemente en mi pecho. Si te pudiese observar de nuevo ¿me sentiría mejor?

Si tan sólo pudiera detenerse el tiempo…No, eso no se puede. Lo que prometiste ese día, fue no cumplir con mi castigo.

-Pueden pasar, el paciente está estable-

-Álvaro…- Corrió Emilie hasta mi camilla seguida de Isabel. Me odio… hice llorar de nuevo a las personas que amo.

-Oh, dios mío Alva- Exclamó Isa.

-Álvaro idiota…- Entró Lisandro y junto a Emilie se inclinó a mi camilla. -¿Por qué siempre haces este tipo de cosas?- Reprimía sus lágrimas.

A penas duras sonreí… Estaba feliz que estuvieran aquí… pero, volví a hacerlo. Volví a preocuparlos. Lo siento. Lo siento Emilie… Lo siento Isabel… Lo siento, hermano…

-Idiota…- Lisandro sostuvo mi mano. Agradecía tenerlos conmigo, pero… no los merecía. No merecía a ninguno de ellos.

-Señor Riveil, necesitamos que firme algunos papeles-

-¿Eh?… Por supuesto-

-Espera Lisandro, yo los firmare, tú quédate con Alva- Lo detuvo Isa y salió junto con la enfermera.

-Estará bien Emilie- Intentó consolarla Lisandro. -¿No es verdad, Alva?- Me sonrió de manera tranquilizadora. Por algo él era el hermano mayor ¿no es así?…

Lo miré triste y sonreí.

-Disculpen…- Escuché esa tierna voz, mi corazón se aceleró… No lo podía creer… Eres tú. Valeria… -¡Álvaro! ¡¿Qué te ocurrió!?- Intentaste correr, pero Lisandro te detuvo.

-Valeria tranquila, te dejaremos a solas con él. Tienen mucho de qué hablar… así que cálmate.- Emilie y Lisandro salieron sin antes regalarme una sonrisa.

-Oh…Álvaro…- Corriste con lágrimas en los ojos. Me abrazaste tratando de no hacerme daño.

-Por favor…no te alejes- Mis palabras se esfumaban como un susurro.

Tu cuerpo temblaba. Tus lágrimas resbalaban sobre mi pecho.

-Lo siento… – Intenté decir

-Álvaro… ¿Por qué tú…? ¿Por qué me haces esto?- Dijiste entre quebrada.

-Soy un idiota Valeria, siempre lo he sido…-

Miré hacia la ventana… Las hojas secas caían traviesamente. Volteaste tu mirar hacia el mismo lugar.

Con una sonrisa dijiste. –Es hermoso ¿verdad?-

Sin saber que el final se acercaba. No dije nada

-¿Por qué volviste?- Pregunté triste

-No podía irme… Quería engañar mi alma y decirte que no te necesitaba… Pero, es mentira, te amo… Y nunca cambiaran estos sentimientos por más que quiera desecharlos. Por más que me hayas dicho lo que realmente sentías todo este tiempo, aún lo conservaré. – Volviste a sollozar.

-Eres una idiota…Una idiota que se enamoró de otro idiota. Siempre quise que me odiaras. No soportaba ver la misma sonrisa de mi madre en tu rostro. No quería amar… no podía, no debía… Jugué con tus sentimientos porque quería aprender de ellos. Quería que mi mente entendiera que el amor es sumamente cruel… ¿Por qué lloras? – Tomé tu rostro frágilmente. Que cálido se sentía. –No dejes que nadie más las vea… Confieso que incluso ahora, deseo que me odies. De lo contrario sufrirás. “Te amo” siempre fue una palabra vacía para mí. Pero, si la volviese a escuchar de tus labios, que feliz sería. Lo siento… Soy un egoísta. – Limpié tus lágrimas.- Jamás olvidaré esos momentos felices que pasé contigo. Quiero que seas feliz y encuentres a alguien que nunca deje que estés triste.-

-Álvaro…yo…

-Sonríe… Sonríe a todo el mundo. No llores más… Prométeme que serás feliz.- Besé su frente con mis pocas fuerzas. –Siempre juntos ¿verdad? – Intenté sonreír con unas cuantas lágrimas en mi mejilla. Discúlpame por haber dicho esas palabras cuando en el fondo no pensaba cumplirlas. Sabía que era mentira pero… -Te amo-

– Álvaro… ¿Álvaro?… ¡Álvaro!… ¡Doctor!-

-¡Enfermera, deprisa traiga el desfibrilador! ¡Lo estamos perdiendo!… Joven Álvaro vuelva… ¡Enfermera deprisa! Lo siento señorita… necesita hacerse un lado y salir-

Aquel día fluían en mi interior una canción nostálgica y los recuerdos, de ti y de mí riendo juntos… Me pregunté si algún día sería capaz de dejarlos en el pasado. Culpé a otros de mis debilidades. Desesperado buscaba una solución. Buscaba sin darme cuenta un refugio para no ser herido.

-Listos para la primera descarga… ¡AHORA!-

Deseaba poder detener el tiempo. Porque estaba tan asustado de convertirme en adulto, de crecer… De madurar…

Te pido que me abraces. Dibujaré el futuro que soñaste para nosotros con estos sentimientos que por ti se desbordan para que nunca se desvanezcan.

-Segunda descarga… ¡YA!-

El momento de nuestra despedida se acerca. ¿Por qué no puedes quedarte por siempre aquí? El destino tiñe nuestros corazones con su crueldad…

Las palabras que resuenan en el cielo azul, las diré infinidad de veces para ti…y tristemente florecerán para llegar a tu corazón…

¡No por favor, no quiero irme! ¡Suéltenme! ¡Álvaro!

-Tercera descarga…-

-Doctor… creo que…

-¡Tercera descarga dije!

No olvides nunca que… Te he amado…

-Cuarta descarga… ¡YA!

Suavemente tu voz va desapareciendo y el cielo cae en pedazos ante mis ojos…

-Quinta descarga… ¡YA!…

-¡Lo perdemos!-

-Sexta descarga… ¡Ahora!-

Las palabras se esfuman… Los recuerdos desaparecen… Todo se vuelve negro… Adiós Valeria…


-Érase una vez, un niño que tenía que crecer. Viendo cómo era el mundo que le rodeaba, pronto comprendió que su corazón de niño representaba muchas de las cosas que le hacían débil y que le impedirían convertirse en adulto. Así pues, el niño decidió deshacerse de su corazón y guardarlo en una caja. Durante años fingió que no lo necesitaba. Pero a menudo, desde el interior de la cajita sonaban los latidos, tan altos y vibrantes que parecían sonar como notas musicales en su oído. Recordándole, a aquel quien fuera un niño en algún tiempo, que ese corazón seguía allí, dormido y olvidado, pero vivo. Y hoy estamos con este niño… Álvaro Crowley a más de un año de su partida. Una persona que pensó que el amor nunca le llegaría. Demasiado tarde estamos reunidos para demostrarle lo equivocado que estaba. Siempre te llevaremos en el pensamiento Álvaro… Mi querido hermano. – Terminó Lisandro dirigiéndose a la lápida y al ataúd que yacía en el fondo de la tierra. Un lugar frío.

-Amén- Exclamaron los presentes haciendo plegarias. Pero, de todo ellos, la persona que más rezó fue una joven… una tierna joven que amo al borde de perderlo todo. Valeria Hoffman sostenía a una pequeña niña en brazos. La pequeña de los grandes ojos castaños claros, igual a los ojos de aquel quien fue su padre, no comprendía por qué su madre lloraba. Tenía tan sólo un año y cuatro meses desde que llegó al mundo.

-Te querremos por siempre Álvaro- Valeria depositó una rosa en el enorme montículo de tierra. Su largo cabello castaño limpió unas cuantas lágrimas de su rostro.

-Papi…- Balbuceó la pequeña. Valeria sonrió y continuó su camino hacia su hogar.

-Fernanda… ¿Cómo está mi sobrina consentida? -Lisandro tomó en brazos a la menor sonriendo y miró preocupado a Valeria. -¿Todo bien?-

-Sí- Ella limpió sus lágrimas y sonrió. Fingiendo. Porque en el fondo sabía que se estaba muriendo.

-Ya veo… Me sorprende que nunca le dijeras que esperabas a esta hermosura.- Besó tiernamente a Fernanda. A lo cual la menor sólo sonrió.

-Quise hacerlo… Pero no era el momento. Nunca lo fue…- Su voz cada vez se hacía más tenue. –Por cierto… ¿Qué tal te van las cosas con Emilie?-

-Mejor… Sus padres aún no me aceptan, pero al fin de cuentas mi prometida es Emilie, no ellos.-

Valeria rió ante su comentario.

-Cuídale…- Dijo melancólicamente. –Es hora de irnos Fernanda- La pequeña volvió a brazos de su madre. Valeria se alejó desapareciendo en aquel taxi.

Lisandro se quedó un rato más mirando la tumba de su hermano.

Un hombre que había estado presente en el aniversario de velación, había interrumpido la soledad de Lisandro.

-Ha pasado tiempo, ¿verdad? – Le dijo el individuo despreocupadamente.

– Bastante…- Devolvió el saludo- No quiero ser descortés, pero ¿qué haces aquí?- Preguntó Lisandro sin dejar de ver la tumba de Álvaro

-Vine a ver a este joven, pobre, murió tan deprisa-

-En efecto… Aunque lo odiabas ¿no?-

-Sí… Lo odiaba bastante, estoy muy feliz que por fin se haya marchado.-

-Ya veo…- Lisandro sonrió por un breve momento. –Valeria lo sigue amando. Su hija es tan encantadora. –

-Sí… La niña es un ángel casi caído. Parece muy feliz a su lado. Es una pena que Álvaro no pueda regresar de ahí- Dijo el hombre señalando la tumba. Sonrió, parecía feliz de poder hacerlo, pero por un lado, parecía triste. Lisandro le miró y calmadamente respondió.

-Tienes razón…

El hombre retiró sus gafas que por el momento le cubrían sus parpados. Lo tenía en claro. Álvaro no podía regresar con la persona que tanto amó. Era mejor de esa manera. No lastimaría a nadie al mantenerse alejado… Al menos así pensaba.

Tomó aquella rosa e inhaló su aroma. Lisandro le sonrió.

“Existen personas que no deberían amar… Personas a las que nunca les llega el amor…”

Leyó el epitafio.

-No, sólo son personas que no permiten la entrada.- Pensó.

