existen personas que no deberian amar… capitulo 27 & 28 final

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-Hermanos… Debe ser una broma…-

“…Me molesta que los demás se aprovechen de alguien por prejuicios; ¿Qué hay de malo el que quiera cuidarte?; Eres mi mejor amigo Álvaro; Sabes, estoy feliz de tenerte a mi lado, eres demasiado amable…” Fui un iluso…

“… ¡Por favor vayamos juntos al partido del sábado!; Oye, adivina, entré en la misma secundaria que tú, estaremos juntos en la misma clase; Eres un poco cruel con las chicas, pero por lo menos eres sincero; ¡Álvaro! ¡¿Por qué no me dijiste que te habías lastimado?! Joder macho, siempre eres así. Vamos déjame ver que tan grave es…” Cada una de sus palabras…

“…Yo sólo quiero cuidarte; Eres muy importante para mí…” Todas ella eran mentiras… Él sólo se sentía comprometido ¿no es así?

Me sentía inmóvil en aquellos momentos. Siempre traté de huir de mi pasado, sin darme cuenta que estaba siendo perseguido por el mismo. Lo sabía, no podía escapar…

Todo esto parece una broma… Un estúpido castigo… Su fantasía en la que me ha envuelto… Desvanece mi conciencia por su falta de honestidad… De todas las personas… Él ¿Por qué tenía que ser él?

Pensé que nunca me traicionaría… Pensé que era mi mejor amigo… Pensé que también era importante para mí… Que también lo apreciaba… ¡Mentiras! ¡Falsedades! ¡Engaños! ¿Qué otros sinónimos necesitaba para repudiar todos aquellos recuerdos?

No podía creerlo… No, no quería hacerlo. ¿Cómo era posible que incluso en su tumba aquel hombre me fastidiara? Mi modo de pensar me aterraba… Culpar a mi padre después de fallecido era un absurdo sentimiento.

¿Qué debería hacer? ¿Realmente podría seguir viéndolo como un amigo? ¿O podría aceptarlo como un hermano? No, jamás podría… Él tenía la culpa del sufrimiento de mi madre… ¿Cómo podría perdonarlo?

Petrificado, volví a tomar la caja vino. Mis acciones motoras eran controladas involuntariamente. Movía mi cuerpo sin siquiera sentir la orden de hacerlo. Me sentía fuera de lugar, todo se volvía confuso y estúpidamente lleno de ansiedad. Busqué presuroso aquella carta. La tomé y salí rumbo a la editorial…

-¡Álvaro!… Gracias al cielo has llegado, no sabes cuánto me has salvado.- Llegó Lisandro a mi encuentro. -¿Ah? ¿Estás bien? Te ves muy pálido.- Intentó tocar mi hombro.

Reaccioné rápidamente de manera alertada y esquivé su mano. No quería ni siquiera tocarlo. Lo odiaba… Yo estaba empezando a odiar a esta persona.

-Si… Estoy bien- Ni siquiera podía verlo a los ojos.

-Ya veo… Gracias por las molestias…- La conversación comenzó a enfriarse. Él me miró preocupado, parecía querer decirme algo, pero decidí interrumpirlo.

-Lisandro… ¿Tardaras mucho?-

-Quizás un poco… ¿Por qué?-

-Quisiera que me acompañaras a un sitio.- Mi voz parecía opacada.

-De acuerdo. Entonces supongo que está bien que me acompañes, quedarte aquí solo no sería educado. Vamos- Hizo un movimiento con su cabeza de que debía entrar.

Él iba a la delantera. No podía ni igualar su paso. Decidí quedarme detrás de él, pensando en todo lo que habíamos vivido juntos…

“…Nunca pensé que ustedes dos se llegarían a encontrar algún día…” Ahora esas palabras tenían sentido…. Herido una y otra vez… Siempre es lo mismo para mí. Supongo que ya debería estar acostumbrado.

Lisandro no despegó su mirada de mí. Ambos sentados distanciadamente, esperando mientras revisaban su trabajo.

¿Cuántas veces me han mentido? ¿Quién realmente es honesto conmigo? Nadie. Yo mismo me respondí. Ahora comprendía perfectamente la atención de su madre, la sobreprotección de Lisandro… Se sentían culpables… Sólo fue lastima… Se burlaron de mí… Todos.

-¿Nos vamos?- Preguntó Lisandro quitando mi nube de pensamientos.

-Si…- Me levanté en seco y de manera distante caminé presuroso.

Él no me despegó la mirada en todo el camino. Ninguno se atrevía a romper el silencio. Yo iba tragando un sabor amargo, reprimiendo cualquier pensamiento, para que no saliese antes de tiempo.

-Álvaro… Este lugar es…-

-Así es…-

-¿Por qué vamos hacia allá?- No respondí a su pregunta. Prefería quedarme callado hasta llegar. En el fondo me dolía tanto… No sé cómo lo soporté.

Bajé del automóvil cerrando la puerta bruscamente. Llegué a la entrada de mi antigua casa y saqué las llaves de la entrada principal. Volver aquí sólo me haría más daño… Lo sabía, pero lo quería de esa manera.

Al escuchar el sonido de abertura, entré rápidamente, seguido de Lisandro. Quien sólo seguía mis pasos.

-Álvaro… Has estado actuando raro. ¿De verdad va todo bien?-

-¿Cuándo pensabas decirme?-

-¿Eh? ¿Decirte qué?- Me molesté un poco ante su exclamación tan estúpida. Regresé a verlo. No podía aun creerlo. Deseaba que esto fuese una pesadilla. Una simple broma…

-Tú… ¿Desde cuándo lo has ocultado? ¿Desde cuándo lo sabes?-

-¿Qué estás diciendo?… Lo sabía, no te encuentras bien… Vamos, tengo que llevarte a descansar…- Me tomó del brazo.

-¡No me toques!- Me jalé bruscamente. – Sólo dímelo… Necesito oír que es cierto…-

-No sé de qué me estás hablando…-

Furioso ante sus respuestas “ignorantes” subí las escaleras que conducían al segundo piso. Si el señor Brais decía la verdad, todo seguiría tal cual lo recuerdo y aquello estaría en su lugar.

Entré a la habitación que era de mis padres. Los muebles seguían en el mismo orden. Tenía que encontrarla pronto.

Revisé cajones haciendo un fructuoso desastre. De pequeño nunca me atreví a husmear aquella carta, pero ahora la necesitaba.

