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¿Un cafecito?

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Vamos, los invito a una taza de café, vamos a abrir el alma para dejar salir nuestra mejor historia acompañados de un café y un amigo, que no hay mejor combinación ni mejor manera de aliviarnos el alma. La humeante taza frente a nosotros, llena de esencia, de significado, delicioso, fragante, que nos destrabe los nudos, que nos aligere el corazón.

¡Cuántas historias  comienzan con una taza de café, endulzado o no, cuántos amores que bailan a su alderredor, cuántos dolores compartidos en su compañía!
¡Cuántos corazones rotos acompañados de su aroma, cuántas interminables noches solitarias, cuántos insomnios compartidos! La magia se hace café y nos acompaña en cada evento importante de nuestras vidas, nos anima a seguir,  nos da impulso, lo mismo nos llena de nostalgia que nos desborda de energía.
Una deliciosa, humeante y humilde taza de café  nos estructura y nos acomode las piezas del rompecabezas cada mañana.
Por esos platicas tan  inesperadas y tímidas que me hacían sentir tan halagado y a la vez tan emocionado.
Por esas tardes de cine y café aún en medio de la lluvia, pues se puede hacer  sentir que no había obstáculos para poder ser felices.
ABRAHAM ROCHA RDZ
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Un viejo amor para mi … para ella no lo se

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Hola, sé que puede parecerte extraño que haya escrito otra ves de ti … Pero ahora escribo para decirte que hace un año en mayo exactamente te conocí en este año te deje ir ….

Han pasado varios meses y tu recuerdo no deja de aparecer en mi mente pero ahora ya no duele solo son recuerdos hermosos. Sonrisas se marcan en mi rostro cuando me transporto a aquellos días donde pasábamos los atardeceres recorriendo parte de tu Cd. con buena música, cigarrillos encendidos y carcajadas a todo volumen.

Parece absurdo, pero te extraño pero ahora ya solo extraño las platicas y lo confidente que eramos. Aunque nunca fuimos más que amigos, tampoco fuimos solamente eso, incluso aunque parecíamos los mejores; y creo que ello es justamente lo que me está aturdiendo, no dejo de cuestionarme ¿por qué nunca fui suficiente para ti? pero eso ya no importa solo me gustaría esas platicas intensas donde reíamos.

Pero ¿sabes? todo el tiempo he creído que cuando una persona aparece en tu camino, no es una simple casualidad, siempre hay detrás un ¿por qué? y en mi caso, me has venido a mostrar tantas cosas. Sencillamente eres una lección bastante importante, crecimiento personal.

Hoy he reflexionado todo eso. A pesar de que no concretamos una relación como nos marca la sociedad para que sea “correcta”, la nuestra fue perfecta, tuvimos una historia maravillosa; por eso es que te extraño y probablemente una parte de mí siempre extrañe algo de ti, no fuimos novios, pero descubrimos lo fascinante que puede resultar el pasar tus minutos con alguien; tampoco duramos demasiados meses, pero cada día a tu lado valió toda la pena del mundo. Y bien, es cierto, tampoco fuiste mi primer amor, pero te juro que te quise con cada parte de mí y se sintió como si antes de ti nunca hubiese existido alguien.

Parece que éste montón de letras no tienen sentido ni finalidad alguna, sin embargo sí la tienen y es agradecerte por mostrarme que la perfección aún no ha sido descrita ni inventada, y que a veces no puede ser feliz

siempre me dejaste claro que nunca iba haber nada mas y yo no busque sentir esto … pero ahora te deje ir… y pude empezar una nueva historia de lo cual solo vivo el presente sin pensar en el futuro como lo aprendi de ti.

 

ABRAHAM ROCHA RDZ

 

 

RECUERDOS ….¿DEBERIAS DEJAR DE FUMAR?

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– “¿Por qué?, ¿hace daño fumar o algo así?“

Decirle a alguien que deje de fumar porque es dañino para su salud es estúpido. Él sabe que es dañino, pero aun así lo hace; o al menos ese es mi caso. También sé que todos moriremos en algún momento, la única diferencia es que yo lo haré antes. Bien, mis razones son más difíciles de entender que de explicar si no has tenido la misma sensación que yo al encender un cigarro.

Y es que al hacerlo no sólo enciendes “un cigarro”, “enciendes” un tranquilizante, una esperanza, un sentimiento que sabes que se consumirá poco a poco pero lo disfrutas por el tiempo que dure… Verás, personalmente jamás diré que soy un “escritor” o un “poeta” porque solo soy un pendejo con pluma y papel, cuya inspiración dura lo mismo que dura un cigarro. Y no tienes ni idea de cuantos sentimientos, de cuánto dolor, cuantas preocupaciones se han consumido en algún cenicero.

En esas ocasiones en que una cajetilla fue mi única acompañante, además de la Soledad… Maldita Soledad. No me gusta Arjona, pero tuvo mucha razón en esto: “19 cigarros en fila dicen que es mala la nicotina, pero es peor la soledad”. Y es verdad; no muchos saben todo lo que la soledad puede llegar a asfixiar… E irónicamente, un cigarro es lo único que me da ese “aire” para seguir, para sentirme real. Por eso es que pienso en ti, luego fumo.

AHORA ME DOY CUENTA QUE DEJE DE FUMAR Y TE PUDE OLVIDAR ….

BY: ABRAHAM ROCHA RDZ

 

existen personas que no deberian amar… capitulo 27 & 28 final

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-Hermanos… Debe ser una broma…-

“…Me molesta que los demás se aprovechen de alguien por prejuicios; ¿Qué hay de malo el que quiera cuidarte?; Eres mi mejor amigo Álvaro; Sabes, estoy feliz de tenerte a mi lado, eres demasiado amable…” Fui un iluso…

“… ¡Por favor vayamos juntos al partido del sábado!; Oye, adivina, entré en la misma secundaria que tú, estaremos juntos en la misma clase; Eres un poco cruel con las chicas, pero por lo menos eres sincero; ¡Álvaro! ¡¿Por qué no me dijiste que te habías lastimado?! Joder macho, siempre eres así. Vamos déjame ver que tan grave es…” Cada una de sus palabras…

“…Yo sólo quiero cuidarte; Eres muy importante para mí…” Todas ella eran mentiras… Él sólo se sentía comprometido ¿no es así?

Me sentía inmóvil en aquellos momentos. Siempre traté de huir de mi pasado, sin darme cuenta que estaba siendo perseguido por el mismo. Lo sabía, no podía escapar…

Todo esto parece una broma… Un estúpido castigo… Su fantasía en la que me ha envuelto… Desvanece mi conciencia por su falta de honestidad… De todas las personas… Él ¿Por qué tenía que ser él?

Pensé que nunca me traicionaría… Pensé que era mi mejor amigo… Pensé que también era importante para mí… Que también lo apreciaba… ¡Mentiras! ¡Falsedades! ¡Engaños! ¿Qué otros sinónimos necesitaba para repudiar todos aquellos recuerdos?

No podía creerlo… No, no quería hacerlo. ¿Cómo era posible que incluso en su tumba aquel hombre me fastidiara? Mi modo de pensar me aterraba… Culpar a mi padre después de fallecido era un absurdo sentimiento.

¿Qué debería hacer? ¿Realmente podría seguir viéndolo como un amigo? ¿O podría aceptarlo como un hermano? No, jamás podría… Él tenía la culpa del sufrimiento de mi madre… ¿Cómo podría perdonarlo?

Petrificado, volví a tomar la caja vino. Mis acciones motoras eran controladas involuntariamente. Movía mi cuerpo sin siquiera sentir la orden de hacerlo. Me sentía fuera de lugar, todo se volvía confuso y estúpidamente lleno de ansiedad. Busqué presuroso aquella carta. La tomé y salí rumbo a la editorial…

-¡Álvaro!… Gracias al cielo has llegado, no sabes cuánto me has salvado.- Llegó Lisandro a mi encuentro. -¿Ah? ¿Estás bien? Te ves muy pálido.- Intentó tocar mi hombro.

Reaccioné rápidamente de manera alertada y esquivé su mano. No quería ni siquiera tocarlo. Lo odiaba… Yo estaba empezando a odiar a esta persona.

-Si… Estoy bien- Ni siquiera podía verlo a los ojos.

-Ya veo… Gracias por las molestias…- La conversación comenzó a enfriarse. Él me miró preocupado, parecía querer decirme algo, pero decidí interrumpirlo.

-Lisandro… ¿Tardaras mucho?-

-Quizás un poco… ¿Por qué?-

-Quisiera que me acompañaras a un sitio.- Mi voz parecía opacada.

-De acuerdo. Entonces supongo que está bien que me acompañes, quedarte aquí solo no sería educado. Vamos- Hizo un movimiento con su cabeza de que debía entrar.

Él iba a la delantera. No podía ni igualar su paso. Decidí quedarme detrás de él, pensando en todo lo que habíamos vivido juntos…

“…Nunca pensé que ustedes dos se llegarían a encontrar algún día…” Ahora esas palabras tenían sentido…. Herido una y otra vez… Siempre es lo mismo para mí. Supongo que ya debería estar acostumbrado.

Lisandro no despegó su mirada de mí. Ambos sentados distanciadamente, esperando mientras revisaban su trabajo.

¿Cuántas veces me han mentido? ¿Quién realmente es honesto conmigo? Nadie. Yo mismo me respondí. Ahora comprendía perfectamente la atención de su madre, la sobreprotección de Lisandro… Se sentían culpables… Sólo fue lastima… Se burlaron de mí… Todos.

-¿Nos vamos?- Preguntó Lisandro quitando mi nube de pensamientos.

-Si…- Me levanté en seco y de manera distante caminé presuroso.

Él no me despegó la mirada en todo el camino. Ninguno se atrevía a romper el silencio. Yo iba tragando un sabor amargo, reprimiendo cualquier pensamiento, para que no saliese antes de tiempo.

-Álvaro… Este lugar es…-

-Así es…-

-¿Por qué vamos hacia allá?- No respondí a su pregunta. Prefería quedarme callado hasta llegar. En el fondo me dolía tanto… No sé cómo lo soporté.

Bajé del automóvil cerrando la puerta bruscamente. Llegué a la entrada de mi antigua casa y saqué las llaves de la entrada principal. Volver aquí sólo me haría más daño… Lo sabía, pero lo quería de esa manera.

Al escuchar el sonido de abertura, entré rápidamente, seguido de Lisandro. Quien sólo seguía mis pasos.

-Álvaro… Has estado actuando raro. ¿De verdad va todo bien?-

-¿Cuándo pensabas decirme?-

-¿Eh? ¿Decirte qué?- Me molesté un poco ante su exclamación tan estúpida. Regresé a verlo. No podía aun creerlo. Deseaba que esto fuese una pesadilla. Una simple broma…

-Tú… ¿Desde cuándo lo has ocultado? ¿Desde cuándo lo sabes?-

-¿Qué estás diciendo?… Lo sabía, no te encuentras bien… Vamos, tengo que llevarte a descansar…- Me tomó del brazo.

-¡No me toques!- Me jalé bruscamente. – Sólo dímelo… Necesito oír que es cierto…-

-No sé de qué me estás hablando…-

Furioso ante sus respuestas “ignorantes” subí las escaleras que conducían al segundo piso. Si el señor Brais decía la verdad, todo seguiría tal cual lo recuerdo y aquello estaría en su lugar.

Entré a la habitación que era de mis padres. Los muebles seguían en el mismo orden. Tenía que encontrarla pronto.

Revisé cajones haciendo un fructuoso desastre. De pequeño nunca me atreví a husmear aquella carta, pero ahora la necesitaba.

El último cajón era de los álbumes familiares. Tomé un grueso libro y lo abrí toscamente. La carta por fin cayó. Sabía que una amistad se perdería… Sabía que algo de mí se iría. Pero lo racional desapareció ante tal acto de inmadurez.

El tener aquella correspondencia en mis manos trajo consigo recuerdos olvidados. Era la segunda vez que la tenía en mi palma, pero ahora, sabría su contenido.

-Lisandro… ¿Podrías leer esto?- Escondí el sobre de la misma para evitar que leyese el remitente. Inseguro aceptó. Yo no tenía el valor de leerlo. Sería una tortura escucharlo, pero de ese modo estaría mejor. La ojeó unos segundos.

-¿Dónde encontraste esto?- Me miró muy horrorizado. Supongo que reconoció la letra de su madre…

-Sólo léela. No omitas nada. Sabré si lo haces.- Él parecía nervioso y preocupado. Ninguno de los dos sabíamos que es lo que había sido escrito en esa carta. Pero algo era seguro, fuese lo que fuese, nos lastimaría a ambos.

-Álvaro… Está bien, lo haré.- Comenzó a leer…

Sé que me has pedido abstenerme de hacer este tipo de cosas… Puede que te estés enfadando con el simple hecho de haber leído el remitente. Puede también que sea egoísta y demasiado. Compartes días conmigo y con ella.

¿En qué momento acepté? Ni si quiera yo lo sé. Me he preguntado qué es lo que hice mal. Seguramente es debido a las pequeñas diferencias y dudas que he vivido.

Quisiera regresar el tiempo, aunque probablemente esto llegué a ocurrir de nuevo. No llegaré a comprender jamás lo qué es el amor. Es extraño y muy difícil para mí. Enamorarme de una persona casada… Eso no iba con mis principios morales.

Sabía que debía alejarme. Tenía que evitarte e ignorarte. Admirarte desde lejos sería lo mejor. Eso era seguro. Pero, soy una persona muy despiadada. O al menos ese concepto quiero emplearme. Me aproveché de tu pelea con Fernanda y decidí acercarme. Fue un grave error… Aunque no me arrepiento, y eso es lo peor.

Te preguntaras con qué objetivo es que estoy haciendo esto. Te escribo porque es un modo de desahogarme. A veces siento impotencia. A veces siento celos. Pero supongo que es lo que merezco por ser la amante. Hay muchas desventajas para mí, Rafael. Tengo que tragarme todo yo sola. Hay veces en las que quiero huir, o bien, gritarle al mundo lo que siento. Pero sé que sería algo demasiado cruel. No sólo para tu mujer, sino también para tu hijo. Tú me has tratado de consolar, diciéndome palabras gentiles y amables. Pero eso no quita el hecho de que yo soy sólo una acompañante.

Mi hijo. Nuestro hijo, fue una bendición para mí. Estaba feliz el poder recibirlo en mis brazos. Pensé que hasta ahí terminaría nuestra relación. Pues tenías que tener cuidado. No me importaba alejarme de ti o el que te marcharas definitivamente. Yo estaba feliz con nuestro pequeño. Pero nunca te fuiste, permaneciste a mi lado junto con nuestro bebe.

 


Si te escribo, no es para molestarte. Es para agradecerte. Tu afecto así mí, tu cariño hacia nuestro hijo y los momentos que has compartido con nosotros.

Te amo… Pero aun así es equivocado lo que siento….”

No sólo logró engañar a mi madre… Sino también a la de él… Ambas eran ciegas, ambas eran tontas… Ambas se aferraron a él con ese estúpido sentimiento. Y lo que es peor, ambas sabían que se estaban haciendo daño al amarlo, pero ninguna lo dejó…

Lisandro permaneció callado. Parecía un poco afectado. Había gesticulado una cara de tristeza…

-¡¿Cuándo me pensabas decir que compartimos el mismo padre?!- Le aventé los análisis en la cara. Estaba realmente exaltado. Furioso y lleno de dudas.

-¿Cómo encontraste esto?- Su voz quebrada parecía apunto de sollozar.

-¡Lisandro por dios! Parecía que los hubieses puesto apropósito. Pero, ya no importa. ¡Sólo dime desde cuándo sabes esto!-

-Álvaro… Yo…-

-¡Deja tus parloteos y dímelo claro!-

-Desde que éramos niños…- Sentí un cubo de agua fría recorrer mi cuerpo… Así que era verdad después de todo… Él sólo sentía pena por mi situación…

-¿Por qué nunca me lo dijiste?…-

-Hay cosas en las que sólo el tiempo puede decidirlas. Nunca encontré el momento ni el lugar. Para mí también fue difícil aceptarlo. Por eso hice los análisis, yo tampoco quería creerlo… – Su voz parecía calmada… Como si realmente esto para él fuese algo sin importancia.

Sentí que la rabia se apoderaba de mí. Que en sus venas corriera la misma sangre me molestaba. Cada lágrima que mi madre derramó, probablemente fue él quien la causó.

Apreté mi puño haciendo que mis nudillos empezaran a tronar. Con toda la ira reservada, le lancé un puñetazo a su rostro.

-¡¿Crees que eso es algo que se pueda ocultar?! ¡¿Acaso tienes idea de cómo me siento?!-

Pude contemplar un poco de sangre de su labio. Con su palma intentó tomar su mandíbula.

-Puede que nunca lo entienda… Tienes razón… Pero… ¡¿Tú crees que es fácil para mí?!- Me regresó el golpe. -¡¿Crees que fuiste el único que sufrió?! ¡Álvaro intenta ponerte en mi situación!-

-¡Ni siquiera lo haré! ¡No tienes idea de mi infierno en este lugar! ¡En estos momentos tengo muchas dudas!… Lisandro tú eres el mayor… Tu naciste primero… ¡Ahora no sé quién es el bastardo de los dos!-

-¡¿Quién es el estúpido que lleva su apellido?!-

-Un apellido no es nada… Él siempre estuvo más pendiente de ti ¿no es así? En la carta lo dice… ¡Por dios! ¡Te dejó tener una maldita mascota! Cuando a mí ni siquiera me permitía tener un pez…-

-¿Pendiente de mí? Ser hijo de la amante no ameritaba privilegios Álvaro… ¡Yo siempre sería visto como un error! ¡¿Me escuchaste?! ¡UN ERROR! ¡Sentía pena por mí!-

-¡No me vengas con tales estupideces! ¿Dices que son privilegios el ser utilizado como una herramienta? ¡Estás totalmente equivocado!-

-No es lo que quise decir… Pero, a ti siempre te presumía como su mayor orgullo… Siempre me contaba de ti… Siempre diciéndome lo que esperaba de ti… Siempre denigrándome… ¡¿Sabes que tan miserable me sentía a la hora de compararme contigo?! Yo ya te odiaba sin siquiera conocerte.-

-¡Por lo menos sabías de la existencia de un medio hermano!… Yo ni siquiera tuve el honor de ser informado… –

-Álvaro… ¿Consideras eso un honor? Me echaba en cara lo que tú llegarías a hacer. Lo hizo con la intención de que me esforzara más, de que fuese alguien en la vida, pero sin rebasarte. Porque él desde el principio me aclaró que no podría.-

Hubo una breve pausa. Un pesado silencio que se prolongó durante unos segundos.

-…Lisandro, ese idiota llevó a la muerte a mi madre…- Me calmé un poco. Sentía un fuerte sabor amargo en la garganta.

-También a la mía…- Me sorprendí ante su exclamación.

-¿De qué hablas?-

-Álvaro, tu madre no fue la única víctima. Tú tampoco eres el único que lo odia. Quizás sea sólo lo que compartimos como hermanos. Odio por nuestro padre. O al menos así era como nos obligaban a decirle… Mi madre murió de depresión. Ese amor tan compulsivo la llevó a una tristeza profunda.-

-Lisandro… Es muy difícil para mí comprenderlo… Incluso siento ganas de ahorcarte. Dime… Tu amistad… Tu protección… Tus insistentes ganas de permanecer a mi lado ¿Fue por esto? ¿Por este estúpido lazo de sangre?-

-Jamás… Álvaro, yo te odiaba. ¿No lo entiendes? Te despreciaba sin haberte conocido. El día del funeral de tus padres, mi madre fue invitada por la única persona que sabía de su relación amorosa. El licenciado Brais le llevó la noticia. Mi perro había muerto hace nada y ahora mi padre… ¿Cómo lo soportaría? Fue cuando te vi… Álvaro Crowley, el hijo deseado, el hijo que sería heredero. El mayor orgullo de nuestro padre. No podía creerlo. Era el mismo pequeño que me había consolado. Pero había una diferencia, ese niño que estaba ante mis ojos era otro… Ahora era mi hermano. Me habías enseñado una lección tan grande. No debí hacer prejuicios por las tontas ideas que ese señor me metió. Al ver tu rostro tan apagado y decaído, comprendí que tan equivocado estaba con respecto a tu persona. En mi crecieron las ganas de protegerte, de cuidarte, de permanecer a tu lado. Te veías tan solo, pero a la vez parecías un roble; fuerte y difícil de derrumbar. Llegué a admirarte… Eras una persona que guardó sus emociones tan calmadamente. Mientras yo, exaltándome y siendo tan expresivo…- Unas cuantas lágrimas rodaron de sus parpados. Suspiró prolongadamente un poco aturdido.

-No entiendo cómo puedes admirar eso de mí… Si fue lo que más odié de mí ser…-

-Lo sé… Me di cuenta de que era equivocado que hicieras eso… Por eso traté de poder ayudarte. Tú siempre lo hacías conmigo Álvaro. Nunca como hermanos, siempre fue como amigos.-

-Lisandro… Quiero estar solo… Necesito pensar tantas cosas.- Sin darme cuenta, mis lágrimas ya habían caído desde hace tiempo. –Tú también deberías estar solo. Supongo que lleva tiempo trascenderlo…-

-Álvaro… Yo ya tuve mucho tiempo para asimilarlo. Entiendo tu sentimiento ahora… Creo que es mejor dejarte a solas. Lo siento…- A punto de marcharse lo detuve.

-¿Piensas irte caminando acaso? Eso déjamelo a mí. Llévate el auto… En mi estado no creo que se conveniente manejar…-Le aventé las llaves. Sus reflejos lograron atraparlas.

-Oye… Sé que nunca podremos vernos el uno al otro como hermanos, ya que nuestro lazo como tal no se fomentó. Pero quiero que sepas, que siempre serás mi amigo…- Se despidió dejándome solo en la oscura y fría casa.

Esperé un rato más antes de poder comenzar a llorar desenfrenadamente. Grité tan exaltado… Todo lo que alguna vez debí llorar estaba siendo derramado.

El haberme contenido mucho tiempo hacia que mi pecho se apretara… Era horrible… Era tonto… Era una forma de librarme de lo amargo…

Ni siquiera yo, podría reconocerme en esos estados tan deplorables. Tan desquiciados. Tan humillantes…

Mi cuerpo flojo se tumbó en la esquina de la habitación. Sentía los ojos hinchados y las mejillas pegajosas. Es por eso que las emociones son peligrosas… No pueden nunca tener control sobre ellas… Te transforman tan fácilmente…

Recordé entonces la supuesta carta escrita por Rafael. Nerviosamente, rasgué el sobre y saqué una delicada hoja de papel con unas cuentas letras… No había duda alguna, era su letra…

¡Felices 26 Álvaro Crowley! Has dejado por fin de ser un niño iluso. Ahora estás en edad de saber realmente tu propósito. Siempre quise un hijo que cumpliera mis expectativas. Sabes, esta carta está siendo redactada en mi oficina. Me puse a pensar seriamente, sobre el futuro y ahora eres mayor… Pero justo en estos momentos eres un niño de 6 años.

Fernanda, tu madre. Me ha dado un grandioso regalo. No sabes lo feliz que me hace saber que tengo un primogénito. Sé que sabrás llevar a flote el apellido. Tu abuela dice que de seguro te parecerás a mí. Confío en que así sea.

