EXISTEN PERSONAS QUE NO DEBERIAN AMAR… CAPITULO 25 & 26

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-¡Te mato! ¡Por dios que te mato!- Me encontraba discutiendo con Lisandro acerca de su forma de hacer que Emilie no se marchara.

-Creí que querías que ya no te ocultara nada… Mejor amigo.-Se burló de mí. Este tipo lograba cabrearme

-¡Jodido bastardo, deja de bromear!-

-Bueno… No tenía tiempo de comprar flores… Dijiste que no debía regresar sin ella, por eso tuve que hacerlo-

-Te voy a matar maldito escritor pervertido. ¡Fue un error comprarle aquel boleto a Emilie!…- Maldición… Estaba tan molesto por sus palabras, que sin darme cuenta me delaté.

Lisandro sorprendido, con los ojos como platos, tampoco esperó esa traición de mi parte.

-Álvaro… ¿Lo hiciste a propósito? ¿Sabías que aceptaría mis sentimientos?-

– . . . ¿Tienes algún problema con eso?- Exclamé en un tono bajo desviando la mirada.

-¿Qué hubieses hecho si Emilie realmente hubiera abordado aquel autobús?- Preguntó seriamente.

-No es tonta… Además, sabía que llegarías antes de que sucediera aquello…-

-Te estás contradiciendo. Pensé que el futuro no se podía predecir.-

-¡Cállate! ¿Así es cómo me agradeces?- Maldito Lisandro, a todo le encontraba una forma de joderme.

-Sí, si… Estoy realmente agradecido contigo. Pero nunca esperé que hicieras algo así por mí. Tú supusiste que no llegaría a tiempo ¿verdad?- Sonrió revolviéndome el cabello.

-Tú cabeza es un lio. Tardas mucho en ordenar una idea y en dar respuesta. Perderías minutos antes de que entendieras.- Me avergonzaba decirle eso, de cierto modo fui un egoísta. –Pero, no es como si lo hubiese hecho por ti. Yo no quería que Emilie se fuera… Probablemente, si tú no hubieras ido, sería yo quien fuera por ella a la terminal con una excusa creíble-

-Jaja, te odio…- Comenzó a carcajear. –Antes mentías mejor Álvaro ¿Qué ocurre?- Se sentó en el sillón despreocupadamente.

-¡Es la verdad idiota!- Me estaba poniendo realmente incómodo.

-Y tampoco te alterabas de esa forma… Pero, gracias.- Concluyó con su análisis así mi persona.

-Lisandro… Como buenos amigos que somos, necesito que me hagas un favor…-

-Por supuesto Álvaro, no podría negarlo.-

-¡Perfecto! ¿Podrías de todo corazón enterrarte bajo tres mil metros de profundidad en la tierra?- Sonreí angelicalmente.

-¡¿De dónde diantres sale tu aura oscura?!-

-¡¿Ahora de qué jodidos hablas?!- Ambos comenzamos a alzar la voz. Lisandro y yo teníamos un carácter bastante fuerte. Uno más infantil que el otro, pero aun así, podíamos defendernos uno del otro.

-¡¿Por qué no aceptas que lo hiciste por mi bien?!-

-¡Te estás volviendo muy arrogante! Ya te dije que no lo hice por ti-

-Ya vas otra vez… ¡Siempre negando que quieres ayudar a alguien más!-

-No voy a discutir contigo algo tan estúpido Lisandro.- Me calmé un poco. Sabía que si continuábamos, tarde o temprano saldrían palabras que nos terminarían lastimando. Si algo aprendí fue reservarme la verdad.

-Vale, pero que te quede claro que para mí, fue un noble gesto de amabilidad de tu parte.-

-Pareces mujer… Siempre buscando sacar pelea.-

-Oye… Si me das cuerda es porque tú también la quieres.-

¿En qué momento pensé que Lisandro sería buen partido para Emilie? Lo peor que pude hacer fue arrepentirme. Yo solo me condené.

-¿De qué tanto discuten?- Antes de poder responderle gravemente, entró Emilie a la habitación.

-No es nada Emi.- Traté de disimular. –Sólo le estaba agradeciendo a Lisandro el hecho de haberte alcanzado en la terminal. – Pude escuchar una carcajada por parte de Lisandro a la hora de oír mis palabras. Lo voy a matar… Algún día lo haré.

-Así es Emilie. Álvaro me estaba platicando acerca de su gran “error” ¡Oh! Y también de cómo fue que lo cometió…-

-¡Ah! Ignóralo Emilie, está delirando…- Lo interrumpí antes de que dijese una tontería. Este idiota podría delatarme con el único propósito de que yo le diera la razón.

Él comenzó a reírse. Maldito bastardo… Por fin tenía con que cobrarse todas las que le había hecho.

-Por cierto Emilie… Me gustaría que tuviéramos una cita.-

-¿Una cita?…-Ella se puso nerviosa ante la inesperada invitación de Lisandro.

-Sí, quiero compartir recuerdos contigo. Además de que necesito enseñarte varias cosas que desconoces.- Le guiñó el ojo derecho. ¡Maldito pervertido! Mira que proponerle algo tan vulgar frente de mí.

-Lisandro… ¿Sobrevivirías de agua y semillas?-Pregunté curioso.

-¿Eh? Supongo que sí… Me aterra la pregunta y no sé si preguntar el porqué de la misma.-

-Digamos que es lo que estoy pensando en darte de comer una vez que te encierre en una jaula.- Agregué calmado.

Emilie soltó una risilla, algo tierna e inocente. Comencé a odiarme por permitir que un lascivo como Lisandro fuese su primer novio. Maldita sea, había sacrificado a mi pequeña prima. Fui un idiota.

-Terminaré de desempacar… Álvaro gracias por aceptar mi inesperada decisión.-

-Para nada, me alegra que no te hayas marchado.-

-Gracias, espero no ser una molestia.- Parecía nerviosa. Toqué sus hombros y le sonreí. El que yo les ayudara a estar juntos, fue porque una parte de mí quería contemplarla siempre. Ahora que lo pienso, fue algo egoísta y cruel, porque de principio sólo pensé en mí. Pero, no importaba. Ya no había nada que remediar.

Ella se marchó dejándome con el burlón de Lisandro. Nunca me había sentido tan chantajeado como en esos momentos. Probablemente era el precio que tenía que pagar por mis arrogancias.

-Álvaro… Necesito preguntarte algo que ha estado rondando en mi cabeza cuando conocí a Valeria.- ¿Por qué justo ahora te mencionaba? No pude evitar sentir un pequeño tirón del pecho. Me puse realmente incómodo y nervioso.

-¿Qué es?- Pregunté un tanto aturdido. No quería más aclaraciones como la de Katherine.

-¿Tú realmente puedes amar?- ¿Y ahora que estaba diciendo? ¿Podrías ser que él se diera cuenta de nuestro pequeño juego?

Estás diciendo estupideces otra vez. No creo que amar sea de poder. Simplemente considero que existen personas que no deben amar porque comenten errores que son irreversibles. Actúan a base de sentimientos y no de razón. Siempre intentando ver el lado positivo a todo, cuando en realidad se han puesto una venda en los ojos para huir de la verdad. No hay personas que odie más que aquellas.-

-Quizás tengas razón… Pero, sin darte cuenta tú cambiaste Álvaro. No solías ser el tipo de persona que prestara atención a una relación. Nunca cuidabas un detalle. Jamás pensabas en la persona. Finalizar una relación para ti era como borrarla del planeta. Me di cuenta de aquel cambio cuando noté tu sonrisa en aquella foto. Era la primera vez en mucho tiempo que la vi de una forma sincera y pura. Además de que en aquel malentendido, fácil pudiste abandonar todo. Pero, te empeñaste en querer aclararle la verdad. Es más, te has exaltado cuando escuchaste su nombre ¿no es así? ¿Acaso sigues pensando en ella? ¿Hasta cuándo abandonaras tu orgullo? ¿Hasta cuándo aceptaras que la amas?-

-Cállate… Yo jamás podría llegar a amarla… Ella está descontrolando mi vida… Siempre en mis pensamientos rondando. Preguntándome siempre qué estará haciendo en estos momentos, con quién está. ¿No te das cuenta que me está molestando?-

-O te está dando lo que has anhelado…-

-¡Ya basta! ¿Qué sabes tú?-

-Estás exaltándote de nuevo. Anteriormente hubieses dicho algo más calmado. No te cabrerías tan rápido. Pero, cuanto más lo niegues, más fuerte se volverá… Álvaro ¿De verdad eres una de esas personas? ¿Tú no deberías amar?- Salió de la habitación dejándome exhorto en mis pensamientos.

-Idiota…-Susurré escuchando el pequeño rechinido de la puerta cerrándose. Aunque odié admitirlo… Tenía razón… Yo estoy cambiando. Te estoy dando más atención de la que mereces… Siempre tratando de estar contigo… Siempre anhelándote… Deseando tenerte… No lo permitiré. Nunca lo aceptaré…

Lisandro y Emilie salieron a su “cita” Estaba un poco furioso con respecto a sus palabras. Quería meditar acerca de mi comportamiento explosivo y atrófico.

¿En qué momento perdí de vista mi objetivo? ¿Podría ser que yo solo perdí control de mis emociones? Aunque el mañana sea incierto para mí… Todavía me queda una carta. La jugaré, apostaré y arriesgaré para poder ganar… confío en que no voy a fallar.

[Ding Dong]

Me sobresalté un poco al oír el timbre de la casa. Ni siquiera tenía tiempo para hacerme una idea de quién podría estar tocando a la puerta.

Me paré un poco molesto del sofá. Necesitaba calmar mis nervios.

-Señor Crowley, menos mal que lo encuentro. Siempre se escabulle muy bien.- Llegó un señor un poco anciano, con un toque elegante y distinguido. Su rostro se notaba algo cansado por el paso del tiempo. Él era el mejor amigo de mi padre y también su abogado.

-Oh… Licenciado Brais. Ha pasado tiempo.- Le estreché la mano. No es como si me hiciera ilusión encontrarme con esta persona.

-Lo mismo digo, mira que grande te has puesto. Cada vez te pareces más a Rafa…- Se detuvo en la última palabra. Como si hubiese tragado saliva, comenzó a ponerse nervioso–Lo siento…-

-Adelante, dígalo. Cada vez me parezco más al egocéntrico de mi padre. El distinguido Rafael Crowley ¿no es así?- Comencé a burlarme.

-Si… Escuche, sé que no desea saber nada del testamento. Pero la empresa necesita un líder… Por eso le pido que lo reconsidere.-

-¿Usted cree que yo necesito algo de ese hombre? No me importa que es lo que haya asentado en aquel papel. Yo nunca esperé nada de él. Además de que, usted licenciado Brais, parece llevar a flote la empresa que tanto amó mi padre. No encuentro la necesidad de buscarme. Y por lo que sé, ninguno de los empleados sabía que el señor Rafael Crowley tuviese un hijo. Pienso que sería sospechoso que de la nada salga un heredero-

-Señor Crowley, su padre realmente confiaba en que tomase su lugar una vez crecido. Él siempre lo presumía como su mayor orgullo, por eso no se preocupe por lo empleados. Es verdad que nunca llegó a presentarlo, pero todas sabían acerca de su esposa… Usted era muy joven como para presentarse. Pero, Rafael siempre vi por usted. Su educación fue formada con alto esmero de su parte.- Terminó su largo argumento.

-Lo entiendo perfectamente… Nunca me vio cómo su hijo, sino como su sucesor ¿Eso es lo que quiere decir señor Brais?- Ni siquiera valía la pena enfadarme. Hace tiempo opté por abandonar aquel sentimiento. –Gracias… Pero. No estoy interesado en cohabitar en el mismo ambiente de esa persona.-

-Señor Crowley…-

-Basta de formalidades. Que yo sepa usted es mayor para mí. Puede llamarme Álvaro. Después de todo, usted fue el amigo de mi padre. No intente cambiar nuestros puestos que me educaron para respetar edad, no nivel de trabajo-

Él sólo suspiró ante mis negaciones.

-Álvaro, ¿no crees que es hora de dejar de guardarle rencor? Él realmente te amaba, sólo que nunca lo expresó abiertamente.- No pude evitar reírme ante su exclamación tan divertida.

-Yo no le guardo rencor, no tengo tiempo para dedicarle tal emoción. –Suspiré agobiado, esta plática no iba a ningún rumbo que me agradase. –Señor Brais, le invito a tomar algo, sería descortés de mi parte que ambos continuemos esta conversación en la entrada de mi condominio.-

-¿Huh? Gracias… Con permiso.- Se adentró a la casa, cargando lo que parecía ser un pesado portafolio.

-Por favor, siéntase como en su hogar.- Le supliqué que se sentara en el sillón de la sala.

-Eres muy amable, muchas gracias.-

-¿Café, té, soda o un poco de alcohol?- Pregunté caminando rumbo a la cocina.

-Es muy tarde para tomar algo caliente, la soda me desagrada y no bebo bebidas alcohólicas desde hace mucho. Agua está bien, por favor.- Pudo ahorrarse todas aquellas explicaciones… Pero, supongo que trataba de rechazar educadamente.

-Aquí tiene.- Le extendí el vaso, sentándome en otro sillón. Esperando a que le diese un sorbo a su bebida.

-Gracias.- Bebió hasta la última gota. Creo que en el fondo sabía que se gastaría su aliento tratando de convencerme, como siempre lo había hecho. –Álvaro… Haciendo de un lado la empresa de tu padre. Quiero aclararte también que tu antigua casa está incluida en el testamento.-

-¿Usted piensa que me agradaría regresar a aquel lugar? No tengo ningún momento agradable el cual merezca la pena recordar de esa prisión.-

-Oh vamos… Allí pasaste tu niñez. Estar solo en este lugar no debe ser grato.- Observó toda mi casa como escaneándola.

-Está equivocado. Si regreso a aquella casa. Probablemente esté aún más solo. Desde aquel accidente de mis padres, por más cruel que suene comencé a estar rodeado de personas. Por eso, no hay ningún objetivo de regresar al pasado Licenciado Brais. Además de que en estos momentos no vivo solo. Comparto está casa con un amigo.-

-¿Un amigo? Interesante, recuerdo que cuando te conocí parecías una persona solitaria y reservada.-

-Eso ha sido grosero, señor Brais. ¿Insinúa que cuando nos presentamos me sentenció para no tener ni un amigo? No soy tan introvertido.- Sonreí un poco. Realmente no estaba ofendido porque yo también llegué a pensar lo mismo.

-No quise decir eso… Me disculpo, si te incomodé.-

-No se preocupe. Su nombre es Lisandro, Lisandro Riveil, lo conocí antes de que me avisaran sobre la muerte de mis padres. Desde ese entonces él ha estado a mi lado. Junto con mi pequeña prima.-

-Espera… ¿Has dicho Riveil?-

-Si… ¿Hay acaso algún problema?- Pregunté mirándolo confuso. Parecía horrorizado y extrañamente perdido en sus pensamientos. -Licenciado Brais. ¿Usted lo conoce?

-No, lo siento. Conozco a su madre… Pero, nunca pensé que ustedes dos se llegarían a encontrar algún día…-

-¿Qué está diciendo? ¿Acaso hay una razón en especial para nunca encontrarnos? El mundo es pequeño.-

-No me digas que tú no…- Pausó nerviosamente. Como si estuviera a punto de decir algo que me estaba ocultando. –Olvídalo… Me he desviado.- Comencé a intrigarme acerca de lo que dijo. Esté señor estaba escondiendo algo que parecía muy importante.

-Ya veo.- Estaba un poco incómodo. El silencio había predominado por unos segundos.

-Cierto… Hablabas acerca de tu prima… No sabía que Rafael tuviese sobrinas.-

-Para nada. Perdí contacto con la familia de mi padre. Mi prima fue sobrina de mi madre. Se llama Emilie Miller.- Le extendí una fotografía de ella para que la pudiese contemplar mejor.

-¿Ah? No puede ser, es toda la imagen viva de tu madre. Tiene un gran parecido con Fernanda. Es como verla, sólo que más joven.-

-Lo mismo pienso yo. ¿Ahora entiende por qué no debo regresar a aquella casa? Si me voy ahora, me quedaré solo.-

-Probablemente tengas razón… Pero, ¿realmente abandonaras todo?-

-No, nunca fue mío. Más bien diría rechazar. No aceptaré tales cosas provenientes de una persona que me explotó de pequeño.-

El licenciado Brais suspiró, resignado. Anteriormente siempre fue así. Yo rechazaba y el regresaba cada 6 meses o quizás más. Me sorprendía siempre su tan ardua insistencia.

-Álvaro… Tu padre realmente quería que lo sucedieras. No había otra cosa que anhelaba más que verte triunfar. Por eso, yo cumpliré con sus peticiones. Por favor reconsidéralo.- Abrió su portafolio y sacó una gran carpeta de color beige con un sobre blanco muy bien sellado. –Toma, puedes leer el testamento. Oh, y está es una carta que Rafael escribió para cuando tú fueses un adulto. Puedes leerla si gustas. No estás obligado.-

Tomé ambos papeles y le agradecí por su entrega. Dudé un poco con respecto a la carta. Podría ser un engaño de su parte para que yo aceptase dirigir la compañía.

-Si no hay nada más que decir, creo que me retiro. Gracias por escucharme. Me ha dado un gusto saber que estás mejor. Adiós.- Se despidió estrechándome nuevamente la mano.

-Que le vaya bien-

Una vez marchado. Exhausto decidí entrar a tirarme sobre mi cama y dormir tranquilamente. Ni siquiera me interesaba la supuesta carta de mi padre. Si para no regresar al pasado tenía que borrar el indicio de este en el presente. Yo debía tirar la carta, pero había decidido guardarla. Quizás algún día la leería. ¿Con qué objetivo? No lo sé, tal vez era un poco curioso.

Recordé entonces acerca de lo que dijo de Lisandro. Nuevamente sentía una inquietud en el fondo. Quería saberlo, pero se había detenido.

Tales pensamientos de nuevo fueron interrumpidos por el sonar del timbre. ¿Ahora quién? Podría ser que el licenciado Brais haya omitido algo y sólo regresaba para decírmelo. Era molesto, pero tenía que atenderlo, después de todo, Isabel y él cuidaron de mí.

-¿Qué ocurre señor Brais?- Pregunté al instante que abrí la puerta. Oí una risilla, algo molesta pero familiar.

-Lo siento Álvaro, creo que no soy el señor Brais.- Sonreíste burlándote un poco acerca de mi suposición.

-Perdón, acabo de tener una visita y pensé que eras él.- No pude evitar observarte. Maldición ¿Por qué cada día que pasaba te veía más hermosa? Tu largo cabello suelto brillándome. Tu leve maquillaje que hacía resaltar tu vista. Tu fragancia que me invitaba a abrazarte. No hay duda alguna. Si no te tengo, te deseo. Así funciona ¿verdad? Igual que un objeto material.

-Por lo que veo, no recibes muchas visitas ¿no es así?- Dijiste dulcemente. O al menos así lo percibí… -Entonces, ¿me vas a dejar entrar o tengo que pedírtelo?- Bromeaste.

-La sutileza nunca fue lo tuyo ¿cierto? Adelante pasa a la cueva del lobo. Claro, si no temes ser mordida.-

-¡¿Qué estás diciendo?!… Idiota.- Comenzaste a ponerte nerviosa y levemente te ruborizaste. –Sin embargo, “el lobo” tiene correa, así que supongo que estaré bien- Volvió tu forma arrogante y pasaste esquivándome.

-No del todo. Puede ser que alguien la haya roto. Después de todo, no era un perro.-

-¿Eh? ¿A qué te refieres? Tú y Katherine…-

-No es nada. Vamos-Te interrumpí y posé mi mano sobre tu espalda guiándote hasta el vestíbulo. –Y bien… ¿A qué has venido?- Pregunté sentándome en el sofá. Tú hiciste lo mismo y me observaste por breves momentos.

-No vine por una razón específica. Sólo quería saludarte.- Lógicamente estabas mintiendo.

-Ya veo. ¿Cómo sigues?- Pregunté recordando tu accidente. No es como si realmente me importara tu salud. Pero, realmente me tenías preocupado.

-Mucho mejor, gracias de nuevo… Escucha Álvaro… Quería disculparme por la actitud tan estúpida de Joel.- Agachaste la mirada avergonzada. ¿Por qué eras así? Siempre culpándote de tales cosas. Quizás esa sea la parte que odié más de ti.

-No me molesta en absoluto. Además de que no tienes por qué disculparte. Tú no eres responsable de nada.-

-Aunque digas eso, realmente prefiero que sea así- Comenzaste a inquietarte jugando con tus manos. -¡Oh! Casi lo olvido. Toma.- Me entregaste una bolsa blanca. –No sabía cómo agradecerte, así que le pedí a mi tía que me ayudara. Sé que no te gustan mucho las cosas dulces, pero me esmeré en hacerlo. Por favor acéptalo.- ¡¿Desde cuándo te habías vuelto tan tierna?! Te odio…

-Gracias. ¿Qué es?-

-Oh… Es pastel de queso con mermelada de zarzamora. Espero que te guste.- Volviste a sonreír. Me sentí un poco cabreado. Sentía que me estabas retando.

-No tenías que hacerlo-

-Por eso es un agradecimiento Álvaro–

-Pensé que sólo venias a saludarme- Sonreí un poco por tu descuidada confesión.

-Si… Pero… Yo…-

-Ni siquiera tienes una excusa. –Me reí un poco ante tus reacciones. ¿Qué ocurría? Estar contigo hacia que mis preocupaciones exteriores desaparecieran.

-Me has atrapado.-Relajaste tus hombros, como con más confianza.

-Entonces supongo que te quedaras a degustar el pastel conmigo.-

-¿Eh?… No. Yo ya me iba.- Comenzaste a arreglar tus cosas de manera apresurada. ¿Qué te ocurría? Pareciera que deseabas irte lo más pronto posible. Como si yo lo fuese a permitir.

-Que cruel, me dejaras solo.-

-¿Lisandro no está contigo?- Preguntaste sorprendida, calmando más tus acciones.

-No, salió a una “cita”-Hice comillas con mis dedos.-con mi prima. Digamos que fue culpa mía que esos dos hayan terminado juntos.- Exhalé agobiado.

-¿Enserio? Quién lo diría. Pareces cupido…-Sonreíste de una forma extravagante y única. Hacía tiempo que no veía tu sonrisa, ni siquiera entablaba una conversación así. Cuando quieres dejas de ser molesta y ruidosa.

-¿De verdad? Entonces, creo que sería conveniente tirarte una flecha.- Volviste a ponerte nerviosa. Que problemático, parecías una niña. Era fácil jugar con tu corazón.

-Por favor, deja de bromear…- Me imploraste con una mirada triste. Aquellos ojos tiernos, fueron como una punzada en mi pecho.

Tenía que cuidarme. Estos pequeños gestos de tu parte me hacían erizarme. Y si las palabras de Lisandro tenían verdad, debía alejarme. Pero eso sería como admitir una derrota, cosa que no aceptaría aunque me la pusieran en charola de plata. Yo todavía no estaba acabado. No mientras tú siguieras prendada de mí. Por tu sonriente rostro me estaba dando cuenta, que aquella herida, la estabas logrando cicatrizar. Entonces permíteme ser de nuevo la infección. Aquel que no te dejé salida, para que el mar te pueda tragar.

-¿Quién está bromeando- Besé tu mejilla. Lo sabía, sigues usando la misma fragancia. Tu piel sigue siendo igual de suave y aún te sonrojas por un gesto tan insignificante. ¿Por qué no había descubierto aquello que me inquietaba? No encontraba aquello que me hacía estremecerme. ¿Quién rayos eras tú para hacerme sentir de esa manera?

-Deberías dejar de hacer eso… Tú tienes a Katherine… ¿Por qué me ilusionas de esa manera?… Que cruel eres…-Comenzaste a sollozar con una voz casi tenue.

-Katherine me terminó. Ella y yo no somos ni amigos Valeria.-

-¿Eh? ¿Te terminó? ¿Por qué haría eso? Quiero decir… Eres amable, gentil, dulce, tierno…-Bajaste el tono de tu voz. En verdad eras un tonta. Mira que catalogarme con esos adjetivos. Eras tan ciega, tan vulnerable. Tanto que me desagradaba esa parte ignorante de ti.

-Valeria, una relación no se basa sólo en la gentiliza de una persona. Se debe demostrar. Supongo que Katherine lo notó. Inconscientemente, hay cosas que mostré del pasado y probablemente la hirieron. Por eso, nuestra relación no llegó a más. Y creo que lo entiendo.-

-Pero…-Toque tu mejilla, tratando de que no dijeras más. No podría inventar otra mentira.

-No pongas esa cara, eres una cría aún.- La apreté sutilmente. –Si quieres consolarme, quédate conmigo a probar tu pastel, después de todo pudiste echarle veneno.-

-¡Eso es mentira! Idiota… Sólo me quedaré para que no digas nada.- Hiciste un puchero y volteaste la mira tratando de parecer molesta.

-Pero serás tú la que lo pruebe primero. De verdad me das desconfianza.- Comencé a gastarte bromas sin sentido. Jugando cual niño travieso. ¿A dónde iría a parar?

-Como si yo pudiera hacer eso. Te odio…-

-Claro que no me odias. Sino no estarías aquí.-

-Cállate… ¡¿Por qué te gusta pelear conmigo?!- Te exaltaste un poco.

-No estoy peleando. La única que está alzando la voz eres tú.-

-Eres un fastidio cuando te lo propones.- Tu rostro molesto, sólo lograba hacer que me diera cuenta de que tan bella eras. Decidí parar con la pequeña riña, de lo contrario, terminaría confundiéndome de nuevo.

-Valeria, ¿Tú eres feliz con Joel?- Aquella pregunta salió inconscientemente. También el sonido melancólico.

-¿Por qué lo dices?… Él y yo terminamos ayer. Me di cuenta de que aún no estoy lista para empezar otra relación con alguien más… Si te soy sincera, mis sentimientos por ti no han cambiado. Soy un desastre ¿no es así? Usando una excusa tan triste para venir verte. Lo siento…- Una parte de mí, se alegró al oír tal afirmación. Estaba emocionado y eso no me agradaba. Me incomodaba, pero me aliviaba.

-Ya veo… Valeria-Llamé tu nombre.

-¿Sí?-Alzaste tu mirada, parecías un poco exaltada.

-¿Entonces no está mal si hago esto de nuevo?- Tomé tu nunca acercando nuestras frentes. Te miré unos segundos y recorrí tus labios con mi pulgar. Tu cristalina mirada era tan embriagante. Cerraste tus ojos, dándome una aprobación de que debería continuar.

Besé frágilmente el borde de los mismos. De nuevo el sabor a fresas… Joder…

CAPITULO 26 …. CONTINUACIÓN

Ambos prolongamos aquel beso. La pasión, el deseo y la ansiedad, estaban revueltos con lo que podría ser la necesidad de buscarnos el uno al otro. Es molesto, es abrumador e irritante, pero sí de ese modo podría tenerte, debía tomar precaución.

De negro tu realidad yo la pienso pintar, por eso no debía correr riesgo. Una caricia o una sola palabra, podría derribar el grueso muro de concreto. ¿Qué lograría con volver a rendirme a tu encanto? ¿Qué conseguiría de un encuentro sexual? Nada… La respuesta era tan clara. No había sentido doble, voltearas como voltearas el asunto, siempre sería así. No había nada que dar ni nada que recibir a cambio. Sólo una farsa y un engaño. Pero eso era inservible, no sólo para mí, sino también para ti.

Siempre he querido decirte una cosa. Una simple y llana pero poderosa palabra. Una que quizás podría hacerme regresar a mis pacíficos días. Aquellos en los que sólo me preocupaba en mis actividades diarias.

-Álvaro… Creo que deberíamos parar…- Sonreí engatusadoramente ante tu suplica. Que linda te veías tratando de detenerme.

-Te dije que tuvieras cuidado… Bajaste la guardia… Demasiado diría yo.- Te recosté en la cama y de nuevo te besé.

Nunca me enamoraré, jamás lo haré. Si te veo solamente como un juego, podré soportar este deseo. Aunque probablemente mi orgullo sea superior a ese amor tan gracioso que tú inventaste.

Lentamente, de una manera delicada, bajé mi mano hacía tu muslo, haciendo que te estremecieras por el contacto. Cada mordida a tus labios hacía que tu cuerpo se calentara. Lo mismo que el roce de nuestras lenguas. Sólo tú lograbas sacar mi perversión, así que debías empezar a aceptar mis reglas. Ninguna chica como tú me atará, recuerda que sólo eras mi presa y nada más. Entre tú y yo no debe existir algo más que no sea físico.

Tomé tu mano y la apreté con la mía. Respiramos en el mismo tiempo, ambos agitados y desesperados. ¿Qué más dará entregarme a ti? No necesito tu amor, solamente eres de una diversión. Cuando menos te des cuenta, pasarás a ser otra más.

Tu mirada de inocencia y depravación a la hora de lamer tu cuello, sólo me excitaba. Si intentabas buscar una salida, temo que las llevabas de perder. Metí mi rodilla entre tus piernas. Quería que memorizaras cada momento, para que así me convirtiera en tu vicio.

Presuroso, retiré mi playera y volví a aprisionarte con mis manos. Tu mirada llorosa, tus mejillas ruborizadas y esa tierna expresión de placer, eran sumamente deseables.

Limpié una descuidada lágrima que salió de tu cristalino parpado. Unos segundos, ambos permanecimos inmóviles ante el encuentro de nuestras miradas. Lo lascivo y lo puro enfrentándose con una cierta desventaja para el último.

Sin despegar mi mirada hacía tu rostro, comencé a desabrochar tu camisa. Cada botón era desesperante, pero también provocador.

Rodeaste mi cuello con tus brazos y rápidamente te alzaste para abrazarme. Estabas un poco agitada y temblando.

-¿Qué ocurre?… ¿Estás bien?- Posé mi palma sobre tu espalda sumergiendo mi cabeza sobre tu cabello.

-Dime… ¿Qué es lo que somos?… Por favor… Explícamelo- Tus palabras parecían pequeños susurros desvaneciéndose en la nada. Si aquello era tu preocupación, no podría evitar sonreír para mis adentros. En un momento como este, se te ocurría decir tal estupidez.

-Sólo pídeme que es lo que quieres que seamos… Y así será- Susurré a tu oreja para después morderla. No permitiría que me desviaras del tema.

Gimoteaste un poco tratando de ocultar tu voz. ¿Por qué lo hacías? Aquello era un estimulante para mí.

Tomé y alcé tu rostro para volver a besar la comisura de tus labios, deseando que sólo así me permitieras continuar con el desbroche de tu prenda. Retiré cuidadoso tu camisa y pude contemplar el diseño de tu sostén… Seguías siendo una niña. Aquel estampado de pingüinos sonrientes lo confirmaba.

-Oye… Son lindos de cierto modo.- Me levanté para reírme un poco. No podía ignorarlo, realmente me hacía gracia. ¿Cómo se supone que debería continuar al ver eso?

-¡Idiota…!-Cubriste tus pechos molesta, pero de una forma sumamente infantil. Estabas realmente sonrojada. Eso me hizo sonreír inconscientemente. Un poco de nostalgia se adentró en mi pecho… ¿Yo estaba extrañando mis momentos a tu lado? No es como si pudiera admitirlo libremente… -¡Deja de reírte es vergonzoso! Si hubiera sabido que tú…- Bajaste el tono de tu voz. Poco a poco iba escuchando tus tonterías una vez más.

-O sea que si supieras que terminaríamos así, ¿te hubieses arreglado para mí?- Sonreí gentilmente.

-¿Eh?… Por… Por supuesto que no. Eso no es lo que quería decir.-Parecías nerviosa e insegura con tus palabras. Suspiré prolongadamente por tu falta de honestidad y por las interrupciones que me estaban irritando.

-Bueno, realmente no importa. Está bien de esa manera, ya que no lo necesitaras ¿cierto?- Me acerqué a tu rostro y besé tu mejilla.

En un movimiento rápido solté el broche de tu sujetador. Diste un pequeño brinco y me abrazaste tímidamente.