El último cajón era de los álbumes familiares. Tomé un grueso libro y lo abrí toscamente. La carta por fin cayó. Sabía que una amistad se perdería… Sabía que algo de mí se iría. Pero lo racional desapareció ante tal acto de inmadurez.

El tener aquella correspondencia en mis manos trajo consigo recuerdos olvidados. Era la segunda vez que la tenía en mi palma, pero ahora, sabría su contenido.

-Lisandro… ¿Podrías leer esto?- Escondí el sobre de la misma para evitar que leyese el remitente. Inseguro aceptó. Yo no tenía el valor de leerlo. Sería una tortura escucharlo, pero de ese modo estaría mejor. La ojeó unos segundos.

-¿Dónde encontraste esto?- Me miró muy horrorizado. Supongo que reconoció la letra de su madre…

-Sólo léela. No omitas nada. Sabré si lo haces.- Él parecía nervioso y preocupado. Ninguno de los dos sabíamos que es lo que había sido escrito en esa carta. Pero algo era seguro, fuese lo que fuese, nos lastimaría a ambos.

-Álvaro… Está bien, lo haré.- Comenzó a leer…

Sé que me has pedido abstenerme de hacer este tipo de cosas… Puede que te estés enfadando con el simple hecho de haber leído el remitente. Puede también que sea egoísta y demasiado. Compartes días conmigo y con ella.

¿En qué momento acepté? Ni si quiera yo lo sé. Me he preguntado qué es lo que hice mal. Seguramente es debido a las pequeñas diferencias y dudas que he vivido.

Quisiera regresar el tiempo, aunque probablemente esto llegué a ocurrir de nuevo. No llegaré a comprender jamás lo qué es el amor. Es extraño y muy difícil para mí. Enamorarme de una persona casada… Eso no iba con mis principios morales.

Sabía que debía alejarme. Tenía que evitarte e ignorarte. Admirarte desde lejos sería lo mejor. Eso era seguro. Pero, soy una persona muy despiadada. O al menos ese concepto quiero emplearme. Me aproveché de tu pelea con Fernanda y decidí acercarme. Fue un grave error… Aunque no me arrepiento, y eso es lo peor.

Te preguntaras con qué objetivo es que estoy haciendo esto. Te escribo porque es un modo de desahogarme. A veces siento impotencia. A veces siento celos. Pero supongo que es lo que merezco por ser la amante. Hay muchas desventajas para mí, Rafael. Tengo que tragarme todo yo sola. Hay veces en las que quiero huir, o bien, gritarle al mundo lo que siento. Pero sé que sería algo demasiado cruel. No sólo para tu mujer, sino también para tu hijo. Tú me has tratado de consolar, diciéndome palabras gentiles y amables. Pero eso no quita el hecho de que yo soy sólo una acompañante.

Mi hijo. Nuestro hijo, fue una bendición para mí. Estaba feliz el poder recibirlo en mis brazos. Pensé que hasta ahí terminaría nuestra relación. Pues tenías que tener cuidado. No me importaba alejarme de ti o el que te marcharas definitivamente. Yo estaba feliz con nuestro pequeño. Pero nunca te fuiste, permaneciste a mi lado junto con nuestro bebe.

 


Si te escribo, no es para molestarte. Es para agradecerte. Tu afecto así mí, tu cariño hacia nuestro hijo y los momentos que has compartido con nosotros.

Te amo… Pero aun así es equivocado lo que siento….”

No sólo logró engañar a mi madre… Sino también a la de él… Ambas eran ciegas, ambas eran tontas… Ambas se aferraron a él con ese estúpido sentimiento. Y lo que es peor, ambas sabían que se estaban haciendo daño al amarlo, pero ninguna lo dejó…

Lisandro permaneció callado. Parecía un poco afectado. Había gesticulado una cara de tristeza…

-¡¿Cuándo me pensabas decir que compartimos el mismo padre?!- Le aventé los análisis en la cara. Estaba realmente exaltado. Furioso y lleno de dudas.

-¿Cómo encontraste esto?- Su voz quebrada parecía apunto de sollozar.

-¡Lisandro por dios! Parecía que los hubieses puesto apropósito. Pero, ya no importa. ¡Sólo dime desde cuándo sabes esto!-

-Álvaro… Yo…-

-¡Deja tus parloteos y dímelo claro!-

-Desde que éramos niños…- Sentí un cubo de agua fría recorrer mi cuerpo… Así que era verdad después de todo… Él sólo sentía pena por mi situación…

-¿Por qué nunca me lo dijiste?…-

-Hay cosas en las que sólo el tiempo puede decidirlas. Nunca encontré el momento ni el lugar. Para mí también fue difícil aceptarlo. Por eso hice los análisis, yo tampoco quería creerlo… – Su voz parecía calmada… Como si realmente esto para él fuese algo sin importancia.

Sentí que la rabia se apoderaba de mí. Que en sus venas corriera la misma sangre me molestaba. Cada lágrima que mi madre derramó, probablemente fue él quien la causó.

Apreté mi puño haciendo que mis nudillos empezaran a tronar. Con toda la ira reservada, le lancé un puñetazo a su rostro.

-¡¿Crees que eso es algo que se pueda ocultar?! ¡¿Acaso tienes idea de cómo me siento?!-

Pude contemplar un poco de sangre de su labio. Con su palma intentó tomar su mandíbula.

-Puede que nunca lo entienda… Tienes razón… Pero… ¡¿Tú crees que es fácil para mí?!- Me regresó el golpe. -¡¿Crees que fuiste el único que sufrió?! ¡Álvaro intenta ponerte en mi situación!-

-¡Ni siquiera lo haré! ¡No tienes idea de mi infierno en este lugar! ¡En estos momentos tengo muchas dudas!… Lisandro tú eres el mayor… Tu naciste primero… ¡Ahora no sé quién es el bastardo de los dos!-

-¡¿Quién es el estúpido que lleva su apellido?!-

-Un apellido no es nada… Él siempre estuvo más pendiente de ti ¿no es así? En la carta lo dice… ¡Por dios! ¡Te dejó tener una maldita mascota! Cuando a mí ni siquiera me permitía tener un pez…-

-¿Pendiente de mí? Ser hijo de la amante no ameritaba privilegios Álvaro… ¡Yo siempre sería visto como un error! ¡¿Me escuchaste?! ¡UN ERROR! ¡Sentía pena por mí!-

-¡No me vengas con tales estupideces! ¿Dices que son privilegios el ser utilizado como una herramienta? ¡Estás totalmente equivocado!-

-No es lo que quise decir… Pero, a ti siempre te presumía como su mayor orgullo… Siempre me contaba de ti… Siempre diciéndome lo que esperaba de ti… Siempre denigrándome… ¡¿Sabes que tan miserable me sentía a la hora de compararme contigo?! Yo ya te odiaba sin siquiera conocerte.-

-¡Por lo menos sabías de la existencia de un medio hermano!… Yo ni siquiera tuve el honor de ser informado… –

-Álvaro… ¿Consideras eso un honor? Me echaba en cara lo que tú llegarías a hacer. Lo hizo con la intención de que me esforzara más, de que fuese alguien en la vida, pero sin rebasarte. Porque él desde el principio me aclaró que no podría.-

Hubo una breve pausa. Un pesado silencio que se prolongó durante unos segundos.

