Existen personas que no deberian de amar… capitulo 21 & 22

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¿Cuándo será el día que vuelva a mi tranquilidad? Son molestos estos días… Cada uno de ellos, horas y minutos se han vuelto una tortura para mí. ¿La única víctima aquí soy yo? Estúpidos pensamientos débiles… No importaba, te haré pagar por todo Valeria… Cada valioso tiempo pensando en ti sería saldado por una lágrima de dolor. Así que, vuelve a mí…

Seguí esperando sentado en un sillón de la sala de emergencias. ¿Por qué te acompañé ese día? No preguntes… Aún no sé la respuesta.

-¡Álvaro! Macho ¿Cómo está?- Llegó Lisandro junto con Emilie. Los dos parecían preocupados.

-Está en revisión. Parece estar reaccionando bien.- Esas palabras me aliviaban, me tranquilizaban. Pero las odiaba.

-Todo estará bien Alva.- Me dio una palmada ligera en mi hombro y me sonrió calmadamente.

-Gracias Lisandro.-

-¿Acompañantes de la señorita Valeria Hoffman?- Preguntó saliendo del consultorio el doctor.

-Sí…-Contesté un poco débil. Un poco furioso, y confundido. Prácticamente no me había movido desde que te llevaron a ese lugar. Y Joel… Joel se largó a los 15 minutos de tu estadía. Yo debí haber hecho lo mismo, pero… Quería saber que tú estabas a salvo.

-La paciente está mejor, pueden pasar a verla si gustan. Por un momento le ha dado un susto.- Sonrió como si realmente no hubiese ocurrido nada.

-Adelante Alva, nosotros esperaremos.- Dijo Lisandro sentándose con Emilie en el largo sillón.

Abrí la puerta despacio. Entré y te vi… Idiota, no vuelvas a darme sustos así.

Estabas sentada en la camilla, viendo hacía la ventana sonriendo con unas cuantas lágrimas.

-Oh… Álvaro… Pensé que era Joel, ¿dónde está él?- Incluso aún preguntas por él. Que tonta eres.

-No ha regresado desde hace hora y media.- Dije secamente. En mis planes no era entrar y hablar acerca del paradero de tu novio.

-Lo siento… No debí preguntarte eso… Debería darte las gracias ¿verdad?- Sollozaste un poco forzando una sonrisa. –Dime… ¿Hasta cuándo van a continuar estos días de impactarme a mí misma?- Tus tiernos ojos azules me suplicaban una respuesta desesperadamente. ¿Cómo debía dártela si no lo entendía? Ante el silencio producido, cubriste tu rostro tratando de evitar que tus lágrimas resbalaran. ¿Qué debía hacer?…

-Valeria… No puedo salvarte de esta agua.- Limpié tu rostro llevándome cualquier residuo de llanto. Debía alejarme… Simplemente preguntar tu salud, aún cuando aquel doctor me la había dicho. Debí haber huido. Pero… Ya era demasiado tarde, mis brazos rodearon tu cuerpo estrechándolo contra el mío.

-Gracias… Gracias por salvarme.- Correspondiste a aquel abrazo. Tus lágrimas se deslizaban como niños en un tobogán sobre mi playera.

-No, no agradezcas… Si yo hubiese llegado a tiempo, tú no estarías…-

-Estoy feliz.- Me interrumpió apunto de decir algo de lo que quizás me arrepentiría más adelante. –Álvaro, ¿por qué te culpas?- Sonreíste dulcemente.

¿Culparme?… No, jamás haría eso. Nunca, pero…

Me recosté en tu hombro. Tu fragancia, tan suave y embriagante me obligaban a no moverme. Puede percibir el sonido de dos bombeos. Tu corazón latía acelerado y el mío parecía seguirlo. Estos días son los que más odio. Eres la que me está destruyendo… La que me cambia.

Comenzaste a jugar suavemente con mi cabello. Lo enredabas entre tus dedos, peinándolo delicadamente. ¿A dónde fueron aquellos días?

-Álvaro… Siento ser una molestia… Otra vez lo hice ¿no es así? Te separé de Katherine, deberías ir con ella… Yo esperaré a Joel…- ¿Aún deseabas su compañía? De nuevo me estabas rechazando… ¿Quién te creías? Sólo haciéndome enojar, alterando mi paciencia.

-Déjalo…- Fueron palabras autónomas. –Termina con él…-

-¿Eh? ¿Qué estás diciendo?… Álvaro deja de bromear…- Reíste ligeramente.

-No es una broma… No estoy riendo Valeria.- Y eso era lo que me aterraba. Estaba siendo sincero. No quería que estuvieran con ese idiota. Aunque me cueste admitirlo, tú valías mucho… Eres un juguete valioso, no deben compararte con piezas de plástico baratas… Tú eras de la más fina porcelana.

Agachaste la mirada.

-¿Por qué?… ¿Por qué no me dejas avanzar?- Sollozaste de nuevo. –Siempre… Siempre me haces esto… Quiero sacarte de mi corazón, de mis pensamientos. Intentó olvidarte con él…-Quebraste en lo último.- Pero, no puedo. Dijiste que no me podías salvar de las lágrimas… Eso no es verdad, ya lo has hecho.- Sonreíste melancólicamente.

-Valeria… ¿De qué hablas? Yo nunca he…-

-Lo has olvidado…-

“Me encontraba llorando, de nuevo el idiota de mi novio me había engañado, no era la primera vez ni la segunda, eran ya demasiadas. Soy una tonta. Dije entre enojo y tristeza. Las abundantes lágrimas no sedaban, no es como si fueran por él, eran debido a mi idiotez y engaño. Veía pasar a las personas, unas riendo, otras no disimulaban el verme, algunas se burlaban de mí e irónicamente creía que todas eran más felices que yo.

Gemí un momento y volvieron a salir aquellas gotas saladas. Me daba rabia sentir esto, yo no era débil…

Un joven alto se posó frente mío, extendió su mano otorgándome un libro y un pañuelo. Un miedo rodeó mi espalda. Su mirada penetró mis ojos. Parecían desafiarme.

No pude evitar sonrojarme. Era realmente guapo. Su rostro simétrico y su dulce aroma me habían cautivado. Con nerviosismo tomé el libro y el pequeño pedazo de tela. Con mi mano temblorosa limpié torpemente mis párpados. Suspiré prolongadamente evitando el contacto visual pues me intimidaba bastante.

Una mueca de disgusto se le dibujó en el rostro. Se agachó acercándose demasiado a mi cara. Con delicadeza me quitó el pañuelo y sostuvo mi rostro con su otra mano alzándolo sutilmente, que frías eran. Tiernamente limpió mi mejilla y mis pómulos.

-Mira que desastre, tu maquillaje se ha corrido-

Sentí el rostro hervir. Era demasiado vergonzoso.

De nuevo se incorporó de pie y abrió el libro que me había dado.

– No dejes que nadie más las vea… No tienen derecho, nadie. – Se retiró sin decir más.

-Gracias…- agregué tarde.

¿Quién habrá sido? No lo sabía, pero, mi corazón se aceleró y olvidó por momentos la tristeza que sentía. Por su presencia y este dulce detallé olvidé al amor de mi vida

Sólo quería decirle gracias y devolverle el grueso libro. Creí que en jamás lo volvería a ver. Creí que había sido un guardián típico de los libros de fantasía el cual me cuidó por breves segundos.

Suspiré tratando de recordar sus bellos ojos, de recordar su voz. Perdida en mis pensamientos tropecé con un cuerpo duro.

-Lo siento…- dije casi al instante.

-Descuida, fue mi error.- Respondió un joven de buen porte, castaño de ojos azulados.

-De todas maneras lo siento…- Un silencio incómodo se penetró en el ambiente. ¿Qué más tenía que decir ahora?

-Esto… Mi nombre es Valeria- Dije tratando de disimular la tensión.

-Un placer, mi nombre es Samuel- Sonrió de manera seductora.

Observé lo que sujetaba en su mano. Llevaba un libro color marrón. Grande en letras doradas se podía leer el título de “Sadness” era el mismo libro que aquel joven me prestó.

-¡Un ángel!- exclamé sorprendida.

-¿Disculpa?- me miró de manera extraña. Sentí la cara hervir, que estúpida fui.

-No es nada… Jaja… Pensamientos tontos…- Maldición.

-Es gracioso, pensé que hablas leído este libro, en efecto trata acerca de un ángel sufrido de amor. El ángel denominado Sadness, él estaba a cargo de tener al mundo en plena paz. La tierra era muy distinta a como es ahora. Él cuidaba de que todos estuviesen felices, pero este personaje se enamora de una doncella, una simple humana. Tocado por su gran belleza decide descender del cielo para conocerle, la joven era más bella de cerca. Sin embargo ella estaba prendada y cautivada por un demonio. Inmediatamente, llega a la conclusión que aquel vil demonio la ha encantado, pues para él, no hay otra explicación. El ángel intentaba quitar aquel hechizo, pero por alguna razón esté no se iba. Descubre entonces que no existe ninguno. Confundido aún sin entenderlo vuela de regreso a las alturas. Triste sonrió mirando como ella era feliz al lado de aquel ser malignó. Decepcionado decide olvidarla continuando su labor establecida. Tantos años pasados, su corazón aún guardaba aquel pequeño sentimiento. Aunque parecía marchito seguía punzante. Decidió pues observarle de nuevo. Pensó que una mirada no le mataría. Pero por más que su vista buscaba, no podía encontrarla. Desesperado bajó de su blanca nube. Recorrió cada rincón de aquel mundo, su rostro gesticuló una cara de horror a cada paso recorrido. Tanto fue el impacto de no percibir su alma que de repente comenzó a soltar lágrimas, lo cual provocaron que todas las personas que por ahí deambulaban decidieran acercarse. Pero, cuanto más presenciaban aquellas lágrimas que para entonces les eran desconocidas, sus almas comenzaban a caer en depresión. Comenzaron a culparse unos a otros, comenzaron a crear problemas de cualquier situación que había ocurrido, buscaban una excusa para llorar.

La historia terminaba diciendo lo siguiente <Y vagó, vagó buscando a la joven doncella que fue devorada por la soledad, dejó su labor atrás causando sólo tristeza, perdido en la tierra aún espera encontrar a su damisela>- Terminó de hablar Samuel.

Le miré un poco extrañada, parecía que aquella historia realmente le conmovía.

-¡Oh! Disculpa- agregó en tono apenado. -Creo que te estoy incomodando.

-Por el contrario, me ha parecido interesante- Le sonreí.

-¿De verdad lo piensas?- Asombrado preguntó.

-Si.- Contesté de inmediato.

-Me alegra oír eso, no había conocido a una persona interesada en este libro-

Solté una risilla, se veía muy emocionado.

-Sabes, tal vez te llevarías muy bien con la persona que estoy buscando, parece ser que tienen tanto en común-

-¿Es un amigo tuyo?- preguntó sonriendo.

-Digamos que fue mi salvador- agregué apenada.

-Espero lo encuentres, parece ser alguien muy majo.-

-¡Apuesto que sí!- Ambos sonreímos. Comenzamos una amena conversación. Esta persona era muy agradable. Pronto se convirtió en mi mejor amigo con el paso del tiempo.

Aquel joven hizo que me encontrara con él. Era el destino. Me salvó de no convertirme en la damisela de aquella horrible historia. Quería encontrarlo, agradecerle por todo…

-Valeria sigues con eso… Ríndete.- Me decía Samuel una y otra vez.

-¡NO! Sé que lo encontrare algún día. Además…- Tomé el libro que me entregó. Era muy preciado para mí. –Aún tengo que regresarle esto…- Lo abracé melancólicamente.

-Valeria, ¿no crees que deberías ver a otras personas? Aquellas que están cerca de ti…- Se acercó a mí. Su rostro estaba muy junto al mío. Me ruboricé un poco, él siempre era así… No lo entendía… Quizás tenía razón, pero…

[Ring, Ring] Sonó el teléfono de mi casa.

-¡Oh! Lo siento Samuel debo contestar…- Lo aparté y corrí a coger la llamada.

-Cielos… Siempre es lo mismo.- Dijo decepcionado.

-Diga…- Contesté.

-¿Hablo con la señorita Valeria Hoffman?- Preguntaron de la otra línea.

-Sí, soy yo. ¿Qué desea?-

-Habla en asesor educativo de Galo, para informarle la buena noticia. Usted ha ingresado con un puntaje casi perfecto del 95%. Enhorabuena, ya es una estudiante de Galo.-

-¿De verdad? ¡Gracias!- Lo había logrado. Logré entrar a la universidad que mi tía deseaba. No podía estar más que feliz.

Una vez que colgaron, le comenté a Samuel mi logró. Él me abrazó y besó mi mejilla.

-¡Felicidades bajita!-

-No me digas así… Eres un tonto.- Sonreí. Pasar el tiempo con Samuel era muy agradable.

El día por fin había llegado… Conocería mi nuevo instituto. Amigos nuevos, maestros nuevos… Samuel no estaría conmigo, pero había prometido visitarme. Los buenos amigos siempre estarán ahí para ti ¿No es así?

-Mi nombre es Valeria Hoffman, es un placer conocerles, espero llevarme bien con todos ustedes.- Me presenté ante mis nuevos colegas. Al parecer era una tradición de todas las instituciones.

Poco a poco se fueron presentando los demás estudiantes. Todos parecías muy agradables.

-El joven que está leyendo. El ultimo de aquella fila, preséntese por favor.- Dio la orden el profesor Francis.

-Mi nombre es Álvaro Crowley…- Fue todo lo que pude oír. Escuché a varias chicas murmullando que lo guapo que era. Regresé mi mirar hacia él. No lo podía creer… Mi guardián. No había duda… Era él.

¿Tengo que saludarle? ¿Se acordara de mí? Valeria tonta. Me regañé enojada. No pude concentrarme en ninguna clase. Deseaba que la hora del descanso llegara pronto. Que pensamientos tan egoístas tenía.

Sonó el timbre que fue una descarga que aceleró mi corazón. Era mi oportunidad. Tenía una forma de acercarme, llevaba aquel libro. Siempre lo traía conmigo.

-Al tratar de localizarlo lo no lo encontré. Había desaparecido. Cuando pronto noté que en realidad había sido opacado por un grupo de chicas. Después de todo, era lógico que fuera popular entre ellas.

Salí del salón para conocer el instituto, de todas formas no podría acercármele. Tenía mucho tiempo para hacerlo ¡Esto era genial! Él estaba en mi clase… Estaba feliz.

Contemplé la pizarra que había, colgada en una pared del corredor.

-Mira Zully, este chico es un genio. Tuvo el 100% en el examen.-

-¿Enserio? Es sorprendente, pensé que nadie lo sacaba.-

Me acerqué un poco para ver al supuesto genio. Quedé sorprendida cuando leí su nombre en el puesto número 1. Álvaro realmente era grandioso.

Mi nombre se encontraba por debajo de 3 nombres más, pero… Estábamos en la misma pizarra. ¿Por qué me sentía de esa manera? No importaba… Estaba feliz.

Pasó el tiempo y no podía acercarme a Álvaro. La distancia crecía más… Las chicas cada vez lo opacaban más. ¿Qué debí hacer? A este paso, nunca podría entablar una conversación con él. Sentía celos…

-Joven Álvaro ¿de nuevo tarde? Sera sancionado si vuelve a ocurrir- Le repetía el señor Francis.

Pronto lo suspendería… Pues de nuevo no llegaba…

-Rosalía perdóname, voy tarde a la clase de biología.- Escuché su cálida voz.

-No se dará cuenta cielo- Estaba con ella. Rosalía la chica más guapa según ella, de Galo.

-Disculpen- Ambos voltearon a mi dirección. Sentí una escaneada por parte de Rosalía.

-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?- Preguntó molesta. ¿De verdad conoce a todos los del instituto? Sera idiota. Pensé.

-No sé a qué te refieres, yo siempre he asistido a este colegio- Respondí enojada. Miré a Álvaro unos segundos parecía que no le agradaba la presencia de Rosa.. –Él es mi novio, te pido que le sueltes.-

¡¿Qué demonios estaba diciendo?! Álvaro podría negarlo y quedaría como una idiota… Quería que la tierra me tragara.

Rosalía me miró, y se burló.

-Si claro bajita, alguien como él jamás saldría contigo. Tendrás bello rostro, pero date cuenta que es lo que tiene a mi lado.- Demonios, actué sin pensar.

-Basta Rosalía, es verdad ella es mi novia- Álvaro hizo un lado a Rosa y tomó mi mano. Sentí que me desmayaría… Pero no podía, tenía que seguir con la actuación.

-Gracias, hasta ahora me defiendes Álvaro.- Lo abracé sutilmente. Era la primera vez que lo hacía… Creo que iba a morir.

-Dime que esto no es verdad Crowley-Rosalía, me miraba con cierto desprecio.

-Es la verdad- Él correspondió al abrazo. Me estremecí un poco.

Rosa molesta continuó su camino.

-Te debo una- Me sonreí y dejó de abrazar. No quería que el abrazo terminara, así que me aferré a él… Cerré mis ojos esperando un rechazo por parte suya.

Sentí sus manos tomar mi barbilla, y tiernamente besó mi mejilla. No pude evitar sonreírme. Mi guardián estaba conmigo…

-Perdona pequeña, pero llego tarde a una clase, te veré luego- Lo sabía… No me recuerda.

-¿Iras a la clase del señor Francis?- Dije calmadamente siguiendo el ritmo de sus pasos.

-¿Eh?, si así es. ¿Cómo lo sabes?-

-Tenemos el mismo horario Álvaro- Seguí avanzando. Él se detuvo de golpe-¿Qué ocurre?- Pregunté sorprendida.

-Lo siento, no recuerdo haberte visto en las clases.-

. –No destaco mucho.- Le tomé de la mano.

Abrí la puerta del aula. El señor Francis aún no estaba presente.

-Valeria pensé que no regresarías, saliste sin avisar.- Se acercó Carolina una amiga mía.

-Lo siento- Reí disculpándose.

-Bueno eso no importa, pero dime algo, desde cuando te llevas tan bien con el príncipe.- Nos albureó y sonrió pícaramente. No pude evitar sonrojarme y rápidamente solté su mano.

-Lo conocí hoy-

-Disculpa, ¿me llamaste príncipe?- Preguntó ignorando mi torpeza.

-Así es Álvaro, supongo que no te has dado cuenta de tu apodo.- Respondió Carolina

-Lo siento, no presto mucha atención.-

-Si me he dado cuenta de eso, de ahí tu apodo, príncipe. Eres el tipo soñado de casi todas las chicas de Galo.-

-Ya veo.-

-Valeria ¿por qué saliste?- Me preguntó Carolina

-Bueno… faltaba alguien en la clase, el señor Francis le advirtió a Álvaro suspensión si volvía a entrar tarde. Sólo me preocupé-

-Pudiste a verme dicho, el señor Francis me avisó ayer que faltaría, te pudiste haber ahorrado la búsqueda del príncipe, y esperar que llegase.-

-¡Pero si no, ella lo hubiese…! Perdón- Baje la voz avergonzada. Estaba a punto de decir algo innecesario – Si no hubiese buscado quizás nunca habría tenido la oportunidad de conocerle.-

-Bueno no es una excusa muy válida, pudiste haberle hablado como lo hago yo ahora.-

-¡Pero!… Lo sé…-

Carolina sonrió divertida. Continuó la conversación, tomé confianza poco a poco. De verdad Álvaro me la daba.

-Caro ¿vienes?- Le invitaron un grupo de chicas y chicos. Ella afirmó y se despidió. Dejándonos solos.

-Álvaro, lo siento, fui un poco atrevida.-

-¿De qué hablas? Gracias a ti me libre de un ser comido vivo.- No disimulé una sonrisa.

-Tu rostro demostraba que no querías, pero igual no debí…-

-Gracias-Me interrumpió–Mi nombre es Álvaro Crowley aunque creo que no hace falta presentación, es un placer.- Extendió su mano.

-Valeria Hoffman, el gusto es mío.- Sonreí… Por fin, por fin conocí a mi salvador…

Nunca le devolví aquel libro… No recuerda nuestro primer encuentro, así que será un secreto que sólo guardaré yo. Lo quiero… No, lo amo. Estoy enamorada de Álvaro… Él me salvó de una amarga cicatriz. La sanó con su amabilidad…

-Tú me gustas…- Dije ruborizada. Esperaba un rechazó… Pero él me abrazó.

-Lo mismo siento por ti- Me susurró al oído.

No lo esperaba… La persona que tanto amo, me correspondía el sentimiento. Estaba feliz… Emocionada, no quería que se fuera de mi lado nunca…”

-¿Aún no lo recuerdas Álvaro? Esa niña llorona  de aquel día… Te agradece todo… Por eso, quiero verte feliz…- Sonreíste.

Así que eras aquella chica… Me equivoqué… No eras una acosadora, eras mucho peor. Mira que guardar aquel recuerdo. Me repugna…

-¿Qué ocurre Álvaro? Lo sabía no lo recuerdas… Está bien… Yo…-

-Valeria, guarda silencio.- Uní mis labios con los tuyos…

No permitiré que robes la batuta al maestro… Jamás.

CAPITULO 22…. CONTINUACION

Te amo… Te necesito… No te vayas. Son sólo palabras que han perdido mucho valor. Las has convertido en un simple cliché. Pues desde que te conocí mi mente has distorsionado. Y aunque quiera ignorarlo, sigo pensando en ti.

Nunca pensé que tales pensamientos me llevarían a querer recuperarte. Poco a poco comencé a perderte, pero lo veremos en una analogía. Si estás a punto de caer desde un acantilado y yo te tirase una cuerda ¿la aceptarías Valeria?

–Está bien si ahora me das una cachetada.- Me burlé un poco de ti. -¿Qué ocurre?-

-… ¿Por qué lo hiciste?- Preguntaste agachando la mirada. Parecías un cachorro frente a su amo.

-No dejabas de hablar. Me molesté un poco que no escucharas lo que tenía que decirte. Además de que me has echado de una manera cruel. Así que…- Sentí tus brazos rodear mi cuello y de forma inesperada volviste a besarme.

-¡Lo siento!- Dijiste reaccionando y separándote rápidamente.

-Está bien… Supongo que fue venganza.- Si intentas retarme, déjame decirte que las llevabas de perder… Me acerqué a tu oído. -¿Tienes algún problema si me quedo?-

-¡¿Eh?! ¡Yo no quise decir eso! Es sólo que… Katherine debe extrañarte…- Bajaste el tono de tu voz. –Oye… Olvidemos lo que paso hace poco, por favor.- Cubriste tu rostro.

-¿De qué hablas? Aquí no ha ocurrido nada.- Besé tu mejilla y me separé de ti.

-Gracias.- Quebraste un poco tu voz.

-Valeria… Si me lo pides, no me iré.-

-Pero… Katherine, ella ha de estar preocupada por ti. Ve a verla sino se pondrá furiosa.-

-Entonces no lo niegas.- Sonreí. –Deberías ser un poco egoísta Valeria. Sólo pídemelo y aceptaré.-Te susurré.

-Álvaro yo…-

-Él ya se iba ¿no es así Valeria?- Entró Joel a la habitación.

-Pero si has llegado, pensé que nunca vendrías.- Me alejé de ti

-¿De qué hablas? Sólo me fui 15 minutos.- Manifestó mintiendo.

-Claro. Si lo ves del lado relativo puede ser que hayan pasado quince minutos. Aunque aquí haya pasado una hora y media.- Declaré enojado.

-Tú novia está afuera, esperando. Deberías ir.- Trató de ignorar mi comentario.

Gesticulé una cara de disgusto y enfado. Ni te hagas la idea de que eran celos, porque no lo eran… Te recuperaría aunque ese tipo tratara de impedirlo.

-Entonces me voy.- Comencé a caminar hacía la salida.

-Ah… ¡Gracias!- Escuché tus suaves palabras. –Gracias por salvarme.-

Muy bien Valeria. El haberle aclarado a Joel quien era tu salvador era perfecto para mi jugada. Me pregunto hasta dónde podrás tolerarlo. Te aliaste conmigo correspondiéndome aquel beso. Tan sólo quería paz mental, por eso, deberías decirle adiós a Joel pronto.

-¡Oh! Álvaro… ¿Cómo está ella?- Preguntó Katherine rápidamente al verme salir del consultorio.

-Se está recuperando… Me alegra haber llegado a tiempo.- Suspiré y le sonreí.

