Existen personas que no deberian amar… Capitulo 9

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Han pasado ya dos semanas y Lisandro aún no muestra señal de dejarme solo.

Lisandro ¿Cuándo te iras?- Le pregunté mientras sorbía de mi taza un delicioso café con canela.

¿Me estás corriendo?– Mostró una tierna cara de melancolía y tristeza. Demasiado falsa para mí gusto.

Te mentiría… Pero creo que sería muy obvio

Vamos no seas cruel– Revolvió mi cabello como si fuese el de un chiquillo. Me estaba acostumbrando a tal acción.

Bueno… Por lo menos deberías hacer algo y ayudarme en la casa

¿Ayudarte?… ¿Es broma verdad?– Hizo un gesto de disgusto y enojo. – ¿Quién es el que hace el almuerzo, comida y cena? ¿Quién te lava y plancha? Para no hacerlo largo ¡¿Quién hace los deberes de la casa?!- Se cruzó de brazos y me miró esperando una respuesta muy predecible.

Tú.– Dije casi en un susurro. Odiaba que tuviera la razón. Con él en mi casa, era como tener una segunda Isa.

-Oye Alva… ¿Cuánto llevas saliendo con Valeria?

¿Eh? ¿Por qué de repente la pregunta?-

Nada, es simple curiosidad.

Siete meses– La verdad me daba igual. No me importabas. Esa carta tan ridícula, era la prueba de que ya no necesitaba esforzarme más. Debí haberla guardado, para publicarla como una broma en un periódico.

Oh ya veo– Sonrió y dejó escapar una risa un poco leve. -Sabes pareciera que no la quieres…

Eso último me dejó pensando. Algunos se habían dado cuenta de que yo no te quería. Por ejemplo Samuel, aunque yo le tuve que decir. Y tus pretendientes celosos lo decían para que me dejases. Pero siempre traté de que delante de otros pareciese que yo te amaba. ¿Por qué Lisandro diría eso?

No supe qué decir y él lo notó.

Olvida lo que dije.- Agregó y se marchó rumbo a la cocina. Dejándome pensativo e intrigado.

Sonó el timbre de la casa. Esperaba y rogaba que no fueras tú. Últimamente tu presencia era más frecuente y eso me molestaba. De suerte que Lisandro me ayudaba de cierta manera, claro si eso se le puede llamar ayuda.

“-¡Él es mío elfa!-

-¡¿Qué es eso?!-

-¡Lo que tú eres!-

-¡Álvaro!-

-¡AH! No lo toques él es mío, ¿no ves que vivo con él? Es señal de nuestro amor-

-¡Joder! Álvaro no es homosexual-

-Eso es lo que te dice-“

Eran las típicas conversaciones que ustedes tenían cada que se veían. Tú y él eran irritantes. Sin embargo, Lisandro colaboraba de cierto modo en mi plan. Me ayudaba a unirme más contigo.

Abrí la puerta y era ella. La hermosa joven de tez blanca y ojos griseados. Con un hermosa sonrisa angelical. Vestía un blusón largo color hueso y un pantalón corto de mezclilla. Llevaba encima de su cabeza un pequeño sombrero blanco. Al parecer no le había ayudado mucho pues sus mejillas estaban rojas por el arduo sol. Su largo cabello iba amarrado en cola de caballo y unos cuantos mechones de fuera.

-Álvaro– Dijo casi en un susurro. Parecía agotada.

Katherine, qué sorpresa tan grata– Abrí más la puerta para que ella pudiera pasar.

Oh…espera… Mira quien ha venido conmigo. – De entre sus pantorrillas salió un pequeño cachorro bastante familiar.

¡Moka!– Agaché mi cuerpo para poder acariciarlo. Ladró sutilmente, él aun me reconocía. Se dejó mimar por mi mano y parecía agradarle.

Moka tenía ganas de ver al señor que lo nombró.

-Dijiste que pensarías otro nombre.– Le regalé una sonrisa.

No, usted le puso ese nombre y es muy lindo

-¿Ahora me vas a llamar de usted?- Me burlé un poco de ella

-¿Prefieres señor Álvaro?– Aclaró desafiante y un poco divertida.

Puedes llamarme como quieras.– Ella se sonrojó y me miró dulcemente.

-Emm… Me preguntaba si quisieras salir a pasear a Moka… Ya sabes como amigos.- Titubeaba. Me encantaban sus acciones a la hora de hablar. Nerviosas y tímidas, todas ellas mezcladas en esa bella mujer.