Sé que abrirás está carta en tu cumpleaños. Justo el día que heredaras mi empresa. Álvaro, recuerda que para ser alguien necesitas tener en claro tu futuro. Yo soy tu padre y te ayudare en esa decisión. Por eso fueron tus años de estudio y dedicación. Desarrollar tus inteligencias, fue lo primordial que pensé cuando naciste.

Siempre esperé grandes cosas de ti Álvaro… Incluso tu madre está de acuerdo conmigo. Juntos seremos una familia exitosa…

También ahora que tu mente es más madura, sé que sabrás perdonar las tonterías de tu padre. Después de todo, somos humanos ¿no? Quizás a estas alturas ya sabrás acerca de tu hermano. Bueno, tu medio hermano. Sé que puede resultar complicado entenderlo. Pero quiero que sepas que ambos para mí son importantes.

Después de todo, son mis hijos. Puede que haya sido duro contigo. Pero quiero que sepas, que siempre esperé lo mejor de ti. Volverme padre, no estaba en mis planes, lo acepto. Pero su llegada me hizo ver ciertas cosas. Yo quiero que mis hijos triunfen, que nunca sean pisoteados por tonterías exteriores… Espero muchas cosas de ti Álvaro. Confío en que no me decepcionaras…”

Arrugué la carta hecho rabia. Él había llamado tontería a Lisandro. Incluso ante tales declaraciones era un completo idiota… Su estúpida carta me llenó de cólera. Fui un imbécil al leerla. Por más que lo intentará, ese hombre jamás cambiaría… Ser utilizado por alguien como él, era desagradable.

Todo lo que veo ahora, es una mancha borrosa de mi mente transitoria… Que poco a poco desaparecerá. ¿Esto es lo más lejos que mis gritos pueden llegar? Mi subconsciente me gritó “Quiero ser salvado…” Aunque sabía que eso era imposible…

CAPITULO 28 FINAL

Es tan doloroso. Es tan triste. Es muy frustrante. Quiero detenerlo, sólo que no sé cómo hacerlo… Siempre termino perdiendo todo. Yo lo odio tanto. Es tan sin sentido, quiero borrarlo… Sólo quiero tirarlo lejos. Quiero saltar y gritar con toda la fuerza de mis pulmones.

No hay manera de que pueda perdonar este imparable sentimiento; Este dolor, este odio. Todo es tan insignificante, quiero borrarlo pero incluso aunque no me sea permitido, sólo rindiéndome podré salvarme. Puede que me odie… No, yo no me odiaba. Ellos me hicieron odiarme.

Él me engaño diciéndome que podría hacer todo bien. Sus palabras baratas alineadas en una promesa… Pero está bien… No me importa. Ya no…

La gente que siguen siendo bestias, y la gente que trata de ser humanos ¿A cuál debo ir? Quizás a la primera…

Miré a lo lejos mi celular vibrando e iluminando el lugar. Ya llevaba cerca de hora y media haciendo eso… ¿Quién más podría ser? Sólo eras tú… Habías estado llamando tan insistentemente desde hace rato. No me encontraba en razonamiento como para hablar contigo…

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Tú y yo… Todo esto estaba mal… Comencé a preguntarme por qué aún no te habías ido lejos de mí… Sé que no eres tan fuerte. ¿Acaso seguías mi juego por amor?…

Escuché el sonido de la puerta abriéndose. Poco a poco dejó entrar un pequeño rayo de luz. Tu figura pronto se volvió clara. ¿Qué demonios hacías aquí? ¿Por qué siempre aparecías en tales momentos?… Por tonto que suene, estaba agradecido…

-Álvaro…- Corriste y te inclinaste para tocarme.

-¿Cómo es que llegaste?… Fue Lisandro ¿verdad?… Él te trajo aquí…-

-¿Eh?… Si- Ese idiota… A pesar de que le dije que quería estar solo… Siempre hace todo lo contrario.

-Supongo que te lo ha contado…- Sonreí melancólicamente. Ni siquiera podía dejarte ver mi rostro. Me sentía sin fuerzas.

-No, no sé qué ocurre. Sólo me dijo que me necesitabas.- Me abrazaste delicadamente… Sentí un pequeño alivio…

-Ya veo… ¿Ni siquiera intestaste averiguarlo?-

-No… ¿Cómo podría hacer eso?-

-Está es mi antigua casa. Aquí pasé mi niñez. Puede que en este lugar la mayoría de mis recuerdos latentes estén formados… Cuando era pequeño mis padres fallecieron en un accidente. Nunca pude perdonar a mi padre… Y ahora descubro que tuvo un hijo, el cual sin saberlo se convirtió en mi mejor amigo… Es un golpe muy duro no sólo para mí, sino también para Lisandro…- Era extraño para mí el decir tales cosas de mi pasado. Nunca pensé contárselas a una persona como tú.

-Lo siento…- Me miraste triste.

-¿Por qué te disculpas? No podrías ni entenderlo… Así que no digas tal palabra.- Te sorprendiste un poco ante tal exclamación. Me dio gracia, pues esta era la primera vez que conocías al verdadero Álvaro…

-Si… Creo que fue muy grosero de mi parte.- Tus acciones se hacían más incomodas. Recordé entonces nuestra última conversación.

-¿Qué era lo tan importante que tenías que decirme?- Mostré cierta falta de interés. Pero deseaba ignorar el tema. Ya no quería seguir recordando.

-Ah… S-Sobre eso no te preocupes. Era algo que quizás no te importe…-Insegura tartamudeaste un poco.

-No lo parece… Está bien si lo dices… Te dejé plantada ¿no es así? Por lo menos debo tener consideración, así que dímelo.- Quería distraerme, eso era todo.

-Veras… Ohm… M-Me han ofrecido un trabajo un poco lejos… No sé qué decirles… Yo…-

-Es una oportunidad para ti… ¿verdad? Puede que no vuelva a ocurrir- Te interrumpí antes de que dijeras algo más.

-S-si… Pero sabes yo quería saber qué piensas acerca de eso, ya que tú y yo…-Pausaste un poco. Me molestaba tu inseguridad.

-No entiendo por qué tienes que consultarlas conmigo. Deberías aprender a tomar decisiones por ti sola.-

-Oh… Claro. Lo lamento.- Te miré unos momentos. Parecías triste ante mi actitud tan cortante. Pero aun así no decías nada… Te veía frente a mí pedir perdón…

Tú lo estabas tolerando de nuevo… Pronto me di cuenta de algo… Justo en estos momentos, yo era igual que él… Todo lo que él hizo, yo lo estaba proyectando…

Fui un tonto… Lo que más odié, estaba siendo reflejado en mí… Después de todo esto era… Esto era lo que me hacía volver a ti… Soy un idiota… Por fin había encontrado lo que buscaba. Por eso era aquella calidez… Porque en ti sentía mis recuerdos… Esto era lo que últimamente me volvía loco. Tenía que ver con lo que hacías… Tú eras idéntica a las acciones de mi madre… Por eso me molestabas.

Luchar para tener tu atención. Era una cosa que no era tan común para mí. Me sentía no deseado… Claro… Ahora lo sé. Maldita sea…

Quizás al tirar el pequeño teatro lo conseguiría. Si arrojaba lejos el tablero de ajedrez, probablemente lo lograría.

Seguir contigo era un error. Me aterrorizaba terminar siendo la copia perfecta de mi padre. Sentía que aquella mascara pronto se rompía en pedazos…

Esta página de nuestro “cuento” estaba a punto de ser cambiada… Estás páginas en blanco comenzaban a agotarse.

Cosas como el amor, los sueños o la esperanza. Todo eso lo tiré a la basura. Sabía que era un error… Pero, una parte olvidada de mí, quería detener mis pensamientos.

Tenía la sensación de estar manteniendo una ventaja falsa. Creo que ya he tenido suficiente… Ya me había hartado. Algo agridulce había sido escupido. Aunque sea cercano, es imposible percibirlo…

-Álvaro…Tú no me amas ¿verdad?- ¿Qué estabas diciendo ahora? Comenzaste a derramar unas cuantas lágrimas sonriendo de manera tranquila.

-¿Y ahora de qué hablas?…- ¿Desde cuándo lo sabias? Parecías tan segura y sin ningún nervio que delatar en tus expresiones.

–“Somos perfectos” Fue nuestra primera mentira juntos. “Nosotros siempre estaremos bien juntos” Fue la segunda. Estas mentiras a las que sucumbas decían que seríamos tan perfectamente felices…Sólo basta con mirar aquella sombra burlona para saber que es mi imaginación negándose a aceptar. Sé que ocultaste tu verdadero yo… “Así es, soy el payaso que deseas, contrólame” Fueron mis pensamientos… – Valeria… Deja de sonreír… Detén tus palabras. No quiero oírlas. -Mi única fuerza eran aquellos felices recuerdos aunque se fuesen transformando en agonía… Yo sabía que este amor estaba muerto desde el comienzo…Incapaz de creer, no queriendo hacerlo.- Sentí mi pecho siendo estrangulado. -Recuerdo los días en los que me sentía amada. Rodeada de sonrisas y de amabilidad… Yo creía que era el destino cuando mi corazón latía de pensamientos felices. No te importó, aunque no me lo digas directamente, aun así yo lo entiendo. ¿Sabes en lo que mis sentimientos se han convertido? Nunca quise esto… Yo creía que era incierto. Nunca quería dudar de ti… Desde el principio todo era mentira… Pero como una tonta seguí enamorándome… Y ahora sé que este es el triste final de mi fe ¿Crees que realmente nunca lo supe?- El telón había caído. El falso actor que utilizaba dulces mentiras para manipular por fin fue condenado…

– ¿Soy así de perverso?- Comencé a carcajear. -“Me gustas” Hazme decir esas palabras Valeria. Si puedes.­­- No pude parar de sonreír ante tus palabras, aunque esta sonrisa se estuviera quebrando. Tan sólo un corazón coronado con algo como afecto o amor fui incapaz de entenderlo. –Tienes razón, ambos nos divertimos. Te quedaban hermosos los hilos que me permitían utilizarte.- No, no era lo que quería decir… La razón por fin se había escapado de mis manos. La locura sólo iba en aumento. Y las palabras de un lunático salían a flote…

-Por fin tu verdadero rostro…- Reíste gentilmente. -Todo fue un capricho de tenerme a tu lado ¿no es así? Pero creo que ahora ya no estamos jugando…”Te amo” Para ti sólo fue una sencilla frase, es sólo algo más que una herramienta rota. Me he preguntado si algún día te arrepentirás de esto…-

-¿Piensas que esta es una cara de arrepentimiento?- Me acerqué a tu rostro. -Lo nuestro fue tan sólo físico… Nada tiene que ver el corazón. ¿Cómo podría lamentarme por eso? ¿Realmente eres así de ingenua? ¿Cómo puedes sonreír? ¿Acaso lo haces por ignorancia?-

-No te quiero, no te necesito, te olvidare. Fueron palabras que nunca diría… Te seguiría el juego. Me resigné, porque sabía que no podría huir. Mi corazón no ha cambiado y no lo hará. Sin importar el hoy o el mañana te amare. Por eso, tengo que alejarme de ti…He llegado a mi límite. Álvaro… El amor no es de uno, se compone de dos… Gracias por todo. Pero, no quiero ser la chica de este texto.- Me entregaste un grueso y olvidado libro. Aquel que nos dio este pequeño vinculo.

Trataste de convertirme en un caballero… En un príncipe… En un Romeo. Sin darte cuenta que en ese cuento todo era una tragedia.

No quiero estar aquí… La realidad en la actualidad es mentira. Ya que el “príncipe” se ha ido lejos y desechado. Entonces voy a dejar las cosas con “el otro yo”. Convertiré esta situación en una comedia. Para volver a fingir que no te necesito. Sólo quería oír tu voz. Quería que borraras este sentimiento de desazón. Tu lienzo había sido pintado de mentiras. Una y otra vez…

Ningún amor es auténtico. El corazón supletorio nubla cualquier sentimiento. ¿Qué es el amor? De nuevo alzó la voz a esa pregunta. ¿Es algo… dulce? Ya que algo de lo que conozco es sólo amargura, sé que no seré capaz de entender lo que es… Pero, todas tus dulces palabras… Tu gentileza, tu amabilidad, tu calidez… Siempre estuvieron conmigo.

Mis lágrimas seguramente son demasiado transparentes como para ser vistas. Quiero que me ayudes. No puedo dejar de pedírtelo. Nadie más que tú puede. No hay manera de que diga algo así… Todo eso hizo que me diera cuenta de mi inmadurez y debilidad.

-Oye… El que no digas nada, es muy cruel. Pero de cierta manera me siento algo aliviada. Ahora no me duele… Ves… Te olvidaré… Eso probablemente sea mentira… Pero…- Tu voz se hizo en silencio ante las gruesas lágrimas. –Lo siento… Tengo que decirte adiós. Gracias por haberme soportado, incluso aunque fuesen mentiras…- Besaste mi frente y presurosa te marchaste. Fue nuestro adiós definitivo…

Y ahora… Me encuentro en la penumbra. Siento que algo comienza a desmoronarse de mi ser. Sin saber lo que me atormenta… Yo sólo gimoteo y me quejo. Pero verte de esa manera, me causa impotencia…

Sin tocar las heridas que nunca revelé, tú me rodeaste con tu ternura. Quizás no pueda devolverte eso con la misma o el triple de la cantidad que me diste, aun así “Me gustas” o “Te amo” Mira, ahora puedo decirlo, sin embargo no lo hice en el tiempo que es debido. ¿Por qué el amor tiene que ser así amargo? Apuesto a que debe ser una tribulación para sacar más dulzura.

… Sólo hazme olvidar semejante amargura. Que esta semejante pesadilla se ilumine. Que termine hasta el punto en que me desvanezca. Hasta que pierda la cabeza. Hasta llegar a lo que deseo… Hasta que vuelvas a amarme…

Este idiota que se está incorporando… Se está enamorando…

Los días han pasado. El tiempo continúa su curso habitual en todos los sentidos. Ahora que lo tengo en claro, me doy cuenta de que anteriormente mi vida fue monocroma. ¿Fue lo que siempre quise? No. Ahora soy capaz de decirdirlo.

Incluso puedo decir lo importante que es Lisandro para mí… Él tenía razón… Hermanos jamás seremos. Mejores amigos, puede que sea cierto. El ser egoísta nunca me dejó ver eso. Tal vez estemos separados por tal acontecimiento. Pero estoy seguro de que enterraremos este pasado con unas cuantas lágrimas para que lentamente se pierda.

La soledad sólo aumentara y probablemente te olvidaré… ¿Cuándo aprenderé a dejar de mentir? Por supuesto que no podré olvidarte. Me he aferrado a tus recuerdos. Lograste penetrar mi corazón. Conseguiste dejar una marca…

Sigo pensando en ti. Necesito verte. He descubierto lo que realmente siento. Esto no es sólo un juego. El corazón me duele. Pensé que podría ganar. Cuán equivocado estaba.

Creí que eras una bailarina y que esta pieza de baile podría dominarla.

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Me he convertido en presa. Sin saber cuándo fue o cómo… Esto es una torcida realidad, y un quebrado corazón. Esta barrera por fin se ha destruido. Mi corazón late fuerte por ti.

Aunque sea muy falso si pudiese ver tu rostro, si tan sólo tocara tu mejilla o si tan sólo tu voz pudiese oír, quizás está angustia se iría.

Amar y ser amado nunca me había importado. Lo creí irreal… Puede que la sincronía no esté presente. Fui amado, pero nunca amé. Y ahora que por fin lo logré, no soy correspondido.

Una poción de amor, eso debía ser. No. Claro que no era eso, es imposible que exista.

Mi celular comenzó a vibrar. Cayó de la mesa en donde se encontraba. Al instante abrí mis ojos, sobresaltado un poco del sillón. Sin ánimos, me levanté. Mi postura parecía de un alcohólico, tambaleaba al caminar, mis piernas flojas y sin mucha movilidad, se doblaban a cada paso.

Cogí el móvil. Encendí la pantalla. Era un mensaje de Lisandro.

Llegaras tarde. Perderás tu última oportunidad. No la arruines. ‘‘

¿Última oportunidad? No comprendía. Sin previo aviso, sonó el tono de llamada. Era Lisandro.

-Al habla Álvaro.- Contesté rápidamente.

-¿Te llegó mi mensaje?-

-Sí, sólo que no lo comprendo ¿A qué haces referencia con “última oportunidad”?- Pude oír un gesto de disgusto y sonido de reproche.

-¿No lo sabes?- Preguntó con tono burlón.- Sabía que no… Alva, Valeria se ira de la ciudad a vivir con una amiga a Madrid. Es tu última esperanza. Por desgracia todo se puso en reversa para ti. Es el momento de revelarle todo ¿no lo crees?- Fue directo y muy claro.

Sentí una descarga eléctrica recorrer mi cuerpo. Un pequeño rayo que revivió mis dormidos ojos. Mis piernas comenzaron a temblar. Mi corazón bombeó lejos de lo normal. Pareciera que quisiera salir por la boca.

-Es mentira- Fue lo único que pude decir con mis labios fríos y sin vida. Yo no quería creerlo, no quería oír sobre ti.

Se oía como de la otra línea, Lisandro suspiraba, decepcionado de mi reacción.

-Central 18, calle Perenil. Hora de salida. 5:30 pm-

Colgó al decir la última frase.

Sentí cómo el soporte de mi cuerpo se quebraba. Me tumbé sobre el sofá, dejando libre el agarre de mi celular.

Miré a un vacío. Quería asimilar cada una de sus palabras. Volteé unos instantes al reloj de pared.

5:03 pm. Mis ojos quedaron fijos, viendo como la manecilla de los segundos daba su trayecto. Me levanté, ahora con nauseas, sentí por una instante, mi cuerpo a punto de caer. ¿Esto es lo que llaman depresión?

Y ocasionado por quien, por ti, tú. Una persona que en mi vida jamás debió perforar mis emociones.

El doctor Blake tenía razón en algo. El maldito corazón sólo es un órgano que bombea sangre.

Sería fácil dejar pasar tu ida, olvidarte como una fotografía en un álbum. Sera mejor para los dos. Pensé. Sin embargo, ¡No sé por qué demonios estoy corriendo rumbo al aeropuerto!…

El viento en mi cara lastima, pero también se lleva mis frías lágrimas. Tu rostro sólo tu rostro predomina en mi rumbo. Quiero verte, quiero tocarte. Yo… Yo no puedo vivir sin ti… Te amo… Es tan deplorable que hasta ahora tenga el valor de gritarlo.

El temor de ser olvidado o ignorado fue desechado. Todas estas emociones reservadas son liberadas. Estoy perdiendo el control de mis acciones… Pero ya no me importan…

…¿Q-Qué es esto? ¿Por qué mi vista es borrosa? ¿Eso que escucho es una ambulancia? Me cuesta respirar. Mi cuerpo se siente liviano. Esas dos pequeñas están llorando, su rostro es pálido. Un señor parece preocupado…

-Súbanlo con cuidado- Da la orden una persona con el logo del hospital Unlione. ¿Qué ha ocurrido?

-¡Mierda!- ….D-Duele. Una de esas personas me ha subido a una camilla un poco brusco. Demonios duele mucho…- Ten más cuidado imbécil, este hombre está rozando la muerte-

Maldición… ¿Qué estaba diciendo? ¿Rozar la muerte? Mis ojos se vuelven pesados. Dormiré con esa ruidosa alarma de la espaciosa ambulancia… Aunque sea forzadamente, pues mis parpados parece que no aguantaran tal pesadez….

Con el olor a medicina, desperté ahora en una camilla blanca. Conectado a 4 cables. Dos en las fosas nasales. Uno en mi antebrazo derecho y los últimos en mi pecho. El marcador de pasos se oye estable…

Ahora lo recuerdo. Salí corriendo y vi una intermitente luz. El sonido de un freno desesperado. El gritar de dos pequeñas. El contacto de mi cuerpo con un metal frio y pesado fue lo único que pude percibir.

-Joven Álvaro, siga la luz-

-Doctor no parece responder-

-Busca en su expediente y llama a algún pariente o conocido-

-Enseguida-

Los sonidos se vuelven más leves. A penas escucho esas voces.

-Tranquilo joven Álvaro, ha sido un golpe de suerte no pensamos que se pudiera salvar- Dijo el Doctor Blake sonriendo – Es impresionante que haya aguantado la noche-

Lo he arruinado, he perdido mi oportunidad. Seguramente tú seguirás en ese avión rumbo a Madrid.

No puedo dejar de sonreír por mi idiotez. Lágrimas se combinan con esta sonrisa de dolor.

Hay personas que no deberían poder amar… y creo que soy una de ellas. Soy inmaduro, idiota. Todo un crío cuando pensaba que tú lo eras.

¿Qué más da ahora? Si decido rendirme… ¿A quién le importa?…

Si hubiese podido decirte adiós antes… De esta manera. Incluso podría haber fingido no darme cuenta del dolor que siento y las mentiras de esta espina incrustada, se irían.

Las lágrimas que cayeron de tu mejilla oprimieron mi pecho.

Aunque me odies… porque está bien incluso si me odias. Esconderé este pequeño deseo, este sueño y estos sentimientos en mi corazón. Aun cuando quiero decírtelos cada vez más.

Seguramente… Encontraras la felicidad… Lo que tú posees, es lo que yo perdí. Desapareciendo en una profunda depresión agitándose hacia mi interior.

Fui tan feliz en ese momento… y también tan estúpido por no darme cuenta. Aunque lo deseé, no volverá…

Resuena un eco suavemente en mi pecho. Si te pudiese observar de nuevo ¿me sentiría mejor?

Si tan sólo pudiera detenerse el tiempo…No, eso no se puede. Lo que prometiste ese día, fue no cumplir con mi castigo.

-Pueden pasar, el paciente está estable-

-Álvaro…- Corrió Emilie hasta mi camilla seguida de Isabel. Me odio… hice llorar de nuevo a las personas que amo.

-Oh, dios mío Alva- Exclamó Isa.

-Álvaro idiota…- Entró Lisandro y junto a Emilie se inclinó a mi camilla. -¿Por qué siempre haces este tipo de cosas?- Reprimía sus lágrimas.

A penas duras sonreí… Estaba feliz que estuvieran aquí… pero, volví a hacerlo. Volví a preocuparlos. Lo siento. Lo siento Emilie… Lo siento Isabel… Lo siento, hermano…

-Idiota…- Lisandro sostuvo mi mano. Agradecía tenerlos conmigo, pero… no los merecía. No merecía a ninguno de ellos.

-Señor Riveil, necesitamos que firme algunos papeles-

-¿Eh?… Por supuesto-

-Espera Lisandro, yo los firmare, tú quédate con Alva- Lo detuvo Isa y salió junto con la enfermera.

-Estará bien Emilie- Intentó consolarla Lisandro. -¿No es verdad, Alva?- Me sonrió de manera tranquilizadora. Por algo él era el hermano mayor ¿no es así?…

Lo miré triste y sonreí.

-Disculpen…- Escuché esa tierna voz, mi corazón se aceleró… No lo podía creer… Eres tú. Valeria… -¡Álvaro! ¡¿Qué te ocurrió!?- Intentaste correr, pero Lisandro te detuvo.

-Valeria tranquila, te dejaremos a solas con él. Tienen mucho de qué hablar… así que cálmate.- Emilie y Lisandro salieron sin antes regalarme una sonrisa.

-Oh…Álvaro…- Corriste con lágrimas en los ojos. Me abrazaste tratando de no hacerme daño.

-Por favor…no te alejes- Mis palabras se esfumaban como un susurro.

Tu cuerpo temblaba. Tus lágrimas resbalaban sobre mi pecho.