Miró su tumba y triste le dijo adiós a su otro yo. Aquella persona que murió… Aquella sin amor…

-Vamos Lisandro- Dijo caminando derecho y apretando la rosa con su mano izquierda, haciendo que las espinas se le incrustaran en su piel de manera que lentamente sangrara.

-Por supuesto… Álvaro…-

“…Aunque su lienzo ha sido pintado de inmensos colores… El marco se ha perdido, dejando que el artista siga su boceto…”

¿…FIN…?

 

ABRAHAM ROCHA RDZ

Existen personas que no deberian amar… capitulo 19 & 20

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¿Qué rayos le ocurría?

-¿Emile? ¿Estás bien?- Pregunté preocupado. No respondió. Quedó absorta en sus pensamientos. ¿Qué estaba pensando? ¿Cuál era el motivo de sus lágrimas?

Fue un sentimiento confuso. Algo que no entendía muy bien… Una simple anomalía que ocurría en mi vida.

El pesado cuerpo que chocó con el mío.

-Duele…- Solté inconscientemente. A veces creo que mi cerebro me jugaba una mala pasada. Decía lo que debía permanecer en mi cabeza. Tenía que disculparme pronto… pero ¿cómo? Nunca fui buena hablando con los demás. Se malinterpretan mis palabras y al final no puedo hacer nada. Era muy difícil. Oh Emilie, no seas ridícula. Me gritaba en mi cabeza. Que patética soy. No, no de nuevo. Volvería a verme como una tonta…

-¡Lo siento!- Exclamó apenado un joven alto de ojos casi amarillos combinados con finos toques verdosos. Me extendió su grande mano ofreciéndome su ayuda.

-Gracias.- Su palma era rígida. Un poco áspera y fría. Hice un poco de fuerza y el contacto de sus dedos fue más cercano con los míos. Tenía que decir algo… después de todo la culpable era yo. Estaba exhorta en mis pensamientos que no me di cuenta que él deambulaba. Sólo esperaba que mis palabras no me apuñalaran cruelmente.

-Está bien, fue mi culpa.-Perfecto. Nada tonto. Pero… ¿Por qué me estaba observando con esa mirada intimidante? Podría ser que estuviera ¿molesto?

Lo sabía…Soy una rara…

-Para nada, fue mi culpa.- Agregó cambiando su semblante. Me aliviaba el hecho de que no estuviera furioso por el golpe. Le sonreí calmadamente.

Fue entonces que lo observé mejor. ¿Qué le ocurría? Sus ojos parecían hinchados. Una pequeña lágrima yacía en su pómulo; solitaria y húmeda parecía apunto de romperse.

-¿Estás bien?- Le miré preocupada. No sabía qué es lo que estaba haciendo. Indecisa y un poco nerviosa toqué su mejilla. ¿Por qué su mirada era triste? No me agradaba…

Rápidamente separó su mano de la mía. Qué vergüenza no había notado que la seguía sosteniendo. Ha de ver sido incómodo para él. Limpió presuroso sus parpados.

-Oh ¿esto?, no es nada, una pequeña basura. Hoy corre mucho viento.- ¿Viento? Estaba mintiendo… No había mucha ventisca. Quizás estaba exagerando… pero, su mirada no era por una basurilla. ¿Podía ser quizás una persona? Quizás el viento era el modo en que lo representaba… ¿Ese viento lo había hecho sufrir?…

Pronto reaccioné. ¿Qué diablos hago yo metiéndome en la vida de los demás? Álvaro decía que la curiosidad era un hábito muy horrible…

-Ya veo, tienes razón.- Dije evitando hacerle otra pregunta. Debería concentrarme en buscar a mi primo en el instituto. Hacía tiempo que no le veía. . –Tengo que irme. Espero y el viento no vuelva a lastimarte.- ¡RAYOS! Eso no debí haberlo dicho… Pero en el fondo, no me gustaría que lo hiciese.

Él sonrió. Por lo menos logré esa expresión.

-Adiós pequeña…- Escuché que dijo en un leve susurro. ¿Cuál era su problema?… Yo no era muy pequeña… ¡Él era el alto! Me molesté un poco. Aunque también me dio risa su comentario.

Caminé rumbo al instituto Galo. Mi primo debía estar ahí. Bueno… Eso creía yo. Al parecer habían tenido una excepción de salir temprano ese día los alumnos.

Álvaro no invites a las personas si no piensas esperarlas… Pensé.

No me quedaba nada que hacer. Se estaba haciendo un poco tarde. Tenía que regresar a mi casa pronto. Mamá se molestaría. Yo ya no era una niña, sin embargo me seguían tratando como una. Suspiré agobiada.

Al día siguiente, decidida fui al instituto más temprano… Creo que demasiado. Los alumnos estaban en clases joder. Resignada exhalé profundamente y me senté en una de las bancas. Su colegio era amplio. Me hubiese gustado estudiar allí, pero mi familia pronto se mudaría. Recuerdo que Álvaro estaba molesto por eso. Lo extrañaría mucho, con él era muy sencillo entablar una conversación a pesar de que siempre me miraba nostálgicamente. De verdad lo sentí por causarle tales emociones confusas…

Di un pequeño brinco por la campanilla del almuerzo. Maldición… Creo que si sigo siendo una cría.

Comencé a preguntar a los alumnos que veía salir. Dios… Ni siquiera sabía en qué departamento estudiaba… ¿Qué clase de familia soy?

-Lo siento… No lo conocemos. Podemos acompañarte si gustas.-

-No, gracias. Pero no serían de ayuda…-Joder, de nuevo lo que pensaba salía de mis labios. La vergüenza me invadió. Había sido grosera. –Lo siento… No quise decir…-

-Jaja, descuida. Tienes razón.- Rieron ambos jóvenes. –Entonces nos vemos, pequeña.-

¿Pequeña?… Recordé al joven de ayer. ¿Estará acaso mejor? Parecía realmente mal… Quizás no debí dejarlo en ese estado… No, no, ¡NO! ¡Emilie Miller, deja de distraerte! Me regañé.

Borrando aquellos pensamientos. Me acerqué a una pareja. Rogaba al cielo que aguien conociera a mi amado primo.

-Disculpen…-Pude notar a una bella chica de tez morena y largo cabello lacio. Que linda era… Miré al joven que estaba a su lado. –Anda… si eres el joven de ayer… – El mundo parece un pañuelo. Era una gran coincidencia. Le sonreí.

Sentí una mirada algo pesada igual que el ambiente. ¿Qué podrá haber sido?

-Lo siento, creo que me estas confundiendo.- Trató de sonreír.

¿Podría ser que me equivocase de persona? No, por supuesto que era él. Quizás olvida a las personas de manera fácil… Por inercia miré a la joven en breves segundos… Emilie tonta, seguramente era su novia. La chica pudo malinterpretar mis palabras… Oh maldición… Esperaba no haber metido en problemas al chico.  

-Oh disculpa. Te pareces a un amigo… lo siento, soy una tonta.- Volví a sonreír. –Disculpen el mal entendido.- Me sentí culpable, no podía hacer otra cosa que pedir perdón. Presurosa me alejé.

Noté un grupo de jóvenes conversando. ¡Quizás siendo más alguno de ellos conocerá a Álvaro!

Emocionada, queriéndome quitar el horrible encuentro que provoqué les pregunté un poco animosa.

-Hola… Mi nombre es Emilie. Es un placer.- Dije un poco nerviosa. –Disculpen la molestia que he de causarles. Pero quisiera que me ayudaran a encontrar a Álvaro Crowley… Él es mí…-

-Oye, espera. ¿Te presentas y ya nos pides favores?- Me interrumpió una de esas personas. No sabía que decir… Quizás tenían razón… Fue descortés acercarme por interés.

-Lo… Lo siento.- Me trababa al hablar.

-Te perdonamos sólo porque eres muy bella. ¿No deseas quedarte un rato más en buena compañía?- Noté su mirada lasciva. Que miedo daba…

-No, gracias… yo… yo tengo que encontrar a mí…- Estaba aterrada… Mi mente estaba en blanco.

-Oh vamos, te divertirás con nosotros.-

-Preferiría no hacerlo.-

-No seas tímida, ven…- Cerré mis ojos esperando lo peor… ¿Por qué no pude reaccionar?

-Ha dicho que no.- Escuché una cálida voz un poco familia. Era aquel joven. Había tomado del brazo al chico que empezó todo esto.

-Lisandro, ¿qué demonios quieres? No ves que estamos ocupados.-Dijo en tono de burla. ¿Lisandro? Se llamaba Lisandro, el joven que había venido a rescatarme… Por favor. No te vayas. Fui mi petición tan egoísta.

-A la chica.- Un pequeño latido surgió de mi pecho. Gracias… Dije en mi mente.

-¿Qué dices? Si ella estaba pasándola bien con nosotros, ¿no es así pequeña?- Las personas de aquella persona me desagradaban. Agaché mi mirada y comencé a temblar.

-…N…No.- Mi voz era muy baja. El viento, se llevaba cada palabra.

-No digas mentiras, te acercaste tan provocativamente a preguntarnos sobre alguien. Como si no supiéramos esa excusa. Jaja, mejor di lo que realmente quieres.-

-Yo… eso es mentira… yo nunca…- Quería llorar… Malditas emociones… El miedo, el pánico… ¿Qué debía hacer?…

Escuché un sonido en seco… Lisandro… Lisandro había golpeado a aquel sujeto. Su mirada parecía de un asesino, pero… No tenía miedo de él.

-¡¿QUÉ TE PASA BASTARDO?!- Enfurecido se levantó del piso e intentó golpearlo.

Quedé sorprendida ante los reflejos de Lisandro. No, no lo hagas… Saldrás herido, pensaba. Pero ninguna palabra fluía de mi boca.

Mi nerviosismo no se iría. Parecía eterno… Mi madre, mi padre e incluso Álvaro tenían razón. Soy una niña todavía…

-¿Estás bien?- Me extendió su mano. ¿Cómo reaccionaría ante lo ocurrido? ¿Cómo debía decirle gracias?…

Sentí un delicado abrazo. Él me estaba abrazando… Era gentil… Era amable…

-¿Eh?… ¿De qué hablas?- Sorprendida pregunté limpiando mis mejillas.

-Lo siento por mostrarte mi lado más deplorable…- ¿Qué estaba diciendo? ¿Deplorable? La única patética había sido yo…- Lo siento por mentirte hace rato, quizás no hubieses estado en esta situación… por eso… Lo sien…- ¿Por qué era tan sencillo hablar con esta persona?… ¿Por qué me inspiraba confianza? Ver sus ojos tristes, su cálida voz echa un hielo, dolía…Demasiado.

