existen personas que no deberian amar… capitulo 17 & 18

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Katherine parecía disfrutar mucho la estadía en este lugar. Yo por el contrario me sentía un tanto perturbado. El hecho de saber que tú estabas aquí me era muy incómodo. ¿Por qué sigo pensando en ti? Quizás es porque perdí mi juguete… Porque perdí a la marioneta que algún día me dio diversión. Debo alejar pronto estos pensamientos.

Emilie se acercó temblorosa. Sus dientes castañeaban de frío.

Le rodeé los hombros con una toalla.

-Gracias.- Me sonrió.

-Eres aún una niña. –Le devolví el gesto. A pesar de su edad, me sigue inspirando las ganas de cuidarla tal como a una hija. Creo que por una parte entendía a Isabel.

-Emilie, qué bueno que regresas.- Se levantó Katherine del lugar donde se encontraba recostada tomando el sol. –Escuché de un spa con estética. ¿Qué dices? ¿Quieres ir conmigo? Será divertido pasarlo juntas.- Agregó sonriendo.

Emilie no era de las chicas que les hiciera ilusión ese tipo de cosas. Pero, quizás un poco de vanidad no le robaría del todo su sencillez.

-¿Huh? ¿Sólo las dos?- Preguntó confundida.

-Jaja, claro, será nuestro momento juntas Emi. Vamos, un cambio de imagen nos vendría bien.-

-No estoy segura de querer hacer algo extravagante Katherine.- Emilie como siempre tan modesta. –Pero… Realmente quiero pasar el tiempo contigo. Así que está bien, vamos.- Sonrió.

-¡Genial! Ven.- La tomó de su brazo y se acercó a mí.- Mi amor, te llevaríamos, pero… ¡Quiero que sea sorpresa!-

-Álvaro, no creo que sea una buena idea. Tendremos que cuidarlas ahora más.-

-En efecto.- Sonreí por el comentario de Lisandro.

-Jaja, no sean tontos. Deberían tener cuidado desde hace tiempo.- Carcajeó Katherine. –Amor, regresamos en breve.- Beso delicadamente la comisura de mis labios.-Te lo encargo Lisandro.- Sonrió.

¿Por qué? ¿Por qué aún no estaba enamorado de ella? Si enamorarme me ayudaría a olvidarte, debía hacerlo pronto… Katherine, una chica hermosa, con carácter, delicada, tierna… amable…

Tenía tantas cualidades. Sin embargo, ninguna era especial. Esas cualidades podía tenerlas cualquier chica. Katherine no era única… No valía la pena seguir con alguien tan común.

Tú y ella poseían la misma descripción. Si, ninguna de las dos debía significar mucho para mí. Ambas eran exactamente iguales. O quizás no…

El que yo siguiera pensando en ti, debía ser algo que me atrajera. ¿Qué otra cualidad había en ti Valeria? ¿Podrías mostrarme más? Eras una chica que siempre me mostraba algo diferente… Nunca la misma reacción, nunca la misma expresión… Todo de ti cambiaba. Creía poder predecir algunas acciones tuyas, pero siempre las cambiabas. Rebasabas cada teoría que formula de ti.

Era divertido… Era entretenido… ¡SI! Eso era… Mi vida se volvió aburrida. Pero tú lo cambiaste. Me mostraste diversión. Me enseñaste que tan fácil podría ser controlar un ser humano. Por eso… muéstrame más. Necesito ver que hay dentro de ti. Enseña todo de ti hasta que no lo soportes más…

-Álvaro, si no te importa, quería ir al vivero de este lugar. Escuché que tienen camelias. Me gustaría comprar algunas.-

-¿Camelias? ¿Para qué rayos quieres esas flores? No me digas que te has vuelto mujer Lisandro-

-No seas machista hombre, ¿qué hay de malo que quiera algunas?- Preguntó divertido.

-No es que lo sea. Es sólo que tú no puedes mantener con vida una vaina de frijol, y me sorprende que quieras una flor tan delicada como la camelia.-

-Igual no responde a lo de convertirme en mujer.- Rió. –Bueno, en todo caso. Me has pillado. Deseaba regalárselas a Emilie. Una vez mencionó acerca del jardín de su vecina. Dijo que le gustaban esas flores. Además, la camelia me recuerda a ella. En especial la blanca. Tan pura, inocente a ojos comprensivos y delicada como cada uno de sus pétalos.-

No hay lugar a duda que cada quien interpreta los colores a su forma. Para mí el blanco, era un lienzo que debía ser pintado para dejar de ser sólo un fondo vacío. Por el contrario, Lisandro veía aquel lienzo tan expresivo como si pudiera ver algún color único, especial en él.