-Escucha Valeria, se acabaron las distracciones… Es el momento de decirme si deseas que continúe, porque una vez que empiece, no me detendré.-Volví a ponerme encima de ti.

Me miraste unos segundos con unos tiernos ojos acuosos. Tu mirada era confusa; parecía gritarme que parara pero a la vez me suplicaba que siguiera. ¿Cuál ganaría? Eso lo decidiría tu respuesta.

-Qué cruel eres… Hacerme decir cosas tan indecentes…- Desviaste tu mirada. De verdad eras tan hermosa y delicada.

-Sólo quiero oírlo de tu boca…- Acaricié tu mejilla.

-Yo te quiero, así que… Por favor hazme sentir que me amas, que soy tuya.- Cubriste tu rostro. Esas palabras fueron un golpe muy fuerte para mi ego. Por supuesto que eras mía. De eso no había duda alguna.

-Es una buena afirmación Valeria… Yo también soy sólo tuyo…- Ni siquiera con Katherine me había entregado de esta forma. Tú tenías algo especial, algo único que me volvía loco. Mientras aumentara el palpitar de mi corazón, la adrenalina crecería.

-Álvaro… Te amo.- No me molesta que lo digas, lo que más odio son tus palabras después de todo. Yo realmente no lo entiendo… ¿Qué es el amor? Cada vez sentía mayor impotencia. Ciertamente me horrorizaba cuando perdía mi control a la hora de verte, de sentirte y de tenerte. Por eso, debía convertirme pronto en una adicción para ti.

-Lo sé… Yo también te amo.- Esa frase tan sólo es una mentira cruel. Tu enamoramiento era un error. Sólo sufrirás, como otros sufrieron… Si no estabas preparada para soportarlo, no me importaba continuar. Estoy pensando en ti todos los días… Jamás entenderías esta aberración. Hay tantas cosas que quiero decirte, más prefiero salir sólo vencedor.

Aquel beso apasionado fue únicamente por el momento. Por más dulces y empalagosos que fuesen, los deseaba. Tu voz, tus suspiros, tus lágrimas, tus caricias. Todo de ti…

No existe el amor, al menos entre tú y yo. Así funciona mi mundo. Tú decidiste entrar en él. Intentabas anclarte a mí creyendo que yo sería tu soporte, pero déjame decirte que jamás lo conseguirás conmigo. Y aunque te dieras cuenta, de este vil juego nunca saldrías.

Los sentidos se adormecen, las emociones se desbordan y la conciencia desaparece ante tal acto inmoral. Es molesto que mi cuerpo reaccione y se entregue a ti deliberadamente… Supongo que es parte de la diversión…

Es una y otra vez la misma historia. Es tan divertido utilizarte, atormentarte me extasía. Dañarte debería ser considerado un arte. Me aprovecharé de que sé que me amas para saciarme. Era gracioso que no entendieras que sólo me divertía, pues eso era lo único de ti que yo quería. Soy egoísta, eso lo acepto. Si supieras que sólo deseo salir victorioso. Tenía que manipularte nuevamente, moldearte igual que una arcilla. La razón y el amor. Todo eso me da igual. Yo simplemente tengo pensamientos que me revuelven mi cerebro que tengo que apagar pronto.

Nuestras voces resuenan por toda la habitación, en una curiosa sincronía. Puede que me he estado volviendo gentil. Las cosas más sencillas de la vida, pueden volverse las más poderosas, entonces debería utilizarlas a mi favor.

Agotada ante algo tan vacío como el sexo, te recostaste sobre mi pecho. Estabas un poco agitada y exaltada. Qué triste que llegaras a tu límite. Sabía que no aguantarías más. No importaba, pues no debía ser agresivo. Un pequeño cordero no podría igualar el instinto de caza de un animal salvaje.

Estaba decidido, regresaría a ti. Empezaría de nuevo la historia, pero esta vez no cometería errores de nuevo.

Me paré cuidadosamente quitando tu brazo de mi cuerpo. Dejé que durmieras un poco más. Mira que agotarte tan rápido. Qué divertido.

Fui directo a la regadera para poder limpiar mi cuerpo de esta suciedad. Estas sensaciones tan denigrantes que sólo me hacían perder la razón.

No sabría que excusa poner si Lisandro y Emilie regresaran pronto y te encontraran. Escucharía de nuevo el cuestionamiento de Lisandro y una triste reprimenda. Tenía pronto que relajar mi cuerpo, hacer entrar en razonamiento mi cerebro y por último meditar lo sucedido. Las tonterías que se llaman valores, no estaban siendo aplicados en esos momentos.

Me tranquilicé un poco después de que el agua fría me bañara. Nunca en mi vida llegué a pensar que tú serías mi estimulante para este tipo de cosas.

Regresé a la habitación donde pacíficamente dormías, tan calmada y serena. Cubrí tu cuerpo desnudo con una manta. Era hermoso contemplarlo no lo voy a negar, pero no quería recordar lo que acabábamos de hacer. Con tranquilidad me senté en el borde la cama para poder observar tu rostro dormitar.

Eras tan linda en esos momentos. Tu semblante tranquilo y tu suave suspirar. Tus labios entreabiertos, una expresión tan infantil y pura. Rocé tu mejilla con mi dedos; lenta y paulatinamente. Sabía que no resistiría mucho tiempo, y así fue. Me acerqué a tu rostro y besé tus labios que parecía que me invitaban a degustarlos.

Sorprendido por mi falta de control, me alejé rápidamente. Tu ligero movimiento me exaltó un poco. Besé tu frente y me recosté a tu lado. Abrazándote de una forma en la que rogaba que no se repitiera. Que cálido era tu cuerpo. Tener cerca tu aroma y sentir el palpitar de tu corazón era un problema severo para mí. Sólo por esta vez me rendiría a ti…

Calculo que una hora o quizás menos, permanecimos en esa posición. Despertaste presurosa buscando tu ropa. Contemplé cada acción tuya. Sonreí ante tanta angustia de tu parte.

-Me tía me matará, lo sé.- Eras menos inocente que la última vez, sin embargo no me molestaba.

-Tranquila, siempre puedes llevarte mi ropa…-

-Deja de bromear.- Te sonrojabas por mi tan considerada sugerencia.

-No era una broma.- Aclaré riendo. Sentí una almohada que aventaste en mi cara.

Velozmente te vestiste y medio arreglaste tu cabello.

-Álvaro me tengo que ir… Con respecto a lo que dijiste… Yo…-

Te miré unos segundos, parecías nerviosa. Alcé mi cuerpo de la cama y me acerqué a ti.

-Fui yo quien decidió terminar todo ¿cierto? Y ahora mírame, de nuevo queriendo arreglar las cosas. Fui un idiota Valeria, me dejé llevar por impulsos… Pero, realmente quiero estar contigo otra vez, por favor dame una oportunidad.- Tomé tus manos y las besé.

-Álvaro… No sabes lo feliz que me haces- Sentí tu tierno abrazo.

Conversamos un poco antes de despedirnos en la entrada. Era gracioso, nunca había regresado con mis ex novias. Todas se habían quedado en el olvido.

-Puedo llevarte si gustas.-

-No gracias. Si me tía me ve contigo, sé que me hará muchas cuestiones. No quiero responderlas por ahora. De todas formas, gracias. Eres muy considerado.-

-Entonces ten cuidado… Amor.- Intenté que recordaras nuestros pequeños apodos. Por segundos te sorprendiste y después me sonreíste amablemente.

-Sí… Adiós.- Te alzaste un poco y me besaste rápidamente.

En ese momento escuché el sonido de la puerta abriéndose.

-¡Llegamos!- Gritó Lisandro sonriendo. Seguido de Emilie. Maldición… ¿Por qué en esta situación? –Oh… Disculpen- Se sorprendió un poco por verte de nuevo.

-Ah… Después de mucho tiempo es bueno verte Lisandro.- Sonreíste nerviosamente.

-Lo mismo digo, me sorprende tu visita y también… Ohm… ya sabes… ¿Ustedes dos volvieron?- Se trataba en cada oración.

-Sí.- Intervine en su conversación. Él me observó confundido, y extrañamente sorprendido.

-Ya veo… Me alegro por ustedes.- Volvió su sonrisa.

Emilie parecía no entenderlo muy bien. Supongo que era normal, relación contigo no tenía mucho.

-Tú debes ser Emilie, la prima de Álvaro ¿cierto? Quisiera disculparme contigo, por mi actitud tan estúpida.-

-Me tiene sin cuidado. Descuida, no es la primera vez que me malentienden. Sin rencores.- Te extendió la mano con una grata sonrisa. Ambas sonrieron estrechando sus manos.

-Gracias, bueno me tengo que ir… Fue un placer volver a verlos- Corriste cual niña pequeña hacía la salida. Al cerrarse la puerta sentí la mirada interrogante de Lisandro.

-Me vas a explicar lo ocurrido, tú vienes conmigo.- Me tomó del brazo.

-¿De qué hablas? El único que tiene que interrogarte soy yo. ¿Por qué han tardado tanto?-

-Bueno fuimos a muchos lugares… ¡Espera! No me cambies el tema.-

Emilie sólo se reí ante nuestra pequeña discusión.

-Escuchen, yo tengo que ir a ver a Isa. Dijo que tenía algo importante que decirme. Nos vemos.- Le dio un besó en la mejilla a Lisandro.

-Si, ten cuidado.- Fue correspondida por él. Mi frágil prima… Joder, lo admito eran celos, pero sabía que llegaría el momento en que la vería así. Por un lado me aliviaba el que fuese Lisandro.

-Ahora sí, dime ¿qué ocurrió? – Volvió su interrogante una vez que Emilie se fuese.

-No entiendo por qué debo darte explicaciones.-

-Hace rato, parloteabas acerca de que te molesta y que nunca podrías llegar a amarla, y ahora resulta que han vuelto en una relación. Explícame eso que aún no termino de entenderlo.- Me miró de una manera sería e intimidante.

-Fue simplemente por las jodidas palabras que argumentabas. Me molesté un poco y hablé sin pensarlo. Ella vino y las cosas se dieron por si solas. Deberías alegrarte por mí en vez de cuestionarme.-

-Claro que me alegro, te relajas más cuando estás con ella, pero el que admitas tus sentimientos, me preocupa. Tú sabes que eres muy importante para mí ¿verdad?- Me tocó de los hombros mirándome nostálgicamente.

-Sí, lo sé. No te preocupes, sabes como soy de terco. Así que descuida, estaré bien-

-De acuerdo, confiaré en ti- Volvió a sonreírme.

-A propósito ¿Recuerdas al señor Brais?-

-¿Eh?… Si- Gesticuló una cara de nervio.

-Bueno, llegó hace rato con la misma propuesta absurda del testamente. Pero hubo algo que me intrigó un poco. Mencionó a tu madre y dijo algo acerca de que le sorprendía nuestro encuentro. ¿Sabes a qué se refería con eso?-

-Para nada…- Parecía inseguro con sus palabras. Pronto sentí que se estaba incomodando. Él probablemente estaba ocultándome algo.

-¿De verdad? Porque no lo parece.- Quise presionarlo un poco.

-Álvaro, estoy cansado. Quiero ir a relajarme un poco. Iré a bañarme.- Desvió el tema y pasó esquivándome. Lo sabía, no quería decirme nada.

Traté de olvidar el asunto. Incluso pasó alrededor de dos meses, sin embargo, aquello seguía tan latente. Me intrigaba, quería saberlo… No importaba cuanto tiempo transcurriera, algo de mí hacía que no olvidara. Incluso mis momentos a tu lado, no hacían que lo olvidara.

Una tarde Lisandro me llamó al móvil.

-Están encima del ropero Álvaro.-

-Sí, sí, ya entendí Lisandro. – Subí en un banco y con dificultad debido al celular, bajé una caja marrón.

-Pero espera, es una caja vino- Demasiado tarde me dijo.

-Joder, pudiste haberlo dicho de principio- Volví a subir la caja tratando de tener cuidado. Pero el banco comenzó a tambalear y la caja resbaló de mis manos esparciendo cientos de papeles. -¡Maldita sea!- Exclamé.

-Alva ¿estás bien? Joder macho que golpe más seco.-

– Estoy bien, sólo fue la caja que se cayó, te llamó después que tenga el manuscrito- Le dije a punto de colgar.

-Date prisa por favor- Rogó Lisandro.

-No tengo la culpa que al “escritorcito” se le olvidase su redacción-

-Lo sé, pero de verdad cuento contigo- De la otra línea pude escuchar el sonido para colar. Guardé mi teléfono en el bolsillo de mi pantalón. Con ambas manos bajé la caja vino. No hay duda alguna que se trabaja mejor sin ninguna distracción. Coloqué la caja sobre el escritorio y me dispuse a recoger las hojas esparcidas.

Lisandro tenía un desastre. Ni siquiera me molesté en tratar de ordenarlos. Los fui apilando conforme los alzaba. Madre mía que tenía un lío.

-¡Y la última!- Proclamé victorioso. Algo de aquella hoja llamó mi atención. Tenía mi nombre y el de Lisandro en letras negras y muy notorias. Hay que reconocerlo y más que nada aceptarlo, somos humanos y la curiosidad siempre nos pica. La sostuve con mi mano tratando de que no se doblase.

-Veamos- apunto de leer, fui interrumpido por tu llamada.

-Álvaro, siento llamar tan tarde pero hay algo que debo decirte. ¿Podríamos vernos en dos horas?- Preguntaste insegura y bajando ligeramente el tono de tu voz.

Dudé unos segundos.

-Oh… Claro- respondí.

-Te espero en la plaza- Colgaste rápidamente.

Guarde el móvil en mi bolsillo, ignoré la hoja y la acomodé con sus compañeras. Suspiré y meneé mi cabeza suavemente.

¿De qué querías hablar? Me pregunté. Olvidando aquella curiosidad, tomé la caja vino y cogí las llaves del automóvil.

Una fuerte ventisca entró violentamente por aquella ventana abierta.

-¡Joder!- Exclamé furioso, pues la pila de documentos de nuevo se encontraba en el suelo. Maldecía a Lisandro a cada papel alzado. De nuevo aquella hoja tentaba mi respeto a la privacidad. Decidido a curiosear, la tomé y comencé a leer.

Estimado señor Lisandro Riveil.

Gracias por escoger el laboratorio Unlione para ayudarlo con su análisis de DNA de paternidad, con referencia del número: 2415573

Hemos completado el análisis de un número de regiones específicas de ADN en las muestras que nos ha suministrado. Cada región de ADN específica podría tener cualquier alto número de diferentes combinaciones de secuencias molecular.

Eso significa que es poco probable que cualquiera de los dos extraños recogidos, compartieran la misma combinación de secuencia de ADN en cualquiera de estas regiones específicas. Por lo que es improbable estar al 100%. Sin embargo, esto de descarta que exista la posibilidad de parentesco.

De las siguientes muestras suministradas por la doctora Annie Wray nosotros obtuvimos los siguientes resultados con un 99.9% de precisión.

Esperamos que se comunique con nosotros en caso de que exista alguna duda con respecto al análisis…”

Debajo de esto último, se encontraba una pequeña tabla, en la cual ponía el nombre de Lisandro, seguido de mi nombre y pude leer el resultado de la prueba que decía “Emparejados”… Junto con una palabra que me dejó petrificado… Hermanos.

CONTINUARA ….

 

ABRAHAM ROCHA RDZ

 

Existen personas que no deberian amar… capitulo 23 & 24

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Me pregunté algo respecto con las relaciones humanas. ¿Realmente era necesario que todo ser humano llegase a tener pareja? Era algo complicado entenderlo para mí.

-¿Qué quieres decir Katherine? ¿Acaso hice algo mal?-Pregunté aturdido.

Negó pausadamente con la cabeza. Aquel abrazo se había prolongado aún más. Si pudiese entender sus razones, sus pensamientos o aquello que la había orillado a tal decisión estaría un poco más tranquilo.

-Álvaro… Yo no quiero destruir lo que he formado contigo.- Declaró triste. ¿Qué fue lo que formó conmigo? ¿En qué momento creamos algo juntos? Ella sólo era un distractor, aquel que me ayudaría a no adentrarme dudas.

-Lo lamento, pero no entiendo.- Exclamé confuso.

Ella sonriendo besó sutilmente mi mejilla.

-Recuerdos… Recuerdos alegres Álvaro. Yo sé que tú no me amas, nunca lo hiciste. Más sin embargo lo fingiste y por absurdo que suene, no me molestó. Lograste que yo fuese feliz, no experimenté emociones tristes en ninguno de aquellos días. Por eso antes de que decidas abandonarme, porque sé que pronto no esperaras nada de mí, seré yo la que diga adiós. Cargaré con estas bellas memorias.- Agachó su mirada.

-¿Por qué dices que no te amé?- Traté de disimular mi sorpresa.

-Álvaro, no puedes engañar a alguien que una vez abrió su corazón a otra persona. Conozco muy bien el amor no correspondido. Por eso traté de ser alguien importante para ti. Pero al parecer no lo conseguí.- Frágilmente acarició mis mejillas.

-¿Desde cuándo lo sabes?- La miré seriamente.

-Es bueno saber que ahora no lo niegas. Álvaro yo siempre lo supe. Sin embargo, en ti encontré algo muy diferente. En tu farsa entregas todo ¿no es así? No te importa que tan riesgoso sea, tú lo das todo para que sea creíble. Aquellos recuerdos se formaron a base de mentiras por parte tuya, pero mis sentimientos no fueron falsos. El 50% de aquello se conservara y el otro paulatinamente se borrara.- Terminó de hablar Katherine.

-Debiste abandonarlo desde un principio. Katherine llevamos alrededor de un año, juntos. A estas alturas debiste darte valor antes.- Comenté fríamente.

-Probablemente tengas razón. Pero no era conveniente para ti ¿verdad? ¿Qué papel jugué yo? Sólo dime en que te ayudé. Aunque sea poco, si te serví de algo, estaré bien.-

-¿Ahora qué estás diciendo? ¿Acaso eres tonta? ¿Cómo puedes decir que está bien el ser utilizado? ¿No te das cuenta? No puedo creer que aún pienses en quererme… Eso es algo muy tonto de tu parte…- Me alejé molesto de ella. -Si quieres saberlo… Sólo me serviste de distracción.-

-Lo sabía, fue buena idea dejarlo antes de ser inservible.- Sonrió como si le hubiese dicho una broma tan obvia.

-Es la primera vez que alguien me rechaza…-

-¿De verdad? Eso quiere decir que por lo menos soy especial de cierto modo.- Volvió a sonreír. Parecía feliz a pesar de lo que le había dicho. Me molestaba.

-Escucha Katherine… Hace nada has dicho que te dejé recuerdos hermosos…- Me acerqué nuevamente a ella y la tomé de los hombros. –Si te dejo un recuerdo doloroso ¿Podrías olvidar tus sentimientos por mí?-

-¿Eh? ¿A qué te refieres?- Preguntó sorprendida.

-Si rompo aquella felicidad que juras que un día creé. ¿Podrías seguir amándome? ¿Podrías perdonarme?- Forzadamente la besé. Ella comenzó a forcejear. La encerré entre mis brazos sin dejarle escapatoria. – ¿Piensas aún que soy una persona dulce?- Ella estaba temblando, parecía asustada. –Recuerda que sólo fuiste utilizada…-

-A pesar de lo que digas o hagas… No lo olvidaré. Álvaro… Tú fuiste el único que me enseñó cómo debo amar.- A penas duras agregó.

-A estas alturas ¿Todavía puedes considerarme alguien así? Ni Valeria puede ser tan estúpida.-

-Quizás… Pero… Algún día te daré las gracias por esta experiencia. No volveré a equivocarme nunca más.- Comenzó a lagrimar.

-¡Y es por eso es que jamás aceptaré algo tan enfermizo como el amor!- Exclamé separándome bruscamente de ella.

-Álvaro…-Suspiró levemente. -Sólo ten cuidado cuando intentes recuperarla. El corazón humano es el más débil. Somos frágiles, tan delicados y una vez abierto, todo mundo puedo dañarlo.- Aún con lágrimas en sus ojos, me abrazó tiernamente.

Está chica era muy extraña. Pero… Aquella acción por parte suya me había tranquilizado.

-Ahora ¿qué estás diciendo?… Que problemática eres…-Calmé el tono de mi voz. ¿Qué demonios estaba haciendo? El desesperarme para que me dijera que no me amase había sido algo estúpido. -Katherine… Lo de hace rato… Yo… Yo sólo-

-No digas nada. Está bien, yo sé que no eres esa clase de persona. No llegarías más lejos. Sólo fue para darme un susto y un regaño. No hay problema. – Me interrumpió regalándome una última sonrisa.

-De recuerdos no se vive…- Agregué secamente.

-Pero tampoco moriré de ello.- Fue su respuesta.

La vi marcharse, quizás para jamás regresar. Pude escuchar un sollozo por su parte. Parecía ser que continuó llorando.

Me senté flojamente en el sofá, pensando acerca de mis reacciones. Fui un idiota por haberme exaltado de esa manera. No comprendía sus sentimientos tan obsesivos. Recuerdo que siempre fue así. Mi primera novia hizo lo mismo, aferrarse de una manera compulsiva.

El tener una pareja siempre fue lo que oía anhelar de las personas. Compartir un pedazo de tus pensamientos con alguien más. El amar y ser amado. Tenía que ser un trato justo. De igual valor y significado. Sin embargo, eso era mentira. No todas las personas entregaban el mismo sentimiento. A veces la balanza se inclinaba más a la derecha que a la izquierda y viceversa. Nadie entregaba el 50% y nadie lo recibía. Todos daban la cantidad que pudiesen aguantar, pero nunca eran rellenados para formar el cien por ciento que necesitaban.

Si pusiera el ejemplo de Lisandro, sería más entendible. Él regalaba un 55 por ciento en la relación, o sea que su estatus bajaba a un 45 por ciento. Para poder complementarse, necesita recibir la misma cantidad entregada y de igual manera aquella persona. Así ambos se complementarían. Pero nunca fue así. Lisandro obtenía 35 o incluso el 20 por ciento del afecto. O a veces, recibía más del que podía controlar. Quizás un 60 o incluso 75. Eso hacía que hubiese un desequilibrio y que pronto la relación se esfumase.

Yo consideraba aquello tan innecesario. Era como apostar en un juego al azar. No tenías idea en que momento perderías o en cual ganarías. Tu único conocimiento y estrategia, era confiar. Confiar en la persona que amabas, que querías, por la cual siempre suspirabas.

Isabel me agobiaba siempre con sus preguntas acerca de mis relaciones amorosas.

-No te hagas ideas absurdas Isa. Yo nunca he tenido novia.- Eran mis respuestas ante tales interrogaciones.

-¿Por qué no? Álvaro ya estás en edad de tener una. Oh vamos, yo sé que hay una chica que te debe interesar.

-No, no existe.-

-Por lo menos intenta buscarla.- Me rogaba siempre. –Quizás no ha llegado la indicada, pero algún día te enamoraras.- ¿Algún día? Ella estaba insinuando que siempre en la vida de un ser humano, debía existir aquella emoción, aquella sensación tan hechizante.

Mi primer beso había sido robado. Es gracioso proviniendo de un hombre. De cierto modo fui abusado. Recuerdo que ocurrió en secundaria. Las amigas de aquella chica me habían acorralado diciéndome que ella tenía algo importante que decirme.

-Álvaro espera, Leslie tiene algo que contarte, espérala ¿quieres?- Decían agarrándome dos chicas de los brazos. Era muy obvio saber el motivo. Una declaración que por supuesto declinaría. Pero en ese momento, prácticamente estaba prisionero.

-Los dejamos.- Corrieron soltando unas risillas algo molestas. Leslie parecía nerviosa. Su largo cabello rubio rojizo caía en risos. Sus tiernos ojos verdes se desviaban de mi mirada.

-Álvaro, lamento que mis amigas te hayan hecho esperarme.- Sonreía tímidamente.

-Descuida, no me importa. Y bien… ¿Qué es lo que tenías que decirme?- Pregunté un poco agobiado.

-Bueno… Hemos sido compañeros por tres años y te considero un buen amigo. Hemos compartido muchas cosas ambos, así que supongo que es normal que mis sentimientos hayan fluido por ti…- ¿Buenos amigos? Ni siquiera entablábamos una conversación estable. Las únicas veces que lo hacíamos era por trabajos en equipo.

-¿Y qué sentimientos son esos?- Pregunté como si no supiese la respuesta.

-Yo… Te quiero… Quiero que los dos seamos…-

-Jamás pasara.- Le dije fríamente. Ella me miró sorprendida. Como si nunca esperara que la rechazara. –Lo siento, pero si sólo es eso, me tengo que ir. Tengo cosas más importantes que hacer. Así que adiós.-Apunto de marcharme, ella me tomó de la camisa del uniforme y me inclinó a su altura. Lentamente sus labios tocaron los míos, y de una manera algo lenta, se unieron más estrechamente. La sensación era nueva y no puede evitar sentir un hormigueo.

Por breves segundos permanecimos de esa manera. Escuché unos gritos provenientes de sus amigas que habían estado observando el momento.

-Lo siento… Pero, no lo acepto.- Exclamó arrogantemente. La miré desafiante. Comencé a repudiarla por aquella acción.

-Entonces espera lo peor.- Le entregué no sólo mi primer beso, sino también el segundo.

Tomé su barbilla y rocé sutilmente la comisura de sus labios. Por lo menos disiparía las dudas de Isa.

Mi primera novia, Leslie, me entregó alrededor del 65 por ciento de su amor. Yo sólo le obsequié un 10 o quizás menos. Su amor se desbordó de mis manos. Tanto que me agobié… Era molesto y abrumador. No era paciente, no era calmado y me incomodaba demasiado. Me sentía encadenado. Es gracioso. Yo era un adolescente que ya sentí la presión de un matrimonio…

-Álvaro ¿quién era ella? Me molesta que quiera estar siempre contigo.- Farfullaba enojada.

-No tengo ni la menor idea. Conoce mi nombre y hemos hablado un par de veces. Pero ni siquiera sé quién es.- Si hubiese querido mentirle, habría sido mucho más ingenioso. Aquello era la verdad. Sin embargo, cuando trató de sincerarme, pareciese que soy un mentiroso.  

-¡¿Crees que soy idiota?!- Gritaba en un tono agudo.

-Ahora lo creo… Te estoy diciendo claramente que no conozco a la chica.-

-Imbécil… ¡Te odio!- Salió corriendo del aula, llorando.

-Álvaro, debiste ser más sutil- Suspiró Lisandro.

-Tú deberías ser menos curioso.-Le regañaba siempre.

-Lo que digas… ¿Iras por ella?-

-No. No pienso continuar con alguien así.- Aclaré fríamente.

-Eso es cruel de tu parte. Por lo menos intenta terminar como es debido Álvaro.-

-Creo que no podre, terminaré abofeteado si voy ahora. Por eso esperaré a que se relaje.-

Lisandro sólo se rió y me dio palmaditas en mi espalda.

-El problemático eres tú- Agregó sonriendo.

Quizás eso podría ser cierto. Pronto me di cuenta de que nunca podría estar con una persona… No, no lo lograría, en primera porque siempre fui una persona que prefirió la soledad. Segundo, sólo pienso en mí. El amor es una de tantas fuerzas que desconocemos, no se puede decir que es buena o mala. Soy un egoísta. Si dejo entrar a alguien en mí ser, a mi corazón, a mi alma, cuando decida irse sentiré un profundo vacío, y una vez más sólo estaré preocupado por mí. Hay veces en que deseo que nadie se vaya de mi lado. Estoy rodeado de personas e incremento cosas sin sentido. Una vez que se vuelva invaluable, sé lo que se siente perderlo. Sufrí una vez aquello, por eso, no quiero volver a sentir algo tan atajante.

Aquellos pensamientos tan abrumadores que me hacían preocuparme debido a la rutina que lleva el ser humano con aquellos algoritmos de nacer, crecer, reproducirse y morir; pronto decidí olvidarlos. Me atormentaban, me molestaban. Hasta que un día me pregunté ¿Realmente necesito una pareja? ¿Realmente necesitamos nuestra “media naranja”? O quizás sólo lo hacemos para rellenar la soledad que sentimos… Pero, si me gusta estar solo ¿No sería algo tonto buscar el amor de mi vida? ¡Patrañas! Yo no tengo tiempo para amar a otro humano”

Aquel recuerdo se había convertido en una decisión importante en mi vida. Yo no necesitaba amor… No necesitaba a alguien a mi lado. Sólo me sería un estorbo.

Subí a la terraza, por lo menos para enfriar mi cabeza. Había sido un idiota y aun así ella siguió sonriendo.

-¡Te encontré!- Exclamó Emilie llegando por detrás y tapándome los parpados.

Retiré sus brazos con una sonrisa y me abracé con ellos.

-Nunca fui bueno en las escondidas Emilie.- Ella sólo rió ante mi comentario. Estar con ella me relajaba, me tranquilizaba y me hacía sentir mejor su compañía.

-Lisandro te estaba buscando. Deberías ir a verle.- Se sentó a mi lado.

-Te doy todo lo que quieras si prometes no decirle donde estoy- Le jalé la mejilla como haciendo un complot.

-¿Qué dices? Sabes que te delataría a pesar de eso.- Me revolvió el cabello.

-Que cruel eres Emilie, mira que tu pobre primo está triste-

-Oh vamos Álvaro, sabes que eres mi primo preferido.-

-Soy tu único primo, querida- Ambos carcajeamos. Si Emilie no hubiese llegado creo que estaría más inquieto. Puede ser que ella sea la única persona con quien no tengo que fingir.

-Lo sé, por eso no debes enfadarte conmigo- Sonrió tiernamente.

-Nunca lo haría.- Así es, jamás podría enojarme con ella. Ella nunca sería una molestia para mí. Aunque no pueda expresarle lo que siento, Emilie siempre será como una pequeña hermana para mí. –Emi… ¿Tú crees que soy un idiota?- Pregunté recordando el amargo momento de hace rato.

-¿Eh? Para nada, eres una persona que admiro mucho. ¿Cómo podrías serlo?-

-Lo dices porque somos familia.-Reí un poco.

-No, jamás haría eso. ¿Por qué la pregunta? ¿Va todo bien Álvaro?-

-Katherine y yo terminamos la relación… Pero creo que el único responsable fui yo.-

-¿Lo dices enserio?… Lo siento Álvaro, no sé qué decirte. Yo no comprendo del todo eso…-Su rostro parecía disculparse conmigo.

-Está bien… ¿Crees que hice algo mal?-

-No. Tú eras muy tierno con ella, eras amable y cariñoso. Me ha caído de sorpresa lo que me has dicho. Pensé que ustedes eran el uno para el otro…- Parecía triste. Es cierto que Katherine y ella formaron una amistad.

-Eso es mentira Emilie… Nunca fui honesto con ella.-

Emilie permaneció en silencio. Frágilmente tomó mi mano y la estrechó con la suya. Sólo ella entendía en que momento las palabras no servirían conmigo.

Por un breve silencio ambos contemplamos las estrellas en aquella noche. Era de cierta forma tranquilizador y pacífico.

-Emilie… Está bien si aún decides irte- Con ella no debía ser egoísta, aunque en el fondo sufriese por ello. No debía herir lo más importante que tenía. Su afecto, su cariño, su alegría que compartía conmigo era irremplazable. Era única y sincera. –Estaré bien- Sutilmente la abracé. Su fragancia penetró mi ser. Ella era frágil, por eso, no debía tenerla por mucho tiempo, de lo contrario terminaría rompiéndola.

-…Gracias.- Débilmente dijo. Sentí unas cuantas lágrimas rodar en mis hombros. Me molestaba no saber la razón de su tristeza. Tenía una vaga idea, pero no podía afirmar que en realidad eso fuese. Me odié en aquellos momentos. Yo era dependiente de ella, Emilie siempre me sacaba de apuros y nervios que me ponían en duda, pero, yo no podía ni siquiera darle unas cuantas palabras de consuelo.

Contemplé toda la noche a Emilie arreglando sus maletas. Pronto su cuarto parecía vacío. Su aroma sería lo único que se quedaría en aquella habitación.

