Existen personas que no deberian amar… capitulo 19 & 20

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¿Qué rayos le ocurría?

-¿Emile? ¿Estás bien?- Pregunté preocupado. No respondió. Quedó absorta en sus pensamientos. ¿Qué estaba pensando? ¿Cuál era el motivo de sus lágrimas?

Fue un sentimiento confuso. Algo que no entendía muy bien… Una simple anomalía que ocurría en mi vida.

El pesado cuerpo que chocó con el mío.

-Duele…- Solté inconscientemente. A veces creo que mi cerebro me jugaba una mala pasada. Decía lo que debía permanecer en mi cabeza. Tenía que disculparme pronto… pero ¿cómo? Nunca fui buena hablando con los demás. Se malinterpretan mis palabras y al final no puedo hacer nada. Era muy difícil. Oh Emilie, no seas ridícula. Me gritaba en mi cabeza. Que patética soy. No, no de nuevo. Volvería a verme como una tonta…

-¡Lo siento!- Exclamó apenado un joven alto de ojos casi amarillos combinados con finos toques verdosos. Me extendió su grande mano ofreciéndome su ayuda.

-Gracias.- Su palma era rígida. Un poco áspera y fría. Hice un poco de fuerza y el contacto de sus dedos fue más cercano con los míos. Tenía que decir algo… después de todo la culpable era yo. Estaba exhorta en mis pensamientos que no me di cuenta que él deambulaba. Sólo esperaba que mis palabras no me apuñalaran cruelmente.

-Está bien, fue mi culpa.-Perfecto. Nada tonto. Pero… ¿Por qué me estaba observando con esa mirada intimidante? Podría ser que estuviera ¿molesto?

Lo sabía…Soy una rara…

-Para nada, fue mi culpa.- Agregó cambiando su semblante. Me aliviaba el hecho de que no estuviera furioso por el golpe. Le sonreí calmadamente.

Fue entonces que lo observé mejor. ¿Qué le ocurría? Sus ojos parecían hinchados. Una pequeña lágrima yacía en su pómulo; solitaria y húmeda parecía apunto de romperse.

-¿Estás bien?- Le miré preocupada. No sabía qué es lo que estaba haciendo. Indecisa y un poco nerviosa toqué su mejilla. ¿Por qué su mirada era triste? No me agradaba…

Rápidamente separó su mano de la mía. Qué vergüenza no había notado que la seguía sosteniendo. Ha de ver sido incómodo para él. Limpió presuroso sus parpados.

-Oh ¿esto?, no es nada, una pequeña basura. Hoy corre mucho viento.- ¿Viento? Estaba mintiendo… No había mucha ventisca. Quizás estaba exagerando… pero, su mirada no era por una basurilla. ¿Podía ser quizás una persona? Quizás el viento era el modo en que lo representaba… ¿Ese viento lo había hecho sufrir?…

Pronto reaccioné. ¿Qué diablos hago yo metiéndome en la vida de los demás? Álvaro decía que la curiosidad era un hábito muy horrible…

-Ya veo, tienes razón.- Dije evitando hacerle otra pregunta. Debería concentrarme en buscar a mi primo en el instituto. Hacía tiempo que no le veía. . –Tengo que irme. Espero y el viento no vuelva a lastimarte.- ¡RAYOS! Eso no debí haberlo dicho… Pero en el fondo, no me gustaría que lo hiciese.

Él sonrió. Por lo menos logré esa expresión.

-Adiós pequeña…- Escuché que dijo en un leve susurro. ¿Cuál era su problema?… Yo no era muy pequeña… ¡Él era el alto! Me molesté un poco. Aunque también me dio risa su comentario.

Caminé rumbo al instituto Galo. Mi primo debía estar ahí. Bueno… Eso creía yo. Al parecer habían tenido una excepción de salir temprano ese día los alumnos.

Álvaro no invites a las personas si no piensas esperarlas… Pensé.