-…Lisandro, ese idiota llevó a la muerte a mi madre…- Me calmé un poco. Sentía un fuerte sabor amargo en la garganta.

-También a la mía…- Me sorprendí ante su exclamación.

-¿De qué hablas?-

-Álvaro, tu madre no fue la única víctima. Tú tampoco eres el único que lo odia. Quizás sea sólo lo que compartimos como hermanos. Odio por nuestro padre. O al menos así era como nos obligaban a decirle… Mi madre murió de depresión. Ese amor tan compulsivo la llevó a una tristeza profunda.-

-Lisandro… Es muy difícil para mí comprenderlo… Incluso siento ganas de ahorcarte. Dime… Tu amistad… Tu protección… Tus insistentes ganas de permanecer a mi lado ¿Fue por esto? ¿Por este estúpido lazo de sangre?-

-Jamás… Álvaro, yo te odiaba. ¿No lo entiendes? Te despreciaba sin haberte conocido. El día del funeral de tus padres, mi madre fue invitada por la única persona que sabía de su relación amorosa. El licenciado Brais le llevó la noticia. Mi perro había muerto hace nada y ahora mi padre… ¿Cómo lo soportaría? Fue cuando te vi… Álvaro Crowley, el hijo deseado, el hijo que sería heredero. El mayor orgullo de nuestro padre. No podía creerlo. Era el mismo pequeño que me había consolado. Pero había una diferencia, ese niño que estaba ante mis ojos era otro… Ahora era mi hermano. Me habías enseñado una lección tan grande. No debí hacer prejuicios por las tontas ideas que ese señor me metió. Al ver tu rostro tan apagado y decaído, comprendí que tan equivocado estaba con respecto a tu persona. En mi crecieron las ganas de protegerte, de cuidarte, de permanecer a tu lado. Te veías tan solo, pero a la vez parecías un roble; fuerte y difícil de derrumbar. Llegué a admirarte… Eras una persona que guardó sus emociones tan calmadamente. Mientras yo, exaltándome y siendo tan expresivo…- Unas cuantas lágrimas rodaron de sus parpados. Suspiró prolongadamente un poco aturdido.

-No entiendo cómo puedes admirar eso de mí… Si fue lo que más odié de mí ser…-

-Lo sé… Me di cuenta de que era equivocado que hicieras eso… Por eso traté de poder ayudarte. Tú siempre lo hacías conmigo Álvaro. Nunca como hermanos, siempre fue como amigos.-

-Lisandro… Quiero estar solo… Necesito pensar tantas cosas.- Sin darme cuenta, mis lágrimas ya habían caído desde hace tiempo. –Tú también deberías estar solo. Supongo que lleva tiempo trascenderlo…-

-Álvaro… Yo ya tuve mucho tiempo para asimilarlo. Entiendo tu sentimiento ahora… Creo que es mejor dejarte a solas. Lo siento…- A punto de marcharse lo detuve.

-¿Piensas irte caminando acaso? Eso déjamelo a mí. Llévate el auto… En mi estado no creo que se conveniente manejar…-Le aventé las llaves. Sus reflejos lograron atraparlas.

-Oye… Sé que nunca podremos vernos el uno al otro como hermanos, ya que nuestro lazo como tal no se fomentó. Pero quiero que sepas, que siempre serás mi amigo…- Se despidió dejándome solo en la oscura y fría casa.

Esperé un rato más antes de poder comenzar a llorar desenfrenadamente. Grité tan exaltado… Todo lo que alguna vez debí llorar estaba siendo derramado.

El haberme contenido mucho tiempo hacia que mi pecho se apretara… Era horrible… Era tonto… Era una forma de librarme de lo amargo…

Ni siquiera yo, podría reconocerme en esos estados tan deplorables. Tan desquiciados. Tan humillantes…

Mi cuerpo flojo se tumbó en la esquina de la habitación. Sentía los ojos hinchados y las mejillas pegajosas. Es por eso que las emociones son peligrosas… No pueden nunca tener control sobre ellas… Te transforman tan fácilmente…

Recordé entonces la supuesta carta escrita por Rafael. Nerviosamente, rasgué el sobre y saqué una delicada hoja de papel con unas cuentas letras… No había duda alguna, era su letra…

¡Felices 26 Álvaro Crowley! Has dejado por fin de ser un niño iluso. Ahora estás en edad de saber realmente tu propósito. Siempre quise un hijo que cumpliera mis expectativas. Sabes, esta carta está siendo redactada en mi oficina. Me puse a pensar seriamente, sobre el futuro y ahora eres mayor… Pero justo en estos momentos eres un niño de 6 años.

Fernanda, tu madre. Me ha dado un grandioso regalo. No sabes lo feliz que me hace saber que tengo un primogénito. Sé que sabrás llevar a flote el apellido. Tu abuela dice que de seguro te parecerás a mí. Confío en que así sea.

Sé que abrirás está carta en tu cumpleaños. Justo el día que heredaras mi empresa. Álvaro, recuerda que para ser alguien necesitas tener en claro tu futuro. Yo soy tu padre y te ayudare en esa decisión. Por eso fueron tus años de estudio y dedicación. Desarrollar tus inteligencias, fue lo primordial que pensé cuando naciste.

Siempre esperé grandes cosas de ti Álvaro… Incluso tu madre está de acuerdo conmigo. Juntos seremos una familia exitosa…

También ahora que tu mente es más madura, sé que sabrás perdonar las tonterías de tu padre. Después de todo, somos humanos ¿no? Quizás a estas alturas ya sabrás acerca de tu hermano. Bueno, tu medio hermano. Sé que puede resultar complicado entenderlo. Pero quiero que sepas que ambos para mí son importantes.

