Existen personas que no debieran amar… capítulo 6

-Isabel Ackermell ha pasado un tiempo- Lisandro tomó la mano de Isabel y le besó el dorso haciendo una reverencia. Que ridículo se veía. Parecía el típico príncipe afeminado de cuento clásico.
-Lo mismo digo Lisandro Riveil.– Isa sonrío e hizo una reverencia como toda una princesa.
¿Habrá alguien normal y maduro en esta ciudad? Ellos dos comenzaron a bailar vals. Isa tomó la punta de su falda y la alzó pocamente. Pareciese que llevaba un vestido largo y elegante. Lisandro tomó su muñeca y simularon un baile. Inconscientemente contestaron mi pregunta con un gran letrero en su frente. Un seco “NO”.
Tuve que interrumpir su elegante “vals” a mitad de la entrada principal de la villa. Jalé a Lisandro del cuello de su gabardina y lo arrastré hasta mi condominio. Isa se despedía de él riéndose dulcemente.
Llegamos y lo solté para poder abrir la puerta. Saqué las llaves y la introduje en la cerradura. Di dos o tres vueltas antes de poder abrir.

Lisandro arrastró sus tres maletas y las colocó al lado del diván. Cerré la puerta y coloqué las llaves en la estantería de libros.
-Estás en tu casa.- Aclaré sacando de mi chaqueta su regalo. Desdoble el soporte del marco y lo coloqué en la pequeña mesa frente a los sillones.
-Gracias- Lisandro observó detenidamente todo el cuarto de estar. Desde los cuadros colocados en la pared. Hasta el último rincón de cada esquina. –Te gusta leer ¿verdad?- Dijo señalando mi estantería cargada de libros.
-Sí, me es placentero.- Afirmé quitándome mi chaqueta y colocándola alrededor de la silla de mi escritorio.
-Debí haber escrito mi biografía y regalártela.- Sonrió como actor de telenovela; De lado. Pronto canceló su acción al ver mi mirada de querer asesinarlo. –Con permiso- Se sentó de espaldas en el diván.
-Propio- Le dije en tono frío. –Iré a la cocina ¿Te apetece un café?-
-Eh… Sí claro, eres muy amable Alva- Volvió su tono meloso.
-Por supuesto que no soy amable, lo hago por puro compromiso.-
-Qué cruel, eres muy honesto.- Agregó en tono de querer llorar.
Inhalé y solté un gran suspiro. Seguí mi rumbo a la cocina esquivando su agarré a mi cintura tratando de no dejarme ir.
Me zafé y él se quedó mirando un portarretrato que llamó su atención. No le di importancia y continué.
Tomé un recipiente de aluminio; amplio para dos tazas. Lo llené con la cantidad suficiente de agua. La llama de la parrilla era de un fresco azul. Hubiese usado la cafetera pero sería demasiado embrollo. Es más práctico de esa manera.
-Alva… ¿Quién es ella?- Llegó Lisandro con el portarretratos en mano que lo había detenido.
Me acerqué y miré la imagen. Tus cabellos castaños brillaban en el retrato. Tu blanca sonrisa resaltaba tus ojos. Recuerdo cuando tomamos aquella foto…
 ¡Álvaro ven rápido!- Brincoteabas como una chiquilla frente a la taquilla de entrada de la montaña rusa.
-Valeria tranquila ya voy-
-Oh vamos apresúrate, estoy muy emocionada- No podías dejar de sonreír. Me acerqué y rodeé tu hombro con mi brazo.
-¿Enserio quieres subir aquí?- Pregunté arqueando la ceja. Recordé lo que me habías dicho tiempo atrás. Le tenías miedo a los juegos mecánicos. Eras una paranoica.
-¡Claro!-
-Si así lo quieres vamos- Te tomé del brazo.
Tu bufanda volaba a la orden de la ventisca. Tu risa hacía eco en mis oídos.
Compramos los boletos y ahora tú me jalaste hasta los peldaños del juego. El encargado se aseguró de que tus cinturones y los míos estuviesen muy bien abrochados.
Pude notar tu cara pálida. Agarraste fuertemente la barra de fierro delantera. Me preguntaba si llorarías.
El juego comenzó de manera lenta y ascendiendo de manera apresurada. Tu cabello y la larga bufanda rosada, bailaban con la repentina aumentada de brisa. 
Cerraste los ojos. Apretaste tus labios tratando de evitar escapar un grito. Realmente tenías miedo.

