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EXISTEN PERSONAS QUE NO DEBERIAN AMAR… CAPITULO 25 & 26

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-¡Te mato! ¡Por dios que te mato!- Me encontraba discutiendo con Lisandro acerca de su forma de hacer que Emilie no se marchara.

-Creí que querías que ya no te ocultara nada… Mejor amigo.-Se burló de mí. Este tipo lograba cabrearme

-¡Jodido bastardo, deja de bromear!-

-Bueno… No tenía tiempo de comprar flores… Dijiste que no debía regresar sin ella, por eso tuve que hacerlo-

-Te voy a matar maldito escritor pervertido. ¡Fue un error comprarle aquel boleto a Emilie!…- Maldición… Estaba tan molesto por sus palabras, que sin darme cuenta me delaté.

Lisandro sorprendido, con los ojos como platos, tampoco esperó esa traición de mi parte.

-Álvaro… ¿Lo hiciste a propósito? ¿Sabías que aceptaría mis sentimientos?-

– . . . ¿Tienes algún problema con eso?- Exclamé en un tono bajo desviando la mirada.

-¿Qué hubieses hecho si Emilie realmente hubiera abordado aquel autobús?- Preguntó seriamente.

-No es tonta… Además, sabía que llegarías antes de que sucediera aquello…-

-Te estás contradiciendo. Pensé que el futuro no se podía predecir.-

-¡Cállate! ¿Así es cómo me agradeces?- Maldito Lisandro, a todo le encontraba una forma de joderme.

-Sí, si… Estoy realmente agradecido contigo. Pero nunca esperé que hicieras algo así por mí. Tú supusiste que no llegaría a tiempo ¿verdad?- Sonrió revolviéndome el cabello.

-Tú cabeza es un lio. Tardas mucho en ordenar una idea y en dar respuesta. Perderías minutos antes de que entendieras.- Me avergonzaba decirle eso, de cierto modo fui un egoísta. –Pero, no es como si lo hubiese hecho por ti. Yo no quería que Emilie se fuera… Probablemente, si tú no hubieras ido, sería yo quien fuera por ella a la terminal con una excusa creíble-

-Jaja, te odio…- Comenzó a carcajear. –Antes mentías mejor Álvaro ¿Qué ocurre?- Se sentó en el sillón despreocupadamente.

-¡Es la verdad idiota!- Me estaba poniendo realmente incómodo.

-Y tampoco te alterabas de esa forma… Pero, gracias.- Concluyó con su análisis así mi persona.

-Lisandro… Como buenos amigos que somos, necesito que me hagas un favor…-

-Por supuesto Álvaro, no podría negarlo.-

-¡Perfecto! ¿Podrías de todo corazón enterrarte bajo tres mil metros de profundidad en la tierra?- Sonreí angelicalmente.

-¡¿De dónde diantres sale tu aura oscura?!-

-¡¿Ahora de qué jodidos hablas?!- Ambos comenzamos a alzar la voz. Lisandro y yo teníamos un carácter bastante fuerte. Uno más infantil que el otro, pero aun así, podíamos defendernos uno del otro.

-¡¿Por qué no aceptas que lo hiciste por mi bien?!-

-¡Te estás volviendo muy arrogante! Ya te dije que no lo hice por ti-

-Ya vas otra vez… ¡Siempre negando que quieres ayudar a alguien más!-

-No voy a discutir contigo algo tan estúpido Lisandro.- Me calmé un poco. Sabía que si continuábamos, tarde o temprano saldrían palabras que nos terminarían lastimando. Si algo aprendí fue reservarme la verdad.

-Vale, pero que te quede claro que para mí, fue un noble gesto de amabilidad de tu parte.-

-Pareces mujer… Siempre buscando sacar pelea.-

-Oye… Si me das cuerda es porque tú también la quieres.-

¿En qué momento pensé que Lisandro sería buen partido para Emilie? Lo peor que pude hacer fue arrepentirme. Yo solo me condené.

-¿De qué tanto discuten?- Antes de poder responderle gravemente, entró Emilie a la habitación.

-No es nada Emi.- Traté de disimular. –Sólo le estaba agradeciendo a Lisandro el hecho de haberte alcanzado en la terminal. – Pude escuchar una carcajada por parte de Lisandro a la hora de oír mis palabras. Lo voy a matar… Algún día lo haré.

-Así es Emilie. Álvaro me estaba platicando acerca de su gran “error” ¡Oh! Y también de cómo fue que lo cometió…-

-¡Ah! Ignóralo Emilie, está delirando…- Lo interrumpí antes de que dijese una tontería. Este idiota podría delatarme con el único propósito de que yo le diera la razón.

Él comenzó a reírse. Maldito bastardo… Por fin tenía con que cobrarse todas las que le había hecho.

-Por cierto Emilie… Me gustaría que tuviéramos una cita.-

-¿Una cita?…-Ella se puso nerviosa ante la inesperada invitación de Lisandro.

-Sí, quiero compartir recuerdos contigo. Además de que necesito enseñarte varias cosas que desconoces.- Le guiñó el ojo derecho. ¡Maldito pervertido! Mira que proponerle algo tan vulgar frente de mí.

-Lisandro… ¿Sobrevivirías de agua y semillas?-Pregunté curioso.

-¿Eh? Supongo que sí… Me aterra la pregunta y no sé si preguntar el porqué de la misma.-

-Digamos que es lo que estoy pensando en darte de comer una vez que te encierre en una jaula.- Agregué calmado.

Emilie soltó una risilla, algo tierna e inocente. Comencé a odiarme por permitir que un lascivo como Lisandro fuese su primer novio. Maldita sea, había sacrificado a mi pequeña prima. Fui un idiota.

-Terminaré de desempacar… Álvaro gracias por aceptar mi inesperada decisión.-

-Para nada, me alegra que no te hayas marchado.-

-Gracias, espero no ser una molestia.- Parecía nerviosa. Toqué sus hombros y le sonreí. El que yo les ayudara a estar juntos, fue porque una parte de mí quería contemplarla siempre. Ahora que lo pienso, fue algo egoísta y cruel, porque de principio sólo pensé en mí. Pero, no importaba. Ya no había nada que remediar.

Ella se marchó dejándome con el burlón de Lisandro. Nunca me había sentido tan chantajeado como en esos momentos. Probablemente era el precio que tenía que pagar por mis arrogancias.

-Álvaro… Necesito preguntarte algo que ha estado rondando en mi cabeza cuando conocí a Valeria.- ¿Por qué justo ahora te mencionaba? No pude evitar sentir un pequeño tirón del pecho. Me puse realmente incómodo y nervioso.

-¿Qué es?- Pregunté un tanto aturdido. No quería más aclaraciones como la de Katherine.

-¿Tú realmente puedes amar?- ¿Y ahora que estaba diciendo? ¿Podrías ser que él se diera cuenta de nuestro pequeño juego?

Estás diciendo estupideces otra vez. No creo que amar sea de poder. Simplemente considero que existen personas que no deben amar porque comenten errores que son irreversibles. Actúan a base de sentimientos y no de razón. Siempre intentando ver el lado positivo a todo, cuando en realidad se han puesto una venda en los ojos para huir de la verdad. No hay personas que odie más que aquellas.-

-Quizás tengas razón… Pero, sin darte cuenta tú cambiaste Álvaro. No solías ser el tipo de persona que prestara atención a una relación. Nunca cuidabas un detalle. Jamás pensabas en la persona. Finalizar una relación para ti era como borrarla del planeta. Me di cuenta de aquel cambio cuando noté tu sonrisa en aquella foto. Era la primera vez en mucho tiempo que la vi de una forma sincera y pura. Además de que en aquel malentendido, fácil pudiste abandonar todo. Pero, te empeñaste en querer aclararle la verdad. Es más, te has exaltado cuando escuchaste su nombre ¿no es así? ¿Acaso sigues pensando en ella? ¿Hasta cuándo abandonaras tu orgullo? ¿Hasta cuándo aceptaras que la amas?-

-Cállate… Yo jamás podría llegar a amarla… Ella está descontrolando mi vida… Siempre en mis pensamientos rondando. Preguntándome siempre qué estará haciendo en estos momentos, con quién está. ¿No te das cuenta que me está molestando?-

-O te está dando lo que has anhelado…-

-¡Ya basta! ¿Qué sabes tú?-

-Estás exaltándote de nuevo. Anteriormente hubieses dicho algo más calmado. No te cabrerías tan rápido. Pero, cuanto más lo niegues, más fuerte se volverá… Álvaro ¿De verdad eres una de esas personas? ¿Tú no deberías amar?- Salió de la habitación dejándome exhorto en mis pensamientos.

-Idiota…-Susurré escuchando el pequeño rechinido de la puerta cerrándose. Aunque odié admitirlo… Tenía razón… Yo estoy cambiando. Te estoy dando más atención de la que mereces… Siempre tratando de estar contigo… Siempre anhelándote… Deseando tenerte… No lo permitiré. Nunca lo aceptaré…

Lisandro y Emilie salieron a su “cita” Estaba un poco furioso con respecto a sus palabras. Quería meditar acerca de mi comportamiento explosivo y atrófico.

¿En qué momento perdí de vista mi objetivo? ¿Podría ser que yo solo perdí control de mis emociones? Aunque el mañana sea incierto para mí… Todavía me queda una carta. La jugaré, apostaré y arriesgaré para poder ganar… confío en que no voy a fallar.

[Ding Dong]

Me sobresalté un poco al oír el timbre de la casa. Ni siquiera tenía tiempo para hacerme una idea de quién podría estar tocando a la puerta.

Me paré un poco molesto del sofá. Necesitaba calmar mis nervios.

-Señor Crowley, menos mal que lo encuentro. Siempre se escabulle muy bien.- Llegó un señor un poco anciano, con un toque elegante y distinguido. Su rostro se notaba algo cansado por el paso del tiempo. Él era el mejor amigo de mi padre y también su abogado.

-Oh… Licenciado Brais. Ha pasado tiempo.- Le estreché la mano. No es como si me hiciera ilusión encontrarme con esta persona.

-Lo mismo digo, mira que grande te has puesto. Cada vez te pareces más a Rafa…- Se detuvo en la última palabra. Como si hubiese tragado saliva, comenzó a ponerse nervioso–Lo siento…-

-Adelante, dígalo. Cada vez me parezco más al egocéntrico de mi padre. El distinguido Rafael Crowley ¿no es así?- Comencé a burlarme.

-Si… Escuche, sé que no desea saber nada del testamento. Pero la empresa necesita un líder… Por eso le pido que lo reconsidere.-

-¿Usted cree que yo necesito algo de ese hombre? No me importa que es lo que haya asentado en aquel papel. Yo nunca esperé nada de él. Además de que, usted licenciado Brais, parece llevar a flote la empresa que tanto amó mi padre. No encuentro la necesidad de buscarme. Y por lo que sé, ninguno de los empleados sabía que el señor Rafael Crowley tuviese un hijo. Pienso que sería sospechoso que de la nada salga un heredero-

-Señor Crowley, su padre realmente confiaba en que tomase su lugar una vez crecido. Él siempre lo presumía como su mayor orgullo, por eso no se preocupe por lo empleados. Es verdad que nunca llegó a presentarlo, pero todas sabían acerca de su esposa… Usted era muy joven como para presentarse. Pero, Rafael siempre vi por usted. Su educación fue formada con alto esmero de su parte.- Terminó su largo argumento.

-Lo entiendo perfectamente… Nunca me vio cómo su hijo, sino como su sucesor ¿Eso es lo que quiere decir señor Brais?- Ni siquiera valía la pena enfadarme. Hace tiempo opté por abandonar aquel sentimiento. –Gracias… Pero. No estoy interesado en cohabitar en el mismo ambiente de esa persona.-

-Señor Crowley…-

-Basta de formalidades. Que yo sepa usted es mayor para mí. Puede llamarme Álvaro. Después de todo, usted fue el amigo de mi padre. No intente cambiar nuestros puestos que me educaron para respetar edad, no nivel de trabajo-

Él sólo suspiró ante mis negaciones.

-Álvaro, ¿no crees que es hora de dejar de guardarle rencor? Él realmente te amaba, sólo que nunca lo expresó abiertamente.- No pude evitar reírme ante su exclamación tan divertida.

-Yo no le guardo rencor, no tengo tiempo para dedicarle tal emoción. –Suspiré agobiado, esta plática no iba a ningún rumbo que me agradase. –Señor Brais, le invito a tomar algo, sería descortés de mi parte que ambos continuemos esta conversación en la entrada de mi condominio.-

-¿Huh? Gracias… Con permiso.- Se adentró a la casa, cargando lo que parecía ser un pesado portafolio.

-Por favor, siéntase como en su hogar.- Le supliqué que se sentara en el sillón de la sala.

-Eres muy amable, muchas gracias.-

-¿Café, té, soda o un poco de alcohol?- Pregunté caminando rumbo a la cocina.

-Es muy tarde para tomar algo caliente, la soda me desagrada y no bebo bebidas alcohólicas desde hace mucho. Agua está bien, por favor.- Pudo ahorrarse todas aquellas explicaciones… Pero, supongo que trataba de rechazar educadamente.

-Aquí tiene.- Le extendí el vaso, sentándome en otro sillón. Esperando a que le diese un sorbo a su bebida.

-Gracias.- Bebió hasta la última gota. Creo que en el fondo sabía que se gastaría su aliento tratando de convencerme, como siempre lo había hecho. –Álvaro… Haciendo de un lado la empresa de tu padre. Quiero aclararte también que tu antigua casa está incluida en el testamento.-

-¿Usted piensa que me agradaría regresar a aquel lugar? No tengo ningún momento agradable el cual merezca la pena recordar de esa prisión.-

-Oh vamos… Allí pasaste tu niñez. Estar solo en este lugar no debe ser grato.- Observó toda mi casa como escaneándola.

-Está equivocado. Si regreso a aquella casa. Probablemente esté aún más solo. Desde aquel accidente de mis padres, por más cruel que suene comencé a estar rodeado de personas. Por eso, no hay ningún objetivo de regresar al pasado Licenciado Brais. Además de que en estos momentos no vivo solo. Comparto está casa con un amigo.-

-¿Un amigo? Interesante, recuerdo que cuando te conocí parecías una persona solitaria y reservada.-

-Eso ha sido grosero, señor Brais. ¿Insinúa que cuando nos presentamos me sentenció para no tener ni un amigo? No soy tan introvertido.- Sonreí un poco. Realmente no estaba ofendido porque yo también llegué a pensar lo mismo.

-No quise decir eso… Me disculpo, si te incomodé.-

-No se preocupe. Su nombre es Lisandro, Lisandro Riveil, lo conocí antes de que me avisaran sobre la muerte de mis padres. Desde ese entonces él ha estado a mi lado. Junto con mi pequeña prima.-

-Espera… ¿Has dicho Riveil?-

-Si… ¿Hay acaso algún problema?- Pregunté mirándolo confuso. Parecía horrorizado y extrañamente perdido en sus pensamientos. -Licenciado Brais. ¿Usted lo conoce?

-No, lo siento. Conozco a su madre… Pero, nunca pensé que ustedes dos se llegarían a encontrar algún día…-

-¿Qué está diciendo? ¿Acaso hay una razón en especial para nunca encontrarnos? El mundo es pequeño.-

-No me digas que tú no…- Pausó nerviosamente. Como si estuviera a punto de decir algo que me estaba ocultando. –Olvídalo… Me he desviado.- Comencé a intrigarme acerca de lo que dijo. Esté señor estaba escondiendo algo que parecía muy importante.

-Ya veo.- Estaba un poco incómodo. El silencio había predominado por unos segundos.

-Cierto… Hablabas acerca de tu prima… No sabía que Rafael tuviese sobrinas.-

-Para nada. Perdí contacto con la familia de mi padre. Mi prima fue sobrina de mi madre. Se llama Emilie Miller.- Le extendí una fotografía de ella para que la pudiese contemplar mejor.

-¿Ah? No puede ser, es toda la imagen viva de tu madre. Tiene un gran parecido con Fernanda. Es como verla, sólo que más joven.-

-Lo mismo pienso yo. ¿Ahora entiende por qué no debo regresar a aquella casa? Si me voy ahora, me quedaré solo.-

-Probablemente tengas razón… Pero, ¿realmente abandonaras todo?-

-No, nunca fue mío. Más bien diría rechazar. No aceptaré tales cosas provenientes de una persona que me explotó de pequeño.-

El licenciado Brais suspiró, resignado. Anteriormente siempre fue así. Yo rechazaba y el regresaba cada 6 meses o quizás más. Me sorprendía siempre su tan ardua insistencia.

-Álvaro… Tu padre realmente quería que lo sucedieras. No había otra cosa que anhelaba más que verte triunfar. Por eso, yo cumpliré con sus peticiones. Por favor reconsidéralo.- Abrió su portafolio y sacó una gran carpeta de color beige con un sobre blanco muy bien sellado. –Toma, puedes leer el testamento. Oh, y está es una carta que Rafael escribió para cuando tú fueses un adulto. Puedes leerla si gustas. No estás obligado.-

Tomé ambos papeles y le agradecí por su entrega. Dudé un poco con respecto a la carta. Podría ser un engaño de su parte para que yo aceptase dirigir la compañía.

-Si no hay nada más que decir, creo que me retiro. Gracias por escucharme. Me ha dado un gusto saber que estás mejor. Adiós.- Se despidió estrechándome nuevamente la mano.

-Que le vaya bien-

Una vez marchado. Exhausto decidí entrar a tirarme sobre mi cama y dormir tranquilamente. Ni siquiera me interesaba la supuesta carta de mi padre. Si para no regresar al pasado tenía que borrar el indicio de este en el presente. Yo debía tirar la carta, pero había decidido guardarla. Quizás algún día la leería. ¿Con qué objetivo? No lo sé, tal vez era un poco curioso.