-Lo siento… – Intenté decir

-Álvaro… ¿Por qué tú…? ¿Por qué me haces esto?- Dijiste entre quebrada.

-Soy un idiota Valeria, siempre lo he sido…-

Miré hacia la ventana… Las hojas secas caían traviesamente. Volteaste tu mirar hacia el mismo lugar.

Con una sonrisa dijiste. –Es hermoso ¿verdad?-

Sin saber que el final se acercaba. No dije nada

-¿Por qué volviste?- Pregunté triste

-No podía irme… Quería engañar mi alma y decirte que no te necesitaba… Pero, es mentira, te amo… Y nunca cambiaran estos sentimientos por más que quiera desecharlos. Por más que me hayas dicho lo que realmente sentías todo este tiempo, aún lo conservaré. – Volviste a sollozar.

-Eres una idiota…Una idiota que se enamoró de otro idiota. Siempre quise que me odiaras. No soportaba ver la misma sonrisa de mi madre en tu rostro. No quería amar… no podía, no debía… Jugué con tus sentimientos porque quería aprender de ellos. Quería que mi mente entendiera que el amor es sumamente cruel… ¿Por qué lloras? – Tomé tu rostro frágilmente. Que cálido se sentía. –No dejes que nadie más las vea… Confieso que incluso ahora, deseo que me odies. De lo contrario sufrirás. “Te amo” siempre fue una palabra vacía para mí. Pero, si la volviese a escuchar de tus labios, que feliz sería. Lo siento… Soy un egoísta. – Limpié tus lágrimas.- Jamás olvidaré esos momentos felices que pasé contigo. Quiero que seas feliz y encuentres a alguien que nunca deje que estés triste.-

-Álvaro…yo…

-Sonríe… Sonríe a todo el mundo. No llores más… Prométeme que serás feliz.- Besé su frente con mis pocas fuerzas. –Siempre juntos ¿verdad? – Intenté sonreír con unas cuantas lágrimas en mi mejilla. Discúlpame por haber dicho esas palabras cuando en el fondo no pensaba cumplirlas. Sabía que era mentira pero… -Te amo-

– Álvaro… ¿Álvaro?… ¡Álvaro!… ¡Doctor!-

-¡Enfermera, deprisa traiga el desfibrilador! ¡Lo estamos perdiendo!… Joven Álvaro vuelva… ¡Enfermera deprisa! Lo siento señorita… necesita hacerse un lado y salir-

Aquel día fluían en mi interior una canción nostálgica y los recuerdos, de ti y de mí riendo juntos… Me pregunté si algún día sería capaz de dejarlos en el pasado. Culpé a otros de mis debilidades. Desesperado buscaba una solución. Buscaba sin darme cuenta un refugio para no ser herido.

-Listos para la primera descarga… ¡AHORA!-

Deseaba poder detener el tiempo. Porque estaba tan asustado de convertirme en adulto, de crecer… De madurar…

Te pido que me abraces. Dibujaré el futuro que soñaste para nosotros con estos sentimientos que por ti se desbordan para que nunca se desvanezcan.

-Segunda descarga… ¡YA!-

El momento de nuestra despedida se acerca. ¿Por qué no puedes quedarte por siempre aquí? El destino tiñe nuestros corazones con su crueldad…

Las palabras que resuenan en el cielo azul, las diré infinidad de veces para ti…y tristemente florecerán para llegar a tu corazón…

¡No por favor, no quiero irme! ¡Suéltenme! ¡Álvaro!

-Tercera descarga…-

-Doctor… creo que…

-¡Tercera descarga dije!

No olvides nunca que… Te he amado…

-Cuarta descarga… ¡YA!

Suavemente tu voz va desapareciendo y el cielo cae en pedazos ante mis ojos…

-Quinta descarga… ¡YA!…

-¡Lo perdemos!-

-Sexta descarga… ¡Ahora!-

Las palabras se esfuman… Los recuerdos desaparecen… Todo se vuelve negro… Adiós Valeria…


-Érase una vez, un niño que tenía que crecer. Viendo cómo era el mundo que le rodeaba, pronto comprendió que su corazón de niño representaba muchas de las cosas que le hacían débil y que le impedirían convertirse en adulto. Así pues, el niño decidió deshacerse de su corazón y guardarlo en una caja. Durante años fingió que no lo necesitaba. Pero a menudo, desde el interior de la cajita sonaban los latidos, tan altos y vibrantes que parecían sonar como notas musicales en su oído. Recordándole, a aquel quien fuera un niño en algún tiempo, que ese corazón seguía allí, dormido y olvidado, pero vivo. Y hoy estamos con este niño… Álvaro Crowley a más de un año de su partida. Una persona que pensó que el amor nunca le llegaría. Demasiado tarde estamos reunidos para demostrarle lo equivocado que estaba. Siempre te llevaremos en el pensamiento Álvaro… Mi querido hermano. – Terminó Lisandro dirigiéndose a la lápida y al ataúd que yacía en el fondo de la tierra. Un lugar frío.

-Amén- Exclamaron los presentes haciendo plegarias. Pero, de todo ellos, la persona que más rezó fue una joven… una tierna joven que amo al borde de perderlo todo. Valeria Hoffman sostenía a una pequeña niña en brazos. La pequeña de los grandes ojos castaños claros, igual a los ojos de aquel quien fue su padre, no comprendía por qué su madre lloraba. Tenía tan sólo un año y cuatro meses desde que llegó al mundo.

-Te querremos por siempre Álvaro- Valeria depositó una rosa en el enorme montículo de tierra. Su largo cabello castaño limpió unas cuantas lágrimas de su rostro.

-Papi…- Balbuceó la pequeña. Valeria sonrió y continuó su camino hacia su hogar.

-Fernanda… ¿Cómo está mi sobrina consentida? -Lisandro tomó en brazos a la menor sonriendo y miró preocupado a Valeria. -¿Todo bien?-

-Sí- Ella limpió sus lágrimas y sonrió. Fingiendo. Porque en el fondo sabía que se estaba muriendo.

-Ya veo… Me sorprende que nunca le dijeras que esperabas a esta hermosura.- Besó tiernamente a Fernanda. A lo cual la menor sólo sonrió.

-Quise hacerlo… Pero no era el momento. Nunca lo fue…- Su voz cada vez se hacía más tenue. –Por cierto… ¿Qué tal te van las cosas con Emilie?-

-Mejor… Sus padres aún no me aceptan, pero al fin de cuentas mi prometida es Emilie, no ellos.-

Valeria rió ante su comentario.

-Cuídale…- Dijo melancólicamente. –Es hora de irnos Fernanda- La pequeña volvió a brazos de su madre. Valeria se alejó desapareciendo en aquel taxi.

Lisandro se quedó un rato más mirando la tumba de su hermano.

Un hombre que había estado presente en el aniversario de velación, había interrumpido la soledad de Lisandro.

-Ha pasado tiempo, ¿verdad? – Le dijo el individuo despreocupadamente.

– Bastante…- Devolvió el saludo- No quiero ser descortés, pero ¿qué haces aquí?- Preguntó Lisandro sin dejar de ver la tumba de Álvaro

-Vine a ver a este joven, pobre, murió tan deprisa-

-En efecto… Aunque lo odiabas ¿no?-

-Sí… Lo odiaba bastante, estoy muy feliz que por fin se haya marchado.-

-Ya veo…- Lisandro sonrió por un breve momento. –Valeria lo sigue amando. Su hija es tan encantadora. –

-Sí… La niña es un ángel casi caído. Parece muy feliz a su lado. Es una pena que Álvaro no pueda regresar de ahí- Dijo el hombre señalando la tumba. Sonrió, parecía feliz de poder hacerlo, pero por un lado, parecía triste. Lisandro le miró y calmadamente respondió.

-Tienes razón…

El hombre retiró sus gafas que por el momento le cubrían sus parpados. Lo tenía en claro. Álvaro no podía regresar con la persona que tanto amó. Era mejor de esa manera. No lastimaría a nadie al mantenerse alejado… Al menos así pensaba.

Tomó aquella rosa e inhaló su aroma. Lisandro le sonrió.

“Existen personas que no deberían amar… Personas a las que nunca les llega el amor…”

Leyó el epitafio.

-No, sólo son personas que no permiten la entrada.- Pensó.

Miró su tumba y triste le dijo adiós a su otro yo. Aquella persona que murió… Aquella sin amor…

-Vamos Lisandro- Dijo caminando derecho y apretando la rosa con su mano izquierda, haciendo que las espinas se le incrustaran en su piel de manera que lentamente sangrara.

-Por supuesto… Álvaro…-

“…Aunque su lienzo ha sido pintado de inmensos colores… El marco se ha perdido, dejando que el artista siga su boceto…”

¿…FIN…?

 

ABRAHAM ROCHA RDZ

EXISTEN PERSONAS QUE NO DEBERIAN AMAR… CAPITULO 25 & 26

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-¡Te mato! ¡Por dios que te mato!- Me encontraba discutiendo con Lisandro acerca de su forma de hacer que Emilie no se marchara.

-Creí que querías que ya no te ocultara nada… Mejor amigo.-Se burló de mí. Este tipo lograba cabrearme

-¡Jodido bastardo, deja de bromear!-

-Bueno… No tenía tiempo de comprar flores… Dijiste que no debía regresar sin ella, por eso tuve que hacerlo-

-Te voy a matar maldito escritor pervertido. ¡Fue un error comprarle aquel boleto a Emilie!…- Maldición… Estaba tan molesto por sus palabras, que sin darme cuenta me delaté.

Lisandro sorprendido, con los ojos como platos, tampoco esperó esa traición de mi parte.

-Álvaro… ¿Lo hiciste a propósito? ¿Sabías que aceptaría mis sentimientos?-

– . . . ¿Tienes algún problema con eso?- Exclamé en un tono bajo desviando la mirada.

-¿Qué hubieses hecho si Emilie realmente hubiera abordado aquel autobús?- Preguntó seriamente.

-No es tonta… Además, sabía que llegarías antes de que sucediera aquello…-

-Te estás contradiciendo. Pensé que el futuro no se podía predecir.-

-¡Cállate! ¿Así es cómo me agradeces?- Maldito Lisandro, a todo le encontraba una forma de joderme.

-Sí, si… Estoy realmente agradecido contigo. Pero nunca esperé que hicieras algo así por mí. Tú supusiste que no llegaría a tiempo ¿verdad?- Sonrió revolviéndome el cabello.

-Tú cabeza es un lio. Tardas mucho en ordenar una idea y en dar respuesta. Perderías minutos antes de que entendieras.- Me avergonzaba decirle eso, de cierto modo fui un egoísta. –Pero, no es como si lo hubiese hecho por ti. Yo no quería que Emilie se fuera… Probablemente, si tú no hubieras ido, sería yo quien fuera por ella a la terminal con una excusa creíble-

-Jaja, te odio…- Comenzó a carcajear. –Antes mentías mejor Álvaro ¿Qué ocurre?- Se sentó en el sillón despreocupadamente.

-¡Es la verdad idiota!- Me estaba poniendo realmente incómodo.

-Y tampoco te alterabas de esa forma… Pero, gracias.- Concluyó con su análisis así mi persona.

-Lisandro… Como buenos amigos que somos, necesito que me hagas un favor…-

-Por supuesto Álvaro, no podría negarlo.-

-¡Perfecto! ¿Podrías de todo corazón enterrarte bajo tres mil metros de profundidad en la tierra?- Sonreí angelicalmente.

-¡¿De dónde diantres sale tu aura oscura?!-

-¡¿Ahora de qué jodidos hablas?!- Ambos comenzamos a alzar la voz. Lisandro y yo teníamos un carácter bastante fuerte. Uno más infantil que el otro, pero aun así, podíamos defendernos uno del otro.

-¡¿Por qué no aceptas que lo hiciste por mi bien?!-

-¡Te estás volviendo muy arrogante! Ya te dije que no lo hice por ti-

-Ya vas otra vez… ¡Siempre negando que quieres ayudar a alguien más!-

-No voy a discutir contigo algo tan estúpido Lisandro.- Me calmé un poco. Sabía que si continuábamos, tarde o temprano saldrían palabras que nos terminarían lastimando. Si algo aprendí fue reservarme la verdad.

-Vale, pero que te quede claro que para mí, fue un noble gesto de amabilidad de tu parte.-

-Pareces mujer… Siempre buscando sacar pelea.-

-Oye… Si me das cuerda es porque tú también la quieres.-

¿En qué momento pensé que Lisandro sería buen partido para Emilie? Lo peor que pude hacer fue arrepentirme. Yo solo me condené.

-¿De qué tanto discuten?- Antes de poder responderle gravemente, entró Emilie a la habitación.

-No es nada Emi.- Traté de disimular. –Sólo le estaba agradeciendo a Lisandro el hecho de haberte alcanzado en la terminal. – Pude escuchar una carcajada por parte de Lisandro a la hora de oír mis palabras. Lo voy a matar… Algún día lo haré.

-Así es Emilie. Álvaro me estaba platicando acerca de su gran “error” ¡Oh! Y también de cómo fue que lo cometió…-

-¡Ah! Ignóralo Emilie, está delirando…- Lo interrumpí antes de que dijese una tontería. Este idiota podría delatarme con el único propósito de que yo le diera la razón.

Él comenzó a reírse. Maldito bastardo… Por fin tenía con que cobrarse todas las que le había hecho.

-Por cierto Emilie… Me gustaría que tuviéramos una cita.-

-¿Una cita?…-Ella se puso nerviosa ante la inesperada invitación de Lisandro.

-Sí, quiero compartir recuerdos contigo. Además de que necesito enseñarte varias cosas que desconoces.- Le guiñó el ojo derecho. ¡Maldito pervertido! Mira que proponerle algo tan vulgar frente de mí.

-Lisandro… ¿Sobrevivirías de agua y semillas?-Pregunté curioso.

-¿Eh? Supongo que sí… Me aterra la pregunta y no sé si preguntar el porqué de la misma.-

-Digamos que es lo que estoy pensando en darte de comer una vez que te encierre en una jaula.- Agregué calmado.

Emilie soltó una risilla, algo tierna e inocente. Comencé a odiarme por permitir que un lascivo como Lisandro fuese su primer novio. Maldita sea, había sacrificado a mi pequeña prima. Fui un idiota.

-Terminaré de desempacar… Álvaro gracias por aceptar mi inesperada decisión.-

-Para nada, me alegra que no te hayas marchado.-

-Gracias, espero no ser una molestia.- Parecía nerviosa. Toqué sus hombros y le sonreí. El que yo les ayudara a estar juntos, fue porque una parte de mí quería contemplarla siempre. Ahora que lo pienso, fue algo egoísta y cruel, porque de principio sólo pensé en mí. Pero, no importaba. Ya no había nada que remediar.

Ella se marchó dejándome con el burlón de Lisandro. Nunca me había sentido tan chantajeado como en esos momentos. Probablemente era el precio que tenía que pagar por mis arrogancias.

-Álvaro… Necesito preguntarte algo que ha estado rondando en mi cabeza cuando conocí a Valeria.- ¿Por qué justo ahora te mencionaba? No pude evitar sentir un pequeño tirón del pecho. Me puse realmente incómodo y nervioso.

-¿Qué es?- Pregunté un tanto aturdido. No quería más aclaraciones como la de Katherine.

-¿Tú realmente puedes amar?- ¿Y ahora que estaba diciendo? ¿Podrías ser que él se diera cuenta de nuestro pequeño juego?

Estás diciendo estupideces otra vez. No creo que amar sea de poder. Simplemente considero que existen personas que no deben amar porque comenten errores que son irreversibles. Actúan a base de sentimientos y no de razón. Siempre intentando ver el lado positivo a todo, cuando en realidad se han puesto una venda en los ojos para huir de la verdad. No hay personas que odie más que aquellas.-

-Quizás tengas razón… Pero, sin darte cuenta tú cambiaste Álvaro. No solías ser el tipo de persona que prestara atención a una relación. Nunca cuidabas un detalle. Jamás pensabas en la persona. Finalizar una relación para ti era como borrarla del planeta. Me di cuenta de aquel cambio cuando noté tu sonrisa en aquella foto. Era la primera vez en mucho tiempo que la vi de una forma sincera y pura. Además de que en aquel malentendido, fácil pudiste abandonar todo. Pero, te empeñaste en querer aclararle la verdad. Es más, te has exaltado cuando escuchaste su nombre ¿no es así? ¿Acaso sigues pensando en ella? ¿Hasta cuándo abandonaras tu orgullo? ¿Hasta cuándo aceptaras que la amas?-

-Cállate… Yo jamás podría llegar a amarla… Ella está descontrolando mi vida… Siempre en mis pensamientos rondando. Preguntándome siempre qué estará haciendo en estos momentos, con quién está. ¿No te das cuenta que me está molestando?-

-O te está dando lo que has anhelado…-

-¡Ya basta! ¿Qué sabes tú?-

-Estás exaltándote de nuevo. Anteriormente hubieses dicho algo más calmado. No te cabrerías tan rápido. Pero, cuanto más lo niegues, más fuerte se volverá… Álvaro ¿De verdad eres una de esas personas? ¿Tú no deberías amar?- Salió de la habitación dejándome exhorto en mis pensamientos.

-Idiota…-Susurré escuchando el pequeño rechinido de la puerta cerrándose. Aunque odié admitirlo… Tenía razón… Yo estoy cambiando. Te estoy dando más atención de la que mereces… Siempre tratando de estar contigo… Siempre anhelándote… Deseando tenerte… No lo permitiré. Nunca lo aceptaré…

Lisandro y Emilie salieron a su “cita” Estaba un poco furioso con respecto a sus palabras. Quería meditar acerca de mi comportamiento explosivo y atrófico.

¿En qué momento perdí de vista mi objetivo? ¿Podría ser que yo solo perdí control de mis emociones? Aunque el mañana sea incierto para mí… Todavía me queda una carta. La jugaré, apostaré y arriesgaré para poder ganar… confío en que no voy a fallar.

[Ding Dong]

Me sobresalté un poco al oír el timbre de la casa. Ni siquiera tenía tiempo para hacerme una idea de quién podría estar tocando a la puerta.

Me paré un poco molesto del sofá. Necesitaba calmar mis nervios.

-Señor Crowley, menos mal que lo encuentro. Siempre se escabulle muy bien.- Llegó un señor un poco anciano, con un toque elegante y distinguido. Su rostro se notaba algo cansado por el paso del tiempo. Él era el mejor amigo de mi padre y también su abogado.

-Oh… Licenciado Brais. Ha pasado tiempo.- Le estreché la mano. No es como si me hiciera ilusión encontrarme con esta persona.

-Lo mismo digo, mira que grande te has puesto. Cada vez te pareces más a Rafa…- Se detuvo en la última palabra. Como si hubiese tragado saliva, comenzó a ponerse nervioso–Lo siento…-

-Adelante, dígalo. Cada vez me parezco más al egocéntrico de mi padre. El distinguido Rafael Crowley ¿no es así?- Comencé a burlarme.

-Si… Escuche, sé que no desea saber nada del testamento. Pero la empresa necesita un líder… Por eso le pido que lo reconsidere.-

-¿Usted cree que yo necesito algo de ese hombre? No me importa que es lo que haya asentado en aquel papel. Yo nunca esperé nada de él. Además de que, usted licenciado Brais, parece llevar a flote la empresa que tanto amó mi padre. No encuentro la necesidad de buscarme. Y por lo que sé, ninguno de los empleados sabía que el señor Rafael Crowley tuviese un hijo. Pienso que sería sospechoso que de la nada salga un heredero-

-Señor Crowley, su padre realmente confiaba en que tomase su lugar una vez crecido. Él siempre lo presumía como su mayor orgullo, por eso no se preocupe por lo empleados. Es verdad que nunca llegó a presentarlo, pero todas sabían acerca de su esposa… Usted era muy joven como para presentarse. Pero, Rafael siempre vi por usted. Su educación fue formada con alto esmero de su parte.- Terminó su largo argumento.

-Lo entiendo perfectamente… Nunca me vio cómo su hijo, sino como su sucesor ¿Eso es lo que quiere decir señor Brais?- Ni siquiera valía la pena enfadarme. Hace tiempo opté por abandonar aquel sentimiento. –Gracias… Pero. No estoy interesado en cohabitar en el mismo ambiente de esa persona.-

-Señor Crowley…-

-Basta de formalidades. Que yo sepa usted es mayor para mí. Puede llamarme Álvaro. Después de todo, usted fue el amigo de mi padre. No intente cambiar nuestros puestos que me educaron para respetar edad, no nivel de trabajo-

Él sólo suspiró ante mis negaciones.

-Álvaro, ¿no crees que es hora de dejar de guardarle rencor? Él realmente te amaba, sólo que nunca lo expresó abiertamente.- No pude evitar reírme ante su exclamación tan divertida.

-Yo no le guardo rencor, no tengo tiempo para dedicarle tal emoción. –Suspiré agobiado, esta plática no iba a ningún rumbo que me agradase. –Señor Brais, le invito a tomar algo, sería descortés de mi parte que ambos continuemos esta conversación en la entrada de mi condominio.-

-¿Huh? Gracias… Con permiso.- Se adentró a la casa, cargando lo que parecía ser un pesado portafolio.

-Por favor, siéntase como en su hogar.- Le supliqué que se sentara en el sillón de la sala.

-Eres muy amable, muchas gracias.-

-¿Café, té, soda o un poco de alcohol?- Pregunté caminando rumbo a la cocina.

-Es muy tarde para tomar algo caliente, la soda me desagrada y no bebo bebidas alcohólicas desde hace mucho. Agua está bien, por favor.- Pudo ahorrarse todas aquellas explicaciones… Pero, supongo que trataba de rechazar educadamente.

-Aquí tiene.- Le extendí el vaso, sentándome en otro sillón. Esperando a que le diese un sorbo a su bebida.

-Gracias.- Bebió hasta la última gota. Creo que en el fondo sabía que se gastaría su aliento tratando de convencerme, como siempre lo había hecho. –Álvaro… Haciendo de un lado la empresa de tu padre. Quiero aclararte también que tu antigua casa está incluida en el testamento.-

-¿Usted piensa que me agradaría regresar a aquel lugar? No tengo ningún momento agradable el cual merezca la pena recordar de esa prisión.-

-Oh vamos… Allí pasaste tu niñez. Estar solo en este lugar no debe ser grato.- Observó toda mi casa como escaneándola.

-Está equivocado. Si regreso a aquella casa. Probablemente esté aún más solo. Desde aquel accidente de mis padres, por más cruel que suene comencé a estar rodeado de personas. Por eso, no hay ningún objetivo de regresar al pasado Licenciado Brais. Además de que en estos momentos no vivo solo. Comparto está casa con un amigo.-

-¿Un amigo? Interesante, recuerdo que cuando te conocí parecías una persona solitaria y reservada.-

-Eso ha sido grosero, señor Brais. ¿Insinúa que cuando nos presentamos me sentenció para no tener ni un amigo? No soy tan introvertido.- Sonreí un poco. Realmente no estaba ofendido porque yo también llegué a pensar lo mismo.

-No quise decir eso… Me disculpo, si te incomodé.-

-No se preocupe. Su nombre es Lisandro, Lisandro Riveil, lo conocí antes de que me avisaran sobre la muerte de mis padres. Desde ese entonces él ha estado a mi lado. Junto con mi pequeña prima.-

-Espera… ¿Has dicho Riveil?-

-Si… ¿Hay acaso algún problema?- Pregunté mirándolo confuso. Parecía horrorizado y extrañamente perdido en sus pensamientos. -Licenciado Brais. ¿Usted lo conoce?

