Existen personas que no deberian de amar… Capitulo 4

 

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Agradecí y salí del consultorio con mis resultados en mano.

La recepcionista me despidió muy amablemente, por supuesto sólo levanté mi mano haciendo una señal de adiós.

Decidí irme caminando hasta mi casa. Necesitaba un momento para pensar. Quizá el viento, soplando las hojas de aquel árbol frondoso me haría reflexionar. El canto de ese pájaro tal vez me haría pensar otra cosa.

Al lado de un puesto de revistas típico de la esquinas, se encontraban regalando unos pequeños cachorros Silky Terrier. No pude pasar sin que captaran mi atención. Me quedé unos instantes observándolos, en verdad eran una monada. Me acerqué a la pequeña caja.

Eran cinco cachorros. No parecía haber cruce con otra raza. Eran de perfecto linaje.

Le hice caricias a uno de ellos, a lo cual los otros 4 se acercaron también. El pelaje de estos era fino, de textura sedosa. El más pequeño lamió mi mano e intentó morderla. Por supuesto no tenía dientes, de lo contrario hubiera aventado a ese animal muy lejos.

La joven que los estaba obsequiando pudo notar mi gran llamada de atención hacia ellos.

¿Desea tener uno? Parecen gustarle mucho los animales.-

¿Eh? No, es muy amable pero yo creo que debería venderlos. Son unos hermosos canes en perfecto cuidado. En lo personal pagaría muy bien por ellos- Dejé de acariciar al pequeño sabueso y con un pañuelo de algodón me limpié la mano donde me había mordido el más joven de los cinco.

Oh que va, por supuesto que no los vendería, debe usted saber que he empezado desde temprano a obsequiarlos. Sólo he logrado encontrarle casa a uno de ellos.- Dijo la joven mujer de cabellos oscuros y ojos grisaseos.

-Quizá no estás ubicada en la zona adecuada.- Era la verdad, estaba muy cerca de una brecha cerrada. Por lo general no deambula gente en esa calle.

-Jaja, lo sé. Confesaré que no fui cuidadosa en buscar un lugar concurrido. La caja no es nada ligera ¿sabes?- Ella poseía una hermosa sonrisa. Era muy atractiva, parecía una frágil muñeca de porcelana y con ese corto vestido de olanes color blanco, hacía resaltar sus rojos labios.

-Oh, entiendo.- Le sonreí. Recogí la caja donde los cachorros jugueteaban sin mucho esfuerzo. –Vamos, busquemos un hogar a estos pequeños.- Ella me miró muy sorprendida.

-¿Eh?… ¡EH! –Gritó- Espera no es necesario.- Tomó mis brazos tratando de que bajara la caja. Parecía un poco sonrojada.

-¿Por qué? Pensé que me habías lanzado una indirecta con tu frase “La caja no es nada ligera ¿sabes?”- Ella volvió a sonrojarse un poco más notable. Me soltó y cubrió su boca, desviando la mirada.

Te preguntas porqué causo ese efecto de ruborización en las mujeres. Yo tampoco lo sé. Isa siempre me ha dicho que soy atractivo pero tratándose de ella, siempre pensé que eran palabras amables.

-Supongo que quieres ayudarme…- Pensó un momento sin regresar a verme. –Vale te dejaré ya que pareces querer algo de compañía. Pero será a mi modo ¿Estás de acuerdo con eso? – Dijo de manera muy arrogante. Me guiñó su ojo derecho y sonrió abiertamente.

-Claro. ¿Debería llamarte Jefa?- Con tono burlón pregunté. Ella se sonrojó ahora más visiblemente.

-No… Mi nombre es Katherine.-

-Está bien, Katherine, es un placer. Yo soy Álvaro- Le extendí mi mano y ella la estrechó con la suya de manera frágil y amable, regalándome de nuevo su bella sonrisa.

-Lo mismo digo Álvaro.-

Comencé a caminar con la caja sobre mi hombro. Ella intentó igualar mi paso.

Llegamos a una plaza con un enorme jardín bastante concurrido y Katherine rápidamente me quito la caja y la puso sobre una banca vacía.

Uno de los tusos me miró como suplicándome que lo sacase de aquella gran caja. Con cuidado levanté al pequeño cachorro y le dejé que anduviera un rato en el parque jugueteando con las palomas.

No tardó para que una pareja con dos hijos quisieran a aquel sabueso juguetón.

Katherine estaba encantada de entregárselo a aquella pareja que parecía tan cariñosa y unida.

-Bien hecho Álvaro.- Dijo dándome un puñetazo en el hombro derecho. Debo decir que a pesar de su aspecto frágil y delicado, su golpe dolió.

Ella comenzó a sacar a todos los cachorros y los dejó que anduvieran paseando por el gran prado. Por supuesto sin perderlos de vista.

El segundo cachorro se fue en manos de una anciana que necesitaba compañía. Katherine no simulaba su sonrisa. Realmente estaba feliz de poder ver que sus mascotas se iban en buenas manos. No tardo para que otro de los tres pequeños se fuera con una pareja de recién casados. Katherine me sonrió y llamó a los dos cachorros hacia ella. Estos no tardaron en obedecerla, me sorprendió mucho que lo hicieran. Los tenía muy bien educados. Ella comenzó a jugar con los dos. Su risa era muy contagiosa y agradable.

-Oh… Mira qué monada.- Unos adolescentes de unos 16 años se quedaron mirando la escena de dueño y mascota unida que Katherine estaba proporcionando.

No sabría decir si ellos consideraban a los cachorros una monada por su actitud o miraban embobados a Katherine. No tarde en ponerme a la defensiva.

-Exacto son una ternura ¿Desean uno? – Sonreí cerrando mis ojos.

-¿Oye Carlos nunca has sentido como un escalofrió detrás?- Preguntó uno de ellos a su amigo.

-Ohm… Creo que sé de lo que hablas.- Me regresó a ver de manera nerviosa.

-Hola chicos, no pude notar que están interesados en uno de estos pequeños.- Katherine interrumpió el momento de tensión sonriendo de manera amable.

-¿Eh?- Dijeron al mismo tiempo, voltearon a verme. Yo aún no quitaba mi tan alegre sonrisa.

-Claro que sí… Yo quiero uno jaja. Son muy lindos ¿verdad? Francisco.-

-Sí claro… Son muy tiernos.- Acariciaron al cachorro.

-Me alegro que deseen adoptarle.- Katherine les entregó al segundo cachorrito que quedaba. Ellos lo tomaron, agradecieron y se marcharon. Sólo espero que ese pequeño canino esté bien.