Recordé entonces acerca de lo que dijo de Lisandro. Nuevamente sentía una inquietud en el fondo. Quería saberlo, pero se había detenido.

Tales pensamientos de nuevo fueron interrumpidos por el sonar del timbre. ¿Ahora quién? Podría ser que el licenciado Brais haya omitido algo y sólo regresaba para decírmelo. Era molesto, pero tenía que atenderlo, después de todo, Isabel y él cuidaron de mí.

-¿Qué ocurre señor Brais?- Pregunté al instante que abrí la puerta. Oí una risilla, algo molesta pero familiar.

-Lo siento Álvaro, creo que no soy el señor Brais.- Sonreíste burlándote un poco acerca de mi suposición.

-Perdón, acabo de tener una visita y pensé que eras él.- No pude evitar observarte. Maldición ¿Por qué cada día que pasaba te veía más hermosa? Tu largo cabello suelto brillándome. Tu leve maquillaje que hacía resaltar tu vista. Tu fragancia que me invitaba a abrazarte. No hay duda alguna. Si no te tengo, te deseo. Así funciona ¿verdad? Igual que un objeto material.

-Por lo que veo, no recibes muchas visitas ¿no es así?- Dijiste dulcemente. O al menos así lo percibí… -Entonces, ¿me vas a dejar entrar o tengo que pedírtelo?- Bromeaste.

-La sutileza nunca fue lo tuyo ¿cierto? Adelante pasa a la cueva del lobo. Claro, si no temes ser mordida.-

-¡¿Qué estás diciendo?!… Idiota.- Comenzaste a ponerte nerviosa y levemente te ruborizaste. –Sin embargo, “el lobo” tiene correa, así que supongo que estaré bien- Volvió tu forma arrogante y pasaste esquivándome.

-No del todo. Puede ser que alguien la haya roto. Después de todo, no era un perro.-

-¿Eh? ¿A qué te refieres? Tú y Katherine…-

-No es nada. Vamos-Te interrumpí y posé mi mano sobre tu espalda guiándote hasta el vestíbulo. –Y bien… ¿A qué has venido?- Pregunté sentándome en el sofá. Tú hiciste lo mismo y me observaste por breves momentos.

-No vine por una razón específica. Sólo quería saludarte.- Lógicamente estabas mintiendo.

-Ya veo. ¿Cómo sigues?- Pregunté recordando tu accidente. No es como si realmente me importara tu salud. Pero, realmente me tenías preocupado.

-Mucho mejor, gracias de nuevo… Escucha Álvaro… Quería disculparme por la actitud tan estúpida de Joel.- Agachaste la mirada avergonzada. ¿Por qué eras así? Siempre culpándote de tales cosas. Quizás esa sea la parte que odié más de ti.

-No me molesta en absoluto. Además de que no tienes por qué disculparte. Tú no eres responsable de nada.-

-Aunque digas eso, realmente prefiero que sea así- Comenzaste a inquietarte jugando con tus manos. -¡Oh! Casi lo olvido. Toma.- Me entregaste una bolsa blanca. –No sabía cómo agradecerte, así que le pedí a mi tía que me ayudara. Sé que no te gustan mucho las cosas dulces, pero me esmeré en hacerlo. Por favor acéptalo.- ¡¿Desde cuándo te habías vuelto tan tierna?! Te odio…

-Gracias. ¿Qué es?-

-Oh… Es pastel de queso con mermelada de zarzamora. Espero que te guste.- Volviste a sonreír. Me sentí un poco cabreado. Sentía que me estabas retando.

-No tenías que hacerlo-

-Por eso es un agradecimiento Álvaro–

-Pensé que sólo venias a saludarme- Sonreí un poco por tu descuidada confesión.

-Si… Pero… Yo…-

-Ni siquiera tienes una excusa. –Me reí un poco ante tus reacciones. ¿Qué ocurría? Estar contigo hacia que mis preocupaciones exteriores desaparecieran.

-Me has atrapado.-Relajaste tus hombros, como con más confianza.

-Entonces supongo que te quedaras a degustar el pastel conmigo.-

-¿Eh?… No. Yo ya me iba.- Comenzaste a arreglar tus cosas de manera apresurada. ¿Qué te ocurría? Pareciera que deseabas irte lo más pronto posible. Como si yo lo fuese a permitir.

-Que cruel, me dejaras solo.-

-¿Lisandro no está contigo?- Preguntaste sorprendida, calmando más tus acciones.

-No, salió a una “cita”-Hice comillas con mis dedos.-con mi prima. Digamos que fue culpa mía que esos dos hayan terminado juntos.- Exhalé agobiado.

-¿Enserio? Quién lo diría. Pareces cupido…-Sonreíste de una forma extravagante y única. Hacía tiempo que no veía tu sonrisa, ni siquiera entablaba una conversación así. Cuando quieres dejas de ser molesta y ruidosa.

-¿De verdad? Entonces, creo que sería conveniente tirarte una flecha.- Volviste a ponerte nerviosa. Que problemático, parecías una niña. Era fácil jugar con tu corazón.

-Por favor, deja de bromear…- Me imploraste con una mirada triste. Aquellos ojos tiernos, fueron como una punzada en mi pecho.

Tenía que cuidarme. Estos pequeños gestos de tu parte me hacían erizarme. Y si las palabras de Lisandro tenían verdad, debía alejarme. Pero eso sería como admitir una derrota, cosa que no aceptaría aunque me la pusieran en charola de plata. Yo todavía no estaba acabado. No mientras tú siguieras prendada de mí. Por tu sonriente rostro me estaba dando cuenta, que aquella herida, la estabas logrando cicatrizar. Entonces permíteme ser de nuevo la infección. Aquel que no te dejé salida, para que el mar te pueda tragar.

-¿Quién está bromeando- Besé tu mejilla. Lo sabía, sigues usando la misma fragancia. Tu piel sigue siendo igual de suave y aún te sonrojas por un gesto tan insignificante. ¿Por qué no había descubierto aquello que me inquietaba? No encontraba aquello que me hacía estremecerme. ¿Quién rayos eras tú para hacerme sentir de esa manera?

-Deberías dejar de hacer eso… Tú tienes a Katherine… ¿Por qué me ilusionas de esa manera?… Que cruel eres…-Comenzaste a sollozar con una voz casi tenue.

-Katherine me terminó. Ella y yo no somos ni amigos Valeria.-

-¿Eh? ¿Te terminó? ¿Por qué haría eso? Quiero decir… Eres amable, gentil, dulce, tierno…-Bajaste el tono de tu voz. En verdad eras un tonta. Mira que catalogarme con esos adjetivos. Eras tan ciega, tan vulnerable. Tanto que me desagradaba esa parte ignorante de ti.

-Valeria, una relación no se basa sólo en la gentiliza de una persona. Se debe demostrar. Supongo que Katherine lo notó. Inconscientemente, hay cosas que mostré del pasado y probablemente la hirieron. Por eso, nuestra relación no llegó a más. Y creo que lo entiendo.-

-Pero…-Toque tu mejilla, tratando de que no dijeras más. No podría inventar otra mentira.

-No pongas esa cara, eres una cría aún.- La apreté sutilmente. –Si quieres consolarme, quédate conmigo a probar tu pastel, después de todo pudiste echarle veneno.-

-¡Eso es mentira! Idiota… Sólo me quedaré para que no digas nada.- Hiciste un puchero y volteaste la mira tratando de parecer molesta.

-Pero serás tú la que lo pruebe primero. De verdad me das desconfianza.- Comencé a gastarte bromas sin sentido. Jugando cual niño travieso. ¿A dónde iría a parar?

-Como si yo pudiera hacer eso. Te odio…-

-Claro que no me odias. Sino no estarías aquí.-

-Cállate… ¡¿Por qué te gusta pelear conmigo?!- Te exaltaste un poco.

-No estoy peleando. La única que está alzando la voz eres tú.-

-Eres un fastidio cuando te lo propones.- Tu rostro molesto, sólo lograba hacer que me diera cuenta de que tan bella eras. Decidí parar con la pequeña riña, de lo contrario, terminaría confundiéndome de nuevo.

-Valeria, ¿Tú eres feliz con Joel?- Aquella pregunta salió inconscientemente. También el sonido melancólico.

-¿Por qué lo dices?… Él y yo terminamos ayer. Me di cuenta de que aún no estoy lista para empezar otra relación con alguien más… Si te soy sincera, mis sentimientos por ti no han cambiado. Soy un desastre ¿no es así? Usando una excusa tan triste para venir verte. Lo siento…- Una parte de mí, se alegró al oír tal afirmación. Estaba emocionado y eso no me agradaba. Me incomodaba, pero me aliviaba.

-Ya veo… Valeria-Llamé tu nombre.

-¿Sí?-Alzaste tu mirada, parecías un poco exaltada.

-¿Entonces no está mal si hago esto de nuevo?- Tomé tu nunca acercando nuestras frentes. Te miré unos segundos y recorrí tus labios con mi pulgar. Tu cristalina mirada era tan embriagante. Cerraste tus ojos, dándome una aprobación de que debería continuar.

Besé frágilmente el borde de los mismos. De nuevo el sabor a fresas… Joder…

CAPITULO 26 …. CONTINUACIÓN

Ambos prolongamos aquel beso. La pasión, el deseo y la ansiedad, estaban revueltos con lo que podría ser la necesidad de buscarnos el uno al otro. Es molesto, es abrumador e irritante, pero sí de ese modo podría tenerte, debía tomar precaución.

De negro tu realidad yo la pienso pintar, por eso no debía correr riesgo. Una caricia o una sola palabra, podría derribar el grueso muro de concreto. ¿Qué lograría con volver a rendirme a tu encanto? ¿Qué conseguiría de un encuentro sexual? Nada… La respuesta era tan clara. No había sentido doble, voltearas como voltearas el asunto, siempre sería así. No había nada que dar ni nada que recibir a cambio. Sólo una farsa y un engaño. Pero eso era inservible, no sólo para mí, sino también para ti.

Siempre he querido decirte una cosa. Una simple y llana pero poderosa palabra. Una que quizás podría hacerme regresar a mis pacíficos días. Aquellos en los que sólo me preocupaba en mis actividades diarias.

-Álvaro… Creo que deberíamos parar…- Sonreí engatusadoramente ante tu suplica. Que linda te veías tratando de detenerme.

-Te dije que tuvieras cuidado… Bajaste la guardia… Demasiado diría yo.- Te recosté en la cama y de nuevo te besé.

Nunca me enamoraré, jamás lo haré. Si te veo solamente como un juego, podré soportar este deseo. Aunque probablemente mi orgullo sea superior a ese amor tan gracioso que tú inventaste.

Lentamente, de una manera delicada, bajé mi mano hacía tu muslo, haciendo que te estremecieras por el contacto. Cada mordida a tus labios hacía que tu cuerpo se calentara. Lo mismo que el roce de nuestras lenguas. Sólo tú lograbas sacar mi perversión, así que debías empezar a aceptar mis reglas. Ninguna chica como tú me atará, recuerda que sólo eras mi presa y nada más. Entre tú y yo no debe existir algo más que no sea físico.

Tomé tu mano y la apreté con la mía. Respiramos en el mismo tiempo, ambos agitados y desesperados. ¿Qué más dará entregarme a ti? No necesito tu amor, solamente eres de una diversión. Cuando menos te des cuenta, pasarás a ser otra más.

Tu mirada de inocencia y depravación a la hora de lamer tu cuello, sólo me excitaba. Si intentabas buscar una salida, temo que las llevabas de perder. Metí mi rodilla entre tus piernas. Quería que memorizaras cada momento, para que así me convirtiera en tu vicio.

Presuroso, retiré mi playera y volví a aprisionarte con mis manos. Tu mirada llorosa, tus mejillas ruborizadas y esa tierna expresión de placer, eran sumamente deseables.

Limpié una descuidada lágrima que salió de tu cristalino parpado. Unos segundos, ambos permanecimos inmóviles ante el encuentro de nuestras miradas. Lo lascivo y lo puro enfrentándose con una cierta desventaja para el último.

Sin despegar mi mirada hacía tu rostro, comencé a desabrochar tu camisa. Cada botón era desesperante, pero también provocador.

Rodeaste mi cuello con tus brazos y rápidamente te alzaste para abrazarme. Estabas un poco agitada y temblando.

-¿Qué ocurre?… ¿Estás bien?- Posé mi palma sobre tu espalda sumergiendo mi cabeza sobre tu cabello.

-Dime… ¿Qué es lo que somos?… Por favor… Explícamelo- Tus palabras parecían pequeños susurros desvaneciéndose en la nada. Si aquello era tu preocupación, no podría evitar sonreír para mis adentros. En un momento como este, se te ocurría decir tal estupidez.

-Sólo pídeme que es lo que quieres que seamos… Y así será- Susurré a tu oreja para después morderla. No permitiría que me desviaras del tema.

Gimoteaste un poco tratando de ocultar tu voz. ¿Por qué lo hacías? Aquello era un estimulante para mí.

Tomé y alcé tu rostro para volver a besar la comisura de tus labios, deseando que sólo así me permitieras continuar con el desbroche de tu prenda. Retiré cuidadoso tu camisa y pude contemplar el diseño de tu sostén… Seguías siendo una niña. Aquel estampado de pingüinos sonrientes lo confirmaba.

-Oye… Son lindos de cierto modo.- Me levanté para reírme un poco. No podía ignorarlo, realmente me hacía gracia. ¿Cómo se supone que debería continuar al ver eso?

-¡Idiota…!-Cubriste tus pechos molesta, pero de una forma sumamente infantil. Estabas realmente sonrojada. Eso me hizo sonreír inconscientemente. Un poco de nostalgia se adentró en mi pecho… ¿Yo estaba extrañando mis momentos a tu lado? No es como si pudiera admitirlo libremente… -¡Deja de reírte es vergonzoso! Si hubiera sabido que tú…- Bajaste el tono de tu voz. Poco a poco iba escuchando tus tonterías una vez más.

-O sea que si supieras que terminaríamos así, ¿te hubieses arreglado para mí?- Sonreí gentilmente.

-¿Eh?… Por… Por supuesto que no. Eso no es lo que quería decir.-Parecías nerviosa e insegura con tus palabras. Suspiré prolongadamente por tu falta de honestidad y por las interrupciones que me estaban irritando.

-Bueno, realmente no importa. Está bien de esa manera, ya que no lo necesitaras ¿cierto?- Me acerqué a tu rostro y besé tu mejilla.

En un movimiento rápido solté el broche de tu sujetador. Diste un pequeño brinco y me abrazaste tímidamente.

-Escucha Valeria, se acabaron las distracciones… Es el momento de decirme si deseas que continúe, porque una vez que empiece, no me detendré.-Volví a ponerme encima de ti.

Me miraste unos segundos con unos tiernos ojos acuosos. Tu mirada era confusa; parecía gritarme que parara pero a la vez me suplicaba que siguiera. ¿Cuál ganaría? Eso lo decidiría tu respuesta.

-Qué cruel eres… Hacerme decir cosas tan indecentes…- Desviaste tu mirada. De verdad eras tan hermosa y delicada.

-Sólo quiero oírlo de tu boca…- Acaricié tu mejilla.

-Yo te quiero, así que… Por favor hazme sentir que me amas, que soy tuya.- Cubriste tu rostro. Esas palabras fueron un golpe muy fuerte para mi ego. Por supuesto que eras mía. De eso no había duda alguna.

-Es una buena afirmación Valeria… Yo también soy sólo tuyo…- Ni siquiera con Katherine me había entregado de esta forma. Tú tenías algo especial, algo único que me volvía loco. Mientras aumentara el palpitar de mi corazón, la adrenalina crecería.

-Álvaro… Te amo.- No me molesta que lo digas, lo que más odio son tus palabras después de todo. Yo realmente no lo entiendo… ¿Qué es el amor? Cada vez sentía mayor impotencia. Ciertamente me horrorizaba cuando perdía mi control a la hora de verte, de sentirte y de tenerte. Por eso, debía convertirme pronto en una adicción para ti.

-Lo sé… Yo también te amo.- Esa frase tan sólo es una mentira cruel. Tu enamoramiento era un error. Sólo sufrirás, como otros sufrieron… Si no estabas preparada para soportarlo, no me importaba continuar. Estoy pensando en ti todos los días… Jamás entenderías esta aberración. Hay tantas cosas que quiero decirte, más prefiero salir sólo vencedor.

Aquel beso apasionado fue únicamente por el momento. Por más dulces y empalagosos que fuesen, los deseaba. Tu voz, tus suspiros, tus lágrimas, tus caricias. Todo de ti…

No existe el amor, al menos entre tú y yo. Así funciona mi mundo. Tú decidiste entrar en él. Intentabas anclarte a mí creyendo que yo sería tu soporte, pero déjame decirte que jamás lo conseguirás conmigo. Y aunque te dieras cuenta, de este vil juego nunca saldrías.

Los sentidos se adormecen, las emociones se desbordan y la conciencia desaparece ante tal acto inmoral. Es molesto que mi cuerpo reaccione y se entregue a ti deliberadamente… Supongo que es parte de la diversión…

Es una y otra vez la misma historia. Es tan divertido utilizarte, atormentarte me extasía. Dañarte debería ser considerado un arte. Me aprovecharé de que sé que me amas para saciarme. Era gracioso que no entendieras que sólo me divertía, pues eso era lo único de ti que yo quería. Soy egoísta, eso lo acepto. Si supieras que sólo deseo salir victorioso. Tenía que manipularte nuevamente, moldearte igual que una arcilla. La razón y el amor. Todo eso me da igual. Yo simplemente tengo pensamientos que me revuelven mi cerebro que tengo que apagar pronto.

Nuestras voces resuenan por toda la habitación, en una curiosa sincronía. Puede que me he estado volviendo gentil. Las cosas más sencillas de la vida, pueden volverse las más poderosas, entonces debería utilizarlas a mi favor.