-Si empiezas de cursilerías sacadas de tus escritos. Te aclaro que no me interesa oírte.-

-Lo siento, no era mi intensión Alva. Sólo que de verdad deseo hacerle este insignificante regalo.-

-Idiota, ella no lo tomara así. El aura emocional que provocara en Emilie será más del que puedas controlar. Te advierto que si intentas algo más, tendrás que buscar desde ahora una buena funeraria.- Le dije molesto. El hecho de que él tuviera este tipo de consideraciones con ella, no era algo que podía tolerar. Emilie nunca se enamoró. Ahora que lo pienso, ella me había preguntado que era algo tan trivial como el amor. Quizás nunca tuvo un novio.

-Jamás me lo permitiría Álvaro. Ella es muy importante para mí, como lo es para ti. Tómalo como un simple regalo de amistad.- Sonrió forzadamente.

Suspiré.

-Aún no lo entiendo. Pero, no puedo negarte que esas flores realmente le gustan a ella. Sólo por verla feliz aceptaré que le ofrezcas tu regalo.-

-Que miedo das Álvaro. De todas formas has accedido, aunque un regalo no puede ser aprobado o rechazado ¿sabes?- Me miró desafiante.

-Sí, pero ¿qué crees? Eso no funciona conmigo Lisandrito.- Me burlé de él.

-Jaja, está bien. Tú ganas. Vamos.-

Comenzamos a caminar hacía el lugar. Lisandro llevaba la plática a flote. Hacía tiempo que no conversaba tanto con él. Últimamente se encontraba ocupado con sus redacciones. La editorial lo presionaba un poco. Mientras yo, cuidando a Emilie y pasando tiempo con Katherine. Sin lugar a dudas me había distanciado considerablemente de él.

-Entonces, ¿qué preferirías? ¿Quedarte abandonado en el desierto o estar encerrado una hora con la personas que más odias?-

-Eres un crío Lisandro. Mira que hacerme tales preguntas inesperadamente mientras hablábamos de la vegetación. De verdad eres un desastre.-

-Oh vamos, no seas tan agrio. Contesta.-

-Sin lugar a duda, quedarme en el desierto. No soportaría tu compañía tanto tiempo.-

-. . . ¡Oye! Que malvado eres Alva.- Carcajeó.

No pude evitarme reírme junto con él. Este idiota de verdad me sacaba sonrisas. ¿Cómo lo hacía?

-Mira hemos llegado.- Señaló el vivero.

-No estoy ciego Lisandro.- Hice una mueca de reproche y enfado.

Pude divisar a una chica tropezar. Sentí su cuerpo chocar con el mío. Era una joven pelirroja con grandes ojos verde.

-Oh lo siento. No tuve cuidado. Pero por lo menos caí en buenos brazos.- Sonrió provocativamente.

Perfecto… Lo que necesitaba, recordad la vieja técnica de las chicas del Instituto Galo. Me molestaba.

-Descuida.- La aparté.

Pude notar que se acercaron sus amigas. Ahora acosando a Lisandro. Muy bien Lisandro. Pensé. Me había llevado a un lugar que me desagradaría.

-Parece que están un poco solitarios. ¿Les gustaría pasar el rato con nosotras?- Dijo la pelirroja pestañeando innecesariamente de más.

Me acerqué a ella y le aparté rozando su mejilla, un mechón de su largo cabello. Le sonreí de manera tranquila. Posé mis labios cerca de sus oídos.

-Por supuesto que no cariño.- Me alejé de ella. – ¿Qué te hace pensar que si estoy solo desearía la compañía de alguien tan corriente como ustedes?- Le sonreí burlonamente.

Lisandro se sorprendió un poco. Es cierto que rechacé a muchas chicas en el instituto, pero había sido de una manera sutil. Sin embargo, en estos momentos, no estaba con humor para “amabilidades”.

-Eh… Él no quiso decir realmente eso… Estamos agradecidos por su invitación, pero, nosotros ya tenemos nuestra compañía.- Intervino Lisandro.

-¡Repítelo idiota!- Gritó la pelirroja furiosa, ignorando completamente a Lisandro.