Aunque cuando se fueron pude ver como ellos dos empezaron a jugar con el tuso y a pensar en un nombre para bautizarlo. Creo que después de todo no iban por Katherine.

No tardó mucho para que el Sol decidiese esconderse de la luna. Bañando a su paso con unos cuantos rayos. Mi sombra se hacía cada vez más notoria. No habíamos podido encontrar una familia para el último cachorro. Sin embargo a Katherine no le importó, parecía satisfecha de haber conseguido hogar a los otros pequeños.

Ella tomó entre sus brazos al canino, con su mano derecha lo sujetó firmemente. Comenzó a acariciarle con mucha ternura. Pude escuchar un pequeño suspiro exhausto por parte de ella.

Me senté a su lado y acaricié el lomo del cachorro, a lo que éste volteó y lamió mis delgados dedos. Tuve una sensación de cosquilleo y rápido escondí mi mano.

Katherine rió por el acto, se levantó de la banca y me extendió su mano.

-Ven conmigo Álvaro- Sujetó mi palma, jalándome un poco para que me levantase yo no puse objeción y así lo hice.

-¿A dónde vamos?– Pregunté sonriendo.

-Bueno como me has ayudado hoy, quisiera llevarte al lugar donde mi madre siempre me llevaba. Hay un puesto de helados cerca, vamos yo invito.- Respondió muy entusiasmada.

Que más me quedaba que decirle que por supuesto iría con ella.

Katherine no dejó mi mano, es más, se aferró de esta. Quien viera nuestra escena pensaría que somos un par de enamorados. No me molestó que lo hiciese me era muy agradable. Su mano realmente era suave y cálida. Las pocas veces que volteaba a mirarme, me sonreía.

Caminábamos de manera lenta como si ninguno de los dos quisiese soltar la mano del otro. Eso me causaba gracia y un poco de felicidad.

De su cuerpo emanaba una dulce fragancia, no sabría describirla, este aroma comenzaba con un olor a cerezas, después se desvanecía, dejando paso a olores florales, tal vez lilas o quizás a la flor almizcle blanca.

En todo el trayecto, sólo intercambiamos miradas y gestos de agrado. Ninguno de los dos se declinaba al dejar el contacto de nuestras manos.

Ella detuvo su caminar frente a una franquicia, con un gran letrero sobre la fachada que decía: “Less Bessones” un título muy llamativo y único. Ella insistía en seguir tomando mi mano, pero esta vez fui yo quien la sujeto más a fondo y la guié hasta la entrada.

En el vestíbulo se podían ver ocho mesas color caqui. Sólo tres de ellas tenían cuatro sillas, las demás sólo presentaban dos. Ese lugar era más un lugar al cual asistir con tu pareja.

Era un amplio lugar con una decoración extravagante, los contrastes con diversos tonos café, eran muy adecuados. Se podía percibir un ligero aroma de café y aire frío. La iluminación no era muy intensa, era de un tono amarillento combinado con suaves toques naranja, que contrastaba con el color chocolate de unas cuantas macetas.

Las vitrinas panorámicas dejaban ver una gran variedad de sabores frutales. Y sobre esta, distintos clasificados de barquillos.

Temí que no dejasen pasar al pequeño cachorro por tomar medidas de higiene sanitaria. Sin embargo me equivoqué. Nos asignaron una mesa cerca de una gran ventana.

Un joven mesero que no despegó la vista de Katherine, preguntó un poco nervioso:

-¿Puedo tomar su orden?.-

-Por favor.- Sonrió Katherine -Yo quisiera una copa sencilla de yogurt natural. Agréguele poco durazno.-

-Enseguida señorita. ¿Y usted caballero?- ¡Vaya! Volteó a verme, pensé que no había notado mi presencia.

-Sólo tráigame una copa de vainilla.- No tenía muchas ganas para un helado, era un poco tarde para consumirlo. Pero claro que no podía negarle la invitación a ella.

-¿Desea agregarle jarabe de caramelo encima?-

-No gracias así está bien.- Respondí desinteresadamente.

-¿Alguna galleta quizás?- Volvió a preguntar el mozo.

Odio los lugares donde insisten en agregar algo más a tu pedido. Me es desesperante.

-Le repito que mi orden está completa.-

-Enseguida regreso con su pedido.-

Katherine sonreía divertidamente, como si hubiese leído mi pensamiento de desesperación a las preguntas del mesero.

 

-Omitiendo eso, es un lugar muy agradable.- Dijo tranquilamente sin dejar de verme.

-No lo niego. Parece acogedor.– Le respondí muy calmado, apoyando mi mejilla sobre mi mano.

Ella simplemente se limitó a sonreírme. No podía entender cómo una simple expresión de parte de suya me hacía sentir feliz y calmado.

Katherine me miró un momento pensando, luego sus mejillas se pusieron muy ruborizadas. ¿Qué le ocurría? Me preguntaba, hasta que recordé que aún no soltaba su frágil mano.

-Lo siento- Le solté de manera apenada.

Ella no movió su mano de la mesa. Guiñaba más apresuradamente. Realmente parecía nerviosa. Sus movimientos eran un poco torpes. Tartamudeaba ligeramente.

Todo eso me causaba gracia y ternura. Katherine era muy encantadora. Era muy tierna y frágil.

Nuestro pedido no tardo mucho. Servido en una bandeja plateada. El mesero puso las dos copas cristalinas sobre la mesa. Cuidadosamente colocó las cucharas encima de éstas.

-Fue un placer servirles.- Hizo una reverencia y se retiró.

No parecía heladería, me sentía como en un restaurante de gran prestigio. Supongo que eso lo hacía único a este lugar.

Katherine tiró la cuchara al piso. Sus movimientos torpes continuaban aún. Se sonrojó por su pequeño descuido.

Me apoyé de una mano sobre la mesa y me agaché por el utensilio. Ella sólo me agradeció muy apenada. Le temblaba la mano con cada cuchareo que daba a la copa. Yo le sonreía y no le quitaba la mirada. Esto hacía que se pusiera más nerviosa.

-No me mires tonto- Dijo de manera muy infantil.

Solté una pequeña carcajada y ella me embarró un poco de helado en la nariz. Al instante tomé una servilleta y me limpié. Ella cubrió su boca dejando salir una pequeña risita.

Sentía alegría el poder verla. Me di cuenta de algo. Encontré solución a mi problema.