Ante mi expresión, ella sólo agachó la cabeza triste.

-Tienes razón… Álvaro, lo siento, actué de una manera muy estúpida. Es sólo que…-

Me molesta cuando piensan de más. Besé a Katherine tiernamente, de esa manera tus besos no se volverían riesgosos para mí.

Lentamente separe mis labios de los tuyos.

-No te preocupes, está bien. Lo entiendo.- No, la verdad no entendía algo así de posesivo.

-Álvaro…- Su voz parecía triste y divisé unas cuantas lágrimas rodar por sus mejillas. -¿Podemos irnos ya?- Fue la súplica que me hizo. ¿Ahora qué le ocurría? No entiendo a las mujeres aunque lo intente.

-Claro… Si es lo que quieres, vámonos.- Traté de tomarle de la mano pero ella rápidamente la quitó y comenzó a caminar. ¿Seguía molesta acaso? Si tu amor es enfermizo, quizás el de ella era peor…

-¡Álvaro! ¿Cómo está Valeria?- Corrió hacia mi Emilie. Katherine continuó recto sin siquiera detenerse.

-Ella está mejor Emi. Ven es hora de irnos.- Toqué sus hombros para tranquilizarla. Lisandro no dijo nada respecto a Katherine, parecía ser que él había notado su comportamiento tan sorpresivamente extraño.

El camino a casa fue algo callado. Tenía tantas preocupaciones en la cabeza. Una de ellas era la pronta partida de Emilie, no conocía los motivos exactos sólo sabía que no cambiaría de opinión, parecía muy segura. Y por otro lado, el comportamiento de Katherine. ¿Podría ser que hubiese visto la escena del beso? Y si es así… ¿Cómo se supone que debería sacar el tema?

Por breves segundos regresé a verla, pues no podía despegar mi vista del frente, ya que estaba manejando. Ella se encontraba pensativa mirando por la ventana del automóvil.

Yo no quería dañarla… No, yo no quería herir a nadie. Por eso a la persona que más amaba le serví como un juguete. ¿No es tonto? Lo sabía desde siempre. Y aunque me dolía, siempre lo guardé, nunca le dije a nadie acerca de eso.

Creí que así tenía que ser… Era estúpido, tonto, quizás tan cotidiano. Tal vez cotidiano fue la razón que me obligó a continuar de esa manera.

-Valeria está sufriendo con un idiota como él. Sólo la hace sentir miserable, culpable. Que impotencia siento el no poder hacerle abrir los ojos.- Eran siempre las pláticas que teníamos Samuel y yo.

Él también me hacía sentir de la misma manera… Me hacía sufrir…

-Samuel… ¿Qué te parece si te ayudo?- Fueron mis palabras. Quizás sólo de esa manera, por fin podría llegar a quererme.

Me daba un poco de risa mi actitud… Sentirme humillada por alguien… Depender de esa persona… Era para odiarme.

-¿De qué hablas Katherine?- preguntó sorprendido.

-Yo quiero ayudarte con Valeria. Álvaro parece ser una persona demasiado predecible. Quizás podríamos tenderle una trampa.- No me importaba de qué manera sería utilizada y degradada.

-¿Una trampa? ¿Qué tipo de trampa?-

-El decirle a Valeria cosas de Álvaro sin pruebas es algo tonto… Ella está enamorada de él, nunca sabrá sus verdaderas intenciones sino lo ve ella misma.-

-¿Estás proponiendo ponerlo en evidencia? ¿Pero cómo? Tendríamos que seguirle hasta encontrar algún indicio que lo delate.-

-O podemos crear las pruebas.- Le sonreí con aires de confianza.

-Exactamente ¿qué?-

-Álvaro no ama a Valeria ¿no es así? Yo creo en lo que dices, por lo tanto será fácil seducirlo.-

-Espera… ¿Tú harías eso por ella?-

-Por supuesto. Ella es tu amiga… Además que también será por ti. No quiero que sufras.- Él se acercó a mí y me dio un rápido beso. Aunque para él no signifique nada… Para mí era un pequeño mar de emociones.

-Gracias Katherine.- Me abrazó sutilmente. ¿En qué momento me denigré de esa manera? No importaba pues ya no había vuelta atrás.

La amiga de mi madre necesitaba ayuda en dar adopción a una camada de cachorros. Era una excelente oportunidad de tender nuestra trampa. Así que sin dudarlo me ofrecí a ayudarle.

Elegí un vestido de olanes color blanco. Frágilmente pinté la comisura de mis labios con un tono carmesí. Era la hora de hacerle ver a Valeria la verdad acerca de su novio.

Samuel me dijo acerca de una brecha dónde comúnmente él deambulaba. Madre mía, si que lo tenía vigilado.

-¿Estás segura de querer continuar?- Me preguntó Samuel dejando la caja llena de cachorros en el suelo.

-Por supuesto- Le aclaré firmemente, aun cuando en el fondo quería abandonarlo.

-De acuerdo… Gracias.-Sentí su cuerpo rodear el mío. Nada había cambiado, ni él, ni mis sentimientos.

Se despidió de mí dejándome con los sabuesos. Esperando por Álvaro… Sólo le conocía por foto. Pero es algo demasiado superficial… Esperaba no equivocarme.

Esperé y esperé. No había señales de él. Sólo algunas personas que específicamente en minutos pasaban. Ninguna encajaba con la descripción de Álvaro. Cuando de repente llegó un joven, que postró su mirada en los cachorros. No tenía opción, por lo menos cumpliría mi promesa de darlos en adopción.

-¿Desea tener uno? Parece gustarle mucho los animales.- Le dijo sonriendo.

-¿Eh? No, es muy amable pero yo creo que debería venderlos. Son unos hermosos canes en perfecto cuidado. En lo personal pagaría muy bien por ellos- Dejó de acariciar al pequeño sabueso y con un pañuelo de algodón limpió su mano.

-Oh que va, por supuesto que no los vendería, debe usted saber que he empezado desde temprano a obsequiarlos. Sólo he logrado encontrarle casa a uno de ellos.- Miré su rostro y no lo podía creer. Era él… Álvaro estaba frente mío. Joder… Era más guapo en persona.

-Quizás no estás ubicada en la zona adecuada.-

-Jaja, lo sé. Confesare que no fui cuidadosa en buscar un lugar concurrido. La caja no es nada ligera ¿sabes?- Le sonreí tranquilamente.

-Oh, entiendo.- Me devolvió el gesto. Cuidadosamente recogió la caja donde los cachorros jugueteaban sin mucho esfuerzo. –Vamos, busquemos un hogar a estos pequeños.- Sorprendida lo miré. ¿De verdad estaba ayudándome?… ¿Y ahora qué se supone que debía hacer?

-¿Eh?… ¡EH! –Grité- Espera no es necesario.- Tomé sus brazos tratando de que bajara la caja. Sentí por un momento la cara hervir de vergüenza.

-¿Por qué? Pensé que me habías lanzado una indirecta con tu frase “La caja no es nada ligera ¿sabes?”- No pude evitar sonrojarme. Su mirada era intimidante. Le solté y cubrí mi boca tratando de que no viese mi sonrojo.

Traté de asimilar la situación. Es verdad, el plan era seducirlo. Así que necesitaba estar más tiempo con él.

-Supongo que quieres ayudarme…Vale te dejare ya que pareces querer algo de compañía. Pero será a mi modo ¿Estás de acuerdo con eso? – Dije de manera muy arrogante, guiñándole el ojo derecho. Demonios… Eso fue demasiado estúpido ahora que lo pienso.

-Claro. ¿Debería llamarte Jefa?- Con tono burlón preguntó.

-No… Mi nombre es Katherine.- Dije tímidamente.

-Está bien, Katherine, es un placer. Yo soy Álvaro- Me extendió su mano. Lentamente la estreché. Todo estaba saliendo mejor de lo que pensaba. Sería fácil hacerlo caer. Pensé.

-Lo mismo digo Álvaro.-

Comenzó a caminar con la caja sobre mi hombro. Intenté igualar su paso. Era rápido a pesar de que llevaba peso encima.

Llegamos a una plaza con un enorme jardín bastante concurrido. Rápidamente le quité la caja y la puse sobre una banca vacía.

Álvaro con cuidado levantó al pequeño cachorro y le dejó que anduviera un rato en el parque jugueteando con las palomas.

No tardo para que una pareja con dos hijos quisieran a aquel sabueso juguetón.

El hacer eso había sido muy inteligente, había logrado dar en adopción al pequeño. Estaba encantada de entregárselo a aquella pareja que parecía tan cariñosa y unida.

-Bien hecho Álvaro.- Dije dándole un puñetazo en el hombro derecho. Puede que estaba tomando más confianza, sin embargo, me agradaba su idea.

Comencé a sacar a todos los cachorros y los dejé que anduvieran paseando por el gran prado. Por supuesto sin perderlos de vista.

El segundo cachorro se fue en manos de una anciana que necesitaba compañía. No podía dejar de sonreír. Realmente estaba feliz de poder ver que los cachorros se iban en buenas manos. No tardo para que otro de los tres pequeños se fuera con una pareja de recién casados. Le sonreí a Álvaro. Recordé entonces que la amiga de mi madre, me dijo que los sabuesos estaban entrenados, así que decidí llamarlos, pues se estaban alejando un poco. Comencé a jugar con los dos. Estaba feliz, era un día agradable. Aparte también que tenía que disimular.

-Exacto son una ternura ¿Desean uno? – Escuché la voz de Álvaro

-¿Oye Carlos nunca has sentido como un escalofrió detrás?- Preguntó uno de los chicos que se había acercado.

-Ohm… Creo que se de lo que hablas.-Regresó a ver nerviosamente a Álvaro.

-Hola chicos, no pude notar que están interesados en uno de estos pequeños.-Interrumpí el momento de tensión sonriendo. No lo podía crear… ¿Él me estaba celando? Me sentí un poco alagada y extrañamente feliz. Samuel nunca me había prestado atención de esa manera.

-¿Eh?- Dijeron al mismo tiempo, voltearon a verlo de nuevo. Él sólo sonreí tan arduamente. Vaya que lo estaba intimidando. Me causó un poco de gracia.

-Claro que si… yo quiero uno jaja. Son muy lindos ¿verdad? Francisco.-

-Si claro… Son muy tiernos.- Acariciaron al cachorro.

-Me alegro que deseen adoptarle.-Les entregué al segundo cachorrito que quedaba.

Comenzó a oscurecer. Sólo un cachorrillo se había quedado sin hogar. Pero no importaba, estaba contenta.

Tomé entre mis brazos al canino y con mi mano derecha lo sujeté firmemente. Comencé a acariciarle con mucha ternura. Suspiré exhausta.

Álvaro se sentó a mi lado y acarició el lomo del cachorro, a lo que este volteó y lamió sus dedos. Rápido escondió su mano.

Reí por el acto tan cómico. Debía permanecer más tiempo con él. Así que me levanté y le extendí mi mano. Tenía que forjar mayormente mis lazos con él.

-Ven conmigo Álvaro- Sujeté su palma, jalándolo un poco para que me levantase. Él no puso objeción y siguió mi paso.

-¿A dónde vamos?- Preguntó sonriendo.

-Bueno como me has ayudado hoy, quisiera llevarte al lugar donde mi madre siempre me llevaba. Hay un puesto de helados cerca, vamos yo invito.- Respondí muy entusiasmada. Tenía el lugar perfecto a donde llevarlo. Además de que era uno de mis favoritos.

No solté su mano es más, me aferré de esta.

Caminábamos de manera lenta como si ninguno de los dos quisiese soltar la mano del otro. Eso me causaba gracia… Pero también me causaba cierto hormigueo en el estómago.

En todo el trayecto, ninguno habló. Sólo intercambiamos miradas y gestos de agrado. Ninguno de los dos se declinaba al dejar el contacto de nuestras manos.

Detuve mi caminar frente a una franquicia con un gran letrero sobre la fachada que decía “Less Bessones” un título muy llamativo y único. Insistí en seguir tomando su mano, pero sorpresivamente sujetó la mía más a fondo y me guio a la entrada.

-¿Puedo tomar su orden?- Preguntó un joven mesero al vernos llegar e instalarnos.

-Por favor.-Sonreí- Yo quisiera una copa sencilla de yogurt natural. Agréguele poco durazno.-

-Enseguida señorita. ¿Y usted caballero?-

-Sólo tráigame una copa de vainilla.- Parecía un poco molesto. Quizás era por el helado. Ya era lago tarde, pero de verdad me agradaba este lugar.

-¿Desea agregarle jarabe de caramelo encima?-

-No gracias así está bien.- Respondió desinteresadamente.

-¿Alguna galleta quizás?- Volvió a preguntar el mozo. .

-Le repito que mi orden está completa.- Parecía desesperado e intrigado.

-Enseguida regreso con su pedido. –

Le sonreí divertida. Se había molestado por las agobiantes preguntas del mesero.

-Omitiendo eso, es un lugar muy agradable.- Dije tranquilamente sin dejar de verlo.

-No lo niego. Parece acogedor.- Agregó tranquilamente.

Sonreí amablemente.

Pensé acerca de la descripción de Samuel. Era muy diferente a lo que había dicho. O quizás tenía a otra persona enfrente. Álvaro era amable, atento… Era alguien dulce… ¡¿Qué estaba diciendo?! Katherine basta. Concéntrate. Me dije.

Regresé a verlo por un momento. Sus bellos ojos hicieron que mis mejillas se pusieran muy rojas. ¿Qué me ocurría? Se supone que yo debía seducirlo. No él. Su mano aun tomaba la mía. Como por voluntad lo notó.

-Lo siento- La soltó de manera apenada.

Me sentía nerviosa… Mis movimientos eran torpes. De verdad era muy encantador. Debía tener cuidado.

Nuestro pedido no tardo mucho. El mesero puso las dos copas cristalinas sobre la mesa. Cuidadosamente colocó las cucharas encima de estas.

-Fue un placer servirles.- Hizo una reverencia y se retiró.

Trate de tomar la cuchara, pero mis movimientos torpes continuaban y la tiré al piso. Me sonrojé por tal descuido.

Álvaro se agachó por el utensilio. Yo sólo le agradecí muy apenada. Me temblaba la mano con cada cuchareo que daba a la copa. Él me sonreía y no me quitaba la mirada. Sólo estaba haciendo que me pusiera más nerviosa. ¡Ah! Lo odiaba.

-No me mires tonto- Dije de manera muy infantil.

Soltó una pequeña carcajada. Molesta le embarré un poco de helado en la nariz. Al instante tomó una servilleta y se limpió. Comencé a reír.

Él me regresó la jugada. Los dos carcajeamos… Ahora que lo recuerdo… Samuel no estaba en mis pensamientos en aquel momento. Había logrado sonreír de nuevo… Me sentí bien… Él me hacía sentir de esa manera.

Nuestras salidas comenzaron a ser frecuentes. Junto con el pequeño cachorro, el cual decidí quedármelo y al que Álvaro bautizó como Moka.

Me di cuenta pronto que había perdido… Su compañía me era grata. Álvaro estaba llenando el vacío que Samuel me causaba. Me estaba haciendo olvidarlo… Él estaba aquel lugar que tenía Samuel en mi corazón. ¿Qué debía hacer ahora?…

Cuando me di cuenta de que Álvaro me había dado un beso sorpresivamente… Mi mente colapsó. Era suave y tierno.

-Álvaro… yo…-

-Te quiero.- Me interrumpió besando mí frente. Esa frase ante mis oídos era sincera. Estaba feliz y no podía dejar de pensar en ello. Lo abracé sutilmente.

-¡Perfecto!- Dijo Samuel emocionado. –Tenemos que decirle a Valeria lo más pronto posible.- Me abrazó. A él ni siquiera le importó que su novia haya sido besada por otro hombre. Pero… Ya no me intrigaba.

-Lo siento Samuel… No lo haré.- Él sorprendido dejó de abrazarme y me miró extrañado.

-Pero… ¿Qué dices?- Alzó la voz, molesto. – No será que acosa tú… ¡¿De verdad te has enamorado de él?!- Me tomó de los hombros bruscamente.

Lo único que pude hacer fue agachar la mirada. No había nada que negar, pues aquello era la verdad.

-Lo siento…- Dije apenada.

-¡Que idiota eres! Álvaro es un idiota… ¿Qué no te advertí?- Me soltó agresivamente. –No me importan tus sentimientos… Tú vendrás conmigo y le dirás todo.- Sujetó mi brazo.

-No… No lo haré- Me zafé de su agarré. –Estoy cansada de que siempre te importe más Valeria que yo…- Por fin tenía el valor de decirle aquello que guardé tan estrictamente. –Siempre ella, siempre siendo más tierno con ella… Sólo Valeria está en tu mundo ¿no es así? Arréglate como puedas, yo ya no te ayudaré.-

-Eres una egoísta… ¡Valeria está sufriendo!-

-Y de nuevo ella… ¿Ahora me entiendes?- Ni siquiera había lágrimas que soltar.

-Mira, no me importa si deseas estar con Álvaro después de todo tú ya sabes a lo que te enfrentas…-

-Él no es como tú dices…-

-Katherine no seas estúpida, sólo has visto una faceta de él- Argumentó exaltado.

-¡Pues prefiero su faceta a la tuya!- Le grité. –Quizás sea falso… Pero me hace sentir feliz…-

-Entonces ayúdame a separarlo de Valeria y será todo tuyo- Comentó sonriendo nerviosamente. Me daba un poco de pena su actitud.

-Adiós Samuel- Agregué finalmente. Me marché aliviada. A pesar de que habíamos terminado tan mal, no regresaría de nuevo atrás.

Cogí el móvil dispuesta a llamarle a Álvaro. Quería oír su tierna voz.

-Al habla Álvaro.- Sentí felicidad oír sus palabras.

-Hola Alva, soy Katherine, ohm… Tengo que hablar contigo, ¿podríamos reunirnos?- Pregunté un poco nerviosa.

-Oh, lo siento Kate, no podre, tendré visita. ¿De qué quieres hablar?- Preguntó en tono preocupado. Creo que me estaba tomando el pelo ¿de verdad haría que lo dijese?

-Bueno, es algo muy importante… sobre… ya sabes…- Estaba muy nerviosa. –El beso- Susurré

-Oh… podríamos hablarlo mañana- Exclamó serio.          

-¡Por supuesto!- Emocionada agregué.

-Perfecto, yo te aviso la hora- Colgó.

Yo no quería dañar a Valeria… Ella era amable, sincera y amigable. Sé que debí ayudar a Samuel, sin embargo había sido lastimada tantas veces, y Álvaro cubrió aquellas heridas…

Me pregunté ¿Tan débil era? No lo sé… Sólo tenía en claro que los recuerdos que me estaba propiciando, eran alegres. Me abandonaría como mujer si decidiese ser la amante. Pero en verdad lo amaba. A pesar de las palabras de Samuel, a pesar de que cabía la posibilidad de que Álvaro estuviera fingiendo. Lo aceptaría.

Podría ser que yo era igual que Valeria…

-¿Estás feliz ahora?- Llegó Samuel un poco triste. Parecía impactado y melancólico.

-¿De qué hablas?- Pregunté invitándolo a pasar a la casa.

-Ella me odia… Él ganó… Todo se acabó.- Soltó en un sollozo.

-Lo siento… No lo entiendo del todo.-

-¡Estoy diciendo que Álvaro ganó! Ellos dos terminaron. Él quedó como la victima… Y yo…Yo fui un mentiroso a su lado. Él lo logró, a pesar de que le dije acerca de ti, a pesar de que él sabía de nuestro plan… No se inmutó en nada…- Desvaneció su voz…

-Samuel yo…-

-Está bien. No importa. Es lo que querías, ¿no es así?-

-Es por esa actitud que no te puedo perdonar.- Odiaba que pensara por mí. Que nunca me escuchara.

-Sólo vete… No quiero oírte.- Fueron las últimas palabras que intercambiamos.

Al marcharse no pude evitar soltar unas cuantas lágrimas. No era fácil aceptar una ida de alguien que había sido muy especial. Sentí un sabor amargo correr por mi garganta. Pero esto era el adiós definitivo entre él y yo.

A partir de ese momento mi vida continuaría. Mi mayor error siempre fue estancarme en un solo lugar. Pero… Ahora era el momento de avanzar

-Katherine…- Abrió Álvaro la puerta de su condominio.

-Hola.- Saludé melancólicamente. -Es repentina mi llegada, pero realmente tenemos que hablar.-

-Adelante- Dijo invitándome a entrar.

Le sonreí y acepté la oferta.

-¿Y dime de qué quieres hablar?- Se sentó en un sofá y me indicó que hiciese lo mismo.

-Bueno… quisiera hablar sobre Samuel.-

-¿Vecino, primo, hermano, hijastro o mascota?- Me causó gracia sus conclusiones.

-Ex novio, novio cuando nos dimos aquel beso.- Le aclaré.

-He de adivinar que era una estrategia.-

-Digamos que sí. Yo sería tu manzana de la discordia. Se suponía que yo le haría ver la verdad a Valeria. Cada una de nuestras salidas fue planeada. Incluso nuestro encuentro.-

-Igual no lo logró- Agregó en tono frío -¿Por qué lo hiciste?, ¿no sentiste celos de Valeria?- Me sorprendí un poco. ¿Él había notado mis sentimientos?

-Sí, pero… pensé que él me amaría, yo sabía de Valeria, él nunca dejaba de hablar de ella. Quise hacerlo feliz, y le di la opción de separarla de ti.- Decidí sincerarme con él.

-¿Eso quiere decir que todas nuestras citas fueron actuadas?-

-No… de eso vengo a hablarte. Aquel beso… no fue fingido… desde la segunda cita comencé a enamorarme de ti, incluso olvidé que todo era parte de un plan. Me era grato estar a tu lado. Ese mismo día del beso, a Samuel no le importó, y que no me doliera me alegró. Él me dijo que teníamos que decirle a Valeria lo más pronto posible. Me negué, era demasiado tarde, comencé a amarte. Una parte de mi me decía que estaba mal. Pero no me importaba ser la otra, porque te amo Álvaro, sin embargo me enteré que terminaste con Valeria.- No sé qué respuesta esperaba por parte de él… Confesarme no fue una tarea fácil…

-Pensaba terminar con Valeria, desde ese beso, siéndote sincero, yo también me enamoré de ti, Katherine.- Aquella palabras hicieron emocionarme. No lo esperaba. Álvaro se acercó a mi rostro. Tocó mi mejilla. Sus manos eran cálidas. Lentamente unió sus labios con los míos…

Mi mayor miedo a enamorarme siempre fue pensar acerca del vacío que me provocaría la partida del amor… Porque yo estaba consciente de que no era eterno, siempre fue así, siempre lo vi de esa manera. Sin embargo, si por una vez podría llegar a disfrutarlo al lado de esta persona… Sería feliz. Pues los recuerdos que me hizo formar a su lado, en ninguno me vi triste, en todos sonreía. Recuperé lo que había olvidado.”

El camino a casa fue agotador. Me sentía cansado y adolorido del cuerpo. Era como si alguien hubiese colocado encima de mí una caja con varios ladrillos.

-Álvaro… ¿Podemos hablar?- ¡Vaya! Katherine por fin decidió dirigirme la palabra.

-¿Qué ocurre?- Le tomé de la mano y ella desvió la mirada. Por lo menos esta vez no había apartado su muñeca.

-Yo…- Comenzó a temblar. Parecía a punto de llorar. -¡Gracias!- Se abalanzó a mi cuello y me estrecho sutilmente. Me sorprendí su cambio de humor tan notorio. Demonios… ¿Qué se supone que debía hacer ahora?

Rodeé su espalda y le correspondí al abrazo.

-Katherine… ¿Estás bien?- Le pregunté tranquilamente.

-Álvaro… Sería mejor que lo dejemos…- Exclamó en un silencio opaco.

¿Cómo se supone que debía entender eso?… Aunque sus palabras fueron aquellas, ella aún seguía abrazada a mí. Soltando silenciosamente unas lágrimas y un suspiro reprimido.

CONTINUARA….

 

ABRAHAM ROCHA RDZ

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Existen personas que no deberian amar… capitulo 19 & 20

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¿Qué rayos le ocurría?

-¿Emile? ¿Estás bien?- Pregunté preocupado. No respondió. Quedó absorta en sus pensamientos. ¿Qué estaba pensando? ¿Cuál era el motivo de sus lágrimas?

