Existen personas que no deberían de amar… capítulo 12


Pasó más de un año, nuestra relación había quedado en el olvido, al menos para mí. Sentía una gran satisfacción de sólo recordar tu rostro, sentía una inmensa paz, por fin me había librado de ti.
Sólo faltaba Lisandro.

-¡Álvaro! Joder ¿qué haces aquí?-
-Cállate… Estoy durmiendo-
-Estás sobre mis manuscritos.-

-Esta es mi casa, lárgate de una vez- Levanté mi rostro, unas cuantas hojas de papel se adhirieron a mi mejilla.

 Lisandro es un excelente escritor, pero debería aprender que yo hago lo que se me dé la gana.
-Llevas diciendo eso más de un año, y aún sigo aquí.- Creo que él piensa que puede hacer lo mismo. Acomodó una pila de hojas encima del escritorio, y se sentó al lado mío para revisar el material. 

Arregló sus gafas observando con mucha atención su redacción.
Lisandro idiota, deja que la editorial se encargue. Pensé.
-Álvaro despierta- Esa dulce voz que siempre abría espinas. Emilie había prolongado su estadía a petición mía. A pesar de que quiero sacar estos recuerdos tan latentes de mi mente, no puedo. 

–Álvaro, levántate, por favor.- Me era imposible negarle algo con la tierna mirada.
Abrí un solo ojo y le sonreí. Le causó gracia, esta escena era como un padre haciéndole jugarretas a su hija. Algo que mi padre nunca hizo conmigo.
-Álvaro, Katherine está en la sala- Me levanté rápidamente. Sus visitas eran más recurrentes
Recuerdo cuando por fin me enteré de su relación con Samuel, algo tan peculiar.
“Era viernes, por fin me había librado de Valeria. ¿Por fin podría ser feliz?
Lisandro siempre me daba terapias. Isa horneaba galletas todos los días. Emilie sólo me miraba y me abrazaba.
Ese mismo día tocaron a la puerta, me encontraba sólo. Atendí sin dejar esperar mucho.
Por un momento, pero repito, sólo por un momento, pensé que eras tú.
-Katherine…-

-Hola.- Saludó melancólicamente. 

-Es repentina mi llegada, pero realmente tenemos que hablar.- No me molestó, es más quería hacerle unas cuantas preguntas. Sólo para descifrar una duda.
-Adelante-
Katherine sonrió y se adentró a la casa.
-¿Y dime de qué quieres hablar?- Me senté en el sofá y le indiqué que hiciese lo mismo.
-Bueno… quisiera hablar sobre Samuel.-
Me ahorraba la pregunta. Admiré su honestidad.
-¿Vecino, primo, hermano, hijastro o mascota?-
-Ex novio, novio cuando nos dimos aquel beso.- No me lo esperaba. Eso daba a entender que ella estaba al tanto de mi relación contigo.
-He de adivinar que era una estrategia.-
-Digamos que sí. Yo sería tu manzana de la discordia. Se suponía que yo le haría ver la verdad a Valeria. Cada una de nuestras salidas fue planeada. Incluso nuestro encuentro.-
-Igual no lo logró- En tono frío agregué. -¿Por qué lo hiciste?, ¿no sentiste celos de Valeria?-
Sí, pero… Pensé que él me amaría, yo sabía de Valeria, él nunca dejaba de hablar de ella. Quise hacerlo feliz, y le di la opción de separarla de ti.-
Intuí que ese idiota no sería capaz de elaborar algo tan estratégico.
-¿Eso quiere decir que todas nuestras citas fueron actuadas?-
-No… De eso vengo a hablarte. Aquel beso… No fue fingido… Desde la segunda cita comencé a enamorarme de ti, incluso olvidé que todo era parte de un plan. Me era grato estar a tu lado. Ese mismo día del beso, a Samuel no le importó, y que no me doliera me alegró. Él me dijo que teníamos que decirle a Valeria lo más pronto posible. Me negué, era demasiado tarde, comencé a amarte. Una parte de mí me decía que estaba mal. Pero no me importaba ser la otra, porque te amo Álvaro, sin embargo me enteré que terminaste con Valeria.

– Esto era para reírse. Pensé que eran diferentes, pero las dos son completamente iguales.
-Pensaba terminar con Valeria, desde ese beso, siéndote sincero, yo también me enamoré de ti, Katherine.

– Mentiras, más mentiras y una nueva diversión. Me acerqué a su pálido rostro. Toqué su mejilla. Un poco fría debido a la brisa que corría. Lentamente uní mis labios con los suyos. “
Limpié mi rostro con un poco de agua.
-Katherine, ¿cómo está mi bella princesa? 

– Corrí a saludarla. La cargué y di tres vueltas. Besé su mejilla. Su bella sonrisa, aunque odié admitirlo, la adoraba.
-Álvaro sigue siendo vergonzoso- Sonrojada, me abrazó con fuerza. – Quería invitarte a una cena, ¿qué dices? Príncipe. 

–Sí, así como lo intuyes, ella era mi actual novia.
-Por supuesto princesa, no me lo perdería por nada.- Olvidarte me era tan sencillo. El tiempo determinaría si realmente pudiese amar a Katherine.
-Estupendo- Ella me regaló una sonrisa. Sonó la bocina de un automóvil. 