-Gracias.- Lo interrumpí besando su mejilla. –Gracias por salvarme.- Su semblante cambió.

-Ven, vamos.- Delicadamente me apartó y tomó mano. –Mi nombre es Lisandro, Lisandro Riveil es un placer.- Que se presentara formalmente era agradable.

-¿Eh?… ¡Oh! Mi nombre es Emilie Miller…- Bajé un poco el tono de mi voz.

-Así que… Emilie, ¿qué te trae al instituto Galo?- Preguntó caminando rectamente.

-Busco a mí…-Pausé… No es que desconfiará de Lisandro. Pero… Mis palabras siempre se han de confundir, por eso…- A alguien muy importante para mí. – dije, tratando de disimular.

-Puede ayudarte si lo deseas…-.

-¿De verdad?… ¡Gracias! Me salvas demasiado Lisandro.-Sí, así era. Me estaba salvando incontables de veces. Gracias, gracias, gracias. No podía dejar de pensar en eso, pero al notar que su sonrisa se caía y se desvanecía sentí un dolor en mi pecho. –Oye… Ella era tu novia ¿verdad?- Pregunté desconsideradamente.

-Digamos que lo era…- Dijo un poco frío.

-¿Lo era?-

-Aún está en proceso. No sé cómo decirle que lo nuestro finalizó.- Parecía duro en sus palabras. ¿Realmente era así? ¿O era una de sus máscaras?

-Eso es horrible…- Dije refiriéndome al viento que lo lastimó. Pero una vez más… todo se malinterpretó. Lisandro se sorprendió. No es como si haya dicho por él…

-Digamos que ella hizo algo que me dolió.-

-El viento…- Lo sabía, ella era el viento. .

-¿Eh? ¿El viento?-

-Ella, ella es el viento de ayer ¿no?- Maldita sea… Debo dejar de pensar en voz alta.

-Si…- Parecía triste.

-Lisandro… ¿La amabas?- ¡EMILIE CALLATE! Me gritaba. Un conflicto se desarrollaba en mi mente. Pronto le terminare desagradando.

-..Por supues…-Pausó y se quedó pensativo. –No lo sé.- Fue su respuesta.

-Ya veo.- Debía dejar de presionarlo. Soy una desconocida y he de darle miedo ahora.

-Dejemos este tema. Mejor concentrémonos en buscar a tu novio…- ¿Novio? Eso fue gracioso. Nunca tuve novio. Me da hasta vergüenza decirlo.

-Yo no tengo novio.- No podía decirle que ni siquiera mi primer beso he dado. ¡Ah! ¿Por qué rayos tuvo que recordarme algo tan humillante?… Espera, ¿realmente es humillante?… ¿Qué barbaridades estoy diciendo?…

De sorpresa él me volvió a abrazar… ¿Estaba triste de nuevo? No quiero verlo triste…

-¡¿Qué demonios haces Lisandro?!- Escuché un grito proveniente de una voz muy familiar.

-¡Oh! ¡Álvaro!- Por fin lo encontré. Estaba feliz.

Álvaro me abrazó y besó mi mejilla. ¿Lisandro conocía a Álvaro? ¿Amigos?

-¿Huh? ¿Lo conoces?-Pregunté.

-Claro, digamos que es especie de amigo.- Hizo una sonrisa.

-Jaja, por supuesto. Así que enhorabuena Álvaro, es una hermosa mujer.- Dijo Lisandro sonriendo… ¿Le parezco hermosa?… Era la primera vez que me sentí ruborizada. El haberlo oído de sus palabras, me hacía feliz…

-Lo sé, no hace falta que me lo digas.-

-Deberías proponerle matrimonio ahora, de lo contrario me adelantare. – ¿Matrimonio? Dije que no quería que me siguieran tratando como una niña… pero, ¡casarme no está en mis planes!

-Lisandro… ¿Qué demonios piensas? Emilie es mi prima.- Dijo Álvaro un poco enfadado.

-¿De qué hablas? No comparten apellido…-

-Idiota. Ella es parte de la familia de mi madre, es hija de mi tía Raquel. Por lógica no compartimos apellido Lisandro… ¿Qué idiotez habrá pasado por tu cabeza? De todos modos, ¿cómo la conoces? ¿De dónde ha salido la confianza de aquel abrazo bastardo?- Me preguntó enojado.

-Oh, Lisandro me resca…-

-Sólo me pidió ayuda para encontrarte… pero… ¡Era muy hermosa que no me resistí!- Mintió…

No lo entendía. ¿Por qué hizo eso? Quizás era algo sin importancia para él… Así es… Sólo ayudó a una chica tonta que no puede defenderse sola. Estúpida Emilie…

Recuerdo muy bien ese encuentro… No podría olvidarlo. Siempre dolía el simple hecho de oír sus palabras en mi memoria. Su actitud pronto cambió drásticamente. Forzaba sonrisas, ocultaba cosas… La persona que llegué a admirar por su valentía se había ido… O quizás algo forzó a que se fuera.

¿Cómo es que logra aguantar ese dolor que lo inunda? Tan sólo quiero verlo feliz. Con una sonrisa verdadera…Pero ¿cómo logro que una raíz brote de una roca?

No me gustaba ver a Lisandro sufrir. Una persona sincera con un corazón noble se había marchitado ante mis ojos. Quizás el viento le sigue hiriendo…

Él se volvió considerado conmigo, más amable, más atento. Cada detalle, cada elogio… Quizás estaba tratando de olvidar a su novia. Remplazarla con alguien desechable.

Todo de él me hacía sentir confusa. Sentimientos ajenos a los que había sentido antes se desbordaban de mí… Pero él… Él sólo me veía como una niña. Me trataba como una, a veces me tomaba el pelo con frases tiernas. Lo soportaría, lo aguantaría, daría lo mejor de mí por no lastimarlo… Me engañaba, porque en el fondo me dolía. Su amabilidad era acido para mi cuerpo… Me salvó, no una sino varias veces. Él fue mi único gran amor… El primero… Aunque nunca lo sabrá, pues sé, que no aguantaré por mucho tiempo. Por eso… Será un secreto… pues pronto se cansara de jugar con una niña… “

-Emilie… ¿Qué ocurre?- Pregunté más que confundido.

-Álvaro… Yo ya lo decidí… Me iré de regreso con mis padres…

CAPITULO 20…

¿Qué estaba diciendo? Irse… No de nuevo, no soportaría su ausencia después de acostumbrarme a vivir con ella.

-Emilie… ¿Por qué deseas irte? ¿Algo no va bien en el instituto?- No, no era la universidad de Galo. Era él. Jodido Lisandro, le advertí acerca de esto.

-En lo absoluto. Sólo que… He estado muy lejos de casa. Mis amigos me han dicho que me extrañan… Por eso… yo… Yo quiero regresar pronto…- Temblaba a cada palabra.

Suspiré. Ella estaba mintiendo.

-Hace poco, mencionaste a Lisandro. Preguntabas la razón de tanta amabilidad ¿no? ¿Él es el motivo?-

-…No. Hablé sin pensar… Lisandro es amable porque soy tu prima, él me quiere como una hermana, soy una niña a su lado. No tiene nada que ver él en este asunto.- Revolvía sus ideas. No eran claras, eran confusas. ¿Podría ser que ella….? Imposible…

-Emilie… Tú estás…-

-¡Emilie! Qué alegría que hayas vuelto. Me sentía muy solo con tu ausencia.- Llegó Lisandro, sentándose al lado de ella. -¿Huh? ¡Qué hermosa te ves! Pareces una tierna muñequita con tus rizos.-

Este idiota… La mirada de Emilie parecía nostálgica. Sonreía algo forzada. ¿Por qué él no se daba cuenta de su dolor?… Lisandro la estaba haciendo sufrir… Que desconsiderado de su parte… No quería verla así… Podría ser que… ¿Acaso era lo que Samuel sentía? No, ¡no!… Borré esos pensamientos tan innecesarios. Que estupidez, lo tuyo es diferente…

-Gracias…- Dijo débilmente. Su semblante parecía el de una llama a punto de extinguirse.

-¡Oh! Emilie, mira lo que he comprado para ti.- Lisandro posó sobre ella las delicadas flores. –Dijiste que te gustaban.- Lisandro sonrió arduamente.

Ella lo miró sorprendida, evitando decirle que ya las había visto. Se sonrojó y le regaló una sonrisa tan inocente.

No había duda alguna… Ella lo amaba. Estaba enamorada de Lisandro. Esos pequeños detalles lograron que Emilie lo amase. Pero Lisandro ¿realmente la amaba? ¿Él sentía lo mismo por ella?… No me importaría si así fuese… Quizás un poco…

-¡Volví! Hola amor.- Llegó Katherine y besó mi mejilla. – ¡Dios! ¿Qué te ocurrió Álvaro?-Dijo tocando mi pómulo.

-Me caí.- Joder, aquella pregunta me estaba estresando.

-¡Deberías tener más cuidado!- Tocó con sutileza aquella marca. -¡Lisandro te dije que le cuidaras!- Gritó un poco molesta.

-Álvaro ya no es un niño…- Trató de defenderse Lisandro. –Además, le he comprado esto.- Sacó una pomada y se la entregó a Katherine.

-Cielos…- Suspiró. –No eres de confiar Lisandro.- Untó suavemente en donde había sido el golpe de “tu amado novio”

-Gracias, pero Lisandro tiene razón. Debí haber tenido más cuidado. Siento haberte preocupado. Tomé su mano y besé sus dedos delicadamente.

– Eres un desastre Álvaro…- Besó mi frente y se recostó en mi pecho. -¿Oh? ¡Vaya que lindas! Son camelias…- Miró las bellas flores que yacían en un bello esplendor. -¿Son tuyas Emilie?- Preguntó sonriendo.

-Si… Lisandro me las regaló…- Bajó el tono de su voz.

-¿De verdad? Lisandro, necesitaras más si quieres conseguir a Emilie.- Carcajeó un poco.

-Pero ¿qué dices? Sólo es un obsequio de amistad…-Parecía inseguro de sus palabras -¿Verdad Emi?- Trató de sonreír.

-…Si- Dijo en susurro. –Lo siento… Creo que quiero dar una vuelta por el lugar…- Se levantó y a punto de irse. Lisandro le tomó del brazo.