Fue un sentimiento confuso. Algo que no entendía muy bien… Una simple anomalía que ocurría en mi vida.

El pesado cuerpo que chocó con el mío.

-Duele…- Solté inconscientemente. A veces creo que mi cerebro me jugaba una mala pasada. Decía lo que debía permanecer en mi cabeza. Tenía que disculparme pronto… pero ¿cómo? Nunca fui buena hablando con los demás. Se malinterpretan mis palabras y al final no puedo hacer nada. Era muy difícil. Oh Emilie, no seas ridícula. Me gritaba en mi cabeza. Que patética soy. No, no de nuevo. Volvería a verme como una tonta…

-¡Lo siento!- Exclamó apenado un joven alto de ojos casi amarillos combinados con finos toques verdosos. Me extendió su grande mano ofreciéndome su ayuda.

-Gracias.- Su palma era rígida. Un poco áspera y fría. Hice un poco de fuerza y el contacto de sus dedos fue más cercano con los míos. Tenía que decir algo… después de todo la culpable era yo. Estaba exhorta en mis pensamientos que no me di cuenta que él deambulaba. Sólo esperaba que mis palabras no me apuñalaran cruelmente.

-Está bien, fue mi culpa.-Perfecto. Nada tonto. Pero… ¿Por qué me estaba observando con esa mirada intimidante? Podría ser que estuviera ¿molesto?

Lo sabía…Soy una rara…

-Para nada, fue mi culpa.- Agregó cambiando su semblante. Me aliviaba el hecho de que no estuviera furioso por el golpe. Le sonreí calmadamente.

Fue entonces que lo observé mejor. ¿Qué le ocurría? Sus ojos parecían hinchados. Una pequeña lágrima yacía en su pómulo; solitaria y húmeda parecía apunto de romperse.

-¿Estás bien?- Le miré preocupada. No sabía qué es lo que estaba haciendo. Indecisa y un poco nerviosa toqué su mejilla. ¿Por qué su mirada era triste? No me agradaba…

Rápidamente separó su mano de la mía. Qué vergüenza no había notado que la seguía sosteniendo. Ha de ver sido incómodo para él. Limpió presuroso sus parpados.

-Oh ¿esto?, no es nada, una pequeña basura. Hoy corre mucho viento.- ¿Viento? Estaba mintiendo… No había mucha ventisca. Quizás estaba exagerando… pero, su mirada no era por una basurilla. ¿Podía ser quizás una persona? Quizás el viento era el modo en que lo representaba… ¿Ese viento lo había hecho sufrir?…

Pronto reaccioné. ¿Qué diablos hago yo metiéndome en la vida de los demás? Álvaro decía que la curiosidad era un hábito muy horrible…

-Ya veo, tienes razón.- Dije evitando hacerle otra pregunta. Debería concentrarme en buscar a mi primo en el instituto. Hacía tiempo que no le veía. . –Tengo que irme. Espero y el viento no vuelva a lastimarte.- ¡RAYOS! Eso no debí haberlo dicho… Pero en el fondo, no me gustaría que lo hiciese.

Él sonrió. Por lo menos logré esa expresión.

-Adiós pequeña…- Escuché que dijo en un leve susurro. ¿Cuál era su problema?… Yo no era muy pequeña… ¡Él era el alto! Me molesté un poco. Aunque también me dio risa su comentario.

Caminé rumbo al instituto Galo. Mi primo debía estar ahí. Bueno… Eso creía yo. Al parecer habían tenido una excepción de salir temprano ese día los alumnos.

Álvaro no invites a las personas si no piensas esperarlas… Pensé.

No me quedaba nada que hacer. Se estaba haciendo un poco tarde. Tenía que regresar a mi casa pronto. Mamá se molestaría. Yo ya no era una niña, sin embargo me seguían tratando como una. Suspiré agobiada.

Al día siguiente, decidida fui al instituto más temprano… Creo que demasiado. Los alumnos estaban en clases joder. Resignada exhalé profundamente y me senté en una de las bancas. Su colegio era amplio. Me hubiese gustado estudiar allí, pero mi familia pronto se mudaría. Recuerdo que Álvaro estaba molesto por eso. Lo extrañaría mucho, con él era muy sencillo entablar una conversación a pesar de que siempre me miraba nostálgicamente. De verdad lo sentí por causarle tales emociones confusas…

Di un pequeño brinco por la campanilla del almuerzo. Maldición… Creo que si sigo siendo una cría.

Comencé a preguntar a los alumnos que veía salir. Dios… Ni siquiera sabía en qué departamento estudiaba… ¿Qué clase de familia soy?

-Lo siento… No lo conocemos. Podemos acompañarte si gustas.-

-No, gracias. Pero no serían de ayuda…-Joder, de nuevo lo que pensaba salía de mis labios. La vergüenza me invadió. Había sido grosera. –Lo siento… No quise decir…-

-Jaja, descuida. Tienes razón.- Rieron ambos jóvenes. –Entonces nos vemos, pequeña.-

¿Pequeña?… Recordé al joven de ayer. ¿Estará acaso mejor? Parecía realmente mal… Quizás no debí dejarlo en ese estado… No, no, ¡NO! ¡Emilie Miller, deja de distraerte! Me regañé.

Borrando aquellos pensamientos. Me acerqué a una pareja. Rogaba al cielo que aguien conociera a mi amado primo.

-Disculpen…-Pude notar a una bella chica de tez morena y largo cabello lacio. Que linda era… Miré al joven que estaba a su lado. –Anda… si eres el joven de ayer… – El mundo parece un pañuelo. Era una gran coincidencia. Le sonreí.

Sentí una mirada algo pesada igual que el ambiente. ¿Qué podrá haber sido?

-Lo siento, creo que me estas confundiendo.- Trató de sonreír.

¿Podría ser que me equivocase de persona? No, por supuesto que era él. Quizás olvida a las personas de manera fácil… Por inercia miré a la joven en breves segundos… Emilie tonta, seguramente era su novia. La chica pudo malinterpretar mis palabras… Oh maldición… Esperaba no haber metido en problemas al chico.  

-Oh disculpa. Te pareces a un amigo… lo siento, soy una tonta.- Volví a sonreír. –Disculpen el mal entendido.- Me sentí culpable, no podía hacer otra cosa que pedir perdón. Presurosa me alejé.

Noté un grupo de jóvenes conversando. ¡Quizás siendo más alguno de ellos conocerá a Álvaro!

Emocionada, queriéndome quitar el horrible encuentro que provoqué les pregunté un poco animosa.

-Hola… Mi nombre es Emilie. Es un placer.- Dije un poco nerviosa. –Disculpen la molestia que he de causarles. Pero quisiera que me ayudaran a encontrar a Álvaro Crowley… Él es mí…-

-Oye, espera. ¿Te presentas y ya nos pides favores?- Me interrumpió una de esas personas. No sabía que decir… Quizás tenían razón… Fue descortés acercarme por interés.

-Lo… Lo siento.- Me trababa al hablar.

-Te perdonamos sólo porque eres muy bella. ¿No deseas quedarte un rato más en buena compañía?- Noté su mirada lasciva. Que miedo daba…

-No, gracias… yo… yo tengo que encontrar a mí…- Estaba aterrada… Mi mente estaba en blanco.

-Oh vamos, te divertirás con nosotros.-

-Preferiría no hacerlo.-

-No seas tímida, ven…- Cerré mis ojos esperando lo peor… ¿Por qué no pude reaccionar?

-Ha dicho que no.- Escuché una cálida voz un poco familia. Era aquel joven. Había tomado del brazo al chico que empezó todo esto.

-Lisandro, ¿qué demonios quieres? No ves que estamos ocupados.-Dijo en tono de burla. ¿Lisandro? Se llamaba Lisandro, el joven que había venido a rescatarme… Por favor. No te vayas. Fui mi petición tan egoísta.

-A la chica.- Un pequeño latido surgió de mi pecho. Gracias… Dije en mi mente.

-¿Qué dices? Si ella estaba pasándola bien con nosotros, ¿no es así pequeña?- Las personas de aquella persona me desagradaban. Agaché mi mirada y comencé a temblar.

-…N…No.- Mi voz era muy baja. El viento, se llevaba cada palabra.

-No digas mentiras, te acercaste tan provocativamente a preguntarnos sobre alguien. Como si no supiéramos esa excusa. Jaja, mejor di lo que realmente quieres.-

-Yo… eso es mentira… yo nunca…- Quería llorar… Malditas emociones… El miedo, el pánico… ¿Qué debía hacer?…

Escuché un sonido en seco… Lisandro… Lisandro había golpeado a aquel sujeto. Su mirada parecía de un asesino, pero… No tenía miedo de él.

-¡¿QUÉ TE PASA BASTARDO?!- Enfurecido se levantó del piso e intentó golpearlo.

Quedé sorprendida ante los reflejos de Lisandro. No, no lo hagas… Saldrás herido, pensaba. Pero ninguna palabra fluía de mi boca.

Mi nerviosismo no se iría. Parecía eterno… Mi madre, mi padre e incluso Álvaro tenían razón. Soy una niña todavía…

-¿Estás bien?- Me extendió su mano. ¿Cómo reaccionaría ante lo ocurrido? ¿Cómo debía decirle gracias?…

Sentí un delicado abrazo. Él me estaba abrazando… Era gentil… Era amable…

-¿Eh?… ¿De qué hablas?- Sorprendida pregunté limpiando mis mejillas.

-Lo siento por mostrarte mi lado más deplorable…- ¿Qué estaba diciendo? ¿Deplorable? La única patética había sido yo…- Lo siento por mentirte hace rato, quizás no hubieses estado en esta situación… por eso… Lo sien…- ¿Por qué era tan sencillo hablar con esta persona?… ¿Por qué me inspiraba confianza? Ver sus ojos tristes, su cálida voz echa un hielo, dolía…Demasiado.

-Gracias.- Lo interrumpí besando su mejilla. –Gracias por salvarme.- Su semblante cambió.

-Ven, vamos.- Delicadamente me apartó y tomó mano. –Mi nombre es Lisandro, Lisandro Riveil es un placer.- Que se presentara formalmente era agradable.

-¿Eh?… ¡Oh! Mi nombre es Emilie Miller…- Bajé un poco el tono de mi voz.

-Así que… Emilie, ¿qué te trae al instituto Galo?- Preguntó caminando rectamente.

-Busco a mí…-Pausé… No es que desconfiará de Lisandro. Pero… Mis palabras siempre se han de confundir, por eso…- A alguien muy importante para mí. – dije, tratando de disimular.

-Puede ayudarte si lo deseas…-.

-¿De verdad?… ¡Gracias! Me salvas demasiado Lisandro.-Sí, así era. Me estaba salvando incontables de veces. Gracias, gracias, gracias. No podía dejar de pensar en eso, pero al notar que su sonrisa se caía y se desvanecía sentí un dolor en mi pecho. –Oye… Ella era tu novia ¿verdad?- Pregunté desconsideradamente.

-Digamos que lo era…- Dijo un poco frío.

-¿Lo era?-

-Aún está en proceso. No sé cómo decirle que lo nuestro finalizó.- Parecía duro en sus palabras. ¿Realmente era así? ¿O era una de sus máscaras?

-Eso es horrible…- Dije refiriéndome al viento que lo lastimó. Pero una vez más… todo se malinterpretó. Lisandro se sorprendió. No es como si haya dicho por él…

-Digamos que ella hizo algo que me dolió.-

-El viento…- Lo sabía, ella era el viento. .

-¿Eh? ¿El viento?-

-Ella, ella es el viento de ayer ¿no?- Maldita sea… Debo dejar de pensar en voz alta.

-Si…- Parecía triste.

-Lisandro… ¿La amabas?- ¡EMILIE CALLATE! Me gritaba. Un conflicto se desarrollaba en mi mente. Pronto le terminare desagradando.

-..Por supues…-Pausó y se quedó pensativo. –No lo sé.- Fue su respuesta.

-Ya veo.- Debía dejar de presionarlo. Soy una desconocida y he de darle miedo ahora.

-Dejemos este tema. Mejor concentrémonos en buscar a tu novio…- ¿Novio? Eso fue gracioso. Nunca tuve novio. Me da hasta vergüenza decirlo.

-Yo no tengo novio.- No podía decirle que ni siquiera mi primer beso he dado. ¡Ah! ¿Por qué rayos tuvo que recordarme algo tan humillante?… Espera, ¿realmente es humillante?… ¿Qué barbaridades estoy diciendo?…

De sorpresa él me volvió a abrazar… ¿Estaba triste de nuevo? No quiero verlo triste…

-¡¿Qué demonios haces Lisandro?!- Escuché un grito proveniente de una voz muy familiar.

-¡Oh! ¡Álvaro!- Por fin lo encontré. Estaba feliz.

Álvaro me abrazó y besó mi mejilla. ¿Lisandro conocía a Álvaro? ¿Amigos?

-¿Huh? ¿Lo conoces?-Pregunté.

-Claro, digamos que es especie de amigo.- Hizo una sonrisa.

-Jaja, por supuesto. Así que enhorabuena Álvaro, es una hermosa mujer.- Dijo Lisandro sonriendo… ¿Le parezco hermosa?… Era la primera vez que me sentí ruborizada. El haberlo oído de sus palabras, me hacía feliz…

-Lo sé, no hace falta que me lo digas.-

-Deberías proponerle matrimonio ahora, de lo contrario me adelantare. – ¿Matrimonio? Dije que no quería que me siguieran tratando como una niña… pero, ¡casarme no está en mis planes!

-Lisandro… ¿Qué demonios piensas? Emilie es mi prima.- Dijo Álvaro un poco enfadado.

-¿De qué hablas? No comparten apellido…-

-Idiota. Ella es parte de la familia de mi madre, es hija de mi tía Raquel. Por lógica no compartimos apellido Lisandro… ¿Qué idiotez habrá pasado por tu cabeza? De todos modos, ¿cómo la conoces? ¿De dónde ha salido la confianza de aquel abrazo bastardo?- Me preguntó enojado.

-Oh, Lisandro me resca…-

-Sólo me pidió ayuda para encontrarte… pero… ¡Era muy hermosa que no me resistí!- Mintió…

No lo entendía. ¿Por qué hizo eso? Quizás era algo sin importancia para él… Así es… Sólo ayudó a una chica tonta que no puede defenderse sola. Estúpida Emilie…

Recuerdo muy bien ese encuentro… No podría olvidarlo. Siempre dolía el simple hecho de oír sus palabras en mi memoria. Su actitud pronto cambió drásticamente. Forzaba sonrisas, ocultaba cosas… La persona que llegué a admirar por su valentía se había ido… O quizás algo forzó a que se fuera.

¿Cómo es que logra aguantar ese dolor que lo inunda? Tan sólo quiero verlo feliz. Con una sonrisa verdadera…Pero ¿cómo logro que una raíz brote de una roca?

No me gustaba ver a Lisandro sufrir. Una persona sincera con un corazón noble se había marchitado ante mis ojos. Quizás el viento le sigue hiriendo…

Él se volvió considerado conmigo, más amable, más atento. Cada detalle, cada elogio… Quizás estaba tratando de olvidar a su novia. Remplazarla con alguien desechable.

Todo de él me hacía sentir confusa. Sentimientos ajenos a los que había sentido antes se desbordaban de mí… Pero él… Él sólo me veía como una niña. Me trataba como una, a veces me tomaba el pelo con frases tiernas. Lo soportaría, lo aguantaría, daría lo mejor de mí por no lastimarlo… Me engañaba, porque en el fondo me dolía. Su amabilidad era acido para mi cuerpo… Me salvó, no una sino varias veces. Él fue mi único gran amor… El primero… Aunque nunca lo sabrá, pues sé, que no aguantaré por mucho tiempo. Por eso… Será un secreto… pues pronto se cansara de jugar con una niña… “

-Emilie… ¿Qué ocurre?- Pregunté más que confundido.

-Álvaro… Yo ya lo decidí… Me iré de regreso con mis padres…

CAPITULO 20…

¿Qué estaba diciendo? Irse… No de nuevo, no soportaría su ausencia después de acostumbrarme a vivir con ella.

-Emilie… ¿Por qué deseas irte? ¿Algo no va bien en el instituto?- No, no era la universidad de Galo. Era él. Jodido Lisandro, le advertí acerca de esto.

-En lo absoluto. Sólo que… He estado muy lejos de casa. Mis amigos me han dicho que me extrañan… Por eso… yo… Yo quiero regresar pronto…- Temblaba a cada palabra.

Suspiré. Ella estaba mintiendo.

-Hace poco, mencionaste a Lisandro. Preguntabas la razón de tanta amabilidad ¿no? ¿Él es el motivo?-

-…No. Hablé sin pensar… Lisandro es amable porque soy tu prima, él me quiere como una hermana, soy una niña a su lado. No tiene nada que ver él en este asunto.- Revolvía sus ideas. No eran claras, eran confusas. ¿Podría ser que ella….? Imposible…

-Emilie… Tú estás…-

-¡Emilie! Qué alegría que hayas vuelto. Me sentía muy solo con tu ausencia.- Llegó Lisandro, sentándose al lado de ella. -¿Huh? ¡Qué hermosa te ves! Pareces una tierna muñequita con tus rizos.-

Este idiota… La mirada de Emilie parecía nostálgica. Sonreía algo forzada. ¿Por qué él no se daba cuenta de su dolor?… Lisandro la estaba haciendo sufrir… Que desconsiderado de su parte… No quería verla así… Podría ser que… ¿Acaso era lo que Samuel sentía? No, ¡no!… Borré esos pensamientos tan innecesarios. Que estupidez, lo tuyo es diferente…

-Gracias…- Dijo débilmente. Su semblante parecía el de una llama a punto de extinguirse.

-¡Oh! Emilie, mira lo que he comprado para ti.- Lisandro posó sobre ella las delicadas flores. –Dijiste que te gustaban.- Lisandro sonrió arduamente.

Ella lo miró sorprendida, evitando decirle que ya las había visto. Se sonrojó y le regaló una sonrisa tan inocente.

No había duda alguna… Ella lo amaba. Estaba enamorada de Lisandro. Esos pequeños detalles lograron que Emilie lo amase. Pero Lisandro ¿realmente la amaba? ¿Él sentía lo mismo por ella?… No me importaría si así fuese… Quizás un poco…

-¡Volví! Hola amor.- Llegó Katherine y besó mi mejilla. – ¡Dios! ¿Qué te ocurrió Álvaro?-Dijo tocando mi pómulo.

-Me caí.- Joder, aquella pregunta me estaba estresando.

-¡Deberías tener más cuidado!- Tocó con sutileza aquella marca. -¡Lisandro te dije que le cuidaras!- Gritó un poco molesta.

-Álvaro ya no es un niño…- Trató de defenderse Lisandro. –Además, le he comprado esto.- Sacó una pomada y se la entregó a Katherine.

-Cielos…- Suspiró. –No eres de confiar Lisandro.- Untó suavemente en donde había sido el golpe de “tu amado novio”

-Gracias, pero Lisandro tiene razón. Debí haber tenido más cuidado. Siento haberte preocupado. Tomé su mano y besé sus dedos delicadamente.

– Eres un desastre Álvaro…- Besó mi frente y se recostó en mi pecho. -¿Oh? ¡Vaya que lindas! Son camelias…- Miró las bellas flores que yacían en un bello esplendor. -¿Son tuyas Emilie?- Preguntó sonriendo.

-Si… Lisandro me las regaló…- Bajó el tono de su voz.

-¿De verdad? Lisandro, necesitaras más si quieres conseguir a Emilie.- Carcajeó un poco.

-Pero ¿qué dices? Sólo es un obsequio de amistad…-Parecía inseguro de sus palabras -¿Verdad Emi?- Trató de sonreír.

-…Si- Dijo en susurro. –Lo siento… Creo que quiero dar una vuelta por el lugar…- Se levantó y a punto de irse. Lisandro le tomó del brazo.

-Ni creas que dejare que vayas sola.- La miró profundamente. Ella sólo agachó la mirada.

-Está bien… Puedo ir sola.- Emilie lo trató de quitar sutilmente.

-Lisandro… Ella ya no es una niña.- Dije mirándolo confuso.

-Lo sé. Es por eso que iré con ella.- Agregó seriamente. Su mirada no era la habitual. Me sorprendí ante su respuesta. No esperaba tales palabras por parte de él. –Emilie, por favor…déjame ir contigo. ¿Acaso no te has visto en el espejo?- Le preguntó.

-Si… Todos los días. ¿Por qué?…-

-¿Por qué?… Simplemente porque eres hermosa… Tierna, amable, dulce… No pienso dejar que ningún otro idiota intenté lo de la última vez. Así que iré contigo.- La tomó de la mano y comenzó a caminar con ella. ¿Última vez? ¿De qué hablaba?

Pude notar a Emilie más que sonrojada. Sé que debía detener aquella escena… Lisandro era más que idiota para darse cuenta de los sentimientos que estaba provocando en ella. Si no tenía cuidado, él terminaría lastimándola. Sin embargo… No hice nada por evitarlo, pues noté una aprobación por parte de ella.

-Lisandro es un poco celoso… ¿No lo crees?- Dijo Katherine al ver que ellos dos se alejaban.

-Demasiado diría yo.- Suspiré. Algo en mi me preocupaba. Temía que ella se alejara de mi lado. Sé que era egoísta… Pero una parte de mí, aún era dependiente de aquel recuerdo.

-Que lindos…- Se inclinó hacía mi hombro y dio un suspiro largo y pausado.

Su voz… Su fragancia, su piel y aquella mirada… No provocaban en mí una emoción tan vibrante como la tuya…

En el fondo me alegraba, pues no había dudas con ella. Pero también me alertaba y preocupa…

-Álvaro, estoy un poco intrigada, el hecho de haber visto a Valeria…- La interrumpí dándole un beso en los labios. No quería hablar acerca del tema. Me incomodaba de sólo pensarlo.

-Te amo. Eso es lo único en lo que debes preocuparte.- En el fondo era mentira.

Ella sólo sonrió. Permanecimos en silencio por breves momentos…

Sentí un pequeño escalofrío… Un temor que inundaba mi cuerpo… Una frágil voz que se rompía en pedazos llamaba mi nombre.

-Valeria…- Suspiré y miré a una dirección que fue como una pesadilla para mí.

Poco a poco, tu cuerpo era sumergido entre las cristalinas aguas… Idiota ¡¿Qué hacías dentro del agua sola si no sabías nadar?!

Aparté a Katherine y me levanté presuroso, a punto de correr para sacarte de ahí, sentí una frágil mano detenerme.

Era Katherine, parecía triste. Se aferró más a mi como si supiera que algo terminaría si me dejaba ir contigo.

-Por favor… Tengo que ir con ella.- Le susurré a su oído. Katherine sorprendida me soltó y agachó la mirada. –Gracias.- Besé su mejilla.

Presuroso y sin pensarlo me lancé al agua tratando de tomarte los más pronto posible. ¿Por qué tiene que ser de esta manera? ¿Por qué fui el único que te vio? Tu cuerpo se había perdido de mi visión, yacía en el fondo. Demonios, comenzabas a convulsionar… Sujeté tu brazo y te llevé a la superficie.

Agitado saqué tu cuerpo del agua… Una multitud de personas se acercaban presurosas. Idiotas… Tan atrasados llegan…Estaba agitado, molesto y asustado…

Tus parpados estaban cerrados. Tus labios eran morados y tu piel se había puesto más blanca. Era una broma ¿verdad? Este tipo de cosas… Sólo hacían que me encadenara a ti.

¡¿Dónde estaba el idiota de tu novio?! ¡¿Por qué demonios te fuiste con él?! ¡¿Por qué diantres habías preferido su compañía?! Gritaba en mi mente, mientras realizaba las compresiones cardíacas. Valeria ¿por qué me haces este tipo de cosas?

Separé tus labios y tomé tu mentón. Uní mis labios con los tuyos tratando de pasar el oxígeno a tus pulmones.

-No me hagas esto Valeria…- Te decía continuando con el RCP. Cada intento de que reaccionaras, se me hacía eterno… No lo aceptaría, no permitiría esto… Jamás…

De pronto, volviste a abrir los ojos y soltaste el agua que habías ingerido. Tu tono de piel, levemente mejoró.

Comenzaste a toser y el personal de emergencia por fin llegó. Te subieron a una camilla y te suministraron oxígeno a través de una mascarilla. Malditos… Quería golpearlos…

-¡Quítate idiota!- Sentí un empujón fuerte. Era el idiota de tu novio.