–Oh lo siento, es mi madre, quedamos de ir al refugio animal. Realmente necesitan ayuda.- Besó mi mejilla y salió. La acompañé hasta la puerta.
-Nos vemos querido.

– Se despidió su madre. Ella sólo se avergonzó.
Me despedí, viendo cómo se alejaba el vehículo. Aprovechando la salida, revisé el buzón. Varios sobres de recibos y cuentas. Pero había una que no noté hasta que llegué al comedor para abrirlas.
Era una carta tuya.
“Sabes no debería hacer esto. Pero siento que una parte de mi destruye mi ser. Déjame decirte algo que he estado pensando desde hace mucho tiempo. Si podemos ser amigos otra vez, no pediría nada más. Sé que es una petición algo egoísta, pero si estás de acuerdo con eso, a mí tampoco me molesta.
El día de hoy hizo un buen clima. Pero hubo un poco de lluvia después. ¿Lo observaste? Ayer tenía mucho tiempo libre para disfrutar el día. Creo que por fin descansaría de este triste vacío. No es como si estuviera pensando siempre en ti. Bueno, quizá sí estaba pensando sólo un poco en ti. Aunque no pueda verte, puedo ver tus palabras. Me siento frustrada…
Cada vez que hay cosas que no entiendo y aún no sé si pueda entenderlas. ¿Son mis sentimientos algo hermoso o sucio? ¿Es muy obsceno? Lo siento si te desagrado ahora, pero aún no lo sé y no encuentro un lugar para desechar todas estas emociones…
Voy a esperar hasta que entienda… ¿Qué hay de malo en esperar un poco?

Tú continúas avanzando, mientras yo me detengo por completo. ¿Cómo puedo acortar la distancia entre nosotros? Todavía no puedo expresar mis palabras con sinceridad. Soy una cobarde de nacimiento. Ya que está a punto de derramarse de mis manos, ¿A quién más le debo dar este amor? ¿Por qué me diste más del que podía controlar? No creo que sea tan fácil encontrar a alguien más… Creo que seguiré esperando.
Ha pasado ya mucho tiempo.

 El tiempo es cruel y amigable. Todo se esfuma, a la pálida luz del sol. Las detenidas agujas reanudan el paso del tiempo con su tictac, ayudando poco a poco a que al igual que con la lluvia, fluya aquella desesperación. Aquello aun me duele. En un punto importante al lado de mi pecho tu voz llama mi nombre. Por más que lo intenté, por más que conozca miles de personas. Tú siempre seguirás ahí, resonando con eco en mi pecho.
Siempre permaneciendo vivas las espinas que deberían haber desaparecido aún siguen punzándome. 

Por lo que sigo sin olvidarlos. Estoy segura de jamás poderte olvidar. Lamento cada una de mis tonterías… Simplemente amigos, nada podemos ya cambiar, cada quien su camino. No hay más que esperar. No debes mirar hacia tras ¿correcto? Tú eres una persona que jamás olvidare en mi camino. Siempre me has estado apoyando y dando ánimos de luchar contra la dura realidad.
Sabes… El día en el que sonreíste y me abrazaste gentilmente pude sentir tu calor. Aquella tarde que nuestro lazo fue cortado pedí un deseo para que todo el mundo se detuviera.
Pero la verdad es, la que ya conocía, no hay manera de que se detenga.
Recordé todas esas cosas que me enseñaste con una sonrisa en tu rostro en algún momento del pasado.
Gracias por siempre apoyar a esta tonta niña llorona Álvaro… Gracias por todo lo que me has enseñado en este cruel mundo.
Espero que seas muy feliz.
Te quiere por siempre Valeria.”
¿Por qué apareces cuando intento olvidarte? ¿Por qué me duele el pecho?
En la carta parecía que a la ahora de redactar, derramaste algún líquido. La tinta estaba un poco regada. ¿Lágrimas? ¿Podrían haber sido lágrimas?
No, no debí pensar en ti. Ya no más.
Arrugué la carta, indeciso, apretando el puño con la misma. Sentí un sabor amargo sobre mi garganta. Respiré hondo. Y la tiré al bote, igual que hice con tu carta de disculpas.
No lo quiero. No acepté tu propuesta. No quería ningún vínculo contigo. Quiero que desaparezcas.
Valeria… Quería que me odiaras. Quería que entendieras que no puedo amar. Quiero que entiendas, que el amor me es imposible. Y más si se trata de ti. No quiero ser sólo amigos… No quiero ser nada para ti.
Recuerdos invadieron mi mente. ¿Por qué?… De nuevo sentí esa preocupación, de nuevo sentía las inmensas ganas de verte, de nuevo sentía aquel vacío.
Te odio…
-Álvaro…- No me había percatado la existencia de Emilie. -¿Estás bien?-
-Sí… ¿por qué la pregunta?- Mi voz temblaba.
-Olvídalo- Emilie tomó mi mano y acarició mi mejilla. –Si la extrañas vuelve a verla.-
Sentí el aliento irse, un nudo en la garganta. Un pequeño dolor punzante en mi pecho.

Valeria… ¿Desde cuándo somos sólo amigos? ¿Desde cuándo te volviste importante para mí?

Continuación…
Abraham Rocha Rdz

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