-Ni creas que dejare que vayas sola.- La miró profundamente. Ella sólo agachó la mirada.

-Está bien… Puedo ir sola.- Emilie lo trató de quitar sutilmente.

-Lisandro… Ella ya no es una niña.- Dije mirándolo confuso.

-Lo sé. Es por eso que iré con ella.- Agregó seriamente. Su mirada no era la habitual. Me sorprendí ante su respuesta. No esperaba tales palabras por parte de él. –Emilie, por favor…déjame ir contigo. ¿Acaso no te has visto en el espejo?- Le preguntó.

-Si… Todos los días. ¿Por qué?…-

-¿Por qué?… Simplemente porque eres hermosa… Tierna, amable, dulce… No pienso dejar que ningún otro idiota intenté lo de la última vez. Así que iré contigo.- La tomó de la mano y comenzó a caminar con ella. ¿Última vez? ¿De qué hablaba?

Pude notar a Emilie más que sonrojada. Sé que debía detener aquella escena… Lisandro era más que idiota para darse cuenta de los sentimientos que estaba provocando en ella. Si no tenía cuidado, él terminaría lastimándola. Sin embargo… No hice nada por evitarlo, pues noté una aprobación por parte de ella.

-Lisandro es un poco celoso… ¿No lo crees?- Dijo Katherine al ver que ellos dos se alejaban.

-Demasiado diría yo.- Suspiré. Algo en mi me preocupaba. Temía que ella se alejara de mi lado. Sé que era egoísta… Pero una parte de mí, aún era dependiente de aquel recuerdo.

-Que lindos…- Se inclinó hacía mi hombro y dio un suspiro largo y pausado.

Su voz… Su fragancia, su piel y aquella mirada… No provocaban en mí una emoción tan vibrante como la tuya…

En el fondo me alegraba, pues no había dudas con ella. Pero también me alertaba y preocupa…

-Álvaro, estoy un poco intrigada, el hecho de haber visto a Valeria…- La interrumpí dándole un beso en los labios. No quería hablar acerca del tema. Me incomodaba de sólo pensarlo.

-Te amo. Eso es lo único en lo que debes preocuparte.- En el fondo era mentira.

Ella sólo sonrió. Permanecimos en silencio por breves momentos…

Sentí un pequeño escalofrío… Un temor que inundaba mi cuerpo… Una frágil voz que se rompía en pedazos llamaba mi nombre.

-Valeria…- Suspiré y miré a una dirección que fue como una pesadilla para mí.

Poco a poco, tu cuerpo era sumergido entre las cristalinas aguas… Idiota ¡¿Qué hacías dentro del agua sola si no sabías nadar?!

Aparté a Katherine y me levanté presuroso, a punto de correr para sacarte de ahí, sentí una frágil mano detenerme.

Era Katherine, parecía triste. Se aferró más a mi como si supiera que algo terminaría si me dejaba ir contigo.

-Por favor… Tengo que ir con ella.- Le susurré a su oído. Katherine sorprendida me soltó y agachó la mirada. –Gracias.- Besé su mejilla.

Presuroso y sin pensarlo me lancé al agua tratando de tomarte los más pronto posible. ¿Por qué tiene que ser de esta manera? ¿Por qué fui el único que te vio? Tu cuerpo se había perdido de mi visión, yacía en el fondo. Demonios, comenzabas a convulsionar… Sujeté tu brazo y te llevé a la superficie.

Agitado saqué tu cuerpo del agua… Una multitud de personas se acercaban presurosas. Idiotas… Tan atrasados llegan…Estaba agitado, molesto y asustado…

Tus parpados estaban cerrados. Tus labios eran morados y tu piel se había puesto más blanca. Era una broma ¿verdad? Este tipo de cosas… Sólo hacían que me encadenara a ti.

¡¿Dónde estaba el idiota de tu novio?! ¡¿Por qué demonios te fuiste con él?! ¡¿Por qué diantres habías preferido su compañía?! Gritaba en mi mente, mientras realizaba las compresiones cardíacas. Valeria ¿por qué me haces este tipo de cosas?

Separé tus labios y tomé tu mentón. Uní mis labios con los tuyos tratando de pasar el oxígeno a tus pulmones.

-No me hagas esto Valeria…- Te decía continuando con el RCP. Cada intento de que reaccionaras, se me hacía eterno… No lo aceptaría, no permitiría esto… Jamás…

De pronto, volviste a abrir los ojos y soltaste el agua que habías ingerido. Tu tono de piel, levemente mejoró.

Comenzaste a toser y el personal de emergencia por fin llegó. Te subieron a una camilla y te suministraron oxígeno a través de una mascarilla. Malditos… Quería golpearlos…

-¡Quítate idiota!- Sentí un empujón fuerte. Era el idiota de tu novio.

-Señor, ¿conoce a la joven?- Preguntó uno de los ayudantes.

-Por supuesto… Es mi novia.-

-Pues dé las gracias a este joven.- Dijo señalándome. –Si él no hubiese practicado el RCP, hubiéramos temido lo peor.-

-¡No le voy a dar las gracias a un idiota como él!-

-Señor, este hombre salvó la vida de su novia.-

-No creí que fueras así de ignorante Joel.- Estaba molesto. No porque no me hubiera agradecido. Sino por el hecho de haberte dejado sola…

-¡Mira imbécil! ¡¿Quieres otra mejilla golpeada?!- Preguntó molesto.

-Adelante ojito morado.- Sé que debía ignorar cualquier provocación… Pero… De verdad quería golpearlo.

-Eres un…-

-¡Deténganse los dos!- Gritó el personal de emergencia. –Deberían apenarse… Una vida corrió peligro y ustedes discutiendo por algo tan estúpido.-

-¿Estúpido? Besó a mi novia- Dijo molesto. No podía haber persona más tonta en el planeta. A Samuel le habían quitado su puesto.

-Eres un estúpido…- Traté de no elevar el tono de mi voz. –Si te hace feliz. Ese beso no significó nada para mí más que hacer que reaccionara.- Limpié mis labios que habían tocado tus frías comisuras.

Caminé queriendo marcharme, pero algo me detuvo. Sorprendido regresé mi mirar.

-Álvaro… Por favor, no te vayas.-Dijiste a duras penas y comenzaste a llorar

Una espina brotó de mi pecho, tratando lentamente de penetrar todo mi ser… Dolía. Sujeté tu mano

-Tranquila… Estoy contigo.-Besé el dorso de tu muñeca y limpié tus mejillas.

¿Qué estaba haciendo de mi vida? ¿En qué momento mi mundo se descontroló? Tú tienes la culpa… Estas acciones me mantienen seco por dentro, no puedo tolerarlo, actúo más como una bestia que como un humano, una bestia que reacciona al choque entre los celos y el odio. Tú causaste la destrucción de mi ser.

No puedo perdonarte… Te odio por estar a mí alrededor y cambiar las cosas de cómo eran. No necesito mostrar “amor” a aquellos que están llenos de complejos de inferioridad. Incluso aunque sea un pensamiento deshonesto, haré cualquier cosa para aplastarlo antes de quedar expuesto…

 

CONTINUACION…

 

ABRAHAM ROCHA RDZ…

 

Existen personas que no deberian amar… capitulo 15 & 16

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fotografia de Handra Rocha

-¿Álvaro? Oh santo cielo, sí eres tú. ¿Cuánto tiempo ¿verdad?- Se acercó a mí una bella joven. Sus gruesos labios rojos y su cabello sostenido en una cola de caballo la hacían lucir un poco mayor para mí.

-Lo siento… Pero ¿quién eres?-

Ella carcajeó levemente.

-Siempre has sido así Álvaro. Soy Itzel Cowpland ¿me recuerdas?-

-¡Oh! Cuánto tiempo, lo siento Itzel, te vi tan cambiada que te desconocí-

-Jaja, siempre con tus excusas-

-Me atrapaste- Le guiñé el ojo izquierdo.

-Pero tan encantador como siempre, y dime ¿qué paso con Valeria? Supe que terminaron- Dijo de manera seductora.

-¿Cómo lo sabes?-

-¿Recuerdas a Violeta? Al parecer Valeria está saliendo con su hermano, Joel, que acaba de regresar de Australia-

-Ya veo, bueno quizá no era la indicada para mí- ¿Por qué me dolía tal frase?

-Tienes razón cariño-

-Da igual… ¿Qué has hecho de tu vida?- Traté de olvidar ese tema y de zafarme de sus manos que acariciaban mi pecho.

-Oh, que aburrido, estoy trabajando como vicepresidente en un balneario turístico. No todos heredamos la empresa de nuestros padres Álvaro.- Contestó divertida.

-En eso tienes razón-

-Por cierto, recibí estas entradas para mis amigos, pero como la mayoría están ocupados con sus hijos y trabajo pensaba tirarlas, de suerte que te encontré. Toma puedes quedártelas, me ilusionaría mucho que visitaras mi área de trabajo, dan unos excelentes masajes tienes que probarlos.- Dijo dándome cinco entradas.

-Gracias, pero son demasiadas…

-Oh cariño invita a quien desees, bueno nos vemos- Me interrumpió y se marchó.

Ahora que lo pienso, Emilie desde su estadía en la casa, no hemos salido juntos. Aprovecharía esta oportunidad, para agradecerle lo que ha hecho por mí y para disculparme por mi actitud tan inmadura.

También sería buena idea distraerme. Invitaría a Katherine para no pensar en ti. Por supuesto tenía que invitar a Lisandro. De lo contrario estaría todo el tiempo molestándome.

El otro boleto se desperdiciaría, pues Isabel se había ido de vacaciones con su novio.

El sábado partimos al balneario. Katherine y Emilie se llevaban tan bien, eso en el fondo me agradaba.

La vista del grande manantial me dejó sorprendido. Qué hermoso era. Las aguas eran tan cristalinas. Los árboles frondosos daban mucha sombra. Y hermoso pasto verde mojado daba un olor agradable.

-Enseguida regresamos- Katherine tomó del brazo a Emilie y se la llevó al vestidor.

Se alejaron apenas unos metros, el probador no se encontraba lejos.

-Es la primera vez que veré a Emilie en bañador- Agregó Lisandro tumbándose en el césped de aquel exótico lugar.

-Pobre Emilie, tener que soportar que unos jodidos bastardos como tú, que se interesen en su cuerpo.- Le dije.

Él carcajeó y guardó silencio unos cuantos segundos.