Katherine me hizo no pensar en ti, esto era lo que faltaba. Un pequeño distractor y ella era la clave…

Continuará…

 

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Existen personas que no deberían de amar…capítulo 3

Tu relación con Samuel, cada día empeoraba más. Fue muy tonto de su parte enojarse cada vez que se enteraba que estabas conmigo.
Cuando me encontré con él, su rostro se veía realmente furioso, parecía un animal salvaje a punto de atacar. En este caso se contenía tratando de ignorar mi tan abierta sonrisa.
–Si quieres ganar, debes pensar tus movidas.– Le dije sin dejar de sonreír.
–No seré parte de tu asqueroso juego, imbécil.– Respondió de una manera muy agresiva.
-Al contrario mi estimado Sami, yo creo que ahora estás muy adentro. Apresúrate a mover sabiamente que me aburro.- Con él podía actuar de manera honesta. Era lo que más le molestaba y para mí, era lo que más me gustaba de ese tipo.
–No seré un peón. Deberías dejar de ser tan alzado, ¿no lo sabes? La vida gira cuando menos lo esperas. Trata de que todo tu sucio plan no de vuelta, sería malo para tu imagen.- Afirmó tratando de darme a entender que tu amabilidad me cautivaría.
-“El cazador se convierte en presa” ¡Ja! No creo que esa frase me pueda mover de mi posición.- Solté riéndome.
Él se encogió de hombros con una mueca de duda.
–Sólo espero que no ocurra, me molestaría que te quedases con ella sin que se entere quién realmente eres.-
Se alejó de mí dándome un pequeño empujón en mi hombro.
Eso que dijo era imposible, la única vez que llegaste a cautivarme había sido ya hace tiempo y no se había vuelto a repetir.
Sonreí y me dirigí a mi departamento.
No tardé mucho en llegar, lo primero que hice fue saludar a mi casera, Isabel, quien siempre estaba en la entrada de la villa de residencia.
-Álvaro, estás muy despeinado, esto no puede ser, debes arreglarte.- Isabel siempre fue como una madre para mí, pese a su corta edad de 27 años.
Desde que mis padres fallecieron en ese accidente automovilístico, ella se encargó de mí, pero a pesar de mis 20 años ella me sigue tratando como su hijo dependiente.
Isabel posiblemente es una de las personas que realmente quiero.
-Oh lo siento Isa, lo arreglaré en cuanto llegue.– Traté de pasar pero no me dejó.
–¡No! -Gritó- Yo te lo acomodaré, debes llegar decente.- Sacó un peine y comenzó a cepillarme el cabello de una manera muy amable. Cosa que hizo que me sonrojara por cada cepillada que pasaba sobre mi cabello.
Debo ser honesto, estuve enamorado de ella hasta los catorce.
-Isa, enserio está bien, no pretendo salir.- Le dije retirando sus manos.
–No importa Álvaro, me molesta verte con ese peinado, córtate el cabello un día que tengas tiempo ¿quieres?.– Su tono cambió a un tono enojón, por supuesto no estaba enojada.
Realmente me gustaba pasar el tiempo con ella, realmente le quería.
Le solté las manos dándole a entender que podía continuar. Ella me sonrió y terminó su batalla con mi cabello.
-Casi lo olvido.- Dijo sacando un pequeño pero bien envuelto paquete de su bolso. -¡Felicidades! Enhorabuena eres más anciano.- Me entregó el pequeño presente y esperó paciente a que lo abriese.
¿Cómo se me pudo olvidar mi cumpleaños? Había estado tan ocupado planeando como enamorarte y mis defensas contra Samuel que no me di cuenta.
-Gracias, ¿cómo es que lo recordaste?- Pregunté desenvolviendo en paquete con mucha calma.
-¿Es broma verdad? Es imposible olvidar cuando de pequeño me decías en todo momento “Isa, Isa no olvides que mi cumpleaños es el 17 de febrero, no lo olvides ya viene” Era muy gracioso que lo hicieras un día después de este.- Sonrió cerrando sus bellos ojos color miel.
Terminé de quitar el papel al regalo.
-¡¿Pero qué?!…– Fue lo único que pude decir cuando saqué una caja de condones.
-Sé que los necesitaras picaron.- Isa guiñó su ojo izquierdo dándome a entender que iba en serio.
–¡ISABEL ESTO ES MUY INNECESARIO CRÉEME!- Le grité, no enojado, sino avergonzado.
-¡Jaja! Claro que no tonto, ese no es tu regalo.– Sacó otra pequeña caja color marrón sin envoltura y se abría sólo alzando la tapa –Este es tu verdadero regalo.-
Tomé la caja y dudé en abrirla, la miré de reojo y ella sólo sonrió.
Levanté la tapa y saqué una cadena de plata con un guardapelo adornado, con unas cuantas piedras de diamante alrededor, el cual abrí y me quedé por un momento observando la fotografía dentro.
-Esto es…-
–Sí, nuestra primera foto juntos, el día que nos conocimos.- Terminó de decir Isabel por mí.
Recuerdo ese día como si hubiera sido ayer, nunca podré olvidar cuando Isabel trato de defenderme de aquel sabueso.
A veces me pregunto… ¿Realmente dejé de amar a Isa hasta los catorce?
–Felicidades, nos alegra poder celebrar contigo una fecha tan importante.- Interrumpió mi pensamiento el novio de Isa, Rogelio, con el cual llevaba 6 años.
Ya recuerdo el día en que se me olvido el pensamiento de amar. Ese tipo rompió mis sueños de tener una relación con Isabel.
–Gracias Rogelio es muy amable de tu parte.– Le dije sonriendo falsamente, siempre actué haciendo parecer que Rogelio me agradaba cuando era todo lo contrario.
–No digas eso, siempre has cuidado bien de Isa y eres un gran camarada.- Él abrazó a Isabel haciendo que se sonrojara. Antes me hubiese enojado y encelado, ahora solo veía a Isa como una amiga.
-Te preguntarás: ¿Entonces por qué lo detestas? Bueno eso es fácil de responder. La única razón de que lo siga odiando es porque él es más alto que yo.