Lisandro había salido, ante la noticia de su partida, sólo dijo que tenía algo pendiente que hacer y por lo tanto la despediría en la mañana. Emilie simplemente agachó su cabeza y le regaló una sonrisa. Estaba molesto con él, sus palabras tan frías con ella sólo la herían.

Llamó a sus padres, dándoles la noticia de su repentina decisión. Escuché atentamente cada una de sus palabras. Ante mis oídos, todas ellas eran falsas.

Una vez alistado todas sus cosas, se sentó en la cama. Aliviada y un poco exhausta se recostó.

-Lo bueno es que eres ordenada, sería más trabajo si no lo fueses.- Me senté en la silla de su escritorio. -¿Qué harás con tus estudios?-

-Bueno, por fin terminé el año en Galo. Supongo que lo más factible para mi sería transferirme aprovechando el lapso de las vacaciones.- Comentó abrazando su almohada.

-Me estaba acostumbrando a tus desayunos Emi… Los extrañaré incluso más que a ti- Bromeé un poco con ella.

-Eres un tonto-Comenzó a reírse. No podía dejar que se fuera con recuerdos tristes o desagradables.

-Sólo perdona al idiota de tu primo y promete que vendrás a visitarlo.- Sonreí.

-¡Es una promesa!- Corrió a abrazarme. Demonios… De verdad la extrañaría demasiado…

Isabel casi me fulmina cuando se enteró de la noticia. Me culpaba de no haberle detenido o por lo menos haberlo intentado. Quería rogarle que se quedara. Pero eso ya no dependía de mí. No, no dependía de mí, sino de él…

-Adiós Emilie. Cuídate mucho pequeña.- Se despidió Lisandro con una ardua sonrisa.

-¡Si! Adiós, gracias por las molestias que pude causarte.- Le devolvió el gesto. Parecía alegre, me dolía ver que estaba fingiendo. Ella no era ese tipo de persona.

-Emilie… Te voy a extrañar. No es divertido ir de compras con Álvaro.- Dijo Isabel haciendo pucheritos.

-Lo siento Isa. Vendré de visita y juntas vaciaremos los centros comerciales. Por supuesto si prometes no mostrar mi lencería- Comenzó a ponerse colorada.

Isabel rió por su comentario y afirmó con su cabeza. Emilie compartió la misma reacción.

-Emi, cuídate mucho.- La abracé por un largo tiempo. El decirle adiós nunca me fue muy sencillo y mucho menos ahora.

-Lo haré…- Correspondió a mi abrazo.

Ella caminó hasta la entrada de la terminal, no sin antes voltear y agitar su mano despidiéndose.

Lisandro había permanecido callado con una mirada sería. Él tampoco era de esa manera… Ambos eran unos mentirosos… Tan falsos con sus sentimientos.

Al llegar a casa, él seguía de la misma manera. Se sentó en el sillón y sacó su manuscrito para revisarlo. Él había decidido continuar con su rutina, como si realmente no le importase la partida de Emilie.

-Lisandro… ¿Acaso eres un idiota?-

-¿Eh? ¿De qué hablas Álvaro? ¿Hice algo mal ahora?- Preguntó sorprendido.

-Siempre decías lo importante que ella era para ti… Siempre diciéndole que la amabas… Siempre actuando de una manera tan amable… Y ahora que se ha ido, parece ser que te importa un cacahuate.-

-Álvaro…-Pausó unos momentos. -¿Qué podíamos hacer? Era su decisión después de todo.- Agregó melancólicamente.

-Ni se te ocurra hacerme sentir como un egoísta Lisandro. En el fondo sé que tú también lo eres… ¿Por qué no eres sincero?-

-Estas delirando. Sé que es difícil decirle adiós, pero cálmate, no es como si nunca la volverás a ver. Por eso…-

-La amas ¿no es así?- Interrumpí sus conclusiones agobiantes.

-…Te digo que te calmes…- Intentaba desviar el tema. -Álvaro, no te hagas ideas equivocadas… Yo no… No podría… No debo- Parecía triste. Lo sabía… Estaba enamorado de ella.

-Su autobús salé a las 4, si te apresuras podrás alcanzarla.-

-No… No iré. Alva, sé que la lastimaré. No deberías darme la oportunidad de ir. Ella es muy preciada no sólo por ti, sino también por mí. Si la lastimó, jamás me lo perdonaría.- Su voz parecía quebrada.

Di un suspiro profundamente largo.

-¿Desde cuándo es el sentimiento?- Pregunté algo molesto.

-Desde que la conocí… El día en que terminé con Carolina, ella logró que yo la olvidara de una manera rápida. Por eso, puede que ocurra lo mismo con Emilie… Temó olvidarla como lo hice con Carolina.-

No pude evitar carcajear ante su respuesta. Él sorprendido me miró.

-Sabía que eras idiota, pero no sabía que eras tanto. Me ofende tu afirmación. Emilie no es fácil de olvidar… No la compares con otras personas Lisandro. ¿Cuántas novias tuviste después de Carolina?-

-¿Eh?… Cuatro- Aclaró mi pregunta.

-¿Y olvidaste con una de ellas a Emilie?-

-¡Por supuesto que no!- Volví a sonreír ante su exclamación.

-Y es por eso que los escritores son los peores amantes, el estar siempre inventado hace que se imaginen un desenlace en su vida y creen una historia a base de suposiciones. Emilie no es uno de tus personajes Lisandro. No te hagas conclusiones rápidas. No quieras inventar un futuro como el de tus novelas. No lo conseguirás.-

-…Lo siento, pero…-

-Por última vez… ¡Ve por ella jodido escritor de pacotilla!-

-Álvaro…-

-Perderás tu oportunidad y todo por una presunción.-

Él me miró por segundos sorprendidos, como si nunca hubiese esperado esa reacción por parte mía. Me sonrió y se levantó del sofá.

-Gracias…- Dijo tocándome el hombro. Nunca en mi vida, creí decir aquellas palabras.

-Una cosa más…- Le detuve antes de que se marchara. Con un poco de fuerza, le solté un puñetazo en la cara.

-¡¿Eso por qué fue?!- Gritó un poco molesto.

-¡¿Todavía te atreves a preguntarme?! Fue por no decirle nada a tu mejor amigo… idiota.-

– Me alegra que lo seas- Volvió a sonreírme.

-Escucha Lisandro, confió en que la querrás siempre… Por eso, me alegra que estés enamorado de ella.-

-Álvaro… Oír eso de tus palabras me es grato. Así que ¿qué clase de amigo sería si no cuido tu confianza? Gracias… Gracias por hacerme ver mi error- Corrió pasando por mi lado. Está persona y Emilie… Eran muy importantes para mí. Deseaba verlas felices… Aunque yo no entendiese del todo ese sentimiento.

-¡Hey! Lisandro… Ni se te ocurra volver sin ella… Flores servirán mientras seas honesto con tus sentimientos. Créeme que serás correspondido-

-Gracias por el consejo… Oye Álvaro, tú también deberías ser honesto, pero contigo.-

-¿Oh?- Antes de por decir algo ante su comentario, él ya se había marchado rumbo a la estación donde Emilie probablemente esperaba paciente su transporte…

CAPITULO 24… CONTINUACIÓN

-Por última vez… ¡Ve por ella jodido escritor de pacotilla!- Escuché sus palabras tan seguras. ¿En qué momento se dio cuenta de mis sentimientos?… Él realmente estaba ayudándome con ella.

-Álvaro…- No sabía qué decirle. Estaba anonado, confuso y un tanto triste.

-Perderás tu oportunidad y todo por una presunción.- ¿Presunción? Me había descubierto… Álvaro había descubierto la triste mascara forjada a base de engaños y negaciones. Intenté ocultarlo… Pero, él lo notó.

-Gracias…- Dije tocándolo del hombro. Este gesto de su parte nunca lo olvidaría.

-Una cosa más…- Me detuvo antes de que me marchara. Sentí un fuerte golpe en mi pómulo. Maldita sea… ¡¿Dónde demonios esconde esa fuerza?!

-¡¿Eso por qué fue?!- Grité molesto por su acción.

-¡¿Todavía te atreves a preguntarme?! Fue por no decirle nada a tu mejor amigo… Idiota.- Vaya sorpresa… Realmente él es un tonto… Pero, tiene razón. No debí ocultarle a mi mejor amigo lo que sentía. Soy una de los pocas personas a las que Álvaro le ha abierto su verdadero ser… No fue justo el que yo le mintiera.

– Me alegra que lo seas- Le sonreí. Le agradecía su amistad, que por lo menos antes mis ojos era sincera.

-Escucha Lisandro, confió en que la querrás siempre… Por eso, me alegra que estés enamorado de ella.- Me sentí aliviado ante aquella afirmación. Y pensar que me odiaría por eso… Creo que esta debe ser una lección para mí… El querer esperar lo que no piensan las personas, es como querer predecir el futuro. Álvaro tenía razón, eso era imposible.

-Álvaro… Oír eso de tus palabras me es grato. Así que ¿qué clase de amigo sería si no cuido tu confianza? Gracias… Gracias por hacerme ver mi error- Corrí pasando por su lado.

-¡Hey! Lisandro… Ni se te ocurra volver sin ella… Flores servirán mientras seas honesto con tus sentimientos. Créeme que serás correspondido-

-Gracias por el consejo…-Estaba feliz ante su sugerencia. Él realmente aprobaba que yo tuviese una relación con ella. -Oye Álvaro, tú también deberías ser honesto, pero contigo.- Agregué antes de marcharme.

Él es una persona que ha creado una barrera a su alrededor… Y por más gracioso que suene. Siempre ha de tener conflictos consigo mismo. Sobre todo con sentimientos que no comprende, e intenta engañarse negándolos. Está equivocado, igual que lo estuve yo… Por eso, si logró ayudarlo sería como pagar toda mi gratitud.

Llegué deprisa a la terminal, rogando que Emilie no hubiese subido a aquel autobús. Aunque si lo hubiese hecho, no me sorprendería que yo decidiera comprar un boleto para alcanzarla en su parada, porque ya no quería negar lo que sentía por ella. Es cierto que me dije que no me importaba verla feliz con alguien más, pero ahora que lo pienso. Siempre alejé a sus pretendientes, sin darme cuenta yo mismo me contradecía y me ignoraba.

Entre la multitud, mi desesperación sólo iba en aumento. ¿Qué debía hacer? Su frágil rostro no entraba en mi ángulo de visión.

-Disculpe señorita… ¿Ya ha salido el autobús de las 4?- Me acerqué a la recepción.

-Oh… Déjeme contactar con el conductor, creo que hubo en pequeño retraso.- Comenzó a marcar en un teléfono negro. Miré el reloj… ¡Maldición! Había pasado un cuarto de hora, era imposible que aquel transporte siguiese aquí. –Señor, el autobús con destino a Madison ya se ha ido ¿Ha perdido el transporte? –Agregó apunto de hacer un reporte.

-No… Pero… ¡Espere! ¡¿Ha dicho Madison?!- Ese no era el lugar donde vivía Emilie. -¡¿Acaso la ruta no era a Danville?! Por favor dígame que se ha equivocado…-

-Para nada. Quizás usted se ha confundido de hora… Aunque por el momento no tenemos salidas hacía Danville… ¿Acaso hay un problema?- Me quedé atónito. Emilie iba hacía un rumbo equivocado. -¿Señor? ¿Va todo bien?- Escuché preguntar a la recepcionista un poco preocupada.

-¿A qué hora sale el siguiente autobús a Madison?- Salí de mi mar de pensamientos. Tenía que alcanzarla, ella ya no era una niña como para sentir miedo, de seguro encontraría como regresar. Pero… No quería dejarla sola, ya no más.

-Déjeme revisar… Ohm… El próximo es a las 4:50-

-Perfecto. Necesitare uno.-

-¿Lisandro?-Oí su tierna voz llamar mi nombre.

-Emilie… ¡Emilie!- La tomé de los hombros y delicadamente la abracé.

-¿Huh? ¿Qué ocurre Lisandro? Estás actuando raro…- Dijo sonriendo y dándome unas cuantas palmaditas en mi espalda.

-Emilie… Tú… Pensé que habías tomado el autobús equivocado.- Estaba un poco confundido.

-Jeje, de hecho si lo hice. Pero, cuando llamaron para abordar, me di cuenta que no era mi destino. Me sorprende que Álvaro se haya confundido, él no suele ser ese tipo de persona… Quizás algo le preocupó y por eso se ha equivocado. Menos mal que has llegado. Estoy feliz- Rió dulcemente.

Escuché atentamente cada una de sus palabras. Maldito Álvaro… Él había planeado todo. Emilie tenía razón, él no era la clase de persona que confunde este tipo de cosas, y menos tratándose de ella. Sonreí ante tal acción por parte suya. Siempre haciendo cosas sin sentido… Siempre ayudando a los demás sin darse cuenta… Que tonto es.

-Señor… ¿Va a querer el boleto?- Preguntó la recepcionista rompiendo mis pensamientos.

-¿Boleto? ¿Qué boleto?- Emilie parecía curiosa y preocupada.

-No gracias… Sólo ha sido un error. –Me dirigí hacia la recepcionista. –Lo siento Emilie… Es sólo un malentendido.- Intenté disimular, me había puesto nervioso… Y vaya que demasiado.

-Tú… ¿Tú ibas a comprar un boleto hacía el lugar donde me dirigía por error?- Gesticuló una mueca de sorpresa.

-Sí…-

-¿Sabías que me equivocaría de autobús?-

-No… Es sólo que… Pregunté acerca de tu salida y me di cuenta que era el equivocado.-Me enredaba con mis palabras.

-Pero… ¿Qué es lo que hacías aquí?- Noté que sus manos comenzaron a temblar. Sus ojos se tornaron un poco rojos y acuosos.

-Bueno… Veras… Yo sólo…-No sabía cómo o qué decir.

-No lo entiendo… Siempre rescatándome de situaciones como esta…Siempre estás cuando te necesito y cuando me doy cuenta, ya me has salvado, pero… ¡¿Por qué no lo entiendo?! ¿Podría ser que soy muy tonta? Estoy feliz, sin embargo… Duele… Me duele el no poder hacer lo mismo… Lisandro, lo siento. Soy de lo peor.- Quebró en llanto.

-Te equivocas…- Limpié las lágrimas de sus parpados. Con ambas manos tomé sus mejillas. –Tú siempre has sido mi salvación… El cruel soy yo Emilie… No darme cuenta de tus sentimientos fue lo peor que pude haberte hecho.-Rodeé su cuerpo en mis brazos.

-¿Eh? ¿De qué hablas? Yo nunca…-

-Te amo…-

-Lisandro… Detente…- Sentí su cuerpo a punto de despegarse del mío.

-Te amo… Desde que nos conocimos- La jalé de nuevo.

-¡Ya basta!- Se separó bruscamente. –No necesito tu lastima… No quiero que lo hagas porque te sientas comprometido… Deja de jugar conmigo de esa manera… Por favor.- Volvió a llorar, pero esta vez de una manera silenciosa.

En ese momento, comprendí las palabras de Álvaro. Siempre traté de no lastimarla, pero sin darme cuenta, poco a poco la herí. Fui un ciego y un idiota. Ignoré por completo los sentimientos que por mis acciones sin cuidado se habían formado. La hice sentir de esa manera… Tantas veces jurando que la protegería… Sólo ese día me di cuenta de mi gran error. Después de todo… Él tenía razón, fui un egoísta.

-No es lastima…- En otros momentos, me hubiese alejado. Pero, esperé tanto tiempo y una vez que hubiese desbordado lo que sentía por ella, sabía que no se detendría.

Sentí mi corazón acelerarse. Rogaba que no me odiase o rechazara después de lo que estaba a punto de hacer.

Pausadamente, tratando de no lastimarla. Besé por primera vez, aquellos labios entreabiertos que tanto deseaba. ¿Dónde quedó el Lisandro que había prometido jamás tenerla? No lo sé… Pero, me alegraba no encontrarlo.

Después de tanto tiempo, de nuevo sentí aquella emoción vibrante. Me sentía nervioso y extrañamente emocionado.

Al abrir mis ojos contemplé su rostro. Ella tenía sus parpados cerrados. No parecía tener una cara de disgusto. Estaba ruborizada y pude sentir el palpitar de su corazón. No quería separarme de ella, pero, no me podría controlar si seguía.

-¿Por qué lo hiciste?- Apartó su rostro con las mejillas rojas.

-Te dije que te amaba… No es mentira. Creí que volver a amar sería imposible. Me asustaba el hecho de aferrarme a un único amor. Tenía miedo de olvidar… De no volver a emocionarme de esa manera que me costó encontrar… Pero, tú apareciste en mi vida. Tu amabilidad, tu gentiliza y tu forma de hablar paralizaron aquellos sentimientos. Por eso, perdóname.- Ella me observó extrañamente… Creo que podría haber muerto, me sentía inquieto ante su próxima respuesta. ¿Qué es lo que me diría? Estaba aterrado.

-Lisandro… Gracias.- Me abrazó sutilmente. –Gracias por dejarme ver de nuevo aquella persona oculta. –Sonrió. -Escucha… Nadie te criticara si te emocionas por algo, o si ríes con todo tu corazón. No temas a una falsa soledad… Yo haré todo lo posible para no verte sufrir, porque yo… ¡Te amo!- Comenzó a temblar un poco.

Emilie era mi ángel… Mi amada… A la cual intenté olvidar muchas veces… Aunque en el fondo sabía que sería imposible. Noté su tierna sonrisa con unas cuantas lágrimas.

-Emilie… Jamás temeré si permaneces a mi lado. Debes saber que soy problemático, celoso y olvidadizo. Así que si me aceptas de esa manera prepárate para las consecuencias.-

-Sí…- Besó mi mejilla.

Debí alejarme cuando tuve la oportunidad… Ya no había por donde regresar. Debí huir, pero sin querer o quizás sólo un poco, caí al hoyo que tanto temí. Sin embargo el frío lugar que me imaginé, era muy diferente al que siempre creí. Para dejar que mi corazón se emocionara, para reír desde el fondo de él, para encontrar el significado de la vida diaria, el del amor… Yo quería que me dieran permiso…

-Oye… Estoy un poco molesta- Murmuró Emilie.

-¿Oh? ¿Por qué?- Pregunté sorpresivamente. ¿Podría ser que se estuviera arrepintiendo tan pronto?

-Robaste mi primer beso… ¡Me siento rara!- Inocentemente ocultó su rostro.

Está chica… Era demasiado tierna y pura. Que ella dijera eso, me hizo sentirme demasiado alegre. Ser su primera experiencia, ser al primero que le entregase sus labios, me volvería más egoísta. Quería apreciarla por siempre. A mi frágil ángel…

-Entonces te mostraré más cosas…- Le susurré seductoramente.

-¿Qué…? ¡¿Qué estás diciendo?! ¡No quiero saber nada, eres un tonto!- Se ruborizó de una manera única.

-Oye no pongas esa cara… Ya no eres una niña.- Le apreté la mejilla.

-Ahora entiendo a mi primo. Eres demasiado alto…- Sonreí ante su comentario. Aunque parecía molesta, de verdad era hermosa al tratar de parecerlo.

-¿Vamos a casa?- Le extendí mi mano con una sincera sonrisa.

-¿Eh?… ¡Sí!-Volvió su alegre mirada. Y como la primera vez, el contacto con su mano, fue una bendición para mí… Tan cálida, tan suave, tan pequeña y tan frágil.

En aquellos momentos no me importaba perderme de nuevo… Porque sabía que ella me encontraría y sacaría del frío laberinto que yo solo creé…

CONTINUARA …

ABRAHAM ROCHA RDZ

 

Existen personas que no deberian de amar… capitulo 21 & 22

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¿Cuándo será el día que vuelva a mi tranquilidad? Son molestos estos días… Cada uno de ellos, horas y minutos se han vuelto una tortura para mí. ¿La única víctima aquí soy yo? Estúpidos pensamientos débiles… No importaba, te haré pagar por todo Valeria… Cada valioso tiempo pensando en ti sería saldado por una lágrima de dolor. Así que, vuelve a mí…

Seguí esperando sentado en un sillón de la sala de emergencias. ¿Por qué te acompañé ese día? No preguntes… Aún no sé la respuesta.

-¡Álvaro! Macho ¿Cómo está?- Llegó Lisandro junto con Emilie. Los dos parecían preocupados.

-Está en revisión. Parece estar reaccionando bien.- Esas palabras me aliviaban, me tranquilizaban. Pero las odiaba.

-Todo estará bien Alva.- Me dio una palmada ligera en mi hombro y me sonrió calmadamente.

-Gracias Lisandro.-

-¿Acompañantes de la señorita Valeria Hoffman?- Preguntó saliendo del consultorio el doctor.

-Sí…-Contesté un poco débil. Un poco furioso, y confundido. Prácticamente no me había movido desde que te llevaron a ese lugar. Y Joel… Joel se largó a los 15 minutos de tu estadía. Yo debí haber hecho lo mismo, pero… Quería saber que tú estabas a salvo.

-La paciente está mejor, pueden pasar a verla si gustan. Por un momento le ha dado un susto.- Sonrió como si realmente no hubiese ocurrido nada.

-Adelante Alva, nosotros esperaremos.- Dijo Lisandro sentándose con Emilie en el largo sillón.

Abrí la puerta despacio. Entré y te vi… Idiota, no vuelvas a darme sustos así.

Estabas sentada en la camilla, viendo hacía la ventana sonriendo con unas cuantas lágrimas.

-Oh… Álvaro… Pensé que era Joel, ¿dónde está él?- Incluso aún preguntas por él. Que tonta eres.

-No ha regresado desde hace hora y media.- Dije secamente. En mis planes no era entrar y hablar acerca del paradero de tu novio.

-Lo siento… No debí preguntarte eso… Debería darte las gracias ¿verdad?- Sollozaste un poco forzando una sonrisa. –Dime… ¿Hasta cuándo van a continuar estos días de impactarme a mí misma?- Tus tiernos ojos azules me suplicaban una respuesta desesperadamente. ¿Cómo debía dártela si no lo entendía? Ante el silencio producido, cubriste tu rostro tratando de evitar que tus lágrimas resbalaran. ¿Qué debía hacer?…

-Valeria… No puedo salvarte de esta agua.- Limpié tu rostro llevándome cualquier residuo de llanto. Debía alejarme… Simplemente preguntar tu salud, aún cuando aquel doctor me la había dicho. Debí haber huido. Pero… Ya era demasiado tarde, mis brazos rodearon tu cuerpo estrechándolo contra el mío.

-Gracias… Gracias por salvarme.- Correspondiste a aquel abrazo. Tus lágrimas se deslizaban como niños en un tobogán sobre mi playera.

-No, no agradezcas… Si yo hubiese llegado a tiempo, tú no estarías…-

-Estoy feliz.- Me interrumpió apunto de decir algo de lo que quizás me arrepentiría más adelante. –Álvaro, ¿por qué te culpas?- Sonreíste dulcemente.

¿Culparme?… No, jamás haría eso. Nunca, pero…

Me recosté en tu hombro. Tu fragancia, tan suave y embriagante me obligaban a no moverme. Puede percibir el sonido de dos bombeos. Tu corazón latía acelerado y el mío parecía seguirlo. Estos días son los que más odio. Eres la que me está destruyendo… La que me cambia.

Comenzaste a jugar suavemente con mi cabello. Lo enredabas entre tus dedos, peinándolo delicadamente. ¿A dónde fueron aquellos días?

-Álvaro… Siento ser una molestia… Otra vez lo hice ¿no es así? Te separé de Katherine, deberías ir con ella… Yo esperaré a Joel…- ¿Aún deseabas su compañía? De nuevo me estabas rechazando… ¿Quién te creías? Sólo haciéndome enojar, alterando mi paciencia.

-Déjalo…- Fueron palabras autónomas. –Termina con él…-

-¿Eh? ¿Qué estás diciendo?… Álvaro deja de bromear…- Reíste ligeramente.

-No es una broma… No estoy riendo Valeria.- Y eso era lo que me aterraba. Estaba siendo sincero. No quería que estuvieran con ese idiota. Aunque me cueste admitirlo, tú valías mucho… Eres un juguete valioso, no deben compararte con piezas de plástico baratas… Tú eras de la más fina porcelana.

Agachaste la mirada.

-¿Por qué?… ¿Por qué no me dejas avanzar?- Sollozaste de nuevo. –Siempre… Siempre me haces esto… Quiero sacarte de mi corazón, de mis pensamientos. Intentó olvidarte con él…-Quebraste en lo último.- Pero, no puedo. Dijiste que no me podías salvar de las lágrimas… Eso no es verdad, ya lo has hecho.- Sonreíste melancólicamente.

-Valeria… ¿De qué hablas? Yo nunca he…-

-Lo has olvidado…-

“Me encontraba llorando, de nuevo el idiota de mi novio me había engañado, no era la primera vez ni la segunda, eran ya demasiadas. Soy una tonta. Dije entre enojo y tristeza. Las abundantes lágrimas no sedaban, no es como si fueran por él, eran debido a mi idiotez y engaño. Veía pasar a las personas, unas riendo, otras no disimulaban el verme, algunas se burlaban de mí e irónicamente creía que todas eran más felices que yo.

Gemí un momento y volvieron a salir aquellas gotas saladas. Me daba rabia sentir esto, yo no era débil…

Un joven alto se posó frente mío, extendió su mano otorgándome un libro y un pañuelo. Un miedo rodeó mi espalda. Su mirada penetró mis ojos. Parecían desafiarme.

No pude evitar sonrojarme. Era realmente guapo. Su rostro simétrico y su dulce aroma me habían cautivado. Con nerviosismo tomé el libro y el pequeño pedazo de tela. Con mi mano temblorosa limpié torpemente mis párpados. Suspiré prolongadamente evitando el contacto visual pues me intimidaba bastante.

Una mueca de disgusto se le dibujó en el rostro. Se agachó acercándose demasiado a mi cara. Con delicadeza me quitó el pañuelo y sostuvo mi rostro con su otra mano alzándolo sutilmente, que frías eran. Tiernamente limpió mi mejilla y mis pómulos.

-Mira que desastre, tu maquillaje se ha corrido-

Sentí el rostro hervir. Era demasiado vergonzoso.

De nuevo se incorporó de pie y abrió el libro que me había dado.

– No dejes que nadie más las vea… No tienen derecho, nadie. – Se retiró sin decir más.

-Gracias…- agregué tarde.

¿Quién habrá sido? No lo sabía, pero, mi corazón se aceleró y olvidó por momentos la tristeza que sentía. Por su presencia y este dulce detallé olvidé al amor de mi vida

Sólo quería decirle gracias y devolverle el grueso libro. Creí que en jamás lo volvería a ver. Creí que había sido un guardián típico de los libros de fantasía el cual me cuidó por breves segundos.

Suspiré tratando de recordar sus bellos ojos, de recordar su voz. Perdida en mis pensamientos tropecé con un cuerpo duro.

-Lo siento…- dije casi al instante.

-Descuida, fue mi error.- Respondió un joven de buen porte, castaño de ojos azulados.

-De todas maneras lo siento…- Un silencio incómodo se penetró en el ambiente. ¿Qué más tenía que decir ahora?

-Esto… Mi nombre es Valeria- Dije tratando de disimular la tensión.

-Un placer, mi nombre es Samuel- Sonrió de manera seductora.

Observé lo que sujetaba en su mano. Llevaba un libro color marrón. Grande en letras doradas se podía leer el título de “Sadness” era el mismo libro que aquel joven me prestó.

-¡Un ángel!- exclamé sorprendida.

-¿Disculpa?- me miró de manera extraña. Sentí la cara hervir, que estúpida fui.

-No es nada… Jaja… Pensamientos tontos…- Maldición.

-Es gracioso, pensé que hablas leído este libro, en efecto trata acerca de un ángel sufrido de amor. El ángel denominado Sadness, él estaba a cargo de tener al mundo en plena paz. La tierra era muy distinta a como es ahora. Él cuidaba de que todos estuviesen felices, pero este personaje se enamora de una doncella, una simple humana. Tocado por su gran belleza decide descender del cielo para conocerle, la joven era más bella de cerca. Sin embargo ella estaba prendada y cautivada por un demonio. Inmediatamente, llega a la conclusión que aquel vil demonio la ha encantado, pues para él, no hay otra explicación. El ángel intentaba quitar aquel hechizo, pero por alguna razón esté no se iba. Descubre entonces que no existe ninguno. Confundido aún sin entenderlo vuela de regreso a las alturas. Triste sonrió mirando como ella era feliz al lado de aquel ser malignó. Decepcionado decide olvidarla continuando su labor establecida. Tantos años pasados, su corazón aún guardaba aquel pequeño sentimiento. Aunque parecía marchito seguía punzante. Decidió pues observarle de nuevo. Pensó que una mirada no le mataría. Pero por más que su vista buscaba, no podía encontrarla. Desesperado bajó de su blanca nube. Recorrió cada rincón de aquel mundo, su rostro gesticuló una cara de horror a cada paso recorrido. Tanto fue el impacto de no percibir su alma que de repente comenzó a soltar lágrimas, lo cual provocaron que todas las personas que por ahí deambulaban decidieran acercarse. Pero, cuanto más presenciaban aquellas lágrimas que para entonces les eran desconocidas, sus almas comenzaban a caer en depresión. Comenzaron a culparse unos a otros, comenzaron a crear problemas de cualquier situación que había ocurrido, buscaban una excusa para llorar.

La historia terminaba diciendo lo siguiente <Y vagó, vagó buscando a la joven doncella que fue devorada por la soledad, dejó su labor atrás causando sólo tristeza, perdido en la tierra aún espera encontrar a su damisela>- Terminó de hablar Samuel.

Le miré un poco extrañada, parecía que aquella historia realmente le conmovía.

-¡Oh! Disculpa- agregó en tono apenado. -Creo que te estoy incomodando.

-Por el contrario, me ha parecido interesante- Le sonreí.

-¿De verdad lo piensas?- Asombrado preguntó.

-Si.- Contesté de inmediato.

-Me alegra oír eso, no había conocido a una persona interesada en este libro-

Solté una risilla, se veía muy emocionado.

-Sabes, tal vez te llevarías muy bien con la persona que estoy buscando, parece ser que tienen tanto en común-

-¿Es un amigo tuyo?- preguntó sonriendo.

-Digamos que fue mi salvador- agregué apenada.

-Espero lo encuentres, parece ser alguien muy majo.-

-¡Apuesto que sí!- Ambos sonreímos. Comenzamos una amena conversación. Esta persona era muy agradable. Pronto se convirtió en mi mejor amigo con el paso del tiempo.

Aquel joven hizo que me encontrara con él. Era el destino. Me salvó de no convertirme en la damisela de aquella horrible historia. Quería encontrarlo, agradecerle por todo…

-Valeria sigues con eso… Ríndete.- Me decía Samuel una y otra vez.

-¡NO! Sé que lo encontrare algún día. Además…- Tomé el libro que me entregó. Era muy preciado para mí. –Aún tengo que regresarle esto…- Lo abracé melancólicamente.

-Valeria, ¿no crees que deberías ver a otras personas? Aquellas que están cerca de ti…- Se acercó a mí. Su rostro estaba muy junto al mío. Me ruboricé un poco, él siempre era así… No lo entendía… Quizás tenía razón, pero…

[Ring, Ring] Sonó el teléfono de mi casa.

-¡Oh! Lo siento Samuel debo contestar…- Lo aparté y corrí a coger la llamada.

-Cielos… Siempre es lo mismo.- Dijo decepcionado.

-Diga…- Contesté.

-¿Hablo con la señorita Valeria Hoffman?- Preguntaron de la otra línea.

-Sí, soy yo. ¿Qué desea?-

-Habla en asesor educativo de Galo, para informarle la buena noticia. Usted ha ingresado con un puntaje casi perfecto del 95%. Enhorabuena, ya es una estudiante de Galo.-

-¿De verdad? ¡Gracias!- Lo había logrado. Logré entrar a la universidad que mi tía deseaba. No podía estar más que feliz.

Una vez que colgaron, le comenté a Samuel mi logró. Él me abrazó y besó mi mejilla.

-¡Felicidades bajita!-

-No me digas así… Eres un tonto.- Sonreí. Pasar el tiempo con Samuel era muy agradable.