-Me enamoré de ella… eso es todo.-

-¿Eh?- Sorprendido exclamé, esta vez parecía tan seguro de sus palabras. Es verdad que siempre se lo decía, pero tanto ella como yo, lo tomábamos como una simple broma. Sin embargo ese tono tan distinto en sus palabras me estaba haciendo dudar.

Él por otro lado, ignoró mi gesto, parecía perdido en sus pensamientos.

Cuando dos personas están destinadas a estar juntas… no importa el tiempo ni las personas. El destino siempre hará que se unan…

Que buena broma. Pensé riéndome por aquel párrafo que leí alguna vez en un libro. Mirando como ella sonreía besando a su mejor amigo.

-Tenías razón…- Dije en susurro.

-Ahora me crees- Comentó Álvaro dando media vuelta a punto de marcharse.

-Aunque hubiese preferido no saberlo- Agregué sonriendo, tratando de no mostrar mi amargo dolor.

Álvaro detuvo su caminar y regresó a verme. Su mirada tan inexpresiva se tornó un poco molesta.

-Idiota- Dijo finalmente marchándose.

Yo seguía sonriendo, esperando a que se fuese completamente. En verdad agradecía su preocupación por mí, porque aunque la niegue, él se preocupa por mí. Aunque intente ocultar sus emociones, él es tan transparente.

Cuando por fin su silueta desapareció de mi vista, mis ojos no retuvieron más aquella agua salada.

-Carolina…- Entre suspiros dije su nombre. -¿Por qué lo hiciste?- Susurré avanzando lentamente.

La amaba, era lo más importante que tenía. Carolina se había convertido en alguien tan especial para mí. Pero ahora, ahora sólo quería olvidarla. Álvaro cientos de veces me lo dijo.

-El amor es una farsa y ella lo conoce bien- Fueron sus palabras.

Que ciego fui. Que predecible también. Es tonto, lo sé, nunca me imaginé en este estado tan despreciable. Enamorarme fue quizás mi peor error, el amor sólo es una vil mentira… Espera… ¿Qué demonios digo? Estaba sonando como Álvaro.

Calmado Lisandro sólo es una mala experiencia. Me auto regañé. Dejé a la dulce pareja, Carolina parecía feliz. ¿Reclamarle? No, sólo me vería como un idiota, además de que en el fondo estaba consciente de que la había perdido.

Caminé sin un rumbo establecido, quería alejarme.

He perdido. Lo sabía. Quizás siempre lo supe…

Las lágrimas no se irán, maldición. No creí nunca sentir mi cuerpo tan vacío o incluso sentir dolor el ver sonreír a alguien más. Aun así, la sigo amando… una parte de mí quiere correr y alejarla de ese tipo… de luchar, pero, es muy tonto, yo sabía a lo que me enfrentaba. Nunca competiré con alguien como él.

Sumergido en mis pensamientos, mirando de frente, ignoré el frágil cuerpo que chocó conmigo.

-Duele…- dijo casi en susurro.

-¡Lo siento!- Exclamé apenado. Rápidamente le ofrecí mi ayuda.

-Gracias.- Sentí una suave mano y muy pequeña posada en mi áspera palma. Hizo un poco de fuerza y el contacto de sus dedos fue más cercano.

-Está bien, fue mi culpa.- La miré. Tan linda con sus bellos ojos color castaño. Su tierna carita de porcelana. Sus frágiles labios rojizos y pequeños. Su largo cabello lacio.

Reaccioné a su respuesta un poco tarde. Su belleza me había dejado cautivado.

-Para nada, fue mi culpa.- Ella me sonrió de una manera adorable, pura e inocente que por un momento olvidé el amargo recuerdo de mi amada.

-¿Estás bien?- Me miró preocupada, su mano aún sostenida con la mía parecía una bendición. Delicadamente y casi temblando tocó mi mejilla y me miró nostálgicamente.

Recordé entonces que mis ojos debían estar hinchados aún. Mi mano por fin se separó de la suya. Limpié presuroso mis parpados.

-Oh ¿esto?, no es nada, una pequeña basura. Hoy corre mucho viento.- Inventé una excusa.

Hizo una mueca de confusión. Intentó volver a sonreír.

-Ya veo, tienes razón.- Lo dijo como evitando hacerme otra pregunta, supongo que no quería incomodarme. Se lo agradecí, pues para ser honesto yo tampoco lo deseaba. –Tengo que irme. Espero y el viento no vuelva a lastimarte.-

Sonreí a su inocente comentario. Pensé que nunca más la volvería a ver. Pensé que sería como aquellas personas tan encantadoras a simple vista que por un breve momento te cautivan, pero que jamás te las has de encontrar otra vez.

El haberla visto me había hecho bien, por eso, no me importaría no verla de nuevo. Esto era un adiós definitivo. La vi avanzar poco a poco.

-Adiós…pequeña- Dije con un susurro.

Lentamente desapareció, cruzando aquella calle.

Decidí caminar, ir algún sitio y despejar mi mente. Sin embargo, no fue necesario. Su rostro de aquella chica merodeaba en mi cabeza. Su sonrisa, su mirada, su voz… todo de ella predominaba en mis recuerdos. Sabía que eran frágiles y que pronto se desvanecerían como un eco. Por eso, recordaría todo para disfrutarlo un poco más.

Al día siguiente, en la hora del descanso del colegio. Carolina actuó de forma habitual. Quizás desde siempre fue así.

No me molestó en lo absoluto. Su hipocresía era algo graciosa.

-Mi amor, recuerdas nuestra primera cita. Me gustaría ir un día de estos de nuevo. Sólo para recordar agradables momentos.- Sonrió tomándome de la mano.

Recuerdo que el roce de su piel con la mía me estremecía y me invadía de felicidad. Pero…ahora me dolía de una manera sumamente mortífera.

Triste le sonreí. ¿Qué más podía hacer? No tenía el valor de decirle algo. Pero… me preguntaba por qué. No quería llorar… no enfrente de ella. Me humillaría. Jamás sufría, jamás lloraba en su presencia. Fui feliz. Ahora comprendo que no debí amarla. ¿Qué debía hacer en esta situación?

-Disculpen…- Escuché de nuevo su voz… La miré. Su hermosa cara volvió a salvarme. Mi pequeño ángel otra vez me salvó. –Anda… si eres el joven de ayer… – Me sonrió tan amablemente. Me invadió una gran paz y alivio. ¿Cómo lo hacía?…

Pude notar la mirada furiosa de Carolina. No quería que empezara uno de sus tantos dramas.

-Lo siento, creo que me estas confundiendo.- Traté de sonreír.

La pequeña cambió pronto su semblante. Parecía confundida. Miró rápidamente a Carolina y agregó.

-Oh disculpa. Te pareces a un amigo… lo siento, soy una tonta.- Volvió a sonreír. –Disculpen el mal entendido.- Me sentí culpable por hacer que se disculpara por nada. La vi alejarse. Quizás necesita ayuda con algo, sin embargo la ignoré. Soy un idiota…

Pronto, reaccioné. ¿Qué hacía ella en el instituto? ¿Estaría buscando a alguien? ¿Quizás información para ingresar?… Le estaba dando demasiadas vueltas al asunto.

-Lisandro… Tengo que irme, luego hablamos.- Dijo Carolina un poco molesta al verme tan pensativo.

En otros tiempos si ella hubiese dicho aquello, saldría corriendo a detenerla y le rogaría perdón sea por lo que sea. Pero, ahora sólo quería estar con aquella chica. Ayudarla. Verla. Hablar con ella… Quizás sólo estaba tratando de distraerme. Que despreciable soy…

Carolina por fin desapareció de mi vista, animoso apresuré mi paso para encontrar a la chica. No debía estar lejos. Debía disculparme y agradecerle por fingir. Esa pequeña entendía muy bien cada situación.

Miré a todos los lados a cada paso. La ansiedad se hizo tan grande al no poder encontrarla. ¿Cómo había podido ir tan lejos en breves segundos?

A punto de rendirme, pude oír su frágil voz…

-No, gracias… yo… yo tengo que encontrar a mí…-

-Oh vamos, te divertirás con nosotros.-

-Preferiría no hacerlo.-

-No seas tímida, ven…-

-Ha dicho que no.- Tomé del brazo al chico que estaba a punto de ponerla mano encima. Esos tipejos tenían fama de ser casanovas y lo que es peor, acorralar a chicas entre varios hasta no dejarles escapatoria.

-Lisandro, ¿qué demonios quieres? No ves que estamos ocupados.- Se quejó Alejandro, el que lideraba a ese par de bastardos; el padrino.

-A la chica.- Lo miré desafiante y molesto.

-¿Qué dices? Si ella estaba pasándola bien con nosotros, ¿no es así pequeña?-

La joven agachó la mirada, pude notar que estaba temblando.

-…N…No.- Dijo casi en susurro.

-No digas mentiras, te acercaste tan provocativamente a preguntarnos sobre alguien. Como si no supiéramos esa excusa. Jaja, mejor di lo que realmente quieres.-

-Yo… eso es mentira… yo nunca…-Pude notar unas cuantas lágrimas de su hermoso rostro.

No recuerdo con exactitud que sentimientos me invadieron en aquel momento. Pero… creo que si hubiese empleado un poco más de fuerza le podría haber roto la mandíbula a ese idiota.

-¡¿QUÉ TE PASA BASTARDO?!- Enfurecido se levantó del piso e intentó golpearme. Tampoco recuerdo de dónde surgieron tales reflejos. Dos golpes en la cara y uno en el estómago. Fueron suficientes para dejarlo fuera de combate.

Tuve demasiada suerte, lo admito. Ninguno de sus acompañantes intentó ayudarle. Mejor para mí, aunque lo intentara no podría con cinco más.

-¿Estás bien?- Le extendí mi mano a la chica, a mi ángel. Seguía cabeza abajo temblando. No respondió. ¿Realmente estaba tan aterrada? La abracé delicadamente. No quería verla llorar, no lo soportaría. ¿Cómo se llama esto? ¿Amor a primera vista?, no lo sé, pero algo era seguro, no quería terminar con este abrazo. –Todo estará bien… no hay nada que temer…-Salieron aquellas palabras por si solas.

Ella se aferró a aquel abrazo. Sentí sus cálidas lágrimas. Estar de esa manera me hacía sentir feliz…

-Está bien si también lloras.- Me sorprendí ante su comentario… ¿Qué estaba diciendo?… Yo no quería llorar… no ahora… Pero… Mis lágrimas me traicionaron y resbalaron sobre su cabellera tan fina. ¿Tan vulnerable me veía?