–Creo que es hora de que me retire. Gracias por los obsequios.- Realmente no quería quedar a verme las escenas de pareja feliz que ellos dos me estaban mostrando, me era muy incómoda.
-Oh claro cuídate.- Isa me besó en la frente, en verdad seguía muy enserio su papel de madre.
-Disfruta tu primer regalo campeón- Agregó Rogelio.
Calla no arruines la sorpresa tonto.- Le regañó Isa dándole un jalón en la oreja derecha.
¿Sorpresa? ¿A qué se refería con eso?
-No será… ¡Demonios!- Salí corriendo rumbo a mi departamento deseando que mi idea de la sorpresa estuviera equivocada.
Llegué agitado a la entrada de mi condominio.
Maldición los deportes nunca han sido lo mío. Recordé entonces cuando de pequeño entregaba cientos de justificantes para saltarme las actividades que el maestro se había tomado la molestia de escoger. Por supuesto no siempre me funcionaban.
Isabel se preguntaba cómo era posible que yo estuviese tan delgado, pese a no practicar nunca un deporte. Debo decir que ni yo lo sé. Quizás sea herencia de mi madre, ella era delgada. La estatura alta debería ser de mi padre.
Dejando ese vago recuerdo, una vez frente a la puerta, decidí abrirla. Lo hice de manera agresiva. Rogaba que no fueras tú…
-¡Sorpresa!- Gritaste sosteniendo un pequeño pastel de frutas.
Odio mi vida…
Ese gorro de fiesta era sumamente ridículo y la decoración en la sala principal era muy exagerada.
-No puedo creer que te hayas acordado, amor eres la mejor.- Fingí felicidad por tu presencia y besé tu mejilla.
-¿Como lo podría olvidar cariño?, eres lo más importante para mí.– Sonreíste y me diste un pequeño beso rápido en los labios.
Desde hace unos días tus besos sabían a fresa me preguntaba porqué lo percibía.
Primero tu aroma y ahora tu sabor. ¿Qué me estaba ocurriendo?
-Oh Álvaro, tienes el cuello de la camisa mal puesto, déjame ayudarte.- Me rodeaste con tus delicadas manos y acomodaste de manera sutil mi camisa.
Demonios… Sigo insistiendo que dejes de usar ese perfume.
Te alejaste y te jalé para poder abrazarte, deseaba poder oler por más tiempo tu aroma.
Fue un momento de silencio y pude escuchar el palpitar de tu corazón y tu ligera respiración.
Comencé a sentir otra vez el mismo dolor en el pecho…
Deberías dejar de ser tan alzado, ¿no lo sabes? La vida gira cuando menos lo esperas. Trata de que todo tu sucio plan no de vuelta, sería malo para tu imagen.
Con ese pensamiento te alejé lo más rápido que pude de mí.
Te sorprendiste y me miraste con un poco de preocupación.
¿Qué demonios me ocurría?
-Eh… lo siento amor estoy un poco cansado.- Aún con eso, tu semblante de la cara seguía igual.
-¿Seguro?- Preguntaste inocentemente, mirándome de una manera triste.
De nuevo ese dolor en el pecho, con mi mano lo apreté y pude notar que te preocupaste más por mí.
Trataste de tocarme a lo que yo reaccioné y alejé tu mano.
Me volviste a mirar con un rostro lleno de nostalgia y a punto de llorar. No entendías qué estaba pasando y diré la verdad… Yo tampoco.
-Siento haberte molestado, jaja, mejor me voy, cuídate.– Dijiste con una sonrisa demasiada falsa y pasaste a mi lado casi corriendo, queriéndote ir lo más rápido posible.
Fue idea mía ¿O vi caer de tu rostro unas cuantas lágrimas?
Si estaba en lo cierto… ¿Por qué no estaba feliz con ese hecho?
El cazador se convierte en presa.
Di un puñetazo contra la pared, sentí una pequeña punzada en mi mano por el acto.
-Esto no puede ser…-
Cogí mi chaqueta y las llaves de mi departamento. Tenía que olvidar ese pensamiento a toda costa.
Tomé un taxi y pedí que me llevase al centro médico más cercano. Este dolor no era normal, y yo no quería dejar entrar a mi cabeza una idea tan tonta como el.
El conductor no tardó mucho en llegar, bajé con cautela y pagué con el cambio exacto. Apresuré mi paso hacia la entrada, era muy necesario descartar este pensamiento.
Fui a la recepción y me atendió una bella mujer que no aparentaba sus 45 años, ella muy amablemente me indicó que tenía que ir al consultorio 1-A.
Agradecí y crucé un gran pasillo con miles de posters del cuidado humano y del entorno.
-Veamos, joven Álvaro, no presenta un antecedente de algún familiar diabético, hemos descartado la enfermedad de insuficiencia cardiaca, los síntomas que nos ha brindado no corresponden a esta. Para mayor seguridad es necesario hacer una prueba de un electrocardiograma.- Fue el diagnóstico que el doctor Blake me brindó.
-Estoy de acuerdo con usted, quisiera saber lo antes posible la causa de este dolor.-
El doctor me invitó a recostarme en una gran camilla cara arriba.
–Te pido quitarte todo objeto que pueda alterar los resultados, en palabras comprensibles, desaloja si es que posees, relojes, pulseras, anillos, monedas, pendientes o bien tu cinturón.-
Saqué poco vuelto que tenía en el bolsillo izquierdo de mi pantalón, me quité un anillo que tú me habías regalado por nuestros 7 meses juntos, desabroché mi cinturón y lo puse sobre una mesa.
Retiré mi camisa y me tumbé sobre la gran camilla blanca del consultorio.
–Perfecto joven Álvaro, debo aclarar que la prueba del electrocardiograma no tiene ningún tipo de complicación. No pasa corriente eléctrica por el cuerpo sí que no hay de qué preocuparse. En raras ocasiones, las pegatinas pueden dar una pequeña irritación en la piel o puede notar alguna molestia al retirarlas, pero no es nada grave.- Dijo el hombre graduado de bata blanca.
Él colocó seis tipos parches en la parte izquierda del pecho, desconozco el nombre de esas cosas, para mí eso eran, pequeños parches.
Antes de empezar con la prueba, me pidió que guardase total silencio, que me mantuviera quieto y que mi respiración fuese calmada.
Para poder realizar eso, cerré mis ojos intentando relajarme…
“¿Cómo lo podría olvidar cariño?, eres lo más importante para mí.”
-Joven Álvaro respire hondo-
“Siento haberte molestado, jaja mejor me voy, cuídate.”
–Relaje su respiración… ¡Cálmese!– Escuché el grito del doctor Blake.
-Lo siento…-
-Descuide, sólo intente no pensar en ese recuerdo que estaba teniendo, parece ser muy agitador- Como si fuera voluntad mía pensar en ti.
La prueba del electrocardiograma terminó mejor de lo esperado, no tardo ni 5 minutos en darme los resultados.
-Ohm… veamos…- Cada gesto que hacía tratando de interpretar los resultados me era desesperante. –Bien felicidades, descartamos con mayor seguridad todo tipo de problema del corazón, usted está perfectamente sano.–
Si tan sólo me hubiese dicho que yo poseía una pequeña arritmia, me hubiera alegrado el día.
-Disculpe joven Álvaro-