No me quedaba nada que hacer. Se estaba haciendo un poco tarde. Tenía que regresar a mi casa pronto. Mamá se molestaría. Yo ya no era una niña, sin embargo me seguían tratando como una. Suspiré agobiada.

Al día siguiente, decidida fui al instituto más temprano… Creo que demasiado. Los alumnos estaban en clases joder. Resignada exhalé profundamente y me senté en una de las bancas. Su colegio era amplio. Me hubiese gustado estudiar allí, pero mi familia pronto se mudaría. Recuerdo que Álvaro estaba molesto por eso. Lo extrañaría mucho, con él era muy sencillo entablar una conversación a pesar de que siempre me miraba nostálgicamente. De verdad lo sentí por causarle tales emociones confusas…

Di un pequeño brinco por la campanilla del almuerzo. Maldición… Creo que si sigo siendo una cría.

Comencé a preguntar a los alumnos que veía salir. Dios… Ni siquiera sabía en qué departamento estudiaba… ¿Qué clase de familia soy?

-Lo siento… No lo conocemos. Podemos acompañarte si gustas.-

-No, gracias. Pero no serían de ayuda…-Joder, de nuevo lo que pensaba salía de mis labios. La vergüenza me invadió. Había sido grosera. –Lo siento… No quise decir…-

-Jaja, descuida. Tienes razón.- Rieron ambos jóvenes. –Entonces nos vemos, pequeña.-

¿Pequeña?… Recordé al joven de ayer. ¿Estará acaso mejor? Parecía realmente mal… Quizás no debí dejarlo en ese estado… No, no, ¡NO! ¡Emilie Miller, deja de distraerte! Me regañé.

Borrando aquellos pensamientos. Me acerqué a una pareja. Rogaba al cielo que aguien conociera a mi amado primo.

-Disculpen…-Pude notar a una bella chica de tez morena y largo cabello lacio. Que linda era… Miré al joven que estaba a su lado. –Anda… si eres el joven de ayer… – El mundo parece un pañuelo. Era una gran coincidencia. Le sonreí.

Sentí una mirada algo pesada igual que el ambiente. ¿Qué podrá haber sido?

-Lo siento, creo que me estas confundiendo.- Trató de sonreír.

¿Podría ser que me equivocase de persona? No, por supuesto que era él. Quizás olvida a las personas de manera fácil… Por inercia miré a la joven en breves segundos… Emilie tonta, seguramente era su novia. La chica pudo malinterpretar mis palabras… Oh maldición… Esperaba no haber metido en problemas al chico.  

-Oh disculpa. Te pareces a un amigo… lo siento, soy una tonta.- Volví a sonreír. –Disculpen el mal entendido.- Me sentí culpable, no podía hacer otra cosa que pedir perdón. Presurosa me alejé.

Noté un grupo de jóvenes conversando. ¡Quizás siendo más alguno de ellos conocerá a Álvaro!

Emocionada, queriéndome quitar el horrible encuentro que provoqué les pregunté un poco animosa.

-Hola… Mi nombre es Emilie. Es un placer.- Dije un poco nerviosa. –Disculpen la molestia que he de causarles. Pero quisiera que me ayudaran a encontrar a Álvaro Crowley… Él es mí…-

-Oye, espera. ¿Te presentas y ya nos pides favores?- Me interrumpió una de esas personas. No sabía que decir… Quizás tenían razón… Fue descortés acercarme por interés.

-Lo… Lo siento.- Me trababa al hablar.

-Te perdonamos sólo porque eres muy bella. ¿No deseas quedarte un rato más en buena compañía?- Noté su mirada lasciva. Que miedo daba…

-No, gracias… yo… yo tengo que encontrar a mí…- Estaba aterrada… Mi mente estaba en blanco.

-Oh vamos, te divertirás con nosotros.-

-Preferiría no hacerlo.-

-No seas tímida, ven…- Cerré mis ojos esperando lo peor… ¿Por qué no pude reaccionar?

-Ha dicho que no.- Escuché una cálida voz un poco familia. Era aquel joven. Había tomado del brazo al chico que empezó todo esto.