-No, lo siento. Conozco a su madre… Pero, nunca pensé que ustedes dos se llegarían a encontrar algún día…-

-¿Qué está diciendo? ¿Acaso hay una razón en especial para nunca encontrarnos? El mundo es pequeño.-

-No me digas que tú no…- Pausó nerviosamente. Como si estuviera a punto de decir algo que me estaba ocultando. –Olvídalo… Me he desviado.- Comencé a intrigarme acerca de lo que dijo. Esté señor estaba escondiendo algo que parecía muy importante.

-Ya veo.- Estaba un poco incómodo. El silencio había predominado por unos segundos.

-Cierto… Hablabas acerca de tu prima… No sabía que Rafael tuviese sobrinas.-

-Para nada. Perdí contacto con la familia de mi padre. Mi prima fue sobrina de mi madre. Se llama Emilie Miller.- Le extendí una fotografía de ella para que la pudiese contemplar mejor.

-¿Ah? No puede ser, es toda la imagen viva de tu madre. Tiene un gran parecido con Fernanda. Es como verla, sólo que más joven.-

-Lo mismo pienso yo. ¿Ahora entiende por qué no debo regresar a aquella casa? Si me voy ahora, me quedaré solo.-

-Probablemente tengas razón… Pero, ¿realmente abandonaras todo?-

-No, nunca fue mío. Más bien diría rechazar. No aceptaré tales cosas provenientes de una persona que me explotó de pequeño.-

El licenciado Brais suspiró, resignado. Anteriormente siempre fue así. Yo rechazaba y el regresaba cada 6 meses o quizás más. Me sorprendía siempre su tan ardua insistencia.

-Álvaro… Tu padre realmente quería que lo sucedieras. No había otra cosa que anhelaba más que verte triunfar. Por eso, yo cumpliré con sus peticiones. Por favor reconsidéralo.- Abrió su portafolio y sacó una gran carpeta de color beige con un sobre blanco muy bien sellado. –Toma, puedes leer el testamento. Oh, y está es una carta que Rafael escribió para cuando tú fueses un adulto. Puedes leerla si gustas. No estás obligado.-

Tomé ambos papeles y le agradecí por su entrega. Dudé un poco con respecto a la carta. Podría ser un engaño de su parte para que yo aceptase dirigir la compañía.

-Si no hay nada más que decir, creo que me retiro. Gracias por escucharme. Me ha dado un gusto saber que estás mejor. Adiós.- Se despidió estrechándome nuevamente la mano.

-Que le vaya bien-

Una vez marchado. Exhausto decidí entrar a tirarme sobre mi cama y dormir tranquilamente. Ni siquiera me interesaba la supuesta carta de mi padre. Si para no regresar al pasado tenía que borrar el indicio de este en el presente. Yo debía tirar la carta, pero había decidido guardarla. Quizás algún día la leería. ¿Con qué objetivo? No lo sé, tal vez era un poco curioso.

Recordé entonces acerca de lo que dijo de Lisandro. Nuevamente sentía una inquietud en el fondo. Quería saberlo, pero se había detenido.

Tales pensamientos de nuevo fueron interrumpidos por el sonar del timbre. ¿Ahora quién? Podría ser que el licenciado Brais haya omitido algo y sólo regresaba para decírmelo. Era molesto, pero tenía que atenderlo, después de todo, Isabel y él cuidaron de mí.

-¿Qué ocurre señor Brais?- Pregunté al instante que abrí la puerta. Oí una risilla, algo molesta pero familiar.

-Lo siento Álvaro, creo que no soy el señor Brais.- Sonreíste burlándote un poco acerca de mi suposición.

-Perdón, acabo de tener una visita y pensé que eras él.- No pude evitar observarte. Maldición ¿Por qué cada día que pasaba te veía más hermosa? Tu largo cabello suelto brillándome. Tu leve maquillaje que hacía resaltar tu vista. Tu fragancia que me invitaba a abrazarte. No hay duda alguna. Si no te tengo, te deseo. Así funciona ¿verdad? Igual que un objeto material.

-Por lo que veo, no recibes muchas visitas ¿no es así?- Dijiste dulcemente. O al menos así lo percibí… -Entonces, ¿me vas a dejar entrar o tengo que pedírtelo?- Bromeaste.

-La sutileza nunca fue lo tuyo ¿cierto? Adelante pasa a la cueva del lobo. Claro, si no temes ser mordida.-

-¡¿Qué estás diciendo?!… Idiota.- Comenzaste a ponerte nerviosa y levemente te ruborizaste. –Sin embargo, “el lobo” tiene correa, así que supongo que estaré bien- Volvió tu forma arrogante y pasaste esquivándome.

-No del todo. Puede ser que alguien la haya roto. Después de todo, no era un perro.-

-¿Eh? ¿A qué te refieres? Tú y Katherine…-

-No es nada. Vamos-Te interrumpí y posé mi mano sobre tu espalda guiándote hasta el vestíbulo. –Y bien… ¿A qué has venido?- Pregunté sentándome en el sofá. Tú hiciste lo mismo y me observaste por breves momentos.

-No vine por una razón específica. Sólo quería saludarte.- Lógicamente estabas mintiendo.

-Ya veo. ¿Cómo sigues?- Pregunté recordando tu accidente. No es como si realmente me importara tu salud. Pero, realmente me tenías preocupado.

-Mucho mejor, gracias de nuevo… Escucha Álvaro… Quería disculparme por la actitud tan estúpida de Joel.- Agachaste la mirada avergonzada. ¿Por qué eras así? Siempre culpándote de tales cosas. Quizás esa sea la parte que odié más de ti.

-No me molesta en absoluto. Además de que no tienes por qué disculparte. Tú no eres responsable de nada.-

-Aunque digas eso, realmente prefiero que sea así- Comenzaste a inquietarte jugando con tus manos. -¡Oh! Casi lo olvido. Toma.- Me entregaste una bolsa blanca. –No sabía cómo agradecerte, así que le pedí a mi tía que me ayudara. Sé que no te gustan mucho las cosas dulces, pero me esmeré en hacerlo. Por favor acéptalo.- ¡¿Desde cuándo te habías vuelto tan tierna?! Te odio…

-Gracias. ¿Qué es?-

-Oh… Es pastel de queso con mermelada de zarzamora. Espero que te guste.- Volviste a sonreír. Me sentí un poco cabreado. Sentía que me estabas retando.

-No tenías que hacerlo-

-Por eso es un agradecimiento Álvaro–

-Pensé que sólo venias a saludarme- Sonreí un poco por tu descuidada confesión.

-Si… Pero… Yo…-

-Ni siquiera tienes una excusa. –Me reí un poco ante tus reacciones. ¿Qué ocurría? Estar contigo hacia que mis preocupaciones exteriores desaparecieran.

-Me has atrapado.-Relajaste tus hombros, como con más confianza.

-Entonces supongo que te quedaras a degustar el pastel conmigo.-

-¿Eh?… No. Yo ya me iba.- Comenzaste a arreglar tus cosas de manera apresurada. ¿Qué te ocurría? Pareciera que deseabas irte lo más pronto posible. Como si yo lo fuese a permitir.

-Que cruel, me dejaras solo.-

-¿Lisandro no está contigo?- Preguntaste sorprendida, calmando más tus acciones.

-No, salió a una “cita”-Hice comillas con mis dedos.-con mi prima. Digamos que fue culpa mía que esos dos hayan terminado juntos.- Exhalé agobiado.

-¿Enserio? Quién lo diría. Pareces cupido…-Sonreíste de una forma extravagante y única. Hacía tiempo que no veía tu sonrisa, ni siquiera entablaba una conversación así. Cuando quieres dejas de ser molesta y ruidosa.

-¿De verdad? Entonces, creo que sería conveniente tirarte una flecha.- Volviste a ponerte nerviosa. Que problemático, parecías una niña. Era fácil jugar con tu corazón.

-Por favor, deja de bromear…- Me imploraste con una mirada triste. Aquellos ojos tiernos, fueron como una punzada en mi pecho.

Tenía que cuidarme. Estos pequeños gestos de tu parte me hacían erizarme. Y si las palabras de Lisandro tenían verdad, debía alejarme. Pero eso sería como admitir una derrota, cosa que no aceptaría aunque me la pusieran en charola de plata. Yo todavía no estaba acabado. No mientras tú siguieras prendada de mí. Por tu sonriente rostro me estaba dando cuenta, que aquella herida, la estabas logrando cicatrizar. Entonces permíteme ser de nuevo la infección. Aquel que no te dejé salida, para que el mar te pueda tragar.

-¿Quién está bromeando- Besé tu mejilla. Lo sabía, sigues usando la misma fragancia. Tu piel sigue siendo igual de suave y aún te sonrojas por un gesto tan insignificante. ¿Por qué no había descubierto aquello que me inquietaba? No encontraba aquello que me hacía estremecerme. ¿Quién rayos eras tú para hacerme sentir de esa manera?

-Deberías dejar de hacer eso… Tú tienes a Katherine… ¿Por qué me ilusionas de esa manera?… Que cruel eres…-Comenzaste a sollozar con una voz casi tenue.

-Katherine me terminó. Ella y yo no somos ni amigos Valeria.-

-¿Eh? ¿Te terminó? ¿Por qué haría eso? Quiero decir… Eres amable, gentil, dulce, tierno…-Bajaste el tono de tu voz. En verdad eras un tonta. Mira que catalogarme con esos adjetivos. Eras tan ciega, tan vulnerable. Tanto que me desagradaba esa parte ignorante de ti.

-Valeria, una relación no se basa sólo en la gentiliza de una persona. Se debe demostrar. Supongo que Katherine lo notó. Inconscientemente, hay cosas que mostré del pasado y probablemente la hirieron. Por eso, nuestra relación no llegó a más. Y creo que lo entiendo.-

-Pero…-Toque tu mejilla, tratando de que no dijeras más. No podría inventar otra mentira.

-No pongas esa cara, eres una cría aún.- La apreté sutilmente. –Si quieres consolarme, quédate conmigo a probar tu pastel, después de todo pudiste echarle veneno.-

-¡Eso es mentira! Idiota… Sólo me quedaré para que no digas nada.- Hiciste un puchero y volteaste la mira tratando de parecer molesta.

-Pero serás tú la que lo pruebe primero. De verdad me das desconfianza.- Comencé a gastarte bromas sin sentido. Jugando cual niño travieso. ¿A dónde iría a parar?

-Como si yo pudiera hacer eso. Te odio…-

-Claro que no me odias. Sino no estarías aquí.-

-Cállate… ¡¿Por qué te gusta pelear conmigo?!- Te exaltaste un poco.

-No estoy peleando. La única que está alzando la voz eres tú.-

-Eres un fastidio cuando te lo propones.- Tu rostro molesto, sólo lograba hacer que me diera cuenta de que tan bella eras. Decidí parar con la pequeña riña, de lo contrario, terminaría confundiéndome de nuevo.

-Valeria, ¿Tú eres feliz con Joel?- Aquella pregunta salió inconscientemente. También el sonido melancólico.

-¿Por qué lo dices?… Él y yo terminamos ayer. Me di cuenta de que aún no estoy lista para empezar otra relación con alguien más… Si te soy sincera, mis sentimientos por ti no han cambiado. Soy un desastre ¿no es así? Usando una excusa tan triste para venir verte. Lo siento…- Una parte de mí, se alegró al oír tal afirmación. Estaba emocionado y eso no me agradaba. Me incomodaba, pero me aliviaba.

-Ya veo… Valeria-Llamé tu nombre.

-¿Sí?-Alzaste tu mirada, parecías un poco exaltada.

-¿Entonces no está mal si hago esto de nuevo?- Tomé tu nunca acercando nuestras frentes. Te miré unos segundos y recorrí tus labios con mi pulgar. Tu cristalina mirada era tan embriagante. Cerraste tus ojos, dándome una aprobación de que debería continuar.

Besé frágilmente el borde de los mismos. De nuevo el sabor a fresas… Joder…

CAPITULO 26 …. CONTINUACIÓN

Ambos prolongamos aquel beso. La pasión, el deseo y la ansiedad, estaban revueltos con lo que podría ser la necesidad de buscarnos el uno al otro. Es molesto, es abrumador e irritante, pero sí de ese modo podría tenerte, debía tomar precaución.

De negro tu realidad yo la pienso pintar, por eso no debía correr riesgo. Una caricia o una sola palabra, podría derribar el grueso muro de concreto. ¿Qué lograría con volver a rendirme a tu encanto? ¿Qué conseguiría de un encuentro sexual? Nada… La respuesta era tan clara. No había sentido doble, voltearas como voltearas el asunto, siempre sería así. No había nada que dar ni nada que recibir a cambio. Sólo una farsa y un engaño. Pero eso era inservible, no sólo para mí, sino también para ti.

Siempre he querido decirte una cosa. Una simple y llana pero poderosa palabra. Una que quizás podría hacerme regresar a mis pacíficos días. Aquellos en los que sólo me preocupaba en mis actividades diarias.

-Álvaro… Creo que deberíamos parar…- Sonreí engatusadoramente ante tu suplica. Que linda te veías tratando de detenerme.

-Te dije que tuvieras cuidado… Bajaste la guardia… Demasiado diría yo.- Te recosté en la cama y de nuevo te besé.

Nunca me enamoraré, jamás lo haré. Si te veo solamente como un juego, podré soportar este deseo. Aunque probablemente mi orgullo sea superior a ese amor tan gracioso que tú inventaste.

Lentamente, de una manera delicada, bajé mi mano hacía tu muslo, haciendo que te estremecieras por el contacto. Cada mordida a tus labios hacía que tu cuerpo se calentara. Lo mismo que el roce de nuestras lenguas. Sólo tú lograbas sacar mi perversión, así que debías empezar a aceptar mis reglas. Ninguna chica como tú me atará, recuerda que sólo eras mi presa y nada más. Entre tú y yo no debe existir algo más que no sea físico.

Tomé tu mano y la apreté con la mía. Respiramos en el mismo tiempo, ambos agitados y desesperados. ¿Qué más dará entregarme a ti? No necesito tu amor, solamente eres de una diversión. Cuando menos te des cuenta, pasarás a ser otra más.

Tu mirada de inocencia y depravación a la hora de lamer tu cuello, sólo me excitaba. Si intentabas buscar una salida, temo que las llevabas de perder. Metí mi rodilla entre tus piernas. Quería que memorizaras cada momento, para que así me convirtiera en tu vicio.

Presuroso, retiré mi playera y volví a aprisionarte con mis manos. Tu mirada llorosa, tus mejillas ruborizadas y esa tierna expresión de placer, eran sumamente deseables.

Limpié una descuidada lágrima que salió de tu cristalino parpado. Unos segundos, ambos permanecimos inmóviles ante el encuentro de nuestras miradas. Lo lascivo y lo puro enfrentándose con una cierta desventaja para el último.

Sin despegar mi mirada hacía tu rostro, comencé a desabrochar tu camisa. Cada botón era desesperante, pero también provocador.

Rodeaste mi cuello con tus brazos y rápidamente te alzaste para abrazarme. Estabas un poco agitada y temblando.

-¿Qué ocurre?… ¿Estás bien?- Posé mi palma sobre tu espalda sumergiendo mi cabeza sobre tu cabello.

-Dime… ¿Qué es lo que somos?… Por favor… Explícamelo- Tus palabras parecían pequeños susurros desvaneciéndose en la nada. Si aquello era tu preocupación, no podría evitar sonreír para mis adentros. En un momento como este, se te ocurría decir tal estupidez.

-Sólo pídeme que es lo que quieres que seamos… Y así será- Susurré a tu oreja para después morderla. No permitiría que me desviaras del tema.

Gimoteaste un poco tratando de ocultar tu voz. ¿Por qué lo hacías? Aquello era un estimulante para mí.

Tomé y alcé tu rostro para volver a besar la comisura de tus labios, deseando que sólo así me permitieras continuar con el desbroche de tu prenda. Retiré cuidadoso tu camisa y pude contemplar el diseño de tu sostén… Seguías siendo una niña. Aquel estampado de pingüinos sonrientes lo confirmaba.

-Oye… Son lindos de cierto modo.- Me levanté para reírme un poco. No podía ignorarlo, realmente me hacía gracia. ¿Cómo se supone que debería continuar al ver eso?

-¡Idiota…!-Cubriste tus pechos molesta, pero de una forma sumamente infantil. Estabas realmente sonrojada. Eso me hizo sonreír inconscientemente. Un poco de nostalgia se adentró en mi pecho… ¿Yo estaba extrañando mis momentos a tu lado? No es como si pudiera admitirlo libremente… -¡Deja de reírte es vergonzoso! Si hubiera sabido que tú…- Bajaste el tono de tu voz. Poco a poco iba escuchando tus tonterías una vez más.

-O sea que si supieras que terminaríamos así, ¿te hubieses arreglado para mí?- Sonreí gentilmente.

-¿Eh?… Por… Por supuesto que no. Eso no es lo que quería decir.-Parecías nerviosa e insegura con tus palabras. Suspiré prolongadamente por tu falta de honestidad y por las interrupciones que me estaban irritando.

-Bueno, realmente no importa. Está bien de esa manera, ya que no lo necesitaras ¿cierto?- Me acerqué a tu rostro y besé tu mejilla.

En un movimiento rápido solté el broche de tu sujetador. Diste un pequeño brinco y me abrazaste tímidamente.

-Escucha Valeria, se acabaron las distracciones… Es el momento de decirme si deseas que continúe, porque una vez que empiece, no me detendré.-Volví a ponerme encima de ti.

Me miraste unos segundos con unos tiernos ojos acuosos. Tu mirada era confusa; parecía gritarme que parara pero a la vez me suplicaba que siguiera. ¿Cuál ganaría? Eso lo decidiría tu respuesta.

-Qué cruel eres… Hacerme decir cosas tan indecentes…- Desviaste tu mirada. De verdad eras tan hermosa y delicada.

-Sólo quiero oírlo de tu boca…- Acaricié tu mejilla.

-Yo te quiero, así que… Por favor hazme sentir que me amas, que soy tuya.- Cubriste tu rostro. Esas palabras fueron un golpe muy fuerte para mi ego. Por supuesto que eras mía. De eso no había duda alguna.

-Es una buena afirmación Valeria… Yo también soy sólo tuyo…- Ni siquiera con Katherine me había entregado de esta forma. Tú tenías algo especial, algo único que me volvía loco. Mientras aumentara el palpitar de mi corazón, la adrenalina crecería.

-Álvaro… Te amo.- No me molesta que lo digas, lo que más odio son tus palabras después de todo. Yo realmente no lo entiendo… ¿Qué es el amor? Cada vez sentía mayor impotencia. Ciertamente me horrorizaba cuando perdía mi control a la hora de verte, de sentirte y de tenerte. Por eso, debía convertirme pronto en una adicción para ti.

-Lo sé… Yo también te amo.- Esa frase tan sólo es una mentira cruel. Tu enamoramiento era un error. Sólo sufrirás, como otros sufrieron… Si no estabas preparada para soportarlo, no me importaba continuar. Estoy pensando en ti todos los días… Jamás entenderías esta aberración. Hay tantas cosas que quiero decirte, más prefiero salir sólo vencedor.

Aquel beso apasionado fue únicamente por el momento. Por más dulces y empalagosos que fuesen, los deseaba. Tu voz, tus suspiros, tus lágrimas, tus caricias. Todo de ti…

No existe el amor, al menos entre tú y yo. Así funciona mi mundo. Tú decidiste entrar en él. Intentabas anclarte a mí creyendo que yo sería tu soporte, pero déjame decirte que jamás lo conseguirás conmigo. Y aunque te dieras cuenta, de este vil juego nunca saldrías.

Los sentidos se adormecen, las emociones se desbordan y la conciencia desaparece ante tal acto inmoral. Es molesto que mi cuerpo reaccione y se entregue a ti deliberadamente… Supongo que es parte de la diversión…

Es una y otra vez la misma historia. Es tan divertido utilizarte, atormentarte me extasía. Dañarte debería ser considerado un arte. Me aprovecharé de que sé que me amas para saciarme. Era gracioso que no entendieras que sólo me divertía, pues eso era lo único de ti que yo quería. Soy egoísta, eso lo acepto. Si supieras que sólo deseo salir victorioso. Tenía que manipularte nuevamente, moldearte igual que una arcilla. La razón y el amor. Todo eso me da igual. Yo simplemente tengo pensamientos que me revuelven mi cerebro que tengo que apagar pronto.

Nuestras voces resuenan por toda la habitación, en una curiosa sincronía. Puede que me he estado volviendo gentil. Las cosas más sencillas de la vida, pueden volverse las más poderosas, entonces debería utilizarlas a mi favor.

Agotada ante algo tan vacío como el sexo, te recostaste sobre mi pecho. Estabas un poco agitada y exaltada. Qué triste que llegaras a tu límite. Sabía que no aguantarías más. No importaba, pues no debía ser agresivo. Un pequeño cordero no podría igualar el instinto de caza de un animal salvaje.

Estaba decidido, regresaría a ti. Empezaría de nuevo la historia, pero esta vez no cometería errores de nuevo.

Me paré cuidadosamente quitando tu brazo de mi cuerpo. Dejé que durmieras un poco más. Mira que agotarte tan rápido. Qué divertido.

Fui directo a la regadera para poder limpiar mi cuerpo de esta suciedad. Estas sensaciones tan denigrantes que sólo me hacían perder la razón.

No sabría que excusa poner si Lisandro y Emilie regresaran pronto y te encontraran. Escucharía de nuevo el cuestionamiento de Lisandro y una triste reprimenda. Tenía pronto que relajar mi cuerpo, hacer entrar en razonamiento mi cerebro y por último meditar lo sucedido. Las tonterías que se llaman valores, no estaban siendo aplicados en esos momentos.

Me tranquilicé un poco después de que el agua fría me bañara. Nunca en mi vida llegué a pensar que tú serías mi estimulante para este tipo de cosas.

Regresé a la habitación donde pacíficamente dormías, tan calmada y serena. Cubrí tu cuerpo desnudo con una manta. Era hermoso contemplarlo no lo voy a negar, pero no quería recordar lo que acabábamos de hacer. Con tranquilidad me senté en el borde la cama para poder observar tu rostro dormitar.

Eras tan linda en esos momentos. Tu semblante tranquilo y tu suave suspirar. Tus labios entreabiertos, una expresión tan infantil y pura. Rocé tu mejilla con mi dedos; lenta y paulatinamente. Sabía que no resistiría mucho tiempo, y así fue. Me acerqué a tu rostro y besé tus labios que parecía que me invitaban a degustarlos.

Sorprendido por mi falta de control, me alejé rápidamente. Tu ligero movimiento me exaltó un poco. Besé tu frente y me recosté a tu lado. Abrazándote de una forma en la que rogaba que no se repitiera. Que cálido era tu cuerpo. Tener cerca tu aroma y sentir el palpitar de tu corazón era un problema severo para mí. Sólo por esta vez me rendiría a ti…

Calculo que una hora o quizás menos, permanecimos en esa posición. Despertaste presurosa buscando tu ropa. Contemplé cada acción tuya. Sonreí ante tanta angustia de tu parte.

-Me tía me matará, lo sé.- Eras menos inocente que la última vez, sin embargo no me molestaba.

-Tranquila, siempre puedes llevarte mi ropa…-

-Deja de bromear.- Te sonrojabas por mi tan considerada sugerencia.

-No era una broma.- Aclaré riendo. Sentí una almohada que aventaste en mi cara.