El día por fin había llegado… Conocería mi nuevo instituto. Amigos nuevos, maestros nuevos… Samuel no estaría conmigo, pero había prometido visitarme. Los buenos amigos siempre estarán ahí para ti ¿No es así?

-Mi nombre es Valeria Hoffman, es un placer conocerles, espero llevarme bien con todos ustedes.- Me presenté ante mis nuevos colegas. Al parecer era una tradición de todas las instituciones.

Poco a poco se fueron presentando los demás estudiantes. Todos parecías muy agradables.

-El joven que está leyendo. El ultimo de aquella fila, preséntese por favor.- Dio la orden el profesor Francis.

-Mi nombre es Álvaro Crowley…- Fue todo lo que pude oír. Escuché a varias chicas murmullando que lo guapo que era. Regresé mi mirar hacia él. No lo podía creer… Mi guardián. No había duda… Era él.

¿Tengo que saludarle? ¿Se acordara de mí? Valeria tonta. Me regañé enojada. No pude concentrarme en ninguna clase. Deseaba que la hora del descanso llegara pronto. Que pensamientos tan egoístas tenía.

Sonó el timbre que fue una descarga que aceleró mi corazón. Era mi oportunidad. Tenía una forma de acercarme, llevaba aquel libro. Siempre lo traía conmigo.

-Al tratar de localizarlo lo no lo encontré. Había desaparecido. Cuando pronto noté que en realidad había sido opacado por un grupo de chicas. Después de todo, era lógico que fuera popular entre ellas.

Salí del salón para conocer el instituto, de todas formas no podría acercármele. Tenía mucho tiempo para hacerlo ¡Esto era genial! Él estaba en mi clase… Estaba feliz.

Contemplé la pizarra que había, colgada en una pared del corredor.

-Mira Zully, este chico es un genio. Tuvo el 100% en el examen.-

-¿Enserio? Es sorprendente, pensé que nadie lo sacaba.-

Me acerqué un poco para ver al supuesto genio. Quedé sorprendida cuando leí su nombre en el puesto número 1. Álvaro realmente era grandioso.

Mi nombre se encontraba por debajo de 3 nombres más, pero… Estábamos en la misma pizarra. ¿Por qué me sentía de esa manera? No importaba… Estaba feliz.

Pasó el tiempo y no podía acercarme a Álvaro. La distancia crecía más… Las chicas cada vez lo opacaban más. ¿Qué debí hacer? A este paso, nunca podría entablar una conversación con él. Sentía celos…

-Joven Álvaro ¿de nuevo tarde? Sera sancionado si vuelve a ocurrir- Le repetía el señor Francis.

Pronto lo suspendería… Pues de nuevo no llegaba…

-Rosalía perdóname, voy tarde a la clase de biología.- Escuché su cálida voz.

-No se dará cuenta cielo- Estaba con ella. Rosalía la chica más guapa según ella, de Galo.

-Disculpen- Ambos voltearon a mi dirección. Sentí una escaneada por parte de Rosalía.

-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?- Preguntó molesta. ¿De verdad conoce a todos los del instituto? Sera idiota. Pensé.

-No sé a qué te refieres, yo siempre he asistido a este colegio- Respondí enojada. Miré a Álvaro unos segundos parecía que no le agradaba la presencia de Rosa.. –Él es mi novio, te pido que le sueltes.-

¡¿Qué demonios estaba diciendo?! Álvaro podría negarlo y quedaría como una idiota… Quería que la tierra me tragara.

Rosalía me miró, y se burló.

-Si claro bajita, alguien como él jamás saldría contigo. Tendrás bello rostro, pero date cuenta que es lo que tiene a mi lado.- Demonios, actué sin pensar.

-Basta Rosalía, es verdad ella es mi novia- Álvaro hizo un lado a Rosa y tomó mi mano. Sentí que me desmayaría… Pero no podía, tenía que seguir con la actuación.

-Gracias, hasta ahora me defiendes Álvaro.- Lo abracé sutilmente. Era la primera vez que lo hacía… Creo que iba a morir.

-Dime que esto no es verdad Crowley-Rosalía, me miraba con cierto desprecio.

-Es la verdad- Él correspondió al abrazo. Me estremecí un poco.

Rosa molesta continuó su camino.

-Te debo una- Me sonreí y dejó de abrazar. No quería que el abrazo terminara, así que me aferré a él… Cerré mis ojos esperando un rechazo por parte suya.

Sentí sus manos tomar mi barbilla, y tiernamente besó mi mejilla. No pude evitar sonreírme. Mi guardián estaba conmigo…

-Perdona pequeña, pero llego tarde a una clase, te veré luego- Lo sabía… No me recuerda.

-¿Iras a la clase del señor Francis?- Dije calmadamente siguiendo el ritmo de sus pasos.

-¿Eh?, si así es. ¿Cómo lo sabes?-

-Tenemos el mismo horario Álvaro- Seguí avanzando. Él se detuvo de golpe-¿Qué ocurre?- Pregunté sorprendida.

-Lo siento, no recuerdo haberte visto en las clases.-

. –No destaco mucho.- Le tomé de la mano.

Abrí la puerta del aula. El señor Francis aún no estaba presente.

-Valeria pensé que no regresarías, saliste sin avisar.- Se acercó Carolina una amiga mía.

-Lo siento- Reí disculpándose.

-Bueno eso no importa, pero dime algo, desde cuando te llevas tan bien con el príncipe.- Nos albureó y sonrió pícaramente. No pude evitar sonrojarme y rápidamente solté su mano.

-Lo conocí hoy-

-Disculpa, ¿me llamaste príncipe?- Preguntó ignorando mi torpeza.

-Así es Álvaro, supongo que no te has dado cuenta de tu apodo.- Respondió Carolina

-Lo siento, no presto mucha atención.-

-Si me he dado cuenta de eso, de ahí tu apodo, príncipe. Eres el tipo soñado de casi todas las chicas de Galo.-

-Ya veo.-

-Valeria ¿por qué saliste?- Me preguntó Carolina

-Bueno… faltaba alguien en la clase, el señor Francis le advirtió a Álvaro suspensión si volvía a entrar tarde. Sólo me preocupé-

-Pudiste a verme dicho, el señor Francis me avisó ayer que faltaría, te pudiste haber ahorrado la búsqueda del príncipe, y esperar que llegase.-

-¡Pero si no, ella lo hubiese…! Perdón- Baje la voz avergonzada. Estaba a punto de decir algo innecesario – Si no hubiese buscado quizás nunca habría tenido la oportunidad de conocerle.-

-Bueno no es una excusa muy válida, pudiste haberle hablado como lo hago yo ahora.-

-¡Pero!… Lo sé…-

Carolina sonrió divertida. Continuó la conversación, tomé confianza poco a poco. De verdad Álvaro me la daba.

-Caro ¿vienes?- Le invitaron un grupo de chicas y chicos. Ella afirmó y se despidió. Dejándonos solos.

-Álvaro, lo siento, fui un poco atrevida.-

-¿De qué hablas? Gracias a ti me libre de un ser comido vivo.- No disimulé una sonrisa.

-Tu rostro demostraba que no querías, pero igual no debí…-

-Gracias-Me interrumpió–Mi nombre es Álvaro Crowley aunque creo que no hace falta presentación, es un placer.- Extendió su mano.

-Valeria Hoffman, el gusto es mío.- Sonreí… Por fin, por fin conocí a mi salvador…

Nunca le devolví aquel libro… No recuerda nuestro primer encuentro, así que será un secreto que sólo guardaré yo. Lo quiero… No, lo amo. Estoy enamorada de Álvaro… Él me salvó de una amarga cicatriz. La sanó con su amabilidad…

-Tú me gustas…- Dije ruborizada. Esperaba un rechazó… Pero él me abrazó.

-Lo mismo siento por ti- Me susurró al oído.

No lo esperaba… La persona que tanto amo, me correspondía el sentimiento. Estaba feliz… Emocionada, no quería que se fuera de mi lado nunca…”

-¿Aún no lo recuerdas Álvaro? Esa niña llorona  de aquel día… Te agradece todo… Por eso, quiero verte feliz…- Sonreíste.

Así que eras aquella chica… Me equivoqué… No eras una acosadora, eras mucho peor. Mira que guardar aquel recuerdo. Me repugna…

-¿Qué ocurre Álvaro? Lo sabía no lo recuerdas… Está bien… Yo…-

-Valeria, guarda silencio.- Uní mis labios con los tuyos…

No permitiré que robes la batuta al maestro… Jamás.

CAPITULO 22…. CONTINUACION

Te amo… Te necesito… No te vayas. Son sólo palabras que han perdido mucho valor. Las has convertido en un simple cliché. Pues desde que te conocí mi mente has distorsionado. Y aunque quiera ignorarlo, sigo pensando en ti.

Nunca pensé que tales pensamientos me llevarían a querer recuperarte. Poco a poco comencé a perderte, pero lo veremos en una analogía. Si estás a punto de caer desde un acantilado y yo te tirase una cuerda ¿la aceptarías Valeria?

–Está bien si ahora me das una cachetada.- Me burlé un poco de ti. -¿Qué ocurre?-

-… ¿Por qué lo hiciste?- Preguntaste agachando la mirada. Parecías un cachorro frente a su amo.

-No dejabas de hablar. Me molesté un poco que no escucharas lo que tenía que decirte. Además de que me has echado de una manera cruel. Así que…- Sentí tus brazos rodear mi cuello y de forma inesperada volviste a besarme.

-¡Lo siento!- Dijiste reaccionando y separándote rápidamente.

-Está bien… Supongo que fue venganza.- Si intentas retarme, déjame decirte que las llevabas de perder… Me acerqué a tu oído. -¿Tienes algún problema si me quedo?-

-¡¿Eh?! ¡Yo no quise decir eso! Es sólo que… Katherine debe extrañarte…- Bajaste el tono de tu voz. –Oye… Olvidemos lo que paso hace poco, por favor.- Cubriste tu rostro.

-¿De qué hablas? Aquí no ha ocurrido nada.- Besé tu mejilla y me separé de ti.

-Gracias.- Quebraste un poco tu voz.

-Valeria… Si me lo pides, no me iré.-

-Pero… Katherine, ella ha de estar preocupada por ti. Ve a verla sino se pondrá furiosa.-

-Entonces no lo niegas.- Sonreí. –Deberías ser un poco egoísta Valeria. Sólo pídemelo y aceptaré.-Te susurré.

-Álvaro yo…-

-Él ya se iba ¿no es así Valeria?- Entró Joel a la habitación.

-Pero si has llegado, pensé que nunca vendrías.- Me alejé de ti

-¿De qué hablas? Sólo me fui 15 minutos.- Manifestó mintiendo.

-Claro. Si lo ves del lado relativo puede ser que hayan pasado quince minutos. Aunque aquí haya pasado una hora y media.- Declaré enojado.

-Tú novia está afuera, esperando. Deberías ir.- Trató de ignorar mi comentario.

Gesticulé una cara de disgusto y enfado. Ni te hagas la idea de que eran celos, porque no lo eran… Te recuperaría aunque ese tipo tratara de impedirlo.

-Entonces me voy.- Comencé a caminar hacía la salida.

-Ah… ¡Gracias!- Escuché tus suaves palabras. –Gracias por salvarme.-

Muy bien Valeria. El haberle aclarado a Joel quien era tu salvador era perfecto para mi jugada. Me pregunto hasta dónde podrás tolerarlo. Te aliaste conmigo correspondiéndome aquel beso. Tan sólo quería paz mental, por eso, deberías decirle adiós a Joel pronto.

-¡Oh! Álvaro… ¿Cómo está ella?- Preguntó Katherine rápidamente al verme salir del consultorio.

-Se está recuperando… Me alegra haber llegado a tiempo.- Suspiré y le sonreí.

Ante mi expresión, ella sólo agachó la cabeza triste.

-Tienes razón… Álvaro, lo siento, actué de una manera muy estúpida. Es sólo que…-

Me molesta cuando piensan de más. Besé a Katherine tiernamente, de esa manera tus besos no se volverían riesgosos para mí.

Lentamente separe mis labios de los tuyos.

-No te preocupes, está bien. Lo entiendo.- No, la verdad no entendía algo así de posesivo.

-Álvaro…- Su voz parecía triste y divisé unas cuantas lágrimas rodar por sus mejillas. -¿Podemos irnos ya?- Fue la súplica que me hizo. ¿Ahora qué le ocurría? No entiendo a las mujeres aunque lo intente.

-Claro… Si es lo que quieres, vámonos.- Traté de tomarle de la mano pero ella rápidamente la quitó y comenzó a caminar. ¿Seguía molesta acaso? Si tu amor es enfermizo, quizás el de ella era peor…

-¡Álvaro! ¿Cómo está Valeria?- Corrió hacia mi Emilie. Katherine continuó recto sin siquiera detenerse.

-Ella está mejor Emi. Ven es hora de irnos.- Toqué sus hombros para tranquilizarla. Lisandro no dijo nada respecto a Katherine, parecía ser que él había notado su comportamiento tan sorpresivamente extraño.

El camino a casa fue algo callado. Tenía tantas preocupaciones en la cabeza. Una de ellas era la pronta partida de Emilie, no conocía los motivos exactos sólo sabía que no cambiaría de opinión, parecía muy segura. Y por otro lado, el comportamiento de Katherine. ¿Podría ser que hubiese visto la escena del beso? Y si es así… ¿Cómo se supone que debería sacar el tema?

Por breves segundos regresé a verla, pues no podía despegar mi vista del frente, ya que estaba manejando. Ella se encontraba pensativa mirando por la ventana del automóvil.

Yo no quería dañarla… No, yo no quería herir a nadie. Por eso a la persona que más amaba le serví como un juguete. ¿No es tonto? Lo sabía desde siempre. Y aunque me dolía, siempre lo guardé, nunca le dije a nadie acerca de eso.

Creí que así tenía que ser… Era estúpido, tonto, quizás tan cotidiano. Tal vez cotidiano fue la razón que me obligó a continuar de esa manera.

-Valeria está sufriendo con un idiota como él. Sólo la hace sentir miserable, culpable. Que impotencia siento el no poder hacerle abrir los ojos.- Eran siempre las pláticas que teníamos Samuel y yo.

Él también me hacía sentir de la misma manera… Me hacía sufrir…

-Samuel… ¿Qué te parece si te ayudo?- Fueron mis palabras. Quizás sólo de esa manera, por fin podría llegar a quererme.

Me daba un poco de risa mi actitud… Sentirme humillada por alguien… Depender de esa persona… Era para odiarme.

-¿De qué hablas Katherine?- preguntó sorprendido.

-Yo quiero ayudarte con Valeria. Álvaro parece ser una persona demasiado predecible. Quizás podríamos tenderle una trampa.- No me importaba de qué manera sería utilizada y degradada.

-¿Una trampa? ¿Qué tipo de trampa?-

-El decirle a Valeria cosas de Álvaro sin pruebas es algo tonto… Ella está enamorada de él, nunca sabrá sus verdaderas intenciones sino lo ve ella misma.-

-¿Estás proponiendo ponerlo en evidencia? ¿Pero cómo? Tendríamos que seguirle hasta encontrar algún indicio que lo delate.-

-O podemos crear las pruebas.- Le sonreí con aires de confianza.

-Exactamente ¿qué?-

-Álvaro no ama a Valeria ¿no es así? Yo creo en lo que dices, por lo tanto será fácil seducirlo.-

-Espera… ¿Tú harías eso por ella?-

-Por supuesto. Ella es tu amiga… Además que también será por ti. No quiero que sufras.- Él se acercó a mí y me dio un rápido beso. Aunque para él no signifique nada… Para mí era un pequeño mar de emociones.

-Gracias Katherine.- Me abrazó sutilmente. ¿En qué momento me denigré de esa manera? No importaba pues ya no había vuelta atrás.

La amiga de mi madre necesitaba ayuda en dar adopción a una camada de cachorros. Era una excelente oportunidad de tender nuestra trampa. Así que sin dudarlo me ofrecí a ayudarle.

Elegí un vestido de olanes color blanco. Frágilmente pinté la comisura de mis labios con un tono carmesí. Era la hora de hacerle ver a Valeria la verdad acerca de su novio.

Samuel me dijo acerca de una brecha dónde comúnmente él deambulaba. Madre mía, si que lo tenía vigilado.

-¿Estás segura de querer continuar?- Me preguntó Samuel dejando la caja llena de cachorros en el suelo.

-Por supuesto- Le aclaré firmemente, aun cuando en el fondo quería abandonarlo.

-De acuerdo… Gracias.-Sentí su cuerpo rodear el mío. Nada había cambiado, ni él, ni mis sentimientos.

Se despidió de mí dejándome con los sabuesos. Esperando por Álvaro… Sólo le conocía por foto. Pero es algo demasiado superficial… Esperaba no equivocarme.

Esperé y esperé. No había señales de él. Sólo algunas personas que específicamente en minutos pasaban. Ninguna encajaba con la descripción de Álvaro. Cuando de repente llegó un joven, que postró su mirada en los cachorros. No tenía opción, por lo menos cumpliría mi promesa de darlos en adopción.

-¿Desea tener uno? Parece gustarle mucho los animales.- Le dijo sonriendo.

-¿Eh? No, es muy amable pero yo creo que debería venderlos. Son unos hermosos canes en perfecto cuidado. En lo personal pagaría muy bien por ellos- Dejó de acariciar al pequeño sabueso y con un pañuelo de algodón limpió su mano.

-Oh que va, por supuesto que no los vendería, debe usted saber que he empezado desde temprano a obsequiarlos. Sólo he logrado encontrarle casa a uno de ellos.- Miré su rostro y no lo podía creer. Era él… Álvaro estaba frente mío. Joder… Era más guapo en persona.

-Quizás no estás ubicada en la zona adecuada.-

-Jaja, lo sé. Confesare que no fui cuidadosa en buscar un lugar concurrido. La caja no es nada ligera ¿sabes?- Le sonreí tranquilamente.

-Oh, entiendo.- Me devolvió el gesto. Cuidadosamente recogió la caja donde los cachorros jugueteaban sin mucho esfuerzo. –Vamos, busquemos un hogar a estos pequeños.- Sorprendida lo miré. ¿De verdad estaba ayudándome?… ¿Y ahora qué se supone que debía hacer?

-¿Eh?… ¡EH! –Grité- Espera no es necesario.- Tomé sus brazos tratando de que bajara la caja. Sentí por un momento la cara hervir de vergüenza.

-¿Por qué? Pensé que me habías lanzado una indirecta con tu frase “La caja no es nada ligera ¿sabes?”- No pude evitar sonrojarme. Su mirada era intimidante. Le solté y cubrí mi boca tratando de que no viese mi sonrojo.

Traté de asimilar la situación. Es verdad, el plan era seducirlo. Así que necesitaba estar más tiempo con él.

-Supongo que quieres ayudarme…Vale te dejare ya que pareces querer algo de compañía. Pero será a mi modo ¿Estás de acuerdo con eso? – Dije de manera muy arrogante, guiñándole el ojo derecho. Demonios… Eso fue demasiado estúpido ahora que lo pienso.

-Claro. ¿Debería llamarte Jefa?- Con tono burlón preguntó.

-No… Mi nombre es Katherine.- Dije tímidamente.

-Está bien, Katherine, es un placer. Yo soy Álvaro- Me extendió su mano. Lentamente la estreché. Todo estaba saliendo mejor de lo que pensaba. Sería fácil hacerlo caer. Pensé.

-Lo mismo digo Álvaro.-

Comenzó a caminar con la caja sobre mi hombro. Intenté igualar su paso. Era rápido a pesar de que llevaba peso encima.

Llegamos a una plaza con un enorme jardín bastante concurrido. Rápidamente le quité la caja y la puse sobre una banca vacía.

Álvaro con cuidado levantó al pequeño cachorro y le dejó que anduviera un rato en el parque jugueteando con las palomas.

No tardo para que una pareja con dos hijos quisieran a aquel sabueso juguetón.

El hacer eso había sido muy inteligente, había logrado dar en adopción al pequeño. Estaba encantada de entregárselo a aquella pareja que parecía tan cariñosa y unida.

-Bien hecho Álvaro.- Dije dándole un puñetazo en el hombro derecho. Puede que estaba tomando más confianza, sin embargo, me agradaba su idea.

Comencé a sacar a todos los cachorros y los dejé que anduvieran paseando por el gran prado. Por supuesto sin perderlos de vista.

El segundo cachorro se fue en manos de una anciana que necesitaba compañía. No podía dejar de sonreír. Realmente estaba feliz de poder ver que los cachorros se iban en buenas manos. No tardo para que otro de los tres pequeños se fuera con una pareja de recién casados. Le sonreí a Álvaro. Recordé entonces que la amiga de mi madre, me dijo que los sabuesos estaban entrenados, así que decidí llamarlos, pues se estaban alejando un poco. Comencé a jugar con los dos. Estaba feliz, era un día agradable. Aparte también que tenía que disimular.

-Exacto son una ternura ¿Desean uno? – Escuché la voz de Álvaro

-¿Oye Carlos nunca has sentido como un escalofrió detrás?- Preguntó uno de los chicos que se había acercado.

-Ohm… Creo que se de lo que hablas.-Regresó a ver nerviosamente a Álvaro.

-Hola chicos, no pude notar que están interesados en uno de estos pequeños.-Interrumpí el momento de tensión sonriendo. No lo podía crear… ¿Él me estaba celando? Me sentí un poco alagada y extrañamente feliz. Samuel nunca me había prestado atención de esa manera.

-¿Eh?- Dijeron al mismo tiempo, voltearon a verlo de nuevo. Él sólo sonreí tan arduamente. Vaya que lo estaba intimidando. Me causó un poco de gracia.

-Claro que si… yo quiero uno jaja. Son muy lindos ¿verdad? Francisco.-

-Si claro… Son muy tiernos.- Acariciaron al cachorro.

-Me alegro que deseen adoptarle.-Les entregué al segundo cachorrito que quedaba.

Comenzó a oscurecer. Sólo un cachorrillo se había quedado sin hogar. Pero no importaba, estaba contenta.

Tomé entre mis brazos al canino y con mi mano derecha lo sujeté firmemente. Comencé a acariciarle con mucha ternura. Suspiré exhausta.

Álvaro se sentó a mi lado y acarició el lomo del cachorro, a lo que este volteó y lamió sus dedos. Rápido escondió su mano.

Reí por el acto tan cómico. Debía permanecer más tiempo con él. Así que me levanté y le extendí mi mano. Tenía que forjar mayormente mis lazos con él.

-Ven conmigo Álvaro- Sujeté su palma, jalándolo un poco para que me levantase. Él no puso objeción y siguió mi paso.

-¿A dónde vamos?- Preguntó sonriendo.

-Bueno como me has ayudado hoy, quisiera llevarte al lugar donde mi madre siempre me llevaba. Hay un puesto de helados cerca, vamos yo invito.- Respondí muy entusiasmada. Tenía el lugar perfecto a donde llevarlo. Además de que era uno de mis favoritos.

No solté su mano es más, me aferré de esta.

Caminábamos de manera lenta como si ninguno de los dos quisiese soltar la mano del otro. Eso me causaba gracia… Pero también me causaba cierto hormigueo en el estómago.

En todo el trayecto, ninguno habló. Sólo intercambiamos miradas y gestos de agrado. Ninguno de los dos se declinaba al dejar el contacto de nuestras manos.

Detuve mi caminar frente a una franquicia con un gran letrero sobre la fachada que decía “Less Bessones” un título muy llamativo y único. Insistí en seguir tomando su mano, pero sorpresivamente sujetó la mía más a fondo y me guio a la entrada.

-¿Puedo tomar su orden?- Preguntó un joven mesero al vernos llegar e instalarnos.

-Por favor.-Sonreí- Yo quisiera una copa sencilla de yogurt natural. Agréguele poco durazno.-

-Enseguida señorita. ¿Y usted caballero?-

-Sólo tráigame una copa de vainilla.- Parecía un poco molesto. Quizás era por el helado. Ya era lago tarde, pero de verdad me agradaba este lugar.

-¿Desea agregarle jarabe de caramelo encima?-

-No gracias así está bien.- Respondió desinteresadamente.

-¿Alguna galleta quizás?- Volvió a preguntar el mozo. .

-Le repito que mi orden está completa.- Parecía desesperado e intrigado.

-Enseguida regreso con su pedido. –

Le sonreí divertida. Se había molestado por las agobiantes preguntas del mesero.

-Omitiendo eso, es un lugar muy agradable.- Dije tranquilamente sin dejar de verlo.

-No lo niego. Parece acogedor.- Agregó tranquilamente.

Sonreí amablemente.

Pensé acerca de la descripción de Samuel. Era muy diferente a lo que había dicho. O quizás tenía a otra persona enfrente. Álvaro era amable, atento… Era alguien dulce… ¡¿Qué estaba diciendo?! Katherine basta. Concéntrate. Me dije.

Regresé a verlo por un momento. Sus bellos ojos hicieron que mis mejillas se pusieran muy rojas. ¿Qué me ocurría? Se supone que yo debía seducirlo. No él. Su mano aun tomaba la mía. Como por voluntad lo notó.

-Lo siento- La soltó de manera apenada.

Me sentía nerviosa… Mis movimientos eran torpes. De verdad era muy encantador. Debía tener cuidado.

Nuestro pedido no tardo mucho. El mesero puso las dos copas cristalinas sobre la mesa. Cuidadosamente colocó las cucharas encima de estas.

-Fue un placer servirles.- Hizo una reverencia y se retiró.

Trate de tomar la cuchara, pero mis movimientos torpes continuaban y la tiré al piso. Me sonrojé por tal descuido.

Álvaro se agachó por el utensilio. Yo sólo le agradecí muy apenada. Me temblaba la mano con cada cuchareo que daba a la copa. Él me sonreía y no me quitaba la mirada. Sólo estaba haciendo que me pusiera más nerviosa. ¡Ah! Lo odiaba.

-No me mires tonto- Dije de manera muy infantil.

Soltó una pequeña carcajada. Molesta le embarré un poco de helado en la nariz. Al instante tomó una servilleta y se limpió. Comencé a reír.

Él me regresó la jugada. Los dos carcajeamos… Ahora que lo recuerdo… Samuel no estaba en mis pensamientos en aquel momento. Había logrado sonreír de nuevo… Me sentí bien… Él me hacía sentir de esa manera.

Nuestras salidas comenzaron a ser frecuentes. Junto con el pequeño cachorro, el cual decidí quedármelo y al que Álvaro bautizó como Moka.

Me di cuenta pronto que había perdido… Su compañía me era grata. Álvaro estaba llenando el vacío que Samuel me causaba. Me estaba haciendo olvidarlo… Él estaba aquel lugar que tenía Samuel en mi corazón. ¿Qué debía hacer ahora?…

Cuando me di cuenta de que Álvaro me había dado un beso sorpresivamente… Mi mente colapsó. Era suave y tierno.

-Álvaro… yo…-

-Te quiero.- Me interrumpió besando mí frente. Esa frase ante mis oídos era sincera. Estaba feliz y no podía dejar de pensar en ello. Lo abracé sutilmente.

-¡Perfecto!- Dijo Samuel emocionado. –Tenemos que decirle a Valeria lo más pronto posible.- Me abrazó. A él ni siquiera le importó que su novia haya sido besada por otro hombre. Pero… Ya no me intrigaba.

-Lo siento Samuel… No lo haré.- Él sorprendido dejó de abrazarme y me miró extrañado.

-Pero… ¿Qué dices?- Alzó la voz, molesto. – No será que acosa tú… ¡¿De verdad te has enamorado de él?!- Me tomó de los hombros bruscamente.

Lo único que pude hacer fue agachar la mirada. No había nada que negar, pues aquello era la verdad.

-Lo siento…- Dije apenada.

-¡Que idiota eres! Álvaro es un idiota… ¿Qué no te advertí?- Me soltó agresivamente. –No me importan tus sentimientos… Tú vendrás conmigo y le dirás todo.- Sujetó mi brazo.

-No… No lo haré- Me zafé de su agarré. –Estoy cansada de que siempre te importe más Valeria que yo…- Por fin tenía el valor de decirle aquello que guardé tan estrictamente. –Siempre ella, siempre siendo más tierno con ella… Sólo Valeria está en tu mundo ¿no es así? Arréglate como puedas, yo ya no te ayudaré.-

-Eres una egoísta… ¡Valeria está sufriendo!-

-Y de nuevo ella… ¿Ahora me entiendes?- Ni siquiera había lágrimas que soltar.

-Mira, no me importa si deseas estar con Álvaro después de todo tú ya sabes a lo que te enfrentas…-

-Él no es como tú dices…-

-Katherine no seas estúpida, sólo has visto una faceta de él- Argumentó exaltado.

-¡Pues prefiero su faceta a la tuya!- Le grité. –Quizás sea falso… Pero me hace sentir feliz…-

-Entonces ayúdame a separarlo de Valeria y será todo tuyo- Comentó sonriendo nerviosamente. Me daba un poco de pena su actitud.

-Adiós Samuel- Agregué finalmente. Me marché aliviada. A pesar de que habíamos terminado tan mal, no regresaría de nuevo atrás.

Cogí el móvil dispuesta a llamarle a Álvaro. Quería oír su tierna voz.

-Al habla Álvaro.- Sentí felicidad oír sus palabras.

-Hola Alva, soy Katherine, ohm… Tengo que hablar contigo, ¿podríamos reunirnos?- Pregunté un poco nerviosa.

-Oh, lo siento Kate, no podre, tendré visita. ¿De qué quieres hablar?- Preguntó en tono preocupado. Creo que me estaba tomando el pelo ¿de verdad haría que lo dijese?

-Bueno, es algo muy importante… sobre… ya sabes…- Estaba muy nerviosa. –El beso- Susurré

-Oh… podríamos hablarlo mañana- Exclamó serio.          

-¡Por supuesto!- Emocionada agregué.

-Perfecto, yo te aviso la hora- Colgó.

Yo no quería dañar a Valeria… Ella era amable, sincera y amigable. Sé que debí ayudar a Samuel, sin embargo había sido lastimada tantas veces, y Álvaro cubrió aquellas heridas…

Me pregunté ¿Tan débil era? No lo sé… Sólo tenía en claro que los recuerdos que me estaba propiciando, eran alegres. Me abandonaría como mujer si decidiese ser la amante. Pero en verdad lo amaba. A pesar de las palabras de Samuel, a pesar de que cabía la posibilidad de que Álvaro estuviera fingiendo. Lo aceptaría.

Podría ser que yo era igual que Valeria…

-¿Estás feliz ahora?- Llegó Samuel un poco triste. Parecía impactado y melancólico.

-¿De qué hablas?- Pregunté invitándolo a pasar a la casa.

-Ella me odia… Él ganó… Todo se acabó.- Soltó en un sollozo.

-Lo siento… No lo entiendo del todo.-

-¡Estoy diciendo que Álvaro ganó! Ellos dos terminaron. Él quedó como la victima… Y yo…Yo fui un mentiroso a su lado. Él lo logró, a pesar de que le dije acerca de ti, a pesar de que él sabía de nuestro plan… No se inmutó en nada…- Desvaneció su voz…

-Samuel yo…-

-Está bien. No importa. Es lo que querías, ¿no es así?-

-Es por esa actitud que no te puedo perdonar.- Odiaba que pensara por mí. Que nunca me escuchara.

-Sólo vete… No quiero oírte.- Fueron las últimas palabras que intercambiamos.

Al marcharse no pude evitar soltar unas cuantas lágrimas. No era fácil aceptar una ida de alguien que había sido muy especial. Sentí un sabor amargo correr por mi garganta. Pero esto era el adiós definitivo entre él y yo.

A partir de ese momento mi vida continuaría. Mi mayor error siempre fue estancarme en un solo lugar. Pero… Ahora era el momento de avanzar

-Katherine…- Abrió Álvaro la puerta de su condominio.

-Hola.- Saludé melancólicamente. -Es repentina mi llegada, pero realmente tenemos que hablar.-

-Adelante- Dijo invitándome a entrar.

Le sonreí y acepté la oferta.