-Lisandro, ¿qué demonios quieres? No ves que estamos ocupados.-Dijo en tono de burla. ¿Lisandro? Se llamaba Lisandro, el joven que había venido a rescatarme… Por favor. No te vayas. Fui mi petición tan egoísta.

-A la chica.- Un pequeño latido surgió de mi pecho. Gracias… Dije en mi mente.

-¿Qué dices? Si ella estaba pasándola bien con nosotros, ¿no es así pequeña?- Las personas de aquella persona me desagradaban. Agaché mi mirada y comencé a temblar.

-…N…No.- Mi voz era muy baja. El viento, se llevaba cada palabra.

-No digas mentiras, te acercaste tan provocativamente a preguntarnos sobre alguien. Como si no supiéramos esa excusa. Jaja, mejor di lo que realmente quieres.-

-Yo… eso es mentira… yo nunca…- Quería llorar… Malditas emociones… El miedo, el pánico… ¿Qué debía hacer?…

Escuché un sonido en seco… Lisandro… Lisandro había golpeado a aquel sujeto. Su mirada parecía de un asesino, pero… No tenía miedo de él.

-¡¿QUÉ TE PASA BASTARDO?!- Enfurecido se levantó del piso e intentó golpearlo.

Quedé sorprendida ante los reflejos de Lisandro. No, no lo hagas… Saldrás herido, pensaba. Pero ninguna palabra fluía de mi boca.

Mi nerviosismo no se iría. Parecía eterno… Mi madre, mi padre e incluso Álvaro tenían razón. Soy una niña todavía…

-¿Estás bien?- Me extendió su mano. ¿Cómo reaccionaría ante lo ocurrido? ¿Cómo debía decirle gracias?…

Sentí un delicado abrazo. Él me estaba abrazando… Era gentil… Era amable…

-¿Eh?… ¿De qué hablas?- Sorprendida pregunté limpiando mis mejillas.

-Lo siento por mostrarte mi lado más deplorable…- ¿Qué estaba diciendo? ¿Deplorable? La única patética había sido yo…- Lo siento por mentirte hace rato, quizás no hubieses estado en esta situación… por eso… Lo sien…- ¿Por qué era tan sencillo hablar con esta persona?… ¿Por qué me inspiraba confianza? Ver sus ojos tristes, su cálida voz echa un hielo, dolía…Demasiado.

-Gracias.- Lo interrumpí besando su mejilla. –Gracias por salvarme.- Su semblante cambió.

-Ven, vamos.- Delicadamente me apartó y tomó mano. –Mi nombre es Lisandro, Lisandro Riveil es un placer.- Que se presentara formalmente era agradable.

-¿Eh?… ¡Oh! Mi nombre es Emilie Miller…- Bajé un poco el tono de mi voz.

-Así que… Emilie, ¿qué te trae al instituto Galo?- Preguntó caminando rectamente.

-Busco a mí…-Pausé… No es que desconfiará de Lisandro. Pero… Mis palabras siempre se han de confundir, por eso…- A alguien muy importante para mí. – dije, tratando de disimular.

-Puede ayudarte si lo deseas…-.

-¿De verdad?… ¡Gracias! Me salvas demasiado Lisandro.-Sí, así era. Me estaba salvando incontables de veces. Gracias, gracias, gracias. No podía dejar de pensar en eso, pero al notar que su sonrisa se caía y se desvanecía sentí un dolor en mi pecho. –Oye… Ella era tu novia ¿verdad?- Pregunté desconsideradamente.

-Digamos que lo era…- Dijo un poco frío.

-¿Lo era?-

-Aún está en proceso. No sé cómo decirle que lo nuestro finalizó.- Parecía duro en sus palabras. ¿Realmente era así? ¿O era una de sus máscaras?

-Eso es horrible…- Dije refiriéndome al viento que lo lastimó. Pero una vez más… todo se malinterpretó. Lisandro se sorprendió. No es como si haya dicho por él…

-Digamos que ella hizo algo que me dolió.-

-El viento…- Lo sabía, ella era el viento. .