Velozmente te vestiste y medio arreglaste tu cabello.

-Álvaro me tengo que ir… Con respecto a lo que dijiste… Yo…-

Te miré unos segundos, parecías nerviosa. Alcé mi cuerpo de la cama y me acerqué a ti.

-Fui yo quien decidió terminar todo ¿cierto? Y ahora mírame, de nuevo queriendo arreglar las cosas. Fui un idiota Valeria, me dejé llevar por impulsos… Pero, realmente quiero estar contigo otra vez, por favor dame una oportunidad.- Tomé tus manos y las besé.

-Álvaro… No sabes lo feliz que me haces- Sentí tu tierno abrazo.

Conversamos un poco antes de despedirnos en la entrada. Era gracioso, nunca había regresado con mis ex novias. Todas se habían quedado en el olvido.

-Puedo llevarte si gustas.-

-No gracias. Si me tía me ve contigo, sé que me hará muchas cuestiones. No quiero responderlas por ahora. De todas formas, gracias. Eres muy considerado.-

-Entonces ten cuidado… Amor.- Intenté que recordaras nuestros pequeños apodos. Por segundos te sorprendiste y después me sonreíste amablemente.

-Sí… Adiós.- Te alzaste un poco y me besaste rápidamente.

En ese momento escuché el sonido de la puerta abriéndose.

-¡Llegamos!- Gritó Lisandro sonriendo. Seguido de Emilie. Maldición… ¿Por qué en esta situación? –Oh… Disculpen- Se sorprendió un poco por verte de nuevo.

-Ah… Después de mucho tiempo es bueno verte Lisandro.- Sonreíste nerviosamente.

-Lo mismo digo, me sorprende tu visita y también… Ohm… ya sabes… ¿Ustedes dos volvieron?- Se trataba en cada oración.

-Sí.- Intervine en su conversación. Él me observó confundido, y extrañamente sorprendido.

-Ya veo… Me alegro por ustedes.- Volvió su sonrisa.

Emilie parecía no entenderlo muy bien. Supongo que era normal, relación contigo no tenía mucho.

-Tú debes ser Emilie, la prima de Álvaro ¿cierto? Quisiera disculparme contigo, por mi actitud tan estúpida.-

-Me tiene sin cuidado. Descuida, no es la primera vez que me malentienden. Sin rencores.- Te extendió la mano con una grata sonrisa. Ambas sonrieron estrechando sus manos.

-Gracias, bueno me tengo que ir… Fue un placer volver a verlos- Corriste cual niña pequeña hacía la salida. Al cerrarse la puerta sentí la mirada interrogante de Lisandro.

-Me vas a explicar lo ocurrido, tú vienes conmigo.- Me tomó del brazo.

-¿De qué hablas? El único que tiene que interrogarte soy yo. ¿Por qué han tardado tanto?-

-Bueno fuimos a muchos lugares… ¡Espera! No me cambies el tema.-

Emilie sólo se reí ante nuestra pequeña discusión.

-Escuchen, yo tengo que ir a ver a Isa. Dijo que tenía algo importante que decirme. Nos vemos.- Le dio un besó en la mejilla a Lisandro.

-Si, ten cuidado.- Fue correspondida por él. Mi frágil prima… Joder, lo admito eran celos, pero sabía que llegaría el momento en que la vería así. Por un lado me aliviaba el que fuese Lisandro.

-Ahora sí, dime ¿qué ocurrió? – Volvió su interrogante una vez que Emilie se fuese.

-No entiendo por qué debo darte explicaciones.-

-Hace rato, parloteabas acerca de que te molesta y que nunca podrías llegar a amarla, y ahora resulta que han vuelto en una relación. Explícame eso que aún no termino de entenderlo.- Me miró de una manera sería e intimidante.

-Fue simplemente por las jodidas palabras que argumentabas. Me molesté un poco y hablé sin pensarlo. Ella vino y las cosas se dieron por si solas. Deberías alegrarte por mí en vez de cuestionarme.-

-Claro que me alegro, te relajas más cuando estás con ella, pero el que admitas tus sentimientos, me preocupa. Tú sabes que eres muy importante para mí ¿verdad?- Me tocó de los hombros mirándome nostálgicamente.

-Sí, lo sé. No te preocupes, sabes como soy de terco. Así que descuida, estaré bien-

-De acuerdo, confiaré en ti- Volvió a sonreírme.

-A propósito ¿Recuerdas al señor Brais?-

-¿Eh?… Si- Gesticuló una cara de nervio.

-Bueno, llegó hace rato con la misma propuesta absurda del testamente. Pero hubo algo que me intrigó un poco. Mencionó a tu madre y dijo algo acerca de que le sorprendía nuestro encuentro. ¿Sabes a qué se refería con eso?-

-Para nada…- Parecía inseguro con sus palabras. Pronto sentí que se estaba incomodando. Él probablemente estaba ocultándome algo.

-¿De verdad? Porque no lo parece.- Quise presionarlo un poco.

-Álvaro, estoy cansado. Quiero ir a relajarme un poco. Iré a bañarme.- Desvió el tema y pasó esquivándome. Lo sabía, no quería decirme nada.

Traté de olvidar el asunto. Incluso pasó alrededor de dos meses, sin embargo, aquello seguía tan latente. Me intrigaba, quería saberlo… No importaba cuanto tiempo transcurriera, algo de mí hacía que no olvidara. Incluso mis momentos a tu lado, no hacían que lo olvidara.

Una tarde Lisandro me llamó al móvil.

-Están encima del ropero Álvaro.-

-Sí, sí, ya entendí Lisandro. – Subí en un banco y con dificultad debido al celular, bajé una caja marrón.

-Pero espera, es una caja vino- Demasiado tarde me dijo.

-Joder, pudiste haberlo dicho de principio- Volví a subir la caja tratando de tener cuidado. Pero el banco comenzó a tambalear y la caja resbaló de mis manos esparciendo cientos de papeles. -¡Maldita sea!- Exclamé.

-Alva ¿estás bien? Joder macho que golpe más seco.-

– Estoy bien, sólo fue la caja que se cayó, te llamó después que tenga el manuscrito- Le dije a punto de colgar.

-Date prisa por favor- Rogó Lisandro.

-No tengo la culpa que al “escritorcito” se le olvidase su redacción-

-Lo sé, pero de verdad cuento contigo- De la otra línea pude escuchar el sonido para colar. Guardé mi teléfono en el bolsillo de mi pantalón. Con ambas manos bajé la caja vino. No hay duda alguna que se trabaja mejor sin ninguna distracción. Coloqué la caja sobre el escritorio y me dispuse a recoger las hojas esparcidas.

Lisandro tenía un desastre. Ni siquiera me molesté en tratar de ordenarlos. Los fui apilando conforme los alzaba. Madre mía que tenía un lío.

-¡Y la última!- Proclamé victorioso. Algo de aquella hoja llamó mi atención. Tenía mi nombre y el de Lisandro en letras negras y muy notorias. Hay que reconocerlo y más que nada aceptarlo, somos humanos y la curiosidad siempre nos pica. La sostuve con mi mano tratando de que no se doblase.

-Veamos- apunto de leer, fui interrumpido por tu llamada.

-Álvaro, siento llamar tan tarde pero hay algo que debo decirte. ¿Podríamos vernos en dos horas?- Preguntaste insegura y bajando ligeramente el tono de tu voz.

Dudé unos segundos.

-Oh… Claro- respondí.

-Te espero en la plaza- Colgaste rápidamente.

Guarde el móvil en mi bolsillo, ignoré la hoja y la acomodé con sus compañeras. Suspiré y meneé mi cabeza suavemente.

¿De qué querías hablar? Me pregunté. Olvidando aquella curiosidad, tomé la caja vino y cogí las llaves del automóvil.

Una fuerte ventisca entró violentamente por aquella ventana abierta.

-¡Joder!- Exclamé furioso, pues la pila de documentos de nuevo se encontraba en el suelo. Maldecía a Lisandro a cada papel alzado. De nuevo aquella hoja tentaba mi respeto a la privacidad. Decidido a curiosear, la tomé y comencé a leer.

Estimado señor Lisandro Riveil.

Gracias por escoger el laboratorio Unlione para ayudarlo con su análisis de DNA de paternidad, con referencia del número: 2415573

Hemos completado el análisis de un número de regiones específicas de ADN en las muestras que nos ha suministrado. Cada región de ADN específica podría tener cualquier alto número de diferentes combinaciones de secuencias molecular.

Eso significa que es poco probable que cualquiera de los dos extraños recogidos, compartieran la misma combinación de secuencia de ADN en cualquiera de estas regiones específicas. Por lo que es improbable estar al 100%. Sin embargo, esto de descarta que exista la posibilidad de parentesco.

De las siguientes muestras suministradas por la doctora Annie Wray nosotros obtuvimos los siguientes resultados con un 99.9% de precisión.

Esperamos que se comunique con nosotros en caso de que exista alguna duda con respecto al análisis…”

Debajo de esto último, se encontraba una pequeña tabla, en la cual ponía el nombre de Lisandro, seguido de mi nombre y pude leer el resultado de la prueba que decía “Emparejados”… Junto con una palabra que me dejó petrificado… Hermanos.

CONTINUARA ….

 

ABRAHAM ROCHA RDZ

 

Existen personas que no deberian amar… capitulo 23 & 24

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Me pregunté algo respecto con las relaciones humanas. ¿Realmente era necesario que todo ser humano llegase a tener pareja? Era algo complicado entenderlo para mí.

-¿Qué quieres decir Katherine? ¿Acaso hice algo mal?-Pregunté aturdido.

Negó pausadamente con la cabeza. Aquel abrazo se había prolongado aún más. Si pudiese entender sus razones, sus pensamientos o aquello que la había orillado a tal decisión estaría un poco más tranquilo.

-Álvaro… Yo no quiero destruir lo que he formado contigo.- Declaró triste. ¿Qué fue lo que formó conmigo? ¿En qué momento creamos algo juntos? Ella sólo era un distractor, aquel que me ayudaría a no adentrarme dudas.

-Lo lamento, pero no entiendo.- Exclamé confuso.

Ella sonriendo besó sutilmente mi mejilla.

-Recuerdos… Recuerdos alegres Álvaro. Yo sé que tú no me amas, nunca lo hiciste. Más sin embargo lo fingiste y por absurdo que suene, no me molestó. Lograste que yo fuese feliz, no experimenté emociones tristes en ninguno de aquellos días. Por eso antes de que decidas abandonarme, porque sé que pronto no esperaras nada de mí, seré yo la que diga adiós. Cargaré con estas bellas memorias.- Agachó su mirada.

-¿Por qué dices que no te amé?- Traté de disimular mi sorpresa.

-Álvaro, no puedes engañar a alguien que una vez abrió su corazón a otra persona. Conozco muy bien el amor no correspondido. Por eso traté de ser alguien importante para ti. Pero al parecer no lo conseguí.- Frágilmente acarició mis mejillas.

-¿Desde cuándo lo sabes?- La miré seriamente.

-Es bueno saber que ahora no lo niegas. Álvaro yo siempre lo supe. Sin embargo, en ti encontré algo muy diferente. En tu farsa entregas todo ¿no es así? No te importa que tan riesgoso sea, tú lo das todo para que sea creíble. Aquellos recuerdos se formaron a base de mentiras por parte tuya, pero mis sentimientos no fueron falsos. El 50% de aquello se conservara y el otro paulatinamente se borrara.- Terminó de hablar Katherine.

-Debiste abandonarlo desde un principio. Katherine llevamos alrededor de un año, juntos. A estas alturas debiste darte valor antes.- Comenté fríamente.

-Probablemente tengas razón. Pero no era conveniente para ti ¿verdad? ¿Qué papel jugué yo? Sólo dime en que te ayudé. Aunque sea poco, si te serví de algo, estaré bien.-

-¿Ahora qué estás diciendo? ¿Acaso eres tonta? ¿Cómo puedes decir que está bien el ser utilizado? ¿No te das cuenta? No puedo creer que aún pienses en quererme… Eso es algo muy tonto de tu parte…- Me alejé molesto de ella. -Si quieres saberlo… Sólo me serviste de distracción.-

-Lo sabía, fue buena idea dejarlo antes de ser inservible.- Sonrió como si le hubiese dicho una broma tan obvia.

-Es la primera vez que alguien me rechaza…-

-¿De verdad? Eso quiere decir que por lo menos soy especial de cierto modo.- Volvió a sonreír. Parecía feliz a pesar de lo que le había dicho. Me molestaba.

-Escucha Katherine… Hace nada has dicho que te dejé recuerdos hermosos…- Me acerqué nuevamente a ella y la tomé de los hombros. –Si te dejo un recuerdo doloroso ¿Podrías olvidar tus sentimientos por mí?-

-¿Eh? ¿A qué te refieres?- Preguntó sorprendida.

-Si rompo aquella felicidad que juras que un día creé. ¿Podrías seguir amándome? ¿Podrías perdonarme?- Forzadamente la besé. Ella comenzó a forcejear. La encerré entre mis brazos sin dejarle escapatoria. – ¿Piensas aún que soy una persona dulce?- Ella estaba temblando, parecía asustada. –Recuerda que sólo fuiste utilizada…-

-A pesar de lo que digas o hagas… No lo olvidaré. Álvaro… Tú fuiste el único que me enseñó cómo debo amar.- A penas duras agregó.

-A estas alturas ¿Todavía puedes considerarme alguien así? Ni Valeria puede ser tan estúpida.-

-Quizás… Pero… Algún día te daré las gracias por esta experiencia. No volveré a equivocarme nunca más.- Comenzó a lagrimar.

-¡Y es por eso es que jamás aceptaré algo tan enfermizo como el amor!- Exclamé separándome bruscamente de ella.

-Álvaro…-Suspiró levemente. -Sólo ten cuidado cuando intentes recuperarla. El corazón humano es el más débil. Somos frágiles, tan delicados y una vez abierto, todo mundo puedo dañarlo.- Aún con lágrimas en sus ojos, me abrazó tiernamente.

Está chica era muy extraña. Pero… Aquella acción por parte suya me había tranquilizado.

-Ahora ¿qué estás diciendo?… Que problemática eres…-Calmé el tono de mi voz. ¿Qué demonios estaba haciendo? El desesperarme para que me dijera que no me amase había sido algo estúpido. -Katherine… Lo de hace rato… Yo… Yo sólo-

-No digas nada. Está bien, yo sé que no eres esa clase de persona. No llegarías más lejos. Sólo fue para darme un susto y un regaño. No hay problema. – Me interrumpió regalándome una última sonrisa.

-De recuerdos no se vive…- Agregué secamente.

-Pero tampoco moriré de ello.- Fue su respuesta.

La vi marcharse, quizás para jamás regresar. Pude escuchar un sollozo por su parte. Parecía ser que continuó llorando.

Me senté flojamente en el sofá, pensando acerca de mis reacciones. Fui un idiota por haberme exaltado de esa manera. No comprendía sus sentimientos tan obsesivos. Recuerdo que siempre fue así. Mi primera novia hizo lo mismo, aferrarse de una manera compulsiva.

El tener una pareja siempre fue lo que oía anhelar de las personas. Compartir un pedazo de tus pensamientos con alguien más. El amar y ser amado. Tenía que ser un trato justo. De igual valor y significado. Sin embargo, eso era mentira. No todas las personas entregaban el mismo sentimiento. A veces la balanza se inclinaba más a la derecha que a la izquierda y viceversa. Nadie entregaba el 50% y nadie lo recibía. Todos daban la cantidad que pudiesen aguantar, pero nunca eran rellenados para formar el cien por ciento que necesitaban.

Si pusiera el ejemplo de Lisandro, sería más entendible. Él regalaba un 55 por ciento en la relación, o sea que su estatus bajaba a un 45 por ciento. Para poder complementarse, necesita recibir la misma cantidad entregada y de igual manera aquella persona. Así ambos se complementarían. Pero nunca fue así. Lisandro obtenía 35 o incluso el 20 por ciento del afecto. O a veces, recibía más del que podía controlar. Quizás un 60 o incluso 75. Eso hacía que hubiese un desequilibrio y que pronto la relación se esfumase.

Yo consideraba aquello tan innecesario. Era como apostar en un juego al azar. No tenías idea en que momento perderías o en cual ganarías. Tu único conocimiento y estrategia, era confiar. Confiar en la persona que amabas, que querías, por la cual siempre suspirabas.

Isabel me agobiaba siempre con sus preguntas acerca de mis relaciones amorosas.

-No te hagas ideas absurdas Isa. Yo nunca he tenido novia.- Eran mis respuestas ante tales interrogaciones.

-¿Por qué no? Álvaro ya estás en edad de tener una. Oh vamos, yo sé que hay una chica que te debe interesar.

-No, no existe.-

-Por lo menos intenta buscarla.- Me rogaba siempre. –Quizás no ha llegado la indicada, pero algún día te enamoraras.- ¿Algún día? Ella estaba insinuando que siempre en la vida de un ser humano, debía existir aquella emoción, aquella sensación tan hechizante.

Mi primer beso había sido robado. Es gracioso proviniendo de un hombre. De cierto modo fui abusado. Recuerdo que ocurrió en secundaria. Las amigas de aquella chica me habían acorralado diciéndome que ella tenía algo importante que decirme.

-Álvaro espera, Leslie tiene algo que contarte, espérala ¿quieres?- Decían agarrándome dos chicas de los brazos. Era muy obvio saber el motivo. Una declaración que por supuesto declinaría. Pero en ese momento, prácticamente estaba prisionero.

-Los dejamos.- Corrieron soltando unas risillas algo molestas. Leslie parecía nerviosa. Su largo cabello rubio rojizo caía en risos. Sus tiernos ojos verdes se desviaban de mi mirada.

-Álvaro, lamento que mis amigas te hayan hecho esperarme.- Sonreía tímidamente.

-Descuida, no me importa. Y bien… ¿Qué es lo que tenías que decirme?- Pregunté un poco agobiado.

-Bueno… Hemos sido compañeros por tres años y te considero un buen amigo. Hemos compartido muchas cosas ambos, así que supongo que es normal que mis sentimientos hayan fluido por ti…- ¿Buenos amigos? Ni siquiera entablábamos una conversación estable. Las únicas veces que lo hacíamos era por trabajos en equipo.

-¿Y qué sentimientos son esos?- Pregunté como si no supiese la respuesta.

-Yo… Te quiero… Quiero que los dos seamos…-

-Jamás pasara.- Le dije fríamente. Ella me miró sorprendida. Como si nunca esperara que la rechazara. –Lo siento, pero si sólo es eso, me tengo que ir. Tengo cosas más importantes que hacer. Así que adiós.-Apunto de marcharme, ella me tomó de la camisa del uniforme y me inclinó a su altura. Lentamente sus labios tocaron los míos, y de una manera algo lenta, se unieron más estrechamente. La sensación era nueva y no puede evitar sentir un hormigueo.

Por breves segundos permanecimos de esa manera. Escuché unos gritos provenientes de sus amigas que habían estado observando el momento.

-Lo siento… Pero, no lo acepto.- Exclamó arrogantemente. La miré desafiante. Comencé a repudiarla por aquella acción.

-Entonces espera lo peor.- Le entregué no sólo mi primer beso, sino también el segundo.

Tomé su barbilla y rocé sutilmente la comisura de sus labios. Por lo menos disiparía las dudas de Isa.

Mi primera novia, Leslie, me entregó alrededor del 65 por ciento de su amor. Yo sólo le obsequié un 10 o quizás menos. Su amor se desbordó de mis manos. Tanto que me agobié… Era molesto y abrumador. No era paciente, no era calmado y me incomodaba demasiado. Me sentía encadenado. Es gracioso. Yo era un adolescente que ya sentí la presión de un matrimonio…

-Álvaro ¿quién era ella? Me molesta que quiera estar siempre contigo.- Farfullaba enojada.

-No tengo ni la menor idea. Conoce mi nombre y hemos hablado un par de veces. Pero ni siquiera sé quién es.- Si hubiese querido mentirle, habría sido mucho más ingenioso. Aquello era la verdad. Sin embargo, cuando trató de sincerarme, pareciese que soy un mentiroso.  

-¡¿Crees que soy idiota?!- Gritaba en un tono agudo.

-Ahora lo creo… Te estoy diciendo claramente que no conozco a la chica.-

-Imbécil… ¡Te odio!- Salió corriendo del aula, llorando.

-Álvaro, debiste ser más sutil- Suspiró Lisandro.

-Tú deberías ser menos curioso.-Le regañaba siempre.

-Lo que digas… ¿Iras por ella?-

-No. No pienso continuar con alguien así.- Aclaré fríamente.

-Eso es cruel de tu parte. Por lo menos intenta terminar como es debido Álvaro.-

-Creo que no podre, terminaré abofeteado si voy ahora. Por eso esperaré a que se relaje.-

Lisandro sólo se rió y me dio palmaditas en mi espalda.

-El problemático eres tú- Agregó sonriendo.

Quizás eso podría ser cierto. Pronto me di cuenta de que nunca podría estar con una persona… No, no lo lograría, en primera porque siempre fui una persona que prefirió la soledad. Segundo, sólo pienso en mí. El amor es una de tantas fuerzas que desconocemos, no se puede decir que es buena o mala. Soy un egoísta. Si dejo entrar a alguien en mí ser, a mi corazón, a mi alma, cuando decida irse sentiré un profundo vacío, y una vez más sólo estaré preocupado por mí. Hay veces en que deseo que nadie se vaya de mi lado. Estoy rodeado de personas e incremento cosas sin sentido. Una vez que se vuelva invaluable, sé lo que se siente perderlo. Sufrí una vez aquello, por eso, no quiero volver a sentir algo tan atajante.

Aquellos pensamientos tan abrumadores que me hacían preocuparme debido a la rutina que lleva el ser humano con aquellos algoritmos de nacer, crecer, reproducirse y morir; pronto decidí olvidarlos. Me atormentaban, me molestaban. Hasta que un día me pregunté ¿Realmente necesito una pareja? ¿Realmente necesitamos nuestra “media naranja”? O quizás sólo lo hacemos para rellenar la soledad que sentimos… Pero, si me gusta estar solo ¿No sería algo tonto buscar el amor de mi vida? ¡Patrañas! Yo no tengo tiempo para amar a otro humano”

Aquel recuerdo se había convertido en una decisión importante en mi vida. Yo no necesitaba amor… No necesitaba a alguien a mi lado. Sólo me sería un estorbo.

Subí a la terraza, por lo menos para enfriar mi cabeza. Había sido un idiota y aun así ella siguió sonriendo.

-¡Te encontré!- Exclamó Emilie llegando por detrás y tapándome los parpados.

Retiré sus brazos con una sonrisa y me abracé con ellos.

-Nunca fui bueno en las escondidas Emilie.- Ella sólo rió ante mi comentario. Estar con ella me relajaba, me tranquilizaba y me hacía sentir mejor su compañía.

-Lisandro te estaba buscando. Deberías ir a verle.- Se sentó a mi lado.

-Te doy todo lo que quieras si prometes no decirle donde estoy- Le jalé la mejilla como haciendo un complot.

-¿Qué dices? Sabes que te delataría a pesar de eso.- Me revolvió el cabello.

-Que cruel eres Emilie, mira que tu pobre primo está triste-

-Oh vamos Álvaro, sabes que eres mi primo preferido.-

-Soy tu único primo, querida- Ambos carcajeamos. Si Emilie no hubiese llegado creo que estaría más inquieto. Puede ser que ella sea la única persona con quien no tengo que fingir.

-Lo sé, por eso no debes enfadarte conmigo- Sonrió tiernamente.