-¿Y dime de qué quieres hablar?- Se sentó en un sofá y me indicó que hiciese lo mismo.

-Bueno… quisiera hablar sobre Samuel.-

-¿Vecino, primo, hermano, hijastro o mascota?- Me causó gracia sus conclusiones.

-Ex novio, novio cuando nos dimos aquel beso.- Le aclaré.

-He de adivinar que era una estrategia.-

-Digamos que sí. Yo sería tu manzana de la discordia. Se suponía que yo le haría ver la verdad a Valeria. Cada una de nuestras salidas fue planeada. Incluso nuestro encuentro.-

-Igual no lo logró- Agregó en tono frío -¿Por qué lo hiciste?, ¿no sentiste celos de Valeria?- Me sorprendí un poco. ¿Él había notado mis sentimientos?

-Sí, pero… pensé que él me amaría, yo sabía de Valeria, él nunca dejaba de hablar de ella. Quise hacerlo feliz, y le di la opción de separarla de ti.- Decidí sincerarme con él.

-¿Eso quiere decir que todas nuestras citas fueron actuadas?-

-No… de eso vengo a hablarte. Aquel beso… no fue fingido… desde la segunda cita comencé a enamorarme de ti, incluso olvidé que todo era parte de un plan. Me era grato estar a tu lado. Ese mismo día del beso, a Samuel no le importó, y que no me doliera me alegró. Él me dijo que teníamos que decirle a Valeria lo más pronto posible. Me negué, era demasiado tarde, comencé a amarte. Una parte de mi me decía que estaba mal. Pero no me importaba ser la otra, porque te amo Álvaro, sin embargo me enteré que terminaste con Valeria.- No sé qué respuesta esperaba por parte de él… Confesarme no fue una tarea fácil…

-Pensaba terminar con Valeria, desde ese beso, siéndote sincero, yo también me enamoré de ti, Katherine.- Aquella palabras hicieron emocionarme. No lo esperaba. Álvaro se acercó a mi rostro. Tocó mi mejilla. Sus manos eran cálidas. Lentamente unió sus labios con los míos…

Mi mayor miedo a enamorarme siempre fue pensar acerca del vacío que me provocaría la partida del amor… Porque yo estaba consciente de que no era eterno, siempre fue así, siempre lo vi de esa manera. Sin embargo, si por una vez podría llegar a disfrutarlo al lado de esta persona… Sería feliz. Pues los recuerdos que me hizo formar a su lado, en ninguno me vi triste, en todos sonreía. Recuperé lo que había olvidado.”

El camino a casa fue agotador. Me sentía cansado y adolorido del cuerpo. Era como si alguien hubiese colocado encima de mí una caja con varios ladrillos.

-Álvaro… ¿Podemos hablar?- ¡Vaya! Katherine por fin decidió dirigirme la palabra.

-¿Qué ocurre?- Le tomé de la mano y ella desvió la mirada. Por lo menos esta vez no había apartado su muñeca.

-Yo…- Comenzó a temblar. Parecía a punto de llorar. -¡Gracias!- Se abalanzó a mi cuello y me estrecho sutilmente. Me sorprendí su cambio de humor tan notorio. Demonios… ¿Qué se supone que debía hacer ahora?

Rodeé su espalda y le correspondí al abrazo.

-Katherine… ¿Estás bien?- Le pregunté tranquilamente.

-Álvaro… Sería mejor que lo dejemos…- Exclamó en un silencio opaco.

¿Cómo se supone que debía entender eso?… Aunque sus palabras fueron aquellas, ella aún seguía abrazada a mí. Soltando silenciosamente unas lágrimas y un suspiro reprimido.

CONTINUARA….

 

ABRAHAM ROCHA RDZ

Existen personas que no deberian amar… capitulo 19 & 20

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¿Qué rayos le ocurría?

-¿Emile? ¿Estás bien?- Pregunté preocupado. No respondió. Quedó absorta en sus pensamientos. ¿Qué estaba pensando? ¿Cuál era el motivo de sus lágrimas?

Fue un sentimiento confuso. Algo que no entendía muy bien… Una simple anomalía que ocurría en mi vida.

El pesado cuerpo que chocó con el mío.

-Duele…- Solté inconscientemente. A veces creo que mi cerebro me jugaba una mala pasada. Decía lo que debía permanecer en mi cabeza. Tenía que disculparme pronto… pero ¿cómo? Nunca fui buena hablando con los demás. Se malinterpretan mis palabras y al final no puedo hacer nada. Era muy difícil. Oh Emilie, no seas ridícula. Me gritaba en mi cabeza. Que patética soy. No, no de nuevo. Volvería a verme como una tonta…

-¡Lo siento!- Exclamó apenado un joven alto de ojos casi amarillos combinados con finos toques verdosos. Me extendió su grande mano ofreciéndome su ayuda.

-Gracias.- Su palma era rígida. Un poco áspera y fría. Hice un poco de fuerza y el contacto de sus dedos fue más cercano con los míos. Tenía que decir algo… después de todo la culpable era yo. Estaba exhorta en mis pensamientos que no me di cuenta que él deambulaba. Sólo esperaba que mis palabras no me apuñalaran cruelmente.

-Está bien, fue mi culpa.-Perfecto. Nada tonto. Pero… ¿Por qué me estaba observando con esa mirada intimidante? Podría ser que estuviera ¿molesto?

Lo sabía…Soy una rara…

-Para nada, fue mi culpa.- Agregó cambiando su semblante. Me aliviaba el hecho de que no estuviera furioso por el golpe. Le sonreí calmadamente.

Fue entonces que lo observé mejor. ¿Qué le ocurría? Sus ojos parecían hinchados. Una pequeña lágrima yacía en su pómulo; solitaria y húmeda parecía apunto de romperse.

-¿Estás bien?- Le miré preocupada. No sabía qué es lo que estaba haciendo. Indecisa y un poco nerviosa toqué su mejilla. ¿Por qué su mirada era triste? No me agradaba…

Rápidamente separó su mano de la mía. Qué vergüenza no había notado que la seguía sosteniendo. Ha de ver sido incómodo para él. Limpió presuroso sus parpados.

-Oh ¿esto?, no es nada, una pequeña basura. Hoy corre mucho viento.- ¿Viento? Estaba mintiendo… No había mucha ventisca. Quizás estaba exagerando… pero, su mirada no era por una basurilla. ¿Podía ser quizás una persona? Quizás el viento era el modo en que lo representaba… ¿Ese viento lo había hecho sufrir?…

Pronto reaccioné. ¿Qué diablos hago yo metiéndome en la vida de los demás? Álvaro decía que la curiosidad era un hábito muy horrible…

-Ya veo, tienes razón.- Dije evitando hacerle otra pregunta. Debería concentrarme en buscar a mi primo en el instituto. Hacía tiempo que no le veía. . –Tengo que irme. Espero y el viento no vuelva a lastimarte.- ¡RAYOS! Eso no debí haberlo dicho… Pero en el fondo, no me gustaría que lo hiciese.

Él sonrió. Por lo menos logré esa expresión.

-Adiós pequeña…- Escuché que dijo en un leve susurro. ¿Cuál era su problema?… Yo no era muy pequeña… ¡Él era el alto! Me molesté un poco. Aunque también me dio risa su comentario.

Caminé rumbo al instituto Galo. Mi primo debía estar ahí. Bueno… Eso creía yo. Al parecer habían tenido una excepción de salir temprano ese día los alumnos.

Álvaro no invites a las personas si no piensas esperarlas… Pensé.

No me quedaba nada que hacer. Se estaba haciendo un poco tarde. Tenía que regresar a mi casa pronto. Mamá se molestaría. Yo ya no era una niña, sin embargo me seguían tratando como una. Suspiré agobiada.

Al día siguiente, decidida fui al instituto más temprano… Creo que demasiado. Los alumnos estaban en clases joder. Resignada exhalé profundamente y me senté en una de las bancas. Su colegio era amplio. Me hubiese gustado estudiar allí, pero mi familia pronto se mudaría. Recuerdo que Álvaro estaba molesto por eso. Lo extrañaría mucho, con él era muy sencillo entablar una conversación a pesar de que siempre me miraba nostálgicamente. De verdad lo sentí por causarle tales emociones confusas…

Di un pequeño brinco por la campanilla del almuerzo. Maldición… Creo que si sigo siendo una cría.

Comencé a preguntar a los alumnos que veía salir. Dios… Ni siquiera sabía en qué departamento estudiaba… ¿Qué clase de familia soy?

-Lo siento… No lo conocemos. Podemos acompañarte si gustas.-

-No, gracias. Pero no serían de ayuda…-Joder, de nuevo lo que pensaba salía de mis labios. La vergüenza me invadió. Había sido grosera. –Lo siento… No quise decir…-

-Jaja, descuida. Tienes razón.- Rieron ambos jóvenes. –Entonces nos vemos, pequeña.-

¿Pequeña?… Recordé al joven de ayer. ¿Estará acaso mejor? Parecía realmente mal… Quizás no debí dejarlo en ese estado… No, no, ¡NO! ¡Emilie Miller, deja de distraerte! Me regañé.

Borrando aquellos pensamientos. Me acerqué a una pareja. Rogaba al cielo que aguien conociera a mi amado primo.

-Disculpen…-Pude notar a una bella chica de tez morena y largo cabello lacio. Que linda era… Miré al joven que estaba a su lado. –Anda… si eres el joven de ayer… – El mundo parece un pañuelo. Era una gran coincidencia. Le sonreí.

Sentí una mirada algo pesada igual que el ambiente. ¿Qué podrá haber sido?

-Lo siento, creo que me estas confundiendo.- Trató de sonreír.

¿Podría ser que me equivocase de persona? No, por supuesto que era él. Quizás olvida a las personas de manera fácil… Por inercia miré a la joven en breves segundos… Emilie tonta, seguramente era su novia. La chica pudo malinterpretar mis palabras… Oh maldición… Esperaba no haber metido en problemas al chico.  

-Oh disculpa. Te pareces a un amigo… lo siento, soy una tonta.- Volví a sonreír. –Disculpen el mal entendido.- Me sentí culpable, no podía hacer otra cosa que pedir perdón. Presurosa me alejé.

Noté un grupo de jóvenes conversando. ¡Quizás siendo más alguno de ellos conocerá a Álvaro!

Emocionada, queriéndome quitar el horrible encuentro que provoqué les pregunté un poco animosa.

-Hola… Mi nombre es Emilie. Es un placer.- Dije un poco nerviosa. –Disculpen la molestia que he de causarles. Pero quisiera que me ayudaran a encontrar a Álvaro Crowley… Él es mí…-

-Oye, espera. ¿Te presentas y ya nos pides favores?- Me interrumpió una de esas personas. No sabía que decir… Quizás tenían razón… Fue descortés acercarme por interés.

-Lo… Lo siento.- Me trababa al hablar.

-Te perdonamos sólo porque eres muy bella. ¿No deseas quedarte un rato más en buena compañía?- Noté su mirada lasciva. Que miedo daba…

-No, gracias… yo… yo tengo que encontrar a mí…- Estaba aterrada… Mi mente estaba en blanco.

-Oh vamos, te divertirás con nosotros.-

-Preferiría no hacerlo.-

-No seas tímida, ven…- Cerré mis ojos esperando lo peor… ¿Por qué no pude reaccionar?

-Ha dicho que no.- Escuché una cálida voz un poco familia. Era aquel joven. Había tomado del brazo al chico que empezó todo esto.

-Lisandro, ¿qué demonios quieres? No ves que estamos ocupados.-Dijo en tono de burla. ¿Lisandro? Se llamaba Lisandro, el joven que había venido a rescatarme… Por favor. No te vayas. Fui mi petición tan egoísta.

-A la chica.- Un pequeño latido surgió de mi pecho. Gracias… Dije en mi mente.

-¿Qué dices? Si ella estaba pasándola bien con nosotros, ¿no es así pequeña?- Las personas de aquella persona me desagradaban. Agaché mi mirada y comencé a temblar.

-…N…No.- Mi voz era muy baja. El viento, se llevaba cada palabra.

-No digas mentiras, te acercaste tan provocativamente a preguntarnos sobre alguien. Como si no supiéramos esa excusa. Jaja, mejor di lo que realmente quieres.-

-Yo… eso es mentira… yo nunca…- Quería llorar… Malditas emociones… El miedo, el pánico… ¿Qué debía hacer?…

Escuché un sonido en seco… Lisandro… Lisandro había golpeado a aquel sujeto. Su mirada parecía de un asesino, pero… No tenía miedo de él.

-¡¿QUÉ TE PASA BASTARDO?!- Enfurecido se levantó del piso e intentó golpearlo.

Quedé sorprendida ante los reflejos de Lisandro. No, no lo hagas… Saldrás herido, pensaba. Pero ninguna palabra fluía de mi boca.

Mi nerviosismo no se iría. Parecía eterno… Mi madre, mi padre e incluso Álvaro tenían razón. Soy una niña todavía…

-¿Estás bien?- Me extendió su mano. ¿Cómo reaccionaría ante lo ocurrido? ¿Cómo debía decirle gracias?…

Sentí un delicado abrazo. Él me estaba abrazando… Era gentil… Era amable…

-¿Eh?… ¿De qué hablas?- Sorprendida pregunté limpiando mis mejillas.

-Lo siento por mostrarte mi lado más deplorable…- ¿Qué estaba diciendo? ¿Deplorable? La única patética había sido yo…- Lo siento por mentirte hace rato, quizás no hubieses estado en esta situación… por eso… Lo sien…- ¿Por qué era tan sencillo hablar con esta persona?… ¿Por qué me inspiraba confianza? Ver sus ojos tristes, su cálida voz echa un hielo, dolía…Demasiado.

-Gracias.- Lo interrumpí besando su mejilla. –Gracias por salvarme.- Su semblante cambió.

-Ven, vamos.- Delicadamente me apartó y tomó mano. –Mi nombre es Lisandro, Lisandro Riveil es un placer.- Que se presentara formalmente era agradable.

-¿Eh?… ¡Oh! Mi nombre es Emilie Miller…- Bajé un poco el tono de mi voz.

-Así que… Emilie, ¿qué te trae al instituto Galo?- Preguntó caminando rectamente.

-Busco a mí…-Pausé… No es que desconfiará de Lisandro. Pero… Mis palabras siempre se han de confundir, por eso…- A alguien muy importante para mí. – dije, tratando de disimular.

-Puede ayudarte si lo deseas…-.

-¿De verdad?… ¡Gracias! Me salvas demasiado Lisandro.-Sí, así era. Me estaba salvando incontables de veces. Gracias, gracias, gracias. No podía dejar de pensar en eso, pero al notar que su sonrisa se caía y se desvanecía sentí un dolor en mi pecho. –Oye… Ella era tu novia ¿verdad?- Pregunté desconsideradamente.

-Digamos que lo era…- Dijo un poco frío.

-¿Lo era?-

-Aún está en proceso. No sé cómo decirle que lo nuestro finalizó.- Parecía duro en sus palabras. ¿Realmente era así? ¿O era una de sus máscaras?

-Eso es horrible…- Dije refiriéndome al viento que lo lastimó. Pero una vez más… todo se malinterpretó. Lisandro se sorprendió. No es como si haya dicho por él…

-Digamos que ella hizo algo que me dolió.-

-El viento…- Lo sabía, ella era el viento. .

-¿Eh? ¿El viento?-

-Ella, ella es el viento de ayer ¿no?- Maldita sea… Debo dejar de pensar en voz alta.

-Si…- Parecía triste.

-Lisandro… ¿La amabas?- ¡EMILIE CALLATE! Me gritaba. Un conflicto se desarrollaba en mi mente. Pronto le terminare desagradando.

-..Por supues…-Pausó y se quedó pensativo. –No lo sé.- Fue su respuesta.

-Ya veo.- Debía dejar de presionarlo. Soy una desconocida y he de darle miedo ahora.

-Dejemos este tema. Mejor concentrémonos en buscar a tu novio…- ¿Novio? Eso fue gracioso. Nunca tuve novio. Me da hasta vergüenza decirlo.

-Yo no tengo novio.- No podía decirle que ni siquiera mi primer beso he dado. ¡Ah! ¿Por qué rayos tuvo que recordarme algo tan humillante?… Espera, ¿realmente es humillante?… ¿Qué barbaridades estoy diciendo?…

De sorpresa él me volvió a abrazar… ¿Estaba triste de nuevo? No quiero verlo triste…

-¡¿Qué demonios haces Lisandro?!- Escuché un grito proveniente de una voz muy familiar.

-¡Oh! ¡Álvaro!- Por fin lo encontré. Estaba feliz.

Álvaro me abrazó y besó mi mejilla. ¿Lisandro conocía a Álvaro? ¿Amigos?

-¿Huh? ¿Lo conoces?-Pregunté.

-Claro, digamos que es especie de amigo.- Hizo una sonrisa.

-Jaja, por supuesto. Así que enhorabuena Álvaro, es una hermosa mujer.- Dijo Lisandro sonriendo… ¿Le parezco hermosa?… Era la primera vez que me sentí ruborizada. El haberlo oído de sus palabras, me hacía feliz…

-Lo sé, no hace falta que me lo digas.-

-Deberías proponerle matrimonio ahora, de lo contrario me adelantare. – ¿Matrimonio? Dije que no quería que me siguieran tratando como una niña… pero, ¡casarme no está en mis planes!

-Lisandro… ¿Qué demonios piensas? Emilie es mi prima.- Dijo Álvaro un poco enfadado.

-¿De qué hablas? No comparten apellido…-

-Idiota. Ella es parte de la familia de mi madre, es hija de mi tía Raquel. Por lógica no compartimos apellido Lisandro… ¿Qué idiotez habrá pasado por tu cabeza? De todos modos, ¿cómo la conoces? ¿De dónde ha salido la confianza de aquel abrazo bastardo?- Me preguntó enojado.

-Oh, Lisandro me resca…-

-Sólo me pidió ayuda para encontrarte… pero… ¡Era muy hermosa que no me resistí!- Mintió…

No lo entendía. ¿Por qué hizo eso? Quizás era algo sin importancia para él… Así es… Sólo ayudó a una chica tonta que no puede defenderse sola. Estúpida Emilie…

Recuerdo muy bien ese encuentro… No podría olvidarlo. Siempre dolía el simple hecho de oír sus palabras en mi memoria. Su actitud pronto cambió drásticamente. Forzaba sonrisas, ocultaba cosas… La persona que llegué a admirar por su valentía se había ido… O quizás algo forzó a que se fuera.

¿Cómo es que logra aguantar ese dolor que lo inunda? Tan sólo quiero verlo feliz. Con una sonrisa verdadera…Pero ¿cómo logro que una raíz brote de una roca?

No me gustaba ver a Lisandro sufrir. Una persona sincera con un corazón noble se había marchitado ante mis ojos. Quizás el viento le sigue hiriendo…

Él se volvió considerado conmigo, más amable, más atento. Cada detalle, cada elogio… Quizás estaba tratando de olvidar a su novia. Remplazarla con alguien desechable.

Todo de él me hacía sentir confusa. Sentimientos ajenos a los que había sentido antes se desbordaban de mí… Pero él… Él sólo me veía como una niña. Me trataba como una, a veces me tomaba el pelo con frases tiernas. Lo soportaría, lo aguantaría, daría lo mejor de mí por no lastimarlo… Me engañaba, porque en el fondo me dolía. Su amabilidad era acido para mi cuerpo… Me salvó, no una sino varias veces. Él fue mi único gran amor… El primero… Aunque nunca lo sabrá, pues sé, que no aguantaré por mucho tiempo. Por eso… Será un secreto… pues pronto se cansara de jugar con una niña… “

-Emilie… ¿Qué ocurre?- Pregunté más que confundido.

-Álvaro… Yo ya lo decidí… Me iré de regreso con mis padres…

CAPITULO 20…

¿Qué estaba diciendo? Irse… No de nuevo, no soportaría su ausencia después de acostumbrarme a vivir con ella.

-Emilie… ¿Por qué deseas irte? ¿Algo no va bien en el instituto?- No, no era la universidad de Galo. Era él. Jodido Lisandro, le advertí acerca de esto.

-En lo absoluto. Sólo que… He estado muy lejos de casa. Mis amigos me han dicho que me extrañan… Por eso… yo… Yo quiero regresar pronto…- Temblaba a cada palabra.

Suspiré. Ella estaba mintiendo.

-Hace poco, mencionaste a Lisandro. Preguntabas la razón de tanta amabilidad ¿no? ¿Él es el motivo?-

-…No. Hablé sin pensar… Lisandro es amable porque soy tu prima, él me quiere como una hermana, soy una niña a su lado. No tiene nada que ver él en este asunto.- Revolvía sus ideas. No eran claras, eran confusas. ¿Podría ser que ella….? Imposible…

-Emilie… Tú estás…-

-¡Emilie! Qué alegría que hayas vuelto. Me sentía muy solo con tu ausencia.- Llegó Lisandro, sentándose al lado de ella. -¿Huh? ¡Qué hermosa te ves! Pareces una tierna muñequita con tus rizos.-

Este idiota… La mirada de Emilie parecía nostálgica. Sonreía algo forzada. ¿Por qué él no se daba cuenta de su dolor?… Lisandro la estaba haciendo sufrir… Que desconsiderado de su parte… No quería verla así… Podría ser que… ¿Acaso era lo que Samuel sentía? No, ¡no!… Borré esos pensamientos tan innecesarios. Que estupidez, lo tuyo es diferente…

-Gracias…- Dijo débilmente. Su semblante parecía el de una llama a punto de extinguirse.

-¡Oh! Emilie, mira lo que he comprado para ti.- Lisandro posó sobre ella las delicadas flores. –Dijiste que te gustaban.- Lisandro sonrió arduamente.

Ella lo miró sorprendida, evitando decirle que ya las había visto. Se sonrojó y le regaló una sonrisa tan inocente.

No había duda alguna… Ella lo amaba. Estaba enamorada de Lisandro. Esos pequeños detalles lograron que Emilie lo amase. Pero Lisandro ¿realmente la amaba? ¿Él sentía lo mismo por ella?… No me importaría si así fuese… Quizás un poco…

-¡Volví! Hola amor.- Llegó Katherine y besó mi mejilla. – ¡Dios! ¿Qué te ocurrió Álvaro?-Dijo tocando mi pómulo.

-Me caí.- Joder, aquella pregunta me estaba estresando.

-¡Deberías tener más cuidado!- Tocó con sutileza aquella marca. -¡Lisandro te dije que le cuidaras!- Gritó un poco molesta.

-Álvaro ya no es un niño…- Trató de defenderse Lisandro. –Además, le he comprado esto.- Sacó una pomada y se la entregó a Katherine.

-Cielos…- Suspiró. –No eres de confiar Lisandro.- Untó suavemente en donde había sido el golpe de “tu amado novio”

-Gracias, pero Lisandro tiene razón. Debí haber tenido más cuidado. Siento haberte preocupado. Tomé su mano y besé sus dedos delicadamente.

– Eres un desastre Álvaro…- Besó mi frente y se recostó en mi pecho. -¿Oh? ¡Vaya que lindas! Son camelias…- Miró las bellas flores que yacían en un bello esplendor. -¿Son tuyas Emilie?- Preguntó sonriendo.

-Si… Lisandro me las regaló…- Bajó el tono de su voz.

-¿De verdad? Lisandro, necesitaras más si quieres conseguir a Emilie.- Carcajeó un poco.

-Pero ¿qué dices? Sólo es un obsequio de amistad…-Parecía inseguro de sus palabras -¿Verdad Emi?- Trató de sonreír.

-…Si- Dijo en susurro. –Lo siento… Creo que quiero dar una vuelta por el lugar…- Se levantó y a punto de irse. Lisandro le tomó del brazo.

-Ni creas que dejare que vayas sola.- La miró profundamente. Ella sólo agachó la mirada.

-Está bien… Puedo ir sola.- Emilie lo trató de quitar sutilmente.

-Lisandro… Ella ya no es una niña.- Dije mirándolo confuso.

-Lo sé. Es por eso que iré con ella.- Agregó seriamente. Su mirada no era la habitual. Me sorprendí ante su respuesta. No esperaba tales palabras por parte de él. –Emilie, por favor…déjame ir contigo. ¿Acaso no te has visto en el espejo?- Le preguntó.

-Si… Todos los días. ¿Por qué?…-

-¿Por qué?… Simplemente porque eres hermosa… Tierna, amable, dulce… No pienso dejar que ningún otro idiota intenté lo de la última vez. Así que iré contigo.- La tomó de la mano y comenzó a caminar con ella. ¿Última vez? ¿De qué hablaba?

Pude notar a Emilie más que sonrojada. Sé que debía detener aquella escena… Lisandro era más que idiota para darse cuenta de los sentimientos que estaba provocando en ella. Si no tenía cuidado, él terminaría lastimándola. Sin embargo… No hice nada por evitarlo, pues noté una aprobación por parte de ella.

-Lisandro es un poco celoso… ¿No lo crees?- Dijo Katherine al ver que ellos dos se alejaban.

-Demasiado diría yo.- Suspiré. Algo en mi me preocupaba. Temía que ella se alejara de mi lado. Sé que era egoísta… Pero una parte de mí, aún era dependiente de aquel recuerdo.

-Que lindos…- Se inclinó hacía mi hombro y dio un suspiro largo y pausado.

Su voz… Su fragancia, su piel y aquella mirada… No provocaban en mí una emoción tan vibrante como la tuya…

En el fondo me alegraba, pues no había dudas con ella. Pero también me alertaba y preocupa…

-Álvaro, estoy un poco intrigada, el hecho de haber visto a Valeria…- La interrumpí dándole un beso en los labios. No quería hablar acerca del tema. Me incomodaba de sólo pensarlo.

-Te amo. Eso es lo único en lo que debes preocuparte.- En el fondo era mentira.

Ella sólo sonrió. Permanecimos en silencio por breves momentos…

Sentí un pequeño escalofrío… Un temor que inundaba mi cuerpo… Una frágil voz que se rompía en pedazos llamaba mi nombre.

-Valeria…- Suspiré y miré a una dirección que fue como una pesadilla para mí.

Poco a poco, tu cuerpo era sumergido entre las cristalinas aguas… Idiota ¡¿Qué hacías dentro del agua sola si no sabías nadar?!

Aparté a Katherine y me levanté presuroso, a punto de correr para sacarte de ahí, sentí una frágil mano detenerme.

Era Katherine, parecía triste. Se aferró más a mi como si supiera que algo terminaría si me dejaba ir contigo.

-Por favor… Tengo que ir con ella.- Le susurré a su oído. Katherine sorprendida me soltó y agachó la mirada. –Gracias.- Besé su mejilla.

Presuroso y sin pensarlo me lancé al agua tratando de tomarte los más pronto posible. ¿Por qué tiene que ser de esta manera? ¿Por qué fui el único que te vio? Tu cuerpo se había perdido de mi visión, yacía en el fondo. Demonios, comenzabas a convulsionar… Sujeté tu brazo y te llevé a la superficie.

Agitado saqué tu cuerpo del agua… Una multitud de personas se acercaban presurosas. Idiotas… Tan atrasados llegan…Estaba agitado, molesto y asustado…

Tus parpados estaban cerrados. Tus labios eran morados y tu piel se había puesto más blanca. Era una broma ¿verdad? Este tipo de cosas… Sólo hacían que me encadenara a ti.

¡¿Dónde estaba el idiota de tu novio?! ¡¿Por qué demonios te fuiste con él?! ¡¿Por qué diantres habías preferido su compañía?! Gritaba en mi mente, mientras realizaba las compresiones cardíacas. Valeria ¿por qué me haces este tipo de cosas?

Separé tus labios y tomé tu mentón. Uní mis labios con los tuyos tratando de pasar el oxígeno a tus pulmones.

-No me hagas esto Valeria…- Te decía continuando con el RCP. Cada intento de que reaccionaras, se me hacía eterno… No lo aceptaría, no permitiría esto… Jamás…

De pronto, volviste a abrir los ojos y soltaste el agua que habías ingerido. Tu tono de piel, levemente mejoró.

Comenzaste a toser y el personal de emergencia por fin llegó. Te subieron a una camilla y te suministraron oxígeno a través de una mascarilla. Malditos… Quería golpearlos…

-¡Quítate idiota!- Sentí un empujón fuerte. Era el idiota de tu novio.

-Señor, ¿conoce a la joven?- Preguntó uno de los ayudantes.

-Por supuesto… Es mi novia.-

-Pues dé las gracias a este joven.- Dijo señalándome. –Si él no hubiese practicado el RCP, hubiéramos temido lo peor.-

-¡No le voy a dar las gracias a un idiota como él!-

-Señor, este hombre salvó la vida de su novia.-

-No creí que fueras así de ignorante Joel.- Estaba molesto. No porque no me hubiera agradecido. Sino por el hecho de haberte dejado sola…

-¡Mira imbécil! ¡¿Quieres otra mejilla golpeada?!- Preguntó molesto.

-Adelante ojito morado.- Sé que debía ignorar cualquier provocación… Pero… De verdad quería golpearlo.

-Eres un…-

-¡Deténganse los dos!- Gritó el personal de emergencia. –Deberían apenarse… Una vida corrió peligro y ustedes discutiendo por algo tan estúpido.-

-¿Estúpido? Besó a mi novia- Dijo molesto. No podía haber persona más tonta en el planeta. A Samuel le habían quitado su puesto.

-Eres un estúpido…- Traté de no elevar el tono de mi voz. –Si te hace feliz. Ese beso no significó nada para mí más que hacer que reaccionara.- Limpié mis labios que habían tocado tus frías comisuras.

Caminé queriendo marcharme, pero algo me detuvo. Sorprendido regresé mi mirar.

-Álvaro… Por favor, no te vayas.-Dijiste a duras penas y comenzaste a llorar

Una espina brotó de mi pecho, tratando lentamente de penetrar todo mi ser… Dolía. Sujeté tu mano

-Tranquila… Estoy contigo.-Besé el dorso de tu muñeca y limpié tus mejillas.

¿Qué estaba haciendo de mi vida? ¿En qué momento mi mundo se descontroló? Tú tienes la culpa… Estas acciones me mantienen seco por dentro, no puedo tolerarlo, actúo más como una bestia que como un humano, una bestia que reacciona al choque entre los celos y el odio. Tú causaste la destrucción de mi ser.

No puedo perdonarte… Te odio por estar a mí alrededor y cambiar las cosas de cómo eran. No necesito mostrar “amor” a aquellos que están llenos de complejos de inferioridad. Incluso aunque sea un pensamiento deshonesto, haré cualquier cosa para aplastarlo antes de quedar expuesto…

 

CONTINUACION…

 

ABRAHAM ROCHA RDZ…

 

existen personas que no deberian amar… capitulo 17 & 18

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Katherine parecía disfrutar mucho la estadía en este lugar. Yo por el contrario me sentía un tanto perturbado. El hecho de saber que tú estabas aquí me era muy incómodo. ¿Por qué sigo pensando en ti? Quizás es porque perdí mi juguete… Porque perdí a la marioneta que algún día me dio diversión. Debo alejar pronto estos pensamientos.

Emilie se acercó temblorosa. Sus dientes castañeaban de frío.

Le rodeé los hombros con una toalla.

-Gracias.- Me sonrió.

-Eres aún una niña. –Le devolví el gesto. A pesar de su edad, me sigue inspirando las ganas de cuidarla tal como a una hija. Creo que por una parte entendía a Isabel.

-Emilie, qué bueno que regresas.- Se levantó Katherine del lugar donde se encontraba recostada tomando el sol. –Escuché de un spa con estética. ¿Qué dices? ¿Quieres ir conmigo? Será divertido pasarlo juntas.- Agregó sonriendo.

Emilie no era de las chicas que les hiciera ilusión ese tipo de cosas. Pero, quizás un poco de vanidad no le robaría del todo su sencillez.

-¿Huh? ¿Sólo las dos?- Preguntó confundida.

-Jaja, claro, será nuestro momento juntas Emi. Vamos, un cambio de imagen nos vendría bien.-

-No estoy segura de querer hacer algo extravagante Katherine.- Emilie como siempre tan modesta. –Pero… Realmente quiero pasar el tiempo contigo. Así que está bien, vamos.- Sonrió.