¿Me pregunto si no se cansara de llamarme así?
-Dígame doctor.-
-Perdone mi imprudencia pero quisiera hacerle una pregunta.-
-Eh… Claro con mucho gusto.– Asentí sin dejar de ver los resultados que ahora estaban en mis manos, tratando de averiguar quizás un pequeño error que determinase que tuviera una enfermedad. En verdad la deseaba, pero con la suerte que poseo, era claro que no.
-¿Tiene usted novia?- Preguntó sin más.
Me sacó de mis pensamientos y me adentró otros a mi mente. ¿Por qué preguntaba eso de repente? O mejor dicho ¿Para qué necesitaba saberlo?
-Oh… Sí, desde hace 7 meses, aunque creo que nos hemos peleado o yo que sé, usted sabe las típicas peleas de una pareja que son pasajeras, supongo.- Respondí un poco desconcertado.
–Ah, ya veo, entonces no se preocupe de nada y vuelva a casa. Le sugiero que llame a su novia y pida disculpas aunque usted no haya originado el pleito, debe saber que las mujeres por lo general son más orgullosas.–
–Ohm… No creo que este sea el caso.– Afirmé de manera bastante clara. –A todo esto… ¿A qué se debe su pregunta?-

-Bueno verás, no soy psicólogo y tampoco experto en relaciones humanas, pero sí sé decirte cuando una persona está enamorada. -¿Enamorado? ¿Yo? ¿De ti? Imposible…
-Como sabrás Álvaro, el corazón es un órgano que bombea sangre. Una vez que tus emociones empiecen a fluir y cada que tengas a la persona que le haga hacer eso a tus hormonas, tu corazón bombeara más rápido, eso ocasiona tus dolores. Siempre ocurrirá eso cuando ames de verdad, dolerá tu pecho cuando veas a tu amada feliz o triste.-
No respondí en ese momento.
Me levanté de la silla mirando hacia el piso.
-Tiene usted toda la razón…-
Continuará…

Existen personas que no deberían amar… Capitulo 2

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Esta acción tuya sólo significaba algo: podía divertirme más contigo. Sonreí de sólo pensarlo…

Correspondí a tu beso, pero esta vez a mi modo. Te jalé de la cintura y acerqué tu cuerpo para que chocase conmigo.

Mi beso era desesperado, realmente estaba excitado con esa cara que tenías, cada toque de mi lengua con la tuya hacía que lloraras más.

Besé tu cuello de manera apasionada, realmente quería hacerte que recordaras por siempre todo de mí y que siempre sufrieras con ese amargo recuerdo.

-Ah… Alva…ro.- Titubeabas mi nombre.

Más, más, mucho más, quiero romper todo de ti, quiero que sufras, quiero que ya no puedas con esa carga. Quiero acabar todo de ti.

Esa noche a las 10:34 para ser exactos, estabas a punto de perder lo que siempre habías guardado con tanto cuidado.

-¿Estás bien?– Como si realmente me importase pregunté.

-Ah…Sí.- Decías a penas duras, cubriendo tu rostro que estaba demasiado avergonzado por el acto que estábamos a punto de hacer. Por primera vez serías retrete humano. Te haría mía, sólo mía.

-Du…Duele…- Te costaba hablar, debido a tu primera vez es normal que así fuese.

Las lágrimas volvieron a salir, sin embargo no pude verlas ya que aún cubrías tus ojos. Qué molesto era todo eso.

Tomé tu mano izquierda con fragilidad tratando de ocultar mi enfado.

-Valeria, sujétate de aquí.- Posé tu palma en mi hombro. Con mi otra mano tomé tu delicada mano derecha y la apreté fuertemente sin herirte de modo que tú sintieras confianza.

Gritabas mi nombre y suplicabas que te abrazara. Así lo hice.

Te tomé entre mis brazos mientras susurrabas la palabra ‘Te amo” una y otra vez, parecía que te habías sincronizado con tus lágrimas. Sentía como cada una de ellas resbalaba por todo mi hombro y recorría mi espalda.

“Muéstrame más”. Pensaba escuchando cada gemido tuyo.

¿Qué pasaría en la mañana? ¿Qué tal si alguien disidiese terminar todo?

Realmente quería ver esa reacción en tu cara, pero ahora no era el momento. Quería que sufrieras mucho más.

No podía dejar de sonreír de imaginarme tu completo dolor mientras tú dormías recostada en mi pecho.

Comencé a juguetear con tu largo cabello marrón, lo enroscaba entre las yemas de mis dedos. Era muy suave y olía bien. Era un olor embriagante debo aceptar.

Despertaste con una sonrisa estúpida en el rostro, ahora abrazándome y con la cabeza en mi cuello. Eres molesta, demasiado, pareces una niña.

-Buenos días amor- Dejaste salir de tus labios para después rozarlos con los míos.

¿Cómo es posible que hubiese alguien tan tonta como tú?

Sonreí, no por el beso si no por tu incredulidad e inocencia.

-Buenos días cariño.– Respondí dándote un delicado beso en la frente. Te sonrojaste en el acto y cubriste tu rostro con las sabanas.

Por un instante sentí un dolor en el pecho… Seré honesto me dio ternura esa inocencia que poseías por naturaleza.

Rápidamente borré ese pensamiento tan innecesario y me levanté a ducharme dejando tu momento íntimo con las sabanas.

Sumergí mi cuerpo en una tina llena de agua caliente, el vapor que emanaba de esta era muy agradable.

Cada contacto con tu cuerpo quería olvidarlo fuese como fuese. El sexo sólo es una mentira una simple farsa mal estructurada. Quizá sólo una diversión.

-Qué bien se siente.-

¡¿Qué demonios?! Pensé en esos momentos cuando te metiste y te acorrucaste conmigo en la bañera haciendo que el agua sobrepasara su límite por el peso de alguien más dentro.

-Eh…Sí claro el agua caliente es lo mejor.- Maldita sea.

¿Qué intentabas hacer?

-¡Oh por dios! Amor estás sonrojado, jaja. Eso déjamelo a mí.- Dijiste giñando tu ojo derecho de manera seductora.

Maldición tenías razón, estaba ruborizado, ¿Qué esperabas? Soy un hombre y el acto que acababas de hacer era muy inesperado y vergonzoso.

¿Qué les pasa a las mujeres hoy en día?

Sonreías tan dulcemente, suspirabas tan abiertamente.

Y tú corazón… ¡por dios tu corazón! Parecía que un baterista profesional estuviese tocándolo. Podía escuchar cada bombeo de sangre que daba; era muy rápido y pesado.

Oh quizá… ¿Era el mío?

¿Qué demonios estaba pensando?

“Reacciona Álvaro sólo pasaste una noche con ella” Quería que esa frase rebotara en mi cabeza.