Después de todo, son mis hijos. Puede que haya sido duro contigo. Pero quiero que sepas, que siempre esperé lo mejor de ti. Volverme padre, no estaba en mis planes, lo acepto. Pero su llegada me hizo ver ciertas cosas. Yo quiero que mis hijos triunfen, que nunca sean pisoteados por tonterías exteriores… Espero muchas cosas de ti Álvaro. Confío en que no me decepcionaras…”

Arrugué la carta hecho rabia. Él había llamado tontería a Lisandro. Incluso ante tales declaraciones era un completo idiota… Su estúpida carta me llenó de cólera. Fui un imbécil al leerla. Por más que lo intentará, ese hombre jamás cambiaría… Ser utilizado por alguien como él, era desagradable.

Todo lo que veo ahora, es una mancha borrosa de mi mente transitoria… Que poco a poco desaparecerá. ¿Esto es lo más lejos que mis gritos pueden llegar? Mi subconsciente me gritó “Quiero ser salvado…” Aunque sabía que eso era imposible…

CAPITULO 28 FINAL

Es tan doloroso. Es tan triste. Es muy frustrante. Quiero detenerlo, sólo que no sé cómo hacerlo… Siempre termino perdiendo todo. Yo lo odio tanto. Es tan sin sentido, quiero borrarlo… Sólo quiero tirarlo lejos. Quiero saltar y gritar con toda la fuerza de mis pulmones.

No hay manera de que pueda perdonar este imparable sentimiento; Este dolor, este odio. Todo es tan insignificante, quiero borrarlo pero incluso aunque no me sea permitido, sólo rindiéndome podré salvarme. Puede que me odie… No, yo no me odiaba. Ellos me hicieron odiarme.

Él me engaño diciéndome que podría hacer todo bien. Sus palabras baratas alineadas en una promesa… Pero está bien… No me importa. Ya no…

La gente que siguen siendo bestias, y la gente que trata de ser humanos ¿A cuál debo ir? Quizás a la primera…

Miré a lo lejos mi celular vibrando e iluminando el lugar. Ya llevaba cerca de hora y media haciendo eso… ¿Quién más podría ser? Sólo eras tú… Habías estado llamando tan insistentemente desde hace rato. No me encontraba en razonamiento como para hablar contigo…

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Tú y yo… Todo esto estaba mal… Comencé a preguntarme por qué aún no te habías ido lejos de mí… Sé que no eres tan fuerte. ¿Acaso seguías mi juego por amor?…

Escuché el sonido de la puerta abriéndose. Poco a poco dejó entrar un pequeño rayo de luz. Tu figura pronto se volvió clara. ¿Qué demonios hacías aquí? ¿Por qué siempre aparecías en tales momentos?… Por tonto que suene, estaba agradecido…

-Álvaro…- Corriste y te inclinaste para tocarme.

-¿Cómo es que llegaste?… Fue Lisandro ¿verdad?… Él te trajo aquí…-

-¿Eh?… Si- Ese idiota… A pesar de que le dije que quería estar solo… Siempre hace todo lo contrario.

-Supongo que te lo ha contado…- Sonreí melancólicamente. Ni siquiera podía dejarte ver mi rostro. Me sentía sin fuerzas.

-No, no sé qué ocurre. Sólo me dijo que me necesitabas.- Me abrazaste delicadamente… Sentí un pequeño alivio…

-Ya veo… ¿Ni siquiera intestaste averiguarlo?-

-No… ¿Cómo podría hacer eso?-

-Está es mi antigua casa. Aquí pasé mi niñez. Puede que en este lugar la mayoría de mis recuerdos latentes estén formados… Cuando era pequeño mis padres fallecieron en un accidente. Nunca pude perdonar a mi padre… Y ahora descubro que tuvo un hijo, el cual sin saberlo se convirtió en mi mejor amigo… Es un golpe muy duro no sólo para mí, sino también para Lisandro…- Era extraño para mí el decir tales cosas de mi pasado. Nunca pensé contárselas a una persona como tú.

-Lo siento…- Me miraste triste.

-¿Por qué te disculpas? No podrías ni entenderlo… Así que no digas tal palabra.- Te sorprendiste un poco ante tal exclamación. Me dio gracia, pues esta era la primera vez que conocías al verdadero Álvaro…

-Si… Creo que fue muy grosero de mi parte.- Tus acciones se hacían más incomodas. Recordé entonces nuestra última conversación.

-¿Qué era lo tan importante que tenías que decirme?- Mostré cierta falta de interés. Pero deseaba ignorar el tema. Ya no quería seguir recordando.

-Ah… S-Sobre eso no te preocupes. Era algo que quizás no te importe…-Insegura tartamudeaste un poco.

-No lo parece… Está bien si lo dices… Te dejé plantada ¿no es así? Por lo menos debo tener consideración, así que dímelo.- Quería distraerme, eso era todo.

-Veras… Ohm… M-Me han ofrecido un trabajo un poco lejos… No sé qué decirles… Yo…-

-Es una oportunidad para ti… ¿verdad? Puede que no vuelva a ocurrir- Te interrumpí antes de que dijeras algo más.

-S-si… Pero sabes yo quería saber qué piensas acerca de eso, ya que tú y yo…-Pausaste un poco. Me molestaba tu inseguridad.

-No entiendo por qué tienes que consultarlas conmigo. Deberías aprender a tomar decisiones por ti sola.-

-Oh… Claro. Lo lamento.- Te miré unos momentos. Parecías triste ante mi actitud tan cortante. Pero aun así no decías nada… Te veía frente a mí pedir perdón…

Tú lo estabas tolerando de nuevo… Pronto me di cuenta de algo… Justo en estos momentos, yo era igual que él… Todo lo que él hizo, yo lo estaba proyectando…

Fui un tonto… Lo que más odié, estaba siendo reflejado en mí… Después de todo esto era… Esto era lo que me hacía volver a ti… Soy un idiota… Por fin había encontrado lo que buscaba. Por eso era aquella calidez… Porque en ti sentía mis recuerdos… Esto era lo que últimamente me volvía loco. Tenía que ver con lo que hacías… Tú eras idéntica a las acciones de mi madre… Por eso me molestabas.

Luchar para tener tu atención. Era una cosa que no era tan común para mí. Me sentía no deseado… Claro… Ahora lo sé. Maldita sea…

Quizás al tirar el pequeño teatro lo conseguiría. Si arrojaba lejos el tablero de ajedrez, probablemente lo lograría.