Mi dolor y su miedo prolongaron más aquel tierno abrazo. Oía su palpitar, olía su aroma, sentí su suave piel y cuerpo cerca del mío. Aunque aún no era apropiado aceptarlo, estaba enamorándome de ella. O quizás ya lo estaba.

-Lo siento…- Dije en un suspiro y sollozante.

-¿Eh?… ¿De qué hablas?- Preguntó limpiando sus mejillas.

-Lo siento por mostrarte mi lado más deplorable…- Ni yo entendía de dónde salía tanta confianza para hablar así con ella…- Lo siento por mentirte hace rato, quizás no hubieses estado en esta situación… por eso… Lo sien…-

-Gracias.- Me interrumpió besando mi mejilla, llevándose unas cuantas lágrimas en sus labios. –Gracias por salvarme.- Me sonrió de una manera tan dulce. Esas palabras que ella dijo fueron aquellas que yo debí haberle dicho. Sin embargo, en ese momento estaba tan feliz de poder estar una vez más con ella. Es demasiado tarde… Nunca lo esperé, ella dominó mi corazón tan rápido.

-Ven, vamos.- Delicadamente la aparté y tomé su frágil mano. Ella sorprendida me miró, sin embargo no se opuso. –Mi nombre es Lisandro, Lisandro Riveil es un placer.- Le dije avanzando rectamente.

-¿Eh?… ¡Oh! Mi nombre es Emilie Miller…- Bajó un poco el tono de su voz.

Emilie… Un lindo nombre. El simple hecho de pronunciarlo era tierno. Sostuve su mano con más aferro. Cálida, tanto que podía derretirme. Suave, como algodón puro y natural. ¿Qué estaba haciendo?… ¿Qué demonios estaba haciendo con ella? ¿Por qué todo había terminado así?

-Así que… Emilie, ¿qué te trae al instituto Galo?- Pregunté sin mirarla, no podía, su mirada me ponía nervioso. Sentía que si la veía quería abrazarla nuevamente. Que penoso era mi caso, enamorarme de una cara linda… no, no era eso. Quizás sólo llevo dos días de verla, pero siento que sé algunas cualidades de ella, o quizás sólo las estoy inventando para sentirme mejor. Que risa he de dar.

-Busco a mí…-Pausó.- A alguien muy importante para mí. –

Quedé un poco pasmado, quizás un novio…su novio. Pero… Si tenía novio ¿por qué sostenía mi mano? ¿Por qué me abrazó con tan poca importancia?… ¿Sera igual que Carolina? ¿Le importara un bledo los sentimientos de los demás? Eso es cruel… Demasiado. No. ¿Qué demonios digo? ¿Qué clase de estúpidas conclusiones estoy sacando? Estoy haciendo prejuicios… Que idiota soy.

-Puede ayudarte si lo deseas…- Le dije aflojando un poco nuestro agarre de manos.

-¿De verdad?… ¡Gracias! Me salvas demasiado Lisandro.- Me sonrió… Este sentimiento se estaba haciendo más grande… ¿Por qué? Es imposible, es ilógico… Es verdad que no existe algoritmo para el amor… Pero si lo hay para el enamoramiento. Su rostro no debió ser el único estimulo. ¿Qué era? –Oye… Ella era tu novia ¿verdad?- Preguntó de manera inocente.

Me sorprendí un poco.

-Digamos que lo era…- En otro momento eso me hubiera dolido, pero ahora no, mi pequeño ángel, Emilie, se encontraba tomando mi mano. No me dolía en lo absoluto.

-¿Lo era?-

-Aún está en proceso. No sé cómo decirle que lo nuestro finalizó.-

-Eso es horrible…- Hizo un gesto de estar molesta. Se veía más como una niña a la que le acaban de quitar su paleta que alguien que realmente está molesta. Me dio gracia.

-Digamos que ella hizo algo que me dolió.-

-El viento…-Susurró.

-¿Eh? ¿El viento?-

-Ella, ella es el viento de ayer ¿no?- Preguntó curiosa. ¿Por qué alguien que conocía muy poco estaba enterándose de mi vida? Se dio cuenta tan fácil…

-Si…- Dije entre quebrado. Palabras de odio y traición se reflejaban en mi mente. Esta herida me causaba confusión.

-Lisandro… ¿La amabas?-

-..Por supues…- Dudé. Ya no podía decir que la amaba porque ni yo lo sabía. Juré que fue mi vida, que fue mi todo… Pero si Emilie entró demasiado rápido a mi corazón, eso podía ser mentira. Tan sencillo fue deshacerme de su amor… Fue tan frágil… Casi cristal. –No lo sé.- Fue mi respuesta.

-Ya veo.- Apartó la mirada y se quedó callada un momento.

-Dejemos este tema. Mejor concentrémonos en buscar a tu novio…-Demonios, esa palabra salió por si sola… ¿Desde cuándo me traiciono?

-Yo no tengo novio.- Esas palabras me volvieron aún más feliz. Involuntariamente la abracé con un brazo sin dejar de soltar su mano. Ella sorprendida sólo dejó que su cuerpo se acercara más al mío. ¿Qué me ocurría?… Quería estar con ella de esa manera por siempre. Quería protegerla. Quería que siempre sonriera para mí, porque me tranquilizaba el simple hecho de verla. Me estaba volviendo dependiente…

-¡¿Qué demonios haces Lisandro?!- Escuché un grito proveniente de una voz muy familiar.

-¡Oh! ¡Álvaro!- Emilie se separó de mí y corrió a abrazar a Álvaro. Sonrió, le sonrió a alguien más… Soy idiota, quizás no tenía novio, pero quizás tenía un amado. De seguro ha de pensar que soy un tonto. No, realmente lo soy.

Álvaro correspondió a su abrazo y besó su mejilla. Me sorprendí un poco la reacción de él, no suele ser de las personas que demuestren muy fácil sus sentimientos. En algo tenía razón, esa pequeña era un ángel. Si logró que alguien como él le mostrase afecto, debía ser una obra divina.

Sonreí para mis adentros. Me alegraba por él y por ella. Sin embargo sentía una profunda tristeza.

-¿Huh? ¿Lo conoces?-Preguntó Emilie sorprendida.

-Claro, digamos que es especie de amigo.- Le devolvió una sonrisa.

-Jaja, por supuesto. Así que enhorabuena Álvaro, es una hermosa mujer.- Le dije sonriendo. Emilie se sonrojó un poco.

-Lo sé, no hace falta que me lo digas.-

-Deberías proponerle matrimonio ahora, de lo contrario me adelantare. – Pude notar como ellos cambiaron su semblante a confusión.

-Lisandro… ¿Qué demonios piensas? Emilie es mi prima.- Dijo Álvaro un poco enfadado.

-¿De qué hablas? No comparten apellido…-

-Idiota. Ella es parte de la familia de mi madre, es hija de mi tía Raquel. Por lógica no compartimos apellido Lisandro… ¿Qué idiotez habrá pasado por tu cabeza? De todos modos, ¿cómo la conoces? ¿De dónde ha salido la confianza de aquel abrazo bastardo?- Me preguntó enojado.

-Oh, Lisandro me resca…-

-Sólo me pidió ayuda para encontrarte… pero… ¡Era muy hermosa que no me resistí!- Mentí. No debía preocuparlo.

Emilie me miró unos segundos y pronto pude ver su decepción.

-Ya veo. Así que de ahí la confianza…- Álvaro suspiró. –Aléjate de ella jodido pervertido.- Dijo rodeando a Emilie en sus brazos como protegiendo a un conejo de un hambriento lobo

Carcajeé un poco, realmente era un idiota… El más grande quizás .A pesar de que tenía oportunidad con Emilie… no lo haría. No debía. Álvaro es una persona valiosa para mí, quizás por lo que ambos compartimos. Quizás por lo que nos une de manera fuerte. Quizás por su amistad… no puedo herirlo ni a él ni a ella. Así como olvidé a Carolina, la puedo olvidar a ella… No quiero lastimarla, no quiero verla triste…Jamás me permitiría hacerla llorar. Nunca me lo perdonaría y perdería todo… Por eso, si mi único privilegio es verla, por mi está bien… después de todo, aún soy un desconocido para ella.

No debí amarla… Nunca debí. Ella será prohibida para mí. Y como buen humano, lo deseare, deseare eso tan prohibido, pero no cometeré el error de tenerlo… No, no lo tendré.

Estoy feliz de haberla conocido, estoy agradecido de darme valor en abandonar a la que alguna vez creí mi amor… Estoy agradecido de que ella sea mi nuevo amor. De que ella llene el vacío que hubo. Por eso… no puedo estar con ella. La cuidaré de lejos. La amaré de lejos. La veré feliz con alguien más, veré como le sonríe, como le entrega su amor… Pero, seré feliz de sólo verla sonreír…

Existen personas que no deberían amar… Quizá Álvaro tenía razón, sin embargo, para mi aún era mentira…“

-Oye Lisandro… ¿Lisandro? ¡Lisandro!- Le grité, maldita sea, odiaba cuando se perdía de esa manera.

-¿Eh? ¿Qué ocurre Álvaro?- Reaccionó por fin a mis llamadas.

-De verdad eres un distraído, quizás el peor. Vamos, las chicas nos están esperando.- Caminé seguro de que él siguiera mi paso.

-Y bien, ¿qué les parece?- Katherine comenzó a modelar. Que linda se veía. Ese conjunto le asentaba perfectamente. Emilie parecía avergonzada, aunque no lo entendía del todo, su traje de baño rojo, le ajustaba de una manera especial. Estaba hermosa.

-Los dos se ven preciosas.- Besé la frente de Katherine y rodeé los hombros con mi brazo.

-En eso tienes toda la razón, se ven hermosas. Aunque para qué miento, no puedo dejar de verte Emilie, lo siento Katherine pero mis ojos se concentran más en ella. –Le sonrió. Emilie se sonrojo y agachó la mirada. Este idiota debería ser más cuidadoso con sus palabras. Mira que ilusionarla de tal manera. Nunca lo perdonaré si ella sufre.

Lisandro idiota. Pensé.

Katherine y Emilie avanzaron a la pizarra de actividades.

-¡Oh! Grandioso, mira Emilie tienen un acuario.- Dijo Katherine señalando la actividad.