-¿Eh? ¿El viento?-

-Ella, ella es el viento de ayer ¿no?- Maldita sea… Debo dejar de pensar en voz alta.

-Si…- Parecía triste.

-Lisandro… ¿La amabas?- ¡EMILIE CALLATE! Me gritaba. Un conflicto se desarrollaba en mi mente. Pronto le terminare desagradando.

-..Por supues…-Pausó y se quedó pensativo. –No lo sé.- Fue su respuesta.

-Ya veo.- Debía dejar de presionarlo. Soy una desconocida y he de darle miedo ahora.

-Dejemos este tema. Mejor concentrémonos en buscar a tu novio…- ¿Novio? Eso fue gracioso. Nunca tuve novio. Me da hasta vergüenza decirlo.

-Yo no tengo novio.- No podía decirle que ni siquiera mi primer beso he dado. ¡Ah! ¿Por qué rayos tuvo que recordarme algo tan humillante?… Espera, ¿realmente es humillante?… ¿Qué barbaridades estoy diciendo?…

De sorpresa él me volvió a abrazar… ¿Estaba triste de nuevo? No quiero verlo triste…

-¡¿Qué demonios haces Lisandro?!- Escuché un grito proveniente de una voz muy familiar.

-¡Oh! ¡Álvaro!- Por fin lo encontré. Estaba feliz.

Álvaro me abrazó y besó mi mejilla. ¿Lisandro conocía a Álvaro? ¿Amigos?

-¿Huh? ¿Lo conoces?-Pregunté.

-Claro, digamos que es especie de amigo.- Hizo una sonrisa.

-Jaja, por supuesto. Así que enhorabuena Álvaro, es una hermosa mujer.- Dijo Lisandro sonriendo… ¿Le parezco hermosa?… Era la primera vez que me sentí ruborizada. El haberlo oído de sus palabras, me hacía feliz…

-Lo sé, no hace falta que me lo digas.-

-Deberías proponerle matrimonio ahora, de lo contrario me adelantare. – ¿Matrimonio? Dije que no quería que me siguieran tratando como una niña… pero, ¡casarme no está en mis planes!

-Lisandro… ¿Qué demonios piensas? Emilie es mi prima.- Dijo Álvaro un poco enfadado.

-¿De qué hablas? No comparten apellido…-

-Idiota. Ella es parte de la familia de mi madre, es hija de mi tía Raquel. Por lógica no compartimos apellido Lisandro… ¿Qué idiotez habrá pasado por tu cabeza? De todos modos, ¿cómo la conoces? ¿De dónde ha salido la confianza de aquel abrazo bastardo?- Me preguntó enojado.

-Oh, Lisandro me resca…-

-Sólo me pidió ayuda para encontrarte… pero… ¡Era muy hermosa que no me resistí!- Mintió…

No lo entendía. ¿Por qué hizo eso? Quizás era algo sin importancia para él… Así es… Sólo ayudó a una chica tonta que no puede defenderse sola. Estúpida Emilie…

Recuerdo muy bien ese encuentro… No podría olvidarlo. Siempre dolía el simple hecho de oír sus palabras en mi memoria. Su actitud pronto cambió drásticamente. Forzaba sonrisas, ocultaba cosas… La persona que llegué a admirar por su valentía se había ido… O quizás algo forzó a que se fuera.

¿Cómo es que logra aguantar ese dolor que lo inunda? Tan sólo quiero verlo feliz. Con una sonrisa verdadera…Pero ¿cómo logro que una raíz brote de una roca?

No me gustaba ver a Lisandro sufrir. Una persona sincera con un corazón noble se había marchitado ante mis ojos. Quizás el viento le sigue hiriendo…

Él se volvió considerado conmigo, más amable, más atento. Cada detalle, cada elogio… Quizás estaba tratando de olvidar a su novia. Remplazarla con alguien desechable.