Seguir contigo era un error. Me aterrorizaba terminar siendo la copia perfecta de mi padre. Sentía que aquella mascara pronto se rompía en pedazos…

Esta página de nuestro “cuento” estaba a punto de ser cambiada… Estás páginas en blanco comenzaban a agotarse.

Cosas como el amor, los sueños o la esperanza. Todo eso lo tiré a la basura. Sabía que era un error… Pero, una parte olvidada de mí, quería detener mis pensamientos.

Tenía la sensación de estar manteniendo una ventaja falsa. Creo que ya he tenido suficiente… Ya me había hartado. Algo agridulce había sido escupido. Aunque sea cercano, es imposible percibirlo…

-Álvaro…Tú no me amas ¿verdad?- ¿Qué estabas diciendo ahora? Comenzaste a derramar unas cuantas lágrimas sonriendo de manera tranquila.

-¿Y ahora de qué hablas?…- ¿Desde cuándo lo sabias? Parecías tan segura y sin ningún nervio que delatar en tus expresiones.

–“Somos perfectos” Fue nuestra primera mentira juntos. “Nosotros siempre estaremos bien juntos” Fue la segunda. Estas mentiras a las que sucumbas decían que seríamos tan perfectamente felices…Sólo basta con mirar aquella sombra burlona para saber que es mi imaginación negándose a aceptar. Sé que ocultaste tu verdadero yo… “Así es, soy el payaso que deseas, contrólame” Fueron mis pensamientos… – Valeria… Deja de sonreír… Detén tus palabras. No quiero oírlas. -Mi única fuerza eran aquellos felices recuerdos aunque se fuesen transformando en agonía… Yo sabía que este amor estaba muerto desde el comienzo…Incapaz de creer, no queriendo hacerlo.- Sentí mi pecho siendo estrangulado. -Recuerdo los días en los que me sentía amada. Rodeada de sonrisas y de amabilidad… Yo creía que era el destino cuando mi corazón latía de pensamientos felices. No te importó, aunque no me lo digas directamente, aun así yo lo entiendo. ¿Sabes en lo que mis sentimientos se han convertido? Nunca quise esto… Yo creía que era incierto. Nunca quería dudar de ti… Desde el principio todo era mentira… Pero como una tonta seguí enamorándome… Y ahora sé que este es el triste final de mi fe ¿Crees que realmente nunca lo supe?- El telón había caído. El falso actor que utilizaba dulces mentiras para manipular por fin fue condenado…

– ¿Soy así de perverso?- Comencé a carcajear. -“Me gustas” Hazme decir esas palabras Valeria. Si puedes.­­- No pude parar de sonreír ante tus palabras, aunque esta sonrisa se estuviera quebrando. Tan sólo un corazón coronado con algo como afecto o amor fui incapaz de entenderlo. –Tienes razón, ambos nos divertimos. Te quedaban hermosos los hilos que me permitían utilizarte.- No, no era lo que quería decir… La razón por fin se había escapado de mis manos. La locura sólo iba en aumento. Y las palabras de un lunático salían a flote…

-Por fin tu verdadero rostro…- Reíste gentilmente. -Todo fue un capricho de tenerme a tu lado ¿no es así? Pero creo que ahora ya no estamos jugando…”Te amo” Para ti sólo fue una sencilla frase, es sólo algo más que una herramienta rota. Me he preguntado si algún día te arrepentirás de esto…-

-¿Piensas que esta es una cara de arrepentimiento?- Me acerqué a tu rostro. -Lo nuestro fue tan sólo físico… Nada tiene que ver el corazón. ¿Cómo podría lamentarme por eso? ¿Realmente eres así de ingenua? ¿Cómo puedes sonreír? ¿Acaso lo haces por ignorancia?-

-No te quiero, no te necesito, te olvidare. Fueron palabras que nunca diría… Te seguiría el juego. Me resigné, porque sabía que no podría huir. Mi corazón no ha cambiado y no lo hará. Sin importar el hoy o el mañana te amare. Por eso, tengo que alejarme de ti…He llegado a mi límite. Álvaro… El amor no es de uno, se compone de dos… Gracias por todo. Pero, no quiero ser la chica de este texto.- Me entregaste un grueso y olvidado libro. Aquel que nos dio este pequeño vinculo.

Trataste de convertirme en un caballero… En un príncipe… En un Romeo. Sin darte cuenta que en ese cuento todo era una tragedia.

No quiero estar aquí… La realidad en la actualidad es mentira. Ya que el “príncipe” se ha ido lejos y desechado. Entonces voy a dejar las cosas con “el otro yo”. Convertiré esta situación en una comedia. Para volver a fingir que no te necesito. Sólo quería oír tu voz. Quería que borraras este sentimiento de desazón. Tu lienzo había sido pintado de mentiras. Una y otra vez…

Ningún amor es auténtico. El corazón supletorio nubla cualquier sentimiento. ¿Qué es el amor? De nuevo alzó la voz a esa pregunta. ¿Es algo… dulce? Ya que algo de lo que conozco es sólo amargura, sé que no seré capaz de entender lo que es… Pero, todas tus dulces palabras… Tu gentileza, tu amabilidad, tu calidez… Siempre estuvieron conmigo.

Mis lágrimas seguramente son demasiado transparentes como para ser vistas. Quiero que me ayudes. No puedo dejar de pedírtelo. Nadie más que tú puede. No hay manera de que diga algo así… Todo eso hizo que me diera cuenta de mi inmadurez y debilidad.

-Oye… El que no digas nada, es muy cruel. Pero de cierta manera me siento algo aliviada. Ahora no me duele… Ves… Te olvidaré… Eso probablemente sea mentira… Pero…- Tu voz se hizo en silencio ante las gruesas lágrimas. –Lo siento… Tengo que decirte adiós. Gracias por haberme soportado, incluso aunque fuesen mentiras…- Besaste mi frente y presurosa te marchaste. Fue nuestro adiós definitivo…

Y ahora… Me encuentro en la penumbra. Siento que algo comienza a desmoronarse de mi ser. Sin saber lo que me atormenta… Yo sólo gimoteo y me quejo. Pero verte de esa manera, me causa impotencia…

Sin tocar las heridas que nunca revelé, tú me rodeaste con tu ternura. Quizás no pueda devolverte eso con la misma o el triple de la cantidad que me diste, aun así “Me gustas” o “Te amo” Mira, ahora puedo decirlo, sin embargo no lo hice en el tiempo que es debido. ¿Por qué el amor tiene que ser así amargo? Apuesto a que debe ser una tribulación para sacar más dulzura.