-Lo que oíste. Me desagrada la idea de estar con alguien así de vulgar y fácil.-

Furiosa por mi comentario, intentó darme una cachetada.

La tomé de la muñeca, deteniendo el impacto de esta con mi mejilla.

-No hace falta que te lo tomes tan a pecho. Que tu belleza no te haya funcionado no amerita esa rabieta. – La solté bruscamente. –Vámonos Lisandro.- Continué mi rumbo.

Escuché múltiples disculpas por parte de Lisandro.

-Álvaro, eso fue excederse.- Dijo un poco molesto y avergonzado. Lisandro debería ganar un premio por su nobleza.

-Me deshice de ellas, no sé de qué te quejas.-

-Álvaro, deberías tener respeto por las personas.- Lo que pudo haber terminado como una plática amena entre dos amigos, acabaría por convertirse en una sesión de psicología.

No le dirigí la palabra hasta entrar al vivero. Olvidar lo sucedió sería más sencillo, que darle más vueltas al pequeño engranaje que se había formado.

Preguntamos al encargado acerca de las flores que Lisandro buscaba. Teníamos que caminar varias parcelas.

-Olvídalo Lisandro. Prefiero esperar a que vuelvas que caminar todo ese tramo. Y conociéndote, preguntaras por cada una de las flores que veas en el camino.-

Siguió insistiendo, pero se rindió ante tanta negatividad por parte mía. Así que sólo se fue junto con el encargado.

Sé que era un regalo para Emilie, pero aun así mi pereza era tan grande que no deseaba ir.

Me quedé contemplando algunas rosas y lirios que había en ese lugar. Blancas, rosas, rojas, amarillas… cada una de ellas era hermosa a su manera.

Al observar una rosa de un fuerte color rojo, noté a una joven sentada abrazando sus pies, con su cabeza apoyada a sus rodillas. Me acerqué un poco más y noté que eras tú. No te encontrabas con tú novio. Parecías triste.

Así, que él consiguió ponerte triste en poco tiempo. ¿Era esa otra de tus facetas?

Salí del vivero y me acerqué a ti.

-Hola.- Te sonreí y me senté a tu lado. Si tengo la oportunidad de descubrir aquella cualidad tuya que hace sentirme de esta manera. No me importaría regresar contigo.

-Álvaro ¿Qué haces aquí?- Preguntaste sorprendida.

-Valeria, si te molesto sólo dilo. Seré obediente si me lo pides.- Te dije coquetamente.

Te ruborizaste un poco y reíste.

-No, no me molesta. Estoy feliz de que estés aquí. Pero me sorprende que te encuentres solo.-

-Digamos que lo mismo pensé. ¿Dónde está tu amado novio?-

-Estaba coqueteando con una pelirroja y sus amigas.-

Y aquella chica se molestó porque le dije fácil. Ahora entiendo que odian la sinceridad.

-¿Enserio? Eso no es propio de ti.- No, no lo era. Deberías haber estado haciendo tu drama justo como lo hacías conmigo. -¿Dónde está la Valeria celosa?- Me burlé un poco de ti.

-Digamos que no me importa…- Fueron aquellas palabras tan frías que me hicieron sentir más tranquilo.

-Entonces ¿por qué esa cara triste?- Acaricié tu mejilla dulcemente. Me pregunto si está caricia podías convertirla en sentimiento.

-No es por él…- Apagaste tu voz y me miraste tristemente. Lo sabía. Aún sigo siendo necesario para ti.

Ahora que sabía el origen de mis ansias por tenerte, podía estar orgulloso y confiado de recuperar, lo que siempre fue mío.

-Entonces juntos olvidemos tu preocupación.- Me levanté y te ofrecí mi mano para que hicieras lo mismo. Me sonreíste y tendiste tu palma sobre la mía.

Aún eras mi juguete favorito. Eras la pieza del tablero que más utilizaba. Eras el dulce que tanto anhelaba. Aquel que deseaba que pronto me enseñara lo que tenía bajo su envoltura, de lo contrario la arrancaría para poder saborearlo hasta el punto de que ese sabor se desvaneciera lentamente…

CAPITULO 18…

Y volvemos al inicio Valeria. Volvemos a lo habitual que yo siempre hacía.

Cada caricia, cada contacto, incluso cada palabra, a partir de este momento tenía que ser medida cautelosamente. Buscar una estrategia, para que tu pequeño sentimiento, surgiera de nuevo como un mar de emociones.