Todo de él me hacía sentir confusa. Sentimientos ajenos a los que había sentido antes se desbordaban de mí… Pero él… Él sólo me veía como una niña. Me trataba como una, a veces me tomaba el pelo con frases tiernas. Lo soportaría, lo aguantaría, daría lo mejor de mí por no lastimarlo… Me engañaba, porque en el fondo me dolía. Su amabilidad era acido para mi cuerpo… Me salvó, no una sino varias veces. Él fue mi único gran amor… El primero… Aunque nunca lo sabrá, pues sé, que no aguantaré por mucho tiempo. Por eso… Será un secreto… pues pronto se cansara de jugar con una niña… “

-Emilie… ¿Qué ocurre?- Pregunté más que confundido.

-Álvaro… Yo ya lo decidí… Me iré de regreso con mis padres…

CAPITULO 20…

¿Qué estaba diciendo? Irse… No de nuevo, no soportaría su ausencia después de acostumbrarme a vivir con ella.

-Emilie… ¿Por qué deseas irte? ¿Algo no va bien en el instituto?- No, no era la universidad de Galo. Era él. Jodido Lisandro, le advertí acerca de esto.

-En lo absoluto. Sólo que… He estado muy lejos de casa. Mis amigos me han dicho que me extrañan… Por eso… yo… Yo quiero regresar pronto…- Temblaba a cada palabra.

Suspiré. Ella estaba mintiendo.

-Hace poco, mencionaste a Lisandro. Preguntabas la razón de tanta amabilidad ¿no? ¿Él es el motivo?-

-…No. Hablé sin pensar… Lisandro es amable porque soy tu prima, él me quiere como una hermana, soy una niña a su lado. No tiene nada que ver él en este asunto.- Revolvía sus ideas. No eran claras, eran confusas. ¿Podría ser que ella….? Imposible…

-Emilie… Tú estás…-

-¡Emilie! Qué alegría que hayas vuelto. Me sentía muy solo con tu ausencia.- Llegó Lisandro, sentándose al lado de ella. -¿Huh? ¡Qué hermosa te ves! Pareces una tierna muñequita con tus rizos.-

Este idiota… La mirada de Emilie parecía nostálgica. Sonreía algo forzada. ¿Por qué él no se daba cuenta de su dolor?… Lisandro la estaba haciendo sufrir… Que desconsiderado de su parte… No quería verla así… Podría ser que… ¿Acaso era lo que Samuel sentía? No, ¡no!… Borré esos pensamientos tan innecesarios. Que estupidez, lo tuyo es diferente…

-Gracias…- Dijo débilmente. Su semblante parecía el de una llama a punto de extinguirse.

-¡Oh! Emilie, mira lo que he comprado para ti.- Lisandro posó sobre ella las delicadas flores. –Dijiste que te gustaban.- Lisandro sonrió arduamente.

Ella lo miró sorprendida, evitando decirle que ya las había visto. Se sonrojó y le regaló una sonrisa tan inocente.

No había duda alguna… Ella lo amaba. Estaba enamorada de Lisandro. Esos pequeños detalles lograron que Emilie lo amase. Pero Lisandro ¿realmente la amaba? ¿Él sentía lo mismo por ella?… No me importaría si así fuese… Quizás un poco…

-¡Volví! Hola amor.- Llegó Katherine y besó mi mejilla. – ¡Dios! ¿Qué te ocurrió Álvaro?-Dijo tocando mi pómulo.

-Me caí.- Joder, aquella pregunta me estaba estresando.

-¡Deberías tener más cuidado!- Tocó con sutileza aquella marca. -¡Lisandro te dije que le cuidaras!- Gritó un poco molesta.

-Álvaro ya no es un niño…- Trató de defenderse Lisandro. –Además, le he comprado esto.- Sacó una pomada y se la entregó a Katherine.

-Cielos…- Suspiró. –No eres de confiar Lisandro.- Untó suavemente en donde había sido el golpe de “tu amado novio”

-Gracias, pero Lisandro tiene razón. Debí haber tenido más cuidado. Siento haberte preocupado. Tomé su mano y besé sus dedos delicadamente.