Tu vértigo crecía. Estabas a punto de llorar. A pesar de eso, insististe es subir conmigo. Creo que debí haberte dicho que no era necesario, después de todo odio este tipo de atracciones.
No aguantaste mucho más para soltar el primer grito, tras la primera cuerva de cabeza. Hubo varios gritos en la parte trasera. Pero el que más pude escuchar fue el tuyo.
-¡NO YA NO! ¡QUIERO BAJAR!- Sin esperar tiempo. Soltaste unas cuantas lágrimas. Lo supe porque varias de ellas chocaron con mis mejillas. No sabía si era por el viento tan brusco o por tu miedo. Por tus gritos intuí que la respuesta sería lo segundo. Comencé a burlarme por dentro. En verdad eras una niña.
Ignoré tus gritos, pareciendo que no los escuchaba, cuando por dentro reía incontrolablemente.
Repentinamente en una subida, por tus movimientos bruscos el cinturón y el agarre de seguridad botaron.
Mis pupilas se abrieron como platos.
Demonios… Pensé
Alcé el cinturón de seguridad. Desabroche el otro que agarra a la cintura. Tú gritabas.
-¡DETENGAN EL JUEGO!- Serás tonta ¿Quién te iba a escuchar? Solamente yo.
Te jalé de tu brazo y de manera brusca te jalé hacia mí antes de que el coche diera la otra vuelta de cabeza. No entiendo que tiene de divertido hacer ese tipo de cosas.
Te abracé ocultando tu cabeza sobre mi pecho.
-Valeria tranquila. Imagínate otro lugar.- Sentí tu agarre alrededor de mi cintura. Abroché el cinturón de seguridad para los dos. Acaricié tu cabello tratando de consolarte… ¿Consolarte? Joder.
Acepto que tuve miedo y pánico cuando vi el cinturón romperse. Tú continuaste abrazándome fuertemente. Rodeé toda tu espalda y te apreté más. Quería que dejaras de tener miedo. Realmente estaba agitado. Cerré mis ojos y rogué que está atracción se detuviera.
Enojado estuve pensando en lo que le diría al encargado por esta terrible calidad en mobiliario.
El juego por fin detuvo su andar. Se hizo la multitud alrededor de la entrada; Personas que estaban haciendo fila.
El chalán apartó a todos los curiosos. Yo desabroché el cinturón, me bajé del carro de la atracción. Te dejé, seguías muy aterrada. Fue difícil destrabar tu agarré. Caminé velozmente hacia aquel tipo.
Él me observó. Intuí que él sabía de mi enojo. Tocó mi hombro.
-Eh… ¿Se encuentran bien?- Lo miré con recelo. Hice una mueca de disgusto, para finalmente golpear su ridículo rostro. El hombre ahora tumbado en el piso sólo se limitaba a sobar su mentón, se levantó esquivándome para asegurarse de que los demás pasajeros estuvieran bien.
-En verdad son unos imbéciles…- Dije de manera serena. Me volví hacia ti. Seguías temblando, en posición fetal.
Me incliné y te levanté en mis brazos. Sujetaste mi chaqueta. Suspiré y besé tu frente.
La larga fila había disminuido. Era lógico que muchas de esas personas temiesen por su seguridad. Sin embargo había otras que no.
-¡RAÚL SUBAMOS ADELANTE!-
Idiotas… dije en mi mente.
Bajé los escalones con cuidado. Te susurraba palabras tranquilizadoras. Tú sólo dejabas rodar tus lágrimas.
Busqué un banco. Cuidadosamente te senté en él. Al instante rodeaste mi cuello.
-Por favor…no me dejes…- Dijiste titubeando. Un escalofrió recorrió mi cuerpo al oír tales palabras. Me hinqué, aparté tus manos de mi cuello y las puse sobre mi pecho. Te miré tratando de ignorar tus ojos llorosos. No era el momento de reírme de ti. Comprendía tu situación. Tenías miedo.
Intenté limpiar tus cristalinas lágrimas. Besé el dorso de tu mano.
-Valeria no te dejaré-
-¿Lo…lo prometes?-
-Por supuesto- Sonreí. Ésta vez no era ninguna farsa. Tu rostro tan lindo me hizo hacer esa mueca.
-Prométemelo- Extendiste tu dedo meñique a la altura de mi mejilla. Me sorprendió tu radiante sonrisa.
Sentí una felicidad de verte más tranquila… maldición.
Alcé mi meñique igual que tú. Lo estreché con el tuyo, te sonreí para finalmente decir.
-Lo prometo- Tocamos frente con frente. Sonreímos al mismo tiempo. Un fotógrafo pasó y tomó en esos instantes una foto.
Volteamos sorprendidos. El sujeto la ofreció. La acepté solo para hacerte sentir mejor. Pedí dos, pues tú querías una.
Habías salido realmente bien. Una vez pagada corriste al puesto de enmarcado. Pediste dos marcos. Colocaste cada fotografía en un portarretrato.
Giraste hacia mí. Me entregaste el marco y besaste mi mejilla.
-Siempre juntos- Dijiste sosteniendo mi mano…
-Entonces… ¿Quién es?- Volvió a preguntar Lisandro.
Mis pensamientos de amor hacia ti en ese recuerdo ya no tenían sentido. Ahora tenía un distractor, Katherine.
Desvié mi mirada del retrato.
-Es mi novia-
-¿Oh? Qué frío eres- Dijo Lisandro confundido. –Aquí pareces muy feliz-
-Supongo- Apagué la parrilla de la estufa. Preparé el café tratando de terminar el tema.
Lisandro se acomodó en una de las sillas del comedor. Seguía observando la foto.
-Es muy guapa. Me alegra que tengas novia. Por un momento llegue a pensar que tú… eh… bueno ya sabes…–
-Ni te molestes en mencionarlo, conozco un lugar donde nunca encontrarían tu cuerpo-
-….- Hubo un silencio de parte de Lisandro. Toció de manera ronca.

-En verdad eres un desperfecto- Le acerqué la taza de café y me senté en el otro extremo de la mesa con mi propia taza.
-Bueno, a veces das miedo- Le dio un sorbo a su café. – ¡Esta delicioso! Muchas gracias Alva… eso necesitaba.-

-En efecto ¿qué esperabas?-
Él solo sonrió. Continuamos platicando, dejando atrás la conversación sobre ti…

Continuará… 
Abraham Rocha Rdz

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