Al tener relaciones siempre fue indiferente, nunca me importó nada, siempre me lanzaba al precipicio y después huía. ¿Qué era diferente en esos momentos?

Maldita sea de nuevo el pecho me dolía.

Por si fuera poco apestabas, ese jodido olor que emanaba de tu cuerpo no podía dejar de percibirlo.

¿Pero que estaba diciendo? Pareciera que fuera un sabueso.

-¡¿Pero qué?!-

Hubiese pensado otra cosa con todos esos pensamientos intrigantes en mi cerebro si no hubiese sido por la fuerte erección que me dio y tu acto seguido; un fuerte grito desgarrador.

Menos mal que me habías quitado esos pensamientos, aunque sigo opinando que la cachetada que recibí por parte tuya era muy innecesaria. Fue tu culpa para empezar.

No entiendo la función del cuerpo y creo que jamás lo haré. Es decir, no me cabe en la cabeza que haya personas que se odien pero puedan entregarse de manera sexual por el simple hecho de placer.

Tú no me odias, me repites tantas veces que me amas que es imposible pensar tal sentimiento hacia mí, es por eso que entregaste todo ayer.

Sin embargo yo te desprecio y me repugnas, A pesar de eso mi cuerpo reacciona ante ti. Es ahí donde no comprendo.

-¡Eres un idiota! Como puedes pensar en esas cosas sabiendo que sigo muy sensible.– Dijiste de manera muy caprichosa e infantil.

Enserio nunca me cansaré de decírmelo; en verdad te odio.

Pero no importaba en esos momentos, ya te haría sufrir más tarde.

El día transcurrió de manera normal, quitando tus golpes cada que me intentaba acercarme a ti.

-¡AH!… ¡NO TE ACERQUES!-

En verdad deberían darme un premio por haber seguido con mi farsa.

Caminabas muy tímidamente con las manos juntas, como tratando de ocultar algo.

Me mirabas de reojo y cuando te regresaba a ver, volteabas rápidamente y te sonrojabas. Por unos segundos sentí un acto involuntario.

Sonreí… ¿Sonreí?

“Tengo que acabar con esto”. Pensé después de esa traición de parte mía.

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Podría perder todo lo que hasta ahora había hecho, por una simple confusión. Tengo que aprender a controlar mejor mis acciones, no quiero que mi cerebro sea monótono sin mi consentimiento.

¿Qué debería hacer? Si terminaba ahora contigo, tu mente tan pequeña imaginaria que sólo te ocupé de objeto sexual. Igual sufrirías pero lo olvidarías muy rápido y lo dejarías en una pequeña experiencia del pasado.

Yo quería que sufrieras más. Que fuese inolvidable. Quería enterrarte una espina que siempre sangrara en tu corazón y nunca pudieses ser feliz.

Mis acciones ahora fueron cambiando. Era más detallista a la hora de un regalo, te decía más seguido una frase sin valor para mí.

-Te amo y siempre lo haré- Ésta última, siempre la hacías terminar con muchos besos empalagosos.

Pase más horas contigo, evité a mis amigas y amigos, para hacerte creer que en mi mundo sólo había espacio para ti.

Tuviste muchos pretendientes que intentaron alejarte de mí.

Te dijeron tantas cosas ciertas mías.

“Él está engañándote con otra; No te conviene sólo juega con tus emociones; Sólo te utilizó”

Dejémoslo en un etcétera.

Nunca las creíste, pensabas que eran típicas frases de pretendiente celoso.

Pobre ingenua, si hubieses escuchado a uno de ellos, mi plan se hubiera derrumbado y todo mi tiempo que dedique en formularlo sería en vano.

Tu mejor amigo, ese bastardo de Samuel, sabía todo lo que yo intentaba.

Aún recuerdo cuando se enteró.

Te desprecio y créeme que mucho, pero ella ha te ha escogido y no puedo hacer nada, sólo te pido que siempre la cuides y nunca la lastimes-

-¿Crees que realmente me interesa? No eres nadie para ella y aunque lo fueses no te haría caso, ella solo es una pieza en mi tablero.- Solté sin preocuparme a su reacción.

-¿De qué hablas?- Otro estúpido en el planeta, perfecto.

Creo que es más que claro, ella es mi sujeto de observación. Quiero descubrir hasta dónde puede llegar la cordura humana con el simple hecho de enamorarse.- Decidí que sólo Samuel supiera eso de mi propia boca. Deseaba ver la reacción que tenía.

Él estaba perdidamente enamorado de ti, pero tú siempre lo viste como un amigo.

-Esto no se quedara así, no permitiré que la hieras. Un bastardo como tú no merece verla sonreír- Dijo de forma asesina.

Me tomó de la camisa y me alzó, mostrándome su puño de manera amenazadora.

-Adelante hazlo, golpéame, esto me dará puntos sobre ella y a demás por fin te hará desaparecer de su vida por herir a su amado novio.- Sonreí cuando su semblante cambio a una cara sorpresiva y analítica.

-Maldito…- Me soltó de la camisa y se sentó en una banca de la plaza con las manos en el rostro, tratando de ocultar las ganas de asesinarme.

Suspiró tratando de que todo su cuerpo y su mente se calmaran. Esto era realmente grandioso, ahora tenía a dos personas de prueba.

La primera sufriría la perdida de alguien que amaba hasta el borde de morir y la segunda persona, sufriría de un amor no correspondido y viendo sufrir a su amada con alguien que jamás la querrá.

Samuel seguía sin dejar su rostro aún sentado en la banca.

Decidí irme, no había nada más que ver ni que decir por parte mía.

Tomé mis cosas y comencé a caminar por el trayecto rumbo a mi casa.

-Ella se dará cuenta, independientemente sin que le diga, no es tan tonta como crees, Álvaro…

Me detuve al escuchar sus palabras, volteé a verle y le sonreí tan felizmente.

-Entonces debo darme prisa en mi propósito, gracias por el consejo eres un buen amigo.-Retomé mi camino y pude escuchar como Samuel golpeó fuertemente la banca.

Interesante amigo tenías Valeria. Aunque me deprimí cuando no te dijo nada de nuestra pequeña charla.

Realmente me hubiera gustado ver cómo te ponías de parte mía. Porque a decir verdad yo sabía que así sería. Creo que él también lo intuyó, debo reconocer que es un poco listo.

Por fin apareció otro jugador en mi ajedrez.

¿Qué tanto duraría dentro del juego? Esperaba que mucho, ya que ahora con él dentro, las cosas serían más interesantes…

Abraham Rocha Rdz

 

Existen personas que no deberian de amar…. Capitulo 1

Quizás al 

principio te 

detesté… Para 

ser sincero odié 

tu manera de 

ser. Me parecía 

demasiado 

ruidosa y 

molesta.