-¡Genial! Ven.- La tomó de su brazo y se acercó a mí.- Mi amor, te llevaríamos, pero… ¡Quiero que sea sorpresa!-

-Álvaro, no creo que sea una buena idea. Tendremos que cuidarlas ahora más.-

-En efecto.- Sonreí por el comentario de Lisandro.

-Jaja, no sean tontos. Deberían tener cuidado desde hace tiempo.- Carcajeó Katherine. –Amor, regresamos en breve.- Beso delicadamente la comisura de mis labios.-Te lo encargo Lisandro.- Sonrió.

¿Por qué? ¿Por qué aún no estaba enamorado de ella? Si enamorarme me ayudaría a olvidarte, debía hacerlo pronto… Katherine, una chica hermosa, con carácter, delicada, tierna… amable…

Tenía tantas cualidades. Sin embargo, ninguna era especial. Esas cualidades podía tenerlas cualquier chica. Katherine no era única… No valía la pena seguir con alguien tan común.

Tú y ella poseían la misma descripción. Si, ninguna de las dos debía significar mucho para mí. Ambas eran exactamente iguales. O quizás no…

El que yo siguiera pensando en ti, debía ser algo que me atrajera. ¿Qué otra cualidad había en ti Valeria? ¿Podrías mostrarme más? Eras una chica que siempre me mostraba algo diferente… Nunca la misma reacción, nunca la misma expresión… Todo de ti cambiaba. Creía poder predecir algunas acciones tuyas, pero siempre las cambiabas. Rebasabas cada teoría que formula de ti.

Era divertido… Era entretenido… ¡SI! Eso era… Mi vida se volvió aburrida. Pero tú lo cambiaste. Me mostraste diversión. Me enseñaste que tan fácil podría ser controlar un ser humano. Por eso… muéstrame más. Necesito ver que hay dentro de ti. Enseña todo de ti hasta que no lo soportes más…

-Álvaro, si no te importa, quería ir al vivero de este lugar. Escuché que tienen camelias. Me gustaría comprar algunas.-

-¿Camelias? ¿Para qué rayos quieres esas flores? No me digas que te has vuelto mujer Lisandro-

-No seas machista hombre, ¿qué hay de malo que quiera algunas?- Preguntó divertido.

-No es que lo sea. Es sólo que tú no puedes mantener con vida una vaina de frijol, y me sorprende que quieras una flor tan delicada como la camelia.-

-Igual no responde a lo de convertirme en mujer.- Rió. –Bueno, en todo caso. Me has pillado. Deseaba regalárselas a Emilie. Una vez mencionó acerca del jardín de su vecina. Dijo que le gustaban esas flores. Además, la camelia me recuerda a ella. En especial la blanca. Tan pura, inocente a ojos comprensivos y delicada como cada uno de sus pétalos.-

No hay lugar a duda que cada quien interpreta los colores a su forma. Para mí el blanco, era un lienzo que debía ser pintado para dejar de ser sólo un fondo vacío. Por el contrario, Lisandro veía aquel lienzo tan expresivo como si pudiera ver algún color único, especial en él.

-Si empiezas de cursilerías sacadas de tus escritos. Te aclaro que no me interesa oírte.-

-Lo siento, no era mi intensión Alva. Sólo que de verdad deseo hacerle este insignificante regalo.-

-Idiota, ella no lo tomara así. El aura emocional que provocara en Emilie será más del que puedas controlar. Te advierto que si intentas algo más, tendrás que buscar desde ahora una buena funeraria.- Le dije molesto. El hecho de que él tuviera este tipo de consideraciones con ella, no era algo que podía tolerar. Emilie nunca se enamoró. Ahora que lo pienso, ella me había preguntado que era algo tan trivial como el amor. Quizás nunca tuvo un novio.

-Jamás me lo permitiría Álvaro. Ella es muy importante para mí, como lo es para ti. Tómalo como un simple regalo de amistad.- Sonrió forzadamente.

Suspiré.

-Aún no lo entiendo. Pero, no puedo negarte que esas flores realmente le gustan a ella. Sólo por verla feliz aceptaré que le ofrezcas tu regalo.-

-Que miedo das Álvaro. De todas formas has accedido, aunque un regalo no puede ser aprobado o rechazado ¿sabes?- Me miró desafiante.

-Sí, pero ¿qué crees? Eso no funciona conmigo Lisandrito.- Me burlé de él.

-Jaja, está bien. Tú ganas. Vamos.-

Comenzamos a caminar hacía el lugar. Lisandro llevaba la plática a flote. Hacía tiempo que no conversaba tanto con él. Últimamente se encontraba ocupado con sus redacciones. La editorial lo presionaba un poco. Mientras yo, cuidando a Emilie y pasando tiempo con Katherine. Sin lugar a dudas me había distanciado considerablemente de él.

-Entonces, ¿qué preferirías? ¿Quedarte abandonado en el desierto o estar encerrado una hora con la personas que más odias?-

-Eres un crío Lisandro. Mira que hacerme tales preguntas inesperadamente mientras hablábamos de la vegetación. De verdad eres un desastre.-

-Oh vamos, no seas tan agrio. Contesta.-

-Sin lugar a duda, quedarme en el desierto. No soportaría tu compañía tanto tiempo.-

-. . . ¡Oye! Que malvado eres Alva.- Carcajeó.

No pude evitarme reírme junto con él. Este idiota de verdad me sacaba sonrisas. ¿Cómo lo hacía?

-Mira hemos llegado.- Señaló el vivero.

-No estoy ciego Lisandro.- Hice una mueca de reproche y enfado.

Pude divisar a una chica tropezar. Sentí su cuerpo chocar con el mío. Era una joven pelirroja con grandes ojos verde.

-Oh lo siento. No tuve cuidado. Pero por lo menos caí en buenos brazos.- Sonrió provocativamente.

Perfecto… Lo que necesitaba, recordad la vieja técnica de las chicas del Instituto Galo. Me molestaba.

-Descuida.- La aparté.

Pude notar que se acercaron sus amigas. Ahora acosando a Lisandro. Muy bien Lisandro. Pensé. Me había llevado a un lugar que me desagradaría.

-Parece que están un poco solitarios. ¿Les gustaría pasar el rato con nosotras?- Dijo la pelirroja pestañeando innecesariamente de más.

Me acerqué a ella y le aparté rozando su mejilla, un mechón de su largo cabello. Le sonreí de manera tranquila. Posé mis labios cerca de sus oídos.

-Por supuesto que no cariño.- Me alejé de ella. – ¿Qué te hace pensar que si estoy solo desearía la compañía de alguien tan corriente como ustedes?- Le sonreí burlonamente.

Lisandro se sorprendió un poco. Es cierto que rechacé a muchas chicas en el instituto, pero había sido de una manera sutil. Sin embargo, en estos momentos, no estaba con humor para “amabilidades”.

-Eh… Él no quiso decir realmente eso… Estamos agradecidos por su invitación, pero, nosotros ya tenemos nuestra compañía.- Intervino Lisandro.

-¡Repítelo idiota!- Gritó la pelirroja furiosa, ignorando completamente a Lisandro.

-Lo que oíste. Me desagrada la idea de estar con alguien así de vulgar y fácil.-

Furiosa por mi comentario, intentó darme una cachetada.

La tomé de la muñeca, deteniendo el impacto de esta con mi mejilla.

-No hace falta que te lo tomes tan a pecho. Que tu belleza no te haya funcionado no amerita esa rabieta. – La solté bruscamente. –Vámonos Lisandro.- Continué mi rumbo.

Escuché múltiples disculpas por parte de Lisandro.

-Álvaro, eso fue excederse.- Dijo un poco molesto y avergonzado. Lisandro debería ganar un premio por su nobleza.

-Me deshice de ellas, no sé de qué te quejas.-

-Álvaro, deberías tener respeto por las personas.- Lo que pudo haber terminado como una plática amena entre dos amigos, acabaría por convertirse en una sesión de psicología.

No le dirigí la palabra hasta entrar al vivero. Olvidar lo sucedió sería más sencillo, que darle más vueltas al pequeño engranaje que se había formado.

Preguntamos al encargado acerca de las flores que Lisandro buscaba. Teníamos que caminar varias parcelas.

-Olvídalo Lisandro. Prefiero esperar a que vuelvas que caminar todo ese tramo. Y conociéndote, preguntaras por cada una de las flores que veas en el camino.-

Siguió insistiendo, pero se rindió ante tanta negatividad por parte mía. Así que sólo se fue junto con el encargado.

Sé que era un regalo para Emilie, pero aun así mi pereza era tan grande que no deseaba ir.

Me quedé contemplando algunas rosas y lirios que había en ese lugar. Blancas, rosas, rojas, amarillas… cada una de ellas era hermosa a su manera.

Al observar una rosa de un fuerte color rojo, noté a una joven sentada abrazando sus pies, con su cabeza apoyada a sus rodillas. Me acerqué un poco más y noté que eras tú. No te encontrabas con tú novio. Parecías triste.

Así, que él consiguió ponerte triste en poco tiempo. ¿Era esa otra de tus facetas?

Salí del vivero y me acerqué a ti.

-Hola.- Te sonreí y me senté a tu lado. Si tengo la oportunidad de descubrir aquella cualidad tuya que hace sentirme de esta manera. No me importaría regresar contigo.

-Álvaro ¿Qué haces aquí?- Preguntaste sorprendida.

-Valeria, si te molesto sólo dilo. Seré obediente si me lo pides.- Te dije coquetamente.

Te ruborizaste un poco y reíste.

-No, no me molesta. Estoy feliz de que estés aquí. Pero me sorprende que te encuentres solo.-

-Digamos que lo mismo pensé. ¿Dónde está tu amado novio?-

-Estaba coqueteando con una pelirroja y sus amigas.-

Y aquella chica se molestó porque le dije fácil. Ahora entiendo que odian la sinceridad.

-¿Enserio? Eso no es propio de ti.- No, no lo era. Deberías haber estado haciendo tu drama justo como lo hacías conmigo. -¿Dónde está la Valeria celosa?- Me burlé un poco de ti.

-Digamos que no me importa…- Fueron aquellas palabras tan frías que me hicieron sentir más tranquilo.

-Entonces ¿por qué esa cara triste?- Acaricié tu mejilla dulcemente. Me pregunto si está caricia podías convertirla en sentimiento.

-No es por él…- Apagaste tu voz y me miraste tristemente. Lo sabía. Aún sigo siendo necesario para ti.

Ahora que sabía el origen de mis ansias por tenerte, podía estar orgulloso y confiado de recuperar, lo que siempre fue mío.

-Entonces juntos olvidemos tu preocupación.- Me levanté y te ofrecí mi mano para que hicieras lo mismo. Me sonreíste y tendiste tu palma sobre la mía.

Aún eras mi juguete favorito. Eras la pieza del tablero que más utilizaba. Eras el dulce que tanto anhelaba. Aquel que deseaba que pronto me enseñara lo que tenía bajo su envoltura, de lo contrario la arrancaría para poder saborearlo hasta el punto de que ese sabor se desvaneciera lentamente…

CAPITULO 18…

Y volvemos al inicio Valeria. Volvemos a lo habitual que yo siempre hacía.

Cada caricia, cada contacto, incluso cada palabra, a partir de este momento tenía que ser medida cautelosamente. Buscar una estrategia, para que tu pequeño sentimiento, surgiera de nuevo como un mar de emociones.

Necesitaba que volvieses a declararme tu amor. ¿Para qué? Para descubrir tu cualidad, aquello que me encadenaba a ti. Aquello que me hacía dependiente de ti. ¿Por qué quería hacerlo? Te estarás preguntando. Sencillamente para no caer de nuevo ciegamente en este “sentimiento”

Así es, el amor es la mayor debilidad que un humano posee. Por eso, si lo desecho pronto, no habrá ningún problema. Ahora, sólo debería apresurarme para que volvieses a amarme, para proclamar triunfante mi victoria, que desde hace tiempo debía ser mía.

-Álvaro ¿a dónde vamos?- Me sonreíste aferrándote de mi mano. Tu tacto era tan suave y delicado.

Tenía que tener precaución en cada pensamiento dirigido hacia ti. Podría confundirme como lo hice anteriormente. Cometer errores, tropezar, caer, dudar. Todos esos sinónimos de fracaso debía alejarlos pronto.

-Valeria, ¿qué te parece ir allá?- Señalé el ojo de agua de aquel lugar.

-No… No lo sé. Álvaro ¿recuerdas qué no sé nadar?- Dijiste temblando. Por supuesto que lo recordaba. Ese era el plan… Querida Valeria.

-¿De verdad? Entonces no tendrás que soltarme para nada.- Te sonreí.

La ruborización de tus mejillas sólo me daba más aires de seguridad. Seducirte era tan sencillo. Aunque me daba un poco de decepción el hecho de que fuera algo fácil.

-Álvaro, ¡¿qué estás diciendo?!… Idiota.- Tartamudeabas. –Además, pensé que iríamos con Katherine… Después de todo ella es tu novia…- Dijiste en tono molesto. ¿Qué era? ¿Estabas celosa? Qué novedad. Sarcásticamente pensé.

-¿Huh? No lo has notado, ahora estoy solo. Katherine y Emilie decidieron ir a su momento de amigas. Lisandro fue al vivero. ¿Qué hay de malo que quiera pasar el rato con una amiga?- Resalté la última palabra. Sólo quería ver tu reacción.

Agachaste tu cabeza. Tu semblante cambió a una mueca triste. Vamos, Valeria, ¿acaso pensabas que era muy sencillo olvidarme?

-Tienes razón…- Tallaste tus ojos. –Sólo amigos… Vamos.- Segura me tomaste de la mano con mayor fuerza. Y ahora tú dirigías la caminata. Que interesante cambio de humor tenías. Tratabas de ocultar tus emociones en un pequeño muro que pronto haría caer.

Cerca de la orilla te detuviste soltando mi mano. Me quedé atrás de ti sólo observando alguna acción tuya.

-Álvaro, de verdad no puedo hacerlo.- Perfecto Valeria, cooperabas en tu trampa.

-¿Pero qué dices? Estoy aquí para cuidarte…- Te abracé de la cintura alzándote ligeramente.

De un brinco sumergí tu cuerpo con el mío al gran ojo de agua. Escuché un pequeño grito por parte tuya antes de ser apagado por el agua fría que nos cubrió.

Presurosa te aferraste a mi cuerpo con un abrazo. Como era de lógica, aquel pozo de donde emanaba el agua no permitiría hundirnos.

-Vamos Valeria, ya estás mejor.- Te dije abrazándote más fuerte. –Mira, estás flotando.- Quité tu cabello de tus parpados. Tu rostro lleno de frío y pálido era cautivador.

-¿Por qué hiciste eso? ¡Ah! Te odio…- Gritabas como una cría y me volviste a abrazar. Si estos pequeños detalles hacen que vuelvas a mí, prácticamente significaba que mi marca de propiedad seguía ahí.

-¿Realmente creías que intentaría ahogarte?- Me burlé de ti. -¿Tan malo soy para ti Valeria?-

-Claro que no. Jamás lo pensaría de ti… Álvaro.- Te acurrucaste cerca de mi cuello. Y pensar que tuviste el valor de enviarme tu carta. ¿Este era tu concepto de sólo amigos? ¿O sólo lo practicabas conmigo?

-Valeria… ¿Por qué estás con alguien como él?- Pregunté ante un breve momento de silencio. Te sorprendiste un poco y lentamente te separaste de mí.

-No lo sé… Yo… Él se confesó hace poco, quizás no quería que me odiara…

– Lo sabía… No lo amabas. Y por lo visto, él tampoco. ¿Qué demonios los hacía estar juntos?

¿Esa era la única razón Valeria? En tu triste carta, decías que querías seguir adelante, conocer personas nuevas… ¿Intentabas olvidarme con él? Idiota…

-Ya veo…- Besé tu frente. –Ven Valeria.- Me acerqué a la orilla para salir. -¿Lista?-

-¿Para qué?- Preguntaste confundida aun tomando mi mano.

-Lo tomaré como un sí…- Te tomé de la cintura para sentarte en la orilla.

-Álvaro… Podía hacerlo yo sola ¿sabes? – Tu nerviosismo aumentaba. Permanecí un rato más dentro del agua.

-Sólo quería tener esta vista. Eres muy hermosa Valeria.- Salí y me senté junto a ti. -¿Tienes frío?-

-No mucho.- Sonreíste. –Gracias…- Inclinaste tu cabeza a mi hombro. – ¿No es hermoso?-dijiste viendo tranquilamente el cielo.

-Probablemente…- Sentí un pequeño pulso en el lado izquierdo de mi pecho. Estar contigo de esa manera me tranquilizaba. Me emocionaba… Aceleraba mi corazón… ¿Cómo lo haces? Muéstramelo…

-¡Valeria ¿qué demonios estás haciendo?!- Escuché un grito. Era Joel, estaba sumamente enojado.

-Ah… Joel… Álvaro y yo queríamos nadar un poco. – Tus palabras eran de disculpa. ¿Por qué demonios le dabas explicaciones de ese tipo? Habías dicho que este idiota te dejó por unas chicas. Parecías tú la culpable… ¿Por qué demonios me molestaba eso?

-¿Eso amerita que estén tan juntos?- Preguntó queriendo asesinarme.

-¿No has oído de la transferencia de calor Joel?- Me burlé de él. ¿Desde cuándo me dan ganas de darle celos a alguien más? ¿En qué me estabas convirtiendo? Tenía que separarte pronto de él… Sólo por mi bien.

-Maldito.- Bruscamente intentó golpearme, pero tú te interpusiste entre ambos. Muy bien Valeria, defiéndeme como siempre lo has hecho.

-¡Basta Joel! Álvaro sólo me estaba acompañando, pues cierta persona me abandonó.-

-¿Qué te pasa? ¿Le estás cubriendo? ¿A este cretino?- Te miró desafiante. Supongo que inventaras una excusa. Eso esperaba. Pero de nuevo cambiaste mi predicción.

-¿Y qué si lo hago?- Aclaraste molesta. De cierto modo era un poco incómodo. Pero… realmente me alegraba.

No puede evitar reírme. Él lo notó y molesto te tomó del brazo.

-¡Nos vamos!- Exclamó furioso.

-¡Oye! ¡Espera!…- Te quejabas.

Te tomé del otro brazo. No dispuesto a dejarte a ir con él. Esa acción fue involuntaria… Pero realmente no toleraría que te fueras.

-¿Crees que puedes llevarte a las personas cuando te plazca?-

-Es mi novia, me oyes bien… ¡Mi novia!- Alzó la voz.

-Idiota…- Lancé un puñetazo a su dirección… El simple hecho de que él dijera aquella palabra me molestaba.

Consumido por la rabia, intentó regresar el golpe. Maldición… ¿Cómo había terminado todo así?

Esos dos golpes en mi cara sí que me habían dolido. Por lo menos podía estar orgulloso de a verle dado más yo.

-¡Basta ya!- Me alejaste de él. -¡Joel cálmate!- Le gritaste furiosa. -¿Estás bien Álvaro?- Preguntaste tomándome del rostro. Tus manos tan cálidas parecían eternas. Estos pequeños gestos por parte tuya, los odiaba.

-Sí…-Te dije mientras apartaba tus muñecas de mi rostro. ¿Por qué hacías esa mirada triste? Tus ojos, tus expresiones… Tu amabilidad… Todo eso lo odiaba más que nada en este mundo

-Valeria, este bastardo lo inició todo. ¿Aún así lo sigues defendiendo? Qué tonta eres…-

-Deja de actuar tan inmaduramente ¿quieres?- Le dijiste furiosa. –Lo siento Álvaro… Siento estas molestias.- Besaste mi mejilla. –Vámonos Joel.- Le tomaste del brazo.

Te vi irte. No lo entendía… Realmente eras una ingenua…

Regresé al vivero. Lisandro se encontraba molesto esperando en la entrada.

-¿Dónde te metiste?- Preguntó en tono serio. Pronto su semblante cambió a preocupación. Me alzó del mentón y observo mi mejilla. -¿Qué te paso?-

-¿Por qué?-

-Tu pómulo esta morado Alva… ¿Qué diablos hiciste?- Suspiró.

-Iba caminando cerca de la orilla del rio y me caí. Lo más seguro es que me haya golpeado con una roca. No hay de qué preocuparse.- Le mentí.

-Sólo porque estas mojado lo creeré.- Inhaló y trató de calmarse. –Joder… Katherine me golpeara. – Dijo dándome palmadas en la espalda.

-No puede ser tan malo, el único culpable soy yo.-

Regresamos al lugar donde esperaríamos a Katherine y Emilie. Me recosté un momento en el pasto y toqué mi rostro. Vaya que realmente dolía.

-Álvaro, ¿seguro que no quieres que vaya por una crema antiinflamatoria? No está lejos la farmacia.- Lisandro y sus exageraciones.

-Si no te importa, me agradaría que fueras.- Sólo para deshacerme de él otro rato más. De lo contrario seguiría con sus interrogaciones.

-Enseguida vuelvo. No te acerques más a las orillas ¿quieres?- Me miró molesto.

Contemplé aquel cielo que ante tus ojos era hermoso. No mentías, era bello. Tan calmado, tan sereno y tan pacífico. Pronto cerré mis ojos. Y en tan sólo breves segundos, me dormí profundamente. Olvidando todo lo que pensaba…

-Álvaro…-Escuché un dulce voz llamándome. –Álvaro.- Vi un rostro familiar.

-¿Eh? ¿Qué ocurre Emilie?- Desperté a duras penas. Al abrir por completo mis ojos, noté un cambio en ella. Parecía más joven, su rostro lucia más bello. Y su cabello caía en risos. Por dios, se había hecho risos. Le quedaban hermosos. –Vaya, no esperaba tal cambio-

-¿Te gustan?- Preguntó nerviosa.

-Por supuesto. Te quedan muy bien Emilie.- Le sonreí.

-Me alegro, temía que no te agradaran, pero Katherine insistió.- Dijo suspirando.

-Todo se te ve hermoso. Por cierto, ¿dónde está Katherine?-

-¡Oh! Fue a comprar algo para comer. Quiere hacer un día de campo. La iba a acompañar pero no vi a Lisandro… Y no quería dejarte solo.-

-¿Lisandro no ha regresado? Qué raro… dijo que iba rápido a la farmacia.-

-¿Se sentía mal?- Preguntó preocupada.

-Claro que no, era para mí…-

-¡¿Te sientes mal?!- No dejó que terminara mi frase, cuando ella ya se había exaltado. Comenzó a observarme mejor. –Oh por dios… ¿Qué te ocurrió Álvaro?- ¿Tan preocupante se veía aquel moretón?

-Me caí… Sólo fue eso.- Le dije tratando de que no se preocupara más.

-¿Te duele?- Dijo tocándome sutilmente. Sus manos eran igual de suaves… Pero no se comparaban a la reacción y emoción que sentí cuando tú me tocaste.

-No, descuida. Sólo es estético.- Le sonreí. Ella me devolvió el gesto y se sentó a mi lado.

-¿Huh? ¿Esas son camelias?- Preguntó Emilie viendo la pequeña maceta cargada de finas flores blancas. –Qué bonitas.- La sorpresa de Lisandro se había arruinado.

-Se supone que no deberías verlas aún- Me burlé un poco de ella.

-¿Por qué?- Preguntó sorprendida y preocupada a la vez.

-Te contaré un secreto. Promete guardarlo.- Hice una mueca de complicidad. –Es un regalo de parte de Lisandro.-

Noté un ligero sonrojo en su rostro. Agachó la mirada.

-¿Enserio?… ¿Por qué lo hace?-

-Dijo que te haría feliz algo como esto.-

-No lo entiendo… Él… ¿Por qué?- Su voz temblaba.

-¿Qué ocurre Emilie?-

-Álvaro… Yo ya no puedo, estoy confundida. No lo entiendo, él siempre es así conmigo ¿Qué espera de mí?… Me duele su amabilidad, no lo soporto… ¿Qué quiere de mí?- Sollozó.

Me sorprendí por su reacción. Esa no era una cara feliz. No, no lo era. Ella estaba… ¿llorando?

CONTINUARA….

ABRAHAM ROCHA RDZ

 

Existen personas que no deberian amar… capitulo 15 & 16

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fotografia de Handra Rocha

-¿Álvaro? Oh santo cielo, sí eres tú. ¿Cuánto tiempo ¿verdad?- Se acercó a mí una bella joven. Sus gruesos labios rojos y su cabello sostenido en una cola de caballo la hacían lucir un poco mayor para mí.

-Lo siento… Pero ¿quién eres?-

Ella carcajeó levemente.

-Siempre has sido así Álvaro. Soy Itzel Cowpland ¿me recuerdas?-

-¡Oh! Cuánto tiempo, lo siento Itzel, te vi tan cambiada que te desconocí-

-Jaja, siempre con tus excusas-

-Me atrapaste- Le guiñé el ojo izquierdo.

-Pero tan encantador como siempre, y dime ¿qué paso con Valeria? Supe que terminaron- Dijo de manera seductora.

-¿Cómo lo sabes?-

-¿Recuerdas a Violeta? Al parecer Valeria está saliendo con su hermano, Joel, que acaba de regresar de Australia-

-Ya veo, bueno quizá no era la indicada para mí- ¿Por qué me dolía tal frase?

-Tienes razón cariño-

-Da igual… ¿Qué has hecho de tu vida?- Traté de olvidar ese tema y de zafarme de sus manos que acariciaban mi pecho.

-Oh, que aburrido, estoy trabajando como vicepresidente en un balneario turístico. No todos heredamos la empresa de nuestros padres Álvaro.- Contestó divertida.

-En eso tienes razón-

-Por cierto, recibí estas entradas para mis amigos, pero como la mayoría están ocupados con sus hijos y trabajo pensaba tirarlas, de suerte que te encontré. Toma puedes quedártelas, me ilusionaría mucho que visitaras mi área de trabajo, dan unos excelentes masajes tienes que probarlos.- Dijo dándome cinco entradas.

-Gracias, pero son demasiadas…

-Oh cariño invita a quien desees, bueno nos vemos- Me interrumpió y se marchó.

Ahora que lo pienso, Emilie desde su estadía en la casa, no hemos salido juntos. Aprovecharía esta oportunidad, para agradecerle lo que ha hecho por mí y para disculparme por mi actitud tan inmadura.

También sería buena idea distraerme. Invitaría a Katherine para no pensar en ti. Por supuesto tenía que invitar a Lisandro. De lo contrario estaría todo el tiempo molestándome.

El otro boleto se desperdiciaría, pues Isabel se había ido de vacaciones con su novio.

El sábado partimos al balneario. Katherine y Emilie se llevaban tan bien, eso en el fondo me agradaba.

La vista del grande manantial me dejó sorprendido. Qué hermoso era. Las aguas eran tan cristalinas. Los árboles frondosos daban mucha sombra. Y hermoso pasto verde mojado daba un olor agradable.

-Enseguida regresamos- Katherine tomó del brazo a Emilie y se la llevó al vestidor.

Se alejaron apenas unos metros, el probador no se encontraba lejos.

-Es la primera vez que veré a Emilie en bañador- Agregó Lisandro tumbándose en el césped de aquel exótico lugar.

-Pobre Emilie, tener que soportar que unos jodidos bastardos como tú, que se interesen en su cuerpo.- Le dije.

Él carcajeó y guardó silencio unos cuantos segundos.

-Me enamoré de ella… eso es todo.-

-¿Eh?- Sorprendido exclamé, esta vez parecía tan seguro de sus palabras. Es verdad que siempre se lo decía, pero tanto ella como yo, lo tomábamos como una simple broma. Sin embargo ese tono tan distinto en sus palabras me estaba haciendo dudar.

Él por otro lado, ignoró mi gesto, parecía perdido en sus pensamientos.

Cuando dos personas están destinadas a estar juntas… no importa el tiempo ni las personas. El destino siempre hará que se unan…

Que buena broma. Pensé riéndome por aquel párrafo que leí alguna vez en un libro. Mirando como ella sonreía besando a su mejor amigo.

-Tenías razón…- Dije en susurro.

-Ahora me crees- Comentó Álvaro dando media vuelta a punto de marcharse.

-Aunque hubiese preferido no saberlo- Agregué sonriendo, tratando de no mostrar mi amargo dolor.

Álvaro detuvo su caminar y regresó a verme. Su mirada tan inexpresiva se tornó un poco molesta.

-Idiota- Dijo finalmente marchándose.

Yo seguía sonriendo, esperando a que se fuese completamente. En verdad agradecía su preocupación por mí, porque aunque la niegue, él se preocupa por mí. Aunque intente ocultar sus emociones, él es tan transparente.

Cuando por fin su silueta desapareció de mi vista, mis ojos no retuvieron más aquella agua salada.

-Carolina…- Entre suspiros dije su nombre. -¿Por qué lo hiciste?- Susurré avanzando lentamente.

La amaba, era lo más importante que tenía. Carolina se había convertido en alguien tan especial para mí. Pero ahora, ahora sólo quería olvidarla. Álvaro cientos de veces me lo dijo.

-El amor es una farsa y ella lo conoce bien- Fueron sus palabras.

Que ciego fui. Que predecible también. Es tonto, lo sé, nunca me imaginé en este estado tan despreciable. Enamorarme fue quizás mi peor error, el amor sólo es una vil mentira… Espera… ¿Qué demonios digo? Estaba sonando como Álvaro.

Calmado Lisandro sólo es una mala experiencia. Me auto regañé. Dejé a la dulce pareja, Carolina parecía feliz. ¿Reclamarle? No, sólo me vería como un idiota, además de que en el fondo estaba consciente de que la había perdido.

Caminé sin un rumbo establecido, quería alejarme.

He perdido. Lo sabía. Quizás siempre lo supe…

Las lágrimas no se irán, maldición. No creí nunca sentir mi cuerpo tan vacío o incluso sentir dolor el ver sonreír a alguien más. Aun así, la sigo amando… una parte de mí quiere correr y alejarla de ese tipo… de luchar, pero, es muy tonto, yo sabía a lo que me enfrentaba. Nunca competiré con alguien como él.

Sumergido en mis pensamientos, mirando de frente, ignoré el frágil cuerpo que chocó conmigo.

-Duele…- dijo casi en susurro.

-¡Lo siento!- Exclamé apenado. Rápidamente le ofrecí mi ayuda.

-Gracias.- Sentí una suave mano y muy pequeña posada en mi áspera palma. Hizo un poco de fuerza y el contacto de sus dedos fue más cercano.

-Está bien, fue mi culpa.- La miré. Tan linda con sus bellos ojos color castaño. Su tierna carita de porcelana. Sus frágiles labios rojizos y pequeños. Su largo cabello lacio.

Reaccioné a su respuesta un poco tarde. Su belleza me había dejado cautivado.

-Para nada, fue mi culpa.- Ella me sonrió de una manera adorable, pura e inocente que por un momento olvidé el amargo recuerdo de mi amada.

-¿Estás bien?- Me miró preocupada, su mano aún sostenida con la mía parecía una bendición. Delicadamente y casi temblando tocó mi mejilla y me miró nostálgicamente.

Recordé entonces que mis ojos debían estar hinchados aún. Mi mano por fin se separó de la suya. Limpié presuroso mis parpados.

-Oh ¿esto?, no es nada, una pequeña basura. Hoy corre mucho viento.- Inventé una excusa.

Hizo una mueca de confusión. Intentó volver a sonreír.

-Ya veo, tienes razón.- Lo dijo como evitando hacerme otra pregunta, supongo que no quería incomodarme. Se lo agradecí, pues para ser honesto yo tampoco lo deseaba. –Tengo que irme. Espero y el viento no vuelva a lastimarte.-

Sonreí a su inocente comentario. Pensé que nunca más la volvería a ver. Pensé que sería como aquellas personas tan encantadoras a simple vista que por un breve momento te cautivan, pero que jamás te las has de encontrar otra vez.

El haberla visto me había hecho bien, por eso, no me importaría no verla de nuevo. Esto era un adiós definitivo. La vi avanzar poco a poco.

-Adiós…pequeña- Dije con un susurro.

Lentamente desapareció, cruzando aquella calle.