Necesitaba que volvieses a declararme tu amor. ¿Para qué? Para descubrir tu cualidad, aquello que me encadenaba a ti. Aquello que me hacía dependiente de ti. ¿Por qué quería hacerlo? Te estarás preguntando. Sencillamente para no caer de nuevo ciegamente en este “sentimiento”

Así es, el amor es la mayor debilidad que un humano posee. Por eso, si lo desecho pronto, no habrá ningún problema. Ahora, sólo debería apresurarme para que volvieses a amarme, para proclamar triunfante mi victoria, que desde hace tiempo debía ser mía.

-Álvaro ¿a dónde vamos?- Me sonreíste aferrándote de mi mano. Tu tacto era tan suave y delicado.

Tenía que tener precaución en cada pensamiento dirigido hacia ti. Podría confundirme como lo hice anteriormente. Cometer errores, tropezar, caer, dudar. Todos esos sinónimos de fracaso debía alejarlos pronto.

-Valeria, ¿qué te parece ir allá?- Señalé el ojo de agua de aquel lugar.

-No… No lo sé. Álvaro ¿recuerdas qué no sé nadar?- Dijiste temblando. Por supuesto que lo recordaba. Ese era el plan… Querida Valeria.

-¿De verdad? Entonces no tendrás que soltarme para nada.- Te sonreí.

La ruborización de tus mejillas sólo me daba más aires de seguridad. Seducirte era tan sencillo. Aunque me daba un poco de decepción el hecho de que fuera algo fácil.

-Álvaro, ¡¿qué estás diciendo?!… Idiota.- Tartamudeabas. –Además, pensé que iríamos con Katherine… Después de todo ella es tu novia…- Dijiste en tono molesto. ¿Qué era? ¿Estabas celosa? Qué novedad. Sarcásticamente pensé.

-¿Huh? No lo has notado, ahora estoy solo. Katherine y Emilie decidieron ir a su momento de amigas. Lisandro fue al vivero. ¿Qué hay de malo que quiera pasar el rato con una amiga?- Resalté la última palabra. Sólo quería ver tu reacción.

Agachaste tu cabeza. Tu semblante cambió a una mueca triste. Vamos, Valeria, ¿acaso pensabas que era muy sencillo olvidarme?

-Tienes razón…- Tallaste tus ojos. –Sólo amigos… Vamos.- Segura me tomaste de la mano con mayor fuerza. Y ahora tú dirigías la caminata. Que interesante cambio de humor tenías. Tratabas de ocultar tus emociones en un pequeño muro que pronto haría caer.

Cerca de la orilla te detuviste soltando mi mano. Me quedé atrás de ti sólo observando alguna acción tuya.

-Álvaro, de verdad no puedo hacerlo.- Perfecto Valeria, cooperabas en tu trampa.

-¿Pero qué dices? Estoy aquí para cuidarte…- Te abracé de la cintura alzándote ligeramente.

De un brinco sumergí tu cuerpo con el mío al gran ojo de agua. Escuché un pequeño grito por parte tuya antes de ser apagado por el agua fría que nos cubrió.

Presurosa te aferraste a mi cuerpo con un abrazo. Como era de lógica, aquel pozo de donde emanaba el agua no permitiría hundirnos.

-Vamos Valeria, ya estás mejor.- Te dije abrazándote más fuerte. –Mira, estás flotando.- Quité tu cabello de tus parpados. Tu rostro lleno de frío y pálido era cautivador.

-¿Por qué hiciste eso? ¡Ah! Te odio…- Gritabas como una cría y me volviste a abrazar. Si estos pequeños detalles hacen que vuelvas a mí, prácticamente significaba que mi marca de propiedad seguía ahí.

-¿Realmente creías que intentaría ahogarte?- Me burlé de ti. -¿Tan malo soy para ti Valeria?-

-Claro que no. Jamás lo pensaría de ti… Álvaro.- Te acurrucaste cerca de mi cuello. Y pensar que tuviste el valor de enviarme tu carta. ¿Este era tu concepto de sólo amigos? ¿O sólo lo practicabas conmigo?

-Valeria… ¿Por qué estás con alguien como él?- Pregunté ante un breve momento de silencio. Te sorprendiste un poco y lentamente te separaste de mí.

-No lo sé… Yo… Él se confesó hace poco, quizás no quería que me odiara…

– Lo sabía… No lo amabas. Y por lo visto, él tampoco. ¿Qué demonios los hacía estar juntos?