… Sólo hazme olvidar semejante amargura. Que esta semejante pesadilla se ilumine. Que termine hasta el punto en que me desvanezca. Hasta que pierda la cabeza. Hasta llegar a lo que deseo… Hasta que vuelvas a amarme…

Este idiota que se está incorporando… Se está enamorando…

Los días han pasado. El tiempo continúa su curso habitual en todos los sentidos. Ahora que lo tengo en claro, me doy cuenta de que anteriormente mi vida fue monocroma. ¿Fue lo que siempre quise? No. Ahora soy capaz de decirdirlo.

Incluso puedo decir lo importante que es Lisandro para mí… Él tenía razón… Hermanos jamás seremos. Mejores amigos, puede que sea cierto. El ser egoísta nunca me dejó ver eso. Tal vez estemos separados por tal acontecimiento. Pero estoy seguro de que enterraremos este pasado con unas cuantas lágrimas para que lentamente se pierda.

La soledad sólo aumentara y probablemente te olvidaré… ¿Cuándo aprenderé a dejar de mentir? Por supuesto que no podré olvidarte. Me he aferrado a tus recuerdos. Lograste penetrar mi corazón. Conseguiste dejar una marca…

Sigo pensando en ti. Necesito verte. He descubierto lo que realmente siento. Esto no es sólo un juego. El corazón me duele. Pensé que podría ganar. Cuán equivocado estaba.

Creí que eras una bailarina y que esta pieza de baile podría dominarla.

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Me he convertido en presa. Sin saber cuándo fue o cómo… Esto es una torcida realidad, y un quebrado corazón. Esta barrera por fin se ha destruido. Mi corazón late fuerte por ti.

Aunque sea muy falso si pudiese ver tu rostro, si tan sólo tocara tu mejilla o si tan sólo tu voz pudiese oír, quizás está angustia se iría.

Amar y ser amado nunca me había importado. Lo creí irreal… Puede que la sincronía no esté presente. Fui amado, pero nunca amé. Y ahora que por fin lo logré, no soy correspondido.

Una poción de amor, eso debía ser. No. Claro que no era eso, es imposible que exista.

Mi celular comenzó a vibrar. Cayó de la mesa en donde se encontraba. Al instante abrí mis ojos, sobresaltado un poco del sillón. Sin ánimos, me levanté. Mi postura parecía de un alcohólico, tambaleaba al caminar, mis piernas flojas y sin mucha movilidad, se doblaban a cada paso.

Cogí el móvil. Encendí la pantalla. Era un mensaje de Lisandro.

Llegaras tarde. Perderás tu última oportunidad. No la arruines. ‘‘

¿Última oportunidad? No comprendía. Sin previo aviso, sonó el tono de llamada. Era Lisandro.

-Al habla Álvaro.- Contesté rápidamente.

-¿Te llegó mi mensaje?-

-Sí, sólo que no lo comprendo ¿A qué haces referencia con “última oportunidad”?- Pude oír un gesto de disgusto y sonido de reproche.

-¿No lo sabes?- Preguntó con tono burlón.- Sabía que no… Alva, Valeria se ira de la ciudad a vivir con una amiga a Madrid. Es tu última esperanza. Por desgracia todo se puso en reversa para ti. Es el momento de revelarle todo ¿no lo crees?- Fue directo y muy claro.

Sentí una descarga eléctrica recorrer mi cuerpo. Un pequeño rayo que revivió mis dormidos ojos. Mis piernas comenzaron a temblar. Mi corazón bombeó lejos de lo normal. Pareciera que quisiera salir por la boca.

-Es mentira- Fue lo único que pude decir con mis labios fríos y sin vida. Yo no quería creerlo, no quería oír sobre ti.

Se oía como de la otra línea, Lisandro suspiraba, decepcionado de mi reacción.

-Central 18, calle Perenil. Hora de salida. 5:30 pm-

Colgó al decir la última frase.

Sentí cómo el soporte de mi cuerpo se quebraba. Me tumbé sobre el sofá, dejando libre el agarre de mi celular.

Miré a un vacío. Quería asimilar cada una de sus palabras. Volteé unos instantes al reloj de pared.

5:03 pm. Mis ojos quedaron fijos, viendo como la manecilla de los segundos daba su trayecto. Me levanté, ahora con nauseas, sentí por una instante, mi cuerpo a punto de caer. ¿Esto es lo que llaman depresión?

Y ocasionado por quien, por ti, tú. Una persona que en mi vida jamás debió perforar mis emociones.

El doctor Blake tenía razón en algo. El maldito corazón sólo es un órgano que bombea sangre.

Sería fácil dejar pasar tu ida, olvidarte como una fotografía en un álbum. Sera mejor para los dos. Pensé. Sin embargo, ¡No sé por qué demonios estoy corriendo rumbo al aeropuerto!…

El viento en mi cara lastima, pero también se lleva mis frías lágrimas. Tu rostro sólo tu rostro predomina en mi rumbo. Quiero verte, quiero tocarte. Yo… Yo no puedo vivir sin ti… Te amo… Es tan deplorable que hasta ahora tenga el valor de gritarlo.

El temor de ser olvidado o ignorado fue desechado. Todas estas emociones reservadas son liberadas. Estoy perdiendo el control de mis acciones… Pero ya no me importan…

…¿Q-Qué es esto? ¿Por qué mi vista es borrosa? ¿Eso que escucho es una ambulancia? Me cuesta respirar. Mi cuerpo se siente liviano. Esas dos pequeñas están llorando, su rostro es pálido. Un señor parece preocupado…

-Súbanlo con cuidado- Da la orden una persona con el logo del hospital Unlione. ¿Qué ha ocurrido?

-¡Mierda!- ….D-Duele. Una de esas personas me ha subido a una camilla un poco brusco. Demonios duele mucho…- Ten más cuidado imbécil, este hombre está rozando la muerte-

Maldición… ¿Qué estaba diciendo? ¿Rozar la muerte? Mis ojos se vuelven pesados. Dormiré con esa ruidosa alarma de la espaciosa ambulancia… Aunque sea forzadamente, pues mis parpados parece que no aguantaran tal pesadez….