-Nunca he visto un acuario, me gustaría ir.- Agregó entusiasmada. –Álvaro ¿podemos ir?- Me preguntó inocentemente.

-Si, por favor Álvaro.- Se le unió Katherine.

-Jaja, temo que no podrás negárselos Álvaro, las mujeres unidas consiguen lo que sea.- Carcajeó Lisandro.

-Creo que tiene razón.- Suspiré. –Está bien iré a preguntar a recepción. No tardo.- Me alejé rumbo al lugar. Demonios se hallaba muy distanciado. Pero, admito que esto sirvió para poder apreciar mejor el paisaje. Todo era tan calmado, tan sereno, tan bello.

Llegué a la barra y me dispuse a preguntar la información y acerca de los horarios.

-Disculpe…-

-Disculpe…- Al mismo tiempo oí una voz muy familiar que hizo mi cuerpo estremecer.

¿Es el destino o casualidad? ¿Destino? ¿Realmente existe eso? No, es imposible. Opté por casualidad…

-Oh, Álvaro…-

-Valeria…-

CAPITULO 16 CONTINUACION…

-Qué sorpresa tan grata.- Sonreíste dulcemente.

-Claro, lo mismo digo.- No, no era lo que pensaba. ¿Por qué de todos los lugares? ¿Por qué de todos los días? ¡¿Por qué demonios nos encontramos en este momento?!

-Valera, ¿quién es?- ¡¿Y por qué con tu novio?!

-Oh, él es Álvaro.-

-Así que tú eres el famoso Álvaro. Un gusto mi nombre es Joel. Valeria me ha hablado de ti.- Dijo rodeándote de la cintura.

-¿De verdad? ¿Te dijo que fuimos una pareja feliz?- Te miré sonriendo de manera melancólica. Te sorprendiste por el comentario y pude notar tu sonrojo. Él también lo percibió. ¡Ja! Punto para mí. Joder… ¿A qué demonios estaba jugando yo?…

-No lo sé, sólo me interesó la parte de quedar como amigos.- Maldito. Esa estúpida palabra me molestaba. Él me molestaba. Pero… ¿por qué? No debería enfadarme por una corta frase.

-Tienes razón.- Lo miré frívolamente.

-Esto… Álvaro, es una enorme coincidencia encontrarnos aquí ¿no lo crees?- Rompiste la tensión que se estaba formando entre él y yo.

-Demasiada.- Te sonreí.

-Así que Álvaro. ¿Has venido solo?- Preguntó Joel, abrazándote y dándote un beso en la cabeza. Este tipo… Dos podían presumir de su pareja.

-Por supuesto que no. Vengo con mi prima, un amigo y mi novia.- Pude notar que te sorprendiste. Me miraste unos segundos tristemente y agachaste la mirada.

Joel lo notó y agregó.

-Oh, bueno en ese caso no te molestamos más.- Apunto de irse, creyendo no verte más, decidiste proponer algo que no deseaba.

-Álvaro, ¿no quisieras recorrer el balneario con nosotros? Escuché que tienen una fabulosa vegetación. Será divertido si somos más ¿verdad?-

-Me gustaría.- No. No. ¡NO! Esto estaba mal. Ni siquiera pensé en nada a la hora de responder. Por un lado no quería, pero por el otro, no quería que estuvieras a solas con él. ¿Qué me ocurría? Mi plan era alejarme de ti. Pero pareciera que trataba de estar más tiempo contigo.

Joel, se molestó pero no dijo nada. Idiota, si supieras que su gran amor fui… No, soy yo…

Demonios…

-¡Qué bien!-

-Pero será en otro momento, Emilie y mi novia, querían ir al acuario. Así que te veré después Valeria.-

-Oh… Ya veo… ¡Yo también quería ir al acuario!- Joel te miró sorprendido. Pareciese que al principio no tenían planeado eso. –Lo siento Joel, debí decírtelo antes.- Sonreíste de manera inocente.

-No importa, está bien. Vamos al acuario. – Te regresó el gesto.

No pude evitar reírme para mis adentros. Tú no estabas del todo enamorada de él. Querías estar cerca de mí. Si la espina que dejé seguía ahí, podía sentirme tranquilo. Aunque me perturbaba las ganas de alejarte de él, todavía no aceptaría estos pensamientos tan confusos. Todavía no aceptaría que compartieras recuerdos con alguien más. Se supone que deberías sufrir… No podías olvidarme.

-Entonces nos veremos ahí supongo. Parece ser que el próximo recorrido es a las 3 de la tarde.-

-No falta mucho para las 3, podemos irnos juntos.- Dijiste instantáneamente. ¿Qué es lo esperabas de mí Valeria?

-Por mí está bien… Pero ¿no crees que se molestará tu novio?- Te susurré al oído.

-¿Eh? No, no lo creo.- ¿Por qué estabas tan segura sin consultarlo?

-De acuerdo, vamos.- Sé que debía alejarme. Sé que debía romper cualquier lazo, cualquier momento de estar contigo. Pero una parte de mi ser me gritaba y te buscaba. ¿Cuándo me convertí en un imán? ¿Cuándo te convertiste en mi metal de atracción?

Katherine, la necesitaba. Necesitaba a la que alguna vez me sirvió de distractor. Necesitaba enamorarme de ella, necesitaba crear recuerdos que reemplazaran los tuyos.

Yo no te amo… Es sólo que, verte con alguien más no es algo que deba permitir. Me juraste amor. Entonces, debo hacer que des validez a esa palabra. Sí, eso debía ser lo que realmente me molestaba. No debía existir otro factor.

-¿Huh? Katherine… Ha pasado tiempo.- Corriste al verla. ¿Desde cuándo se conocían?… Pensé que ella y tú nunca forjaron una amistad. Ella no mencionó nada al respecto.

-Oh… Valeria…- Dijo con la voz apagada. Tenía que fingir al respecto, no podía hacer saber que yo conocía la relación que alguna vez tuvo con Samuel.

-Valeria ¿La conoces?-

-¡Claro! Ella era la novia de… De un amigo.- Mi actuación salía como la planeé. Pronto Katherine se unió conmigo. Es bueno saber que tenía una “cómplice” en este absurdo juego.

-¿Conoces a mi novio? ¿Qué coincidencia? ¿De dónde le conoces?-

-¿Álvaro es tu novio?- Preguntaste ahora más sorprendida. –Ya veo… ¿Él nunca te habló de mí?-

-No, no recuerdo.- Pude notar su voz un poco celosa. Casi queriendo remarcar lo que para ella ahora le pertenecía.

-Creo… Creo que es mejor de esa manera.- Sonreíste.

-En ese caso, lo siento Valeria te veremos después, iremos al acuario. –Dijo tomándome del hombro.

-¡Nosotros también iremos!- Te exaltaste un poco. –Lo… Lo siento…-

Aún seguías de ruidosa… Eso me tranquilizó pero… me molestaba.

Pude notar una mirada de enojo por parte de Katherine hacía mí. Las mujeres son aterradoras cuando quieren.

-Ya veo… Vamos Álvaro.- Besó mi mejilla y se pegó a mi cuerpo. Me daba un poco de gracia su actitud.

Lisandro me miró un tanto confundido, no dijo nada y caminó junto a Emilie.

Katherine no se despegó de mí en ningún momento. Temía que yo volviese contigo… Como si eso fuera posible…

Emilie por el contrario parecía alegre. Lisandro era un poco experto en el tema de los animales marinos. Le explicaba con detalle acerca de cada uno de los peces que Emilie contemplaba. Parecían una pareja.

Terminando al que parecía ser un eterno recorrido. Katherine me dio un rápido beso en los labios. Me sorprendí un poco por su acción.

Tú nos observaste y pude sentir tu mirada furiosa y triste.

-Gracias Álvaro por traerme aquí.- Me sonrió. –Valeria, fue agradable pasar tiempo contigo y tu novio. Pero realmente me gustaría estar a solas con Álvaro ¿no te importa verdad?-

-¿Huh?… En lo absoluto.- Parecías triste.

Katherine realmente estaba celosa. Sonreí, parecía una niña. Agradecía su manera de actuar, ella me alejaría de ti. Si yo no podía hacerlo, ella me daría un empujón. Aunque en el fondo me regañaba por no poder alejarme de ti, yo solo.

Lisandro y Emilie fueron al área de toboganes. Nos despedimos de ti y de Joel.

No sin antes darte una escena que te haría sufrir. Porque sin duda alguna aun lo merecías.

Abracé a Katherine tiernamente. Besé su cuello y corrí con ella en mis brazos rumbo al canal de agua que pasaba por el balneario.

Katherine carcajeó, ella sin lugar a duda era hermosa, cautivadora y lo mejor, no era una ruidosa. Aparté su cabello mojado de su rostro. Ella rodeó mi cuello con sus brazos y me besó. Un beso lento y apasionado.

Sólo pude observar cómo te ibas de manera presurosa dejando a Joel que comenzó a perseguirte rápidamente.

Esto lo hice para que entendieras que realmente me he olvidado de ti. Para que entendieras que aún no estás lista para ser sólo mi “amiga”. Para recordarte que aún sigo siendo tu amor, que aún sufres por mí. Que me extrañas, que me necesitas… Todo esto comenzó cuando tu amor me declaraste, si me confundo ahora con sentimientos estúpidos, mi tiempo habrá sido en vano. Sí, así es. Por eso, destruiré todo de ti… Destruiré cada parte de ti, hasta que el viento se lleve las migajas de tu ridículo amor.

Aunque en el fondo me duela, el hecho de no tenerte a mi lado… ¡NO! Eso no es cierto. Maldición…

CONTINUARA

ABRAHAM ROCHA RDZ

Existen personas que no deberian de amar… Capitulo 11

jose-novelo

Samuel me cogió de la camisa bruscamente.

-¿Por qué?… ¿Por qué lo haces?- Murmuró con la voz quebrada y sollozante.

-Porque odié el día en que se cruzó en mi camino…-

“-Maldita sea, de nuevo es tarde- Salí corriendo por el pasillo de la universidad. Me pregunto si el corredor es un buen sitio para pasar el rato, había demasiados estudiantes.

¿Cuántas veces he llegado tarde a la clase del señor Francis?

¿De nuevo tarde?, ya oía la típica frase cantora y burlona. Joder, estúpido despertador, no sirve de nada. Ah no espera, el idiota fui yo, olvidé ponerle am, en su lugar puse pm. Qué hilarante suena.

Lo único que me queda es apresurar mi paso. Vamos Álvaro tu puedes. Ánimos, sí eso era, necesitaba ánimos.