Fotografia: José Novelo 

Fingía una sonrisa de agrado por mi presencia, pero la realidad no fue a si llevabas prisa y no era nadie en tu vida,  siempre me molestabas con tonterías y reiamos. Lo dejaba pasar ya que desde que te conoci me encantaste en pocas palabras asi empezo todo

Desde la primera vez que te conocí lo supe, me habia enamorado de ti, tus gestos y tu mirada te delataban. Intentaba pasar el mayor tiempo posible conmigo.

A pesar de mi descubrimiento no me importaste, no te dediqué ningún pensamiento, pero las conversaciones fueron creciendo pero mi corazon ya pertenecia a otra persona aunque lejos estaba no me importaba

“Invitación de Charla de: Valeria Hoffman”

Tenía dos opciones cada vez que lo hacías. Ignorar y aceptar. Pero sabes algo, siempre aceptaba tus llamadas. Quizás sólo lo hacía para reírme de ti. ¿Con qué me sorprenderías hoy? Me preguntaba siempre.

Esa charla terminaba en peleas y discusiones. Eso era lo que tú querías, agradece que te cumpliera tus deseos.

La más graciosa de tus acciones, fue cuando pediste ayuda a un amigo mío para confesarme tus emociones. ¿Crees que yo no los sabía? Siempre los supe.

Tus mejillas ahora pintadas de carmesí y una mueca de timidez rebosaba toda tu cara.

-Tú me gustas- Soltaste de repente agachando tu pálida cara con toques de ruborización excesiva.

Era por fin mi momento de alejarte de mí, destrozar tu pequeña mente con crueles palabras y demasiado desprecio. Todo lo que alguna vez encerré en mi mente y que siempre te quise decir saldría por primera vez.

Sin embargo, aún agachada, pude divisar como caían unas cuantas lágrimas de tu rostro esperando una respuesta. Contuve aquellas palabras que esperaba decirte.

Sonreí para mis adentros. ¿Realmente me amabas?

Interesante. Pensé.

Te abracé y te susurré un: Lo mismo siento por ti.

Sentí como te sorprendías como si no esperaras mi respuesta, decías mi nombre una y otra vez. Que gracioso no podía contener mi sonrisa.

La única razón de que yo aceptase tener algo contigo, fue que quería jugar con tus emociones. ¿Cuánto podía ilusionarte con palabras amables?

Ese día te dediqué todos los pensamientos, quería enamorarte más y más. Quería ilusionarte y que tú imaginaras un futuro a mi lado, para después romper todo lo que tenías. Me emocionaba el simple hecho de imaginar ese día.

Realmente te odiaba, odiaba tu sonrisa cada que te veía, tus pequeños caprichos, tus celos y sobre todo tu amor.

Te amo mucho Álvaro eres todo para mí.- Decías una y otra vez.

-Yo más mi pequeña– Mentía siempre, mi objetivo se estaba cumpliendo. Toda palabra que yo te dijese era motivo de una estúpida sonrisa en tu rostro y un rubor inimaginable.

Tú creías cada frase de mí, confiabas en mí, lo más importante era que me amabas a locura.

Tuve muchas ideas de enamorarte más y hacerte creer que me estabas perdiendo dándote celos con amigas que fui conociendo.

-Vete con Itzel tu mejor amiga anda- Tus reacciones eran graciosas pero no podía perderte, es más, esto me daba mucha ventaja de irte destrozando tu corazón poco a poco.

-Amor yo sólo te amo a ti, ella es una amiga, tú eres mi luz que me va iluminando y que me ha salvado siempre.- Por ti tuve que volverme cursi en mis mentiras, todo un poeta. Te las creías y siempre te disculpabas por reaccionar así.

Intentaste darme celos dos o tres veces.

Él es Samuel, es mi mejor amigo y siempre puedo contar con el cuándo tú no estás.-

Eras demasiada obvia y me daba gracia todo eso, pero claro no pude decir que no me importaba, porque en esta mentira mi rol era estar enamorado de ti.

Él es buen chico ¿no? Pareciese que él te merece más que yo, supongo que es lo que me tratas de decir.-

Haciéndome el celoso ganaba puntos y estabas cayendo más rápido en mi trampa. Tú misma fuiste haciendo tu red.

Ese tal Samuel te amaba, yo lo veía en el modo en que me odiaba y en el que te miraba, sin embargo tú no te dabas cuenta.

El día que él te propuso dejarme tu inmediatamente dijiste que no.

-Lo siento, mi corazón sólo pertenece a Álvaro.-

Heriste sus sentimientos y para compensar mis “celos” rompiste todo contacto con él. Esto era perfecto, lastimaste a una persona sólo por mí, por fin te tenía colgando de mi meñique.

Para hacer que me amases más, decidí frecuentarte poco para que las ansias de poder verme se hicieran más grandes. Y así fue, poco a poco te ibas hundiendo en una depresión de amor.

Tuve ciertos contactos que me ayudaron a saber cada una de tus emociones. Me enteré que seguías teniendo comunicación con ese tal Samuel ya que sentías una fuerte tristeza de un amor no correspondido. Vaya eras más lista de lo que pensé, tu corazón, por así decirlo, intuía falso amor de parte mía.

Antes de que tu fueses la que me declararas como te sentías y que todo se fuese por la borda decidí terminar de cierto modo con la farsa antes que tú. Deseaba hacerte sentir culpable.

Te mentí como siempre.

-Valeria, tenemos que hablar.- Tu rostro se puso pálido y me miraste con esos ojos azules tan bellos, no mentí cuando dije que realmente eras hermosa. -Me es difícil decirlo pero no soy el indicado para estar a tu lado, quiero que seas feliz y siempre sonrías. Temo que yo no soy aquella persona que te pueda hacer feliz, tu amigo Samuel parece sacar las sonrisas que yo no pude.-

-¿De qué hablas Álvaro? Él…Él sólo es un amigo…– ¡Ja! Fue más fácil de lo que me imaginé, ni siquiera había terminado de soltar mi actuación y tus ojos ya se habían puesto muy acuosos.

-Valeria… Realmente quiero que seas feliz, además temo que este es el fin, no podré verte nunca más, debemos seguir, te aseguro que estarás mejor con él.- Terminé mi actuación ensayada y repasada días atrás. Incluso ya sabría tus respuestas.

-Por favor no me dejes, eres todo para mí, sin ti… Sin ti yo me moriría.-

No pude evitar reírme en mis pensamientos, esa última frase no me la esperaba, si hubiesen caído lágrimas en esa última sería una novela bastante graciosa.