Si Katherine se me hubiese cruzado antes que tú, tu historia y la mía serian diferentes. Es una pena que llegó demasiado tarde. Aunque confieso que me he divertido mucho, mi querida marioneta.

-Claro, me encantaría.

¡Estupendo!

Espera sólo un momento.

Fui directo a la cocina a avisarle a Lisandro sobre mi salida. Él solamente asentó sin decirme una palabra. Lo curioso y extraño fue su manera de mirarme, triste con un poco de enojo.

Que te vaya bien.– Agregó en sonante frío e inexpresivo.

Gracias… Creo.

Moka llegó a mi encuentro, salimos los tres hacia el lugar donde nos conocimos. Katherine corría de un lado a otro, sujeta a mi mano.

Su sonrisa era un cantar en mis oídos. Sus pupilas se dilataron. Recordé sobre una información con respecto a eso. El artículo decía que las pupilas se dilatan para dejar pasar más cantidad de luz, sin embargo, también afirmaba, que cuando observas a alguien que te resulta atractivo físicamente la glándula pituitaria estimula la segregación de adrenalina. Eso quería decir que Katherine me estaba mirando como su otra presa.

 

Admitámoslo, esta chica debió haber tenido novio alguna vez.

Moka comenzó a ladrar hacia un arbusto y salió corriendo rumbo al mismo.

-¡Moka espera!- Los dos lo perseguimos. Era muy rápido.

Katherine tropezó con una piedra y para intentar detener su caída, tomó mi manga haciéndome caer junto con ella.

¡Joder! Vaya que dolió. Su cuerpo, ahora encima de mí, no era nada ligero.

Hizo un gesto de dolor, apretó la comisura de sus ojos. La mueca de su boca era alargada. Sus pequeñas manos sostenidas en mi pecho, su cabeza sumergida en el mismo, me dieron ternura.

Abrió sus ojos.

Auch…-Exclamó débilmente. –¡AH! Perdón Álvaro- Intentó levantarse. Rápidamente la detuve jalándola del brazo.

Mis ojos se cruzaron con los de ella. Su respiración se oía más agitada. Y como se hubiese sido magnetismo, besé sus frágiles labios.

Tal como lo pensé, ningún sabor, todo era escrupuloso. Destacó que su beso era inexperto. Apretaba y aflojaba los labios constantemente.

Disgregando pausadamente ese beso tan frívolo, ella agachó la cabeza. La ruborización le quedaba bastante bien.

Me pregunto si al desecharte como juguete ella podría tomar tu lugar. Es igual de ingenua que tú. Exentando el hecho de que Katherine es menos ruidosa, por ende, es menos molesta.

Álvaro… Yo…

Te quiero– Besé su frente. Ella me abrazó tímidamente.

Caminando, ahora tomados de la mano. Su mano temblorosa sólo provocó que la sostuviera con mayor fuerza.

No dijimos nada, el trayecto fue callado. Quizás también pueda jugar con ella. Con mi peón.

Horas y horas pasaron, platica tras platica se dio. Gente deambuló. El crepúsculo del sol se hacía presente.

Álvaro me tengo que ir, gracias por este magnífico día– Se despidió dándome un beso en la mejilla y corrió con Moka entre sus brazos.

Retiró lo dicho, era muy inocente.

Caminé rumbo a mi hogar. El viento soplaba más de lo normal en esta ciudad. Las hojas de los arboles emitían un leve sonido.

-Sabes… Eres un desgraciado y te tengo tanta lástima.- Comentó una persona sentada en una banca.

¿Quién? Acercándome un poco para apreciarlo mejor debido a la poca luz, me di cuenta quien era.

Samuel, mi querido amigo, tanto tiempo sin verte.- Le extendí la mano. Lógicamente, él la esquivó.

-No puede haber otra persona más hipócrita que tú.

-No lo sé, hay tanta variedad en este mundo.- Me senté a su lado. Él sólo me miró con desprecio.

Álvaro… ¿qué dirías si acepto tu propuesta de jugar?

¿Huh? Pensé que no querías ser parte de este “juego”.-Sonreí por el simple hecho de ver su incredulidad.

Digamos que estudié un poco tus reglas, noté que eres muy predecible.– Me miró con cierto aire de confianza –La chica es muy linda, es una pena que no sea tu pieza.

¿Qué estaba diciendo?

-¿Qué chica?

Álvaro estás cometiendo un error, mi turno de mover aún no termina ¿no crees?– Se levantó de la banca, dejándome aturdido y bloqueado.