-Señor, ¿conoce a la joven?- Preguntó uno de los ayudantes.

-Por supuesto… Es mi novia.-

-Pues dé las gracias a este joven.- Dijo señalándome. –Si él no hubiese practicado el RCP, hubiéramos temido lo peor.-

-¡No le voy a dar las gracias a un idiota como él!-

-Señor, este hombre salvó la vida de su novia.-

-No creí que fueras así de ignorante Joel.- Estaba molesto. No porque no me hubiera agradecido. Sino por el hecho de haberte dejado sola…

-¡Mira imbécil! ¡¿Quieres otra mejilla golpeada?!- Preguntó molesto.

-Adelante ojito morado.- Sé que debía ignorar cualquier provocación… Pero… De verdad quería golpearlo.

-Eres un…-

-¡Deténganse los dos!- Gritó el personal de emergencia. –Deberían apenarse… Una vida corrió peligro y ustedes discutiendo por algo tan estúpido.-

-¿Estúpido? Besó a mi novia- Dijo molesto. No podía haber persona más tonta en el planeta. A Samuel le habían quitado su puesto.

-Eres un estúpido…- Traté de no elevar el tono de mi voz. –Si te hace feliz. Ese beso no significó nada para mí más que hacer que reaccionara.- Limpié mis labios que habían tocado tus frías comisuras.

Caminé queriendo marcharme, pero algo me detuvo. Sorprendido regresé mi mirar.

-Álvaro… Por favor, no te vayas.-Dijiste a duras penas y comenzaste a llorar

Una espina brotó de mi pecho, tratando lentamente de penetrar todo mi ser… Dolía. Sujeté tu mano

-Tranquila… Estoy contigo.-Besé el dorso de tu muñeca y limpié tus mejillas.

¿Qué estaba haciendo de mi vida? ¿En qué momento mi mundo se descontroló? Tú tienes la culpa… Estas acciones me mantienen seco por dentro, no puedo tolerarlo, actúo más como una bestia que como un humano, una bestia que reacciona al choque entre los celos y el odio. Tú causaste la destrucción de mi ser.

No puedo perdonarte… Te odio por estar a mí alrededor y cambiar las cosas de cómo eran. No necesito mostrar “amor” a aquellos que están llenos de complejos de inferioridad. Incluso aunque sea un pensamiento deshonesto, haré cualquier cosa para aplastarlo antes de quedar expuesto…

 

CONTINUACION…

 

ABRAHAM ROCHA RDZ…

 

existen personas que no deberian amar… capitulo 17 & 18

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Katherine parecía disfrutar mucho la estadía en este lugar. Yo por el contrario me sentía un tanto perturbado. El hecho de saber que tú estabas aquí me era muy incómodo. ¿Por qué sigo pensando en ti? Quizás es porque perdí mi juguete… Porque perdí a la marioneta que algún día me dio diversión. Debo alejar pronto estos pensamientos.

Emilie se acercó temblorosa. Sus dientes castañeaban de frío.

Le rodeé los hombros con una toalla.

-Gracias.- Me sonrió.

-Eres aún una niña. –Le devolví el gesto. A pesar de su edad, me sigue inspirando las ganas de cuidarla tal como a una hija. Creo que por una parte entendía a Isabel.

-Emilie, qué bueno que regresas.- Se levantó Katherine del lugar donde se encontraba recostada tomando el sol. –Escuché de un spa con estética. ¿Qué dices? ¿Quieres ir conmigo? Será divertido pasarlo juntas.- Agregó sonriendo.

Emilie no era de las chicas que les hiciera ilusión ese tipo de cosas. Pero, quizás un poco de vanidad no le robaría del todo su sencillez.

-¿Huh? ¿Sólo las dos?- Preguntó confundida.

-Jaja, claro, será nuestro momento juntas Emi. Vamos, un cambio de imagen nos vendría bien.-

-No estoy segura de querer hacer algo extravagante Katherine.- Emilie como siempre tan modesta. –Pero… Realmente quiero pasar el tiempo contigo. Así que está bien, vamos.- Sonrió.

-¡Genial! Ven.- La tomó de su brazo y se acercó a mí.- Mi amor, te llevaríamos, pero… ¡Quiero que sea sorpresa!-

-Álvaro, no creo que sea una buena idea. Tendremos que cuidarlas ahora más.-

-En efecto.- Sonreí por el comentario de Lisandro.

-Jaja, no sean tontos. Deberían tener cuidado desde hace tiempo.- Carcajeó Katherine. –Amor, regresamos en breve.- Beso delicadamente la comisura de mis labios.-Te lo encargo Lisandro.- Sonrió.

¿Por qué? ¿Por qué aún no estaba enamorado de ella? Si enamorarme me ayudaría a olvidarte, debía hacerlo pronto… Katherine, una chica hermosa, con carácter, delicada, tierna… amable…

Tenía tantas cualidades. Sin embargo, ninguna era especial. Esas cualidades podía tenerlas cualquier chica. Katherine no era única… No valía la pena seguir con alguien tan común.

Tú y ella poseían la misma descripción. Si, ninguna de las dos debía significar mucho para mí. Ambas eran exactamente iguales. O quizás no…

El que yo siguiera pensando en ti, debía ser algo que me atrajera. ¿Qué otra cualidad había en ti Valeria? ¿Podrías mostrarme más? Eras una chica que siempre me mostraba algo diferente… Nunca la misma reacción, nunca la misma expresión… Todo de ti cambiaba. Creía poder predecir algunas acciones tuyas, pero siempre las cambiabas. Rebasabas cada teoría que formula de ti.

Era divertido… Era entretenido… ¡SI! Eso era… Mi vida se volvió aburrida. Pero tú lo cambiaste. Me mostraste diversión. Me enseñaste que tan fácil podría ser controlar un ser humano. Por eso… muéstrame más. Necesito ver que hay dentro de ti. Enseña todo de ti hasta que no lo soportes más…

-Álvaro, si no te importa, quería ir al vivero de este lugar. Escuché que tienen camelias. Me gustaría comprar algunas.-

-¿Camelias? ¿Para qué rayos quieres esas flores? No me digas que te has vuelto mujer Lisandro-

-No seas machista hombre, ¿qué hay de malo que quiera algunas?- Preguntó divertido.

-No es que lo sea. Es sólo que tú no puedes mantener con vida una vaina de frijol, y me sorprende que quieras una flor tan delicada como la camelia.-

-Igual no responde a lo de convertirme en mujer.- Rió. –Bueno, en todo caso. Me has pillado. Deseaba regalárselas a Emilie. Una vez mencionó acerca del jardín de su vecina. Dijo que le gustaban esas flores. Además, la camelia me recuerda a ella. En especial la blanca. Tan pura, inocente a ojos comprensivos y delicada como cada uno de sus pétalos.-

No hay lugar a duda que cada quien interpreta los colores a su forma. Para mí el blanco, era un lienzo que debía ser pintado para dejar de ser sólo un fondo vacío. Por el contrario, Lisandro veía aquel lienzo tan expresivo como si pudiera ver algún color único, especial en él.

-Si empiezas de cursilerías sacadas de tus escritos. Te aclaro que no me interesa oírte.-

-Lo siento, no era mi intensión Alva. Sólo que de verdad deseo hacerle este insignificante regalo.-

-Idiota, ella no lo tomara así. El aura emocional que provocara en Emilie será más del que puedas controlar. Te advierto que si intentas algo más, tendrás que buscar desde ahora una buena funeraria.- Le dije molesto. El hecho de que él tuviera este tipo de consideraciones con ella, no era algo que podía tolerar. Emilie nunca se enamoró. Ahora que lo pienso, ella me había preguntado que era algo tan trivial como el amor. Quizás nunca tuvo un novio.

-Jamás me lo permitiría Álvaro. Ella es muy importante para mí, como lo es para ti. Tómalo como un simple regalo de amistad.- Sonrió forzadamente.

Suspiré.

-Aún no lo entiendo. Pero, no puedo negarte que esas flores realmente le gustan a ella. Sólo por verla feliz aceptaré que le ofrezcas tu regalo.-

-Que miedo das Álvaro. De todas formas has accedido, aunque un regalo no puede ser aprobado o rechazado ¿sabes?- Me miró desafiante.

-Sí, pero ¿qué crees? Eso no funciona conmigo Lisandrito.- Me burlé de él.

-Jaja, está bien. Tú ganas. Vamos.-

Comenzamos a caminar hacía el lugar. Lisandro llevaba la plática a flote. Hacía tiempo que no conversaba tanto con él. Últimamente se encontraba ocupado con sus redacciones. La editorial lo presionaba un poco. Mientras yo, cuidando a Emilie y pasando tiempo con Katherine. Sin lugar a dudas me había distanciado considerablemente de él.

-Entonces, ¿qué preferirías? ¿Quedarte abandonado en el desierto o estar encerrado una hora con la personas que más odias?-

-Eres un crío Lisandro. Mira que hacerme tales preguntas inesperadamente mientras hablábamos de la vegetación. De verdad eres un desastre.-

-Oh vamos, no seas tan agrio. Contesta.-

-Sin lugar a duda, quedarme en el desierto. No soportaría tu compañía tanto tiempo.-

-. . . ¡Oye! Que malvado eres Alva.- Carcajeó.

No pude evitarme reírme junto con él. Este idiota de verdad me sacaba sonrisas. ¿Cómo lo hacía?

-Mira hemos llegado.- Señaló el vivero.

-No estoy ciego Lisandro.- Hice una mueca de reproche y enfado.

Pude divisar a una chica tropezar. Sentí su cuerpo chocar con el mío. Era una joven pelirroja con grandes ojos verde.

-Oh lo siento. No tuve cuidado. Pero por lo menos caí en buenos brazos.- Sonrió provocativamente.

Perfecto… Lo que necesitaba, recordad la vieja técnica de las chicas del Instituto Galo. Me molestaba.

-Descuida.- La aparté.

Pude notar que se acercaron sus amigas. Ahora acosando a Lisandro. Muy bien Lisandro. Pensé. Me había llevado a un lugar que me desagradaría.

-Parece que están un poco solitarios. ¿Les gustaría pasar el rato con nosotras?- Dijo la pelirroja pestañeando innecesariamente de más.

Me acerqué a ella y le aparté rozando su mejilla, un mechón de su largo cabello. Le sonreí de manera tranquila. Posé mis labios cerca de sus oídos.

-Por supuesto que no cariño.- Me alejé de ella. – ¿Qué te hace pensar que si estoy solo desearía la compañía de alguien tan corriente como ustedes?- Le sonreí burlonamente.

Lisandro se sorprendió un poco. Es cierto que rechacé a muchas chicas en el instituto, pero había sido de una manera sutil. Sin embargo, en estos momentos, no estaba con humor para “amabilidades”.

-Eh… Él no quiso decir realmente eso… Estamos agradecidos por su invitación, pero, nosotros ya tenemos nuestra compañía.- Intervino Lisandro.

-¡Repítelo idiota!- Gritó la pelirroja furiosa, ignorando completamente a Lisandro.

-Lo que oíste. Me desagrada la idea de estar con alguien así de vulgar y fácil.-

Furiosa por mi comentario, intentó darme una cachetada.

La tomé de la muñeca, deteniendo el impacto de esta con mi mejilla.

-No hace falta que te lo tomes tan a pecho. Que tu belleza no te haya funcionado no amerita esa rabieta. – La solté bruscamente. –Vámonos Lisandro.- Continué mi rumbo.

Escuché múltiples disculpas por parte de Lisandro.

-Álvaro, eso fue excederse.- Dijo un poco molesto y avergonzado. Lisandro debería ganar un premio por su nobleza.

-Me deshice de ellas, no sé de qué te quejas.-

-Álvaro, deberías tener respeto por las personas.- Lo que pudo haber terminado como una plática amena entre dos amigos, acabaría por convertirse en una sesión de psicología.

No le dirigí la palabra hasta entrar al vivero. Olvidar lo sucedió sería más sencillo, que darle más vueltas al pequeño engranaje que se había formado.

Preguntamos al encargado acerca de las flores que Lisandro buscaba. Teníamos que caminar varias parcelas.

-Olvídalo Lisandro. Prefiero esperar a que vuelvas que caminar todo ese tramo. Y conociéndote, preguntaras por cada una de las flores que veas en el camino.-

Siguió insistiendo, pero se rindió ante tanta negatividad por parte mía. Así que sólo se fue junto con el encargado.

Sé que era un regalo para Emilie, pero aun así mi pereza era tan grande que no deseaba ir.

Me quedé contemplando algunas rosas y lirios que había en ese lugar. Blancas, rosas, rojas, amarillas… cada una de ellas era hermosa a su manera.

Al observar una rosa de un fuerte color rojo, noté a una joven sentada abrazando sus pies, con su cabeza apoyada a sus rodillas. Me acerqué un poco más y noté que eras tú. No te encontrabas con tú novio. Parecías triste.

Así, que él consiguió ponerte triste en poco tiempo. ¿Era esa otra de tus facetas?

Salí del vivero y me acerqué a ti.

-Hola.- Te sonreí y me senté a tu lado. Si tengo la oportunidad de descubrir aquella cualidad tuya que hace sentirme de esta manera. No me importaría regresar contigo.

-Álvaro ¿Qué haces aquí?- Preguntaste sorprendida.

-Valeria, si te molesto sólo dilo. Seré obediente si me lo pides.- Te dije coquetamente.

Te ruborizaste un poco y reíste.

-No, no me molesta. Estoy feliz de que estés aquí. Pero me sorprende que te encuentres solo.-

-Digamos que lo mismo pensé. ¿Dónde está tu amado novio?-

-Estaba coqueteando con una pelirroja y sus amigas.-

Y aquella chica se molestó porque le dije fácil. Ahora entiendo que odian la sinceridad.

-¿Enserio? Eso no es propio de ti.- No, no lo era. Deberías haber estado haciendo tu drama justo como lo hacías conmigo. -¿Dónde está la Valeria celosa?- Me burlé un poco de ti.

-Digamos que no me importa…- Fueron aquellas palabras tan frías que me hicieron sentir más tranquilo.

-Entonces ¿por qué esa cara triste?- Acaricié tu mejilla dulcemente. Me pregunto si está caricia podías convertirla en sentimiento.

-No es por él…- Apagaste tu voz y me miraste tristemente. Lo sabía. Aún sigo siendo necesario para ti.

Ahora que sabía el origen de mis ansias por tenerte, podía estar orgulloso y confiado de recuperar, lo que siempre fue mío.

-Entonces juntos olvidemos tu preocupación.- Me levanté y te ofrecí mi mano para que hicieras lo mismo. Me sonreíste y tendiste tu palma sobre la mía.

Aún eras mi juguete favorito. Eras la pieza del tablero que más utilizaba. Eras el dulce que tanto anhelaba. Aquel que deseaba que pronto me enseñara lo que tenía bajo su envoltura, de lo contrario la arrancaría para poder saborearlo hasta el punto de que ese sabor se desvaneciera lentamente…

CAPITULO 18…

Y volvemos al inicio Valeria. Volvemos a lo habitual que yo siempre hacía.

Cada caricia, cada contacto, incluso cada palabra, a partir de este momento tenía que ser medida cautelosamente. Buscar una estrategia, para que tu pequeño sentimiento, surgiera de nuevo como un mar de emociones.

Necesitaba que volvieses a declararme tu amor. ¿Para qué? Para descubrir tu cualidad, aquello que me encadenaba a ti. Aquello que me hacía dependiente de ti. ¿Por qué quería hacerlo? Te estarás preguntando. Sencillamente para no caer de nuevo ciegamente en este “sentimiento”

Así es, el amor es la mayor debilidad que un humano posee. Por eso, si lo desecho pronto, no habrá ningún problema. Ahora, sólo debería apresurarme para que volvieses a amarme, para proclamar triunfante mi victoria, que desde hace tiempo debía ser mía.

-Álvaro ¿a dónde vamos?- Me sonreíste aferrándote de mi mano. Tu tacto era tan suave y delicado.

Tenía que tener precaución en cada pensamiento dirigido hacia ti. Podría confundirme como lo hice anteriormente. Cometer errores, tropezar, caer, dudar. Todos esos sinónimos de fracaso debía alejarlos pronto.

-Valeria, ¿qué te parece ir allá?- Señalé el ojo de agua de aquel lugar.

-No… No lo sé. Álvaro ¿recuerdas qué no sé nadar?- Dijiste temblando. Por supuesto que lo recordaba. Ese era el plan… Querida Valeria.

-¿De verdad? Entonces no tendrás que soltarme para nada.- Te sonreí.

La ruborización de tus mejillas sólo me daba más aires de seguridad. Seducirte era tan sencillo. Aunque me daba un poco de decepción el hecho de que fuera algo fácil.

-Álvaro, ¡¿qué estás diciendo?!… Idiota.- Tartamudeabas. –Además, pensé que iríamos con Katherine… Después de todo ella es tu novia…- Dijiste en tono molesto. ¿Qué era? ¿Estabas celosa? Qué novedad. Sarcásticamente pensé.

-¿Huh? No lo has notado, ahora estoy solo. Katherine y Emilie decidieron ir a su momento de amigas. Lisandro fue al vivero. ¿Qué hay de malo que quiera pasar el rato con una amiga?- Resalté la última palabra. Sólo quería ver tu reacción.

Agachaste tu cabeza. Tu semblante cambió a una mueca triste. Vamos, Valeria, ¿acaso pensabas que era muy sencillo olvidarme?

-Tienes razón…- Tallaste tus ojos. –Sólo amigos… Vamos.- Segura me tomaste de la mano con mayor fuerza. Y ahora tú dirigías la caminata. Que interesante cambio de humor tenías. Tratabas de ocultar tus emociones en un pequeño muro que pronto haría caer.

Cerca de la orilla te detuviste soltando mi mano. Me quedé atrás de ti sólo observando alguna acción tuya.

-Álvaro, de verdad no puedo hacerlo.- Perfecto Valeria, cooperabas en tu trampa.

-¿Pero qué dices? Estoy aquí para cuidarte…- Te abracé de la cintura alzándote ligeramente.

De un brinco sumergí tu cuerpo con el mío al gran ojo de agua. Escuché un pequeño grito por parte tuya antes de ser apagado por el agua fría que nos cubrió.

Presurosa te aferraste a mi cuerpo con un abrazo. Como era de lógica, aquel pozo de donde emanaba el agua no permitiría hundirnos.

-Vamos Valeria, ya estás mejor.- Te dije abrazándote más fuerte. –Mira, estás flotando.- Quité tu cabello de tus parpados. Tu rostro lleno de frío y pálido era cautivador.

-¿Por qué hiciste eso? ¡Ah! Te odio…- Gritabas como una cría y me volviste a abrazar. Si estos pequeños detalles hacen que vuelvas a mí, prácticamente significaba que mi marca de propiedad seguía ahí.

-¿Realmente creías que intentaría ahogarte?- Me burlé de ti. -¿Tan malo soy para ti Valeria?-

-Claro que no. Jamás lo pensaría de ti… Álvaro.- Te acurrucaste cerca de mi cuello. Y pensar que tuviste el valor de enviarme tu carta. ¿Este era tu concepto de sólo amigos? ¿O sólo lo practicabas conmigo?

-Valeria… ¿Por qué estás con alguien como él?- Pregunté ante un breve momento de silencio. Te sorprendiste un poco y lentamente te separaste de mí.

-No lo sé… Yo… Él se confesó hace poco, quizás no quería que me odiara…

– Lo sabía… No lo amabas. Y por lo visto, él tampoco. ¿Qué demonios los hacía estar juntos?

¿Esa era la única razón Valeria? En tu triste carta, decías que querías seguir adelante, conocer personas nuevas… ¿Intentabas olvidarme con él? Idiota…

-Ya veo…- Besé tu frente. –Ven Valeria.- Me acerqué a la orilla para salir. -¿Lista?-

-¿Para qué?- Preguntaste confundida aun tomando mi mano.

-Lo tomaré como un sí…- Te tomé de la cintura para sentarte en la orilla.

-Álvaro… Podía hacerlo yo sola ¿sabes? – Tu nerviosismo aumentaba. Permanecí un rato más dentro del agua.

-Sólo quería tener esta vista. Eres muy hermosa Valeria.- Salí y me senté junto a ti. -¿Tienes frío?-

-No mucho.- Sonreíste. –Gracias…- Inclinaste tu cabeza a mi hombro. – ¿No es hermoso?-dijiste viendo tranquilamente el cielo.

-Probablemente…- Sentí un pequeño pulso en el lado izquierdo de mi pecho. Estar contigo de esa manera me tranquilizaba. Me emocionaba… Aceleraba mi corazón… ¿Cómo lo haces? Muéstramelo…

-¡Valeria ¿qué demonios estás haciendo?!- Escuché un grito. Era Joel, estaba sumamente enojado.

-Ah… Joel… Álvaro y yo queríamos nadar un poco. – Tus palabras eran de disculpa. ¿Por qué demonios le dabas explicaciones de ese tipo? Habías dicho que este idiota te dejó por unas chicas. Parecías tú la culpable… ¿Por qué demonios me molestaba eso?

-¿Eso amerita que estén tan juntos?- Preguntó queriendo asesinarme.

-¿No has oído de la transferencia de calor Joel?- Me burlé de él. ¿Desde cuándo me dan ganas de darle celos a alguien más? ¿En qué me estabas convirtiendo? Tenía que separarte pronto de él… Sólo por mi bien.

-Maldito.- Bruscamente intentó golpearme, pero tú te interpusiste entre ambos. Muy bien Valeria, defiéndeme como siempre lo has hecho.

-¡Basta Joel! Álvaro sólo me estaba acompañando, pues cierta persona me abandonó.-

-¿Qué te pasa? ¿Le estás cubriendo? ¿A este cretino?- Te miró desafiante. Supongo que inventaras una excusa. Eso esperaba. Pero de nuevo cambiaste mi predicción.

-¿Y qué si lo hago?- Aclaraste molesta. De cierto modo era un poco incómodo. Pero… realmente me alegraba.

No puede evitar reírme. Él lo notó y molesto te tomó del brazo.

-¡Nos vamos!- Exclamó furioso.

-¡Oye! ¡Espera!…- Te quejabas.

Te tomé del otro brazo. No dispuesto a dejarte a ir con él. Esa acción fue involuntaria… Pero realmente no toleraría que te fueras.

-¿Crees que puedes llevarte a las personas cuando te plazca?-

-Es mi novia, me oyes bien… ¡Mi novia!- Alzó la voz.

-Idiota…- Lancé un puñetazo a su dirección… El simple hecho de que él dijera aquella palabra me molestaba.

Consumido por la rabia, intentó regresar el golpe. Maldición… ¿Cómo había terminado todo así?

Esos dos golpes en mi cara sí que me habían dolido. Por lo menos podía estar orgulloso de a verle dado más yo.

-¡Basta ya!- Me alejaste de él. -¡Joel cálmate!- Le gritaste furiosa. -¿Estás bien Álvaro?- Preguntaste tomándome del rostro. Tus manos tan cálidas parecían eternas. Estos pequeños gestos por parte tuya, los odiaba.

-Sí…-Te dije mientras apartaba tus muñecas de mi rostro. ¿Por qué hacías esa mirada triste? Tus ojos, tus expresiones… Tu amabilidad… Todo eso lo odiaba más que nada en este mundo

-Valeria, este bastardo lo inició todo. ¿Aún así lo sigues defendiendo? Qué tonta eres…-

-Deja de actuar tan inmaduramente ¿quieres?- Le dijiste furiosa. –Lo siento Álvaro… Siento estas molestias.- Besaste mi mejilla. –Vámonos Joel.- Le tomaste del brazo.

Te vi irte. No lo entendía… Realmente eras una ingenua…

Regresé al vivero. Lisandro se encontraba molesto esperando en la entrada.

-¿Dónde te metiste?- Preguntó en tono serio. Pronto su semblante cambió a preocupación. Me alzó del mentón y observo mi mejilla. -¿Qué te paso?-

-¿Por qué?-

-Tu pómulo esta morado Alva… ¿Qué diablos hiciste?- Suspiró.

-Iba caminando cerca de la orilla del rio y me caí. Lo más seguro es que me haya golpeado con una roca. No hay de qué preocuparse.- Le mentí.

-Sólo porque estas mojado lo creeré.- Inhaló y trató de calmarse. –Joder… Katherine me golpeara. – Dijo dándome palmadas en la espalda.