¿Esa era la única razón Valeria? En tu triste carta, decías que querías seguir adelante, conocer personas nuevas… ¿Intentabas olvidarme con él? Idiota…

-Ya veo…- Besé tu frente. –Ven Valeria.- Me acerqué a la orilla para salir. -¿Lista?-

-¿Para qué?- Preguntaste confundida aun tomando mi mano.

-Lo tomaré como un sí…- Te tomé de la cintura para sentarte en la orilla.

-Álvaro… Podía hacerlo yo sola ¿sabes? – Tu nerviosismo aumentaba. Permanecí un rato más dentro del agua.

-Sólo quería tener esta vista. Eres muy hermosa Valeria.- Salí y me senté junto a ti. -¿Tienes frío?-

-No mucho.- Sonreíste. –Gracias…- Inclinaste tu cabeza a mi hombro. – ¿No es hermoso?-dijiste viendo tranquilamente el cielo.

-Probablemente…- Sentí un pequeño pulso en el lado izquierdo de mi pecho. Estar contigo de esa manera me tranquilizaba. Me emocionaba… Aceleraba mi corazón… ¿Cómo lo haces? Muéstramelo…

-¡Valeria ¿qué demonios estás haciendo?!- Escuché un grito. Era Joel, estaba sumamente enojado.

-Ah… Joel… Álvaro y yo queríamos nadar un poco. – Tus palabras eran de disculpa. ¿Por qué demonios le dabas explicaciones de ese tipo? Habías dicho que este idiota te dejó por unas chicas. Parecías tú la culpable… ¿Por qué demonios me molestaba eso?

-¿Eso amerita que estén tan juntos?- Preguntó queriendo asesinarme.

-¿No has oído de la transferencia de calor Joel?- Me burlé de él. ¿Desde cuándo me dan ganas de darle celos a alguien más? ¿En qué me estabas convirtiendo? Tenía que separarte pronto de él… Sólo por mi bien.

-Maldito.- Bruscamente intentó golpearme, pero tú te interpusiste entre ambos. Muy bien Valeria, defiéndeme como siempre lo has hecho.

-¡Basta Joel! Álvaro sólo me estaba acompañando, pues cierta persona me abandonó.-

-¿Qué te pasa? ¿Le estás cubriendo? ¿A este cretino?- Te miró desafiante. Supongo que inventaras una excusa. Eso esperaba. Pero de nuevo cambiaste mi predicción.

-¿Y qué si lo hago?- Aclaraste molesta. De cierto modo era un poco incómodo. Pero… realmente me alegraba.

No puede evitar reírme. Él lo notó y molesto te tomó del brazo.

-¡Nos vamos!- Exclamó furioso.

-¡Oye! ¡Espera!…- Te quejabas.

Te tomé del otro brazo. No dispuesto a dejarte a ir con él. Esa acción fue involuntaria… Pero realmente no toleraría que te fueras.

-¿Crees que puedes llevarte a las personas cuando te plazca?-

-Es mi novia, me oyes bien… ¡Mi novia!- Alzó la voz.

-Idiota…- Lancé un puñetazo a su dirección… El simple hecho de que él dijera aquella palabra me molestaba.

Consumido por la rabia, intentó regresar el golpe. Maldición… ¿Cómo había terminado todo así?

Esos dos golpes en mi cara sí que me habían dolido. Por lo menos podía estar orgulloso de a verle dado más yo.

-¡Basta ya!- Me alejaste de él. -¡Joel cálmate!- Le gritaste furiosa. -¿Estás bien Álvaro?- Preguntaste tomándome del rostro. Tus manos tan cálidas parecían eternas. Estos pequeños gestos por parte tuya, los odiaba.

-Sí…-Te dije mientras apartaba tus muñecas de mi rostro. ¿Por qué hacías esa mirada triste? Tus ojos, tus expresiones… Tu amabilidad… Todo eso lo odiaba más que nada en este mundo

-Valeria, este bastardo lo inició todo. ¿Aún así lo sigues defendiendo? Qué tonta eres…-

-Deja de actuar tan inmaduramente ¿quieres?- Le dijiste furiosa. –Lo siento Álvaro… Siento estas molestias.- Besaste mi mejilla. –Vámonos Joel.- Le tomaste del brazo.

Te vi irte. No lo entendía… Realmente eras una ingenua…

Regresé al vivero. Lisandro se encontraba molesto esperando en la entrada.