Katherine…– Susurré.

Samuel se detuvo y pude notar su gran sonrisa.

Correcto mi querido amigo Álvaro.– Fingió mi voz en tono burlón.

Lo miré de manera desafiante. No borraba esa alegría de su rostro.

Me has sorprendido, no me esperé truco tan barato. Te estás arriesgando Samuel, si ella se entera, los dos perderemos.-

-Es probable, sin embargo, estaré satisfecho de no verla a tu lado idiota, dos pueden tener a merced a alguien…– Por fin se alejó, sin esperar a que yo hablara. Me dejó en la fría penumbra. ¿De dónde le conocía?

Pensando y moviendo las pupilas de un lado a otro, tome una decisión definitiva. Este idiota me hizo apresurarme. Realmente me lamentaba, pero si no la elegía, todo se ira por la borda.

Pero espera… detuve mi nerviosismo. ¿Qué pasaría si él continua moviendo? Después de todo, yo fui el que pidió que lo hiciera.

Si Katherine no es mi pieza, entonces haré que lo sea. Pensé.

Caminando por esa calle tan agrietada, percibiendo el olor de cigarrillos por esa banda de adolescentes, lastimaba mis fosas nasales e hinchaba mis ojos de comezón.

Llegué un poco cansado, el parpadeo que tenía por la lucha de sacar residuos de polvo, era frío. Sentí las manos heladas.

-¿Por qué tan tarde?- Preguntó Lisandro arqueando las cejas.

¿Qué eres mi mamá?- Me senté cerca de donde él estaba.

Valeria llamó cuatro veces, dice que no contestabas el móvil. ¿De qué va esto Álvaro?– Cruzó los brazos, como una madre furiosa después de que su hijo llega a altas horas de la noche.

Se descargó– Con ironía respondí mostrándole el celular. Me quedé pensativo, ¿Él se estaba molestando por mi hora de llegada o por el hecho de no contestarte?

Me sacó de pensamientos cuando se acercó viéndome muy enojado. Suspiró y cerró los ojos sin dejar de fruncir su ceño. Volvió a verme, pero está vez parecía decepcionado.

-Es triste ¿no?– Agregó retomando su postura, volviéndose a sentar en el sofá.

¿De qué hablas?– No podía estar más confundido.

¿Por qué te enfocas en rechazar la felicidad? ¿Dónde quedó esa ardua sonrisa? ¿Dónde quedó la persona que admiraba?– Se levantó del sillón y se alejó.

¿Qué le ocurría? Nunca lo observe tan molesto.

Recordé entonces lo que dijo, habías llamado. Marqué a tu celular desde el teléfono de casa. Espere paciente a que respondieras.

 

Álvaro, ¿Por qué no contestabas idiota?– chillaste, es bueno saber que Samuel no se ha comunicado contigo pese al tiempo que transcurrió.

Disculpa se agotó la pila del móvil

-Bueno no importa amor, quería decirte que este viernes… Bueno ya sabes…– Reíste de manera infantil, me dio ternura y sonreí… Maldición no de nuevo.

Claro Valeria, es el cumpleaños de mi princesa– Susurré al teléfono, eso te causaba cosquilleo en la oreja.

¡Eso es vergonzoso!– Gritaste con un quejido.

Adoro que lo hagas.-

¡Calla, calla!, ¡Ah! ¿Cómo es posible que terminara así?– Parecías molesta y nerviosa. –Antes de que empeore las cosas, sólo quería recordarte la fiesta que mi tía organiza.-

Por supuesto, no lo olvidaría.- En mis pensamientos te agradecí por recordarme y no preguntar nada al respecto.

Álvaro te tengo que decir algo muy importante…– Cambiaste de todo eufórico a un tono deprimente.

¿Qué ocurre?-

No sé cómo lo tomaras, Samuel vino a mi casa y verás…-Pausaste un instante –Olvídalo, te diré después, adiós, te amo.- Colgaste.

Al parecer ese idiota sí lo dijo. No importaba, tu voz era más de disculpa que de reproche.

Continuaría con mi única estrategia posible, enamorarte hasta que alejes a todos y te derrumbes tú sola.

No importaba cuántas veces te fuera infiel, tu enfermizo amor jamás te permitiría dudar, lo habías afirmado en aquella carta.

Por el momento, mi única preocupación era, averiguar qué relación tenía Katherine con Samuel…

CONTINUARA ….

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