-No puede ser tan malo, el único culpable soy yo.-

Regresamos al lugar donde esperaríamos a Katherine y Emilie. Me recosté un momento en el pasto y toqué mi rostro. Vaya que realmente dolía.

-Álvaro, ¿seguro que no quieres que vaya por una crema antiinflamatoria? No está lejos la farmacia.- Lisandro y sus exageraciones.

-Si no te importa, me agradaría que fueras.- Sólo para deshacerme de él otro rato más. De lo contrario seguiría con sus interrogaciones.

-Enseguida vuelvo. No te acerques más a las orillas ¿quieres?- Me miró molesto.

Contemplé aquel cielo que ante tus ojos era hermoso. No mentías, era bello. Tan calmado, tan sereno y tan pacífico. Pronto cerré mis ojos. Y en tan sólo breves segundos, me dormí profundamente. Olvidando todo lo que pensaba…

-Álvaro…-Escuché un dulce voz llamándome. –Álvaro.- Vi un rostro familiar.

-¿Eh? ¿Qué ocurre Emilie?- Desperté a duras penas. Al abrir por completo mis ojos, noté un cambio en ella. Parecía más joven, su rostro lucia más bello. Y su cabello caía en risos. Por dios, se había hecho risos. Le quedaban hermosos. –Vaya, no esperaba tal cambio-

-¿Te gustan?- Preguntó nerviosa.

-Por supuesto. Te quedan muy bien Emilie.- Le sonreí.

-Me alegro, temía que no te agradaran, pero Katherine insistió.- Dijo suspirando.

-Todo se te ve hermoso. Por cierto, ¿dónde está Katherine?-

-¡Oh! Fue a comprar algo para comer. Quiere hacer un día de campo. La iba a acompañar pero no vi a Lisandro… Y no quería dejarte solo.-

-¿Lisandro no ha regresado? Qué raro… dijo que iba rápido a la farmacia.-

-¿Se sentía mal?- Preguntó preocupada.

-Claro que no, era para mí…-

-¡¿Te sientes mal?!- No dejó que terminara mi frase, cuando ella ya se había exaltado. Comenzó a observarme mejor. –Oh por dios… ¿Qué te ocurrió Álvaro?- ¿Tan preocupante se veía aquel moretón?

-Me caí… Sólo fue eso.- Le dije tratando de que no se preocupara más.

-¿Te duele?- Dijo tocándome sutilmente. Sus manos eran igual de suaves… Pero no se comparaban a la reacción y emoción que sentí cuando tú me tocaste.

-No, descuida. Sólo es estético.- Le sonreí. Ella me devolvió el gesto y se sentó a mi lado.

-¿Huh? ¿Esas son camelias?- Preguntó Emilie viendo la pequeña maceta cargada de finas flores blancas. –Qué bonitas.- La sorpresa de Lisandro se había arruinado.

-Se supone que no deberías verlas aún- Me burlé un poco de ella.

-¿Por qué?- Preguntó sorprendida y preocupada a la vez.

-Te contaré un secreto. Promete guardarlo.- Hice una mueca de complicidad. –Es un regalo de parte de Lisandro.-

Noté un ligero sonrojo en su rostro. Agachó la mirada.

-¿Enserio?… ¿Por qué lo hace?-

-Dijo que te haría feliz algo como esto.-

-No lo entiendo… Él… ¿Por qué?- Su voz temblaba.

-¿Qué ocurre Emilie?-

-Álvaro… Yo ya no puedo, estoy confundida. No lo entiendo, él siempre es así conmigo ¿Qué espera de mí?… Me duele su amabilidad, no lo soporto… ¿Qué quiere de mí?- Sollozó.

Me sorprendí por su reacción. Esa no era una cara feliz. No, no lo era. Ella estaba… ¿llorando?

CONTINUARA….

ABRAHAM ROCHA RDZ

 

Existen personas que no deberian amar… capitulo 15 & 16

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fotografia de Handra Rocha

-¿Álvaro? Oh santo cielo, sí eres tú. ¿Cuánto tiempo ¿verdad?- Se acercó a mí una bella joven. Sus gruesos labios rojos y su cabello sostenido en una cola de caballo la hacían lucir un poco mayor para mí.

-Lo siento… Pero ¿quién eres?-

Ella carcajeó levemente.

-Siempre has sido así Álvaro. Soy Itzel Cowpland ¿me recuerdas?-

-¡Oh! Cuánto tiempo, lo siento Itzel, te vi tan cambiada que te desconocí-

-Jaja, siempre con tus excusas-

-Me atrapaste- Le guiñé el ojo izquierdo.

-Pero tan encantador como siempre, y dime ¿qué paso con Valeria? Supe que terminaron- Dijo de manera seductora.

-¿Cómo lo sabes?-

-¿Recuerdas a Violeta? Al parecer Valeria está saliendo con su hermano, Joel, que acaba de regresar de Australia-

-Ya veo, bueno quizá no era la indicada para mí- ¿Por qué me dolía tal frase?

-Tienes razón cariño-

-Da igual… ¿Qué has hecho de tu vida?- Traté de olvidar ese tema y de zafarme de sus manos que acariciaban mi pecho.

-Oh, que aburrido, estoy trabajando como vicepresidente en un balneario turístico. No todos heredamos la empresa de nuestros padres Álvaro.- Contestó divertida.

-En eso tienes razón-

-Por cierto, recibí estas entradas para mis amigos, pero como la mayoría están ocupados con sus hijos y trabajo pensaba tirarlas, de suerte que te encontré. Toma puedes quedártelas, me ilusionaría mucho que visitaras mi área de trabajo, dan unos excelentes masajes tienes que probarlos.- Dijo dándome cinco entradas.

-Gracias, pero son demasiadas…

-Oh cariño invita a quien desees, bueno nos vemos- Me interrumpió y se marchó.

Ahora que lo pienso, Emilie desde su estadía en la casa, no hemos salido juntos. Aprovecharía esta oportunidad, para agradecerle lo que ha hecho por mí y para disculparme por mi actitud tan inmadura.

También sería buena idea distraerme. Invitaría a Katherine para no pensar en ti. Por supuesto tenía que invitar a Lisandro. De lo contrario estaría todo el tiempo molestándome.

El otro boleto se desperdiciaría, pues Isabel se había ido de vacaciones con su novio.

El sábado partimos al balneario. Katherine y Emilie se llevaban tan bien, eso en el fondo me agradaba.

La vista del grande manantial me dejó sorprendido. Qué hermoso era. Las aguas eran tan cristalinas. Los árboles frondosos daban mucha sombra. Y hermoso pasto verde mojado daba un olor agradable.

-Enseguida regresamos- Katherine tomó del brazo a Emilie y se la llevó al vestidor.

Se alejaron apenas unos metros, el probador no se encontraba lejos.

-Es la primera vez que veré a Emilie en bañador- Agregó Lisandro tumbándose en el césped de aquel exótico lugar.

-Pobre Emilie, tener que soportar que unos jodidos bastardos como tú, que se interesen en su cuerpo.- Le dije.

Él carcajeó y guardó silencio unos cuantos segundos.

-Me enamoré de ella… eso es todo.-

-¿Eh?- Sorprendido exclamé, esta vez parecía tan seguro de sus palabras. Es verdad que siempre se lo decía, pero tanto ella como yo, lo tomábamos como una simple broma. Sin embargo ese tono tan distinto en sus palabras me estaba haciendo dudar.

Él por otro lado, ignoró mi gesto, parecía perdido en sus pensamientos.

Cuando dos personas están destinadas a estar juntas… no importa el tiempo ni las personas. El destino siempre hará que se unan…

Que buena broma. Pensé riéndome por aquel párrafo que leí alguna vez en un libro. Mirando como ella sonreía besando a su mejor amigo.

-Tenías razón…- Dije en susurro.

-Ahora me crees- Comentó Álvaro dando media vuelta a punto de marcharse.

-Aunque hubiese preferido no saberlo- Agregué sonriendo, tratando de no mostrar mi amargo dolor.

Álvaro detuvo su caminar y regresó a verme. Su mirada tan inexpresiva se tornó un poco molesta.

-Idiota- Dijo finalmente marchándose.

Yo seguía sonriendo, esperando a que se fuese completamente. En verdad agradecía su preocupación por mí, porque aunque la niegue, él se preocupa por mí. Aunque intente ocultar sus emociones, él es tan transparente.

Cuando por fin su silueta desapareció de mi vista, mis ojos no retuvieron más aquella agua salada.

-Carolina…- Entre suspiros dije su nombre. -¿Por qué lo hiciste?- Susurré avanzando lentamente.

La amaba, era lo más importante que tenía. Carolina se había convertido en alguien tan especial para mí. Pero ahora, ahora sólo quería olvidarla. Álvaro cientos de veces me lo dijo.

-El amor es una farsa y ella lo conoce bien- Fueron sus palabras.

Que ciego fui. Que predecible también. Es tonto, lo sé, nunca me imaginé en este estado tan despreciable. Enamorarme fue quizás mi peor error, el amor sólo es una vil mentira… Espera… ¿Qué demonios digo? Estaba sonando como Álvaro.

Calmado Lisandro sólo es una mala experiencia. Me auto regañé. Dejé a la dulce pareja, Carolina parecía feliz. ¿Reclamarle? No, sólo me vería como un idiota, además de que en el fondo estaba consciente de que la había perdido.

Caminé sin un rumbo establecido, quería alejarme.

He perdido. Lo sabía. Quizás siempre lo supe…

Las lágrimas no se irán, maldición. No creí nunca sentir mi cuerpo tan vacío o incluso sentir dolor el ver sonreír a alguien más. Aun así, la sigo amando… una parte de mí quiere correr y alejarla de ese tipo… de luchar, pero, es muy tonto, yo sabía a lo que me enfrentaba. Nunca competiré con alguien como él.

Sumergido en mis pensamientos, mirando de frente, ignoré el frágil cuerpo que chocó conmigo.

-Duele…- dijo casi en susurro.

-¡Lo siento!- Exclamé apenado. Rápidamente le ofrecí mi ayuda.

-Gracias.- Sentí una suave mano y muy pequeña posada en mi áspera palma. Hizo un poco de fuerza y el contacto de sus dedos fue más cercano.

-Está bien, fue mi culpa.- La miré. Tan linda con sus bellos ojos color castaño. Su tierna carita de porcelana. Sus frágiles labios rojizos y pequeños. Su largo cabello lacio.

Reaccioné a su respuesta un poco tarde. Su belleza me había dejado cautivado.

-Para nada, fue mi culpa.- Ella me sonrió de una manera adorable, pura e inocente que por un momento olvidé el amargo recuerdo de mi amada.

-¿Estás bien?- Me miró preocupada, su mano aún sostenida con la mía parecía una bendición. Delicadamente y casi temblando tocó mi mejilla y me miró nostálgicamente.

Recordé entonces que mis ojos debían estar hinchados aún. Mi mano por fin se separó de la suya. Limpié presuroso mis parpados.

-Oh ¿esto?, no es nada, una pequeña basura. Hoy corre mucho viento.- Inventé una excusa.

Hizo una mueca de confusión. Intentó volver a sonreír.

-Ya veo, tienes razón.- Lo dijo como evitando hacerme otra pregunta, supongo que no quería incomodarme. Se lo agradecí, pues para ser honesto yo tampoco lo deseaba. –Tengo que irme. Espero y el viento no vuelva a lastimarte.-

Sonreí a su inocente comentario. Pensé que nunca más la volvería a ver. Pensé que sería como aquellas personas tan encantadoras a simple vista que por un breve momento te cautivan, pero que jamás te las has de encontrar otra vez.

El haberla visto me había hecho bien, por eso, no me importaría no verla de nuevo. Esto era un adiós definitivo. La vi avanzar poco a poco.

-Adiós…pequeña- Dije con un susurro.

Lentamente desapareció, cruzando aquella calle.

Decidí caminar, ir algún sitio y despejar mi mente. Sin embargo, no fue necesario. Su rostro de aquella chica merodeaba en mi cabeza. Su sonrisa, su mirada, su voz… todo de ella predominaba en mis recuerdos. Sabía que eran frágiles y que pronto se desvanecerían como un eco. Por eso, recordaría todo para disfrutarlo un poco más.

Al día siguiente, en la hora del descanso del colegio. Carolina actuó de forma habitual. Quizás desde siempre fue así.

No me molestó en lo absoluto. Su hipocresía era algo graciosa.

-Mi amor, recuerdas nuestra primera cita. Me gustaría ir un día de estos de nuevo. Sólo para recordar agradables momentos.- Sonrió tomándome de la mano.

Recuerdo que el roce de su piel con la mía me estremecía y me invadía de felicidad. Pero…ahora me dolía de una manera sumamente mortífera.

Triste le sonreí. ¿Qué más podía hacer? No tenía el valor de decirle algo. Pero… me preguntaba por qué. No quería llorar… no enfrente de ella. Me humillaría. Jamás sufría, jamás lloraba en su presencia. Fui feliz. Ahora comprendo que no debí amarla. ¿Qué debía hacer en esta situación?

-Disculpen…- Escuché de nuevo su voz… La miré. Su hermosa cara volvió a salvarme. Mi pequeño ángel otra vez me salvó. –Anda… si eres el joven de ayer… – Me sonrió tan amablemente. Me invadió una gran paz y alivio. ¿Cómo lo hacía?…

Pude notar la mirada furiosa de Carolina. No quería que empezara uno de sus tantos dramas.

-Lo siento, creo que me estas confundiendo.- Traté de sonreír.

La pequeña cambió pronto su semblante. Parecía confundida. Miró rápidamente a Carolina y agregó.

-Oh disculpa. Te pareces a un amigo… lo siento, soy una tonta.- Volvió a sonreír. –Disculpen el mal entendido.- Me sentí culpable por hacer que se disculpara por nada. La vi alejarse. Quizás necesita ayuda con algo, sin embargo la ignoré. Soy un idiota…

Pronto, reaccioné. ¿Qué hacía ella en el instituto? ¿Estaría buscando a alguien? ¿Quizás información para ingresar?… Le estaba dando demasiadas vueltas al asunto.

-Lisandro… Tengo que irme, luego hablamos.- Dijo Carolina un poco molesta al verme tan pensativo.

En otros tiempos si ella hubiese dicho aquello, saldría corriendo a detenerla y le rogaría perdón sea por lo que sea. Pero, ahora sólo quería estar con aquella chica. Ayudarla. Verla. Hablar con ella… Quizás sólo estaba tratando de distraerme. Que despreciable soy…

Carolina por fin desapareció de mi vista, animoso apresuré mi paso para encontrar a la chica. No debía estar lejos. Debía disculparme y agradecerle por fingir. Esa pequeña entendía muy bien cada situación.

Miré a todos los lados a cada paso. La ansiedad se hizo tan grande al no poder encontrarla. ¿Cómo había podido ir tan lejos en breves segundos?

A punto de rendirme, pude oír su frágil voz…

-No, gracias… yo… yo tengo que encontrar a mí…-

-Oh vamos, te divertirás con nosotros.-

-Preferiría no hacerlo.-

-No seas tímida, ven…-

-Ha dicho que no.- Tomé del brazo al chico que estaba a punto de ponerla mano encima. Esos tipejos tenían fama de ser casanovas y lo que es peor, acorralar a chicas entre varios hasta no dejarles escapatoria.

-Lisandro, ¿qué demonios quieres? No ves que estamos ocupados.- Se quejó Alejandro, el que lideraba a ese par de bastardos; el padrino.

-A la chica.- Lo miré desafiante y molesto.

-¿Qué dices? Si ella estaba pasándola bien con nosotros, ¿no es así pequeña?-

La joven agachó la mirada, pude notar que estaba temblando.

-…N…No.- Dijo casi en susurro.

-No digas mentiras, te acercaste tan provocativamente a preguntarnos sobre alguien. Como si no supiéramos esa excusa. Jaja, mejor di lo que realmente quieres.-

-Yo… eso es mentira… yo nunca…-Pude notar unas cuantas lágrimas de su hermoso rostro.

No recuerdo con exactitud que sentimientos me invadieron en aquel momento. Pero… creo que si hubiese empleado un poco más de fuerza le podría haber roto la mandíbula a ese idiota.

-¡¿QUÉ TE PASA BASTARDO?!- Enfurecido se levantó del piso e intentó golpearme. Tampoco recuerdo de dónde surgieron tales reflejos. Dos golpes en la cara y uno en el estómago. Fueron suficientes para dejarlo fuera de combate.

Tuve demasiada suerte, lo admito. Ninguno de sus acompañantes intentó ayudarle. Mejor para mí, aunque lo intentara no podría con cinco más.

-¿Estás bien?- Le extendí mi mano a la chica, a mi ángel. Seguía cabeza abajo temblando. No respondió. ¿Realmente estaba tan aterrada? La abracé delicadamente. No quería verla llorar, no lo soportaría. ¿Cómo se llama esto? ¿Amor a primera vista?, no lo sé, pero algo era seguro, no quería terminar con este abrazo. –Todo estará bien… no hay nada que temer…-Salieron aquellas palabras por si solas.

Ella se aferró a aquel abrazo. Sentí sus cálidas lágrimas. Estar de esa manera me hacía sentir feliz…

-Está bien si también lloras.- Me sorprendí ante su comentario… ¿Qué estaba diciendo?… Yo no quería llorar… no ahora… Pero… Mis lágrimas me traicionaron y resbalaron sobre su cabellera tan fina. ¿Tan vulnerable me veía?

Mi dolor y su miedo prolongaron más aquel tierno abrazo. Oía su palpitar, olía su aroma, sentí su suave piel y cuerpo cerca del mío. Aunque aún no era apropiado aceptarlo, estaba enamorándome de ella. O quizás ya lo estaba.

-Lo siento…- Dije en un suspiro y sollozante.

-¿Eh?… ¿De qué hablas?- Preguntó limpiando sus mejillas.

-Lo siento por mostrarte mi lado más deplorable…- Ni yo entendía de dónde salía tanta confianza para hablar así con ella…- Lo siento por mentirte hace rato, quizás no hubieses estado en esta situación… por eso… Lo sien…-

-Gracias.- Me interrumpió besando mi mejilla, llevándose unas cuantas lágrimas en sus labios. –Gracias por salvarme.- Me sonrió de una manera tan dulce. Esas palabras que ella dijo fueron aquellas que yo debí haberle dicho. Sin embargo, en ese momento estaba tan feliz de poder estar una vez más con ella. Es demasiado tarde… Nunca lo esperé, ella dominó mi corazón tan rápido.

-Ven, vamos.- Delicadamente la aparté y tomé su frágil mano. Ella sorprendida me miró, sin embargo no se opuso. –Mi nombre es Lisandro, Lisandro Riveil es un placer.- Le dije avanzando rectamente.

-¿Eh?… ¡Oh! Mi nombre es Emilie Miller…- Bajó un poco el tono de su voz.

Emilie… Un lindo nombre. El simple hecho de pronunciarlo era tierno. Sostuve su mano con más aferro. Cálida, tanto que podía derretirme. Suave, como algodón puro y natural. ¿Qué estaba haciendo?… ¿Qué demonios estaba haciendo con ella? ¿Por qué todo había terminado así?

-Así que… Emilie, ¿qué te trae al instituto Galo?- Pregunté sin mirarla, no podía, su mirada me ponía nervioso. Sentía que si la veía quería abrazarla nuevamente. Que penoso era mi caso, enamorarme de una cara linda… no, no era eso. Quizás sólo llevo dos días de verla, pero siento que sé algunas cualidades de ella, o quizás sólo las estoy inventando para sentirme mejor. Que risa he de dar.

-Busco a mí…-Pausó.- A alguien muy importante para mí. –

Quedé un poco pasmado, quizás un novio…su novio. Pero… Si tenía novio ¿por qué sostenía mi mano? ¿Por qué me abrazó con tan poca importancia?… ¿Sera igual que Carolina? ¿Le importara un bledo los sentimientos de los demás? Eso es cruel… Demasiado. No. ¿Qué demonios digo? ¿Qué clase de estúpidas conclusiones estoy sacando? Estoy haciendo prejuicios… Que idiota soy.

-Puede ayudarte si lo deseas…- Le dije aflojando un poco nuestro agarre de manos.

-¿De verdad?… ¡Gracias! Me salvas demasiado Lisandro.- Me sonrió… Este sentimiento se estaba haciendo más grande… ¿Por qué? Es imposible, es ilógico… Es verdad que no existe algoritmo para el amor… Pero si lo hay para el enamoramiento. Su rostro no debió ser el único estimulo. ¿Qué era? –Oye… Ella era tu novia ¿verdad?- Preguntó de manera inocente.

Me sorprendí un poco.

-Digamos que lo era…- En otro momento eso me hubiera dolido, pero ahora no, mi pequeño ángel, Emilie, se encontraba tomando mi mano. No me dolía en lo absoluto.

-¿Lo era?-

-Aún está en proceso. No sé cómo decirle que lo nuestro finalizó.-

-Eso es horrible…- Hizo un gesto de estar molesta. Se veía más como una niña a la que le acaban de quitar su paleta que alguien que realmente está molesta. Me dio gracia.

-Digamos que ella hizo algo que me dolió.-

-El viento…-Susurró.

-¿Eh? ¿El viento?-

-Ella, ella es el viento de ayer ¿no?- Preguntó curiosa. ¿Por qué alguien que conocía muy poco estaba enterándose de mi vida? Se dio cuenta tan fácil…

-Si…- Dije entre quebrado. Palabras de odio y traición se reflejaban en mi mente. Esta herida me causaba confusión.

-Lisandro… ¿La amabas?-

-..Por supues…- Dudé. Ya no podía decir que la amaba porque ni yo lo sabía. Juré que fue mi vida, que fue mi todo… Pero si Emilie entró demasiado rápido a mi corazón, eso podía ser mentira. Tan sencillo fue deshacerme de su amor… Fue tan frágil… Casi cristal. –No lo sé.- Fue mi respuesta.

-Ya veo.- Apartó la mirada y se quedó callada un momento.

-Dejemos este tema. Mejor concentrémonos en buscar a tu novio…-Demonios, esa palabra salió por si sola… ¿Desde cuándo me traiciono?

-Yo no tengo novio.- Esas palabras me volvieron aún más feliz. Involuntariamente la abracé con un brazo sin dejar de soltar su mano. Ella sorprendida sólo dejó que su cuerpo se acercara más al mío. ¿Qué me ocurría?… Quería estar con ella de esa manera por siempre. Quería protegerla. Quería que siempre sonriera para mí, porque me tranquilizaba el simple hecho de verla. Me estaba volviendo dependiente…

-¡¿Qué demonios haces Lisandro?!- Escuché un grito proveniente de una voz muy familiar.

-¡Oh! ¡Álvaro!- Emilie se separó de mí y corrió a abrazar a Álvaro. Sonrió, le sonrió a alguien más… Soy idiota, quizás no tenía novio, pero quizás tenía un amado. De seguro ha de pensar que soy un tonto. No, realmente lo soy.

Álvaro correspondió a su abrazo y besó su mejilla. Me sorprendí un poco la reacción de él, no suele ser de las personas que demuestren muy fácil sus sentimientos. En algo tenía razón, esa pequeña era un ángel. Si logró que alguien como él le mostrase afecto, debía ser una obra divina.

Sonreí para mis adentros. Me alegraba por él y por ella. Sin embargo sentía una profunda tristeza.

-¿Huh? ¿Lo conoces?-Preguntó Emilie sorprendida.

-Claro, digamos que es especie de amigo.- Le devolvió una sonrisa.

-Jaja, por supuesto. Así que enhorabuena Álvaro, es una hermosa mujer.- Le dije sonriendo. Emilie se sonrojó un poco.

-Lo sé, no hace falta que me lo digas.-

-Deberías proponerle matrimonio ahora, de lo contrario me adelantare. – Pude notar como ellos cambiaron su semblante a confusión.

-Lisandro… ¿Qué demonios piensas? Emilie es mi prima.- Dijo Álvaro un poco enfadado.

-¿De qué hablas? No comparten apellido…-

-Idiota. Ella es parte de la familia de mi madre, es hija de mi tía Raquel. Por lógica no compartimos apellido Lisandro… ¿Qué idiotez habrá pasado por tu cabeza? De todos modos, ¿cómo la conoces? ¿De dónde ha salido la confianza de aquel abrazo bastardo?- Me preguntó enojado.