-¿Dónde te metiste?- Preguntó en tono serio. Pronto su semblante cambió a preocupación. Me alzó del mentón y observo mi mejilla. -¿Qué te paso?-

-¿Por qué?-

-Tu pómulo esta morado Alva… ¿Qué diablos hiciste?- Suspiró.

-Iba caminando cerca de la orilla del rio y me caí. Lo más seguro es que me haya golpeado con una roca. No hay de qué preocuparse.- Le mentí.

-Sólo porque estas mojado lo creeré.- Inhaló y trató de calmarse. –Joder… Katherine me golpeara. – Dijo dándome palmadas en la espalda.

-No puede ser tan malo, el único culpable soy yo.-

Regresamos al lugar donde esperaríamos a Katherine y Emilie. Me recosté un momento en el pasto y toqué mi rostro. Vaya que realmente dolía.

-Álvaro, ¿seguro que no quieres que vaya por una crema antiinflamatoria? No está lejos la farmacia.- Lisandro y sus exageraciones.

-Si no te importa, me agradaría que fueras.- Sólo para deshacerme de él otro rato más. De lo contrario seguiría con sus interrogaciones.

-Enseguida vuelvo. No te acerques más a las orillas ¿quieres?- Me miró molesto.

Contemplé aquel cielo que ante tus ojos era hermoso. No mentías, era bello. Tan calmado, tan sereno y tan pacífico. Pronto cerré mis ojos. Y en tan sólo breves segundos, me dormí profundamente. Olvidando todo lo que pensaba…

-Álvaro…-Escuché un dulce voz llamándome. –Álvaro.- Vi un rostro familiar.

-¿Eh? ¿Qué ocurre Emilie?- Desperté a duras penas. Al abrir por completo mis ojos, noté un cambio en ella. Parecía más joven, su rostro lucia más bello. Y su cabello caía en risos. Por dios, se había hecho risos. Le quedaban hermosos. –Vaya, no esperaba tal cambio-

-¿Te gustan?- Preguntó nerviosa.

-Por supuesto. Te quedan muy bien Emilie.- Le sonreí.

-Me alegro, temía que no te agradaran, pero Katherine insistió.- Dijo suspirando.

-Todo se te ve hermoso. Por cierto, ¿dónde está Katherine?-

-¡Oh! Fue a comprar algo para comer. Quiere hacer un día de campo. La iba a acompañar pero no vi a Lisandro… Y no quería dejarte solo.-

-¿Lisandro no ha regresado? Qué raro… dijo que iba rápido a la farmacia.-

-¿Se sentía mal?- Preguntó preocupada.

-Claro que no, era para mí…-

-¡¿Te sientes mal?!- No dejó que terminara mi frase, cuando ella ya se había exaltado. Comenzó a observarme mejor. –Oh por dios… ¿Qué te ocurrió Álvaro?- ¿Tan preocupante se veía aquel moretón?

-Me caí… Sólo fue eso.- Le dije tratando de que no se preocupara más.

-¿Te duele?- Dijo tocándome sutilmente. Sus manos eran igual de suaves… Pero no se comparaban a la reacción y emoción que sentí cuando tú me tocaste.

-No, descuida. Sólo es estético.- Le sonreí. Ella me devolvió el gesto y se sentó a mi lado.

-¿Huh? ¿Esas son camelias?- Preguntó Emilie viendo la pequeña maceta cargada de finas flores blancas. –Qué bonitas.- La sorpresa de Lisandro se había arruinado.

-Se supone que no deberías verlas aún- Me burlé un poco de ella.

-¿Por qué?- Preguntó sorprendida y preocupada a la vez.

-Te contaré un secreto. Promete guardarlo.- Hice una mueca de complicidad. –Es un regalo de parte de Lisandro.-

Noté un ligero sonrojo en su rostro. Agachó la mirada.

-¿Enserio?… ¿Por qué lo hace?-

-Dijo que te haría feliz algo como esto.-

-No lo entiendo… Él… ¿Por qué?- Su voz temblaba.

-¿Qué ocurre Emilie?-

-Álvaro… Yo ya no puedo, estoy confundida. No lo entiendo, él siempre es así conmigo ¿Qué espera de mí?… Me duele su amabilidad, no lo soporto… ¿Qué quiere de mí?- Sollozó.

Me sorprendí por su reacción. Esa no era una cara feliz. No, no lo era. Ella estaba… ¿llorando?

CONTINUARA….

ABRAHAM ROCHA RDZ

 

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