– Eres un desastre Álvaro…- Besó mi frente y se recostó en mi pecho. -¿Oh? ¡Vaya que lindas! Son camelias…- Miró las bellas flores que yacían en un bello esplendor. -¿Son tuyas Emilie?- Preguntó sonriendo.

-Si… Lisandro me las regaló…- Bajó el tono de su voz.

-¿De verdad? Lisandro, necesitaras más si quieres conseguir a Emilie.- Carcajeó un poco.

-Pero ¿qué dices? Sólo es un obsequio de amistad…-Parecía inseguro de sus palabras -¿Verdad Emi?- Trató de sonreír.

-…Si- Dijo en susurro. –Lo siento… Creo que quiero dar una vuelta por el lugar…- Se levantó y a punto de irse. Lisandro le tomó del brazo.

-Ni creas que dejare que vayas sola.- La miró profundamente. Ella sólo agachó la mirada.

-Está bien… Puedo ir sola.- Emilie lo trató de quitar sutilmente.

-Lisandro… Ella ya no es una niña.- Dije mirándolo confuso.

-Lo sé. Es por eso que iré con ella.- Agregó seriamente. Su mirada no era la habitual. Me sorprendí ante su respuesta. No esperaba tales palabras por parte de él. –Emilie, por favor…déjame ir contigo. ¿Acaso no te has visto en el espejo?- Le preguntó.

-Si… Todos los días. ¿Por qué?…-

-¿Por qué?… Simplemente porque eres hermosa… Tierna, amable, dulce… No pienso dejar que ningún otro idiota intenté lo de la última vez. Así que iré contigo.- La tomó de la mano y comenzó a caminar con ella. ¿Última vez? ¿De qué hablaba?

Pude notar a Emilie más que sonrojada. Sé que debía detener aquella escena… Lisandro era más que idiota para darse cuenta de los sentimientos que estaba provocando en ella. Si no tenía cuidado, él terminaría lastimándola. Sin embargo… No hice nada por evitarlo, pues noté una aprobación por parte de ella.

-Lisandro es un poco celoso… ¿No lo crees?- Dijo Katherine al ver que ellos dos se alejaban.

-Demasiado diría yo.- Suspiré. Algo en mi me preocupaba. Temía que ella se alejara de mi lado. Sé que era egoísta… Pero una parte de mí, aún era dependiente de aquel recuerdo.

-Que lindos…- Se inclinó hacía mi hombro y dio un suspiro largo y pausado.

Su voz… Su fragancia, su piel y aquella mirada… No provocaban en mí una emoción tan vibrante como la tuya…

En el fondo me alegraba, pues no había dudas con ella. Pero también me alertaba y preocupa…

-Álvaro, estoy un poco intrigada, el hecho de haber visto a Valeria…- La interrumpí dándole un beso en los labios. No quería hablar acerca del tema. Me incomodaba de sólo pensarlo.

-Te amo. Eso es lo único en lo que debes preocuparte.- En el fondo era mentira.

Ella sólo sonrió. Permanecimos en silencio por breves momentos…

Sentí un pequeño escalofrío… Un temor que inundaba mi cuerpo… Una frágil voz que se rompía en pedazos llamaba mi nombre.

-Valeria…- Suspiré y miré a una dirección que fue como una pesadilla para mí.

Poco a poco, tu cuerpo era sumergido entre las cristalinas aguas… Idiota ¡¿Qué hacías dentro del agua sola si no sabías nadar?!

Aparté a Katherine y me levanté presuroso, a punto de correr para sacarte de ahí, sentí una frágil mano detenerme.

Era Katherine, parecía triste. Se aferró más a mi como si supiera que algo terminaría si me dejaba ir contigo.

-Por favor… Tengo que ir con ella.- Le susurré a su oído. Katherine sorprendida me soltó y agachó la mirada. –Gracias.- Besé su mejilla.

Presuroso y sin pensarlo me lancé al agua tratando de tomarte los más pronto posible. ¿Por qué tiene que ser de esta manera? ¿Por qué fui el único que te vio? Tu cuerpo se había perdido de mi visión, yacía en el fondo. Demonios, comenzabas a convulsionar… Sujeté tu brazo y te llevé a la superficie.