-Nunca lo haría.- Así es, jamás podría enojarme con ella. Ella nunca sería una molestia para mí. Aunque no pueda expresarle lo que siento, Emilie siempre será como una pequeña hermana para mí. –Emi… ¿Tú crees que soy un idiota?- Pregunté recordando el amargo momento de hace rato.

-¿Eh? Para nada, eres una persona que admiro mucho. ¿Cómo podrías serlo?-

-Lo dices porque somos familia.-Reí un poco.

-No, jamás haría eso. ¿Por qué la pregunta? ¿Va todo bien Álvaro?-

-Katherine y yo terminamos la relación… Pero creo que el único responsable fui yo.-

-¿Lo dices enserio?… Lo siento Álvaro, no sé qué decirte. Yo no comprendo del todo eso…-Su rostro parecía disculparse conmigo.

-Está bien… ¿Crees que hice algo mal?-

-No. Tú eras muy tierno con ella, eras amable y cariñoso. Me ha caído de sorpresa lo que me has dicho. Pensé que ustedes eran el uno para el otro…- Parecía triste. Es cierto que Katherine y ella formaron una amistad.

-Eso es mentira Emilie… Nunca fui honesto con ella.-

Emilie permaneció en silencio. Frágilmente tomó mi mano y la estrechó con la suya. Sólo ella entendía en que momento las palabras no servirían conmigo.

Por un breve silencio ambos contemplamos las estrellas en aquella noche. Era de cierta forma tranquilizador y pacífico.

-Emilie… Está bien si aún decides irte- Con ella no debía ser egoísta, aunque en el fondo sufriese por ello. No debía herir lo más importante que tenía. Su afecto, su cariño, su alegría que compartía conmigo era irremplazable. Era única y sincera. –Estaré bien- Sutilmente la abracé. Su fragancia penetró mi ser. Ella era frágil, por eso, no debía tenerla por mucho tiempo, de lo contrario terminaría rompiéndola.

-…Gracias.- Débilmente dijo. Sentí unas cuantas lágrimas rodar en mis hombros. Me molestaba no saber la razón de su tristeza. Tenía una vaga idea, pero no podía afirmar que en realidad eso fuese. Me odié en aquellos momentos. Yo era dependiente de ella, Emilie siempre me sacaba de apuros y nervios que me ponían en duda, pero, yo no podía ni siquiera darle unas cuantas palabras de consuelo.

Contemplé toda la noche a Emilie arreglando sus maletas. Pronto su cuarto parecía vacío. Su aroma sería lo único que se quedaría en aquella habitación.

Lisandro había salido, ante la noticia de su partida, sólo dijo que tenía algo pendiente que hacer y por lo tanto la despediría en la mañana. Emilie simplemente agachó su cabeza y le regaló una sonrisa. Estaba molesto con él, sus palabras tan frías con ella sólo la herían.

Llamó a sus padres, dándoles la noticia de su repentina decisión. Escuché atentamente cada una de sus palabras. Ante mis oídos, todas ellas eran falsas.

Una vez alistado todas sus cosas, se sentó en la cama. Aliviada y un poco exhausta se recostó.

-Lo bueno es que eres ordenada, sería más trabajo si no lo fueses.- Me senté en la silla de su escritorio. -¿Qué harás con tus estudios?-

-Bueno, por fin terminé el año en Galo. Supongo que lo más factible para mi sería transferirme aprovechando el lapso de las vacaciones.- Comentó abrazando su almohada.

-Me estaba acostumbrando a tus desayunos Emi… Los extrañaré incluso más que a ti- Bromeé un poco con ella.

-Eres un tonto-Comenzó a reírse. No podía dejar que se fuera con recuerdos tristes o desagradables.

-Sólo perdona al idiota de tu primo y promete que vendrás a visitarlo.- Sonreí.

-¡Es una promesa!- Corrió a abrazarme. Demonios… De verdad la extrañaría demasiado…

Isabel casi me fulmina cuando se enteró de la noticia. Me culpaba de no haberle detenido o por lo menos haberlo intentado. Quería rogarle que se quedara. Pero eso ya no dependía de mí. No, no dependía de mí, sino de él…

-Adiós Emilie. Cuídate mucho pequeña.- Se despidió Lisandro con una ardua sonrisa.

-¡Si! Adiós, gracias por las molestias que pude causarte.- Le devolvió el gesto. Parecía alegre, me dolía ver que estaba fingiendo. Ella no era ese tipo de persona.

-Emilie… Te voy a extrañar. No es divertido ir de compras con Álvaro.- Dijo Isabel haciendo pucheritos.

-Lo siento Isa. Vendré de visita y juntas vaciaremos los centros comerciales. Por supuesto si prometes no mostrar mi lencería- Comenzó a ponerse colorada.

Isabel rió por su comentario y afirmó con su cabeza. Emilie compartió la misma reacción.

-Emi, cuídate mucho.- La abracé por un largo tiempo. El decirle adiós nunca me fue muy sencillo y mucho menos ahora.

-Lo haré…- Correspondió a mi abrazo.

Ella caminó hasta la entrada de la terminal, no sin antes voltear y agitar su mano despidiéndose.

Lisandro había permanecido callado con una mirada sería. Él tampoco era de esa manera… Ambos eran unos mentirosos… Tan falsos con sus sentimientos.

Al llegar a casa, él seguía de la misma manera. Se sentó en el sillón y sacó su manuscrito para revisarlo. Él había decidido continuar con su rutina, como si realmente no le importase la partida de Emilie.

-Lisandro… ¿Acaso eres un idiota?-

-¿Eh? ¿De qué hablas Álvaro? ¿Hice algo mal ahora?- Preguntó sorprendido.

-Siempre decías lo importante que ella era para ti… Siempre diciéndole que la amabas… Siempre actuando de una manera tan amable… Y ahora que se ha ido, parece ser que te importa un cacahuate.-

-Álvaro…-Pausó unos momentos. -¿Qué podíamos hacer? Era su decisión después de todo.- Agregó melancólicamente.

-Ni se te ocurra hacerme sentir como un egoísta Lisandro. En el fondo sé que tú también lo eres… ¿Por qué no eres sincero?-

-Estas delirando. Sé que es difícil decirle adiós, pero cálmate, no es como si nunca la volverás a ver. Por eso…-

-La amas ¿no es así?- Interrumpí sus conclusiones agobiantes.

-…Te digo que te calmes…- Intentaba desviar el tema. -Álvaro, no te hagas ideas equivocadas… Yo no… No podría… No debo- Parecía triste. Lo sabía… Estaba enamorado de ella.

-Su autobús salé a las 4, si te apresuras podrás alcanzarla.-

-No… No iré. Alva, sé que la lastimaré. No deberías darme la oportunidad de ir. Ella es muy preciada no sólo por ti, sino también por mí. Si la lastimó, jamás me lo perdonaría.- Su voz parecía quebrada.

Di un suspiro profundamente largo.

-¿Desde cuándo es el sentimiento?- Pregunté algo molesto.

-Desde que la conocí… El día en que terminé con Carolina, ella logró que yo la olvidara de una manera rápida. Por eso, puede que ocurra lo mismo con Emilie… Temó olvidarla como lo hice con Carolina.-

No pude evitar carcajear ante su respuesta. Él sorprendido me miró.

-Sabía que eras idiota, pero no sabía que eras tanto. Me ofende tu afirmación. Emilie no es fácil de olvidar… No la compares con otras personas Lisandro. ¿Cuántas novias tuviste después de Carolina?-

-¿Eh?… Cuatro- Aclaró mi pregunta.

-¿Y olvidaste con una de ellas a Emilie?-

-¡Por supuesto que no!- Volví a sonreír ante su exclamación.

-Y es por eso que los escritores son los peores amantes, el estar siempre inventado hace que se imaginen un desenlace en su vida y creen una historia a base de suposiciones. Emilie no es uno de tus personajes Lisandro. No te hagas conclusiones rápidas. No quieras inventar un futuro como el de tus novelas. No lo conseguirás.-

-…Lo siento, pero…-

-Por última vez… ¡Ve por ella jodido escritor de pacotilla!-

-Álvaro…-

-Perderás tu oportunidad y todo por una presunción.-

Él me miró por segundos sorprendidos, como si nunca hubiese esperado esa reacción por parte mía. Me sonrió y se levantó del sofá.

-Gracias…- Dijo tocándome el hombro. Nunca en mi vida, creí decir aquellas palabras.

-Una cosa más…- Le detuve antes de que se marchara. Con un poco de fuerza, le solté un puñetazo en la cara.

-¡¿Eso por qué fue?!- Gritó un poco molesto.

-¡¿Todavía te atreves a preguntarme?! Fue por no decirle nada a tu mejor amigo… idiota.-

– Me alegra que lo seas- Volvió a sonreírme.

-Escucha Lisandro, confió en que la querrás siempre… Por eso, me alegra que estés enamorado de ella.-

-Álvaro… Oír eso de tus palabras me es grato. Así que ¿qué clase de amigo sería si no cuido tu confianza? Gracias… Gracias por hacerme ver mi error- Corrió pasando por mi lado. Está persona y Emilie… Eran muy importantes para mí. Deseaba verlas felices… Aunque yo no entendiese del todo ese sentimiento.

-¡Hey! Lisandro… Ni se te ocurra volver sin ella… Flores servirán mientras seas honesto con tus sentimientos. Créeme que serás correspondido-

-Gracias por el consejo… Oye Álvaro, tú también deberías ser honesto, pero contigo.-

-¿Oh?- Antes de por decir algo ante su comentario, él ya se había marchado rumbo a la estación donde Emilie probablemente esperaba paciente su transporte…

CAPITULO 24… CONTINUACIÓN

-Por última vez… ¡Ve por ella jodido escritor de pacotilla!- Escuché sus palabras tan seguras. ¿En qué momento se dio cuenta de mis sentimientos?… Él realmente estaba ayudándome con ella.

-Álvaro…- No sabía qué decirle. Estaba anonado, confuso y un tanto triste.

-Perderás tu oportunidad y todo por una presunción.- ¿Presunción? Me había descubierto… Álvaro había descubierto la triste mascara forjada a base de engaños y negaciones. Intenté ocultarlo… Pero, él lo notó.

-Gracias…- Dije tocándolo del hombro. Este gesto de su parte nunca lo olvidaría.

-Una cosa más…- Me detuvo antes de que me marchara. Sentí un fuerte golpe en mi pómulo. Maldita sea… ¡¿Dónde demonios esconde esa fuerza?!

-¡¿Eso por qué fue?!- Grité molesto por su acción.

-¡¿Todavía te atreves a preguntarme?! Fue por no decirle nada a tu mejor amigo… Idiota.- Vaya sorpresa… Realmente él es un tonto… Pero, tiene razón. No debí ocultarle a mi mejor amigo lo que sentía. Soy una de los pocas personas a las que Álvaro le ha abierto su verdadero ser… No fue justo el que yo le mintiera.

– Me alegra que lo seas- Le sonreí. Le agradecía su amistad, que por lo menos antes mis ojos era sincera.

-Escucha Lisandro, confió en que la querrás siempre… Por eso, me alegra que estés enamorado de ella.- Me sentí aliviado ante aquella afirmación. Y pensar que me odiaría por eso… Creo que esta debe ser una lección para mí… El querer esperar lo que no piensan las personas, es como querer predecir el futuro. Álvaro tenía razón, eso era imposible.

-Álvaro… Oír eso de tus palabras me es grato. Así que ¿qué clase de amigo sería si no cuido tu confianza? Gracias… Gracias por hacerme ver mi error- Corrí pasando por su lado.

-¡Hey! Lisandro… Ni se te ocurra volver sin ella… Flores servirán mientras seas honesto con tus sentimientos. Créeme que serás correspondido-

-Gracias por el consejo…-Estaba feliz ante su sugerencia. Él realmente aprobaba que yo tuviese una relación con ella. -Oye Álvaro, tú también deberías ser honesto, pero contigo.- Agregué antes de marcharme.

Él es una persona que ha creado una barrera a su alrededor… Y por más gracioso que suene. Siempre ha de tener conflictos consigo mismo. Sobre todo con sentimientos que no comprende, e intenta engañarse negándolos. Está equivocado, igual que lo estuve yo… Por eso, si logró ayudarlo sería como pagar toda mi gratitud.

Llegué deprisa a la terminal, rogando que Emilie no hubiese subido a aquel autobús. Aunque si lo hubiese hecho, no me sorprendería que yo decidiera comprar un boleto para alcanzarla en su parada, porque ya no quería negar lo que sentía por ella. Es cierto que me dije que no me importaba verla feliz con alguien más, pero ahora que lo pienso. Siempre alejé a sus pretendientes, sin darme cuenta yo mismo me contradecía y me ignoraba.

Entre la multitud, mi desesperación sólo iba en aumento. ¿Qué debía hacer? Su frágil rostro no entraba en mi ángulo de visión.

-Disculpe señorita… ¿Ya ha salido el autobús de las 4?- Me acerqué a la recepción.

-Oh… Déjeme contactar con el conductor, creo que hubo en pequeño retraso.- Comenzó a marcar en un teléfono negro. Miré el reloj… ¡Maldición! Había pasado un cuarto de hora, era imposible que aquel transporte siguiese aquí. –Señor, el autobús con destino a Madison ya se ha ido ¿Ha perdido el transporte? –Agregó apunto de hacer un reporte.

-No… Pero… ¡Espere! ¡¿Ha dicho Madison?!- Ese no era el lugar donde vivía Emilie. -¡¿Acaso la ruta no era a Danville?! Por favor dígame que se ha equivocado…-

-Para nada. Quizás usted se ha confundido de hora… Aunque por el momento no tenemos salidas hacía Danville… ¿Acaso hay un problema?- Me quedé atónito. Emilie iba hacía un rumbo equivocado. -¿Señor? ¿Va todo bien?- Escuché preguntar a la recepcionista un poco preocupada.

-¿A qué hora sale el siguiente autobús a Madison?- Salí de mi mar de pensamientos. Tenía que alcanzarla, ella ya no era una niña como para sentir miedo, de seguro encontraría como regresar. Pero… No quería dejarla sola, ya no más.

-Déjeme revisar… Ohm… El próximo es a las 4:50-

-Perfecto. Necesitare uno.-

-¿Lisandro?-Oí su tierna voz llamar mi nombre.

-Emilie… ¡Emilie!- La tomé de los hombros y delicadamente la abracé.

-¿Huh? ¿Qué ocurre Lisandro? Estás actuando raro…- Dijo sonriendo y dándome unas cuantas palmaditas en mi espalda.

-Emilie… Tú… Pensé que habías tomado el autobús equivocado.- Estaba un poco confundido.

-Jeje, de hecho si lo hice. Pero, cuando llamaron para abordar, me di cuenta que no era mi destino. Me sorprende que Álvaro se haya confundido, él no suele ser ese tipo de persona… Quizás algo le preocupó y por eso se ha equivocado. Menos mal que has llegado. Estoy feliz- Rió dulcemente.

Escuché atentamente cada una de sus palabras. Maldito Álvaro… Él había planeado todo. Emilie tenía razón, él no era la clase de persona que confunde este tipo de cosas, y menos tratándose de ella. Sonreí ante tal acción por parte suya. Siempre haciendo cosas sin sentido… Siempre ayudando a los demás sin darse cuenta… Que tonto es.

-Señor… ¿Va a querer el boleto?- Preguntó la recepcionista rompiendo mis pensamientos.

-¿Boleto? ¿Qué boleto?- Emilie parecía curiosa y preocupada.

-No gracias… Sólo ha sido un error. –Me dirigí hacia la recepcionista. –Lo siento Emilie… Es sólo un malentendido.- Intenté disimular, me había puesto nervioso… Y vaya que demasiado.

-Tú… ¿Tú ibas a comprar un boleto hacía el lugar donde me dirigía por error?- Gesticuló una mueca de sorpresa.

-Sí…-

-¿Sabías que me equivocaría de autobús?-

-No… Es sólo que… Pregunté acerca de tu salida y me di cuenta que era el equivocado.-Me enredaba con mis palabras.

-Pero… ¿Qué es lo que hacías aquí?- Noté que sus manos comenzaron a temblar. Sus ojos se tornaron un poco rojos y acuosos.

-Bueno… Veras… Yo sólo…-No sabía cómo o qué decir.

-No lo entiendo… Siempre rescatándome de situaciones como esta…Siempre estás cuando te necesito y cuando me doy cuenta, ya me has salvado, pero… ¡¿Por qué no lo entiendo?! ¿Podría ser que soy muy tonta? Estoy feliz, sin embargo… Duele… Me duele el no poder hacer lo mismo… Lisandro, lo siento. Soy de lo peor.- Quebró en llanto.

-Te equivocas…- Limpié las lágrimas de sus parpados. Con ambas manos tomé sus mejillas. –Tú siempre has sido mi salvación… El cruel soy yo Emilie… No darme cuenta de tus sentimientos fue lo peor que pude haberte hecho.-Rodeé su cuerpo en mis brazos.

-¿Eh? ¿De qué hablas? Yo nunca…-

-Te amo…-

-Lisandro… Detente…- Sentí su cuerpo a punto de despegarse del mío.

-Te amo… Desde que nos conocimos- La jalé de nuevo.

-¡Ya basta!- Se separó bruscamente. –No necesito tu lastima… No quiero que lo hagas porque te sientas comprometido… Deja de jugar conmigo de esa manera… Por favor.- Volvió a llorar, pero esta vez de una manera silenciosa.

En ese momento, comprendí las palabras de Álvaro. Siempre traté de no lastimarla, pero sin darme cuenta, poco a poco la herí. Fui un ciego y un idiota. Ignoré por completo los sentimientos que por mis acciones sin cuidado se habían formado. La hice sentir de esa manera… Tantas veces jurando que la protegería… Sólo ese día me di cuenta de mi gran error. Después de todo… Él tenía razón, fui un egoísta.

-No es lastima…- En otros momentos, me hubiese alejado. Pero, esperé tanto tiempo y una vez que hubiese desbordado lo que sentía por ella, sabía que no se detendría.

Sentí mi corazón acelerarse. Rogaba que no me odiase o rechazara después de lo que estaba a punto de hacer.

Pausadamente, tratando de no lastimarla. Besé por primera vez, aquellos labios entreabiertos que tanto deseaba. ¿Dónde quedó el Lisandro que había prometido jamás tenerla? No lo sé… Pero, me alegraba no encontrarlo.

Después de tanto tiempo, de nuevo sentí aquella emoción vibrante. Me sentía nervioso y extrañamente emocionado.

Al abrir mis ojos contemplé su rostro. Ella tenía sus parpados cerrados. No parecía tener una cara de disgusto. Estaba ruborizada y pude sentir el palpitar de su corazón. No quería separarme de ella, pero, no me podría controlar si seguía.

-¿Por qué lo hiciste?- Apartó su rostro con las mejillas rojas.

-Te dije que te amaba… No es mentira. Creí que volver a amar sería imposible. Me asustaba el hecho de aferrarme a un único amor. Tenía miedo de olvidar… De no volver a emocionarme de esa manera que me costó encontrar… Pero, tú apareciste en mi vida. Tu amabilidad, tu gentiliza y tu forma de hablar paralizaron aquellos sentimientos. Por eso, perdóname.- Ella me observó extrañamente… Creo que podría haber muerto, me sentía inquieto ante su próxima respuesta. ¿Qué es lo que me diría? Estaba aterrado.

-Lisandro… Gracias.- Me abrazó sutilmente. –Gracias por dejarme ver de nuevo aquella persona oculta. –Sonrió. -Escucha… Nadie te criticara si te emocionas por algo, o si ríes con todo tu corazón. No temas a una falsa soledad… Yo haré todo lo posible para no verte sufrir, porque yo… ¡Te amo!- Comenzó a temblar un poco.

Emilie era mi ángel… Mi amada… A la cual intenté olvidar muchas veces… Aunque en el fondo sabía que sería imposible. Noté su tierna sonrisa con unas cuantas lágrimas.

-Emilie… Jamás temeré si permaneces a mi lado. Debes saber que soy problemático, celoso y olvidadizo. Así que si me aceptas de esa manera prepárate para las consecuencias.-

-Sí…- Besó mi mejilla.

Debí alejarme cuando tuve la oportunidad… Ya no había por donde regresar. Debí huir, pero sin querer o quizás sólo un poco, caí al hoyo que tanto temí. Sin embargo el frío lugar que me imaginé, era muy diferente al que siempre creí. Para dejar que mi corazón se emocionara, para reír desde el fondo de él, para encontrar el significado de la vida diaria, el del amor… Yo quería que me dieran permiso…

-Oye… Estoy un poco molesta- Murmuró Emilie.

-¿Oh? ¿Por qué?- Pregunté sorpresivamente. ¿Podría ser que se estuviera arrepintiendo tan pronto?

-Robaste mi primer beso… ¡Me siento rara!- Inocentemente ocultó su rostro.

Está chica… Era demasiado tierna y pura. Que ella dijera eso, me hizo sentirme demasiado alegre. Ser su primera experiencia, ser al primero que le entregase sus labios, me volvería más egoísta. Quería apreciarla por siempre. A mi frágil ángel…

-Entonces te mostraré más cosas…- Le susurré seductoramente.

-¿Qué…? ¡¿Qué estás diciendo?! ¡No quiero saber nada, eres un tonto!- Se ruborizó de una manera única.

-Oye no pongas esa cara… Ya no eres una niña.- Le apreté la mejilla.

-Ahora entiendo a mi primo. Eres demasiado alto…- Sonreí ante su comentario. Aunque parecía molesta, de verdad era hermosa al tratar de parecerlo.

-¿Vamos a casa?- Le extendí mi mano con una sincera sonrisa.

-¿Eh?… ¡Sí!-Volvió su alegre mirada. Y como la primera vez, el contacto con su mano, fue una bendición para mí… Tan cálida, tan suave, tan pequeña y tan frágil.

En aquellos momentos no me importaba perderme de nuevo… Porque sabía que ella me encontraría y sacaría del frío laberinto que yo solo creé…

CONTINUARA …

ABRAHAM ROCHA RDZ

 

Existen personas que no deberian de amar… capitulo 21 & 22

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¿Cuándo será el día que vuelva a mi tranquilidad? Son molestos estos días… Cada uno de ellos, horas y minutos se han vuelto una tortura para mí. ¿La única víctima aquí soy yo? Estúpidos pensamientos débiles… No importaba, te haré pagar por todo Valeria… Cada valioso tiempo pensando en ti sería saldado por una lágrima de dolor. Así que, vuelve a mí…

Seguí esperando sentado en un sillón de la sala de emergencias. ¿Por qué te acompañé ese día? No preguntes… Aún no sé la respuesta.

-¡Álvaro! Macho ¿Cómo está?- Llegó Lisandro junto con Emilie. Los dos parecían preocupados.

-Está en revisión. Parece estar reaccionando bien.- Esas palabras me aliviaban, me tranquilizaban. Pero las odiaba.

-Todo estará bien Alva.- Me dio una palmada ligera en mi hombro y me sonrió calmadamente.

-Gracias Lisandro.-

-¿Acompañantes de la señorita Valeria Hoffman?- Preguntó saliendo del consultorio el doctor.

-Sí…-Contesté un poco débil. Un poco furioso, y confundido. Prácticamente no me había movido desde que te llevaron a ese lugar. Y Joel… Joel se largó a los 15 minutos de tu estadía. Yo debí haber hecho lo mismo, pero… Quería saber que tú estabas a salvo.