Decidí caminar, ir algún sitio y despejar mi mente. Sin embargo, no fue necesario. Su rostro de aquella chica merodeaba en mi cabeza. Su sonrisa, su mirada, su voz… todo de ella predominaba en mis recuerdos. Sabía que eran frágiles y que pronto se desvanecerían como un eco. Por eso, recordaría todo para disfrutarlo un poco más.

Al día siguiente, en la hora del descanso del colegio. Carolina actuó de forma habitual. Quizás desde siempre fue así.

No me molestó en lo absoluto. Su hipocresía era algo graciosa.

-Mi amor, recuerdas nuestra primera cita. Me gustaría ir un día de estos de nuevo. Sólo para recordar agradables momentos.- Sonrió tomándome de la mano.

Recuerdo que el roce de su piel con la mía me estremecía y me invadía de felicidad. Pero…ahora me dolía de una manera sumamente mortífera.

Triste le sonreí. ¿Qué más podía hacer? No tenía el valor de decirle algo. Pero… me preguntaba por qué. No quería llorar… no enfrente de ella. Me humillaría. Jamás sufría, jamás lloraba en su presencia. Fui feliz. Ahora comprendo que no debí amarla. ¿Qué debía hacer en esta situación?

-Disculpen…- Escuché de nuevo su voz… La miré. Su hermosa cara volvió a salvarme. Mi pequeño ángel otra vez me salvó. –Anda… si eres el joven de ayer… – Me sonrió tan amablemente. Me invadió una gran paz y alivio. ¿Cómo lo hacía?…

Pude notar la mirada furiosa de Carolina. No quería que empezara uno de sus tantos dramas.

-Lo siento, creo que me estas confundiendo.- Traté de sonreír.

La pequeña cambió pronto su semblante. Parecía confundida. Miró rápidamente a Carolina y agregó.

-Oh disculpa. Te pareces a un amigo… lo siento, soy una tonta.- Volvió a sonreír. –Disculpen el mal entendido.- Me sentí culpable por hacer que se disculpara por nada. La vi alejarse. Quizás necesita ayuda con algo, sin embargo la ignoré. Soy un idiota…

Pronto, reaccioné. ¿Qué hacía ella en el instituto? ¿Estaría buscando a alguien? ¿Quizás información para ingresar?… Le estaba dando demasiadas vueltas al asunto.

-Lisandro… Tengo que irme, luego hablamos.- Dijo Carolina un poco molesta al verme tan pensativo.

En otros tiempos si ella hubiese dicho aquello, saldría corriendo a detenerla y le rogaría perdón sea por lo que sea. Pero, ahora sólo quería estar con aquella chica. Ayudarla. Verla. Hablar con ella… Quizás sólo estaba tratando de distraerme. Que despreciable soy…

Carolina por fin desapareció de mi vista, animoso apresuré mi paso para encontrar a la chica. No debía estar lejos. Debía disculparme y agradecerle por fingir. Esa pequeña entendía muy bien cada situación.

Miré a todos los lados a cada paso. La ansiedad se hizo tan grande al no poder encontrarla. ¿Cómo había podido ir tan lejos en breves segundos?

A punto de rendirme, pude oír su frágil voz…

-No, gracias… yo… yo tengo que encontrar a mí…-

-Oh vamos, te divertirás con nosotros.-

-Preferiría no hacerlo.-

-No seas tímida, ven…-

-Ha dicho que no.- Tomé del brazo al chico que estaba a punto de ponerla mano encima. Esos tipejos tenían fama de ser casanovas y lo que es peor, acorralar a chicas entre varios hasta no dejarles escapatoria.

-Lisandro, ¿qué demonios quieres? No ves que estamos ocupados.- Se quejó Alejandro, el que lideraba a ese par de bastardos; el padrino.

-A la chica.- Lo miré desafiante y molesto.

-¿Qué dices? Si ella estaba pasándola bien con nosotros, ¿no es así pequeña?-

La joven agachó la mirada, pude notar que estaba temblando.

-…N…No.- Dijo casi en susurro.

-No digas mentiras, te acercaste tan provocativamente a preguntarnos sobre alguien. Como si no supiéramos esa excusa. Jaja, mejor di lo que realmente quieres.-

-Yo… eso es mentira… yo nunca…-Pude notar unas cuantas lágrimas de su hermoso rostro.

No recuerdo con exactitud que sentimientos me invadieron en aquel momento. Pero… creo que si hubiese empleado un poco más de fuerza le podría haber roto la mandíbula a ese idiota.

-¡¿QUÉ TE PASA BASTARDO?!- Enfurecido se levantó del piso e intentó golpearme. Tampoco recuerdo de dónde surgieron tales reflejos. Dos golpes en la cara y uno en el estómago. Fueron suficientes para dejarlo fuera de combate.

Tuve demasiada suerte, lo admito. Ninguno de sus acompañantes intentó ayudarle. Mejor para mí, aunque lo intentara no podría con cinco más.

-¿Estás bien?- Le extendí mi mano a la chica, a mi ángel. Seguía cabeza abajo temblando. No respondió. ¿Realmente estaba tan aterrada? La abracé delicadamente. No quería verla llorar, no lo soportaría. ¿Cómo se llama esto? ¿Amor a primera vista?, no lo sé, pero algo era seguro, no quería terminar con este abrazo. –Todo estará bien… no hay nada que temer…-Salieron aquellas palabras por si solas.

Ella se aferró a aquel abrazo. Sentí sus cálidas lágrimas. Estar de esa manera me hacía sentir feliz…

-Está bien si también lloras.- Me sorprendí ante su comentario… ¿Qué estaba diciendo?… Yo no quería llorar… no ahora… Pero… Mis lágrimas me traicionaron y resbalaron sobre su cabellera tan fina. ¿Tan vulnerable me veía?

Mi dolor y su miedo prolongaron más aquel tierno abrazo. Oía su palpitar, olía su aroma, sentí su suave piel y cuerpo cerca del mío. Aunque aún no era apropiado aceptarlo, estaba enamorándome de ella. O quizás ya lo estaba.

-Lo siento…- Dije en un suspiro y sollozante.

-¿Eh?… ¿De qué hablas?- Preguntó limpiando sus mejillas.

-Lo siento por mostrarte mi lado más deplorable…- Ni yo entendía de dónde salía tanta confianza para hablar así con ella…- Lo siento por mentirte hace rato, quizás no hubieses estado en esta situación… por eso… Lo sien…-

-Gracias.- Me interrumpió besando mi mejilla, llevándose unas cuantas lágrimas en sus labios. –Gracias por salvarme.- Me sonrió de una manera tan dulce. Esas palabras que ella dijo fueron aquellas que yo debí haberle dicho. Sin embargo, en ese momento estaba tan feliz de poder estar una vez más con ella. Es demasiado tarde… Nunca lo esperé, ella dominó mi corazón tan rápido.

-Ven, vamos.- Delicadamente la aparté y tomé su frágil mano. Ella sorprendida me miró, sin embargo no se opuso. –Mi nombre es Lisandro, Lisandro Riveil es un placer.- Le dije avanzando rectamente.

-¿Eh?… ¡Oh! Mi nombre es Emilie Miller…- Bajó un poco el tono de su voz.

Emilie… Un lindo nombre. El simple hecho de pronunciarlo era tierno. Sostuve su mano con más aferro. Cálida, tanto que podía derretirme. Suave, como algodón puro y natural. ¿Qué estaba haciendo?… ¿Qué demonios estaba haciendo con ella? ¿Por qué todo había terminado así?

-Así que… Emilie, ¿qué te trae al instituto Galo?- Pregunté sin mirarla, no podía, su mirada me ponía nervioso. Sentía que si la veía quería abrazarla nuevamente. Que penoso era mi caso, enamorarme de una cara linda… no, no era eso. Quizás sólo llevo dos días de verla, pero siento que sé algunas cualidades de ella, o quizás sólo las estoy inventando para sentirme mejor. Que risa he de dar.

-Busco a mí…-Pausó.- A alguien muy importante para mí. –

Quedé un poco pasmado, quizás un novio…su novio. Pero… Si tenía novio ¿por qué sostenía mi mano? ¿Por qué me abrazó con tan poca importancia?… ¿Sera igual que Carolina? ¿Le importara un bledo los sentimientos de los demás? Eso es cruel… Demasiado. No. ¿Qué demonios digo? ¿Qué clase de estúpidas conclusiones estoy sacando? Estoy haciendo prejuicios… Que idiota soy.

-Puede ayudarte si lo deseas…- Le dije aflojando un poco nuestro agarre de manos.

-¿De verdad?… ¡Gracias! Me salvas demasiado Lisandro.- Me sonrió… Este sentimiento se estaba haciendo más grande… ¿Por qué? Es imposible, es ilógico… Es verdad que no existe algoritmo para el amor… Pero si lo hay para el enamoramiento. Su rostro no debió ser el único estimulo. ¿Qué era? –Oye… Ella era tu novia ¿verdad?- Preguntó de manera inocente.

Me sorprendí un poco.

-Digamos que lo era…- En otro momento eso me hubiera dolido, pero ahora no, mi pequeño ángel, Emilie, se encontraba tomando mi mano. No me dolía en lo absoluto.

-¿Lo era?-

-Aún está en proceso. No sé cómo decirle que lo nuestro finalizó.-

-Eso es horrible…- Hizo un gesto de estar molesta. Se veía más como una niña a la que le acaban de quitar su paleta que alguien que realmente está molesta. Me dio gracia.

-Digamos que ella hizo algo que me dolió.-

-El viento…-Susurró.

-¿Eh? ¿El viento?-

-Ella, ella es el viento de ayer ¿no?- Preguntó curiosa. ¿Por qué alguien que conocía muy poco estaba enterándose de mi vida? Se dio cuenta tan fácil…

-Si…- Dije entre quebrado. Palabras de odio y traición se reflejaban en mi mente. Esta herida me causaba confusión.

-Lisandro… ¿La amabas?-

-..Por supues…- Dudé. Ya no podía decir que la amaba porque ni yo lo sabía. Juré que fue mi vida, que fue mi todo… Pero si Emilie entró demasiado rápido a mi corazón, eso podía ser mentira. Tan sencillo fue deshacerme de su amor… Fue tan frágil… Casi cristal. –No lo sé.- Fue mi respuesta.

-Ya veo.- Apartó la mirada y se quedó callada un momento.

-Dejemos este tema. Mejor concentrémonos en buscar a tu novio…-Demonios, esa palabra salió por si sola… ¿Desde cuándo me traiciono?

-Yo no tengo novio.- Esas palabras me volvieron aún más feliz. Involuntariamente la abracé con un brazo sin dejar de soltar su mano. Ella sorprendida sólo dejó que su cuerpo se acercara más al mío. ¿Qué me ocurría?… Quería estar con ella de esa manera por siempre. Quería protegerla. Quería que siempre sonriera para mí, porque me tranquilizaba el simple hecho de verla. Me estaba volviendo dependiente…

-¡¿Qué demonios haces Lisandro?!- Escuché un grito proveniente de una voz muy familiar.

-¡Oh! ¡Álvaro!- Emilie se separó de mí y corrió a abrazar a Álvaro. Sonrió, le sonrió a alguien más… Soy idiota, quizás no tenía novio, pero quizás tenía un amado. De seguro ha de pensar que soy un tonto. No, realmente lo soy.

Álvaro correspondió a su abrazo y besó su mejilla. Me sorprendí un poco la reacción de él, no suele ser de las personas que demuestren muy fácil sus sentimientos. En algo tenía razón, esa pequeña era un ángel. Si logró que alguien como él le mostrase afecto, debía ser una obra divina.

Sonreí para mis adentros. Me alegraba por él y por ella. Sin embargo sentía una profunda tristeza.

-¿Huh? ¿Lo conoces?-Preguntó Emilie sorprendida.

-Claro, digamos que es especie de amigo.- Le devolvió una sonrisa.

-Jaja, por supuesto. Así que enhorabuena Álvaro, es una hermosa mujer.- Le dije sonriendo. Emilie se sonrojó un poco.

-Lo sé, no hace falta que me lo digas.-

-Deberías proponerle matrimonio ahora, de lo contrario me adelantare. – Pude notar como ellos cambiaron su semblante a confusión.

-Lisandro… ¿Qué demonios piensas? Emilie es mi prima.- Dijo Álvaro un poco enfadado.

-¿De qué hablas? No comparten apellido…-

-Idiota. Ella es parte de la familia de mi madre, es hija de mi tía Raquel. Por lógica no compartimos apellido Lisandro… ¿Qué idiotez habrá pasado por tu cabeza? De todos modos, ¿cómo la conoces? ¿De dónde ha salido la confianza de aquel abrazo bastardo?- Me preguntó enojado.

-Oh, Lisandro me resca…-

-Sólo me pidió ayuda para encontrarte… pero… ¡Era muy hermosa que no me resistí!- Mentí. No debía preocuparlo.

Emilie me miró unos segundos y pronto pude ver su decepción.

-Ya veo. Así que de ahí la confianza…- Álvaro suspiró. –Aléjate de ella jodido pervertido.- Dijo rodeando a Emilie en sus brazos como protegiendo a un conejo de un hambriento lobo

Carcajeé un poco, realmente era un idiota… El más grande quizás .A pesar de que tenía oportunidad con Emilie… no lo haría. No debía. Álvaro es una persona valiosa para mí, quizás por lo que ambos compartimos. Quizás por lo que nos une de manera fuerte. Quizás por su amistad… no puedo herirlo ni a él ni a ella. Así como olvidé a Carolina, la puedo olvidar a ella… No quiero lastimarla, no quiero verla triste…Jamás me permitiría hacerla llorar. Nunca me lo perdonaría y perdería todo… Por eso, si mi único privilegio es verla, por mi está bien… después de todo, aún soy un desconocido para ella.

No debí amarla… Nunca debí. Ella será prohibida para mí. Y como buen humano, lo deseare, deseare eso tan prohibido, pero no cometeré el error de tenerlo… No, no lo tendré.

Estoy feliz de haberla conocido, estoy agradecido de darme valor en abandonar a la que alguna vez creí mi amor… Estoy agradecido de que ella sea mi nuevo amor. De que ella llene el vacío que hubo. Por eso… no puedo estar con ella. La cuidaré de lejos. La amaré de lejos. La veré feliz con alguien más, veré como le sonríe, como le entrega su amor… Pero, seré feliz de sólo verla sonreír…

Existen personas que no deberían amar… Quizá Álvaro tenía razón, sin embargo, para mi aún era mentira…“

-Oye Lisandro… ¿Lisandro? ¡Lisandro!- Le grité, maldita sea, odiaba cuando se perdía de esa manera.

-¿Eh? ¿Qué ocurre Álvaro?- Reaccionó por fin a mis llamadas.

-De verdad eres un distraído, quizás el peor. Vamos, las chicas nos están esperando.- Caminé seguro de que él siguiera mi paso.

-Y bien, ¿qué les parece?- Katherine comenzó a modelar. Que linda se veía. Ese conjunto le asentaba perfectamente. Emilie parecía avergonzada, aunque no lo entendía del todo, su traje de baño rojo, le ajustaba de una manera especial. Estaba hermosa.

-Los dos se ven preciosas.- Besé la frente de Katherine y rodeé los hombros con mi brazo.

-En eso tienes toda la razón, se ven hermosas. Aunque para qué miento, no puedo dejar de verte Emilie, lo siento Katherine pero mis ojos se concentran más en ella. –Le sonrió. Emilie se sonrojo y agachó la mirada. Este idiota debería ser más cuidadoso con sus palabras. Mira que ilusionarla de tal manera. Nunca lo perdonaré si ella sufre.

Lisandro idiota. Pensé.

Katherine y Emilie avanzaron a la pizarra de actividades.

-¡Oh! Grandioso, mira Emilie tienen un acuario.- Dijo Katherine señalando la actividad.

-Nunca he visto un acuario, me gustaría ir.- Agregó entusiasmada. –Álvaro ¿podemos ir?- Me preguntó inocentemente.

-Si, por favor Álvaro.- Se le unió Katherine.

-Jaja, temo que no podrás negárselos Álvaro, las mujeres unidas consiguen lo que sea.- Carcajeó Lisandro.

-Creo que tiene razón.- Suspiré. –Está bien iré a preguntar a recepción. No tardo.- Me alejé rumbo al lugar. Demonios se hallaba muy distanciado. Pero, admito que esto sirvió para poder apreciar mejor el paisaje. Todo era tan calmado, tan sereno, tan bello.

Llegué a la barra y me dispuse a preguntar la información y acerca de los horarios.

-Disculpe…-

-Disculpe…- Al mismo tiempo oí una voz muy familiar que hizo mi cuerpo estremecer.

¿Es el destino o casualidad? ¿Destino? ¿Realmente existe eso? No, es imposible. Opté por casualidad…

-Oh, Álvaro…-

-Valeria…-

CAPITULO 16 CONTINUACION…

-Qué sorpresa tan grata.- Sonreíste dulcemente.

-Claro, lo mismo digo.- No, no era lo que pensaba. ¿Por qué de todos los lugares? ¿Por qué de todos los días? ¡¿Por qué demonios nos encontramos en este momento?!

-Valera, ¿quién es?- ¡¿Y por qué con tu novio?!

-Oh, él es Álvaro.-

-Así que tú eres el famoso Álvaro. Un gusto mi nombre es Joel. Valeria me ha hablado de ti.- Dijo rodeándote de la cintura.

-¿De verdad? ¿Te dijo que fuimos una pareja feliz?- Te miré sonriendo de manera melancólica. Te sorprendiste por el comentario y pude notar tu sonrojo. Él también lo percibió. ¡Ja! Punto para mí. Joder… ¿A qué demonios estaba jugando yo?…

-No lo sé, sólo me interesó la parte de quedar como amigos.- Maldito. Esa estúpida palabra me molestaba. Él me molestaba. Pero… ¿por qué? No debería enfadarme por una corta frase.

-Tienes razón.- Lo miré frívolamente.

-Esto… Álvaro, es una enorme coincidencia encontrarnos aquí ¿no lo crees?- Rompiste la tensión que se estaba formando entre él y yo.

-Demasiada.- Te sonreí.

-Así que Álvaro. ¿Has venido solo?- Preguntó Joel, abrazándote y dándote un beso en la cabeza. Este tipo… Dos podían presumir de su pareja.

-Por supuesto que no. Vengo con mi prima, un amigo y mi novia.- Pude notar que te sorprendiste. Me miraste unos segundos tristemente y agachaste la mirada.

Joel lo notó y agregó.

-Oh, bueno en ese caso no te molestamos más.- Apunto de irse, creyendo no verte más, decidiste proponer algo que no deseaba.

-Álvaro, ¿no quisieras recorrer el balneario con nosotros? Escuché que tienen una fabulosa vegetación. Será divertido si somos más ¿verdad?-

-Me gustaría.- No. No. ¡NO! Esto estaba mal. Ni siquiera pensé en nada a la hora de responder. Por un lado no quería, pero por el otro, no quería que estuvieras a solas con él. ¿Qué me ocurría? Mi plan era alejarme de ti. Pero pareciera que trataba de estar más tiempo contigo.

Joel, se molestó pero no dijo nada. Idiota, si supieras que su gran amor fui… No, soy yo…

Demonios…

-¡Qué bien!-

-Pero será en otro momento, Emilie y mi novia, querían ir al acuario. Así que te veré después Valeria.-

-Oh… Ya veo… ¡Yo también quería ir al acuario!- Joel te miró sorprendido. Pareciese que al principio no tenían planeado eso. –Lo siento Joel, debí decírtelo antes.- Sonreíste de manera inocente.

-No importa, está bien. Vamos al acuario. – Te regresó el gesto.

No pude evitar reírme para mis adentros. Tú no estabas del todo enamorada de él. Querías estar cerca de mí. Si la espina que dejé seguía ahí, podía sentirme tranquilo. Aunque me perturbaba las ganas de alejarte de él, todavía no aceptaría estos pensamientos tan confusos. Todavía no aceptaría que compartieras recuerdos con alguien más. Se supone que deberías sufrir… No podías olvidarme.

-Entonces nos veremos ahí supongo. Parece ser que el próximo recorrido es a las 3 de la tarde.-

-No falta mucho para las 3, podemos irnos juntos.- Dijiste instantáneamente. ¿Qué es lo esperabas de mí Valeria?

-Por mí está bien… Pero ¿no crees que se molestará tu novio?- Te susurré al oído.

-¿Eh? No, no lo creo.- ¿Por qué estabas tan segura sin consultarlo?

-De acuerdo, vamos.- Sé que debía alejarme. Sé que debía romper cualquier lazo, cualquier momento de estar contigo. Pero una parte de mi ser me gritaba y te buscaba. ¿Cuándo me convertí en un imán? ¿Cuándo te convertiste en mi metal de atracción?

Katherine, la necesitaba. Necesitaba a la que alguna vez me sirvió de distractor. Necesitaba enamorarme de ella, necesitaba crear recuerdos que reemplazaran los tuyos.

Yo no te amo… Es sólo que, verte con alguien más no es algo que deba permitir. Me juraste amor. Entonces, debo hacer que des validez a esa palabra. Sí, eso debía ser lo que realmente me molestaba. No debía existir otro factor.

-¿Huh? Katherine… Ha pasado tiempo.- Corriste al verla. ¿Desde cuándo se conocían?… Pensé que ella y tú nunca forjaron una amistad. Ella no mencionó nada al respecto.

-Oh… Valeria…- Dijo con la voz apagada. Tenía que fingir al respecto, no podía hacer saber que yo conocía la relación que alguna vez tuvo con Samuel.

-Valeria ¿La conoces?-

-¡Claro! Ella era la novia de… De un amigo.- Mi actuación salía como la planeé. Pronto Katherine se unió conmigo. Es bueno saber que tenía una “cómplice” en este absurdo juego.

-¿Conoces a mi novio? ¿Qué coincidencia? ¿De dónde le conoces?-

-¿Álvaro es tu novio?- Preguntaste ahora más sorprendida. –Ya veo… ¿Él nunca te habló de mí?-

-No, no recuerdo.- Pude notar su voz un poco celosa. Casi queriendo remarcar lo que para ella ahora le pertenecía.

-Creo… Creo que es mejor de esa manera.- Sonreíste.

-En ese caso, lo siento Valeria te veremos después, iremos al acuario. –Dijo tomándome del hombro.

-¡Nosotros también iremos!- Te exaltaste un poco. –Lo… Lo siento…-

Aún seguías de ruidosa… Eso me tranquilizó pero… me molestaba.

Pude notar una mirada de enojo por parte de Katherine hacía mí. Las mujeres son aterradoras cuando quieren.

-Ya veo… Vamos Álvaro.- Besó mi mejilla y se pegó a mi cuerpo. Me daba un poco de gracia su actitud.

Lisandro me miró un tanto confundido, no dijo nada y caminó junto a Emilie.

Katherine no se despegó de mí en ningún momento. Temía que yo volviese contigo… Como si eso fuera posible…

Emilie por el contrario parecía alegre. Lisandro era un poco experto en el tema de los animales marinos. Le explicaba con detalle acerca de cada uno de los peces que Emilie contemplaba. Parecían una pareja.

Terminando al que parecía ser un eterno recorrido. Katherine me dio un rápido beso en los labios. Me sorprendí un poco por su acción.

Tú nos observaste y pude sentir tu mirada furiosa y triste.

-Gracias Álvaro por traerme aquí.- Me sonrió. –Valeria, fue agradable pasar tiempo contigo y tu novio. Pero realmente me gustaría estar a solas con Álvaro ¿no te importa verdad?-

-¿Huh?… En lo absoluto.- Parecías triste.

Katherine realmente estaba celosa. Sonreí, parecía una niña. Agradecía su manera de actuar, ella me alejaría de ti. Si yo no podía hacerlo, ella me daría un empujón. Aunque en el fondo me regañaba por no poder alejarme de ti, yo solo.

Lisandro y Emilie fueron al área de toboganes. Nos despedimos de ti y de Joel.

No sin antes darte una escena que te haría sufrir. Porque sin duda alguna aun lo merecías.

Abracé a Katherine tiernamente. Besé su cuello y corrí con ella en mis brazos rumbo al canal de agua que pasaba por el balneario.

Katherine carcajeó, ella sin lugar a duda era hermosa, cautivadora y lo mejor, no era una ruidosa. Aparté su cabello mojado de su rostro. Ella rodeó mi cuello con sus brazos y me besó. Un beso lento y apasionado.

Sólo pude observar cómo te ibas de manera presurosa dejando a Joel que comenzó a perseguirte rápidamente.

Esto lo hice para que entendieras que realmente me he olvidado de ti. Para que entendieras que aún no estás lista para ser sólo mi “amiga”. Para recordarte que aún sigo siendo tu amor, que aún sufres por mí. Que me extrañas, que me necesitas… Todo esto comenzó cuando tu amor me declaraste, si me confundo ahora con sentimientos estúpidos, mi tiempo habrá sido en vano. Sí, así es. Por eso, destruiré todo de ti… Destruiré cada parte de ti, hasta que el viento se lleve las migajas de tu ridículo amor.

Aunque en el fondo me duela, el hecho de no tenerte a mi lado… ¡NO! Eso no es cierto. Maldición…

CONTINUARA

ABRAHAM ROCHA RDZ

Existen personas que no deberian amar… capitulo 13 & 14

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-Llevas más de una hora escondida tras la pared.-

Emilie dejó ver unos tiernos ojos y lentamente se acercó a mí, sentándose a mi lado.

-Lo siento. ¿Estás bien?- Preguntó con su delicada voz.

-Sí. ¿Por qué?-

-No lo sé, estaba preocupada, subiste solo a la terraza.- No respondí, dejé de observarla y contemplé el hermoso cielo de esa tarde, donde los rayos del sol bañan a las nubes en un punto medio después de una tormenta.

-Parece hecho de vainilla-

Emilie sonrió y miró el cielo.

-Sí- Permanecimos en silencio. -Álvaro… ¿Qué se siente amar?- Preguntó abrazando sus piernas en posición fetal.

-¿De qué hablas?- Me sorprendí por su pregunta un tanto desconcertante.

-¿Duele?-

-Bueno…  Yo te amo y duele mucho. Siempre me preocupo por ti.- Contesté.

-Lo siento…- Abrazó más fuerte sus rodillas. Toqué su mano para tranquilizarla.

-No es tu culpa de que yo te ame, soy feliz de poder tenerte a mi lado-

Ella volvió a sonreír.

-Yo también te amo, e igual me duele verte triste Álvaro.- Su voz se fue haciendo más melancólica. –… ¿el amor es sólo dolor?-

-Quizá sólo es que algunos no deberían poder amar-

-Eso es cruel.- agregó.

-Puede… Yo tengo miedo de perderte. No quiero que te vayas de mi lado, no quiero perder lo que amo.-

Ella tomó mi mano y murmuró.

-Está bien… Siempre estaré aquí contigo. Nada me pasará.- En mi mente apareció la imagen de aquella mujer.

De nuevo la amargura invadió mi garganta.

-Mientes-

Me levanté en seco y dejé a Emilie sentada sin decir más.

¿Por qué…? ¿Por qué ella usó las mismas palabras que mi madre prometió?

El amor, la felicidad, la calidez, la dulzura, las promesas… Son sólo pensamientos.

Una promesa no vale nada. Son sólo mentiras. Nunca se cumplen.

-Álvaro, ¿qué haces?-

-Oh… estoy dibujando.- Ella se acercó hacia mi dibujo y me regaló una bella sonrisa.

-Qué talentoso eres Álvaro, ¿quién es?-

Me sorprendió su pregunta, pensé que reconocería el rostro.

-Mamá, eres tú.- Respondí un poco disgustado.

-Vaya… me alagas, el retrato es muy hermoso, aunque yo no tengo ojos verdes cariño.-

-Lo sé… pero te gusta el color verde.-

-Sí, es más, confieso que me gustaría tenerlos de ese color.-

-Es por eso que los coloreé de esa manera mamá-

-Ya veo, sin embargo no puedes cambiar lo que soy cielo.-

-Hay personas que cambian su cuerpo, ¿por qué tú no deberías?- Pregunté coloreando el cabello del dibujo.

-Bueno, existen límites. Somos humanos y siempre estaremos disgustados por todo. Aun así, no cambiaría estos ojos, ellos presenciaron tu llegada.-

-Qué ridículo suena mamá-

Ella carcajeó.

-Tienes razón, pero, para mí es algo que no quiero olvidar. No sabes lo feliz que me sentí en aquel momento.-

-Toma- Le entregué mi dibujo y recogí mis lápices de colores. Ella lo tomó y se fue mirando el dibujo sin dejar de sonreír.

Subí a mi habitación. Me tumbé en la cama, abrazando mi estuche de colores. Observé las paredes, adornadas con mis dibujos. Mis amigos. Los únicos.

¿Qué habrá más allá de estos muros? ¿Habrá niños que jueguen con la tierra? ¿Qué trepen arboles? ¿Corran aun sabiendo el peligro de caer? ¿Alguien a quien pueda llamar amigo?

Miré el calendario.

-Hoy es martes- Caminé hacia la ventana para poder esperar al coche gris que no tardaría en regresar.

Lo único que podía ver era un enorme patio y a Sebastián, un hombre extranjero que poseía un acento extraño. Creo que provenía de Cuba. Él se encargaba del cuidado del jardín. Una vez conversé con él. Me había contado que de pequeño escapó de su casa para poder tener una vida mejor.

Pasaron un par de minutos, cerca de la calle principal iban corriendo dos canes, parecía que estuvieran jugando. A lo lejos, noté a un Labrador, mirándolos, igual que yo -con nostalgia y un poco de celos.- El labrador se encontraba encadenado hacia un poste y mientras yo, encerrado en un cuarto de concreto.

No tardó mucho para que el automóvil por fin llegara. Bajó un hombre de traje, al cual mi madre me obligaba decirle padre. Él tenía ojos verdes, quizás mi madre por eso amaba el color verde.

Yo no odiaba a mi padre. Sólo odiaba el hecho de no permitirme ir a un colegio donde hubiese niños.

Bajé corriendo las escaleras. Corrí rumbo al vestíbulo. Mi padre sólo venía los martes, jueves y sábados. Para mamá era importante recibirlo formalmente.

Mi padre entró con esa sonrisa falsa, igual que él.

-Estoy de regreso cariño- Abrazó a mi mamá.

-Bienvenido amor.-

-¿Cómo estás Álvaro?- Preguntó revolviendo mi cabello.

-Muy bien padre- Contesté apartando su mano.

-Bien, ¿qué tal lo cursos de piano?-

-Ya no voy a los cursos papá- Él ni siquiera estaba al pendiente de mí como para saber eso.

-¿Por qué motivos?- Preguntó en tono serio mirando a mi mamá.

-El educador dijo que Álvaro no necesitaba más cursos. Aprendió muy rápido.-

-Oh ya entiendo, grandioso Álvaro, haces honor a tu apellido- Él me tocó de ambos hombros y me sonrió.

-Gracias- No me importaba un alago de ese hombre. Pero mientras mi madre fuese feliz, lo soportaría.

-Por cierto cariño, te preparé tu platillo favorito.- Exclamó

-¿De verdad? Fernanda eres la mejor esposa que este hombre podría tener, te amo.- Besó a mi mamá.

¿Cómo puede actuar de esa manera?

Las cartas y fotos de su cajón decían lo contrario a lo que ahora decía. Al parecer él también amaba a una tal Sarah.

Papá y Mamá habían discutido ese día sobre ella. Él prometió no volver a tener encuentros con ella. Pero… yo no le creo…

La cena fue algo aburrida. Papá hablaba de una manera bastante hogareña. De vez en cuando unas cuantas carcajadas se compartían.

-Álvaro ¿qué ocurre estas muy callado?- Preguntó mi padre.

-Rafael, quizá sea por lo mismo…-

Agaché mi cabeza. De nuevo el sermón.

-Álvaro ¿Sigues pensando en eso? Ya te he dicho mil veces que mi hijo no compartirá su sabiduría con otros niños. Por eso es que me la paso trabajando tanto tiempo. Para poder pagarte lo mejor. –

-Lo sé…-

-Entonces ¿por qué diantres sigues pensando en lo mismo?-Preguntó con un tono intimidante.