-Oh, Lisandro me resca…-

-Sólo me pidió ayuda para encontrarte… pero… ¡Era muy hermosa que no me resistí!- Mentí. No debía preocuparlo.

Emilie me miró unos segundos y pronto pude ver su decepción.

-Ya veo. Así que de ahí la confianza…- Álvaro suspiró. –Aléjate de ella jodido pervertido.- Dijo rodeando a Emilie en sus brazos como protegiendo a un conejo de un hambriento lobo

Carcajeé un poco, realmente era un idiota… El más grande quizás .A pesar de que tenía oportunidad con Emilie… no lo haría. No debía. Álvaro es una persona valiosa para mí, quizás por lo que ambos compartimos. Quizás por lo que nos une de manera fuerte. Quizás por su amistad… no puedo herirlo ni a él ni a ella. Así como olvidé a Carolina, la puedo olvidar a ella… No quiero lastimarla, no quiero verla triste…Jamás me permitiría hacerla llorar. Nunca me lo perdonaría y perdería todo… Por eso, si mi único privilegio es verla, por mi está bien… después de todo, aún soy un desconocido para ella.

No debí amarla… Nunca debí. Ella será prohibida para mí. Y como buen humano, lo deseare, deseare eso tan prohibido, pero no cometeré el error de tenerlo… No, no lo tendré.

Estoy feliz de haberla conocido, estoy agradecido de darme valor en abandonar a la que alguna vez creí mi amor… Estoy agradecido de que ella sea mi nuevo amor. De que ella llene el vacío que hubo. Por eso… no puedo estar con ella. La cuidaré de lejos. La amaré de lejos. La veré feliz con alguien más, veré como le sonríe, como le entrega su amor… Pero, seré feliz de sólo verla sonreír…

Existen personas que no deberían amar… Quizá Álvaro tenía razón, sin embargo, para mi aún era mentira…“

-Oye Lisandro… ¿Lisandro? ¡Lisandro!- Le grité, maldita sea, odiaba cuando se perdía de esa manera.

-¿Eh? ¿Qué ocurre Álvaro?- Reaccionó por fin a mis llamadas.

-De verdad eres un distraído, quizás el peor. Vamos, las chicas nos están esperando.- Caminé seguro de que él siguiera mi paso.

-Y bien, ¿qué les parece?- Katherine comenzó a modelar. Que linda se veía. Ese conjunto le asentaba perfectamente. Emilie parecía avergonzada, aunque no lo entendía del todo, su traje de baño rojo, le ajustaba de una manera especial. Estaba hermosa.

-Los dos se ven preciosas.- Besé la frente de Katherine y rodeé los hombros con mi brazo.

-En eso tienes toda la razón, se ven hermosas. Aunque para qué miento, no puedo dejar de verte Emilie, lo siento Katherine pero mis ojos se concentran más en ella. –Le sonrió. Emilie se sonrojo y agachó la mirada. Este idiota debería ser más cuidadoso con sus palabras. Mira que ilusionarla de tal manera. Nunca lo perdonaré si ella sufre.

Lisandro idiota. Pensé.

Katherine y Emilie avanzaron a la pizarra de actividades.

-¡Oh! Grandioso, mira Emilie tienen un acuario.- Dijo Katherine señalando la actividad.

-Nunca he visto un acuario, me gustaría ir.- Agregó entusiasmada. –Álvaro ¿podemos ir?- Me preguntó inocentemente.

-Si, por favor Álvaro.- Se le unió Katherine.

-Jaja, temo que no podrás negárselos Álvaro, las mujeres unidas consiguen lo que sea.- Carcajeó Lisandro.

-Creo que tiene razón.- Suspiré. –Está bien iré a preguntar a recepción. No tardo.- Me alejé rumbo al lugar. Demonios se hallaba muy distanciado. Pero, admito que esto sirvió para poder apreciar mejor el paisaje. Todo era tan calmado, tan sereno, tan bello.

Llegué a la barra y me dispuse a preguntar la información y acerca de los horarios.

-Disculpe…-

-Disculpe…- Al mismo tiempo oí una voz muy familiar que hizo mi cuerpo estremecer.

¿Es el destino o casualidad? ¿Destino? ¿Realmente existe eso? No, es imposible. Opté por casualidad…

-Oh, Álvaro…-

-Valeria…-

CAPITULO 16 CONTINUACION…

-Qué sorpresa tan grata.- Sonreíste dulcemente.

-Claro, lo mismo digo.- No, no era lo que pensaba. ¿Por qué de todos los lugares? ¿Por qué de todos los días? ¡¿Por qué demonios nos encontramos en este momento?!

-Valera, ¿quién es?- ¡¿Y por qué con tu novio?!

-Oh, él es Álvaro.-

-Así que tú eres el famoso Álvaro. Un gusto mi nombre es Joel. Valeria me ha hablado de ti.- Dijo rodeándote de la cintura.

-¿De verdad? ¿Te dijo que fuimos una pareja feliz?- Te miré sonriendo de manera melancólica. Te sorprendiste por el comentario y pude notar tu sonrojo. Él también lo percibió. ¡Ja! Punto para mí. Joder… ¿A qué demonios estaba jugando yo?…

-No lo sé, sólo me interesó la parte de quedar como amigos.- Maldito. Esa estúpida palabra me molestaba. Él me molestaba. Pero… ¿por qué? No debería enfadarme por una corta frase.

-Tienes razón.- Lo miré frívolamente.

-Esto… Álvaro, es una enorme coincidencia encontrarnos aquí ¿no lo crees?- Rompiste la tensión que se estaba formando entre él y yo.

-Demasiada.- Te sonreí.

-Así que Álvaro. ¿Has venido solo?- Preguntó Joel, abrazándote y dándote un beso en la cabeza. Este tipo… Dos podían presumir de su pareja.

-Por supuesto que no. Vengo con mi prima, un amigo y mi novia.- Pude notar que te sorprendiste. Me miraste unos segundos tristemente y agachaste la mirada.

Joel lo notó y agregó.

-Oh, bueno en ese caso no te molestamos más.- Apunto de irse, creyendo no verte más, decidiste proponer algo que no deseaba.

-Álvaro, ¿no quisieras recorrer el balneario con nosotros? Escuché que tienen una fabulosa vegetación. Será divertido si somos más ¿verdad?-

-Me gustaría.- No. No. ¡NO! Esto estaba mal. Ni siquiera pensé en nada a la hora de responder. Por un lado no quería, pero por el otro, no quería que estuvieras a solas con él. ¿Qué me ocurría? Mi plan era alejarme de ti. Pero pareciera que trataba de estar más tiempo contigo.

Joel, se molestó pero no dijo nada. Idiota, si supieras que su gran amor fui… No, soy yo…

Demonios…

-¡Qué bien!-

-Pero será en otro momento, Emilie y mi novia, querían ir al acuario. Así que te veré después Valeria.-

-Oh… Ya veo… ¡Yo también quería ir al acuario!- Joel te miró sorprendido. Pareciese que al principio no tenían planeado eso. –Lo siento Joel, debí decírtelo antes.- Sonreíste de manera inocente.

-No importa, está bien. Vamos al acuario. – Te regresó el gesto.

No pude evitar reírme para mis adentros. Tú no estabas del todo enamorada de él. Querías estar cerca de mí. Si la espina que dejé seguía ahí, podía sentirme tranquilo. Aunque me perturbaba las ganas de alejarte de él, todavía no aceptaría estos pensamientos tan confusos. Todavía no aceptaría que compartieras recuerdos con alguien más. Se supone que deberías sufrir… No podías olvidarme.

-Entonces nos veremos ahí supongo. Parece ser que el próximo recorrido es a las 3 de la tarde.-

-No falta mucho para las 3, podemos irnos juntos.- Dijiste instantáneamente. ¿Qué es lo esperabas de mí Valeria?

-Por mí está bien… Pero ¿no crees que se molestará tu novio?- Te susurré al oído.

-¿Eh? No, no lo creo.- ¿Por qué estabas tan segura sin consultarlo?

-De acuerdo, vamos.- Sé que debía alejarme. Sé que debía romper cualquier lazo, cualquier momento de estar contigo. Pero una parte de mi ser me gritaba y te buscaba. ¿Cuándo me convertí en un imán? ¿Cuándo te convertiste en mi metal de atracción?

Katherine, la necesitaba. Necesitaba a la que alguna vez me sirvió de distractor. Necesitaba enamorarme de ella, necesitaba crear recuerdos que reemplazaran los tuyos.

Yo no te amo… Es sólo que, verte con alguien más no es algo que deba permitir. Me juraste amor. Entonces, debo hacer que des validez a esa palabra. Sí, eso debía ser lo que realmente me molestaba. No debía existir otro factor.

-¿Huh? Katherine… Ha pasado tiempo.- Corriste al verla. ¿Desde cuándo se conocían?… Pensé que ella y tú nunca forjaron una amistad. Ella no mencionó nada al respecto.

-Oh… Valeria…- Dijo con la voz apagada. Tenía que fingir al respecto, no podía hacer saber que yo conocía la relación que alguna vez tuvo con Samuel.

-Valeria ¿La conoces?-

-¡Claro! Ella era la novia de… De un amigo.- Mi actuación salía como la planeé. Pronto Katherine se unió conmigo. Es bueno saber que tenía una “cómplice” en este absurdo juego.

-¿Conoces a mi novio? ¿Qué coincidencia? ¿De dónde le conoces?-

-¿Álvaro es tu novio?- Preguntaste ahora más sorprendida. –Ya veo… ¿Él nunca te habló de mí?-

-No, no recuerdo.- Pude notar su voz un poco celosa. Casi queriendo remarcar lo que para ella ahora le pertenecía.

-Creo… Creo que es mejor de esa manera.- Sonreíste.

-En ese caso, lo siento Valeria te veremos después, iremos al acuario. –Dijo tomándome del hombro.

-¡Nosotros también iremos!- Te exaltaste un poco. –Lo… Lo siento…-

Aún seguías de ruidosa… Eso me tranquilizó pero… me molestaba.

Pude notar una mirada de enojo por parte de Katherine hacía mí. Las mujeres son aterradoras cuando quieren.

-Ya veo… Vamos Álvaro.- Besó mi mejilla y se pegó a mi cuerpo. Me daba un poco de gracia su actitud.

Lisandro me miró un tanto confundido, no dijo nada y caminó junto a Emilie.

Katherine no se despegó de mí en ningún momento. Temía que yo volviese contigo… Como si eso fuera posible…

Emilie por el contrario parecía alegre. Lisandro era un poco experto en el tema de los animales marinos. Le explicaba con detalle acerca de cada uno de los peces que Emilie contemplaba. Parecían una pareja.

Terminando al que parecía ser un eterno recorrido. Katherine me dio un rápido beso en los labios. Me sorprendí un poco por su acción.

Tú nos observaste y pude sentir tu mirada furiosa y triste.

-Gracias Álvaro por traerme aquí.- Me sonrió. –Valeria, fue agradable pasar tiempo contigo y tu novio. Pero realmente me gustaría estar a solas con Álvaro ¿no te importa verdad?-

-¿Huh?… En lo absoluto.- Parecías triste.

Katherine realmente estaba celosa. Sonreí, parecía una niña. Agradecía su manera de actuar, ella me alejaría de ti. Si yo no podía hacerlo, ella me daría un empujón. Aunque en el fondo me regañaba por no poder alejarme de ti, yo solo.

Lisandro y Emilie fueron al área de toboganes. Nos despedimos de ti y de Joel.

No sin antes darte una escena que te haría sufrir. Porque sin duda alguna aun lo merecías.

Abracé a Katherine tiernamente. Besé su cuello y corrí con ella en mis brazos rumbo al canal de agua que pasaba por el balneario.

Katherine carcajeó, ella sin lugar a duda era hermosa, cautivadora y lo mejor, no era una ruidosa. Aparté su cabello mojado de su rostro. Ella rodeó mi cuello con sus brazos y me besó. Un beso lento y apasionado.

Sólo pude observar cómo te ibas de manera presurosa dejando a Joel que comenzó a perseguirte rápidamente.

Esto lo hice para que entendieras que realmente me he olvidado de ti. Para que entendieras que aún no estás lista para ser sólo mi “amiga”. Para recordarte que aún sigo siendo tu amor, que aún sufres por mí. Que me extrañas, que me necesitas… Todo esto comenzó cuando tu amor me declaraste, si me confundo ahora con sentimientos estúpidos, mi tiempo habrá sido en vano. Sí, así es. Por eso, destruiré todo de ti… Destruiré cada parte de ti, hasta que el viento se lleve las migajas de tu ridículo amor.

Aunque en el fondo me duela, el hecho de no tenerte a mi lado… ¡NO! Eso no es cierto. Maldición…

CONTINUARA

ABRAHAM ROCHA RDZ

Existen personas que no deberian amar… capitulo 13 & 14

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-Llevas más de una hora escondida tras la pared.-

Emilie dejó ver unos tiernos ojos y lentamente se acercó a mí, sentándose a mi lado.

-Lo siento. ¿Estás bien?- Preguntó con su delicada voz.

-Sí. ¿Por qué?-

-No lo sé, estaba preocupada, subiste solo a la terraza.- No respondí, dejé de observarla y contemplé el hermoso cielo de esa tarde, donde los rayos del sol bañan a las nubes en un punto medio después de una tormenta.

-Parece hecho de vainilla-

Emilie sonrió y miró el cielo.

-Sí- Permanecimos en silencio. -Álvaro… ¿Qué se siente amar?- Preguntó abrazando sus piernas en posición fetal.

-¿De qué hablas?- Me sorprendí por su pregunta un tanto desconcertante.

-¿Duele?-

-Bueno…  Yo te amo y duele mucho. Siempre me preocupo por ti.- Contesté.

-Lo siento…- Abrazó más fuerte sus rodillas. Toqué su mano para tranquilizarla.

-No es tu culpa de que yo te ame, soy feliz de poder tenerte a mi lado-

Ella volvió a sonreír.

-Yo también te amo, e igual me duele verte triste Álvaro.- Su voz se fue haciendo más melancólica. –… ¿el amor es sólo dolor?-

-Quizá sólo es que algunos no deberían poder amar-

-Eso es cruel.- agregó.

-Puede… Yo tengo miedo de perderte. No quiero que te vayas de mi lado, no quiero perder lo que amo.-

Ella tomó mi mano y murmuró.

-Está bien… Siempre estaré aquí contigo. Nada me pasará.- En mi mente apareció la imagen de aquella mujer.

De nuevo la amargura invadió mi garganta.

-Mientes-

Me levanté en seco y dejé a Emilie sentada sin decir más.

¿Por qué…? ¿Por qué ella usó las mismas palabras que mi madre prometió?

El amor, la felicidad, la calidez, la dulzura, las promesas… Son sólo pensamientos.

Una promesa no vale nada. Son sólo mentiras. Nunca se cumplen.

-Álvaro, ¿qué haces?-

-Oh… estoy dibujando.- Ella se acercó hacia mi dibujo y me regaló una bella sonrisa.

-Qué talentoso eres Álvaro, ¿quién es?-

Me sorprendió su pregunta, pensé que reconocería el rostro.

-Mamá, eres tú.- Respondí un poco disgustado.

-Vaya… me alagas, el retrato es muy hermoso, aunque yo no tengo ojos verdes cariño.-

-Lo sé… pero te gusta el color verde.-

-Sí, es más, confieso que me gustaría tenerlos de ese color.-

-Es por eso que los coloreé de esa manera mamá-

-Ya veo, sin embargo no puedes cambiar lo que soy cielo.-

-Hay personas que cambian su cuerpo, ¿por qué tú no deberías?- Pregunté coloreando el cabello del dibujo.

-Bueno, existen límites. Somos humanos y siempre estaremos disgustados por todo. Aun así, no cambiaría estos ojos, ellos presenciaron tu llegada.-

-Qué ridículo suena mamá-

Ella carcajeó.

-Tienes razón, pero, para mí es algo que no quiero olvidar. No sabes lo feliz que me sentí en aquel momento.-

-Toma- Le entregué mi dibujo y recogí mis lápices de colores. Ella lo tomó y se fue mirando el dibujo sin dejar de sonreír.

Subí a mi habitación. Me tumbé en la cama, abrazando mi estuche de colores. Observé las paredes, adornadas con mis dibujos. Mis amigos. Los únicos.

¿Qué habrá más allá de estos muros? ¿Habrá niños que jueguen con la tierra? ¿Qué trepen arboles? ¿Corran aun sabiendo el peligro de caer? ¿Alguien a quien pueda llamar amigo?

Miré el calendario.

-Hoy es martes- Caminé hacia la ventana para poder esperar al coche gris que no tardaría en regresar.

Lo único que podía ver era un enorme patio y a Sebastián, un hombre extranjero que poseía un acento extraño. Creo que provenía de Cuba. Él se encargaba del cuidado del jardín. Una vez conversé con él. Me había contado que de pequeño escapó de su casa para poder tener una vida mejor.

Pasaron un par de minutos, cerca de la calle principal iban corriendo dos canes, parecía que estuvieran jugando. A lo lejos, noté a un Labrador, mirándolos, igual que yo -con nostalgia y un poco de celos.- El labrador se encontraba encadenado hacia un poste y mientras yo, encerrado en un cuarto de concreto.

No tardó mucho para que el automóvil por fin llegara. Bajó un hombre de traje, al cual mi madre me obligaba decirle padre. Él tenía ojos verdes, quizás mi madre por eso amaba el color verde.

Yo no odiaba a mi padre. Sólo odiaba el hecho de no permitirme ir a un colegio donde hubiese niños.

Bajé corriendo las escaleras. Corrí rumbo al vestíbulo. Mi padre sólo venía los martes, jueves y sábados. Para mamá era importante recibirlo formalmente.

Mi padre entró con esa sonrisa falsa, igual que él.

-Estoy de regreso cariño- Abrazó a mi mamá.

-Bienvenido amor.-

-¿Cómo estás Álvaro?- Preguntó revolviendo mi cabello.

-Muy bien padre- Contesté apartando su mano.

-Bien, ¿qué tal lo cursos de piano?-

-Ya no voy a los cursos papá- Él ni siquiera estaba al pendiente de mí como para saber eso.

-¿Por qué motivos?- Preguntó en tono serio mirando a mi mamá.

-El educador dijo que Álvaro no necesitaba más cursos. Aprendió muy rápido.-

-Oh ya entiendo, grandioso Álvaro, haces honor a tu apellido- Él me tocó de ambos hombros y me sonrió.

-Gracias- No me importaba un alago de ese hombre. Pero mientras mi madre fuese feliz, lo soportaría.

-Por cierto cariño, te preparé tu platillo favorito.- Exclamó

-¿De verdad? Fernanda eres la mejor esposa que este hombre podría tener, te amo.- Besó a mi mamá.

¿Cómo puede actuar de esa manera?

Las cartas y fotos de su cajón decían lo contrario a lo que ahora decía. Al parecer él también amaba a una tal Sarah.

Papá y Mamá habían discutido ese día sobre ella. Él prometió no volver a tener encuentros con ella. Pero… yo no le creo…

La cena fue algo aburrida. Papá hablaba de una manera bastante hogareña. De vez en cuando unas cuantas carcajadas se compartían.

-Álvaro ¿qué ocurre estas muy callado?- Preguntó mi padre.

-Rafael, quizá sea por lo mismo…-

Agaché mi cabeza. De nuevo el sermón.

-Álvaro ¿Sigues pensando en eso? Ya te he dicho mil veces que mi hijo no compartirá su sabiduría con otros niños. Por eso es que me la paso trabajando tanto tiempo. Para poder pagarte lo mejor. –

-Lo sé…-

-Entonces ¿por qué diantres sigues pensando en lo mismo?-Preguntó con un tono intimidante.

-Quiero correr como ellos…-Susurré

-¿Qué? No te escuché.- Subió el tono de su voz. Mamá sólo permaneció callada.

-Quiero correr como ellos…- Aumenté un poco mi voz – quiero jugar como ellos…-Qué más daba el decírselo- ¡QUIERO SER LIBRE COMO ELLOS!- Me levanté de la mesa y salí corriendo directo a la salida.

-¡Álvaro!- Escuché el gritó de mi mamá.

A punto de tocar la acera lejos de la cerca de ladrillos de mi casa, una ligera sensación de adrenalina se apoderó de mí. Podría llamarla felicidad.

Corrí recto, reía por el simple hecho de tener la brisa en mi cara. Respiré apresuradamente. Quería que este aire hiciera explotar mis pulmones. De mis ojos salieron abundantes y gruesas lágrimas. Una gran sonrisa se dibujó en mi rostro.

Me acosté en el pasto. No tenía idea de donde me encontraba. Pero no me importaba, no quería regresar. El olor de la hierba mojada me era placentero. La luna nunca había sido tan grande y resplandeciente.

Me quedé contemplando la hermosa cara de la noche.

Escuché el tirón de una cadena, seguido de varios ladridos. Me incorporé y busqué el proveniente de esos sonidos.

No muy lejos de mí, pude divisar al mismo Labrador tirando de su cadena. Ladraba hacia mi dirección. Su brusquedad hizo que la cadena oxidada se reventara.

El gran can avanzó presurosamente de manera amenazadora. Me levanté lo más rápido posible y comencé a correr.

Estuve a punto de rendirme y dejar pasar lo que tenía que pasar. Mis pies por fin se habían agotado.

Nunca nadie dijo que no habría consecuencias.

-¡Fuera! ¡Largo de aquí!- Una joven de unos 14 años comenzó a tirar pedradas al animal.

El sabueso retrocedió gruñendo. Ella me tomó de la mano y salimos corriendo. ¿Quién era? Muchas gracias papá por no permitirme conocer a mis vecinos. Pensé.

Abrió presurosa la puerta de su casa y rápidamente nos adentramos a ella seguido de cerrarla.

-Eso estuvo cerca- Dijo agitada.

Al estar cerca de la luz pude observarla mejor. Era muy hermosa. Sus ojos grandes color miel hicieron que me sonrojara.

-¿Estás bien?- Preguntó acercándose hacia mí y revisando todo mi cuerpo.

-S…sí.-Desvié mi mirada y tartamudeé al responder.

-Joder qué susto nos han sacado- Se sentó en una silla y me invitó hacer lo mismo.

-Gracias-

-Ni lo menciones- Ella sonrió tan ampliamente. –Nunca te había visto por estos rumbos. ¿Te has perdido?-

-No lo sé- Caminé hacia la ventana. Mi casa se podía ver a unas cuantas calles- Creo que no. Ese es mi hogar.-

-Aguarda, ¿te apellidas Crowley?- Preguntó bastante sorprendida.

-Sí ¿Conoces a mis padres?-

-¿Bromeas? Ellos son los que siempre donan dinero para el mantenimiento del parque- Supuse que ella hacía referencia a mi madre. Cada jueves ella depositaba cierta cantidad en el buzón. De mi padre no lo creería, de seguro mamá utilizaba su apellido. –No sabía que los Crowley tenían un hijo. Un placer mi nombre es Isabel Ackermell. Puedes llamarme Isa si lo prefieres.-

-El placer es mío Isa. Mi nombre es Álvaro Crowley.- Estrechamos manos.

-¿Y qué hacías solo? Ya es un poco tarde ¿no lo crees?-

-Sí, tienes razón creo que sería mejor regresar.- Caminé en dirección a la puerta principal. Isa me detuvo cuando estaba punto de girar el pomo.

-Espera, te acompañaré.-

Acompañado se podía contemplar mejor el camino ya recorrido. Isa nombró a todos los vecinos e historias. Lo que me agradaba de ella, era su tan ardua sonrisa y las risas que me brindaba. Sus problemas menores de su colegio y una locura de alguna amiga.

Yo escuchaba atentamente. Por mi parte no había mucho que decir. Sólo que soy un prófugo que escapó de una cárcel disfrazada de hogar.

-¿Así que tocas el piano? ¡Eso es grandioso! Yo intenté aprender, pero fue un desastre. –Dijo en puchero.

-Yo puedo enseñarte- Necesitaba una excusa para poder seguir viendo a aquella chica y se había presentado la oportunidad.

-¿En serio? ¡Gracias, me encantaría!-

Continuamos platicando, o mejor dicho, ella continuó su charla hasta llegar a la entrada.

Mi madre me recibió.

-Oh Álvaro estaba tan preocupada- Me abrazó fuertemente, por un segundo pensé que iba a llorar. Lo siento mamá.