Agitado saqué tu cuerpo del agua… Una multitud de personas se acercaban presurosas. Idiotas… Tan atrasados llegan…Estaba agitado, molesto y asustado…

Tus parpados estaban cerrados. Tus labios eran morados y tu piel se había puesto más blanca. Era una broma ¿verdad? Este tipo de cosas… Sólo hacían que me encadenara a ti.

¡¿Dónde estaba el idiota de tu novio?! ¡¿Por qué demonios te fuiste con él?! ¡¿Por qué diantres habías preferido su compañía?! Gritaba en mi mente, mientras realizaba las compresiones cardíacas. Valeria ¿por qué me haces este tipo de cosas?

Separé tus labios y tomé tu mentón. Uní mis labios con los tuyos tratando de pasar el oxígeno a tus pulmones.

-No me hagas esto Valeria…- Te decía continuando con el RCP. Cada intento de que reaccionaras, se me hacía eterno… No lo aceptaría, no permitiría esto… Jamás…

De pronto, volviste a abrir los ojos y soltaste el agua que habías ingerido. Tu tono de piel, levemente mejoró.

Comenzaste a toser y el personal de emergencia por fin llegó. Te subieron a una camilla y te suministraron oxígeno a través de una mascarilla. Malditos… Quería golpearlos…

-¡Quítate idiota!- Sentí un empujón fuerte. Era el idiota de tu novio.

-Señor, ¿conoce a la joven?- Preguntó uno de los ayudantes.

-Por supuesto… Es mi novia.-

-Pues dé las gracias a este joven.- Dijo señalándome. –Si él no hubiese practicado el RCP, hubiéramos temido lo peor.-

-¡No le voy a dar las gracias a un idiota como él!-

-Señor, este hombre salvó la vida de su novia.-

-No creí que fueras así de ignorante Joel.- Estaba molesto. No porque no me hubiera agradecido. Sino por el hecho de haberte dejado sola…

-¡Mira imbécil! ¡¿Quieres otra mejilla golpeada?!- Preguntó molesto.

-Adelante ojito morado.- Sé que debía ignorar cualquier provocación… Pero… De verdad quería golpearlo.

-Eres un…-

-¡Deténganse los dos!- Gritó el personal de emergencia. –Deberían apenarse… Una vida corrió peligro y ustedes discutiendo por algo tan estúpido.-

-¿Estúpido? Besó a mi novia- Dijo molesto. No podía haber persona más tonta en el planeta. A Samuel le habían quitado su puesto.

-Eres un estúpido…- Traté de no elevar el tono de mi voz. –Si te hace feliz. Ese beso no significó nada para mí más que hacer que reaccionara.- Limpié mis labios que habían tocado tus frías comisuras.

Caminé queriendo marcharme, pero algo me detuvo. Sorprendido regresé mi mirar.

-Álvaro… Por favor, no te vayas.-Dijiste a duras penas y comenzaste a llorar

Una espina brotó de mi pecho, tratando lentamente de penetrar todo mi ser… Dolía. Sujeté tu mano

-Tranquila… Estoy contigo.-Besé el dorso de tu muñeca y limpié tus mejillas.

¿Qué estaba haciendo de mi vida? ¿En qué momento mi mundo se descontroló? Tú tienes la culpa… Estas acciones me mantienen seco por dentro, no puedo tolerarlo, actúo más como una bestia que como un humano, una bestia que reacciona al choque entre los celos y el odio. Tú causaste la destrucción de mi ser.

No puedo perdonarte… Te odio por estar a mí alrededor y cambiar las cosas de cómo eran. No necesito mostrar “amor” a aquellos que están llenos de complejos de inferioridad. Incluso aunque sea un pensamiento deshonesto, haré cualquier cosa para aplastarlo antes de quedar expuesto…

 

CONTINUACION…

 

ABRAHAM ROCHA RDZ…

 

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