-La paciente está mejor, pueden pasar a verla si gustan. Por un momento le ha dado un susto.- Sonrió como si realmente no hubiese ocurrido nada.

-Adelante Alva, nosotros esperaremos.- Dijo Lisandro sentándose con Emilie en el largo sillón.

Abrí la puerta despacio. Entré y te vi… Idiota, no vuelvas a darme sustos así.

Estabas sentada en la camilla, viendo hacía la ventana sonriendo con unas cuantas lágrimas.

-Oh… Álvaro… Pensé que era Joel, ¿dónde está él?- Incluso aún preguntas por él. Que tonta eres.

-No ha regresado desde hace hora y media.- Dije secamente. En mis planes no era entrar y hablar acerca del paradero de tu novio.

-Lo siento… No debí preguntarte eso… Debería darte las gracias ¿verdad?- Sollozaste un poco forzando una sonrisa. –Dime… ¿Hasta cuándo van a continuar estos días de impactarme a mí misma?- Tus tiernos ojos azules me suplicaban una respuesta desesperadamente. ¿Cómo debía dártela si no lo entendía? Ante el silencio producido, cubriste tu rostro tratando de evitar que tus lágrimas resbalaran. ¿Qué debía hacer?…

-Valeria… No puedo salvarte de esta agua.- Limpié tu rostro llevándome cualquier residuo de llanto. Debía alejarme… Simplemente preguntar tu salud, aún cuando aquel doctor me la había dicho. Debí haber huido. Pero… Ya era demasiado tarde, mis brazos rodearon tu cuerpo estrechándolo contra el mío.

-Gracias… Gracias por salvarme.- Correspondiste a aquel abrazo. Tus lágrimas se deslizaban como niños en un tobogán sobre mi playera.

-No, no agradezcas… Si yo hubiese llegado a tiempo, tú no estarías…-

-Estoy feliz.- Me interrumpió apunto de decir algo de lo que quizás me arrepentiría más adelante. –Álvaro, ¿por qué te culpas?- Sonreíste dulcemente.

¿Culparme?… No, jamás haría eso. Nunca, pero…

Me recosté en tu hombro. Tu fragancia, tan suave y embriagante me obligaban a no moverme. Puede percibir el sonido de dos bombeos. Tu corazón latía acelerado y el mío parecía seguirlo. Estos días son los que más odio. Eres la que me está destruyendo… La que me cambia.

Comenzaste a jugar suavemente con mi cabello. Lo enredabas entre tus dedos, peinándolo delicadamente. ¿A dónde fueron aquellos días?

-Álvaro… Siento ser una molestia… Otra vez lo hice ¿no es así? Te separé de Katherine, deberías ir con ella… Yo esperaré a Joel…- ¿Aún deseabas su compañía? De nuevo me estabas rechazando… ¿Quién te creías? Sólo haciéndome enojar, alterando mi paciencia.

-Déjalo…- Fueron palabras autónomas. –Termina con él…-

-¿Eh? ¿Qué estás diciendo?… Álvaro deja de bromear…- Reíste ligeramente.

-No es una broma… No estoy riendo Valeria.- Y eso era lo que me aterraba. Estaba siendo sincero. No quería que estuvieran con ese idiota. Aunque me cueste admitirlo, tú valías mucho… Eres un juguete valioso, no deben compararte con piezas de plástico baratas… Tú eras de la más fina porcelana.

Agachaste la mirada.

-¿Por qué?… ¿Por qué no me dejas avanzar?- Sollozaste de nuevo. –Siempre… Siempre me haces esto… Quiero sacarte de mi corazón, de mis pensamientos. Intentó olvidarte con él…-Quebraste en lo último.- Pero, no puedo. Dijiste que no me podías salvar de las lágrimas… Eso no es verdad, ya lo has hecho.- Sonreíste melancólicamente.

-Valeria… ¿De qué hablas? Yo nunca he…-

-Lo has olvidado…-

“Me encontraba llorando, de nuevo el idiota de mi novio me había engañado, no era la primera vez ni la segunda, eran ya demasiadas. Soy una tonta. Dije entre enojo y tristeza. Las abundantes lágrimas no sedaban, no es como si fueran por él, eran debido a mi idiotez y engaño. Veía pasar a las personas, unas riendo, otras no disimulaban el verme, algunas se burlaban de mí e irónicamente creía que todas eran más felices que yo.

Gemí un momento y volvieron a salir aquellas gotas saladas. Me daba rabia sentir esto, yo no era débil…

Un joven alto se posó frente mío, extendió su mano otorgándome un libro y un pañuelo. Un miedo rodeó mi espalda. Su mirada penetró mis ojos. Parecían desafiarme.

No pude evitar sonrojarme. Era realmente guapo. Su rostro simétrico y su dulce aroma me habían cautivado. Con nerviosismo tomé el libro y el pequeño pedazo de tela. Con mi mano temblorosa limpié torpemente mis párpados. Suspiré prolongadamente evitando el contacto visual pues me intimidaba bastante.

Una mueca de disgusto se le dibujó en el rostro. Se agachó acercándose demasiado a mi cara. Con delicadeza me quitó el pañuelo y sostuvo mi rostro con su otra mano alzándolo sutilmente, que frías eran. Tiernamente limpió mi mejilla y mis pómulos.

-Mira que desastre, tu maquillaje se ha corrido-

Sentí el rostro hervir. Era demasiado vergonzoso.

De nuevo se incorporó de pie y abrió el libro que me había dado.

– No dejes que nadie más las vea… No tienen derecho, nadie. – Se retiró sin decir más.

-Gracias…- agregué tarde.

¿Quién habrá sido? No lo sabía, pero, mi corazón se aceleró y olvidó por momentos la tristeza que sentía. Por su presencia y este dulce detallé olvidé al amor de mi vida

Sólo quería decirle gracias y devolverle el grueso libro. Creí que en jamás lo volvería a ver. Creí que había sido un guardián típico de los libros de fantasía el cual me cuidó por breves segundos.

Suspiré tratando de recordar sus bellos ojos, de recordar su voz. Perdida en mis pensamientos tropecé con un cuerpo duro.

-Lo siento…- dije casi al instante.

-Descuida, fue mi error.- Respondió un joven de buen porte, castaño de ojos azulados.

-De todas maneras lo siento…- Un silencio incómodo se penetró en el ambiente. ¿Qué más tenía que decir ahora?

-Esto… Mi nombre es Valeria- Dije tratando de disimular la tensión.

-Un placer, mi nombre es Samuel- Sonrió de manera seductora.

Observé lo que sujetaba en su mano. Llevaba un libro color marrón. Grande en letras doradas se podía leer el título de “Sadness” era el mismo libro que aquel joven me prestó.

-¡Un ángel!- exclamé sorprendida.

-¿Disculpa?- me miró de manera extraña. Sentí la cara hervir, que estúpida fui.

-No es nada… Jaja… Pensamientos tontos…- Maldición.

-Es gracioso, pensé que hablas leído este libro, en efecto trata acerca de un ángel sufrido de amor. El ángel denominado Sadness, él estaba a cargo de tener al mundo en plena paz. La tierra era muy distinta a como es ahora. Él cuidaba de que todos estuviesen felices, pero este personaje se enamora de una doncella, una simple humana. Tocado por su gran belleza decide descender del cielo para conocerle, la joven era más bella de cerca. Sin embargo ella estaba prendada y cautivada por un demonio. Inmediatamente, llega a la conclusión que aquel vil demonio la ha encantado, pues para él, no hay otra explicación. El ángel intentaba quitar aquel hechizo, pero por alguna razón esté no se iba. Descubre entonces que no existe ninguno. Confundido aún sin entenderlo vuela de regreso a las alturas. Triste sonrió mirando como ella era feliz al lado de aquel ser malignó. Decepcionado decide olvidarla continuando su labor establecida. Tantos años pasados, su corazón aún guardaba aquel pequeño sentimiento. Aunque parecía marchito seguía punzante. Decidió pues observarle de nuevo. Pensó que una mirada no le mataría. Pero por más que su vista buscaba, no podía encontrarla. Desesperado bajó de su blanca nube. Recorrió cada rincón de aquel mundo, su rostro gesticuló una cara de horror a cada paso recorrido. Tanto fue el impacto de no percibir su alma que de repente comenzó a soltar lágrimas, lo cual provocaron que todas las personas que por ahí deambulaban decidieran acercarse. Pero, cuanto más presenciaban aquellas lágrimas que para entonces les eran desconocidas, sus almas comenzaban a caer en depresión. Comenzaron a culparse unos a otros, comenzaron a crear problemas de cualquier situación que había ocurrido, buscaban una excusa para llorar.

La historia terminaba diciendo lo siguiente <Y vagó, vagó buscando a la joven doncella que fue devorada por la soledad, dejó su labor atrás causando sólo tristeza, perdido en la tierra aún espera encontrar a su damisela>- Terminó de hablar Samuel.

Le miré un poco extrañada, parecía que aquella historia realmente le conmovía.

-¡Oh! Disculpa- agregó en tono apenado. -Creo que te estoy incomodando.

-Por el contrario, me ha parecido interesante- Le sonreí.

-¿De verdad lo piensas?- Asombrado preguntó.

-Si.- Contesté de inmediato.

-Me alegra oír eso, no había conocido a una persona interesada en este libro-

Solté una risilla, se veía muy emocionado.

-Sabes, tal vez te llevarías muy bien con la persona que estoy buscando, parece ser que tienen tanto en común-

-¿Es un amigo tuyo?- preguntó sonriendo.

-Digamos que fue mi salvador- agregué apenada.

-Espero lo encuentres, parece ser alguien muy majo.-

-¡Apuesto que sí!- Ambos sonreímos. Comenzamos una amena conversación. Esta persona era muy agradable. Pronto se convirtió en mi mejor amigo con el paso del tiempo.

Aquel joven hizo que me encontrara con él. Era el destino. Me salvó de no convertirme en la damisela de aquella horrible historia. Quería encontrarlo, agradecerle por todo…

-Valeria sigues con eso… Ríndete.- Me decía Samuel una y otra vez.

-¡NO! Sé que lo encontrare algún día. Además…- Tomé el libro que me entregó. Era muy preciado para mí. –Aún tengo que regresarle esto…- Lo abracé melancólicamente.

-Valeria, ¿no crees que deberías ver a otras personas? Aquellas que están cerca de ti…- Se acercó a mí. Su rostro estaba muy junto al mío. Me ruboricé un poco, él siempre era así… No lo entendía… Quizás tenía razón, pero…

[Ring, Ring] Sonó el teléfono de mi casa.

-¡Oh! Lo siento Samuel debo contestar…- Lo aparté y corrí a coger la llamada.

-Cielos… Siempre es lo mismo.- Dijo decepcionado.

-Diga…- Contesté.

-¿Hablo con la señorita Valeria Hoffman?- Preguntaron de la otra línea.

-Sí, soy yo. ¿Qué desea?-

-Habla en asesor educativo de Galo, para informarle la buena noticia. Usted ha ingresado con un puntaje casi perfecto del 95%. Enhorabuena, ya es una estudiante de Galo.-

-¿De verdad? ¡Gracias!- Lo había logrado. Logré entrar a la universidad que mi tía deseaba. No podía estar más que feliz.

Una vez que colgaron, le comenté a Samuel mi logró. Él me abrazó y besó mi mejilla.

-¡Felicidades bajita!-

-No me digas así… Eres un tonto.- Sonreí. Pasar el tiempo con Samuel era muy agradable.

El día por fin había llegado… Conocería mi nuevo instituto. Amigos nuevos, maestros nuevos… Samuel no estaría conmigo, pero había prometido visitarme. Los buenos amigos siempre estarán ahí para ti ¿No es así?

-Mi nombre es Valeria Hoffman, es un placer conocerles, espero llevarme bien con todos ustedes.- Me presenté ante mis nuevos colegas. Al parecer era una tradición de todas las instituciones.

Poco a poco se fueron presentando los demás estudiantes. Todos parecías muy agradables.

-El joven que está leyendo. El ultimo de aquella fila, preséntese por favor.- Dio la orden el profesor Francis.

-Mi nombre es Álvaro Crowley…- Fue todo lo que pude oír. Escuché a varias chicas murmullando que lo guapo que era. Regresé mi mirar hacia él. No lo podía creer… Mi guardián. No había duda… Era él.

¿Tengo que saludarle? ¿Se acordara de mí? Valeria tonta. Me regañé enojada. No pude concentrarme en ninguna clase. Deseaba que la hora del descanso llegara pronto. Que pensamientos tan egoístas tenía.

Sonó el timbre que fue una descarga que aceleró mi corazón. Era mi oportunidad. Tenía una forma de acercarme, llevaba aquel libro. Siempre lo traía conmigo.

-Al tratar de localizarlo lo no lo encontré. Había desaparecido. Cuando pronto noté que en realidad había sido opacado por un grupo de chicas. Después de todo, era lógico que fuera popular entre ellas.

Salí del salón para conocer el instituto, de todas formas no podría acercármele. Tenía mucho tiempo para hacerlo ¡Esto era genial! Él estaba en mi clase… Estaba feliz.

Contemplé la pizarra que había, colgada en una pared del corredor.

-Mira Zully, este chico es un genio. Tuvo el 100% en el examen.-

-¿Enserio? Es sorprendente, pensé que nadie lo sacaba.-

Me acerqué un poco para ver al supuesto genio. Quedé sorprendida cuando leí su nombre en el puesto número 1. Álvaro realmente era grandioso.

Mi nombre se encontraba por debajo de 3 nombres más, pero… Estábamos en la misma pizarra. ¿Por qué me sentía de esa manera? No importaba… Estaba feliz.

Pasó el tiempo y no podía acercarme a Álvaro. La distancia crecía más… Las chicas cada vez lo opacaban más. ¿Qué debí hacer? A este paso, nunca podría entablar una conversación con él. Sentía celos…

-Joven Álvaro ¿de nuevo tarde? Sera sancionado si vuelve a ocurrir- Le repetía el señor Francis.

Pronto lo suspendería… Pues de nuevo no llegaba…

-Rosalía perdóname, voy tarde a la clase de biología.- Escuché su cálida voz.

-No se dará cuenta cielo- Estaba con ella. Rosalía la chica más guapa según ella, de Galo.

-Disculpen- Ambos voltearon a mi dirección. Sentí una escaneada por parte de Rosalía.

-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?- Preguntó molesta. ¿De verdad conoce a todos los del instituto? Sera idiota. Pensé.

-No sé a qué te refieres, yo siempre he asistido a este colegio- Respondí enojada. Miré a Álvaro unos segundos parecía que no le agradaba la presencia de Rosa.. –Él es mi novio, te pido que le sueltes.-

¡¿Qué demonios estaba diciendo?! Álvaro podría negarlo y quedaría como una idiota… Quería que la tierra me tragara.

Rosalía me miró, y se burló.

-Si claro bajita, alguien como él jamás saldría contigo. Tendrás bello rostro, pero date cuenta que es lo que tiene a mi lado.- Demonios, actué sin pensar.

-Basta Rosalía, es verdad ella es mi novia- Álvaro hizo un lado a Rosa y tomó mi mano. Sentí que me desmayaría… Pero no podía, tenía que seguir con la actuación.

-Gracias, hasta ahora me defiendes Álvaro.- Lo abracé sutilmente. Era la primera vez que lo hacía… Creo que iba a morir.

-Dime que esto no es verdad Crowley-Rosalía, me miraba con cierto desprecio.

-Es la verdad- Él correspondió al abrazo. Me estremecí un poco.

Rosa molesta continuó su camino.

-Te debo una- Me sonreí y dejó de abrazar. No quería que el abrazo terminara, así que me aferré a él… Cerré mis ojos esperando un rechazo por parte suya.

Sentí sus manos tomar mi barbilla, y tiernamente besó mi mejilla. No pude evitar sonreírme. Mi guardián estaba conmigo…

-Perdona pequeña, pero llego tarde a una clase, te veré luego- Lo sabía… No me recuerda.

-¿Iras a la clase del señor Francis?- Dije calmadamente siguiendo el ritmo de sus pasos.

-¿Eh?, si así es. ¿Cómo lo sabes?-

-Tenemos el mismo horario Álvaro- Seguí avanzando. Él se detuvo de golpe-¿Qué ocurre?- Pregunté sorprendida.

-Lo siento, no recuerdo haberte visto en las clases.-

. –No destaco mucho.- Le tomé de la mano.

Abrí la puerta del aula. El señor Francis aún no estaba presente.

-Valeria pensé que no regresarías, saliste sin avisar.- Se acercó Carolina una amiga mía.

-Lo siento- Reí disculpándose.

-Bueno eso no importa, pero dime algo, desde cuando te llevas tan bien con el príncipe.- Nos albureó y sonrió pícaramente. No pude evitar sonrojarme y rápidamente solté su mano.

-Lo conocí hoy-

-Disculpa, ¿me llamaste príncipe?- Preguntó ignorando mi torpeza.

-Así es Álvaro, supongo que no te has dado cuenta de tu apodo.- Respondió Carolina

-Lo siento, no presto mucha atención.-

-Si me he dado cuenta de eso, de ahí tu apodo, príncipe. Eres el tipo soñado de casi todas las chicas de Galo.-

-Ya veo.-

-Valeria ¿por qué saliste?- Me preguntó Carolina

-Bueno… faltaba alguien en la clase, el señor Francis le advirtió a Álvaro suspensión si volvía a entrar tarde. Sólo me preocupé-

-Pudiste a verme dicho, el señor Francis me avisó ayer que faltaría, te pudiste haber ahorrado la búsqueda del príncipe, y esperar que llegase.-

-¡Pero si no, ella lo hubiese…! Perdón- Baje la voz avergonzada. Estaba a punto de decir algo innecesario – Si no hubiese buscado quizás nunca habría tenido la oportunidad de conocerle.-

-Bueno no es una excusa muy válida, pudiste haberle hablado como lo hago yo ahora.-

-¡Pero!… Lo sé…-

Carolina sonrió divertida. Continuó la conversación, tomé confianza poco a poco. De verdad Álvaro me la daba.

-Caro ¿vienes?- Le invitaron un grupo de chicas y chicos. Ella afirmó y se despidió. Dejándonos solos.

-Álvaro, lo siento, fui un poco atrevida.-

-¿De qué hablas? Gracias a ti me libre de un ser comido vivo.- No disimulé una sonrisa.

-Tu rostro demostraba que no querías, pero igual no debí…-

-Gracias-Me interrumpió–Mi nombre es Álvaro Crowley aunque creo que no hace falta presentación, es un placer.- Extendió su mano.

-Valeria Hoffman, el gusto es mío.- Sonreí… Por fin, por fin conocí a mi salvador…

Nunca le devolví aquel libro… No recuerda nuestro primer encuentro, así que será un secreto que sólo guardaré yo. Lo quiero… No, lo amo. Estoy enamorada de Álvaro… Él me salvó de una amarga cicatriz. La sanó con su amabilidad…

-Tú me gustas…- Dije ruborizada. Esperaba un rechazó… Pero él me abrazó.

-Lo mismo siento por ti- Me susurró al oído.

No lo esperaba… La persona que tanto amo, me correspondía el sentimiento. Estaba feliz… Emocionada, no quería que se fuera de mi lado nunca…”

-¿Aún no lo recuerdas Álvaro? Esa niña llorona  de aquel día… Te agradece todo… Por eso, quiero verte feliz…- Sonreíste.

Así que eras aquella chica… Me equivoqué… No eras una acosadora, eras mucho peor. Mira que guardar aquel recuerdo. Me repugna…

-¿Qué ocurre Álvaro? Lo sabía no lo recuerdas… Está bien… Yo…-

-Valeria, guarda silencio.- Uní mis labios con los tuyos…

No permitiré que robes la batuta al maestro… Jamás.

CAPITULO 22…. CONTINUACION

Te amo… Te necesito… No te vayas. Son sólo palabras que han perdido mucho valor. Las has convertido en un simple cliché. Pues desde que te conocí mi mente has distorsionado. Y aunque quiera ignorarlo, sigo pensando en ti.

Nunca pensé que tales pensamientos me llevarían a querer recuperarte. Poco a poco comencé a perderte, pero lo veremos en una analogía. Si estás a punto de caer desde un acantilado y yo te tirase una cuerda ¿la aceptarías Valeria?

–Está bien si ahora me das una cachetada.- Me burlé un poco de ti. -¿Qué ocurre?-

-… ¿Por qué lo hiciste?- Preguntaste agachando la mirada. Parecías un cachorro frente a su amo.

-No dejabas de hablar. Me molesté un poco que no escucharas lo que tenía que decirte. Además de que me has echado de una manera cruel. Así que…- Sentí tus brazos rodear mi cuello y de forma inesperada volviste a besarme.

-¡Lo siento!- Dijiste reaccionando y separándote rápidamente.

-Está bien… Supongo que fue venganza.- Si intentas retarme, déjame decirte que las llevabas de perder… Me acerqué a tu oído. -¿Tienes algún problema si me quedo?-

-¡¿Eh?! ¡Yo no quise decir eso! Es sólo que… Katherine debe extrañarte…- Bajaste el tono de tu voz. –Oye… Olvidemos lo que paso hace poco, por favor.- Cubriste tu rostro.

-¿De qué hablas? Aquí no ha ocurrido nada.- Besé tu mejilla y me separé de ti.

-Gracias.- Quebraste un poco tu voz.

-Valeria… Si me lo pides, no me iré.-

-Pero… Katherine, ella ha de estar preocupada por ti. Ve a verla sino se pondrá furiosa.-

-Entonces no lo niegas.- Sonreí. –Deberías ser un poco egoísta Valeria. Sólo pídemelo y aceptaré.-Te susurré.

-Álvaro yo…-

-Él ya se iba ¿no es así Valeria?- Entró Joel a la habitación.

-Pero si has llegado, pensé que nunca vendrías.- Me alejé de ti

-¿De qué hablas? Sólo me fui 15 minutos.- Manifestó mintiendo.

-Claro. Si lo ves del lado relativo puede ser que hayan pasado quince minutos. Aunque aquí haya pasado una hora y media.- Declaré enojado.

-Tú novia está afuera, esperando. Deberías ir.- Trató de ignorar mi comentario.

Gesticulé una cara de disgusto y enfado. Ni te hagas la idea de que eran celos, porque no lo eran… Te recuperaría aunque ese tipo tratara de impedirlo.

-Entonces me voy.- Comencé a caminar hacía la salida.

-Ah… ¡Gracias!- Escuché tus suaves palabras. –Gracias por salvarme.-

Muy bien Valeria. El haberle aclarado a Joel quien era tu salvador era perfecto para mi jugada. Me pregunto hasta dónde podrás tolerarlo. Te aliaste conmigo correspondiéndome aquel beso. Tan sólo quería paz mental, por eso, deberías decirle adiós a Joel pronto.

-¡Oh! Álvaro… ¿Cómo está ella?- Preguntó Katherine rápidamente al verme salir del consultorio.

-Se está recuperando… Me alegra haber llegado a tiempo.- Suspiré y le sonreí.

Ante mi expresión, ella sólo agachó la cabeza triste.

-Tienes razón… Álvaro, lo siento, actué de una manera muy estúpida. Es sólo que…-

Me molesta cuando piensan de más. Besé a Katherine tiernamente, de esa manera tus besos no se volverían riesgosos para mí.

Lentamente separe mis labios de los tuyos.

-No te preocupes, está bien. Lo entiendo.- No, la verdad no entendía algo así de posesivo.