Agotada ante algo tan vacío como el sexo, te recostaste sobre mi pecho. Estabas un poco agitada y exaltada. Qué triste que llegaras a tu límite. Sabía que no aguantarías más. No importaba, pues no debía ser agresivo. Un pequeño cordero no podría igualar el instinto de caza de un animal salvaje.

Estaba decidido, regresaría a ti. Empezaría de nuevo la historia, pero esta vez no cometería errores de nuevo.

Me paré cuidadosamente quitando tu brazo de mi cuerpo. Dejé que durmieras un poco más. Mira que agotarte tan rápido. Qué divertido.

Fui directo a la regadera para poder limpiar mi cuerpo de esta suciedad. Estas sensaciones tan denigrantes que sólo me hacían perder la razón.

No sabría que excusa poner si Lisandro y Emilie regresaran pronto y te encontraran. Escucharía de nuevo el cuestionamiento de Lisandro y una triste reprimenda. Tenía pronto que relajar mi cuerpo, hacer entrar en razonamiento mi cerebro y por último meditar lo sucedido. Las tonterías que se llaman valores, no estaban siendo aplicados en esos momentos.

Me tranquilicé un poco después de que el agua fría me bañara. Nunca en mi vida llegué a pensar que tú serías mi estimulante para este tipo de cosas.

Regresé a la habitación donde pacíficamente dormías, tan calmada y serena. Cubrí tu cuerpo desnudo con una manta. Era hermoso contemplarlo no lo voy a negar, pero no quería recordar lo que acabábamos de hacer. Con tranquilidad me senté en el borde la cama para poder observar tu rostro dormitar.

Eras tan linda en esos momentos. Tu semblante tranquilo y tu suave suspirar. Tus labios entreabiertos, una expresión tan infantil y pura. Rocé tu mejilla con mi dedos; lenta y paulatinamente. Sabía que no resistiría mucho tiempo, y así fue. Me acerqué a tu rostro y besé tus labios que parecía que me invitaban a degustarlos.

Sorprendido por mi falta de control, me alejé rápidamente. Tu ligero movimiento me exaltó un poco. Besé tu frente y me recosté a tu lado. Abrazándote de una forma en la que rogaba que no se repitiera. Que cálido era tu cuerpo. Tener cerca tu aroma y sentir el palpitar de tu corazón era un problema severo para mí. Sólo por esta vez me rendiría a ti…

Calculo que una hora o quizás menos, permanecimos en esa posición. Despertaste presurosa buscando tu ropa. Contemplé cada acción tuya. Sonreí ante tanta angustia de tu parte.

-Me tía me matará, lo sé.- Eras menos inocente que la última vez, sin embargo no me molestaba.

-Tranquila, siempre puedes llevarte mi ropa…-

-Deja de bromear.- Te sonrojabas por mi tan considerada sugerencia.

-No era una broma.- Aclaré riendo. Sentí una almohada que aventaste en mi cara.

Velozmente te vestiste y medio arreglaste tu cabello.

-Álvaro me tengo que ir… Con respecto a lo que dijiste… Yo…-

Te miré unos segundos, parecías nerviosa. Alcé mi cuerpo de la cama y me acerqué a ti.

-Fui yo quien decidió terminar todo ¿cierto? Y ahora mírame, de nuevo queriendo arreglar las cosas. Fui un idiota Valeria, me dejé llevar por impulsos… Pero, realmente quiero estar contigo otra vez, por favor dame una oportunidad.- Tomé tus manos y las besé.

-Álvaro… No sabes lo feliz que me haces- Sentí tu tierno abrazo.

Conversamos un poco antes de despedirnos en la entrada. Era gracioso, nunca había regresado con mis ex novias. Todas se habían quedado en el olvido.

-Puedo llevarte si gustas.-

-No gracias. Si me tía me ve contigo, sé que me hará muchas cuestiones. No quiero responderlas por ahora. De todas formas, gracias. Eres muy considerado.-

-Entonces ten cuidado… Amor.- Intenté que recordaras nuestros pequeños apodos. Por segundos te sorprendiste y después me sonreíste amablemente.

-Sí… Adiós.- Te alzaste un poco y me besaste rápidamente.

En ese momento escuché el sonido de la puerta abriéndose.

-¡Llegamos!- Gritó Lisandro sonriendo. Seguido de Emilie. Maldición… ¿Por qué en esta situación? –Oh… Disculpen- Se sorprendió un poco por verte de nuevo.

-Ah… Después de mucho tiempo es bueno verte Lisandro.- Sonreíste nerviosamente.

-Lo mismo digo, me sorprende tu visita y también… Ohm… ya sabes… ¿Ustedes dos volvieron?- Se trataba en cada oración.

-Sí.- Intervine en su conversación. Él me observó confundido, y extrañamente sorprendido.

-Ya veo… Me alegro por ustedes.- Volvió su sonrisa.

Emilie parecía no entenderlo muy bien. Supongo que era normal, relación contigo no tenía mucho.

-Tú debes ser Emilie, la prima de Álvaro ¿cierto? Quisiera disculparme contigo, por mi actitud tan estúpida.-

-Me tiene sin cuidado. Descuida, no es la primera vez que me malentienden. Sin rencores.- Te extendió la mano con una grata sonrisa. Ambas sonrieron estrechando sus manos.

-Gracias, bueno me tengo que ir… Fue un placer volver a verlos- Corriste cual niña pequeña hacía la salida. Al cerrarse la puerta sentí la mirada interrogante de Lisandro.

-Me vas a explicar lo ocurrido, tú vienes conmigo.- Me tomó del brazo.

-¿De qué hablas? El único que tiene que interrogarte soy yo. ¿Por qué han tardado tanto?-

-Bueno fuimos a muchos lugares… ¡Espera! No me cambies el tema.-

Emilie sólo se reí ante nuestra pequeña discusión.

-Escuchen, yo tengo que ir a ver a Isa. Dijo que tenía algo importante que decirme. Nos vemos.- Le dio un besó en la mejilla a Lisandro.

-Si, ten cuidado.- Fue correspondida por él. Mi frágil prima… Joder, lo admito eran celos, pero sabía que llegaría el momento en que la vería así. Por un lado me aliviaba el que fuese Lisandro.

-Ahora sí, dime ¿qué ocurrió? – Volvió su interrogante una vez que Emilie se fuese.

-No entiendo por qué debo darte explicaciones.-

-Hace rato, parloteabas acerca de que te molesta y que nunca podrías llegar a amarla, y ahora resulta que han vuelto en una relación. Explícame eso que aún no termino de entenderlo.- Me miró de una manera sería e intimidante.

-Fue simplemente por las jodidas palabras que argumentabas. Me molesté un poco y hablé sin pensarlo. Ella vino y las cosas se dieron por si solas. Deberías alegrarte por mí en vez de cuestionarme.-

-Claro que me alegro, te relajas más cuando estás con ella, pero el que admitas tus sentimientos, me preocupa. Tú sabes que eres muy importante para mí ¿verdad?- Me tocó de los hombros mirándome nostálgicamente.

-Sí, lo sé. No te preocupes, sabes como soy de terco. Así que descuida, estaré bien-

-De acuerdo, confiaré en ti- Volvió a sonreírme.

-A propósito ¿Recuerdas al señor Brais?-

-¿Eh?… Si- Gesticuló una cara de nervio.

-Bueno, llegó hace rato con la misma propuesta absurda del testamente. Pero hubo algo que me intrigó un poco. Mencionó a tu madre y dijo algo acerca de que le sorprendía nuestro encuentro. ¿Sabes a qué se refería con eso?-

-Para nada…- Parecía inseguro con sus palabras. Pronto sentí que se estaba incomodando. Él probablemente estaba ocultándome algo.

-¿De verdad? Porque no lo parece.- Quise presionarlo un poco.

-Álvaro, estoy cansado. Quiero ir a relajarme un poco. Iré a bañarme.- Desvió el tema y pasó esquivándome. Lo sabía, no quería decirme nada.

Traté de olvidar el asunto. Incluso pasó alrededor de dos meses, sin embargo, aquello seguía tan latente. Me intrigaba, quería saberlo… No importaba cuanto tiempo transcurriera, algo de mí hacía que no olvidara. Incluso mis momentos a tu lado, no hacían que lo olvidara.

Una tarde Lisandro me llamó al móvil.

-Están encima del ropero Álvaro.-

-Sí, sí, ya entendí Lisandro. – Subí en un banco y con dificultad debido al celular, bajé una caja marrón.

-Pero espera, es una caja vino- Demasiado tarde me dijo.

-Joder, pudiste haberlo dicho de principio- Volví a subir la caja tratando de tener cuidado. Pero el banco comenzó a tambalear y la caja resbaló de mis manos esparciendo cientos de papeles. -¡Maldita sea!- Exclamé.

-Alva ¿estás bien? Joder macho que golpe más seco.-

– Estoy bien, sólo fue la caja que se cayó, te llamó después que tenga el manuscrito- Le dije a punto de colgar.

-Date prisa por favor- Rogó Lisandro.

-No tengo la culpa que al “escritorcito” se le olvidase su redacción-

-Lo sé, pero de verdad cuento contigo- De la otra línea pude escuchar el sonido para colar. Guardé mi teléfono en el bolsillo de mi pantalón. Con ambas manos bajé la caja vino. No hay duda alguna que se trabaja mejor sin ninguna distracción. Coloqué la caja sobre el escritorio y me dispuse a recoger las hojas esparcidas.

Lisandro tenía un desastre. Ni siquiera me molesté en tratar de ordenarlos. Los fui apilando conforme los alzaba. Madre mía que tenía un lío.

-¡Y la última!- Proclamé victorioso. Algo de aquella hoja llamó mi atención. Tenía mi nombre y el de Lisandro en letras negras y muy notorias. Hay que reconocerlo y más que nada aceptarlo, somos humanos y la curiosidad siempre nos pica. La sostuve con mi mano tratando de que no se doblase.

-Veamos- apunto de leer, fui interrumpido por tu llamada.

-Álvaro, siento llamar tan tarde pero hay algo que debo decirte. ¿Podríamos vernos en dos horas?- Preguntaste insegura y bajando ligeramente el tono de tu voz.

Dudé unos segundos.

-Oh… Claro- respondí.

-Te espero en la plaza- Colgaste rápidamente.

Guarde el móvil en mi bolsillo, ignoré la hoja y la acomodé con sus compañeras. Suspiré y meneé mi cabeza suavemente.

¿De qué querías hablar? Me pregunté. Olvidando aquella curiosidad, tomé la caja vino y cogí las llaves del automóvil.

Una fuerte ventisca entró violentamente por aquella ventana abierta.

-¡Joder!- Exclamé furioso, pues la pila de documentos de nuevo se encontraba en el suelo. Maldecía a Lisandro a cada papel alzado. De nuevo aquella hoja tentaba mi respeto a la privacidad. Decidido a curiosear, la tomé y comencé a leer.

Estimado señor Lisandro Riveil.

Gracias por escoger el laboratorio Unlione para ayudarlo con su análisis de DNA de paternidad, con referencia del número: 2415573

Hemos completado el análisis de un número de regiones específicas de ADN en las muestras que nos ha suministrado. Cada región de ADN específica podría tener cualquier alto número de diferentes combinaciones de secuencias molecular.

Eso significa que es poco probable que cualquiera de los dos extraños recogidos, compartieran la misma combinación de secuencia de ADN en cualquiera de estas regiones específicas. Por lo que es improbable estar al 100%. Sin embargo, esto de descarta que exista la posibilidad de parentesco.

De las siguientes muestras suministradas por la doctora Annie Wray nosotros obtuvimos los siguientes resultados con un 99.9% de precisión.

Esperamos que se comunique con nosotros en caso de que exista alguna duda con respecto al análisis…”

Debajo de esto último, se encontraba una pequeña tabla, en la cual ponía el nombre de Lisandro, seguido de mi nombre y pude leer el resultado de la prueba que decía “Emparejados”… Junto con una palabra que me dejó petrificado… Hermanos.

CONTINUARA ….

 

ABRAHAM ROCHA RDZ

 

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Existen personas que no deberian amar… capitulo 19 & 20

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¿Qué rayos le ocurría?

-¿Emile? ¿Estás bien?- Pregunté preocupado. No respondió. Quedó absorta en sus pensamientos. ¿Qué estaba pensando? ¿Cuál era el motivo de sus lágrimas?

Fue un sentimiento confuso. Algo que no entendía muy bien… Una simple anomalía que ocurría en mi vida.

El pesado cuerpo que chocó con el mío.

-Duele…- Solté inconscientemente. A veces creo que mi cerebro me jugaba una mala pasada. Decía lo que debía permanecer en mi cabeza. Tenía que disculparme pronto… pero ¿cómo? Nunca fui buena hablando con los demás. Se malinterpretan mis palabras y al final no puedo hacer nada. Era muy difícil. Oh Emilie, no seas ridícula. Me gritaba en mi cabeza. Que patética soy. No, no de nuevo. Volvería a verme como una tonta…

-¡Lo siento!- Exclamó apenado un joven alto de ojos casi amarillos combinados con finos toques verdosos. Me extendió su grande mano ofreciéndome su ayuda.

-Gracias.- Su palma era rígida. Un poco áspera y fría. Hice un poco de fuerza y el contacto de sus dedos fue más cercano con los míos. Tenía que decir algo… después de todo la culpable era yo. Estaba exhorta en mis pensamientos que no me di cuenta que él deambulaba. Sólo esperaba que mis palabras no me apuñalaran cruelmente.

-Está bien, fue mi culpa.-Perfecto. Nada tonto. Pero… ¿Por qué me estaba observando con esa mirada intimidante? Podría ser que estuviera ¿molesto?

Lo sabía…Soy una rara…

-Para nada, fue mi culpa.- Agregó cambiando su semblante. Me aliviaba el hecho de que no estuviera furioso por el golpe. Le sonreí calmadamente.

Fue entonces que lo observé mejor. ¿Qué le ocurría? Sus ojos parecían hinchados. Una pequeña lágrima yacía en su pómulo; solitaria y húmeda parecía apunto de romperse.

-¿Estás bien?- Le miré preocupada. No sabía qué es lo que estaba haciendo. Indecisa y un poco nerviosa toqué su mejilla. ¿Por qué su mirada era triste? No me agradaba…

Rápidamente separó su mano de la mía. Qué vergüenza no había notado que la seguía sosteniendo. Ha de ver sido incómodo para él. Limpió presuroso sus parpados.

-Oh ¿esto?, no es nada, una pequeña basura. Hoy corre mucho viento.- ¿Viento? Estaba mintiendo… No había mucha ventisca. Quizás estaba exagerando… pero, su mirada no era por una basurilla. ¿Podía ser quizás una persona? Quizás el viento era el modo en que lo representaba… ¿Ese viento lo había hecho sufrir?…

Pronto reaccioné. ¿Qué diablos hago yo metiéndome en la vida de los demás? Álvaro decía que la curiosidad era un hábito muy horrible…

-Ya veo, tienes razón.- Dije evitando hacerle otra pregunta. Debería concentrarme en buscar a mi primo en el instituto. Hacía tiempo que no le veía. . –Tengo que irme. Espero y el viento no vuelva a lastimarte.- ¡RAYOS! Eso no debí haberlo dicho… Pero en el fondo, no me gustaría que lo hiciese.

Él sonrió. Por lo menos logré esa expresión.

-Adiós pequeña…- Escuché que dijo en un leve susurro. ¿Cuál era su problema?… Yo no era muy pequeña… ¡Él era el alto! Me molesté un poco. Aunque también me dio risa su comentario.

Caminé rumbo al instituto Galo. Mi primo debía estar ahí. Bueno… Eso creía yo. Al parecer habían tenido una excepción de salir temprano ese día los alumnos.

Álvaro no invites a las personas si no piensas esperarlas… Pensé.

No me quedaba nada que hacer. Se estaba haciendo un poco tarde. Tenía que regresar a mi casa pronto. Mamá se molestaría. Yo ya no era una niña, sin embargo me seguían tratando como una. Suspiré agobiada.

Al día siguiente, decidida fui al instituto más temprano… Creo que demasiado. Los alumnos estaban en clases joder. Resignada exhalé profundamente y me senté en una de las bancas. Su colegio era amplio. Me hubiese gustado estudiar allí, pero mi familia pronto se mudaría. Recuerdo que Álvaro estaba molesto por eso. Lo extrañaría mucho, con él era muy sencillo entablar una conversación a pesar de que siempre me miraba nostálgicamente. De verdad lo sentí por causarle tales emociones confusas…

Di un pequeño brinco por la campanilla del almuerzo. Maldición… Creo que si sigo siendo una cría.

Comencé a preguntar a los alumnos que veía salir. Dios… Ni siquiera sabía en qué departamento estudiaba… ¿Qué clase de familia soy?

-Lo siento… No lo conocemos. Podemos acompañarte si gustas.-

-No, gracias. Pero no serían de ayuda…-Joder, de nuevo lo que pensaba salía de mis labios. La vergüenza me invadió. Había sido grosera. –Lo siento… No quise decir…-

-Jaja, descuida. Tienes razón.- Rieron ambos jóvenes. –Entonces nos vemos, pequeña.-

¿Pequeña?… Recordé al joven de ayer. ¿Estará acaso mejor? Parecía realmente mal… Quizás no debí dejarlo en ese estado… No, no, ¡NO! ¡Emilie Miller, deja de distraerte! Me regañé.

Borrando aquellos pensamientos. Me acerqué a una pareja. Rogaba al cielo que aguien conociera a mi amado primo.

-Disculpen…-Pude notar a una bella chica de tez morena y largo cabello lacio. Que linda era… Miré al joven que estaba a su lado. –Anda… si eres el joven de ayer… – El mundo parece un pañuelo. Era una gran coincidencia. Le sonreí.

Sentí una mirada algo pesada igual que el ambiente. ¿Qué podrá haber sido?

-Lo siento, creo que me estas confundiendo.- Trató de sonreír.