Eché mi paso andar velozmente, esquivando al equipo de Fútbol americano. Malditos, no están en edad de crecer así de tosco. Bestias han de ser. ¿Y por qué las porristas deciden hacer piruetas a mitad del pasillo? Cabelleras rubias y pelirrojas golpean mis ojos.

-Hola Alva- Casi en coro. Qué molestas son, con sus voces chillonas.

-Hola Violeta, Hola Cassie, Hola Itzel, Hola Iris- sigo dándome regalías por haberme aprendido todos sus nombres, y por poder decirlos rápidamente.

Oí risillas y murmuras después de mi saludo. Las chicas no me interesan. No por ahora. Todas ellas son ruidosas y engreídas. Deseaba salir de la universidad de Galo, lo antes posible.

Rezando por no encontrarme con la ‘reina’ del instituto.

-Hola Alvarito- Maldición. Y es por eso que dejé de creer en un dios.

-Hola Rosalía- Sonreí falsamente, tratando de quitar su mano de mi corbata. Su rostro demasiado cerca me era incómodo. Ella es bella, se siente superior, ese lindo rostro no estará por siempre, aun así, Rosalía lo ignora, y piensa que todo el mundo la adora. Todos excepto yo, por supuesto. Nunca me ha interesado alguien así de patética.

-Te he dicho que me llames Rosa cariño- El olor de durazno que emite es muy fuerte, y provoca nauseas.

Sentí miradas que hicieron mi cuerpo erizarme. Tengo suerte que ninguno de esos tipejos me hayan asesinado.

-Rosalía perdóname, voy tarde a la clase de biología.-

-No se dará cuenta cielo- Me dio un beso en la mejilla. Joder, el brillo labial de sus labios, dejó pegajoso mi pómulo.

-Disculpen- Rosalía y yo volteamos a mirar. Era una linda chica, tez blanca, casi pálida, cabello castaño y unos bellos ojos azulados, es como yo describiría lo más resaltante de ella. Jamás la había visto en el instituto Galo. Rosa la miró de pie a cabeza, creo que ella tampoco le conocía.

-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?- Como si fuera un guardia que acaba de encontrar a un intruso en propiedad restringida.

-No sé a qué te refieres, yo siempre he asistido a este colegio- Respondió enojada, me miró unos segundos y de nuevo regresó su mirar hacia Rosalía. –Él es mi novio, te pido que le sueltes.-

¡¿Novio?! ¿Qué demonios estaba diciendo esa pequeña?, sí pequeña, demasiado baja de estatura. De seguro es como Iris y Violeta, contando a todo el colegio que yo salgo con ellas. Puras mentiras de chicas necesitadas.

Rosalía me miró, divertida rió.

-Sí claro bajita, alguien como él jamás saldría contigo. Tendrás bello rostro, pero dáte cuenta que es lo que tiene a mi lado.-

No sé qué intenciones tenga esa chica, aunque me moleste admitirlo, es preferible en estos momentos seguirle la farsa. Espero por su bien que se dé cuenta que Rosalía jamás se lo perdonara.

-Basta Rosalía, es verdad ella es mi novia- Hice un lado a Rosa y tomé de la mano a aquella joven.

-Gracias, hasta ahora me defiendes Álvaro.- Ella me abrazó. Espera… ¿dijo mi nombre? ¿Cómo diantres lo sabe?

No tarde en pensar que ella era igual a las demás. Otra acosadora en mi vida.

-Dime que esto no es verdad Crowley- Rosalía, miraba con cierto desprecio a la chica. Temía que me preguntase su nombre. Podría inventar uno, y claro ella seguiría el juego, pero si Rosa investigara sobre ella, lo lamentaríamos los dos.

-Es la verdad- Correspondí al abrazo, sentí como su cuerpo se estremecía. Al final me arrepentiré, lo sé. En estos momentos ella es mi único escape.

Rosa molesta continuó su camino.

-Te debo una- Le sonreí y la dejé de abrazar. Sentí como ella se aferró a mi espalda. Tenía los ojos cerrados, los apretó haciendo una mueca de pequeña.

Me resigné, tenía que hacer lo mismo que hacia cuando Iris me abrazaba.

La tomé de la barbilla y besé su mejilla. Sería muy problemático que me amase. Nunca te correspondería. Pensé

Ella con ojos acuosos sonrió.

-Perdona pequeña, pero llego tarde a una clase, te veré luego- Creí que me desharía de ella. Creí que jamás le volvería a dirigir la palabra.

-¿Iras a la clase del señor Francis?- Dijo calmadamente siguiendo el ritmo de mis pasos.

-¿Eh?, si así es. ¿Cómo lo sabes?-

-Tenemos el mismo horario Álvaro- Siguió avanzando mientras yo me detuve en seco. ¿Desde cuándo ella era mi compañera? -¿Qué ocurre?- Preguntó sorprendida.

-Lo siento, no recuerdo haberte visto en las clases.- Ella me sonrió, y me tomó de la mano. –No destaco mucho.-

Dejándome llevar por todo el pasillo, pude escuchar muchos murmureos. Debí de haberle soltado de la mano, pero aún seguía anonado.

Abrió la puerta del aula. El señor Francis aún no estaba presente.

-Valeria pensé que no regresarías, saliste sin avisar.- Se acercó una joven de tez morena y grandes ojos marrón. Cabello negro y lacio amarrado por una liga. Su nombre era Carolina, a ella sí que le conocía. O bueno, por lo menos sabía de su existencia en esta clase.

-Lo siento- Rió disculpándose.

-Bueno eso no importa, pero dime algo, desde cuando te llevas tan bien con el príncipe.- Nos albureó y sonrió pícaramente. Joder seguía tomando su mano. Valeria la soltó rápidamente y agachó la cabeza.

-Lo conocí hoy- Sus mejillas se tornaron carmín.

-Disculpa, ¿me llamaste príncipe?- Pregunté ignorando la reacción de la pequeña.

-Así es Álvaro, supongo que no te has dado cuenta de tu apodo.- Respondió Carolina

-Lo siento, no presto mucha atención.-

-Si me he dado cuenta de eso, de ahí tu apodo, príncipe. Eres el tipo soñado de casi todas las chicas de Galo.-

-Ya veo.-

La morena sonrió, era la primera vez que hablaba con ella.

-Valeria ¿por qué saliste?- Le preguntó.

-Bueno… faltaba alguien en la clase, el señor Francis le advirtió a Álvaro suspensión si volvía a entrar tarde. Sólo me preocupé-

Ahora que lo pienso, gracias a ella me liberé de Rosalía. Es cierto que le debo una.

-Pudiste a verme dicho, el señor Francis me avisó ayer que faltaría, te pudiste haber ahorrado la búsqueda del príncipe, y esperar que llegase.-

-¡Pero si no, ella lo hubiese…! Perdón- Bajó la voz avergonzada. Carolina se sorprendió un poco. – Si no hubiese buscado quizás nunca habría tenido la oportunidad de conocerle.-

Me sorprendí un poco por su respuesta. Muchas chicas se acercaron a mi sin ninguna estrategia, otras tropezaron intencionalmente conmigo, pero ella, ella esperó una oportunidad. Por un instante me conmovió.

-Bueno no es una excusa muy válida, pudiste haberle hablado como lo hago yo ahora.-

-¡Pero!… Lo sé…- Si dejara de ser tan ruidosa y escandalosa, podríamos haber sido amigos.

Carolina sonrió divertida. Conversamos un poco. Valeria tomaba más confianza a cada palabra.

-Caro ¿vienes?- Le invitaron un grupo de chicas y chicos. Ella afirmó y se despidió. Dejándonos solos.

-Álvaro, lo siento, fui un poco atrevida.-

-¿De qué hablas? Gracias a ti me libre de un ser comido vivo.- Valeria soltó una risilla.

-Tu rostro demostraba que no querías, pero igual no debí…-

-Gracias- La interrumpí. –Mi nombre es Álvaro Crowley aunque creo que no hace falta presentación, es un placer.- Le extendí mi mano.

-Valeria Hoffman, el gusto es mío.- Estrechamos nuestras manos y compartimos una sonrisa.

Quizás mi error fue ese. Ser amable con ella por un simple acontecimiento.

Ella volvió un desastre mi vida. Todo el tiempo, ella quería estar cerca de mí. Alejó a la mayoría de mis acosadoras, pero en cambio, se volvió todas ellas en una sola.

La detesté, odié su manera de ser. Fingía una sonrisa de agrado por su presencia, siempre me molestaba con tonterías de toda una cría. Lo dejaba pasar ya que nunca me importo la gente estúpida como ella.

A pesar de ser consciente de sus sentimientos, nunca le di importancia.

Lo peor de todo era que estaba metiéndose en mi vida. Era torpe y escandalosa. Sin embargo me sorprendía cada que intentaba llamar mi atención. Llamadas, mensajes, cartas, avales, indirectas, miles de excusas para hablarme o para discutir.

Era divertido, pero aun así me molestaba. Quería deshacerme de ella lo más pronto posible. Pero quería que se diera cuenta de todo mi enojo reprimido. Quería que sufriera, porque la odiaba.

Odiaba que su amabilidad penetrara mi barrera. Mi muro… aquel que me ayudó a no volver a querer… Ella lo estaba logrando, estaba haciéndome sentir calidez. Tenía que hacerla desaparecer, dándole a entender mi odio, para que nunca se me acercara.

Creí que nunca lo lograría hasta que el día finalmente llegó.

-Tú me gustas- Soltó de repente agachando su pálida cara con toques de ruborización excesiva.

Era por fin mi momento de alejarla de mí, destrozar su pequeña mente con crueles palabras y demasiado desprecio. Todo lo que alguna vez encerré en mi mente y que siempre le quise decir saldría por primera vez.

Sin embargo, aún agachada, puede divisar como caían unas cuantas lágrimas de su rostro esperando una respuesta. Contuve aquellas palabras que esperaba decirle.

Sonreí para mis adentros. ¿Realmente me amaba?

Interesante. Pensé.

La abracé para finalmente susurrarle. –Lo mismo siento por ti-“

-Si ella nunca hubiese interferido, sería tuya- Caminé en dirección recta, dejando a Samuel, anonado.

Sentí una mirada, no era la de él, era una mirada de unos ojos azules, una mirada triste y llorosa. Tu mirada Valeria.

CONTINUACION….

 

ABRAHAM ROCHA RDZ