-Mamá ella es Isa, Isabel Ackermell- Presenté a mi compañera.

-Un placer Isabel, mi nombre es Fernanda, madre de Álvaro- Su sonrisa me tranquilizó.

-¿Y mi padre?- Pregunté al notar que no había señales de él.

-En su estudio- Respondió agachando la mirada. Lo cual me dio a entender que habían discutido.

-Ya veo, ¿madre podría enseñarle clases de piano a Isa?-

-Por supuesto mi amor. Si ella lo desea, por mi está bien- Invitó a pasar a Isa y platicamos otro rato más, jugamos viejos juegos de mesa que mi madre guardaba en un cajón. Isa pronto se tenía que ir. Pero no importaba, ya que mañana vendría por su primera clase de piano y lo mejor sería que mi padre no estaría.

El teléfono sonó y mamá se paró a atender la llamada.

Isabel y yo continuamos platicando, me sentía feliz, quizás no era un amigo, pero era una persona, una real y no una de pintada en un papel.

Pude escuchar el flasheo de una cámara, mamá había tomado una foto justo en el momento en que Isa y yo reíamos a causa de recordar la persecución del gran labrador.

Al fin tenía un recuerdo.

Mamá despidió a Isa gentilmente, ella prometió volver mañana.

Subí a mi recamara y mi madre subió tras mío. Me arropó con las delgadas mantas de mi cama. Ella siempre me contaba un cuento.

-Existió una vez un pequeño escorpión que mataba muchos bichos aún más pequeños que él y se los comía para sobrevivir. Un día llegó una comadreja e intentó atraparlo de un par de zarpazos, pero el escorpión corrió y corrió con todas sus fuerzas para no terminar muerto. En medio de su veloz escape, no vio con cuidado lo que tenía al frente y cayó en un pozo profundísimo y lleno de agua. Al ver que jamás iba a lograr salir de allí y que su ahogo era inminente, se puso a orar. Entre llantos y lamentos decía que se había dado cuenta de lo egoísta que había sido. Había pasado toda su vida matando otros animalillos para sobrevivir, pero ahora era él la víctima y ni siquiera había servido de alimento a la comadreja. Iba a dejar el mundo sin prestarle algún servicio, su muerte sería en vano, al igual que su vida. Entonces le pidió a Dios que no dejara que eso ocurriera, que permitiera que su cuerpo sirviera para el bien y la felicidad de todos. El escorpión empezó a arder en llamas y brilló con un rojo tenue, iluminando el cielo nocturno para todo el mundo…-

-Quisiera que mi cuerpo brillara como el escorpión- Agregué.

-Yo también lo quisiera…- Dijo mi mamá sosteniendo su pecho y con una sonrisa triste.

-Mamá, ¿siempre estaremos juntos? Yo no quiero perderte…-

Sí…Nunca te dejaré solo. Siempre estaré aquí contigo. Nada me pasará – Respondió sonriendo dulcemente…

Sus palabras se irían en la mañana.

-Rafael ¿no crees que esto es demasiado?-

-¡Por supuesto que no! Álvaro debe aprender a obedecerme. Tú tienes la culpa al meterle ideas tan estúpidas en su cerebro. No permitiré que mi hijo sea un completo inútil- Dijo mi padre arrancando cada uno de mis dibujos de la pared.

Permanecí callado viendo como cada uno de mis amigos eran destruidos en cientos de pedazos. La mirada de mi mamá parecía disculparse conmigo por no hacer nada.

Papá tomó todos mis libros que mamá me leía y los amontonó en una caja.

-¡Verónica!- Gritó a una de las mucamas de la casa.

-Dígame señor- Apareció frente a la entrada de mi habitación.

-Dile a Sebastián que queme toda esta porquería de libros. Estúpidos escritores liberalistas. Lo único que saben hacer es perturbar la mente de los niños. Imbéciles.- Tomó la caja y se la entregó a Verónica.

-Enseguida señor- Ella dio media vuelta y se retiró.

-Álvaro, sólo quiero lo mejor para ti.- Mi padre me tomó de los hombros y se agachó a mi altura. Se fue dejándonos solo mi mamá y yo.

-Álvaro, mi pequeño lo siento- Me abrazó sutilmente.

-Estoy bien…- Le dije con voz temblorosa. Me zafé de su abrazo y comencé a recoger cada trozo de papel regado.

-Cariño, los podemos pegar si quieres-

-No, puedo volver a hacerlos.- Mamá me miró con tristeza y se dispuso a ayudarme.

A corta distancia, cerca de la salida estaba un sobre tirado. Debió haberse caído del saco de mi papá.

Lo levanté y se lo entregué a mi madre. Ella lo observó un momento, se cubrió la boca con su mano derecha, su semblante cambió sorpresivamente y sus ojos comenzaron a tornarse rojos y acuosos.

Presurosa abrió la carta y comenzó a leerla, de su mejilla resbalaron gruesas lágrimas.

-Álvaro enseguida vuelvo, no salgas de tu habitación ¿entendiste?- Mi mamá salió del cuarto y cerró la puerta.

Yo continué limpiando la recamara.

-¡Esto es el colmo Rafael! No puedo creerlo de verdad no puedo… ¡¿Cuándo pensabas decírmelo?!- Escuché el gritó de mi madre. -¡Dijiste que no volvería a suceder, me lo prometiste! ¿Cómo…cómo es posible que ahora esto?- La voz de mamá se oía aún más quebrada.

-Sarah…- Pensé.

-Fernanda eso fue hace años-

-¿¡Por qué no me dijiste que esta mujer y tú…-

-Shh… calla o escuchara Álvaro- Interrumpió mi padre.

-No puede ser Rafael, tenemos que decirle-

-¿Para qué?-

-¿Cómo que para qué? ¡Tiene que darse cuenta que clase de hombre es su padre!

-Con lo bien que lo tienes educado dejaría de obedecerme- Dijo con sarcasmo.

-No puedo creerlo, ¿qué edad tiene?-

-No necesitas saberlo son mis asuntos.-

-Es por eso que te largas ¿no? Vas con la otra…

Escuché un golpe seco, un slap, sonido proveniente de una cachetada.

-¡Te prohíbo que le llames así! –

-¿¡Y cómo quieres que le llame si eso es lo que es!?

-Maldita sea… olvídalo yo me largo de aquí.-

-¿A dónde vas?…- Se escuchó la puerta abrirse de un azote.- Rafael… ¡Rafael!… ¡RAFAEL!- Mamá comenzó a gritar con voz aguda intercalada con llanto.

Bajé con pasos delicados las gradas de las escaleras, y ahí la encontré, de rodillas con las manos en la cara frente a la puerta abierta.

-¿Estás bien?- Me agaché a su porte e intenté quitar sus manos delicadamente. Su hermoso rostro estaba cubierto de lágrimas abundantes.

Sollozante me abrazó, sentí sus cálidas lágrimas en mi hombro. Su aire agitado comenzó a rebotar en mi cuello.

-¿Por qué lloras?-Pregunté acariciando su cabello marrón.

No respondió, continuó llorando toda la tarde, por un momento pensé que se deshidrataría.

Verónica separó de mi hombro a mi madre y se fue con ella a su habitación Una última lágrima cayó en mi mejilla, la intenté limpiar con mi dedo índice.

Qué hermosa era, tan transparente, tan cristalina y pura. Lentamente resbalo en todo mi dedo hasta desaparecer.

[Ding Dong]

Sonó el timbre de la casa.

Era la primera vez que yo abría la puerta para recibir a alguien.

-¿Quién es?- Pregunté antes de girar la perilla.

-Álvaro, soy Isa, ¿todavía está en pie la oferta del piano?- Resonó su tierna voz.

-Isa… adelante- Le invité a pasar. No podía creerlo, había vuelto. Ella volvió. Sin duda alguna mi corazón había quedado cautivado por tan pequeño gesto.

Llevé a Isabel hacia el gran piano para poder enseñarle lo básico.

Aprendió muy rápido en cifrado americano, ¿qué era lo que ella decía que se le dificultaba?

Comprendía cada una de mis instrucciones. Curioso le pregunté. -¿Por qué no aprendiste con tu otro maestro?-

-Bueno, es sencillo de responder. Era constantemente acosada por él.-Dijo temblorosa.

Guardé silencio y continuamos con las lecciones. Ella era un excelente aprendiz. No había ninguna dificultad a la hora de enseñarle.

Verónica nos sirvió la cena, mamá no bajó en ningún momento. Me preocupé bastante, pero la palmada de Verónica y su dulce sonrisa calmaron mis ansias.

Isa se despidió luego de degustar los alimentos. Haciendo la misma promesa, volver.

Una vez se hubiese marchado, subí a mi habitación, no sin antes cerciorarme de que mi madre estuviese mejor.

Abrí un poco la puerta y miré como ella se encontraba tumbada en la cama, abrazando fuertemente la almohada de mi padre.

Agaché decepcionado la mirada y volví a cerrar la puerta.

Delicadamente me recosté en mi cama, pensando en lo sucedido. El amor hace que perdamos la cordura, de eso no me quedaba duda.

A punto de conciliar el sueño, un ruido me puso en alerta. Me levanté presuroso y salí de mi cuarto descalzo. Desde el pasillo, noté como mi madre aventaba cuadros hacia el piso haciendo que estos se quebraran. Verónica y Sebastián intentaban calmarla, pero les era muy difícil.

-Oh… Joven Álvaro regrese a su habitación, no se preocupe ella estará bien- Dijo gentilmente Verónica.

Asentí con la cabeza y volví a adentrarme a mi alcoba. Con las sabanas me arropé de pies a cabeza, rogando que la luz del día apareciera pronto.

Las noches se repitieron de la misma manera durante dos meses, mi padre no regresaba, mamá continuaba arrojando cuadros y rompiendo fotografías. Isa llegaba en las tardes, que era la hora de dormir de mi madre, así que nunca se dio cuenta de la depresión de mi mamá.

Una mañana, bajé a tomar el desayuno como era costumbre. Un ligero aroma de rosas y lirios se combinaron en mis fosas nasales.

Caminé rumbo al comedor y encima de la mesa se encontraba un hermoso arreglo floral de hermosos vivos colores. En una hoja de las múltiples rosas, colgaba una pequeña tarjeta.

-Para mí hermosa princesa.- Leí. Al lado del jarrón se encontraba una carta que yacía abierta. El remitente no era nada más ni nada menos que Rafael Crowley. –Verónica, ¿dónde está mi madre?- Pregunté un poco molesto.

-Están dando un paseo por el jardín. –Respondió exprimiendo una naranja.

-Ya veo-

-¿No le emociona que se hayan reconciliado?- Preguntó acercándome un vaso de jugo.

-No lo sé- Bebí el jugo casi de un sorbo. Verónica me acercó un plato de huevos fritos y comencé a comerlos.

No es que no me hiciera ilusión o emoción que mis padres volvieran a estar juntos, sólo que siempre se repetía que se había vuelto tan cotidiano. ¿Cómo lo hacía? ¿Cómo hacía que mamá volviese a perdonarlo?

No lo entiendo y espero nunca entenderlo… es muy cruel de su parte ser tan duro con mamá.

Papá entró abrazado de mi madre, cual pareja adolescente enamorada.

-Álvaro- Soltó a mi mamá para abrazarme y darme un beso en la frente. –Perdóname cariño, fue muy estúpido de mi parte, he mandado a Sebastián a la librería a comprar los libros que he quemado.-

-No tenías que hacerlo… Supongo que tienes razón, son sólo tonterías de críos-

-No Álvaro yo me equivoqué- Me tomó de ambas manos y me miró tristemente a los ojos.

Debió ser actor en lugar de empresario, creo que le quedaba mejor el papel. No quería seguir soportando sus patéticas actuaciones así que lo abracé.

-Oh mi pequeño Álvaro- Exclamó.

Mamá se unió a nuestro abrazo y comenzó a llorar riendo. Los sentimientos humanos son tan difíciles de comprender. Hace semanas ella gritaba maldiciendo y ahora le llenaba la mejilla de besos.

La mañana transcurrió tan diferente al ambiente al que estaba acostumbrado, papá sostuvo la mano de mi madre todo el tiempo que tardamos en almorzar.

Incluso hicimos oración por los alimentos.

-Álvaro, tu madre y yo saldremos a cenar con la familia Zimmerman-

Mis ojos se abrieron como platos, recordé entonces que mi padre mencionó a esa familia como unos importantes inversionistas de la empresa. Ahora tenía sentido el querer arreglar las cosas con mamá. Ella era su esposa y la necesitaba para que lo acompañara a esa importante comida.

Me pregunto si está bien el amar por quien no lo merece. Que tonta eres mamá. Pensé.

En la tarde, ambos se despidieron de mí. Mamá lo hizo dos veces. Su rostro parecía decir que no quería separarse de mí.

-Álvaro…-Me tomó de los hombros y se hincó a penas duras por su largo vestido. –No lo olvides, siempre juntos- Me abrazó dulcemente y besó mi mejilla.

Sentí un escalofrió recorrer el dorso de mi espalda. Vi el auto a lo lejos marcharse. Era mi oportunidad de volver a salir y disfrutar la brisa.

Caminé recorriendo las calles del vecindario cuando a lo lejos miré a un niño llorar sentado cerca del pequeño árbol seco y muerto. Me acerqué, sus lágrimas eran constantes. Agaché para verlo mejor. Él lo notó e intentó cubrir sus ojos.

-¿Por qué haces eso?- Pregunté calmadamente. –Las lágrimas son lindas- Intenté quitar sus manos.

-¡NO ME TOQUES!- Me gritó y me empujó. Caí agresivamente. No me dolió. Él me miró preocupado y asustado. –Lo…lo siento- Se calmó y volvió a sollozar.

-Descuida no me lastimé- Me levanté con un poco de dolor. Me senté a su lado y saqué un pañuelo blanco que Isa me había regalado. Limpié sus gruesas lágrimas.

-¿Tú también te burlarás?- Preguntó repentinamente.

Paré de limpiar sus ojos acuosos. Lo miré y sin mucha inexpresividad le aclaré. – ¿Burlarme? ¿Por qué? –

-He recibido risas y humillaciones por estar llorando.-

– Odio hacer prejuicios a primeras impresiones. Tus lágrimas tienen motivo, yo no soy quien para juzgarte- Sonreí para poder calmarlo. –Si quieres contarme para desahogarte adelante.

Él me vio. Pareciera que no esperaba esa respuesta. Había dejado de gemir.

-Mi perro ha muerto atropellado por mi vecino-

-Oh… Bueno yo nunca he tenido una mascota…

-¡No era una mascota!- Alzó la voz sobresaltando.-Era mi mejor amigo

-Disculpa…- Él volvió a llorar. Vaya que la estaba liando más.

Recordé entonces una pequeña caja de dulces que llevaba conmigo. La saqué y tomé un pequeño bombón; lo introduje en su boca, sus lágrimas dejaron de salir.

-Come- Le dije sacando más dulces y dándoselos. No sabía cómo consolarlo, así que utilice el método que Isa hacía conmigo.

Él escupió todas las golosinas. Me miró y comenzó a reír. -¿Qué haces? – Preguntó entre risas. Lo miré sorprendido. No espera tan repentino cambio de humor.

-Has dejado de llorar- Exclamé.

-Eso parece, gracias.- El niño se levantó y me alboroto mi cabello. Era alto. No lo había notado debido a que estaba sentado. –Me tengo que ir, volvamos a vernos.-

-Claro, cuídate-

Él se fue corriendo. Olvidé preguntar su nombre. Es una pena. Pensé que por fin haría un amigo.

Mis pensamientos se desvanecieron en cuanto llego Isa de manera agitada.

-¡Álvaro, oh pobre Álvaro!- Se hincó y me abrazó – Siento lo de tus padres, pero descuida pequeño yo te cuidaré- No entendí de que estaba hablando. ¿Qué había ocurrido con mis padres?

No lo entendí hasta que pasamos cerca del accidente.

Toqué mi mejilla donde mi madre me regaló su último beso. ¿Por qué no cumplió su promesa?

>>Siempre juntos<<

Isa sostuvo mi mano de camino a la funeraria. Entré con ella, subí unas escaleras que parecían infinitas.

Los dos ataúdes adornados con cientos de flores blancas. Mamá las odiaba, ella odiaba esas flores, decía que le desagradaban porque no tenían color, no se podría apreciar la vida en ellas. Que eran sólo simples flores blancas aburridas. Lo mismo pensaba yo. Las odiaba.

-¿Él es su hijo?; Pobre criatura; Es muy pequeño; mejor así, no lo entenderá- Escuché murmuras de varias personas, todas desconocidas para mí.

Un profundo sentimiento brotó de mi pecho. Lo odiaba, odiaba a mi padre. Él tenía la culpa. Mi pequeña mente quería tener un culpable. Lo odio… Lo odio…

Un sabor amargo inundó mi pecho. No era agradable sentirlo. ¿Llorar? ¿Por qué? ¿De qué serviría regar lágrimas? ¿De qué serviría mostrarlas?

En la iglesia, el sacerdote comenzó su sermón. ¿Por qué la gente se arrodillaba? Los humanos siempre hacen lo que quieren… ¿Por qué creer en la iglesia? ¿Por qué creer en una religión? Al fin al cabo fue creada por humanos, ellos que han cambiado la historia siempre a su manera.

Vamos a matar a los cuervos porque hay demasiados, pero aumentaremos a los pandas porque hay muy pocos e incrementaremos la humanidad aunque sea suficiente. Es lo que dicen. Nosotros siempre estamos rezando y haciendo una reverencia a Dios, ignorantes, sí, de que nos estábamos convirtiendo de alguna manera en Dios sin darnos cuenta ¿Qué demonios nos hace pensar que lo somos?

Nunca he visto a Dios. Siempre lo miraba en pinturas aquí y allá. Escuchado sobre los dioses en historias este y aquel, todos tienen forma humana.

¿Es una coincidencia o el destino? ¿O es nuestro propio boceto egoísta?

Incluso si hubiera una siguiente vida, incluso si no existe ¿A quién le importa? Incluso si reencarnamos, incluso si no lo hacemos ¿Qué demonios importa?

La gente siempre hace lo que quiere. Incluso si estamos en la cima de la cadena o como se llame. Seguimos insistiendo en que existe un lugar todavía más alto.

Creado, destruido y pegado. Así funciona el triste rompecabezas que se han inventado.

Se preguntan: ¿Por qué? ¿Por qué es así?

Pretenden sostener un signo de interrogación, incluso aunque ya lo saben

Eso es porque la humanidad es estúpida. Y así es, todos lo sabemos. Así que podemos simplemente perecer a la cuenta de 1,2,3.

La estupidez no se cura sino hasta la muerte. Entonces ¿cuál es el punto de usar nuestros cerebros?

Ahora hay grandes expectativas sobre la siguiente vida

Pero espera, ¿Qué sucede con el ahora? Aquí y ahora hay que ser imprudentes, luego descuidados. Combina ambos y haz un lío. Aquí y ahora hay que ser sombríos, luego misteriosos. Combina ambos y haz que todo sea incierto

Sin embargo, ¿Qué podemos hacer y cómo? Todo lo que decimos, todo lo que hacemos es no. ¿Entonces qué podemos hacer? ¿A dónde nos podemos dirigir?

Incluso si vamos al cielo, incluso si vamos al infierno. Incluso si estamos, incluso si no. Si no podemos ir a ningún lugar, ¿Entonces a dónde?

Incluso si el camino se encuentra por encima de nosotros, incluso si el camino no se encuentra por debajo de nosotros ¿qué más da?…

CAPITULO 14… CONTINUACION

 

No pude disfrutar la compañía de Katherine en la cena. Recuerdo cada una de sus palabras en la conversación. Sin embargo mi mente no se encontraba transcendiendo significado. Podría decirse que en mi cabeza, sólo existías tú.

Me encontraba dando vueltas en la cocina cual león encerrado en una jaula.

-Demonios, demonios- Decía continuamente. “Si pudiéramos ser sólo amigos, no me importaría” ¿Qué demonios te hace aferrarte tanto a mí?

Tu enfermo amor me causaba dolor y pánico. Estaba tenso, mordía mis uñas tratando de encontrar forma de olvidarte.

-Álvaro… ¿qué haces?- Preguntó Lisandro siguiendo mi paso con sus pupilas.

-Lisandro tienes que ayudarme- Lo tomé de la chaqueta y lo incliné a mi estatura. –Joder ¿por qué tienes que ser tan alto?- Le reproché.

-Calmado hombre… ¿Es por lo de Valeria?- Me tomó de ambas manos tratando de separar mi agarre.

-¿Cómo lo sabes?- Pregunté sorprendido.

-Alva, eres tan descuidado que has dejado esto en la entrada- Lisandro sacó la carta hecha un desastre. La desdobló y me la entregó.

-No debes leer lo que no te corresponde- Le miré molesto tomando la carta.

-Pensé que era un manuscrito. Y bien ¿Qué es lo que ocurre Alva?- Se sentó en una silla fijando su codo en la mesa.

-¿Qué es lo que piensas de esta carta?-

-Es muy buena redactando, pone mucho sentimiento, quizás podría ayudarme en algunos trabajos pendientes que tengo-

-No idiota, ¿qué piensas que debería hacer?- Pregunté algo apenado.

-¿La sigues amando?- Me miró de manera desafiante.

-No lo sé- Desvié la mirada.

Un dolor punzante, como si una cicatriz se estuviera abriendo completamente comenzó en mi pecho. Era como si algo de mí me dijera que es mentira. ¿Por qué?

Él se levantó de la silla y se acercó a mi rostro, mirándome de nuevo con esa penetrante mirada. Agaché la cabeza para no tener que verlo más.

Lisandro, con su dedo índice tocó mi frente alzándola de nuevo, seguía mirándome fijamente. Maldición ¿Por qué demonios es tan alto?

-Mentiroso.-

-¡¿Por qué dices eso?!- Sobresaltado quité su mano.

-Álvaro, siempre que mientes desvías las pupilas de un lado a otro-

-¿Qué clase de tipejo eres para observar todos mi movimientos?-

-Tu mejor amigo- Sonrió ampliamente.

-No me ayudas en nada, Lisandro-

-Puedes volver a verla Álvaro, ella está dispuesta a hacerlo, ¿no crees que tú también?-

-¿Crees que debería?-

-Debes sanar esa herida Alva- ¿Herida? ¿Desde cuándo me dejaste una?

-Gracias- Quizás volverte a ver quitaría estas ansias. –Sé que nunca lo digo, y no esperes que lo haga a menudo, pero, me alegra que seas mi amigo- Le sonreí, en verdad lo apreciaba, apreciaba que estuviese a mi lado. Era cierto, él era mi mejor amigo.

-Sabía que me amabas-

-No lo arruines ¿quieres?-

Él sólo se limitó a regalarme una sonrisa.

La mañana siguiente transcurrió algo agitado. Ahora tenía esa jodida preocupación de cómo volver a verte. ¿Qué debería hacer? ¿Ir a tu casa y tocar? Tampoco estaba muy desesperado. Nuevamente los nervios surgieron. Había decidido despejar mi mente hiendo a comprar las provisiones.

Me subí de prisa al vagón del metro. No quería manejar en el automóvil. Se suponía que la distracción debería durar bastante tiempo.

Me senté en el primer asiento que miré. Para mi sorpresa todo el vagón estaba casi vacío. Debí habérmelo imaginado, era demasiado temprano para que la gente estuviera despierta un domingo.

-¿Álvaro?- Escuché una voz que fue casi una puñalada en mi pecho.

-Valeria…-

Sonreíste y te sentaste a mi lado. ¿Por qué de todos los lugares, me la tengo que topar justo ahora? Pensé.

-Cuanto tiempo ¿no?- Preguntaste sonriendo de manera triste. Tus ojos mostraban unas cuantas lágrimas a punto de salir.

-Bastante- Respondí tratando de fingir una sonrisa.

Agachaste la mirada tratando de que tu cabello cubriera tu rostro enrojecido.

Una ligera sensación de calma invadió mi garganta. No habías cambiado en nada. Sólo que ahora tenías el cabello un poco más largo. ¿Por qué diantres noté ese cambio?

-¿Qué escuchas?- Noté tus audífonos en tus oídos.

-Ah, es una nueva banda, la vocalista tiene una hermosa voz, ¿quieres escucharla?- Dijiste extendiéndome el auricular derecho.

-Claro- Lo tomé y lo coloqué en mi oído.