¿Podría ser que me equivocase de persona? No, por supuesto que era él. Quizás olvida a las personas de manera fácil… Por inercia miré a la joven en breves segundos… Emilie tonta, seguramente era su novia. La chica pudo malinterpretar mis palabras… Oh maldición… Esperaba no haber metido en problemas al chico.  

-Oh disculpa. Te pareces a un amigo… lo siento, soy una tonta.- Volví a sonreír. –Disculpen el mal entendido.- Me sentí culpable, no podía hacer otra cosa que pedir perdón. Presurosa me alejé.

Noté un grupo de jóvenes conversando. ¡Quizás siendo más alguno de ellos conocerá a Álvaro!

Emocionada, queriéndome quitar el horrible encuentro que provoqué les pregunté un poco animosa.

-Hola… Mi nombre es Emilie. Es un placer.- Dije un poco nerviosa. –Disculpen la molestia que he de causarles. Pero quisiera que me ayudaran a encontrar a Álvaro Crowley… Él es mí…-

-Oye, espera. ¿Te presentas y ya nos pides favores?- Me interrumpió una de esas personas. No sabía que decir… Quizás tenían razón… Fue descortés acercarme por interés.

-Lo… Lo siento.- Me trababa al hablar.

-Te perdonamos sólo porque eres muy bella. ¿No deseas quedarte un rato más en buena compañía?- Noté su mirada lasciva. Que miedo daba…

-No, gracias… yo… yo tengo que encontrar a mí…- Estaba aterrada… Mi mente estaba en blanco.

-Oh vamos, te divertirás con nosotros.-

-Preferiría no hacerlo.-

-No seas tímida, ven…- Cerré mis ojos esperando lo peor… ¿Por qué no pude reaccionar?

-Ha dicho que no.- Escuché una cálida voz un poco familia. Era aquel joven. Había tomado del brazo al chico que empezó todo esto.

-Lisandro, ¿qué demonios quieres? No ves que estamos ocupados.-Dijo en tono de burla. ¿Lisandro? Se llamaba Lisandro, el joven que había venido a rescatarme… Por favor. No te vayas. Fui mi petición tan egoísta.

-A la chica.- Un pequeño latido surgió de mi pecho. Gracias… Dije en mi mente.

-¿Qué dices? Si ella estaba pasándola bien con nosotros, ¿no es así pequeña?- Las personas de aquella persona me desagradaban. Agaché mi mirada y comencé a temblar.

-…N…No.- Mi voz era muy baja. El viento, se llevaba cada palabra.

-No digas mentiras, te acercaste tan provocativamente a preguntarnos sobre alguien. Como si no supiéramos esa excusa. Jaja, mejor di lo que realmente quieres.-

-Yo… eso es mentira… yo nunca…- Quería llorar… Malditas emociones… El miedo, el pánico… ¿Qué debía hacer?…

Escuché un sonido en seco… Lisandro… Lisandro había golpeado a aquel sujeto. Su mirada parecía de un asesino, pero… No tenía miedo de él.

-¡¿QUÉ TE PASA BASTARDO?!- Enfurecido se levantó del piso e intentó golpearlo.

Quedé sorprendida ante los reflejos de Lisandro. No, no lo hagas… Saldrás herido, pensaba. Pero ninguna palabra fluía de mi boca.

Mi nerviosismo no se iría. Parecía eterno… Mi madre, mi padre e incluso Álvaro tenían razón. Soy una niña todavía…

-¿Estás bien?- Me extendió su mano. ¿Cómo reaccionaría ante lo ocurrido? ¿Cómo debía decirle gracias?…

Sentí un delicado abrazo. Él me estaba abrazando… Era gentil… Era amable…

-¿Eh?… ¿De qué hablas?- Sorprendida pregunté limpiando mis mejillas.

-Lo siento por mostrarte mi lado más deplorable…- ¿Qué estaba diciendo? ¿Deplorable? La única patética había sido yo…- Lo siento por mentirte hace rato, quizás no hubieses estado en esta situación… por eso… Lo sien…- ¿Por qué era tan sencillo hablar con esta persona?… ¿Por qué me inspiraba confianza? Ver sus ojos tristes, su cálida voz echa un hielo, dolía…Demasiado.

-Gracias.- Lo interrumpí besando su mejilla. –Gracias por salvarme.- Su semblante cambió.

-Ven, vamos.- Delicadamente me apartó y tomó mano. –Mi nombre es Lisandro, Lisandro Riveil es un placer.- Que se presentara formalmente era agradable.

-¿Eh?… ¡Oh! Mi nombre es Emilie Miller…- Bajé un poco el tono de mi voz.

-Así que… Emilie, ¿qué te trae al instituto Galo?- Preguntó caminando rectamente.

-Busco a mí…-Pausé… No es que desconfiará de Lisandro. Pero… Mis palabras siempre se han de confundir, por eso…- A alguien muy importante para mí. – dije, tratando de disimular.

-Puede ayudarte si lo deseas…-.

-¿De verdad?… ¡Gracias! Me salvas demasiado Lisandro.-Sí, así era. Me estaba salvando incontables de veces. Gracias, gracias, gracias. No podía dejar de pensar en eso, pero al notar que su sonrisa se caía y se desvanecía sentí un dolor en mi pecho. –Oye… Ella era tu novia ¿verdad?- Pregunté desconsideradamente.

-Digamos que lo era…- Dijo un poco frío.

-¿Lo era?-

-Aún está en proceso. No sé cómo decirle que lo nuestro finalizó.- Parecía duro en sus palabras. ¿Realmente era así? ¿O era una de sus máscaras?

-Eso es horrible…- Dije refiriéndome al viento que lo lastimó. Pero una vez más… todo se malinterpretó. Lisandro se sorprendió. No es como si haya dicho por él…

-Digamos que ella hizo algo que me dolió.-

-El viento…- Lo sabía, ella era el viento. .

-¿Eh? ¿El viento?-

-Ella, ella es el viento de ayer ¿no?- Maldita sea… Debo dejar de pensar en voz alta.

-Si…- Parecía triste.

-Lisandro… ¿La amabas?- ¡EMILIE CALLATE! Me gritaba. Un conflicto se desarrollaba en mi mente. Pronto le terminare desagradando.

-..Por supues…-Pausó y se quedó pensativo. –No lo sé.- Fue su respuesta.

-Ya veo.- Debía dejar de presionarlo. Soy una desconocida y he de darle miedo ahora.

-Dejemos este tema. Mejor concentrémonos en buscar a tu novio…- ¿Novio? Eso fue gracioso. Nunca tuve novio. Me da hasta vergüenza decirlo.

-Yo no tengo novio.- No podía decirle que ni siquiera mi primer beso he dado. ¡Ah! ¿Por qué rayos tuvo que recordarme algo tan humillante?… Espera, ¿realmente es humillante?… ¿Qué barbaridades estoy diciendo?…

De sorpresa él me volvió a abrazar… ¿Estaba triste de nuevo? No quiero verlo triste…

-¡¿Qué demonios haces Lisandro?!- Escuché un grito proveniente de una voz muy familiar.

-¡Oh! ¡Álvaro!- Por fin lo encontré. Estaba feliz.

Álvaro me abrazó y besó mi mejilla. ¿Lisandro conocía a Álvaro? ¿Amigos?

-¿Huh? ¿Lo conoces?-Pregunté.

-Claro, digamos que es especie de amigo.- Hizo una sonrisa.

-Jaja, por supuesto. Así que enhorabuena Álvaro, es una hermosa mujer.- Dijo Lisandro sonriendo… ¿Le parezco hermosa?… Era la primera vez que me sentí ruborizada. El haberlo oído de sus palabras, me hacía feliz…

-Lo sé, no hace falta que me lo digas.-

-Deberías proponerle matrimonio ahora, de lo contrario me adelantare. – ¿Matrimonio? Dije que no quería que me siguieran tratando como una niña… pero, ¡casarme no está en mis planes!

-Lisandro… ¿Qué demonios piensas? Emilie es mi prima.- Dijo Álvaro un poco enfadado.

-¿De qué hablas? No comparten apellido…-

-Idiota. Ella es parte de la familia de mi madre, es hija de mi tía Raquel. Por lógica no compartimos apellido Lisandro… ¿Qué idiotez habrá pasado por tu cabeza? De todos modos, ¿cómo la conoces? ¿De dónde ha salido la confianza de aquel abrazo bastardo?- Me preguntó enojado.

-Oh, Lisandro me resca…-

-Sólo me pidió ayuda para encontrarte… pero… ¡Era muy hermosa que no me resistí!- Mintió…

No lo entendía. ¿Por qué hizo eso? Quizás era algo sin importancia para él… Así es… Sólo ayudó a una chica tonta que no puede defenderse sola. Estúpida Emilie…

Recuerdo muy bien ese encuentro… No podría olvidarlo. Siempre dolía el simple hecho de oír sus palabras en mi memoria. Su actitud pronto cambió drásticamente. Forzaba sonrisas, ocultaba cosas… La persona que llegué a admirar por su valentía se había ido… O quizás algo forzó a que se fuera.

¿Cómo es que logra aguantar ese dolor que lo inunda? Tan sólo quiero verlo feliz. Con una sonrisa verdadera…Pero ¿cómo logro que una raíz brote de una roca?

No me gustaba ver a Lisandro sufrir. Una persona sincera con un corazón noble se había marchitado ante mis ojos. Quizás el viento le sigue hiriendo…

Él se volvió considerado conmigo, más amable, más atento. Cada detalle, cada elogio… Quizás estaba tratando de olvidar a su novia. Remplazarla con alguien desechable.

Todo de él me hacía sentir confusa. Sentimientos ajenos a los que había sentido antes se desbordaban de mí… Pero él… Él sólo me veía como una niña. Me trataba como una, a veces me tomaba el pelo con frases tiernas. Lo soportaría, lo aguantaría, daría lo mejor de mí por no lastimarlo… Me engañaba, porque en el fondo me dolía. Su amabilidad era acido para mi cuerpo… Me salvó, no una sino varias veces. Él fue mi único gran amor… El primero… Aunque nunca lo sabrá, pues sé, que no aguantaré por mucho tiempo. Por eso… Será un secreto… pues pronto se cansara de jugar con una niña… “

-Emilie… ¿Qué ocurre?- Pregunté más que confundido.

-Álvaro… Yo ya lo decidí… Me iré de regreso con mis padres…

CAPITULO 20…

¿Qué estaba diciendo? Irse… No de nuevo, no soportaría su ausencia después de acostumbrarme a vivir con ella.

-Emilie… ¿Por qué deseas irte? ¿Algo no va bien en el instituto?- No, no era la universidad de Galo. Era él. Jodido Lisandro, le advertí acerca de esto.

-En lo absoluto. Sólo que… He estado muy lejos de casa. Mis amigos me han dicho que me extrañan… Por eso… yo… Yo quiero regresar pronto…- Temblaba a cada palabra.

Suspiré. Ella estaba mintiendo.

-Hace poco, mencionaste a Lisandro. Preguntabas la razón de tanta amabilidad ¿no? ¿Él es el motivo?-

-…No. Hablé sin pensar… Lisandro es amable porque soy tu prima, él me quiere como una hermana, soy una niña a su lado. No tiene nada que ver él en este asunto.- Revolvía sus ideas. No eran claras, eran confusas. ¿Podría ser que ella….? Imposible…

-Emilie… Tú estás…-

-¡Emilie! Qué alegría que hayas vuelto. Me sentía muy solo con tu ausencia.- Llegó Lisandro, sentándose al lado de ella. -¿Huh? ¡Qué hermosa te ves! Pareces una tierna muñequita con tus rizos.-

Este idiota… La mirada de Emilie parecía nostálgica. Sonreía algo forzada. ¿Por qué él no se daba cuenta de su dolor?… Lisandro la estaba haciendo sufrir… Que desconsiderado de su parte… No quería verla así… Podría ser que… ¿Acaso era lo que Samuel sentía? No, ¡no!… Borré esos pensamientos tan innecesarios. Que estupidez, lo tuyo es diferente…

-Gracias…- Dijo débilmente. Su semblante parecía el de una llama a punto de extinguirse.

-¡Oh! Emilie, mira lo que he comprado para ti.- Lisandro posó sobre ella las delicadas flores. –Dijiste que te gustaban.- Lisandro sonrió arduamente.

Ella lo miró sorprendida, evitando decirle que ya las había visto. Se sonrojó y le regaló una sonrisa tan inocente.

No había duda alguna… Ella lo amaba. Estaba enamorada de Lisandro. Esos pequeños detalles lograron que Emilie lo amase. Pero Lisandro ¿realmente la amaba? ¿Él sentía lo mismo por ella?… No me importaría si así fuese… Quizás un poco…

-¡Volví! Hola amor.- Llegó Katherine y besó mi mejilla. – ¡Dios! ¿Qué te ocurrió Álvaro?-Dijo tocando mi pómulo.

-Me caí.- Joder, aquella pregunta me estaba estresando.

-¡Deberías tener más cuidado!- Tocó con sutileza aquella marca. -¡Lisandro te dije que le cuidaras!- Gritó un poco molesta.

-Álvaro ya no es un niño…- Trató de defenderse Lisandro. –Además, le he comprado esto.- Sacó una pomada y se la entregó a Katherine.

-Cielos…- Suspiró. –No eres de confiar Lisandro.- Untó suavemente en donde había sido el golpe de “tu amado novio”

-Gracias, pero Lisandro tiene razón. Debí haber tenido más cuidado. Siento haberte preocupado. Tomé su mano y besé sus dedos delicadamente.

– Eres un desastre Álvaro…- Besó mi frente y se recostó en mi pecho. -¿Oh? ¡Vaya que lindas! Son camelias…- Miró las bellas flores que yacían en un bello esplendor. -¿Son tuyas Emilie?- Preguntó sonriendo.

-Si… Lisandro me las regaló…- Bajó el tono de su voz.

-¿De verdad? Lisandro, necesitaras más si quieres conseguir a Emilie.- Carcajeó un poco.

-Pero ¿qué dices? Sólo es un obsequio de amistad…-Parecía inseguro de sus palabras -¿Verdad Emi?- Trató de sonreír.

-…Si- Dijo en susurro. –Lo siento… Creo que quiero dar una vuelta por el lugar…- Se levantó y a punto de irse. Lisandro le tomó del brazo.

-Ni creas que dejare que vayas sola.- La miró profundamente. Ella sólo agachó la mirada.

-Está bien… Puedo ir sola.- Emilie lo trató de quitar sutilmente.

-Lisandro… Ella ya no es una niña.- Dije mirándolo confuso.

-Lo sé. Es por eso que iré con ella.- Agregó seriamente. Su mirada no era la habitual. Me sorprendí ante su respuesta. No esperaba tales palabras por parte de él. –Emilie, por favor…déjame ir contigo. ¿Acaso no te has visto en el espejo?- Le preguntó.

-Si… Todos los días. ¿Por qué?…-

-¿Por qué?… Simplemente porque eres hermosa… Tierna, amable, dulce… No pienso dejar que ningún otro idiota intenté lo de la última vez. Así que iré contigo.- La tomó de la mano y comenzó a caminar con ella. ¿Última vez? ¿De qué hablaba?

Pude notar a Emilie más que sonrojada. Sé que debía detener aquella escena… Lisandro era más que idiota para darse cuenta de los sentimientos que estaba provocando en ella. Si no tenía cuidado, él terminaría lastimándola. Sin embargo… No hice nada por evitarlo, pues noté una aprobación por parte de ella.

-Lisandro es un poco celoso… ¿No lo crees?- Dijo Katherine al ver que ellos dos se alejaban.

-Demasiado diría yo.- Suspiré. Algo en mi me preocupaba. Temía que ella se alejara de mi lado. Sé que era egoísta… Pero una parte de mí, aún era dependiente de aquel recuerdo.

-Que lindos…- Se inclinó hacía mi hombro y dio un suspiro largo y pausado.

Su voz… Su fragancia, su piel y aquella mirada… No provocaban en mí una emoción tan vibrante como la tuya…

En el fondo me alegraba, pues no había dudas con ella. Pero también me alertaba y preocupa…

-Álvaro, estoy un poco intrigada, el hecho de haber visto a Valeria…- La interrumpí dándole un beso en los labios. No quería hablar acerca del tema. Me incomodaba de sólo pensarlo.

-Te amo. Eso es lo único en lo que debes preocuparte.- En el fondo era mentira.

Ella sólo sonrió. Permanecimos en silencio por breves momentos…

Sentí un pequeño escalofrío… Un temor que inundaba mi cuerpo… Una frágil voz que se rompía en pedazos llamaba mi nombre.

-Valeria…- Suspiré y miré a una dirección que fue como una pesadilla para mí.

Poco a poco, tu cuerpo era sumergido entre las cristalinas aguas… Idiota ¡¿Qué hacías dentro del agua sola si no sabías nadar?!

Aparté a Katherine y me levanté presuroso, a punto de correr para sacarte de ahí, sentí una frágil mano detenerme.

Era Katherine, parecía triste. Se aferró más a mi como si supiera que algo terminaría si me dejaba ir contigo.

-Por favor… Tengo que ir con ella.- Le susurré a su oído. Katherine sorprendida me soltó y agachó la mirada. –Gracias.- Besé su mejilla.

Presuroso y sin pensarlo me lancé al agua tratando de tomarte los más pronto posible. ¿Por qué tiene que ser de esta manera? ¿Por qué fui el único que te vio? Tu cuerpo se había perdido de mi visión, yacía en el fondo. Demonios, comenzabas a convulsionar… Sujeté tu brazo y te llevé a la superficie.

Agitado saqué tu cuerpo del agua… Una multitud de personas se acercaban presurosas. Idiotas… Tan atrasados llegan…Estaba agitado, molesto y asustado…

Tus parpados estaban cerrados. Tus labios eran morados y tu piel se había puesto más blanca. Era una broma ¿verdad? Este tipo de cosas… Sólo hacían que me encadenara a ti.