-Quiero correr como ellos…-Susurré

-¿Qué? No te escuché.- Subió el tono de su voz. Mamá sólo permaneció callada.

-Quiero correr como ellos…- Aumenté un poco mi voz – quiero jugar como ellos…-Qué más daba el decírselo- ¡QUIERO SER LIBRE COMO ELLOS!- Me levanté de la mesa y salí corriendo directo a la salida.

-¡Álvaro!- Escuché el gritó de mi mamá.

A punto de tocar la acera lejos de la cerca de ladrillos de mi casa, una ligera sensación de adrenalina se apoderó de mí. Podría llamarla felicidad.

Corrí recto, reía por el simple hecho de tener la brisa en mi cara. Respiré apresuradamente. Quería que este aire hiciera explotar mis pulmones. De mis ojos salieron abundantes y gruesas lágrimas. Una gran sonrisa se dibujó en mi rostro.

Me acosté en el pasto. No tenía idea de donde me encontraba. Pero no me importaba, no quería regresar. El olor de la hierba mojada me era placentero. La luna nunca había sido tan grande y resplandeciente.

Me quedé contemplando la hermosa cara de la noche.

Escuché el tirón de una cadena, seguido de varios ladridos. Me incorporé y busqué el proveniente de esos sonidos.

No muy lejos de mí, pude divisar al mismo Labrador tirando de su cadena. Ladraba hacia mi dirección. Su brusquedad hizo que la cadena oxidada se reventara.

El gran can avanzó presurosamente de manera amenazadora. Me levanté lo más rápido posible y comencé a correr.

Estuve a punto de rendirme y dejar pasar lo que tenía que pasar. Mis pies por fin se habían agotado.

Nunca nadie dijo que no habría consecuencias.

-¡Fuera! ¡Largo de aquí!- Una joven de unos 14 años comenzó a tirar pedradas al animal.

El sabueso retrocedió gruñendo. Ella me tomó de la mano y salimos corriendo. ¿Quién era? Muchas gracias papá por no permitirme conocer a mis vecinos. Pensé.

Abrió presurosa la puerta de su casa y rápidamente nos adentramos a ella seguido de cerrarla.

-Eso estuvo cerca- Dijo agitada.

Al estar cerca de la luz pude observarla mejor. Era muy hermosa. Sus ojos grandes color miel hicieron que me sonrojara.

-¿Estás bien?- Preguntó acercándose hacia mí y revisando todo mi cuerpo.

-S…sí.-Desvié mi mirada y tartamudeé al responder.

-Joder qué susto nos han sacado- Se sentó en una silla y me invitó hacer lo mismo.

-Gracias-

-Ni lo menciones- Ella sonrió tan ampliamente. –Nunca te había visto por estos rumbos. ¿Te has perdido?-

-No lo sé- Caminé hacia la ventana. Mi casa se podía ver a unas cuantas calles- Creo que no. Ese es mi hogar.-

-Aguarda, ¿te apellidas Crowley?- Preguntó bastante sorprendida.

-Sí ¿Conoces a mis padres?-

-¿Bromeas? Ellos son los que siempre donan dinero para el mantenimiento del parque- Supuse que ella hacía referencia a mi madre. Cada jueves ella depositaba cierta cantidad en el buzón. De mi padre no lo creería, de seguro mamá utilizaba su apellido. –No sabía que los Crowley tenían un hijo. Un placer mi nombre es Isabel Ackermell. Puedes llamarme Isa si lo prefieres.-

-El placer es mío Isa. Mi nombre es Álvaro Crowley.- Estrechamos manos.

-¿Y qué hacías solo? Ya es un poco tarde ¿no lo crees?-

-Sí, tienes razón creo que sería mejor regresar.- Caminé en dirección a la puerta principal. Isa me detuvo cuando estaba punto de girar el pomo.

-Espera, te acompañaré.-

Acompañado se podía contemplar mejor el camino ya recorrido. Isa nombró a todos los vecinos e historias. Lo que me agradaba de ella, era su tan ardua sonrisa y las risas que me brindaba. Sus problemas menores de su colegio y una locura de alguna amiga.

Yo escuchaba atentamente. Por mi parte no había mucho que decir. Sólo que soy un prófugo que escapó de una cárcel disfrazada de hogar.

-¿Así que tocas el piano? ¡Eso es grandioso! Yo intenté aprender, pero fue un desastre. –Dijo en puchero.

-Yo puedo enseñarte- Necesitaba una excusa para poder seguir viendo a aquella chica y se había presentado la oportunidad.

-¿En serio? ¡Gracias, me encantaría!-

Continuamos platicando, o mejor dicho, ella continuó su charla hasta llegar a la entrada.

Mi madre me recibió.

-Oh Álvaro estaba tan preocupada- Me abrazó fuertemente, por un segundo pensé que iba a llorar. Lo siento mamá.

-Mamá ella es Isa, Isabel Ackermell- Presenté a mi compañera.

-Un placer Isabel, mi nombre es Fernanda, madre de Álvaro- Su sonrisa me tranquilizó.

-¿Y mi padre?- Pregunté al notar que no había señales de él.

-En su estudio- Respondió agachando la mirada. Lo cual me dio a entender que habían discutido.

-Ya veo, ¿madre podría enseñarle clases de piano a Isa?-

-Por supuesto mi amor. Si ella lo desea, por mi está bien- Invitó a pasar a Isa y platicamos otro rato más, jugamos viejos juegos de mesa que mi madre guardaba en un cajón. Isa pronto se tenía que ir. Pero no importaba, ya que mañana vendría por su primera clase de piano y lo mejor sería que mi padre no estaría.

El teléfono sonó y mamá se paró a atender la llamada.

Isabel y yo continuamos platicando, me sentía feliz, quizás no era un amigo, pero era una persona, una real y no una de pintada en un papel.

Pude escuchar el flasheo de una cámara, mamá había tomado una foto justo en el momento en que Isa y yo reíamos a causa de recordar la persecución del gran labrador.

Al fin tenía un recuerdo.

Mamá despidió a Isa gentilmente, ella prometió volver mañana.

Subí a mi recamara y mi madre subió tras mío. Me arropó con las delgadas mantas de mi cama. Ella siempre me contaba un cuento.

-Existió una vez un pequeño escorpión que mataba muchos bichos aún más pequeños que él y se los comía para sobrevivir. Un día llegó una comadreja e intentó atraparlo de un par de zarpazos, pero el escorpión corrió y corrió con todas sus fuerzas para no terminar muerto. En medio de su veloz escape, no vio con cuidado lo que tenía al frente y cayó en un pozo profundísimo y lleno de agua. Al ver que jamás iba a lograr salir de allí y que su ahogo era inminente, se puso a orar. Entre llantos y lamentos decía que se había dado cuenta de lo egoísta que había sido. Había pasado toda su vida matando otros animalillos para sobrevivir, pero ahora era él la víctima y ni siquiera había servido de alimento a la comadreja. Iba a dejar el mundo sin prestarle algún servicio, su muerte sería en vano, al igual que su vida. Entonces le pidió a Dios que no dejara que eso ocurriera, que permitiera que su cuerpo sirviera para el bien y la felicidad de todos. El escorpión empezó a arder en llamas y brilló con un rojo tenue, iluminando el cielo nocturno para todo el mundo…-

-Quisiera que mi cuerpo brillara como el escorpión- Agregué.

-Yo también lo quisiera…- Dijo mi mamá sosteniendo su pecho y con una sonrisa triste.

-Mamá, ¿siempre estaremos juntos? Yo no quiero perderte…-

Sí…Nunca te dejaré solo. Siempre estaré aquí contigo. Nada me pasará – Respondió sonriendo dulcemente…

Sus palabras se irían en la mañana.

-Rafael ¿no crees que esto es demasiado?-

-¡Por supuesto que no! Álvaro debe aprender a obedecerme. Tú tienes la culpa al meterle ideas tan estúpidas en su cerebro. No permitiré que mi hijo sea un completo inútil- Dijo mi padre arrancando cada uno de mis dibujos de la pared.

Permanecí callado viendo como cada uno de mis amigos eran destruidos en cientos de pedazos. La mirada de mi mamá parecía disculparse conmigo por no hacer nada.

Papá tomó todos mis libros que mamá me leía y los amontonó en una caja.

-¡Verónica!- Gritó a una de las mucamas de la casa.

-Dígame señor- Apareció frente a la entrada de mi habitación.

-Dile a Sebastián que queme toda esta porquería de libros. Estúpidos escritores liberalistas. Lo único que saben hacer es perturbar la mente de los niños. Imbéciles.- Tomó la caja y se la entregó a Verónica.

-Enseguida señor- Ella dio media vuelta y se retiró.

-Álvaro, sólo quiero lo mejor para ti.- Mi padre me tomó de los hombros y se agachó a mi altura. Se fue dejándonos solo mi mamá y yo.

-Álvaro, mi pequeño lo siento- Me abrazó sutilmente.

-Estoy bien…- Le dije con voz temblorosa. Me zafé de su abrazo y comencé a recoger cada trozo de papel regado.

-Cariño, los podemos pegar si quieres-

-No, puedo volver a hacerlos.- Mamá me miró con tristeza y se dispuso a ayudarme.

A corta distancia, cerca de la salida estaba un sobre tirado. Debió haberse caído del saco de mi papá.

Lo levanté y se lo entregué a mi madre. Ella lo observó un momento, se cubrió la boca con su mano derecha, su semblante cambió sorpresivamente y sus ojos comenzaron a tornarse rojos y acuosos.

Presurosa abrió la carta y comenzó a leerla, de su mejilla resbalaron gruesas lágrimas.

-Álvaro enseguida vuelvo, no salgas de tu habitación ¿entendiste?- Mi mamá salió del cuarto y cerró la puerta.

Yo continué limpiando la recamara.

-¡Esto es el colmo Rafael! No puedo creerlo de verdad no puedo… ¡¿Cuándo pensabas decírmelo?!- Escuché el gritó de mi madre. -¡Dijiste que no volvería a suceder, me lo prometiste! ¿Cómo…cómo es posible que ahora esto?- La voz de mamá se oía aún más quebrada.

-Sarah…- Pensé.

-Fernanda eso fue hace años-

-¿¡Por qué no me dijiste que esta mujer y tú…-

-Shh… calla o escuchara Álvaro- Interrumpió mi padre.

-No puede ser Rafael, tenemos que decirle-

-¿Para qué?-

-¿Cómo que para qué? ¡Tiene que darse cuenta que clase de hombre es su padre!

-Con lo bien que lo tienes educado dejaría de obedecerme- Dijo con sarcasmo.

-No puedo creerlo, ¿qué edad tiene?-

-No necesitas saberlo son mis asuntos.-

-Es por eso que te largas ¿no? Vas con la otra…

Escuché un golpe seco, un slap, sonido proveniente de una cachetada.

-¡Te prohíbo que le llames así! –

-¿¡Y cómo quieres que le llame si eso es lo que es!?

-Maldita sea… olvídalo yo me largo de aquí.-

-¿A dónde vas?…- Se escuchó la puerta abrirse de un azote.- Rafael… ¡Rafael!… ¡RAFAEL!- Mamá comenzó a gritar con voz aguda intercalada con llanto.

Bajé con pasos delicados las gradas de las escaleras, y ahí la encontré, de rodillas con las manos en la cara frente a la puerta abierta.

-¿Estás bien?- Me agaché a su porte e intenté quitar sus manos delicadamente. Su hermoso rostro estaba cubierto de lágrimas abundantes.

Sollozante me abrazó, sentí sus cálidas lágrimas en mi hombro. Su aire agitado comenzó a rebotar en mi cuello.

-¿Por qué lloras?-Pregunté acariciando su cabello marrón.

No respondió, continuó llorando toda la tarde, por un momento pensé que se deshidrataría.

Verónica separó de mi hombro a mi madre y se fue con ella a su habitación Una última lágrima cayó en mi mejilla, la intenté limpiar con mi dedo índice.

Qué hermosa era, tan transparente, tan cristalina y pura. Lentamente resbalo en todo mi dedo hasta desaparecer.

[Ding Dong]

Sonó el timbre de la casa.

Era la primera vez que yo abría la puerta para recibir a alguien.

-¿Quién es?- Pregunté antes de girar la perilla.

-Álvaro, soy Isa, ¿todavía está en pie la oferta del piano?- Resonó su tierna voz.

-Isa… adelante- Le invité a pasar. No podía creerlo, había vuelto. Ella volvió. Sin duda alguna mi corazón había quedado cautivado por tan pequeño gesto.

Llevé a Isabel hacia el gran piano para poder enseñarle lo básico.

Aprendió muy rápido en cifrado americano, ¿qué era lo que ella decía que se le dificultaba?

Comprendía cada una de mis instrucciones. Curioso le pregunté. -¿Por qué no aprendiste con tu otro maestro?-

-Bueno, es sencillo de responder. Era constantemente acosada por él.-Dijo temblorosa.

Guardé silencio y continuamos con las lecciones. Ella era un excelente aprendiz. No había ninguna dificultad a la hora de enseñarle.

Verónica nos sirvió la cena, mamá no bajó en ningún momento. Me preocupé bastante, pero la palmada de Verónica y su dulce sonrisa calmaron mis ansias.

Isa se despidió luego de degustar los alimentos. Haciendo la misma promesa, volver.

Una vez se hubiese marchado, subí a mi habitación, no sin antes cerciorarme de que mi madre estuviese mejor.

Abrí un poco la puerta y miré como ella se encontraba tumbada en la cama, abrazando fuertemente la almohada de mi padre.

Agaché decepcionado la mirada y volví a cerrar la puerta.

Delicadamente me recosté en mi cama, pensando en lo sucedido. El amor hace que perdamos la cordura, de eso no me quedaba duda.

A punto de conciliar el sueño, un ruido me puso en alerta. Me levanté presuroso y salí de mi cuarto descalzo. Desde el pasillo, noté como mi madre aventaba cuadros hacia el piso haciendo que estos se quebraran. Verónica y Sebastián intentaban calmarla, pero les era muy difícil.

-Oh… Joven Álvaro regrese a su habitación, no se preocupe ella estará bien- Dijo gentilmente Verónica.

Asentí con la cabeza y volví a adentrarme a mi alcoba. Con las sabanas me arropé de pies a cabeza, rogando que la luz del día apareciera pronto.

Las noches se repitieron de la misma manera durante dos meses, mi padre no regresaba, mamá continuaba arrojando cuadros y rompiendo fotografías. Isa llegaba en las tardes, que era la hora de dormir de mi madre, así que nunca se dio cuenta de la depresión de mi mamá.

Una mañana, bajé a tomar el desayuno como era costumbre. Un ligero aroma de rosas y lirios se combinaron en mis fosas nasales.

Caminé rumbo al comedor y encima de la mesa se encontraba un hermoso arreglo floral de hermosos vivos colores. En una hoja de las múltiples rosas, colgaba una pequeña tarjeta.

-Para mí hermosa princesa.- Leí. Al lado del jarrón se encontraba una carta que yacía abierta. El remitente no era nada más ni nada menos que Rafael Crowley. –Verónica, ¿dónde está mi madre?- Pregunté un poco molesto.

-Están dando un paseo por el jardín. –Respondió exprimiendo una naranja.

-Ya veo-

-¿No le emociona que se hayan reconciliado?- Preguntó acercándome un vaso de jugo.

-No lo sé- Bebí el jugo casi de un sorbo. Verónica me acercó un plato de huevos fritos y comencé a comerlos.

No es que no me hiciera ilusión o emoción que mis padres volvieran a estar juntos, sólo que siempre se repetía que se había vuelto tan cotidiano. ¿Cómo lo hacía? ¿Cómo hacía que mamá volviese a perdonarlo?

No lo entiendo y espero nunca entenderlo… es muy cruel de su parte ser tan duro con mamá.

Papá entró abrazado de mi madre, cual pareja adolescente enamorada.

-Álvaro- Soltó a mi mamá para abrazarme y darme un beso en la frente. –Perdóname cariño, fue muy estúpido de mi parte, he mandado a Sebastián a la librería a comprar los libros que he quemado.-

-No tenías que hacerlo… Supongo que tienes razón, son sólo tonterías de críos-

-No Álvaro yo me equivoqué- Me tomó de ambas manos y me miró tristemente a los ojos.

Debió ser actor en lugar de empresario, creo que le quedaba mejor el papel. No quería seguir soportando sus patéticas actuaciones así que lo abracé.

-Oh mi pequeño Álvaro- Exclamó.

Mamá se unió a nuestro abrazo y comenzó a llorar riendo. Los sentimientos humanos son tan difíciles de comprender. Hace semanas ella gritaba maldiciendo y ahora le llenaba la mejilla de besos.

La mañana transcurrió tan diferente al ambiente al que estaba acostumbrado, papá sostuvo la mano de mi madre todo el tiempo que tardamos en almorzar.

Incluso hicimos oración por los alimentos.

-Álvaro, tu madre y yo saldremos a cenar con la familia Zimmerman-

Mis ojos se abrieron como platos, recordé entonces que mi padre mencionó a esa familia como unos importantes inversionistas de la empresa. Ahora tenía sentido el querer arreglar las cosas con mamá. Ella era su esposa y la necesitaba para que lo acompañara a esa importante comida.

Me pregunto si está bien el amar por quien no lo merece. Que tonta eres mamá. Pensé.

En la tarde, ambos se despidieron de mí. Mamá lo hizo dos veces. Su rostro parecía decir que no quería separarse de mí.

-Álvaro…-Me tomó de los hombros y se hincó a penas duras por su largo vestido. –No lo olvides, siempre juntos- Me abrazó dulcemente y besó mi mejilla.

Sentí un escalofrió recorrer el dorso de mi espalda. Vi el auto a lo lejos marcharse. Era mi oportunidad de volver a salir y disfrutar la brisa.

Caminé recorriendo las calles del vecindario cuando a lo lejos miré a un niño llorar sentado cerca del pequeño árbol seco y muerto. Me acerqué, sus lágrimas eran constantes. Agaché para verlo mejor. Él lo notó e intentó cubrir sus ojos.

-¿Por qué haces eso?- Pregunté calmadamente. –Las lágrimas son lindas- Intenté quitar sus manos.

-¡NO ME TOQUES!- Me gritó y me empujó. Caí agresivamente. No me dolió. Él me miró preocupado y asustado. –Lo…lo siento- Se calmó y volvió a sollozar.

-Descuida no me lastimé- Me levanté con un poco de dolor. Me senté a su lado y saqué un pañuelo blanco que Isa me había regalado. Limpié sus gruesas lágrimas.

-¿Tú también te burlarás?- Preguntó repentinamente.

Paré de limpiar sus ojos acuosos. Lo miré y sin mucha inexpresividad le aclaré. – ¿Burlarme? ¿Por qué? –

-He recibido risas y humillaciones por estar llorando.-

– Odio hacer prejuicios a primeras impresiones. Tus lágrimas tienen motivo, yo no soy quien para juzgarte- Sonreí para poder calmarlo. –Si quieres contarme para desahogarte adelante.

Él me vio. Pareciera que no esperaba esa respuesta. Había dejado de gemir.

-Mi perro ha muerto atropellado por mi vecino-

-Oh… Bueno yo nunca he tenido una mascota…

-¡No era una mascota!- Alzó la voz sobresaltando.-Era mi mejor amigo

-Disculpa…- Él volvió a llorar. Vaya que la estaba liando más.

Recordé entonces una pequeña caja de dulces que llevaba conmigo. La saqué y tomé un pequeño bombón; lo introduje en su boca, sus lágrimas dejaron de salir.

-Come- Le dije sacando más dulces y dándoselos. No sabía cómo consolarlo, así que utilice el método que Isa hacía conmigo.

Él escupió todas las golosinas. Me miró y comenzó a reír. -¿Qué haces? – Preguntó entre risas. Lo miré sorprendido. No espera tan repentino cambio de humor.

-Has dejado de llorar- Exclamé.

-Eso parece, gracias.- El niño se levantó y me alboroto mi cabello. Era alto. No lo había notado debido a que estaba sentado. –Me tengo que ir, volvamos a vernos.-

-Claro, cuídate-

Él se fue corriendo. Olvidé preguntar su nombre. Es una pena. Pensé que por fin haría un amigo.

Mis pensamientos se desvanecieron en cuanto llego Isa de manera agitada.

-¡Álvaro, oh pobre Álvaro!- Se hincó y me abrazó – Siento lo de tus padres, pero descuida pequeño yo te cuidaré- No entendí de que estaba hablando. ¿Qué había ocurrido con mis padres?

No lo entendí hasta que pasamos cerca del accidente.

Toqué mi mejilla donde mi madre me regaló su último beso. ¿Por qué no cumplió su promesa?

>>Siempre juntos<<

Isa sostuvo mi mano de camino a la funeraria. Entré con ella, subí unas escaleras que parecían infinitas.

Los dos ataúdes adornados con cientos de flores blancas. Mamá las odiaba, ella odiaba esas flores, decía que le desagradaban porque no tenían color, no se podría apreciar la vida en ellas. Que eran sólo simples flores blancas aburridas. Lo mismo pensaba yo. Las odiaba.

-¿Él es su hijo?; Pobre criatura; Es muy pequeño; mejor así, no lo entenderá- Escuché murmuras de varias personas, todas desconocidas para mí.

Un profundo sentimiento brotó de mi pecho. Lo odiaba, odiaba a mi padre. Él tenía la culpa. Mi pequeña mente quería tener un culpable. Lo odio… Lo odio…

Un sabor amargo inundó mi pecho. No era agradable sentirlo. ¿Llorar? ¿Por qué? ¿De qué serviría regar lágrimas? ¿De qué serviría mostrarlas?

En la iglesia, el sacerdote comenzó su sermón. ¿Por qué la gente se arrodillaba? Los humanos siempre hacen lo que quieren… ¿Por qué creer en la iglesia? ¿Por qué creer en una religión? Al fin al cabo fue creada por humanos, ellos que han cambiado la historia siempre a su manera.

Vamos a matar a los cuervos porque hay demasiados, pero aumentaremos a los pandas porque hay muy pocos e incrementaremos la humanidad aunque sea suficiente. Es lo que dicen. Nosotros siempre estamos rezando y haciendo una reverencia a Dios, ignorantes, sí, de que nos estábamos convirtiendo de alguna manera en Dios sin darnos cuenta ¿Qué demonios nos hace pensar que lo somos?

Nunca he visto a Dios. Siempre lo miraba en pinturas aquí y allá. Escuchado sobre los dioses en historias este y aquel, todos tienen forma humana.

¿Es una coincidencia o el destino? ¿O es nuestro propio boceto egoísta?

Incluso si hubiera una siguiente vida, incluso si no existe ¿A quién le importa? Incluso si reencarnamos, incluso si no lo hacemos ¿Qué demonios importa?

La gente siempre hace lo que quiere. Incluso si estamos en la cima de la cadena o como se llame. Seguimos insistiendo en que existe un lugar todavía más alto.

Creado, destruido y pegado. Así funciona el triste rompecabezas que se han inventado.

Se preguntan: ¿Por qué? ¿Por qué es así?

Pretenden sostener un signo de interrogación, incluso aunque ya lo saben

Eso es porque la humanidad es estúpida. Y así es, todos lo sabemos. Así que podemos simplemente perecer a la cuenta de 1,2,3.

La estupidez no se cura sino hasta la muerte. Entonces ¿cuál es el punto de usar nuestros cerebros?

Ahora hay grandes expectativas sobre la siguiente vida

Pero espera, ¿Qué sucede con el ahora? Aquí y ahora hay que ser imprudentes, luego descuidados. Combina ambos y haz un lío. Aquí y ahora hay que ser sombríos, luego misteriosos. Combina ambos y haz que todo sea incierto

Sin embargo, ¿Qué podemos hacer y cómo? Todo lo que decimos, todo lo que hacemos es no. ¿Entonces qué podemos hacer? ¿A dónde nos podemos dirigir?

Incluso si vamos al cielo, incluso si vamos al infierno. Incluso si estamos, incluso si no. Si no podemos ir a ningún lugar, ¿Entonces a dónde?

Incluso si el camino se encuentra por encima de nosotros, incluso si el camino no se encuentra por debajo de nosotros ¿qué más da?…

CAPITULO 14… CONTINUACION

 

No pude disfrutar la compañía de Katherine en la cena. Recuerdo cada una de sus palabras en la conversación. Sin embargo mi mente no se encontraba transcendiendo significado. Podría decirse que en mi cabeza, sólo existías tú.

Me encontraba dando vueltas en la cocina cual león encerrado en una jaula.

-Demonios, demonios- Decía continuamente. “Si pudiéramos ser sólo amigos, no me importaría” ¿Qué demonios te hace aferrarte tanto a mí?

Tu enfermo amor me causaba dolor y pánico. Estaba tenso, mordía mis uñas tratando de encontrar forma de olvidarte.

-Álvaro… ¿qué haces?- Preguntó Lisandro siguiendo mi paso con sus pupilas.

-Lisandro tienes que ayudarme- Lo tomé de la chaqueta y lo incliné a mi estatura. –Joder ¿por qué tienes que ser tan alto?- Le reproché.

-Calmado hombre… ¿Es por lo de Valeria?- Me tomó de ambas manos tratando de separar mi agarre.

-¿Cómo lo sabes?- Pregunté sorprendido.

-Alva, eres tan descuidado que has dejado esto en la entrada- Lisandro sacó la carta hecha un desastre. La desdobló y me la entregó.

-No debes leer lo que no te corresponde- Le miré molesto tomando la carta.

-Pensé que era un manuscrito. Y bien ¿Qué es lo que ocurre Alva?- Se sentó en una silla fijando su codo en la mesa.

-¿Qué es lo que piensas de esta carta?-

-Es muy buena redactando, pone mucho sentimiento, quizás podría ayudarme en algunos trabajos pendientes que tengo-

-No idiota, ¿qué piensas que debería hacer?- Pregunté algo apenado.

-¿La sigues amando?- Me miró de manera desafiante.

-No lo sé- Desvié la mirada.

Un dolor punzante, como si una cicatriz se estuviera abriendo completamente comenzó en mi pecho. Era como si algo de mí me dijera que es mentira. ¿Por qué?

Él se levantó de la silla y se acercó a mi rostro, mirándome de nuevo con esa penetrante mirada. Agaché la cabeza para no tener que verlo más.

Lisandro, con su dedo índice tocó mi frente alzándola de nuevo, seguía mirándome fijamente. Maldición ¿Por qué demonios es tan alto?

-Mentiroso.-

-¡¿Por qué dices eso?!- Sobresaltado quité su mano.

-Álvaro, siempre que mientes desvías las pupilas de un lado a otro-

-¿Qué clase de tipejo eres para observar todos mi movimientos?-

-Tu mejor amigo- Sonrió ampliamente.

-No me ayudas en nada, Lisandro-

-Puedes volver a verla Álvaro, ella está dispuesta a hacerlo, ¿no crees que tú también?-

-¿Crees que debería?-

-Debes sanar esa herida Alva- ¿Herida? ¿Desde cuándo me dejaste una?

-Gracias- Quizás volverte a ver quitaría estas ansias. –Sé que nunca lo digo, y no esperes que lo haga a menudo, pero, me alegra que seas mi amigo- Le sonreí, en verdad lo apreciaba, apreciaba que estuviese a mi lado. Era cierto, él era mi mejor amigo.

-Sabía que me amabas-

-No lo arruines ¿quieres?-

Él sólo se limitó a regalarme una sonrisa.

La mañana siguiente transcurrió algo agitado. Ahora tenía esa jodida preocupación de cómo volver a verte. ¿Qué debería hacer? ¿Ir a tu casa y tocar? Tampoco estaba muy desesperado. Nuevamente los nervios surgieron. Había decidido despejar mi mente hiendo a comprar las provisiones.

Me subí de prisa al vagón del metro. No quería manejar en el automóvil. Se suponía que la distracción debería durar bastante tiempo.

Me senté en el primer asiento que miré. Para mi sorpresa todo el vagón estaba casi vacío. Debí habérmelo imaginado, era demasiado temprano para que la gente estuviera despierta un domingo.

-¿Álvaro?- Escuché una voz que fue casi una puñalada en mi pecho.

-Valeria…-

Sonreíste y te sentaste a mi lado. ¿Por qué de todos los lugares, me la tengo que topar justo ahora? Pensé.

-Cuanto tiempo ¿no?- Preguntaste sonriendo de manera triste. Tus ojos mostraban unas cuantas lágrimas a punto de salir.

-Bastante- Respondí tratando de fingir una sonrisa.

Agachaste la mirada tratando de que tu cabello cubriera tu rostro enrojecido.

Una ligera sensación de calma invadió mi garganta. No habías cambiado en nada. Sólo que ahora tenías el cabello un poco más largo. ¿Por qué diantres noté ese cambio?

-¿Qué escuchas?- Noté tus audífonos en tus oídos.

-Ah, es una nueva banda, la vocalista tiene una hermosa voz, ¿quieres escucharla?- Dijiste extendiéndome el auricular derecho.

-Claro- Lo tomé y lo coloqué en mi oído.

Tuve que acercarme mi cuerpo más para que el cable pudiese alcanzar. Miré como te tensabas levemente al estar junto a mí y tiraste un poco el cable de los audífonos.

-Lo siento- Te disculpaste un poco sonrojada. Le diste Play para que la canción comenzara.

Sin darte cuenta inclinaste un poco la cabeza hasta mi hombro izquierdo. Simplemente eso me hizo sentirme orgulloso.

-Álvaro, ¿te gustaría escuchar todo el disco? Creo que nuestro viaje habrá terminado cuando acabe.- Preguntaste sonriendo.

¿Qué debería hacer? Deseaba quedarme, deseaba poder respirar más de tu aroma.

-Me gustaría- Respondí casi al instante. ¿Por qué me traiciono?

Las preocupaciones de los niños y adultos son las mismas. Las molestias, el rechazo, la angustia y la presión. Todo con la misma voz desgarrada. La necesidad de ser alguien en la vida y cumplir las expectativas de otros. La necesidad de huir de los demás sólo va en aumento. Pero, yo no tenía preocupaciones. Recuerdo que el mundo me daba igual, nada me importaba, no hasta que terminamos. Mi preocupación eres tú. Mi ruta de escape está bloqueada por ti.

Los alaridos de la cantante nos satisfacen. ¿En qué momento el sonido habitual cambió? Llevabas el ritmo con los golpecitos que dabas a tu rodilla con los dedos. Fue cuando me di cuenta que nos estábamos poco a poco separando. No lo quería.

Me dijiste que nuestro recorrido duraría hasta que el disco se terminara. Por eso en secreto le di repetir. No sé por qué lo hice. Pero en verdad deseaba que nuestro viaje no terminara.

Pero enfrente de la parada olvidaste lo que dijiste.

-Lo siento Álvaro, tengo que bajar aquí- Te levantaste y tomaste tus cosas. Me quitaste los audífonos de un tirón suave. –Gracias- Dijiste gentilmente. –Gracias por aceptar mi propuesta, amigos nada más. Nunca mirar hacia atrás ¿verdad?- sonreíste y bajaste del vagón.

¿Amigos? Valeria, ¿en qué momento lo acepté? El agobiante dolor, irritación, infelicidad y aversión crearon un profundo hueco por mi inmadura decisión.

Pude notar por la ventanilla que te encontrabas con un sujeto, alto, moreno, cabello azabache cobrizo. ¿Un amigo? No, no era un amigo, uniste tus labios con los de él. Te costaba sonreír, parecías triste.

Nuestros alaridos nos lastiman a ambos. ¿Por qué compartías tu sonrisa con alguien más? No lo quiero.

El vagón comenzó a avanzar. Lentamente noté como te alejabas abrazada de ese tipo.

¿Por qué? ¿Por qué me dolía verte de esa manera? Aunque sea un pensamiento inadecuado y aunque sé que no lo quiero aceptar, tu amabilidad ha permanecido inalterable. Lastimándome… Aquella sonrisa que me brindaste no la quiero. Ruego me odies. Hazlo pronto antes que me hunda en este dolor… ¿Dolor? Debe ser una broma…

CONTINUARA….

 

ABRAHAM ROCHA RDZ