Tuve que acercarme mi cuerpo más para que el cable pudiese alcanzar. Miré como te tensabas levemente al estar junto a mí y tiraste un poco el cable de los audífonos.

-Lo siento- Te disculpaste un poco sonrojada. Le diste Play para que la canción comenzara.

Sin darte cuenta inclinaste un poco la cabeza hasta mi hombro izquierdo. Simplemente eso me hizo sentirme orgulloso.

-Álvaro, ¿te gustaría escuchar todo el disco? Creo que nuestro viaje habrá terminado cuando acabe.- Preguntaste sonriendo.

¿Qué debería hacer? Deseaba quedarme, deseaba poder respirar más de tu aroma.

-Me gustaría- Respondí casi al instante. ¿Por qué me traiciono?

Las preocupaciones de los niños y adultos son las mismas. Las molestias, el rechazo, la angustia y la presión. Todo con la misma voz desgarrada. La necesidad de ser alguien en la vida y cumplir las expectativas de otros. La necesidad de huir de los demás sólo va en aumento. Pero, yo no tenía preocupaciones. Recuerdo que el mundo me daba igual, nada me importaba, no hasta que terminamos. Mi preocupación eres tú. Mi ruta de escape está bloqueada por ti.

Los alaridos de la cantante nos satisfacen. ¿En qué momento el sonido habitual cambió? Llevabas el ritmo con los golpecitos que dabas a tu rodilla con los dedos. Fue cuando me di cuenta que nos estábamos poco a poco separando. No lo quería.

Me dijiste que nuestro recorrido duraría hasta que el disco se terminara. Por eso en secreto le di repetir. No sé por qué lo hice. Pero en verdad deseaba que nuestro viaje no terminara.

Pero enfrente de la parada olvidaste lo que dijiste.

-Lo siento Álvaro, tengo que bajar aquí- Te levantaste y tomaste tus cosas. Me quitaste los audífonos de un tirón suave. –Gracias- Dijiste gentilmente. –Gracias por aceptar mi propuesta, amigos nada más. Nunca mirar hacia atrás ¿verdad?- sonreíste y bajaste del vagón.

¿Amigos? Valeria, ¿en qué momento lo acepté? El agobiante dolor, irritación, infelicidad y aversión crearon un profundo hueco por mi inmadura decisión.

Pude notar por la ventanilla que te encontrabas con un sujeto, alto, moreno, cabello azabache cobrizo. ¿Un amigo? No, no era un amigo, uniste tus labios con los de él. Te costaba sonreír, parecías triste.

Nuestros alaridos nos lastiman a ambos. ¿Por qué compartías tu sonrisa con alguien más? No lo quiero.

El vagón comenzó a avanzar. Lentamente noté como te alejabas abrazada de ese tipo.

¿Por qué? ¿Por qué me dolía verte de esa manera? Aunque sea un pensamiento inadecuado y aunque sé que no lo quiero aceptar, tu amabilidad ha permanecido inalterable. Lastimándome… Aquella sonrisa que me brindaste no la quiero. Ruego me odies. Hazlo pronto antes que me hunda en este dolor… ¿Dolor? Debe ser una broma…

CONTINUARA….

 

ABRAHAM ROCHA RDZ

Existen personas que no deberían de amar… capítulo 12


Pasó más de un año, nuestra relación había quedado en el olvido, al menos para mí. Sentía una gran satisfacción de sólo recordar tu rostro, sentía una inmensa paz, por fin me había librado de ti.
Sólo faltaba Lisandro.

-¡Álvaro! Joder ¿qué haces aquí?-
-Cállate… Estoy durmiendo-
-Estás sobre mis manuscritos.-

-Esta es mi casa, lárgate de una vez- Levanté mi rostro, unas cuantas hojas de papel se adhirieron a mi mejilla.

 Lisandro es un excelente escritor, pero debería aprender que yo hago lo que se me dé la gana.
-Llevas diciendo eso más de un año, y aún sigo aquí.- Creo que él piensa que puede hacer lo mismo. Acomodó una pila de hojas encima del escritorio, y se sentó al lado mío para revisar el material. 

Arregló sus gafas observando con mucha atención su redacción.
Lisandro idiota, deja que la editorial se encargue. Pensé.
-Álvaro despierta- Esa dulce voz que siempre abría espinas. Emilie había prolongado su estadía a petición mía. A pesar de que quiero sacar estos recuerdos tan latentes de mi mente, no puedo. 

–Álvaro, levántate, por favor.- Me era imposible negarle algo con la tierna mirada.
Abrí un solo ojo y le sonreí. Le causó gracia, esta escena era como un padre haciéndole jugarretas a su hija. Algo que mi padre nunca hizo conmigo.
-Álvaro, Katherine está en la sala- Me levanté rápidamente. Sus visitas eran más recurrentes
Recuerdo cuando por fin me enteré de su relación con Samuel, algo tan peculiar.
“Era viernes, por fin me había librado de Valeria. ¿Por fin podría ser feliz?
Lisandro siempre me daba terapias. Isa horneaba galletas todos los días. Emilie sólo me miraba y me abrazaba.
Ese mismo día tocaron a la puerta, me encontraba sólo. Atendí sin dejar esperar mucho.
Por un momento, pero repito, sólo por un momento, pensé que eras tú.
-Katherine…-

-Hola.- Saludó melancólicamente. 

-Es repentina mi llegada, pero realmente tenemos que hablar.- No me molestó, es más quería hacerle unas cuantas preguntas. Sólo para descifrar una duda.
-Adelante-
Katherine sonrió y se adentró a la casa.
-¿Y dime de qué quieres hablar?- Me senté en el sofá y le indiqué que hiciese lo mismo.
-Bueno… quisiera hablar sobre Samuel.-
Me ahorraba la pregunta. Admiré su honestidad.
-¿Vecino, primo, hermano, hijastro o mascota?-
-Ex novio, novio cuando nos dimos aquel beso.- No me lo esperaba. Eso daba a entender que ella estaba al tanto de mi relación contigo.
-He de adivinar que era una estrategia.-
-Digamos que sí. Yo sería tu manzana de la discordia. Se suponía que yo le haría ver la verdad a Valeria. Cada una de nuestras salidas fue planeada. Incluso nuestro encuentro.-
-Igual no lo logró- En tono frío agregué. -¿Por qué lo hiciste?, ¿no sentiste celos de Valeria?-
Sí, pero… Pensé que él me amaría, yo sabía de Valeria, él nunca dejaba de hablar de ella. Quise hacerlo feliz, y le di la opción de separarla de ti.-
Intuí que ese idiota no sería capaz de elaborar algo tan estratégico.
-¿Eso quiere decir que todas nuestras citas fueron actuadas?-
-No… De eso vengo a hablarte. Aquel beso… No fue fingido… Desde la segunda cita comencé a enamorarme de ti, incluso olvidé que todo era parte de un plan. Me era grato estar a tu lado. Ese mismo día del beso, a Samuel no le importó, y que no me doliera me alegró. Él me dijo que teníamos que decirle a Valeria lo más pronto posible. Me negué, era demasiado tarde, comencé a amarte. Una parte de mí me decía que estaba mal. Pero no me importaba ser la otra, porque te amo Álvaro, sin embargo me enteré que terminaste con Valeria.

– Esto era para reírse. Pensé que eran diferentes, pero las dos son completamente iguales.
-Pensaba terminar con Valeria, desde ese beso, siéndote sincero, yo también me enamoré de ti, Katherine.

– Mentiras, más mentiras y una nueva diversión. Me acerqué a su pálido rostro. Toqué su mejilla. Un poco fría debido a la brisa que corría. Lentamente uní mis labios con los suyos. “
Limpié mi rostro con un poco de agua.
-Katherine, ¿cómo está mi bella princesa? 

– Corrí a saludarla. La cargué y di tres vueltas. Besé su mejilla. Su bella sonrisa, aunque odié admitirlo, la adoraba.
-Álvaro sigue siendo vergonzoso- Sonrojada, me abrazó con fuerza. – Quería invitarte a una cena, ¿qué dices? Príncipe. 

–Sí, así como lo intuyes, ella era mi actual novia.
-Por supuesto princesa, no me lo perdería por nada.- Olvidarte me era tan sencillo. El tiempo determinaría si realmente pudiese amar a Katherine.
-Estupendo- Ella me regaló una sonrisa. Sonó la bocina de un automóvil. 

–Oh lo siento, es mi madre, quedamos de ir al refugio animal. Realmente necesitan ayuda.- Besó mi mejilla y salió. La acompañé hasta la puerta.
-Nos vemos querido.

– Se despidió su madre. Ella sólo se avergonzó.
Me despedí, viendo cómo se alejaba el vehículo. Aprovechando la salida, revisé el buzón. Varios sobres de recibos y cuentas. Pero había una que no noté hasta que llegué al comedor para abrirlas.
Era una carta tuya.
“Sabes no debería hacer esto. Pero siento que una parte de mi destruye mi ser. Déjame decirte algo que he estado pensando desde hace mucho tiempo. Si podemos ser amigos otra vez, no pediría nada más. Sé que es una petición algo egoísta, pero si estás de acuerdo con eso, a mí tampoco me molesta.
El día de hoy hizo un buen clima. Pero hubo un poco de lluvia después. ¿Lo observaste? Ayer tenía mucho tiempo libre para disfrutar el día. Creo que por fin descansaría de este triste vacío. No es como si estuviera pensando siempre en ti. Bueno, quizá sí estaba pensando sólo un poco en ti. Aunque no pueda verte, puedo ver tus palabras. Me siento frustrada…
Cada vez que hay cosas que no entiendo y aún no sé si pueda entenderlas. ¿Son mis sentimientos algo hermoso o sucio? ¿Es muy obsceno? Lo siento si te desagrado ahora, pero aún no lo sé y no encuentro un lugar para desechar todas estas emociones…
Voy a esperar hasta que entienda… ¿Qué hay de malo en esperar un poco?

Tú continúas avanzando, mientras yo me detengo por completo. ¿Cómo puedo acortar la distancia entre nosotros? Todavía no puedo expresar mis palabras con sinceridad. Soy una cobarde de nacimiento. Ya que está a punto de derramarse de mis manos, ¿A quién más le debo dar este amor? ¿Por qué me diste más del que podía controlar? No creo que sea tan fácil encontrar a alguien más… Creo que seguiré esperando.
Ha pasado ya mucho tiempo.

 El tiempo es cruel y amigable. Todo se esfuma, a la pálida luz del sol. Las detenidas agujas reanudan el paso del tiempo con su tictac, ayudando poco a poco a que al igual que con la lluvia, fluya aquella desesperación. Aquello aun me duele. En un punto importante al lado de mi pecho tu voz llama mi nombre. Por más que lo intenté, por más que conozca miles de personas. Tú siempre seguirás ahí, resonando con eco en mi pecho.
Siempre permaneciendo vivas las espinas que deberían haber desaparecido aún siguen punzándome. 

Por lo que sigo sin olvidarlos. Estoy segura de jamás poderte olvidar. Lamento cada una de mis tonterías… Simplemente amigos, nada podemos ya cambiar, cada quien su camino. No hay más que esperar. No debes mirar hacia tras ¿correcto? Tú eres una persona que jamás olvidare en mi camino. Siempre me has estado apoyando y dando ánimos de luchar contra la dura realidad.
Sabes… El día en el que sonreíste y me abrazaste gentilmente pude sentir tu calor. Aquella tarde que nuestro lazo fue cortado pedí un deseo para que todo el mundo se detuviera.
Pero la verdad es, la que ya conocía, no hay manera de que se detenga.
Recordé todas esas cosas que me enseñaste con una sonrisa en tu rostro en algún momento del pasado.
Gracias por siempre apoyar a esta tonta niña llorona Álvaro… Gracias por todo lo que me has enseñado en este cruel mundo.
Espero que seas muy feliz.
Te quiere por siempre Valeria.”
¿Por qué apareces cuando intento olvidarte? ¿Por qué me duele el pecho?
En la carta parecía que a la ahora de redactar, derramaste algún líquido. La tinta estaba un poco regada. ¿Lágrimas? ¿Podrían haber sido lágrimas?
No, no debí pensar en ti. Ya no más.
Arrugué la carta, indeciso, apretando el puño con la misma. Sentí un sabor amargo sobre mi garganta. Respiré hondo. Y la tiré al bote, igual que hice con tu carta de disculpas.
No lo quiero. No acepté tu propuesta. No quería ningún vínculo contigo. Quiero que desaparezcas.
Valeria… Quería que me odiaras. Quería que entendieras que no puedo amar. Quiero que entiendas, que el amor me es imposible. Y más si se trata de ti. No quiero ser sólo amigos… No quiero ser nada para ti.
Recuerdos invadieron mi mente. ¿Por qué?… De nuevo sentí esa preocupación, de nuevo sentía las inmensas ganas de verte, de nuevo sentía aquel vacío.
Te odio…
-Álvaro…- No me había percatado la existencia de Emilie. -¿Estás bien?-
-Sí… ¿por qué la pregunta?- Mi voz temblaba.
-Olvídalo- Emilie tomó mi mano y acarició mi mejilla. –Si la extrañas vuelve a verla.-
Sentí el aliento irse, un nudo en la garganta. Un pequeño dolor punzante en mi pecho.

Valeria… ¿Desde cuándo somos sólo amigos? ¿Desde cuándo te volviste importante para mí?

Continuación…
Abraham Rocha Rdz

Existen personas que no deberian de amar… Capitulo 11

jose-novelo

Samuel me cogió de la camisa bruscamente.

-¿Por qué?… ¿Por qué lo haces?- Murmuró con la voz quebrada y sollozante.

-Porque odié el día en que se cruzó en mi camino…-

“-Maldita sea, de nuevo es tarde- Salí corriendo por el pasillo de la universidad. Me pregunto si el corredor es un buen sitio para pasar el rato, había demasiados estudiantes.

¿Cuántas veces he llegado tarde a la clase del señor Francis?

¿De nuevo tarde?, ya oía la típica frase cantora y burlona. Joder, estúpido despertador, no sirve de nada. Ah no espera, el idiota fui yo, olvidé ponerle am, en su lugar puse pm. Qué hilarante suena.

Lo único que me queda es apresurar mi paso. Vamos Álvaro tu puedes. Ánimos, sí eso era, necesitaba ánimos.

Eché mi paso andar velozmente, esquivando al equipo de Fútbol americano. Malditos, no están en edad de crecer así de tosco. Bestias han de ser. ¿Y por qué las porristas deciden hacer piruetas a mitad del pasillo? Cabelleras rubias y pelirrojas golpean mis ojos.

-Hola Alva- Casi en coro. Qué molestas son, con sus voces chillonas.

-Hola Violeta, Hola Cassie, Hola Itzel, Hola Iris- sigo dándome regalías por haberme aprendido todos sus nombres, y por poder decirlos rápidamente.

Oí risillas y murmuras después de mi saludo. Las chicas no me interesan. No por ahora. Todas ellas son ruidosas y engreídas. Deseaba salir de la universidad de Galo, lo antes posible.

Rezando por no encontrarme con la ‘reina’ del instituto.

-Hola Alvarito- Maldición. Y es por eso que dejé de creer en un dios.

-Hola Rosalía- Sonreí falsamente, tratando de quitar su mano de mi corbata. Su rostro demasiado cerca me era incómodo. Ella es bella, se siente superior, ese lindo rostro no estará por siempre, aun así, Rosalía lo ignora, y piensa que todo el mundo la adora. Todos excepto yo, por supuesto. Nunca me ha interesado alguien así de patética.

-Te he dicho que me llames Rosa cariño- El olor de durazno que emite es muy fuerte, y provoca nauseas.

Sentí miradas que hicieron mi cuerpo erizarme. Tengo suerte que ninguno de esos tipejos me hayan asesinado.

-Rosalía perdóname, voy tarde a la clase de biología.-

-No se dará cuenta cielo- Me dio un beso en la mejilla. Joder, el brillo labial de sus labios, dejó pegajoso mi pómulo.

-Disculpen- Rosalía y yo volteamos a mirar. Era una linda chica, tez blanca, casi pálida, cabello castaño y unos bellos ojos azulados, es como yo describiría lo más resaltante de ella. Jamás la había visto en el instituto Galo. Rosa la miró de pie a cabeza, creo que ella tampoco le conocía.

-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?- Como si fuera un guardia que acaba de encontrar a un intruso en propiedad restringida.

-No sé a qué te refieres, yo siempre he asistido a este colegio- Respondió enojada, me miró unos segundos y de nuevo regresó su mirar hacia Rosalía. –Él es mi novio, te pido que le sueltes.-

¡¿Novio?! ¿Qué demonios estaba diciendo esa pequeña?, sí pequeña, demasiado baja de estatura. De seguro es como Iris y Violeta, contando a todo el colegio que yo salgo con ellas. Puras mentiras de chicas necesitadas.

Rosalía me miró, divertida rió.

-Sí claro bajita, alguien como él jamás saldría contigo. Tendrás bello rostro, pero dáte cuenta que es lo que tiene a mi lado.-

No sé qué intenciones tenga esa chica, aunque me moleste admitirlo, es preferible en estos momentos seguirle la farsa. Espero por su bien que se dé cuenta que Rosalía jamás se lo perdonara.

-Basta Rosalía, es verdad ella es mi novia- Hice un lado a Rosa y tomé de la mano a aquella joven.

-Gracias, hasta ahora me defiendes Álvaro.- Ella me abrazó. Espera… ¿dijo mi nombre? ¿Cómo diantres lo sabe?

No tarde en pensar que ella era igual a las demás. Otra acosadora en mi vida.

-Dime que esto no es verdad Crowley- Rosalía, miraba con cierto desprecio a la chica. Temía que me preguntase su nombre. Podría inventar uno, y claro ella seguiría el juego, pero si Rosa investigara sobre ella, lo lamentaríamos los dos.

-Es la verdad- Correspondí al abrazo, sentí como su cuerpo se estremecía. Al final me arrepentiré, lo sé. En estos momentos ella es mi único escape.

Rosa molesta continuó su camino.

-Te debo una- Le sonreí y la dejé de abrazar. Sentí como ella se aferró a mi espalda. Tenía los ojos cerrados, los apretó haciendo una mueca de pequeña.

Me resigné, tenía que hacer lo mismo que hacia cuando Iris me abrazaba.

La tomé de la barbilla y besé su mejilla. Sería muy problemático que me amase. Nunca te correspondería. Pensé

Ella con ojos acuosos sonrió.

-Perdona pequeña, pero llego tarde a una clase, te veré luego- Creí que me desharía de ella. Creí que jamás le volvería a dirigir la palabra.

-¿Iras a la clase del señor Francis?- Dijo calmadamente siguiendo el ritmo de mis pasos.

-¿Eh?, si así es. ¿Cómo lo sabes?-

-Tenemos el mismo horario Álvaro- Siguió avanzando mientras yo me detuve en seco. ¿Desde cuándo ella era mi compañera? -¿Qué ocurre?- Preguntó sorprendida.

-Lo siento, no recuerdo haberte visto en las clases.- Ella me sonrió, y me tomó de la mano. –No destaco mucho.-

Dejándome llevar por todo el pasillo, pude escuchar muchos murmureos. Debí de haberle soltado de la mano, pero aún seguía anonado.

Abrió la puerta del aula. El señor Francis aún no estaba presente.

-Valeria pensé que no regresarías, saliste sin avisar.- Se acercó una joven de tez morena y grandes ojos marrón. Cabello negro y lacio amarrado por una liga. Su nombre era Carolina, a ella sí que le conocía. O bueno, por lo menos sabía de su existencia en esta clase.

-Lo siento- Rió disculpándose.

-Bueno eso no importa, pero dime algo, desde cuando te llevas tan bien con el príncipe.- Nos albureó y sonrió pícaramente. Joder seguía tomando su mano. Valeria la soltó rápidamente y agachó la cabeza.

-Lo conocí hoy- Sus mejillas se tornaron carmín.

-Disculpa, ¿me llamaste príncipe?- Pregunté ignorando la reacción de la pequeña.

-Así es Álvaro, supongo que no te has dado cuenta de tu apodo.- Respondió Carolina

-Lo siento, no presto mucha atención.-

-Si me he dado cuenta de eso, de ahí tu apodo, príncipe. Eres el tipo soñado de casi todas las chicas de Galo.-

-Ya veo.-

La morena sonrió, era la primera vez que hablaba con ella.

-Valeria ¿por qué saliste?- Le preguntó.

-Bueno… faltaba alguien en la clase, el señor Francis le advirtió a Álvaro suspensión si volvía a entrar tarde. Sólo me preocupé-

Ahora que lo pienso, gracias a ella me liberé de Rosalía. Es cierto que le debo una.

-Pudiste a verme dicho, el señor Francis me avisó ayer que faltaría, te pudiste haber ahorrado la búsqueda del príncipe, y esperar que llegase.-

-¡Pero si no, ella lo hubiese…! Perdón- Bajó la voz avergonzada. Carolina se sorprendió un poco. – Si no hubiese buscado quizás nunca habría tenido la oportunidad de conocerle.-

Me sorprendí un poco por su respuesta. Muchas chicas se acercaron a mi sin ninguna estrategia, otras tropezaron intencionalmente conmigo, pero ella, ella esperó una oportunidad. Por un instante me conmovió.

-Bueno no es una excusa muy válida, pudiste haberle hablado como lo hago yo ahora.-

-¡Pero!… Lo sé…- Si dejara de ser tan ruidosa y escandalosa, podríamos haber sido amigos.

Carolina sonrió divertida. Conversamos un poco. Valeria tomaba más confianza a cada palabra.

-Caro ¿vienes?- Le invitaron un grupo de chicas y chicos. Ella afirmó y se despidió. Dejándonos solos.

-Álvaro, lo siento, fui un poco atrevida.-

-¿De qué hablas? Gracias a ti me libre de un ser comido vivo.- Valeria soltó una risilla.

-Tu rostro demostraba que no querías, pero igual no debí…-

-Gracias- La interrumpí. –Mi nombre es Álvaro Crowley aunque creo que no hace falta presentación, es un placer.- Le extendí mi mano.

-Valeria Hoffman, el gusto es mío.- Estrechamos nuestras manos y compartimos una sonrisa.

Quizás mi error fue ese. Ser amable con ella por un simple acontecimiento.

Ella volvió un desastre mi vida. Todo el tiempo, ella quería estar cerca de mí. Alejó a la mayoría de mis acosadoras, pero en cambio, se volvió todas ellas en una sola.

La detesté, odié su manera de ser. Fingía una sonrisa de agrado por su presencia, siempre me molestaba con tonterías de toda una cría. Lo dejaba pasar ya que nunca me importo la gente estúpida como ella.

A pesar de ser consciente de sus sentimientos, nunca le di importancia.

Lo peor de todo era que estaba metiéndose en mi vida. Era torpe y escandalosa. Sin embargo me sorprendía cada que intentaba llamar mi atención. Llamadas, mensajes, cartas, avales, indirectas, miles de excusas para hablarme o para discutir.

Era divertido, pero aun así me molestaba. Quería deshacerme de ella lo más pronto posible. Pero quería que se diera cuenta de todo mi enojo reprimido. Quería que sufriera, porque la odiaba.

Odiaba que su amabilidad penetrara mi barrera. Mi muro… aquel que me ayudó a no volver a querer… Ella lo estaba logrando, estaba haciéndome sentir calidez. Tenía que hacerla desaparecer, dándole a entender mi odio, para que nunca se me acercara.

Creí que nunca lo lograría hasta que el día finalmente llegó.

-Tú me gustas- Soltó de repente agachando su pálida cara con toques de ruborización excesiva.

Era por fin mi momento de alejarla de mí, destrozar su pequeña mente con crueles palabras y demasiado desprecio. Todo lo que alguna vez encerré en mi mente y que siempre le quise decir saldría por primera vez.

Sin embargo, aún agachada, puede divisar como caían unas cuantas lágrimas de su rostro esperando una respuesta. Contuve aquellas palabras que esperaba decirle.

Sonreí para mis adentros. ¿Realmente me amaba?

Interesante. Pensé.

La abracé para finalmente susurrarle. –Lo mismo siento por ti-“

-Si ella nunca hubiese interferido, sería tuya- Caminé en dirección recta, dejando a Samuel, anonado.

Sentí una mirada, no era la de él, era una mirada de unos ojos azules, una mirada triste y llorosa. Tu mirada Valeria.

CONTINUACION….

 

ABRAHAM ROCHA RDZ