¡¿Dónde estaba el idiota de tu novio?! ¡¿Por qué demonios te fuiste con él?! ¡¿Por qué diantres habías preferido su compañía?! Gritaba en mi mente, mientras realizaba las compresiones cardíacas. Valeria ¿por qué me haces este tipo de cosas?

Separé tus labios y tomé tu mentón. Uní mis labios con los tuyos tratando de pasar el oxígeno a tus pulmones.

-No me hagas esto Valeria…- Te decía continuando con el RCP. Cada intento de que reaccionaras, se me hacía eterno… No lo aceptaría, no permitiría esto… Jamás…

De pronto, volviste a abrir los ojos y soltaste el agua que habías ingerido. Tu tono de piel, levemente mejoró.

Comenzaste a toser y el personal de emergencia por fin llegó. Te subieron a una camilla y te suministraron oxígeno a través de una mascarilla. Malditos… Quería golpearlos…

-¡Quítate idiota!- Sentí un empujón fuerte. Era el idiota de tu novio.

-Señor, ¿conoce a la joven?- Preguntó uno de los ayudantes.

-Por supuesto… Es mi novia.-

-Pues dé las gracias a este joven.- Dijo señalándome. –Si él no hubiese practicado el RCP, hubiéramos temido lo peor.-

-¡No le voy a dar las gracias a un idiota como él!-

-Señor, este hombre salvó la vida de su novia.-

-No creí que fueras así de ignorante Joel.- Estaba molesto. No porque no me hubiera agradecido. Sino por el hecho de haberte dejado sola…

-¡Mira imbécil! ¡¿Quieres otra mejilla golpeada?!- Preguntó molesto.

-Adelante ojito morado.- Sé que debía ignorar cualquier provocación… Pero… De verdad quería golpearlo.

-Eres un…-

-¡Deténganse los dos!- Gritó el personal de emergencia. –Deberían apenarse… Una vida corrió peligro y ustedes discutiendo por algo tan estúpido.-

-¿Estúpido? Besó a mi novia- Dijo molesto. No podía haber persona más tonta en el planeta. A Samuel le habían quitado su puesto.

-Eres un estúpido…- Traté de no elevar el tono de mi voz. –Si te hace feliz. Ese beso no significó nada para mí más que hacer que reaccionara.- Limpié mis labios que habían tocado tus frías comisuras.

Caminé queriendo marcharme, pero algo me detuvo. Sorprendido regresé mi mirar.

-Álvaro… Por favor, no te vayas.-Dijiste a duras penas y comenzaste a llorar

Una espina brotó de mi pecho, tratando lentamente de penetrar todo mi ser… Dolía. Sujeté tu mano

-Tranquila… Estoy contigo.-Besé el dorso de tu muñeca y limpié tus mejillas.

¿Qué estaba haciendo de mi vida? ¿En qué momento mi mundo se descontroló? Tú tienes la culpa… Estas acciones me mantienen seco por dentro, no puedo tolerarlo, actúo más como una bestia que como un humano, una bestia que reacciona al choque entre los celos y el odio. Tú causaste la destrucción de mi ser.

No puedo perdonarte… Te odio por estar a mí alrededor y cambiar las cosas de cómo eran. No necesito mostrar “amor” a aquellos que están llenos de complejos de inferioridad. Incluso aunque sea un pensamiento deshonesto, haré cualquier cosa para aplastarlo antes de quedar expuesto…

 

CONTINUACION…

 

ABRAHAM ROCHA RDZ…

 

Existen personas que no deberian de amar… Capitulo 11

jose-novelo

Samuel me cogió de la camisa bruscamente.

-¿Por qué?… ¿Por qué lo haces?- Murmuró con la voz quebrada y sollozante.

-Porque odié el día en que se cruzó en mi camino…-

“-Maldita sea, de nuevo es tarde- Salí corriendo por el pasillo de la universidad. Me pregunto si el corredor es un buen sitio para pasar el rato, había demasiados estudiantes.

¿Cuántas veces he llegado tarde a la clase del señor Francis?

¿De nuevo tarde?, ya oía la típica frase cantora y burlona. Joder, estúpido despertador, no sirve de nada. Ah no espera, el idiota fui yo, olvidé ponerle am, en su lugar puse pm. Qué hilarante suena.

Lo único que me queda es apresurar mi paso. Vamos Álvaro tu puedes. Ánimos, sí eso era, necesitaba ánimos.

Eché mi paso andar velozmente, esquivando al equipo de Fútbol americano. Malditos, no están en edad de crecer así de tosco. Bestias han de ser. ¿Y por qué las porristas deciden hacer piruetas a mitad del pasillo? Cabelleras rubias y pelirrojas golpean mis ojos.

-Hola Alva- Casi en coro. Qué molestas son, con sus voces chillonas.

-Hola Violeta, Hola Cassie, Hola Itzel, Hola Iris- sigo dándome regalías por haberme aprendido todos sus nombres, y por poder decirlos rápidamente.

Oí risillas y murmuras después de mi saludo. Las chicas no me interesan. No por ahora. Todas ellas son ruidosas y engreídas. Deseaba salir de la universidad de Galo, lo antes posible.

Rezando por no encontrarme con la ‘reina’ del instituto.

-Hola Alvarito- Maldición. Y es por eso que dejé de creer en un dios.

-Hola Rosalía- Sonreí falsamente, tratando de quitar su mano de mi corbata. Su rostro demasiado cerca me era incómodo. Ella es bella, se siente superior, ese lindo rostro no estará por siempre, aun así, Rosalía lo ignora, y piensa que todo el mundo la adora. Todos excepto yo, por supuesto. Nunca me ha interesado alguien así de patética.

-Te he dicho que me llames Rosa cariño- El olor de durazno que emite es muy fuerte, y provoca nauseas.

Sentí miradas que hicieron mi cuerpo erizarme. Tengo suerte que ninguno de esos tipejos me hayan asesinado.

-Rosalía perdóname, voy tarde a la clase de biología.-

-No se dará cuenta cielo- Me dio un beso en la mejilla. Joder, el brillo labial de sus labios, dejó pegajoso mi pómulo.

-Disculpen- Rosalía y yo volteamos a mirar. Era una linda chica, tez blanca, casi pálida, cabello castaño y unos bellos ojos azulados, es como yo describiría lo más resaltante de ella. Jamás la había visto en el instituto Galo. Rosa la miró de pie a cabeza, creo que ella tampoco le conocía.

-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?- Como si fuera un guardia que acaba de encontrar a un intruso en propiedad restringida.

-No sé a qué te refieres, yo siempre he asistido a este colegio- Respondió enojada, me miró unos segundos y de nuevo regresó su mirar hacia Rosalía. –Él es mi novio, te pido que le sueltes.-

¡¿Novio?! ¿Qué demonios estaba diciendo esa pequeña?, sí pequeña, demasiado baja de estatura. De seguro es como Iris y Violeta, contando a todo el colegio que yo salgo con ellas. Puras mentiras de chicas necesitadas.

Rosalía me miró, divertida rió.

-Sí claro bajita, alguien como él jamás saldría contigo. Tendrás bello rostro, pero dáte cuenta que es lo que tiene a mi lado.-

No sé qué intenciones tenga esa chica, aunque me moleste admitirlo, es preferible en estos momentos seguirle la farsa. Espero por su bien que se dé cuenta que Rosalía jamás se lo perdonara.

-Basta Rosalía, es verdad ella es mi novia- Hice un lado a Rosa y tomé de la mano a aquella joven.

-Gracias, hasta ahora me defiendes Álvaro.- Ella me abrazó. Espera… ¿dijo mi nombre? ¿Cómo diantres lo sabe?

No tarde en pensar que ella era igual a las demás. Otra acosadora en mi vida.

-Dime que esto no es verdad Crowley- Rosalía, miraba con cierto desprecio a la chica. Temía que me preguntase su nombre. Podría inventar uno, y claro ella seguiría el juego, pero si Rosa investigara sobre ella, lo lamentaríamos los dos.

-Es la verdad- Correspondí al abrazo, sentí como su cuerpo se estremecía. Al final me arrepentiré, lo sé. En estos momentos ella es mi único escape.

Rosa molesta continuó su camino.

-Te debo una- Le sonreí y la dejé de abrazar. Sentí como ella se aferró a mi espalda. Tenía los ojos cerrados, los apretó haciendo una mueca de pequeña.

Me resigné, tenía que hacer lo mismo que hacia cuando Iris me abrazaba.

La tomé de la barbilla y besé su mejilla. Sería muy problemático que me amase. Nunca te correspondería. Pensé

Ella con ojos acuosos sonrió.

-Perdona pequeña, pero llego tarde a una clase, te veré luego- Creí que me desharía de ella. Creí que jamás le volvería a dirigir la palabra.

-¿Iras a la clase del señor Francis?- Dijo calmadamente siguiendo el ritmo de mis pasos.

-¿Eh?, si así es. ¿Cómo lo sabes?-

-Tenemos el mismo horario Álvaro- Siguió avanzando mientras yo me detuve en seco. ¿Desde cuándo ella era mi compañera? -¿Qué ocurre?- Preguntó sorprendida.

-Lo siento, no recuerdo haberte visto en las clases.- Ella me sonrió, y me tomó de la mano. –No destaco mucho.-

Dejándome llevar por todo el pasillo, pude escuchar muchos murmureos. Debí de haberle soltado de la mano, pero aún seguía anonado.

Abrió la puerta del aula. El señor Francis aún no estaba presente.

-Valeria pensé que no regresarías, saliste sin avisar.- Se acercó una joven de tez morena y grandes ojos marrón. Cabello negro y lacio amarrado por una liga. Su nombre era Carolina, a ella sí que le conocía. O bueno, por lo menos sabía de su existencia en esta clase.

-Lo siento- Rió disculpándose.

-Bueno eso no importa, pero dime algo, desde cuando te llevas tan bien con el príncipe.- Nos albureó y sonrió pícaramente. Joder seguía tomando su mano. Valeria la soltó rápidamente y agachó la cabeza.

-Lo conocí hoy- Sus mejillas se tornaron carmín.

-Disculpa, ¿me llamaste príncipe?- Pregunté ignorando la reacción de la pequeña.

-Así es Álvaro, supongo que no te has dado cuenta de tu apodo.- Respondió Carolina

-Lo siento, no presto mucha atención.-

-Si me he dado cuenta de eso, de ahí tu apodo, príncipe. Eres el tipo soñado de casi todas las chicas de Galo.-

-Ya veo.-

La morena sonrió, era la primera vez que hablaba con ella.

-Valeria ¿por qué saliste?- Le preguntó.

-Bueno… faltaba alguien en la clase, el señor Francis le advirtió a Álvaro suspensión si volvía a entrar tarde. Sólo me preocupé-

Ahora que lo pienso, gracias a ella me liberé de Rosalía. Es cierto que le debo una.

-Pudiste a verme dicho, el señor Francis me avisó ayer que faltaría, te pudiste haber ahorrado la búsqueda del príncipe, y esperar que llegase.-

-¡Pero si no, ella lo hubiese…! Perdón- Bajó la voz avergonzada. Carolina se sorprendió un poco. – Si no hubiese buscado quizás nunca habría tenido la oportunidad de conocerle.-

Me sorprendí un poco por su respuesta. Muchas chicas se acercaron a mi sin ninguna estrategia, otras tropezaron intencionalmente conmigo, pero ella, ella esperó una oportunidad. Por un instante me conmovió.

-Bueno no es una excusa muy válida, pudiste haberle hablado como lo hago yo ahora.-

-¡Pero!… Lo sé…- Si dejara de ser tan ruidosa y escandalosa, podríamos haber sido amigos.

Carolina sonrió divertida. Conversamos un poco. Valeria tomaba más confianza a cada palabra.

-Caro ¿vienes?- Le invitaron un grupo de chicas y chicos. Ella afirmó y se despidió. Dejándonos solos.

-Álvaro, lo siento, fui un poco atrevida.-

-¿De qué hablas? Gracias a ti me libre de un ser comido vivo.- Valeria soltó una risilla.

-Tu rostro demostraba que no querías, pero igual no debí…-

-Gracias- La interrumpí. –Mi nombre es Álvaro Crowley aunque creo que no hace falta presentación, es un placer.- Le extendí mi mano.

-Valeria Hoffman, el gusto es mío.- Estrechamos nuestras manos y compartimos una sonrisa.

Quizás mi error fue ese. Ser amable con ella por un simple acontecimiento.

Ella volvió un desastre mi vida. Todo el tiempo, ella quería estar cerca de mí. Alejó a la mayoría de mis acosadoras, pero en cambio, se volvió todas ellas en una sola.

La detesté, odié su manera de ser. Fingía una sonrisa de agrado por su presencia, siempre me molestaba con tonterías de toda una cría. Lo dejaba pasar ya que nunca me importo la gente estúpida como ella.

A pesar de ser consciente de sus sentimientos, nunca le di importancia.

Lo peor de todo era que estaba metiéndose en mi vida. Era torpe y escandalosa. Sin embargo me sorprendía cada que intentaba llamar mi atención. Llamadas, mensajes, cartas, avales, indirectas, miles de excusas para hablarme o para discutir.

Era divertido, pero aun así me molestaba. Quería deshacerme de ella lo más pronto posible. Pero quería que se diera cuenta de todo mi enojo reprimido. Quería que sufriera, porque la odiaba.

Odiaba que su amabilidad penetrara mi barrera. Mi muro… aquel que me ayudó a no volver a querer… Ella lo estaba logrando, estaba haciéndome sentir calidez. Tenía que hacerla desaparecer, dándole a entender mi odio, para que nunca se me acercara.

Creí que nunca lo lograría hasta que el día finalmente llegó.

-Tú me gustas- Soltó de repente agachando su pálida cara con toques de ruborización excesiva.

Era por fin mi momento de alejarla de mí, destrozar su pequeña mente con crueles palabras y demasiado desprecio. Todo lo que alguna vez encerré en mi mente y que siempre le quise decir saldría por primera vez.

Sin embargo, aún agachada, puede divisar como caían unas cuantas lágrimas de su rostro esperando una respuesta. Contuve aquellas palabras que esperaba decirle.

Sonreí para mis adentros. ¿Realmente me amaba?

Interesante. Pensé.

La abracé para finalmente susurrarle. –Lo mismo siento por ti-“

-Si ella nunca hubiese interferido, sería tuya- Caminé en dirección recta, dejando a Samuel, anonado.

Sentí una mirada, no era la de él, era una mirada de unos ojos azules, una mirada triste y llorosa. Tu mirada Valeria.

CONTINUACION….

 

ABRAHAM ROCHA RDZ

Existen personas que no deberian amar…capitulo 10

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Con los primeros rayos del sol, desperté. Perezoso fui a la habitación de Lisandro, yo era su despertador personal.

-Lisandro- Toqué la puerta varias veces. Por lo general, me respondía a la primera llamada. Esta vez no lo hizo. Claro, suponía que estaba molesto aún. No comprendí sus palabras de ayer, por ende, no pude disculparme.

Cansado y adolorido de mis nudillos, decidí abrir la puerta rechinante. Me detuve unos segundos, pues aún no sabía qué es lo que le diría para que todo fuese como antes. Realmente se le veía molesto y me preocupaba.

Me senté de espaldas a la entrada. Sostuve mi barbilla. Lo único que impregnaba en mi mente, eran sus dolidas palabras.

Por más que lo intentara, no podía comprenderlas. ¿Por qué te enfocas en rechazar la felicidad? ¿Dónde quedó esa ardua sonrisa? ¿Dónde quedó la persona que admiraba? ¿Querían decir que yo era transparente ante sus ojos? Pero no tenían mucha relación… Yo era feliz provocándote dolor. Mi sonrisa, ante la mayoría, era muy real. ¿Admirarme? ¿Él me admiraba?

Quise ordenar mi caótica mente. Debía concentrarme en como pedir perdón. De nuevo. Aunque no entendía ¿de qué tenía la culpa?

Decidido por fin, abrí la puerta, esperando que las palabras surgieran solas sin tener que prepararlas con anticipo.

Para mi sorpresa, él no se encontraba. La cómoda estaba perfectamente tendida. La ventana abierta, como era costumbre cuando él se levantaba.

Bajé a la cocina, todo estaba en orden, igual que la sala de estar. Los deberes de la casa ya estaban hechos. Impactado, traté de buscar una nota, que dijera por qué no estaba.

Fue un total fracaso, ninguna nota dejó pegada, o siquiera abandonada en la mesa.

Sonó mi celular, lo cogí para poder ver de quien provenía la llamada. Era él.

-Lisandro ¿dónde estás?-

-Tranquilo Alva, sé que no soportas mi ausencia- Me dio una ligera sensación de despreocupación al ver que él actuó como de costumbre. –Tu prima, Emilie, llamó en la madrugada, al parecer su vuelo salió más temprano, quería que tú la pasaras a recoger ya que vino a visitarte. Pero estabas muy dormido y no quise molestarte, así que le propuse ir yo, ella aceptó. En estos instantes estamos almorzando en un restaurant. No recordaba a tu prima tan hermosa… ¡oh! Qué tierna, se sonroja…jajaja, bueno sólo llamaba para avisarte, llegaremos en unos momentos, adiós-

-¡Oye espera! ¿Por qué la casa está tan limpia?-

casa

-Eso es porque anoche me sentí mal por lo que te dije, no es mi asunto, lo siento por involucrarme, como no pude dormir enseguida, me dispuse a limpiar un poco, y que bueno que lo hice, tu prima irá y no quieres que vea tu desorden ¿verdad?- Pude oír una pequeña carcajada. Menos mal, Lisandro no estaba furioso.

-Vale, los espero- Colgué.

Recosté mi flojo cuerpo sobre el sofá. Miré para el techo. Blanco, un color tranquilizador para muchos. Para mí es aburrido y sin gracia, que emite luz de más.