-Álvaro…- Su voz parecía triste y divisé unas cuantas lágrimas rodar por sus mejillas. -¿Podemos irnos ya?- Fue la súplica que me hizo. ¿Ahora qué le ocurría? No entiendo a las mujeres aunque lo intente.

-Claro… Si es lo que quieres, vámonos.- Traté de tomarle de la mano pero ella rápidamente la quitó y comenzó a caminar. ¿Seguía molesta acaso? Si tu amor es enfermizo, quizás el de ella era peor…

-¡Álvaro! ¿Cómo está Valeria?- Corrió hacia mi Emilie. Katherine continuó recto sin siquiera detenerse.

-Ella está mejor Emi. Ven es hora de irnos.- Toqué sus hombros para tranquilizarla. Lisandro no dijo nada respecto a Katherine, parecía ser que él había notado su comportamiento tan sorpresivamente extraño.

El camino a casa fue algo callado. Tenía tantas preocupaciones en la cabeza. Una de ellas era la pronta partida de Emilie, no conocía los motivos exactos sólo sabía que no cambiaría de opinión, parecía muy segura. Y por otro lado, el comportamiento de Katherine. ¿Podría ser que hubiese visto la escena del beso? Y si es así… ¿Cómo se supone que debería sacar el tema?

Por breves segundos regresé a verla, pues no podía despegar mi vista del frente, ya que estaba manejando. Ella se encontraba pensativa mirando por la ventana del automóvil.

Yo no quería dañarla… No, yo no quería herir a nadie. Por eso a la persona que más amaba le serví como un juguete. ¿No es tonto? Lo sabía desde siempre. Y aunque me dolía, siempre lo guardé, nunca le dije a nadie acerca de eso.

Creí que así tenía que ser… Era estúpido, tonto, quizás tan cotidiano. Tal vez cotidiano fue la razón que me obligó a continuar de esa manera.

-Valeria está sufriendo con un idiota como él. Sólo la hace sentir miserable, culpable. Que impotencia siento el no poder hacerle abrir los ojos.- Eran siempre las pláticas que teníamos Samuel y yo.

Él también me hacía sentir de la misma manera… Me hacía sufrir…

-Samuel… ¿Qué te parece si te ayudo?- Fueron mis palabras. Quizás sólo de esa manera, por fin podría llegar a quererme.

Me daba un poco de risa mi actitud… Sentirme humillada por alguien… Depender de esa persona… Era para odiarme.

-¿De qué hablas Katherine?- preguntó sorprendido.

-Yo quiero ayudarte con Valeria. Álvaro parece ser una persona demasiado predecible. Quizás podríamos tenderle una trampa.- No me importaba de qué manera sería utilizada y degradada.

-¿Una trampa? ¿Qué tipo de trampa?-

-El decirle a Valeria cosas de Álvaro sin pruebas es algo tonto… Ella está enamorada de él, nunca sabrá sus verdaderas intenciones sino lo ve ella misma.-

-¿Estás proponiendo ponerlo en evidencia? ¿Pero cómo? Tendríamos que seguirle hasta encontrar algún indicio que lo delate.-

-O podemos crear las pruebas.- Le sonreí con aires de confianza.

-Exactamente ¿qué?-

-Álvaro no ama a Valeria ¿no es así? Yo creo en lo que dices, por lo tanto será fácil seducirlo.-

-Espera… ¿Tú harías eso por ella?-

-Por supuesto. Ella es tu amiga… Además que también será por ti. No quiero que sufras.- Él se acercó a mí y me dio un rápido beso. Aunque para él no signifique nada… Para mí era un pequeño mar de emociones.

-Gracias Katherine.- Me abrazó sutilmente. ¿En qué momento me denigré de esa manera? No importaba pues ya no había vuelta atrás.

La amiga de mi madre necesitaba ayuda en dar adopción a una camada de cachorros. Era una excelente oportunidad de tender nuestra trampa. Así que sin dudarlo me ofrecí a ayudarle.

Elegí un vestido de olanes color blanco. Frágilmente pinté la comisura de mis labios con un tono carmesí. Era la hora de hacerle ver a Valeria la verdad acerca de su novio.

Samuel me dijo acerca de una brecha dónde comúnmente él deambulaba. Madre mía, si que lo tenía vigilado.

-¿Estás segura de querer continuar?- Me preguntó Samuel dejando la caja llena de cachorros en el suelo.

-Por supuesto- Le aclaré firmemente, aun cuando en el fondo quería abandonarlo.

-De acuerdo… Gracias.-Sentí su cuerpo rodear el mío. Nada había cambiado, ni él, ni mis sentimientos.

Se despidió de mí dejándome con los sabuesos. Esperando por Álvaro… Sólo le conocía por foto. Pero es algo demasiado superficial… Esperaba no equivocarme.

Esperé y esperé. No había señales de él. Sólo algunas personas que específicamente en minutos pasaban. Ninguna encajaba con la descripción de Álvaro. Cuando de repente llegó un joven, que postró su mirada en los cachorros. No tenía opción, por lo menos cumpliría mi promesa de darlos en adopción.

-¿Desea tener uno? Parece gustarle mucho los animales.- Le dijo sonriendo.

-¿Eh? No, es muy amable pero yo creo que debería venderlos. Son unos hermosos canes en perfecto cuidado. En lo personal pagaría muy bien por ellos- Dejó de acariciar al pequeño sabueso y con un pañuelo de algodón limpió su mano.

-Oh que va, por supuesto que no los vendería, debe usted saber que he empezado desde temprano a obsequiarlos. Sólo he logrado encontrarle casa a uno de ellos.- Miré su rostro y no lo podía creer. Era él… Álvaro estaba frente mío. Joder… Era más guapo en persona.

-Quizás no estás ubicada en la zona adecuada.-

-Jaja, lo sé. Confesare que no fui cuidadosa en buscar un lugar concurrido. La caja no es nada ligera ¿sabes?- Le sonreí tranquilamente.

-Oh, entiendo.- Me devolvió el gesto. Cuidadosamente recogió la caja donde los cachorros jugueteaban sin mucho esfuerzo. –Vamos, busquemos un hogar a estos pequeños.- Sorprendida lo miré. ¿De verdad estaba ayudándome?… ¿Y ahora qué se supone que debía hacer?

-¿Eh?… ¡EH! –Grité- Espera no es necesario.- Tomé sus brazos tratando de que bajara la caja. Sentí por un momento la cara hervir de vergüenza.

-¿Por qué? Pensé que me habías lanzado una indirecta con tu frase “La caja no es nada ligera ¿sabes?”- No pude evitar sonrojarme. Su mirada era intimidante. Le solté y cubrí mi boca tratando de que no viese mi sonrojo.

Traté de asimilar la situación. Es verdad, el plan era seducirlo. Así que necesitaba estar más tiempo con él.

-Supongo que quieres ayudarme…Vale te dejare ya que pareces querer algo de compañía. Pero será a mi modo ¿Estás de acuerdo con eso? – Dije de manera muy arrogante, guiñándole el ojo derecho. Demonios… Eso fue demasiado estúpido ahora que lo pienso.

-Claro. ¿Debería llamarte Jefa?- Con tono burlón preguntó.

-No… Mi nombre es Katherine.- Dije tímidamente.

-Está bien, Katherine, es un placer. Yo soy Álvaro- Me extendió su mano. Lentamente la estreché. Todo estaba saliendo mejor de lo que pensaba. Sería fácil hacerlo caer. Pensé.

-Lo mismo digo Álvaro.-

Comenzó a caminar con la caja sobre mi hombro. Intenté igualar su paso. Era rápido a pesar de que llevaba peso encima.

Llegamos a una plaza con un enorme jardín bastante concurrido. Rápidamente le quité la caja y la puse sobre una banca vacía.

Álvaro con cuidado levantó al pequeño cachorro y le dejó que anduviera un rato en el parque jugueteando con las palomas.

No tardo para que una pareja con dos hijos quisieran a aquel sabueso juguetón.

El hacer eso había sido muy inteligente, había logrado dar en adopción al pequeño. Estaba encantada de entregárselo a aquella pareja que parecía tan cariñosa y unida.

-Bien hecho Álvaro.- Dije dándole un puñetazo en el hombro derecho. Puede que estaba tomando más confianza, sin embargo, me agradaba su idea.

Comencé a sacar a todos los cachorros y los dejé que anduvieran paseando por el gran prado. Por supuesto sin perderlos de vista.

El segundo cachorro se fue en manos de una anciana que necesitaba compañía. No podía dejar de sonreír. Realmente estaba feliz de poder ver que los cachorros se iban en buenas manos. No tardo para que otro de los tres pequeños se fuera con una pareja de recién casados. Le sonreí a Álvaro. Recordé entonces que la amiga de mi madre, me dijo que los sabuesos estaban entrenados, así que decidí llamarlos, pues se estaban alejando un poco. Comencé a jugar con los dos. Estaba feliz, era un día agradable. Aparte también que tenía que disimular.

-Exacto son una ternura ¿Desean uno? – Escuché la voz de Álvaro

-¿Oye Carlos nunca has sentido como un escalofrió detrás?- Preguntó uno de los chicos que se había acercado.

-Ohm… Creo que se de lo que hablas.-Regresó a ver nerviosamente a Álvaro.

-Hola chicos, no pude notar que están interesados en uno de estos pequeños.-Interrumpí el momento de tensión sonriendo. No lo podía crear… ¿Él me estaba celando? Me sentí un poco alagada y extrañamente feliz. Samuel nunca me había prestado atención de esa manera.

-¿Eh?- Dijeron al mismo tiempo, voltearon a verlo de nuevo. Él sólo sonreí tan arduamente. Vaya que lo estaba intimidando. Me causó un poco de gracia.

-Claro que si… yo quiero uno jaja. Son muy lindos ¿verdad? Francisco.-

-Si claro… Son muy tiernos.- Acariciaron al cachorro.

-Me alegro que deseen adoptarle.-Les entregué al segundo cachorrito que quedaba.

Comenzó a oscurecer. Sólo un cachorrillo se había quedado sin hogar. Pero no importaba, estaba contenta.

Tomé entre mis brazos al canino y con mi mano derecha lo sujeté firmemente. Comencé a acariciarle con mucha ternura. Suspiré exhausta.

Álvaro se sentó a mi lado y acarició el lomo del cachorro, a lo que este volteó y lamió sus dedos. Rápido escondió su mano.

Reí por el acto tan cómico. Debía permanecer más tiempo con él. Así que me levanté y le extendí mi mano. Tenía que forjar mayormente mis lazos con él.

-Ven conmigo Álvaro- Sujeté su palma, jalándolo un poco para que me levantase. Él no puso objeción y siguió mi paso.

-¿A dónde vamos?- Preguntó sonriendo.

-Bueno como me has ayudado hoy, quisiera llevarte al lugar donde mi madre siempre me llevaba. Hay un puesto de helados cerca, vamos yo invito.- Respondí muy entusiasmada. Tenía el lugar perfecto a donde llevarlo. Además de que era uno de mis favoritos.

No solté su mano es más, me aferré de esta.

Caminábamos de manera lenta como si ninguno de los dos quisiese soltar la mano del otro. Eso me causaba gracia… Pero también me causaba cierto hormigueo en el estómago.

En todo el trayecto, ninguno habló. Sólo intercambiamos miradas y gestos de agrado. Ninguno de los dos se declinaba al dejar el contacto de nuestras manos.

Detuve mi caminar frente a una franquicia con un gran letrero sobre la fachada que decía “Less Bessones” un título muy llamativo y único. Insistí en seguir tomando su mano, pero sorpresivamente sujetó la mía más a fondo y me guio a la entrada.

-¿Puedo tomar su orden?- Preguntó un joven mesero al vernos llegar e instalarnos.

-Por favor.-Sonreí- Yo quisiera una copa sencilla de yogurt natural. Agréguele poco durazno.-

-Enseguida señorita. ¿Y usted caballero?-

-Sólo tráigame una copa de vainilla.- Parecía un poco molesto. Quizás era por el helado. Ya era lago tarde, pero de verdad me agradaba este lugar.

-¿Desea agregarle jarabe de caramelo encima?-

-No gracias así está bien.- Respondió desinteresadamente.

-¿Alguna galleta quizás?- Volvió a preguntar el mozo. .

-Le repito que mi orden está completa.- Parecía desesperado e intrigado.

-Enseguida regreso con su pedido. –

Le sonreí divertida. Se había molestado por las agobiantes preguntas del mesero.

-Omitiendo eso, es un lugar muy agradable.- Dije tranquilamente sin dejar de verlo.

-No lo niego. Parece acogedor.- Agregó tranquilamente.

Sonreí amablemente.

Pensé acerca de la descripción de Samuel. Era muy diferente a lo que había dicho. O quizás tenía a otra persona enfrente. Álvaro era amable, atento… Era alguien dulce… ¡¿Qué estaba diciendo?! Katherine basta. Concéntrate. Me dije.

Regresé a verlo por un momento. Sus bellos ojos hicieron que mis mejillas se pusieran muy rojas. ¿Qué me ocurría? Se supone que yo debía seducirlo. No él. Su mano aun tomaba la mía. Como por voluntad lo notó.

-Lo siento- La soltó de manera apenada.

Me sentía nerviosa… Mis movimientos eran torpes. De verdad era muy encantador. Debía tener cuidado.

Nuestro pedido no tardo mucho. El mesero puso las dos copas cristalinas sobre la mesa. Cuidadosamente colocó las cucharas encima de estas.

-Fue un placer servirles.- Hizo una reverencia y se retiró.

Trate de tomar la cuchara, pero mis movimientos torpes continuaban y la tiré al piso. Me sonrojé por tal descuido.

Álvaro se agachó por el utensilio. Yo sólo le agradecí muy apenada. Me temblaba la mano con cada cuchareo que daba a la copa. Él me sonreía y no me quitaba la mirada. Sólo estaba haciendo que me pusiera más nerviosa. ¡Ah! Lo odiaba.

-No me mires tonto- Dije de manera muy infantil.

Soltó una pequeña carcajada. Molesta le embarré un poco de helado en la nariz. Al instante tomó una servilleta y se limpió. Comencé a reír.

Él me regresó la jugada. Los dos carcajeamos… Ahora que lo recuerdo… Samuel no estaba en mis pensamientos en aquel momento. Había logrado sonreír de nuevo… Me sentí bien… Él me hacía sentir de esa manera.

Nuestras salidas comenzaron a ser frecuentes. Junto con el pequeño cachorro, el cual decidí quedármelo y al que Álvaro bautizó como Moka.

Me di cuenta pronto que había perdido… Su compañía me era grata. Álvaro estaba llenando el vacío que Samuel me causaba. Me estaba haciendo olvidarlo… Él estaba aquel lugar que tenía Samuel en mi corazón. ¿Qué debía hacer ahora?…

Cuando me di cuenta de que Álvaro me había dado un beso sorpresivamente… Mi mente colapsó. Era suave y tierno.

-Álvaro… yo…-

-Te quiero.- Me interrumpió besando mí frente. Esa frase ante mis oídos era sincera. Estaba feliz y no podía dejar de pensar en ello. Lo abracé sutilmente.

-¡Perfecto!- Dijo Samuel emocionado. –Tenemos que decirle a Valeria lo más pronto posible.- Me abrazó. A él ni siquiera le importó que su novia haya sido besada por otro hombre. Pero… Ya no me intrigaba.

-Lo siento Samuel… No lo haré.- Él sorprendido dejó de abrazarme y me miró extrañado.

-Pero… ¿Qué dices?- Alzó la voz, molesto. – No será que acosa tú… ¡¿De verdad te has enamorado de él?!- Me tomó de los hombros bruscamente.

Lo único que pude hacer fue agachar la mirada. No había nada que negar, pues aquello era la verdad.

-Lo siento…- Dije apenada.

-¡Que idiota eres! Álvaro es un idiota… ¿Qué no te advertí?- Me soltó agresivamente. –No me importan tus sentimientos… Tú vendrás conmigo y le dirás todo.- Sujetó mi brazo.

-No… No lo haré- Me zafé de su agarré. –Estoy cansada de que siempre te importe más Valeria que yo…- Por fin tenía el valor de decirle aquello que guardé tan estrictamente. –Siempre ella, siempre siendo más tierno con ella… Sólo Valeria está en tu mundo ¿no es así? Arréglate como puedas, yo ya no te ayudaré.-

-Eres una egoísta… ¡Valeria está sufriendo!-

-Y de nuevo ella… ¿Ahora me entiendes?- Ni siquiera había lágrimas que soltar.

-Mira, no me importa si deseas estar con Álvaro después de todo tú ya sabes a lo que te enfrentas…-

-Él no es como tú dices…-

-Katherine no seas estúpida, sólo has visto una faceta de él- Argumentó exaltado.

-¡Pues prefiero su faceta a la tuya!- Le grité. –Quizás sea falso… Pero me hace sentir feliz…-

-Entonces ayúdame a separarlo de Valeria y será todo tuyo- Comentó sonriendo nerviosamente. Me daba un poco de pena su actitud.

-Adiós Samuel- Agregué finalmente. Me marché aliviada. A pesar de que habíamos terminado tan mal, no regresaría de nuevo atrás.

Cogí el móvil dispuesta a llamarle a Álvaro. Quería oír su tierna voz.

-Al habla Álvaro.- Sentí felicidad oír sus palabras.

-Hola Alva, soy Katherine, ohm… Tengo que hablar contigo, ¿podríamos reunirnos?- Pregunté un poco nerviosa.

-Oh, lo siento Kate, no podre, tendré visita. ¿De qué quieres hablar?- Preguntó en tono preocupado. Creo que me estaba tomando el pelo ¿de verdad haría que lo dijese?

-Bueno, es algo muy importante… sobre… ya sabes…- Estaba muy nerviosa. –El beso- Susurré

-Oh… podríamos hablarlo mañana- Exclamó serio.          

-¡Por supuesto!- Emocionada agregué.

-Perfecto, yo te aviso la hora- Colgó.

Yo no quería dañar a Valeria… Ella era amable, sincera y amigable. Sé que debí ayudar a Samuel, sin embargo había sido lastimada tantas veces, y Álvaro cubrió aquellas heridas…

Me pregunté ¿Tan débil era? No lo sé… Sólo tenía en claro que los recuerdos que me estaba propiciando, eran alegres. Me abandonaría como mujer si decidiese ser la amante. Pero en verdad lo amaba. A pesar de las palabras de Samuel, a pesar de que cabía la posibilidad de que Álvaro estuviera fingiendo. Lo aceptaría.

Podría ser que yo era igual que Valeria…

-¿Estás feliz ahora?- Llegó Samuel un poco triste. Parecía impactado y melancólico.

-¿De qué hablas?- Pregunté invitándolo a pasar a la casa.

-Ella me odia… Él ganó… Todo se acabó.- Soltó en un sollozo.

-Lo siento… No lo entiendo del todo.-

-¡Estoy diciendo que Álvaro ganó! Ellos dos terminaron. Él quedó como la victima… Y yo…Yo fui un mentiroso a su lado. Él lo logró, a pesar de que le dije acerca de ti, a pesar de que él sabía de nuestro plan… No se inmutó en nada…- Desvaneció su voz…

-Samuel yo…-

-Está bien. No importa. Es lo que querías, ¿no es así?-

-Es por esa actitud que no te puedo perdonar.- Odiaba que pensara por mí. Que nunca me escuchara.

-Sólo vete… No quiero oírte.- Fueron las últimas palabras que intercambiamos.

Al marcharse no pude evitar soltar unas cuantas lágrimas. No era fácil aceptar una ida de alguien que había sido muy especial. Sentí un sabor amargo correr por mi garganta. Pero esto era el adiós definitivo entre él y yo.

A partir de ese momento mi vida continuaría. Mi mayor error siempre fue estancarme en un solo lugar. Pero… Ahora era el momento de avanzar

-Katherine…- Abrió Álvaro la puerta de su condominio.

-Hola.- Saludé melancólicamente. -Es repentina mi llegada, pero realmente tenemos que hablar.-

-Adelante- Dijo invitándome a entrar.

Le sonreí y acepté la oferta.

-¿Y dime de qué quieres hablar?- Se sentó en un sofá y me indicó que hiciese lo mismo.

-Bueno… quisiera hablar sobre Samuel.-

-¿Vecino, primo, hermano, hijastro o mascota?- Me causó gracia sus conclusiones.

-Ex novio, novio cuando nos dimos aquel beso.- Le aclaré.

-He de adivinar que era una estrategia.-

-Digamos que sí. Yo sería tu manzana de la discordia. Se suponía que yo le haría ver la verdad a Valeria. Cada una de nuestras salidas fue planeada. Incluso nuestro encuentro.-

-Igual no lo logró- Agregó en tono frío -¿Por qué lo hiciste?, ¿no sentiste celos de Valeria?- Me sorprendí un poco. ¿Él había notado mis sentimientos?

-Sí, pero… pensé que él me amaría, yo sabía de Valeria, él nunca dejaba de hablar de ella. Quise hacerlo feliz, y le di la opción de separarla de ti.- Decidí sincerarme con él.

-¿Eso quiere decir que todas nuestras citas fueron actuadas?-

-No… de eso vengo a hablarte. Aquel beso… no fue fingido… desde la segunda cita comencé a enamorarme de ti, incluso olvidé que todo era parte de un plan. Me era grato estar a tu lado. Ese mismo día del beso, a Samuel no le importó, y que no me doliera me alegró. Él me dijo que teníamos que decirle a Valeria lo más pronto posible. Me negué, era demasiado tarde, comencé a amarte. Una parte de mi me decía que estaba mal. Pero no me importaba ser la otra, porque te amo Álvaro, sin embargo me enteré que terminaste con Valeria.- No sé qué respuesta esperaba por parte de él… Confesarme no fue una tarea fácil…

-Pensaba terminar con Valeria, desde ese beso, siéndote sincero, yo también me enamoré de ti, Katherine.- Aquella palabras hicieron emocionarme. No lo esperaba. Álvaro se acercó a mi rostro. Tocó mi mejilla. Sus manos eran cálidas. Lentamente unió sus labios con los míos…

Mi mayor miedo a enamorarme siempre fue pensar acerca del vacío que me provocaría la partida del amor… Porque yo estaba consciente de que no era eterno, siempre fue así, siempre lo vi de esa manera. Sin embargo, si por una vez podría llegar a disfrutarlo al lado de esta persona… Sería feliz. Pues los recuerdos que me hizo formar a su lado, en ninguno me vi triste, en todos sonreía. Recuperé lo que había olvidado.”

El camino a casa fue agotador. Me sentía cansado y adolorido del cuerpo. Era como si alguien hubiese colocado encima de mí una caja con varios ladrillos.

-Álvaro… ¿Podemos hablar?- ¡Vaya! Katherine por fin decidió dirigirme la palabra.

-¿Qué ocurre?- Le tomé de la mano y ella desvió la mirada. Por lo menos esta vez no había apartado su muñeca.

-Yo…- Comenzó a temblar. Parecía a punto de llorar. -¡Gracias!- Se abalanzó a mi cuello y me estrecho sutilmente. Me sorprendí su cambio de humor tan notorio. Demonios… ¿Qué se supone que debía hacer ahora?

Rodeé su espalda y le correspondí al abrazo.

-Katherine… ¿Estás bien?- Le pregunté tranquilamente.

-Álvaro… Sería mejor que lo dejemos…- Exclamó en un silencio opaco.

¿Cómo se supone que debía entender eso?… Aunque sus palabras fueron aquellas, ella aún seguía abrazada a mí. Soltando silenciosamente unas lágrimas y un suspiro reprimido.

CONTINUARA….

 

ABRAHAM ROCHA RDZ