Con el olor a medicina, desperté ahora en una camilla blanca. Conectado a 4 cables. Dos en las fosas nasales. Uno en mi antebrazo derecho y los últimos en mi pecho. El marcador de pasos se oye estable…

Ahora lo recuerdo. Salí corriendo y vi una intermitente luz. El sonido de un freno desesperado. El gritar de dos pequeñas. El contacto de mi cuerpo con un metal frio y pesado fue lo único que pude percibir.

-Joven Álvaro, siga la luz-

-Doctor no parece responder-

-Busca en su expediente y llama a algún pariente o conocido-

-Enseguida-

Los sonidos se vuelven más leves. A penas escucho esas voces.

-Tranquilo joven Álvaro, ha sido un golpe de suerte no pensamos que se pudiera salvar- Dijo el Doctor Blake sonriendo – Es impresionante que haya aguantado la noche-

Lo he arruinado, he perdido mi oportunidad. Seguramente tú seguirás en ese avión rumbo a Madrid.

No puedo dejar de sonreír por mi idiotez. Lágrimas se combinan con esta sonrisa de dolor.

Hay personas que no deberían poder amar… y creo que soy una de ellas. Soy inmaduro, idiota. Todo un crío cuando pensaba que tú lo eras.

¿Qué más da ahora? Si decido rendirme… ¿A quién le importa?…

Si hubiese podido decirte adiós antes… De esta manera. Incluso podría haber fingido no darme cuenta del dolor que siento y las mentiras de esta espina incrustada, se irían.

Las lágrimas que cayeron de tu mejilla oprimieron mi pecho.

Aunque me odies… porque está bien incluso si me odias. Esconderé este pequeño deseo, este sueño y estos sentimientos en mi corazón. Aun cuando quiero decírtelos cada vez más.

Seguramente… Encontraras la felicidad… Lo que tú posees, es lo que yo perdí. Desapareciendo en una profunda depresión agitándose hacia mi interior.

Fui tan feliz en ese momento… y también tan estúpido por no darme cuenta. Aunque lo deseé, no volverá…

Resuena un eco suavemente en mi pecho. Si te pudiese observar de nuevo ¿me sentiría mejor?

Si tan sólo pudiera detenerse el tiempo…No, eso no se puede. Lo que prometiste ese día, fue no cumplir con mi castigo.

-Pueden pasar, el paciente está estable-

-Álvaro…- Corrió Emilie hasta mi camilla seguida de Isabel. Me odio… hice llorar de nuevo a las personas que amo.

-Oh, dios mío Alva- Exclamó Isa.

-Álvaro idiota…- Entró Lisandro y junto a Emilie se inclinó a mi camilla. -¿Por qué siempre haces este tipo de cosas?- Reprimía sus lágrimas.

A penas duras sonreí… Estaba feliz que estuvieran aquí… pero, volví a hacerlo. Volví a preocuparlos. Lo siento. Lo siento Emilie… Lo siento Isabel… Lo siento, hermano…

-Idiota…- Lisandro sostuvo mi mano. Agradecía tenerlos conmigo, pero… no los merecía. No merecía a ninguno de ellos.

-Señor Riveil, necesitamos que firme algunos papeles-

-¿Eh?… Por supuesto-

-Espera Lisandro, yo los firmare, tú quédate con Alva- Lo detuvo Isa y salió junto con la enfermera.

-Estará bien Emilie- Intentó consolarla Lisandro. -¿No es verdad, Alva?- Me sonrió de manera tranquilizadora. Por algo él era el hermano mayor ¿no es así?…

Lo miré triste y sonreí.

-Disculpen…- Escuché esa tierna voz, mi corazón se aceleró… No lo podía creer… Eres tú. Valeria… -¡Álvaro! ¡¿Qué te ocurrió!?- Intentaste correr, pero Lisandro te detuvo.

-Valeria tranquila, te dejaremos a solas con él. Tienen mucho de qué hablar… así que cálmate.- Emilie y Lisandro salieron sin antes regalarme una sonrisa.

-Oh…Álvaro…- Corriste con lágrimas en los ojos. Me abrazaste tratando de no hacerme daño.

-Por favor…no te alejes- Mis palabras se esfumaban como un susurro.

Tu cuerpo temblaba. Tus lágrimas resbalaban sobre mi pecho.

-Lo siento… – Intenté decir

-Álvaro… ¿Por qué tú…? ¿Por qué me haces esto?- Dijiste entre quebrada.

-Soy un idiota Valeria, siempre lo he sido…-

Miré hacia la ventana… Las hojas secas caían traviesamente. Volteaste tu mirar hacia el mismo lugar.

Con una sonrisa dijiste. –Es hermoso ¿verdad?-

Sin saber que el final se acercaba. No dije nada

-¿Por qué volviste?- Pregunté triste

-No podía irme… Quería engañar mi alma y decirte que no te necesitaba… Pero, es mentira, te amo… Y nunca cambiaran estos sentimientos por más que quiera desecharlos. Por más que me hayas dicho lo que realmente sentías todo este tiempo, aún lo conservaré. – Volviste a sollozar.

-Eres una idiota…Una idiota que se enamoró de otro idiota. Siempre quise que me odiaras. No soportaba ver la misma sonrisa de mi madre en tu rostro. No quería amar… no podía, no debía… Jugué con tus sentimientos porque quería aprender de ellos. Quería que mi mente entendiera que el amor es sumamente cruel… ¿Por qué lloras? – Tomé tu rostro frágilmente. Que cálido se sentía. –No dejes que nadie más las vea… Confieso que incluso ahora, deseo que me odies. De lo contrario sufrirás. “Te amo” siempre fue una palabra vacía para mí. Pero, si la volviese a escuchar de tus labios, que feliz sería. Lo siento… Soy un egoísta. – Limpié tus lágrimas.- Jamás olvidaré esos momentos felices que pasé contigo. Quiero que seas feliz y encuentres a alguien que nunca deje que estés triste.-

-Álvaro…yo…

-Sonríe… Sonríe a todo el mundo. No llores más… Prométeme que serás feliz.- Besé su frente con mis pocas fuerzas. –Siempre juntos ¿verdad? – Intenté sonreír con unas cuantas lágrimas en mi mejilla. Discúlpame por haber dicho esas palabras cuando en el fondo no pensaba cumplirlas. Sabía que era mentira pero… -Te amo-

– Álvaro… ¿Álvaro?… ¡Álvaro!… ¡Doctor!-

-¡Enfermera, deprisa traiga el desfibrilador! ¡Lo estamos perdiendo!… Joven Álvaro vuelva… ¡Enfermera deprisa! Lo siento señorita… necesita hacerse un lado y salir-

Aquel día fluían en mi interior una canción nostálgica y los recuerdos, de ti y de mí riendo juntos… Me pregunté si algún día sería capaz de dejarlos en el pasado. Culpé a otros de mis debilidades. Desesperado buscaba una solución. Buscaba sin darme cuenta un refugio para no ser herido.