Comencé a recordar la apariencia de mi prima, lo vago que recuerdo, era cuando ella tenía 15 años, yo tendría cerca de 19 años. Ahora Emilie, tendría 17 años.

Maldito Lisandro, espero y no intente nada, recuerdo cuando la conoció, parecía un pedófilo cada que la veía.

Me sorprendía su tan repentina visita de Emilie, me frecuentaba muy poco, una vez cada año. Bueno sería agradable volver a verla.

Decidí meterme a la ducha, quería relajar mi tenso cuerpo para poder llamar a Katherine.

El agua de la fría regadera de metal, era una severa tortura. Pero relajaba mi hirviente cabeza.

Cerré mis débiles ojos. Y apareció ella. Tan bella como la recordaba. Su piel blanca y cálida. Su dulce sonrisa. Esos bellos ojos miel. El suave aroma embriagante que emanaba su delgado cuello. Su elegante cabello castaño, radiante como finas hebras de sol. La armoniosa voz, fina como un ángel caído, cantando con un ligero toque melancólico. Sus delgados dedos que siempre tocaban mis mejillas.

No pude evitar soltar unas cuantas lágrimas. Era lo peor. Emilie era la viva imagen de mi madre.

Inhalé agitadamente y contuve el sollozar. No quería volver a sentir mis ojos hinchados. No de nuevo esa sensación de ardor.

Camine hasta mi cuarto, cabeza abajo. Tratando de controlarme a la hora de ver a Emilie.

Me vestí lo más apresurado posible. Unos pantalones y una playera negra.

Baje a la habitación principal esperando a mi prima. ¿De qué hablaríamos? ¿Cómo luciría ahora? ¿Será la misma de siempre? Fueron preguntas que invadieron mi cabeza.

Me desconcerté al oír el tono de mi celular.

-Al habla Álvaro- Contesté sin revisar el número procedente.

-Hola Alva, soy Katherine, ohm… tengo que hablar contigo, ¿podríamos reunirnos?-

-Oh, lo siento Kate, no podre, tendré visita. ¿De qué quieres hablar?- Pregunté en tono preocupado. Sin embargo, tenía una vaga idea sobre el tema.

-Bueno, es algo muy importante… sobre… ya sabes…- Se notaba nerviosa. –El beso- Susurró.

Me sorprendí un poco, su tono era igual de inocente. No podía afirmar nada, no sin antes conocer la relación que tenía con Samuel, después de todo ella podría estar fingiendo.

No me quedaba más que seguir actuando.

-Oh… Podríamos hablarlo mañana-

-¡Por supuesto!- Emocionada gritó. Eso me dio un aire de desconfianza. Tenía que tener cuidado. Samuel aclaró algo cuando nos vimos, él aún no terminaba de mover. Cualquier cosa podría pasar. Quizás sea una trampa por parte de él.

Llevarme con Katherine para mostrarte mi infidelidad. Entraba esa posibilidad. Era una treta muy fácil de adivinar.

-Perfecto, yo te aviso la hora- Colgué. En ese instante, se escuchó la perilla abriéndose de la puerta. Era Lisandro entró, pero no pude ver a Emilie con él.

Me miró unos segundos y sonrió.

-Tranquilo, Isa la secuestró- De manera natural y sarcástica agregó.

Suspiré y aflojé la espalda. Salí junto con Lisandro, para contemplar como Emilie, era cruelmente torturada por abrazos y cumplidos.

-¡Oh mi hermosa princesa! Mira tu bella carita, pareces una muñequita a punto de romperse.-

-No digas cosas tan vergonzosas, ya no soy una niña- Su voz tan delicada sólo hacía que Isa gritara como una mamá viendo a su hijo de preescolar recitando un poema. –Álvaro… Ayúdame- Casi susurrando alzó su frágil mano pidiendo auxilio.

Sonreí al ver que ella no había cambiado. Caminé hasta ella e Isa. Pero me detuve sintiendo un dolor en mi pecho, como una espina brotando apresuradamente.

Su mirada…. Su mirada, la misma de aquella mujer amable… Sentí frío.

“Álvaro te quiero tanto.” Esa frase se escapó de mis recuerdos.

Sacudí mi cabeza, hice un gesto de reproche y tomé su suave mano, apretándola.

Ella me miró y sonrió al ver que estaba mejor. Emilie sabe qué recuerdos me trae el sólo verla.

-Ha pasado tiempo prima- Le devolví la sonrisa.

-Demasiado- Contestó.

-Bueno dejemos a la familia un rato en su encuentro- Isa le soltó para que pudiésemos saludarnos. Ella y Lisandro se adentraron a la casa.

Sintiéndose libre, Emilie me abrazó tiernamente riendo. Como lo pensé, era el mismo aroma. Débilmente alcé mis manos y rodeé su espalda. El simple contacto con su piel me daba tranquilidad.

 

A veces odiaba el existir de Emilie, recuerdos dolorosos me empreñaban, pero también me alegraba poder recordar dulces momentos.

-Gracias por venir- Quité su cabello de su rostro, y besé su frente. En el momento escuché el sonido de una bolsa caer.

-Tenía razón…- Reconocí tu voz en el instante… Miré hacia el frente, te encontrabas agachando tu rostro con tu mano en la boca. Tu cabello te cubría. Pero en el piso se marcaban las gruesas lágrimas que soltabas. –Debí creerlo cuando me lo dijo… ¡Soy una idiota!- Saliste corriendo limpiando tus ojos.

Emilie no me preguntó nada, pero su simple mirada lo decía todo, quería saber quién eras.

-Espera aquí- Le dije tocándola de los hombros, separándola del abrazo. Ella sólo asintió con la cabeza.

Le sonreí y corrí en tu dirección. Me detuve y sujeté el poste, grité tu nombre. Volví a correr.

-¡Valeria!-

Te perdí de vista ante aquella multitud de gente. Así que después de todo Samuel habló, idiota.

Regresé a paso lento. Emilie se encontraba sentada en la banqueta. Preocupada alzó la mirada y se levantó.

-¿La alcanzaste?- Preguntó forzando su voz.

-No- Contesté agitado – Ella es mi novia- Aclaré –Ha malinterpretado nuestro abrazo-

-Lo siento- Su ojos se tornaron tristes y acuosos.

-No tienes la culpa- Toqué su cabeza para calmarla. –Ven vamos adentro, que quiero que dejes tus maletas porque es mi turno de pasear contigo- Le sonreí, odiaba verla triste.

-Sí- Agregó débilmente.

Metió sus maletas en mi habitación. Bajamos a la sala para irnos a la plaza comercial con Lisandro e Isa.

Maldito Lisandro, nadie lo invitó. Daba igual, Emilie se sentía feliz.

Isa no paraba de hablar con mi prima en todo el camino, Emilie escuchaba atentamente regalando su tierna sonrisa, ella sólo hablaba pocas veces.

Paseando de tienda en tienda, desesperado por la cantidad de ropa que Isa escogió para Emilie.

Lisandro sólo sonreía por la tan grande paciencia de Emilie. Isa no sabe diferenciar una muñeca de juguete con un ser humano.

-Emi ven- La jaló del brazo con delicadeza hacia otra tienda, esta vez de ropa interior. Pude notar lo colorada que Emilie se tornó.

Lisandro y yo esperamos sentados en una banca, frente a la tienda. Viendo como Isa escogía múltiple lencería. Doy gracias que la naturaleza optó por hacerme hombre.

-Lisandro… ¿Qué fue lo que hiciste cuando Dulce pensó que la engañabas con Karen?-

Él me observó y confundido inclinó la cabeza hacia el lado izquierdo.

-¿A qué viene esa pregunta?-

-No me esquives con otra.- Le rogué.

-Terminé con ella- Pensó unos segundos y apoyó su mejilla en sus nudillos. -¿Qué ocurrió esta vez con Valeria?-

-¿Por qué piensas que ocurrió algo?- dije molesto.

-Tú nunca te has interesado en mis relaciones- Agregó rápidamente sin dejar de observarme irónicamente.

-Bueno está bien…  Ella malinterpretó cuando me vio con Emilie, yo la estaba abrazando y ella llegó, entonces…-

-Oh por eso gritaste su nombre- Me interrumpió.

-Sí- Apagué mi voz. ¿Por qué me sentía tan mal? Quizá se deba a la expresión de mi prima al creer que ella fue la culpable. Tal vez esa fue la razón de querer aclararte todo.

-Álvaro… Esta vez tú no tienes la culpa, Valeria tuvo desconfianza, eso ocurre en las relaciones, incluso en aquellas donde fluye mucho el amor.-

-Entiendo- Lisandro me dio tres golpecitos en la espalda.

-Ánimo hombre, veras que se arreglara- Me limité a sonreírle por sus palabras consoladoras.

“Debí creerlo cuando me lo dijo” Esa oración se adentró en mi mente. En tan cortas palabras, me afirmabas tu desconfianza. Si habías venido a verme fue porque dudaste por segundos.

-¡Listo! Miren que monos pantis- Llegó Isa mostrando una lencería con encajes rojos de bellos bordados.

Lisandro y yo nos regresamos a ver. Pude notar sus mejillas rojas y que se diga de las mías. Sentía la cara hervir.

-¡AH! ¡Eso es vergonzoso Isa!- Emilie intentó gritar, trató de quitarle la prenda sin mucho éxito. Nunca había observado a Emilie tan colorada. Estaba temblorosa, creo que eran muchas emociones para ella en esos momentos. –Oh… Álvaro….-Señaló hacía atrás de mí.

Giré en dirección a la que ella apuntaba. No podía creerlo, eras tú, abrazada de Samuel. Era fácil adivinar que estabas llorando y por supuesto ese idiota tratando de consolarte.

Sentí un dolor punzante en el pecho… Este no era mi plan. Me desconcerté un poco cuando sentí el contacto de una cálida mano.

-Vamos- Emilie tomó mi palma e hizo que me levantara. Isa y Lisandro no dijeron nada, permanecieron quietos, dándome a entender que debía ir.

Caminé agarrado de la mano de mi prima. Ella avanzaba calmadamente. Yo sin embargo, tenía un poco de nervio, no sabía que decir, Samuel podría decirte lo de Katherine.

-Tranquila, todo estará bien desde ahora-

-No… No lo estará fui una tonta…-Tus palabras y las de él fueron más intensas a cada paso que Emilie y yo nos acercábamos.

-Buenas tardes- Dijo ella en tono suave.

Volteaste a verla, y por acto de reflejo, miraste como sujetaba su mano.

-Qué cruel…- dijiste en voz quebrada.

Samuel se paró en frente tuyo, con los brazos cruzados.

-¿No es suficiente lo que le has hecho? Todavía vienes a mostrar tu infidelidad-

-Por favor…. Cállate…- Emilie apartó a Samuel y te tomó del brazo, jalándote delicadamente. –Soy su prima… Un placer conocerte- Sonrió dulcemente. –Puede que no lo creas… Confieso que ni siquiera tengo un plan para que me creas…- Emilie agachó su mirada.- Lo siento has de pensar que soy molesta…Pero… ¡Álvaro es mi primo, casi mi hermano!- Te miró nerviosa.

La miraste unos segundos, limpiaste tus ojos. Notaste que ella tenía un ligero parecido hacia mí. Samuel quedó atónito, no supo qué decir, no esperaba tal acción por parte de Emilie.

Lisandro llegó, pocos segundos después.

-Créele Valeria, dice la verdad, esta pequeña, es la prima de Álvaro, puede que sea demasiado hermosa como para creerlo, pero…-

-¡Lisandro!- Gritó Emilie sonrojada y muy nerviosa.

-Lo siento… Lo siento.- Dijo Lisandro sonriendo.

Quise regresar a ver a Samuel. Quería ver su cara, era lógico que las llevara de perder.

-Lo siento- Fue lo único que dijiste.

Este era el momento, el momento en el que por fin perdieras.

-Emilie, Lisandro, ¿me podrían dejar a solas con Valeria?- Emilie movió la cabeza afirmando. Lisandro tomó del hombro a Samuel.

-Creo que eso aplica para ti también- Agregó

-¡Valeria él te fue infiel!- Gritó. –Por Dios no seas tan estúpida date cuenta- Se sobresaltó un poco. Desesperado porque le creyeras.

-Tienes razón… Debí darme cuenta que aún persistes con querer separarme de Álvaro- Firmemente le aclaraste.

-Y lo logró- Dije con una voz fría y nostálgica. Lisandro, Emilie y tú, regresaron la mirada así mí, sorprendidos por mis palabras. Samuel anonado cayó de golpe sobre la banca. Él sabía que había perdido.

-Nos retiramos- Emilie jaló a Lisandro de su manga junto con Samuel, este aceptó sin mucho esfuerzo, y se marcharon.

Tú seguías mirándome fijamente.

Nada puedo hacer… Lo siento Valeria, aquella tarde un pensamiento se quedó en mí, cuando hablaste de Samuel, tu voz dudosa fue fácil de percibir, quise ignorarlo y en un instante, hice que desapareciera. Yo nunca quise este final para los dos… Siempre lo supe desde el fondo de mi corazón, terminar contigo sería lo mejor. Aún si había dolor, lo prefería de esa manera, aunque me reusé a esa decisión muchas veces. No podía hallar un buen momento para hablar. Créeme que le sonrío al pasado que yo tuve a tu lado, pero me temo que esto es el final. Mi alma está en pedazos no lo niego, dime si no te diste cuenta que en coincidencias supimos que el destino jamás no quiso unir. En nuestra relación no había nada más que hacer, entre mis manos yo deje tu amor desfallecer. Así fue como nuestra relación se fue apagando más nada pude hacer, en mi mente llueve un mar de emociones que no puedo hablar. Si tan sólo una vez pudiese volver a nacer, desearía encontrarme contigo de nuevo, aunque la historia se repita de nuevo, sería feliz, por eso, no queda nada que hacer.– Nunca me había cansado de hablar tanto y peor, tener que inventar cada palabra mencionada.

Me alejé de ti sin siquiera permitirte decir algo.

-Álvaro… lo siento- Pude oír el llanto que estabas reprimiendo. En verdad eres ruidosa y molesta, pero sobretodo eres una sollozante de primera.

Emilie y Lisandro se encontraban conversando con Isa. Antes de reunirme con ellos, decidí saludar a Samuel, quien se encontraba sentado cerca de la fuente.

-Sami, ¿Qué ocurre?- Me senté junto a él. No hubo respuesta – Te dije que te estabas arriesgando ¿verdad?- Le dije como si estuviese hablando con un infante. –Bueno alégrate hice lo que querías, terminé con ella. Sólo que… ¡Sorpresa! ella piensa que es la culpable por haberte hecho caso- Le sonreí.

Por instinto sabía que el intentaría golpearme, lo esquivé y él sólo quedó agachado, llorando. Un llanto en silencio.

Es tu derrota Samuel, Jaque mate…

CONTINUACION…

COLABORACION: ABI DLT, RO GARCIA & ABRAHAM ROCHA RDZ

 

Existen personas que no deberian amar… Capitulo 9

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Han pasado ya dos semanas y Lisandro aún no muestra señal de dejarme solo.

Lisandro ¿Cuándo te iras?- Le pregunté mientras sorbía de mi taza un delicioso café con canela.

¿Me estás corriendo?– Mostró una tierna cara de melancolía y tristeza. Demasiado falsa para mí gusto.

Te mentiría… Pero creo que sería muy obvio

Vamos no seas cruel– Revolvió mi cabello como si fuese el de un chiquillo. Me estaba acostumbrando a tal acción.

Bueno… Por lo menos deberías hacer algo y ayudarme en la casa

¿Ayudarte?… ¿Es broma verdad?– Hizo un gesto de disgusto y enojo. – ¿Quién es el que hace el almuerzo, comida y cena? ¿Quién te lava y plancha? Para no hacerlo largo ¡¿Quién hace los deberes de la casa?!- Se cruzó de brazos y me miró esperando una respuesta muy predecible.

Tú.– Dije casi en un susurro. Odiaba que tuviera la razón. Con él en mi casa, era como tener una segunda Isa.

-Oye Alva… ¿Cuánto llevas saliendo con Valeria?

¿Eh? ¿Por qué de repente la pregunta?-

Nada, es simple curiosidad.

Siete meses– La verdad me daba igual. No me importabas. Esa carta tan ridícula, era la prueba de que ya no necesitaba esforzarme más. Debí haberla guardado, para publicarla como una broma en un periódico.

Oh ya veo– Sonrió y dejó escapar una risa un poco leve. -Sabes pareciera que no la quieres…

Eso último me dejó pensando. Algunos se habían dado cuenta de que yo no te quería. Por ejemplo Samuel, aunque yo le tuve que decir. Y tus pretendientes celosos lo decían para que me dejases. Pero siempre traté de que delante de otros pareciese que yo te amaba. ¿Por qué Lisandro diría eso?

No supe qué decir y él lo notó.

Olvida lo que dije.- Agregó y se marchó rumbo a la cocina. Dejándome pensativo e intrigado.

Sonó el timbre de la casa. Esperaba y rogaba que no fueras tú. Últimamente tu presencia era más frecuente y eso me molestaba. De suerte que Lisandro me ayudaba de cierta manera, claro si eso se le puede llamar ayuda.

“-¡Él es mío elfa!-

-¡¿Qué es eso?!-

-¡Lo que tú eres!-

-¡Álvaro!-

-¡AH! No lo toques él es mío, ¿no ves que vivo con él? Es señal de nuestro amor-

-¡Joder! Álvaro no es homosexual-

-Eso es lo que te dice-“

Eran las típicas conversaciones que ustedes tenían cada que se veían. Tú y él eran irritantes. Sin embargo, Lisandro colaboraba de cierto modo en mi plan. Me ayudaba a unirme más contigo.

Abrí la puerta y era ella. La hermosa joven de tez blanca y ojos griseados. Con un hermosa sonrisa angelical. Vestía un blusón largo color hueso y un pantalón corto de mezclilla. Llevaba encima de su cabeza un pequeño sombrero blanco. Al parecer no le había ayudado mucho pues sus mejillas estaban rojas por el arduo sol. Su largo cabello iba amarrado en cola de caballo y unos cuantos mechones de fuera.

-Álvaro– Dijo casi en un susurro. Parecía agotada.

Katherine, qué sorpresa tan grata– Abrí más la puerta para que ella pudiera pasar.

Oh…espera… Mira quien ha venido conmigo. – De entre sus pantorrillas salió un pequeño cachorro bastante familiar.

¡Moka!– Agaché mi cuerpo para poder acariciarlo. Ladró sutilmente, él aun me reconocía. Se dejó mimar por mi mano y parecía agradarle.

Moka tenía ganas de ver al señor que lo nombró.

-Dijiste que pensarías otro nombre.– Le regalé una sonrisa.

No, usted le puso ese nombre y es muy lindo

-¿Ahora me vas a llamar de usted?- Me burlé un poco de ella

-¿Prefieres señor Álvaro?– Aclaró desafiante y un poco divertida.

Puedes llamarme como quieras.– Ella se sonrojó y me miró dulcemente.

-Emm… Me preguntaba si quisieras salir a pasear a Moka… Ya sabes como amigos.- Titubeaba. Me encantaban sus acciones a la hora de hablar. Nerviosas y tímidas, todas ellas mezcladas en esa bella mujer.

Si Katherine se me hubiese cruzado antes que tú, tu historia y la mía serian diferentes. Es una pena que llegó demasiado tarde. Aunque confieso que me he divertido mucho, mi querida marioneta.

-Claro, me encantaría.

¡Estupendo!

Espera sólo un momento.

Fui directo a la cocina a avisarle a Lisandro sobre mi salida. Él solamente asentó sin decirme una palabra. Lo curioso y extraño fue su manera de mirarme, triste con un poco de enojo.

Que te vaya bien.– Agregó en sonante frío e inexpresivo.

Gracias… Creo.

Moka llegó a mi encuentro, salimos los tres hacia el lugar donde nos conocimos. Katherine corría de un lado a otro, sujeta a mi mano.

Su sonrisa era un cantar en mis oídos. Sus pupilas se dilataron. Recordé sobre una información con respecto a eso. El artículo decía que las pupilas se dilatan para dejar pasar más cantidad de luz, sin embargo, también afirmaba, que cuando observas a alguien que te resulta atractivo físicamente la glándula pituitaria estimula la segregación de adrenalina. Eso quería decir que Katherine me estaba mirando como su otra presa.

 

Admitámoslo, esta chica debió haber tenido novio alguna vez.

Moka comenzó a ladrar hacia un arbusto y salió corriendo rumbo al mismo.

-¡Moka espera!- Los dos lo perseguimos. Era muy rápido.

Katherine tropezó con una piedra y para intentar detener su caída, tomó mi manga haciéndome caer junto con ella.

¡Joder! Vaya que dolió. Su cuerpo, ahora encima de mí, no era nada ligero.

Hizo un gesto de dolor, apretó la comisura de sus ojos. La mueca de su boca era alargada. Sus pequeñas manos sostenidas en mi pecho, su cabeza sumergida en el mismo, me dieron ternura.

Abrió sus ojos.

Auch…-Exclamó débilmente. –¡AH! Perdón Álvaro- Intentó levantarse. Rápidamente la detuve jalándola del brazo.

Mis ojos se cruzaron con los de ella. Su respiración se oía más agitada. Y como se hubiese sido magnetismo, besé sus frágiles labios.

Tal como lo pensé, ningún sabor, todo era escrupuloso. Destacó que su beso era inexperto. Apretaba y aflojaba los labios constantemente.

Disgregando pausadamente ese beso tan frívolo, ella agachó la cabeza. La ruborización le quedaba bastante bien.

Me pregunto si al desecharte como juguete ella podría tomar tu lugar. Es igual de ingenua que tú. Exentando el hecho de que Katherine es menos ruidosa, por ende, es menos molesta.

Álvaro… Yo…

Te quiero– Besé su frente. Ella me abrazó tímidamente.

Caminando, ahora tomados de la mano. Su mano temblorosa sólo provocó que la sostuviera con mayor fuerza.

No dijimos nada, el trayecto fue callado. Quizás también pueda jugar con ella. Con mi peón.

Horas y horas pasaron, platica tras platica se dio. Gente deambuló. El crepúsculo del sol se hacía presente.

Álvaro me tengo que ir, gracias por este magnífico día– Se despidió dándome un beso en la mejilla y corrió con Moka entre sus brazos.

Retiró lo dicho, era muy inocente.

Caminé rumbo a mi hogar. El viento soplaba más de lo normal en esta ciudad. Las hojas de los arboles emitían un leve sonido.

-Sabes… Eres un desgraciado y te tengo tanta lástima.- Comentó una persona sentada en una banca.

¿Quién? Acercándome un poco para apreciarlo mejor debido a la poca luz, me di cuenta quien era.

Samuel, mi querido amigo, tanto tiempo sin verte.- Le extendí la mano. Lógicamente, él la esquivó.

-No puede haber otra persona más hipócrita que tú.

-No lo sé, hay tanta variedad en este mundo.- Me senté a su lado. Él sólo me miró con desprecio.

Álvaro… ¿qué dirías si acepto tu propuesta de jugar?

¿Huh? Pensé que no querías ser parte de este “juego”.-Sonreí por el simple hecho de ver su incredulidad.

Digamos que estudié un poco tus reglas, noté que eres muy predecible.– Me miró con cierto aire de confianza –La chica es muy linda, es una pena que no sea tu pieza.

¿Qué estaba diciendo?

-¿Qué chica?

Álvaro estás cometiendo un error, mi turno de mover aún no termina ¿no crees?– Se levantó de la banca, dejándome aturdido y bloqueado.

Katherine…– Susurré.

Samuel se detuvo y pude notar su gran sonrisa.

Correcto mi querido amigo Álvaro.– Fingió mi voz en tono burlón.

Lo miré de manera desafiante. No borraba esa alegría de su rostro.

Me has sorprendido, no me esperé truco tan barato. Te estás arriesgando Samuel, si ella se entera, los dos perderemos.-

-Es probable, sin embargo, estaré satisfecho de no verla a tu lado idiota, dos pueden tener a merced a alguien…– Por fin se alejó, sin esperar a que yo hablara. Me dejó en la fría penumbra. ¿De dónde le conocía?

Pensando y moviendo las pupilas de un lado a otro, tome una decisión definitiva. Este idiota me hizo apresurarme. Realmente me lamentaba, pero si no la elegía, todo se ira por la borda.

Pero espera… detuve mi nerviosismo. ¿Qué pasaría si él continua moviendo? Después de todo, yo fui el que pidió que lo hiciera.

Si Katherine no es mi pieza, entonces haré que lo sea. Pensé.

Caminando por esa calle tan agrietada, percibiendo el olor de cigarrillos por esa banda de adolescentes, lastimaba mis fosas nasales e hinchaba mis ojos de comezón.

Llegué un poco cansado, el parpadeo que tenía por la lucha de sacar residuos de polvo, era frío. Sentí las manos heladas.

-¿Por qué tan tarde?- Preguntó Lisandro arqueando las cejas.

¿Qué eres mi mamá?- Me senté cerca de donde él estaba.

Valeria llamó cuatro veces, dice que no contestabas el móvil. ¿De qué va esto Álvaro?– Cruzó los brazos, como una madre furiosa después de que su hijo llega a altas horas de la noche.

Se descargó– Con ironía respondí mostrándole el celular. Me quedé pensativo, ¿Él se estaba molestando por mi hora de llegada o por el hecho de no contestarte?

Me sacó de pensamientos cuando se acercó viéndome muy enojado. Suspiró y cerró los ojos sin dejar de fruncir su ceño. Volvió a verme, pero está vez parecía decepcionado.

-Es triste ¿no?– Agregó retomando su postura, volviéndose a sentar en el sofá.

¿De qué hablas?– No podía estar más confundido.

¿Por qué te enfocas en rechazar la felicidad? ¿Dónde quedó esa ardua sonrisa? ¿Dónde quedó la persona que admiraba?– Se levantó del sillón y se alejó.

¿Qué le ocurría? Nunca lo observe tan molesto.

Recordé entonces lo que dijo, habías llamado. Marqué a tu celular desde el teléfono de casa. Espere paciente a que respondieras.

 

Álvaro, ¿Por qué no contestabas idiota?– chillaste, es bueno saber que Samuel no se ha comunicado contigo pese al tiempo que transcurrió.

Disculpa se agotó la pila del móvil

-Bueno no importa amor, quería decirte que este viernes… Bueno ya sabes…– Reíste de manera infantil, me dio ternura y sonreí… Maldición no de nuevo.

Claro Valeria, es el cumpleaños de mi princesa– Susurré al teléfono, eso te causaba cosquilleo en la oreja.

¡Eso es vergonzoso!– Gritaste con un quejido.

Adoro que lo hagas.-

¡Calla, calla!, ¡Ah! ¿Cómo es posible que terminara así?– Parecías molesta y nerviosa. –Antes de que empeore las cosas, sólo quería recordarte la fiesta que mi tía organiza.-

Por supuesto, no lo olvidaría.- En mis pensamientos te agradecí por recordarme y no preguntar nada al respecto.

Álvaro te tengo que decir algo muy importante…– Cambiaste de todo eufórico a un tono deprimente.

¿Qué ocurre?-

No sé cómo lo tomaras, Samuel vino a mi casa y verás…-Pausaste un instante –Olvídalo, te diré después, adiós, te amo.- Colgaste.

Al parecer ese idiota sí lo dijo. No importaba, tu voz era más de disculpa que de reproche.

Continuaría con mi única estrategia posible, enamorarte hasta que alejes a todos y te derrumbes tú sola.

No importaba cuántas veces te fuera infiel, tu enfermizo amor jamás te permitiría dudar, lo habías afirmado en aquella carta.

Por el momento, mi única preocupación era, averiguar qué relación tenía Katherine con Samuel…

CONTINUARA ….

Existen personas que no deberian de amar… capitulo 5

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El tiempo pasó tan rápido con ella, entre risas y pláticas, el ocaso cayó. La Luna dejo ver su cara blanca. La pequeña calle era pocamente iluminada.

Katherine y yo desalojamos el establecimiento. El cachorro se había quedado dormido entre sus brazos. Ella suspiró profundamente.

-Al final no encontramos hogar a este pequeño.-

El cachorro comenzó a temblar al contacto con la ligera brisa de otoño que transcurría en estos tiempos.

Me quité mi chamarra y cubrí al sabueso torpemente. Katherine sonrió divertidamente.

-Álvaro no me imagino cuando tengas tus hijos- Agregó. Tomó la chaqueta y lo enredó delicadamente para no despertarlo. – ¿Cómo le pondremos?- Preguntó de repente.

Estaba hablando en plural. ¿Qué ya no pensaba en regalarlo? Guardé silencio un momento y la miré unos segundos.

-Moka-

-¿Moka?…- Dudó por un instante. –Oye deja de ver ese cartel mientras piensas un nombre.– Rió por mi inconsciente acción. En efecto, yo miré un letrero de un puesto de café.

-Ok, pero admite que no es un mal nombre.- Metí mis manos en mis bolsillos y le sonreí.

-Quizá… Dejémosle así de momento- Me miró tiernamente y rozó con su mano suavemente a la criatura.

Entre plática que ella dirigía, caminamos por una gran calle. Con distintos árboles frondosos. La brisa le acariciaba el rostro. Su melena danzaba al compás del viento. Como si este llevara la batuta.

Katherine se despidió de mí en la vuelta de esquina. Me entregó mi chaqueta, asegurándome que ella se encargaría de protegerlo del frío. Insistí en acompañarla, pero se negó. Me proporcionó su número telefónico para volver a vernos otro día.

Vi como lentamente desaparecía entre la penumbra de la noche.

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Todo había terminado mejor de lo que no creía. Volteé mi andar en dirección contraria. Los grafittis de distintos muros que pude contemplar eran tan pobres. Recuerdo que hace un par de días, hubo una disputa entre la autoridad y unos jóvenes de secundaria. Al parecer ellos habían sido los causantes de una pintarrajeada en una pared del congreso. Se defendieron diciendo que lo que ellos pintaban era arte. ¿Arte? Dejó de ser arte hace tiempo. Ahora sólo son un montón de garabatos. Es más moda que expresión.

-Ha pasado tiempo ¿verdad? Álvaro.- Una voz llamó mi atención. Con la mirada busqué de dónde provenía.

-Bastante… Lisandro- Él sonrió y avanzó hasta mí. Lisandro era un amigo de mi infancia. Era un hombre alto y delgado. Su rostro redondo y agraciado revelaba su joven edad de 21 años. Cejas pobladas y grandes. Ojos, entre amarillento y verde, se parecerían a los de un águila, eran vivos e inteligentes, expresivos y maliciosos. Poseía una nariz respingada, un poco afeminada dentro de la virilidad que sus pómulos afirmaban. Aún así lograba un encaje perfecto. Sus labios eran finos como cuchillas y preparados para una burla. El color de su cabello trigueño intenso, contrastaba perfecto con el blanco de su piel.

Vestía con una gabardina de color gris claro sin abotonar, dejando ver una playera negra entallada perfectamente. Unos pantalones negros y mocasines del mismo color.

-Creí que te habías olvidado de mí.- Recargó su brazo sobre mi hombro.

Le miré sin mucha inexpresividad. Suspiré e intenté simular agrado de encontrármelo.

-Jamás olvidaría al sujeto que me protegía en primaria-

-A juzgar por tu apariencia física, creo que aún necesitas protección.- Carcajeó un instante.

Devolví una falsa risa. Tratando de darle a entender que no me había ofendido su comentario. Es verdad, él me cuidaba en primaria. Golpeaba a los otros niños que se burlaban de mí.

“– Ahora discúlpense- Lisandro obligó a Miguel y Gerardo a pedirme disculpas por haberme empujado hacia el charco de lodo.

-Descuida, no me hice daño.- Le dije tratando de que les soltara de sus camisas. –Además no quiero una disculpa hipócrita Lisandro- Tenía ganas de llorar, pero si lo hacía sólo aumentarían las burlas. Lisandro notó mi emoción. Les dejó ir y estos no dudaron y salieron corriendo.

Me sentía muy mal por haber ensuciado mi uniforme. Tenía un ardor en la rodilla, alcé el forro de mi pantalón para contemplar cómo se resbalaban unas cuantas gotas de sangre.

Torpemente caminé al tronco del gran árbol de jacarandas del colegio. Me senté con cuidado, tratando de no flexionar mis rodillas.

Lisandro tomó un pedazo de papel y lo humedeció con un poco de su agua. Se sentó a mi lado y trato de limpiar mi herida.

-Oye… ¿Por qué me ayudas?- Pregunté mirando como él era muy cuidadoso con mi rodilla.

-Me molesta que los demás se aprovechen de alguien por prejuicios.– Respondió sonriendo abiertamente.

-No deberías, nadie te lo pagará.

Él me miró unos segundos, su mirada era muy penetrante y analítica.

-Es probable, pero no lo hago por eso. Me agradas eso es todo- Dobló el papel y se levantó, caminando a un cesto para depositarlo en él. Regresó inmediatamente y volvió a sentarse a mi lado.

-Gracias- Lo dije casi en susurro.

-No hay problema, ahora pensemos como limpiar tu uniforme. Ven conmigo.- Me tomó de la mano y delicadamente me alzo de modo que no me hiciera daño. Yo simplemente le seguí a donde me guiaba.

Llegamos a la entrada de los sanitarios. Lisandro me metió con él. Me indicó que me quitase la ropa.

Desabroché mi camisa y me la quite. Tenía muchas manchas de barro en la parte superior.

Le pasé la prenda a Lisandro. El abrió la perilla del fregadero. Metió la camisa y comenzó a frotarla con su palma. Las manchas se fueron borrando fácilmente.

-¡Listo!- Proclamó victorioso. La extendió en la barra del lavamanos y me sonrió. –Descuida no tardará mucho para que la puedas usar.-

Lisandro sacó un pañuelo y lo sumergió en el agua. Lo exprimió y comenzó a limpiar mis pantalones.

-Espera… Esto es demasiado.- Intenté detenerlo pero él me ignoró.

-No tardará mucho.- Volvió a sonreír.

-¡Estás invadiendo mi espacio personal!– Le grité empujándole de los hombros.

-Tranquilo ya casi termino.- Dijo de manera muy infantil, como si para él fuese un privilegio ayudarme. Me era muy incómoda su eficiencia.

Inhalé profundamente e intenté calmarme. Rogaba que no viniera alguien. De lo contrario pensarían otra cosa.

Lisandro terminó y me entregó mi camisa. Estaba un poco húmeda pero limpia y eso era lo que importaba.

Al ponérmela un escalofrío recorrió el dorso de mi espalda. Lisandro rió por mi pequeño brinco. Yo le retorcí su oreja para que se callase.

-Eso duele Álvaro.- Hizo un gesto de tristeza y puchero. Reí por un instante. Era muy divertido debo admitir.

Él me miró sorprendido. Como si no esperase esa acción mía. Mantuvo esa expresión unos segundos y luego sonrió muy feliz.

Desde ese momento el cuidó de mí…

-Feliz cumpleaños Alva- Lisandro me entregó una caja envuelta con un papel decorativo color rojo. Llamativo y metálico.

Lo tomé y agradecí por el obsequio. Él me miro esperando a que lo abriese. Por un momento sentí un corto y rápido Déjà vu. En mi mente apareció tu rostro sonriente, igual al que él tenía en esos instantes. Me aterré y traté de calmarme.

Miré a Lisandro de nuevo. Seguía con su misma expresión facial. Rasgué el papel del presente. Era una caja color vino. Su textura era algo rígida. Parecía hecha de cuero. La abrí sin mucha emoción.