-Listos para la primera descarga… ¡AHORA!-

Deseaba poder detener el tiempo. Porque estaba tan asustado de convertirme en adulto, de crecer… De madurar…

Te pido que me abraces. Dibujaré el futuro que soñaste para nosotros con estos sentimientos que por ti se desbordan para que nunca se desvanezcan.

-Segunda descarga… ¡YA!-

El momento de nuestra despedida se acerca. ¿Por qué no puedes quedarte por siempre aquí? El destino tiñe nuestros corazones con su crueldad…

Las palabras que resuenan en el cielo azul, las diré infinidad de veces para ti…y tristemente florecerán para llegar a tu corazón…

¡No por favor, no quiero irme! ¡Suéltenme! ¡Álvaro!

-Tercera descarga…-

-Doctor… creo que…

-¡Tercera descarga dije!

No olvides nunca que… Te he amado…

-Cuarta descarga… ¡YA!

Suavemente tu voz va desapareciendo y el cielo cae en pedazos ante mis ojos…

-Quinta descarga… ¡YA!…

-¡Lo perdemos!-

-Sexta descarga… ¡Ahora!-

Las palabras se esfuman… Los recuerdos desaparecen… Todo se vuelve negro… Adiós Valeria…


-Érase una vez, un niño que tenía que crecer. Viendo cómo era el mundo que le rodeaba, pronto comprendió que su corazón de niño representaba muchas de las cosas que le hacían débil y que le impedirían convertirse en adulto. Así pues, el niño decidió deshacerse de su corazón y guardarlo en una caja. Durante años fingió que no lo necesitaba. Pero a menudo, desde el interior de la cajita sonaban los latidos, tan altos y vibrantes que parecían sonar como notas musicales en su oído. Recordándole, a aquel quien fuera un niño en algún tiempo, que ese corazón seguía allí, dormido y olvidado, pero vivo. Y hoy estamos con este niño… Álvaro Crowley a más de un año de su partida. Una persona que pensó que el amor nunca le llegaría. Demasiado tarde estamos reunidos para demostrarle lo equivocado que estaba. Siempre te llevaremos en el pensamiento Álvaro… Mi querido hermano. – Terminó Lisandro dirigiéndose a la lápida y al ataúd que yacía en el fondo de la tierra. Un lugar frío.

-Amén- Exclamaron los presentes haciendo plegarias. Pero, de todo ellos, la persona que más rezó fue una joven… una tierna joven que amo al borde de perderlo todo. Valeria Hoffman sostenía a una pequeña niña en brazos. La pequeña de los grandes ojos castaños claros, igual a los ojos de aquel quien fue su padre, no comprendía por qué su madre lloraba. Tenía tan sólo un año y cuatro meses desde que llegó al mundo.

-Te querremos por siempre Álvaro- Valeria depositó una rosa en el enorme montículo de tierra. Su largo cabello castaño limpió unas cuantas lágrimas de su rostro.

-Papi…- Balbuceó la pequeña. Valeria sonrió y continuó su camino hacia su hogar.

-Fernanda… ¿Cómo está mi sobrina consentida? -Lisandro tomó en brazos a la menor sonriendo y miró preocupado a Valeria. -¿Todo bien?-

-Sí- Ella limpió sus lágrimas y sonrió. Fingiendo. Porque en el fondo sabía que se estaba muriendo.

-Ya veo… Me sorprende que nunca le dijeras que esperabas a esta hermosura.- Besó tiernamente a Fernanda. A lo cual la menor sólo sonrió.

-Quise hacerlo… Pero no era el momento. Nunca lo fue…- Su voz cada vez se hacía más tenue. –Por cierto… ¿Qué tal te van las cosas con Emilie?-

-Mejor… Sus padres aún no me aceptan, pero al fin de cuentas mi prometida es Emilie, no ellos.-

Valeria rió ante su comentario.

-Cuídale…- Dijo melancólicamente. –Es hora de irnos Fernanda- La pequeña volvió a brazos de su madre. Valeria se alejó desapareciendo en aquel taxi.

Lisandro se quedó un rato más mirando la tumba de su hermano.

Un hombre que había estado presente en el aniversario de velación, había interrumpido la soledad de Lisandro.

-Ha pasado tiempo, ¿verdad? – Le dijo el individuo despreocupadamente.

– Bastante…- Devolvió el saludo- No quiero ser descortés, pero ¿qué haces aquí?- Preguntó Lisandro sin dejar de ver la tumba de Álvaro

-Vine a ver a este joven, pobre, murió tan deprisa-

-En efecto… Aunque lo odiabas ¿no?-

-Sí… Lo odiaba bastante, estoy muy feliz que por fin se haya marchado.-

-Ya veo…- Lisandro sonrió por un breve momento. –Valeria lo sigue amando. Su hija es tan encantadora. –

-Sí… La niña es un ángel casi caído. Parece muy feliz a su lado. Es una pena que Álvaro no pueda regresar de ahí- Dijo el hombre señalando la tumba. Sonrió, parecía feliz de poder hacerlo, pero por un lado, parecía triste. Lisandro le miró y calmadamente respondió.

-Tienes razón…

El hombre retiró sus gafas que por el momento le cubrían sus parpados. Lo tenía en claro. Álvaro no podía regresar con la persona que tanto amó. Era mejor de esa manera. No lastimaría a nadie al mantenerse alejado… Al menos así pensaba.

Tomó aquella rosa e inhaló su aroma. Lisandro le sonrió.

“Existen personas que no deberían amar… Personas a las que nunca les llega el amor…”

Leyó el epitafio.

-No, sólo son personas que no permiten la entrada.- Pensó.

Miró su tumba y triste le dijo adiós a su otro yo. Aquella persona que murió… Aquella sin amor…

-Vamos Lisandro- Dijo caminando derecho y apretando la rosa con su mano izquierda, haciendo que las espinas se le incrustaran en su piel de manera que lentamente sangrara.

-Por supuesto… Álvaro…-

“…Aunque su lienzo ha sido pintado de inmensos colores… El marco se ha perdido, dejando que el artista siga su boceto…”

¿…FIN…?

 

ABRAHAM ROCHA RDZ

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