Saqué de esta algo que me dejó sin habla. Era un marco con acabados dorados con una foto de Lisandro sonriendo. Debajo de esta decía “Feliz cumpleaños. Con cariño Lisandro.”

-Dime que te gusta. Es mi mejor pose.- No respondí al instante. Quedé atónito. No sorprendido ya que él siempre en mi cumpleaños me regalaba una fotografía suya. Ya fuese en estampado de una playera. En una taza. Una toalla o en ropa interior. El marco era nuevo. –Así no tendrás que preocuparte por mi ausencia. Puedes dormir con el si tienes una pesadilla.- Agaché mi cabeza mirando el cuadro. Se veía bien pero no considero que esto sea apropiado para un regalo. No dije nada y dejé que continuase parloteando. Me pregunto si hubiese sido mejor una almohada con mi cara… ¿Tú qué opinas Alva? ¿Quieres una donde dé un beso?

Lo voy a matar…

Metí con cuidado el portarretrato en la caja. Lo miré. Él seguía esperando una respuesta. Le sonreí de manera inocente. Con toda mi fuerza posible le aventé la caja a su cara.

-¡SERÁS IDIOTA! ¡¿POR QUÉ PIENSAS QUE QUERRÍA ESO?! ¡JODIDO BASTARDO! – Retomé mi compostura mientras él se sobaba la nariz.

-No has cambiado en nada.- Sonrió y me alborotó el cabello. Él siempre fue como un hermano mayor para mí. Pero nunca entendía su manera de pensar.

-No tienes remedio.- Alcé la caja y la guardé en mi chaqueta. Su regalo no era el mejor. Pero tampoco podía negárselo. –Déjame ver. Creó que te golpee un poco duro.- Lisandro dejó ver su nariz. Estaba un poco roja por el golpe en seco de la caja.

-Eres muy amable.- Soltó de repente. ¿Por qué lo diría? Si yo fui el que le había causado eso. Realmente no lo entendía. –Pero fue muy cruel Alva, creí que me querías.- Puso una cara de víctima y un puchero muy notorio.

Enojado le apreté la nariz y se la balance de derecha a izquierda continuamente.

-¡Ah! Eso duele.– Gritó sacando una lágrima.

-Lo sé- Le sonreí abiertamente cerrando mis ojos

-Sabes eres muy aterrador cuando sonríes y más de esa manera. Puedo ver una aura oscura a tu alrededor –

-Estás exagerando-

-Si te pones a mi perspectiva, pensarías diferente.-

-Es un poco tarde, me tengo que ir.-

Oh, claro entiendo, pero antes ¿Te importaría darme la dirección de un hotel cercano?– ¿Seré idiota o ciego? No me había percatado de sus maletas.

-¿Qué no vives aquí?- Pregunté sorprendido.

-Bueno me mudé hace ocho meses a la casa de mi madre. Ella está muy enferma, pero vine de visita por tu cumpleaños… Espera… ¿No te habías dado cuenta?-

-No-

-Le dejé encargado al recepcionista que si llamabas para saber de mí, te diera mi nuevo número. Pero tú nunca llamaste ¿verdad?- Lisandro volvió a poner su cara infantil y hablaba como si realmente estuviese llorando.

-Bueno ahora lo sé- le dije ignorando su patética actuación. –Lo que no entiendo es… ¿Por qué llegaste tan tarde?-

-Seré honesto. Tomé el vuelo equivocado.- Sonrió como si no le importase. –Me dirigía a tu departamento. Pero te encontré en el camino.-

-¿Por qué no buscaste un hotel primero? –

-Me emocioné el poder felicitarte de nuevo, que no lo pensé.-

Suspiré por su torpe comentario.

-No hay hoteles cerca de esta zona.-

-Tomaré un taxi, sólo anótame una dirección. No recuerdo muy bien esta ciudad.-

-¿Cuánto tiempo estarás aquí?-

-Dos días- contestó mirándome fijamente y sonriendo.

-Bueno no es mucho tiempo, si quieres puedes quedarte estos días conmigo.– Lisandro no me respondió al instante. Parecía pensativo. Sus ojos mostraban un vacío. Su postura era aterradora.

-Vale, acepto.- Pronto lo mencionado anteriormente cambió. Ahora era un infante. Me abrazó apretándome muy fuerte.– Sabia que te importaba.- Reía a cada segundo. Su físico demostraba a un adulto, pero su mente era de un crio.

-Oye yo nunca dije que me importas, sólo que no quiero regresar solo. Hay mucha inseguridad así que necesito que seas mi guardaespaldas. – Traté de fingir mi preocupación hacia él.

-Entiendo.- Dijo sonriendo. Tomó sus maletas y comenzó a caminar rebasándome. Le detuve y le quité una maleta.

-Rayos… ¿Cómo piensas cuidarme cargando esto? Eres un desastre.-

-Tienes razón.- Me sonrió y caminó a mi lado. –Gracias-

Silencié unos segundos. No comprendía por qué él aguantaba estar conmigo. Lo traté mal tantas veces, pero él siempre estuvo a mi lado.

Lisandro es molesto y ruidoso, sin embargo, él es mi único amigo.

CONTINUARA….

ABRAHAM ROCHA RDZ

Existen personas que no deberian de amar… Capitulo 4

 

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Agradecí y salí del consultorio con mis resultados en mano.

La recepcionista me despidió muy amablemente, por supuesto sólo levanté mi mano haciendo una señal de adiós.

Decidí irme caminando hasta mi casa. Necesitaba un momento para pensar. Quizá el viento, soplando las hojas de aquel árbol frondoso me haría reflexionar. El canto de ese pájaro tal vez me haría pensar otra cosa.

Al lado de un puesto de revistas típico de la esquinas, se encontraban regalando unos pequeños cachorros Silky Terrier. No pude pasar sin que captaran mi atención. Me quedé unos instantes observándolos, en verdad eran una monada. Me acerqué a la pequeña caja.

Eran cinco cachorros. No parecía haber cruce con otra raza. Eran de perfecto linaje.

Le hice caricias a uno de ellos, a lo cual los otros 4 se acercaron también. El pelaje de estos era fino, de textura sedosa. El más pequeño lamió mi mano e intentó morderla. Por supuesto no tenía dientes, de lo contrario hubiera aventado a ese animal muy lejos.

La joven que los estaba obsequiando pudo notar mi gran llamada de atención hacia ellos.

¿Desea tener uno? Parecen gustarle mucho los animales.-

¿Eh? No, es muy amable pero yo creo que debería venderlos. Son unos hermosos canes en perfecto cuidado. En lo personal pagaría muy bien por ellos- Dejé de acariciar al pequeño sabueso y con un pañuelo de algodón me limpié la mano donde me había mordido el más joven de los cinco.

Oh que va, por supuesto que no los vendería, debe usted saber que he empezado desde temprano a obsequiarlos. Sólo he logrado encontrarle casa a uno de ellos.- Dijo la joven mujer de cabellos oscuros y ojos grisaseos.

-Quizá no estás ubicada en la zona adecuada.- Era la verdad, estaba muy cerca de una brecha cerrada. Por lo general no deambula gente en esa calle.

-Jaja, lo sé. Confesaré que no fui cuidadosa en buscar un lugar concurrido. La caja no es nada ligera ¿sabes?- Ella poseía una hermosa sonrisa. Era muy atractiva, parecía una frágil muñeca de porcelana y con ese corto vestido de olanes color blanco, hacía resaltar sus rojos labios.

-Oh, entiendo.- Le sonreí. Recogí la caja donde los cachorros jugueteaban sin mucho esfuerzo. –Vamos, busquemos un hogar a estos pequeños.- Ella me miró muy sorprendida.

-¿Eh?… ¡EH! –Gritó- Espera no es necesario.- Tomó mis brazos tratando de que bajara la caja. Parecía un poco sonrojada.

-¿Por qué? Pensé que me habías lanzado una indirecta con tu frase “La caja no es nada ligera ¿sabes?”- Ella volvió a sonrojarse un poco más notable. Me soltó y cubrió su boca, desviando la mirada.

Te preguntas porqué causo ese efecto de ruborización en las mujeres. Yo tampoco lo sé. Isa siempre me ha dicho que soy atractivo pero tratándose de ella, siempre pensé que eran palabras amables.

-Supongo que quieres ayudarme…- Pensó un momento sin regresar a verme. –Vale te dejaré ya que pareces querer algo de compañía. Pero será a mi modo ¿Estás de acuerdo con eso? – Dijo de manera muy arrogante. Me guiñó su ojo derecho y sonrió abiertamente.

-Claro. ¿Debería llamarte Jefa?- Con tono burlón pregunté. Ella se sonrojó ahora más visiblemente.

-No… Mi nombre es Katherine.-

-Está bien, Katherine, es un placer. Yo soy Álvaro- Le extendí mi mano y ella la estrechó con la suya de manera frágil y amable, regalándome de nuevo su bella sonrisa.

-Lo mismo digo Álvaro.-

Comencé a caminar con la caja sobre mi hombro. Ella intentó igualar mi paso.

Llegamos a una plaza con un enorme jardín bastante concurrido y Katherine rápidamente me quito la caja y la puso sobre una banca vacía.

Uno de los tusos me miró como suplicándome que lo sacase de aquella gran caja. Con cuidado levanté al pequeño cachorro y le dejé que anduviera un rato en el parque jugueteando con las palomas.

No tardó para que una pareja con dos hijos quisieran a aquel sabueso juguetón.

Katherine estaba encantada de entregárselo a aquella pareja que parecía tan cariñosa y unida.

-Bien hecho Álvaro.- Dijo dándome un puñetazo en el hombro derecho. Debo decir que a pesar de su aspecto frágil y delicado, su golpe dolió.

Ella comenzó a sacar a todos los cachorros y los dejó que anduvieran paseando por el gran prado. Por supuesto sin perderlos de vista.

El segundo cachorro se fue en manos de una anciana que necesitaba compañía. Katherine no simulaba su sonrisa. Realmente estaba feliz de poder ver que sus mascotas se iban en buenas manos. No tardo para que otro de los tres pequeños se fuera con una pareja de recién casados. Katherine me sonrió y llamó a los dos cachorros hacia ella. Estos no tardaron en obedecerla, me sorprendió mucho que lo hicieran. Los tenía muy bien educados. Ella comenzó a jugar con los dos. Su risa era muy contagiosa y agradable.

-Oh… Mira qué monada.- Unos adolescentes de unos 16 años se quedaron mirando la escena de dueño y mascota unida que Katherine estaba proporcionando.

No sabría decir si ellos consideraban a los cachorros una monada por su actitud o miraban embobados a Katherine. No tarde en ponerme a la defensiva.

-Exacto son una ternura ¿Desean uno? – Sonreí cerrando mis ojos.

-¿Oye Carlos nunca has sentido como un escalofrió detrás?- Preguntó uno de ellos a su amigo.

-Ohm… Creo que sé de lo que hablas.- Me regresó a ver de manera nerviosa.

-Hola chicos, no pude notar que están interesados en uno de estos pequeños.- Katherine interrumpió el momento de tensión sonriendo de manera amable.

-¿Eh?- Dijeron al mismo tiempo, voltearon a verme. Yo aún no quitaba mi tan alegre sonrisa.

-Claro que sí… Yo quiero uno jaja. Son muy lindos ¿verdad? Francisco.-

-Sí claro… Son muy tiernos.- Acariciaron al cachorro.

-Me alegro que deseen adoptarle.- Katherine les entregó al segundo cachorrito que quedaba. Ellos lo tomaron, agradecieron y se marcharon. Sólo espero que ese pequeño canino esté bien.

Aunque cuando se fueron pude ver como ellos dos empezaron a jugar con el tuso y a pensar en un nombre para bautizarlo. Creo que después de todo no iban por Katherine.

No tardó mucho para que el Sol decidiese esconderse de la luna. Bañando a su paso con unos cuantos rayos. Mi sombra se hacía cada vez más notoria. No habíamos podido encontrar una familia para el último cachorro. Sin embargo a Katherine no le importó, parecía satisfecha de haber conseguido hogar a los otros pequeños.

Ella tomó entre sus brazos al canino, con su mano derecha lo sujetó firmemente. Comenzó a acariciarle con mucha ternura. Pude escuchar un pequeño suspiro exhausto por parte de ella.

Me senté a su lado y acaricié el lomo del cachorro, a lo que éste volteó y lamió mis delgados dedos. Tuve una sensación de cosquilleo y rápido escondí mi mano.

Katherine rió por el acto, se levantó de la banca y me extendió su mano.

-Ven conmigo Álvaro- Sujetó mi palma, jalándome un poco para que me levantase yo no puse objeción y así lo hice.

-¿A dónde vamos?– Pregunté sonriendo.

-Bueno como me has ayudado hoy, quisiera llevarte al lugar donde mi madre siempre me llevaba. Hay un puesto de helados cerca, vamos yo invito.- Respondió muy entusiasmada.

Que más me quedaba que decirle que por supuesto iría con ella.

Katherine no dejó mi mano, es más, se aferró de esta. Quien viera nuestra escena pensaría que somos un par de enamorados. No me molestó que lo hiciese me era muy agradable. Su mano realmente era suave y cálida. Las pocas veces que volteaba a mirarme, me sonreía.

Caminábamos de manera lenta como si ninguno de los dos quisiese soltar la mano del otro. Eso me causaba gracia y un poco de felicidad.

De su cuerpo emanaba una dulce fragancia, no sabría describirla, este aroma comenzaba con un olor a cerezas, después se desvanecía, dejando paso a olores florales, tal vez lilas o quizás a la flor almizcle blanca.

En todo el trayecto, sólo intercambiamos miradas y gestos de agrado. Ninguno de los dos se declinaba al dejar el contacto de nuestras manos.

Ella detuvo su caminar frente a una franquicia, con un gran letrero sobre la fachada que decía: “Less Bessones” un título muy llamativo y único. Ella insistía en seguir tomando mi mano, pero esta vez fui yo quien la sujeto más a fondo y la guié hasta la entrada.

En el vestíbulo se podían ver ocho mesas color caqui. Sólo tres de ellas tenían cuatro sillas, las demás sólo presentaban dos. Ese lugar era más un lugar al cual asistir con tu pareja.

Era un amplio lugar con una decoración extravagante, los contrastes con diversos tonos café, eran muy adecuados. Se podía percibir un ligero aroma de café y aire frío. La iluminación no era muy intensa, era de un tono amarillento combinado con suaves toques naranja, que contrastaba con el color chocolate de unas cuantas macetas.

Las vitrinas panorámicas dejaban ver una gran variedad de sabores frutales. Y sobre esta, distintos clasificados de barquillos.

Temí que no dejasen pasar al pequeño cachorro por tomar medidas de higiene sanitaria. Sin embargo me equivoqué. Nos asignaron una mesa cerca de una gran ventana.

Un joven mesero que no despegó la vista de Katherine, preguntó un poco nervioso:

-¿Puedo tomar su orden?.-

-Por favor.- Sonrió Katherine -Yo quisiera una copa sencilla de yogurt natural. Agréguele poco durazno.-

-Enseguida señorita. ¿Y usted caballero?- ¡Vaya! Volteó a verme, pensé que no había notado mi presencia.

-Sólo tráigame una copa de vainilla.- No tenía muchas ganas para un helado, era un poco tarde para consumirlo. Pero claro que no podía negarle la invitación a ella.

-¿Desea agregarle jarabe de caramelo encima?-

-No gracias así está bien.- Respondí desinteresadamente.

-¿Alguna galleta quizás?- Volvió a preguntar el mozo.

Odio los lugares donde insisten en agregar algo más a tu pedido. Me es desesperante.

-Le repito que mi orden está completa.-

-Enseguida regreso con su pedido.-

Katherine sonreía divertidamente, como si hubiese leído mi pensamiento de desesperación a las preguntas del mesero.

 

-Omitiendo eso, es un lugar muy agradable.- Dijo tranquilamente sin dejar de verme.

-No lo niego. Parece acogedor.– Le respondí muy calmado, apoyando mi mejilla sobre mi mano.

Ella simplemente se limitó a sonreírme. No podía entender cómo una simple expresión de parte de suya me hacía sentir feliz y calmado.

Katherine me miró un momento pensando, luego sus mejillas se pusieron muy ruborizadas. ¿Qué le ocurría? Me preguntaba, hasta que recordé que aún no soltaba su frágil mano.

-Lo siento- Le solté de manera apenada.

Ella no movió su mano de la mesa. Guiñaba más apresuradamente. Realmente parecía nerviosa. Sus movimientos eran un poco torpes. Tartamudeaba ligeramente.

Todo eso me causaba gracia y ternura. Katherine era muy encantadora. Era muy tierna y frágil.

Nuestro pedido no tardo mucho. Servido en una bandeja plateada. El mesero puso las dos copas cristalinas sobre la mesa. Cuidadosamente colocó las cucharas encima de éstas.

-Fue un placer servirles.- Hizo una reverencia y se retiró.

No parecía heladería, me sentía como en un restaurante de gran prestigio. Supongo que eso lo hacía único a este lugar.

Katherine tiró la cuchara al piso. Sus movimientos torpes continuaban aún. Se sonrojó por su pequeño descuido.

Me apoyé de una mano sobre la mesa y me agaché por el utensilio. Ella sólo me agradeció muy apenada. Le temblaba la mano con cada cuchareo que daba a la copa. Yo le sonreía y no le quitaba la mirada. Esto hacía que se pusiera más nerviosa.

-No me mires tonto- Dijo de manera muy infantil.

Solté una pequeña carcajada y ella me embarró un poco de helado en la nariz. Al instante tomé una servilleta y me limpié. Ella cubrió su boca dejando salir una pequeña risita.

Sentía alegría el poder verla. Me di cuenta de algo. Encontré solución a mi problema.

Katherine me hizo no pensar en ti, esto era lo que faltaba. Un pequeño distractor y ella era la clave…

Continuará…