Lástima que las soltaste después de 5 minutos de silencio.

Te cubriste la cara tratando de que tus lágrimas ya no salieran. No puedo creer lo feliz que estaba, realmente me gustaba ver esa expresión en tu rostro.

-Lo siento…- Dije como si yo también estuviese dolido y me marché, para ser sincero no quería irme, deseaba ver más y más tu rostro lloroso. Gritabas frenéticamente una y otra vez mi nombre, sin embargo no volteé ni una sola vez ya que aquella sonrisa que sobresalía de mis labios no podía ser parada. Sin embargo, fui detenido de repente por una pequeña mano que se aferraba a mi chaqueta.

-No te vayas…- Traté de quitar mi sonrisa del rostro pero fue imposible, así que hablé sin voltear a verte.

-Es lo mejor para los dos.– Mi voz sonaba triste ¿Qué esperabas de una actuación muy bien ensayada?

De verdad deseaba voltear, sólo para poder ver ese rostro que tanto me gustaba. Ese, tu rostro sumergido en tanto dolor.

-¡No lo aceptaré!- Alzaste la voz y corriste para ponerte frente mío.

Demonios. Pensé, yo seguía sonriendo, pero al parecer tú no lo viste ya que cerraste tus ojos, donde aún brotaban esas lágrimas tan saladas y me besaste. Debo admitir que fue un beso muy tierno y frágil. Me habías tomado de sorpresa, pero no importaba, podía ver tu rostro más de cerca.

La vista de esas mejillas rojas y bañadas con ese líquido reprimido era sumamente bella.

Esta acción tuya sólo significaba algo: podía divertirme más contigo. Sonreí de solo pensarlo…

Abraham Rocha Rdz 

Hechizado …

Me sentí romántico y te escribí.
Me sentí el mejor de los poetas aunque un errante desdichado; es mía la agonía de tenerte y no tenerte, conquistarte y enamorarte con mis seductoras letras y acciones  soy como un libro al que llegas y desnudas y te entrega lo mejor de si, pero no te puede tener el tiempo que quisiera y solo puedo sentir cómo tus manos acarician mi piel convertida en páginas llenas de palabras sin sentido, pero que hablan sólo del amor que me haces sentir.
Puedo escribir los versos más hermosos del mundo, como Neruda. Puedo hablar de tu mirada que me hechiza el alma misma, puedo decir que eres única entre las personas de este planeta y que tu voz tiene un no sé qué, que me hace seguir en existencia…Quisiera que entendieras este gran cariño que yo te tengo.

Te puedo escribir mas no te puedo tocar, te puedo conquistar desde este lado de mi mundo y te puedo hacer sentir mía con estas palabras… ¡lo sé! pero aunque los poros de mi piel se estremecen porque no te tengo, mi corazón viaja hasta donde tú estés, si viene mi recuerdo a tu pensamiento.
Me pregunto ¿por qué no estas a mi lado haciéndome sentir cómo el universo atraviesa por tus labios, para crear nuevos mundos aquí, dentro de mi?
Me pregunto, ¿cómo es que hacen las estrellas para soportar que tu luz sea la mas bella.
Me pregunto, ¿cómo le he hecho todos estos meses para soportar tu ausencia.
Quisiera darte lo mejor, mis mejores momentos, pero no sé qué más decir; siempre quiero estar allí para ti, pero la distancia de nuestros mundos nos a unido aun estando tan lejos y por más que quiera, me duele no poder abrazarte, no poder decirte estas palabras que están en mi.
Pero es mejor así, amarte en mi pensamiento y viajar a través del tiempo para entregarte en algún futuro también mis letras.
Por qué así cuando nos vemos será intenso y se renueva la pasión 

Abraham Rocha Rdz

Las razones para llamarte amor

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Entendí que todo pasa por algo, que lo único realmente importante es la posibilidad de estar con tu amor. 

Muchas personas se sorprenden al saber que mi sentimiento por  ha crecido apesar de estar lejos  no es para sorprenderse después de que la gente se olvido lo que es un verdadero sentimiento… muchos dirían que lejos no es posible y yo se que tu lo crees pero no te cierras a la posibilidad de estar juntos.

Te llamo amor porque has logrado ganarte tan especial y hermoso sobrenombre. Te llamo así porque después de muchos años he logrado reconocer tu voz en medio de muchas otras voces. Decido decirte así porque cuando veo tus grandes y redondos ojos cafés, me dices mucho sin decir una sola palabra. Me has hablado de esperanzas, de sueños y de proyectos.

Con sólo una mirada logras que un fatal día se convierta en algo más, en algo mejor. Eres el hombre que me envuelve en perverso y que locamente me regala los besos que no quiero dejarte de dar.

Eres mi amor, porque eso me has dado. Arely Parra

Cuatro crisis existenciales que debemos superar

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¿Quién no ha tenido crisis existenciales contra las que luchar?
Los que me conocen saben que soy muy crítico. Primeramente soy crítico conmigo mismo y con la forma que en ocasiones opera mi propia mente. También soy crítico con la sociedad e incluso con la humanidad como especie. El problema es que cuanto más crítico eres más riesgo tienes de sufrir crisis existenciales. Sin embargo, sin crisis existenciales ni reflexionaríamos lo suficiente ni podríamos disfrutar de las liberaciones catárticas que experimentamos cuando éstas estallan y nos permiten tomar un nuevo y mejor rumbo en nuestra vida.
A continuación expongo 4 crisis existenciales, algunas propias y otras, omnipresentes en la sociedad en general. Las 4 me producen o me han producido verdaderos quebraderos de cabeza pero, por otro lado, también son, para mí, referencias. Es decir, puntos de apoyo que utilizo como fuentes de inspiración para mejorar día a día. Enfrentarme a ellas me ha permitido convertirlas en motores motivacionales de mi existencia y, por tanto, en mis amigas, pues estimulan mi crecimiento personal y contribuyen continuamente a mejorar mi vida.

1. El sentido de la vida

“Mi vida no es plena, para qué engañarme. A veces no encuentro los porqués de lo que hago ni veo el verdadero objetivo de mi existencia. Me siento prisionero del camino social preestablecido, ese que nos impone lo que hay que hacer (y lo que no) para triunfar en la vida. Desde que nacemos, existe un mensaje subliminal que nos dice que para triunfar o ser alguien en la vida hay que tener estudios superiores, encontrar un buen trabajo o fundar una familia en una cómoda casa con jardín.

-¿Con qué derecho pretenden regir nuestro destino?-me digo a mí mismo-¿Por qué nos limitan psicológicamente desde la infancia haciéndonos creer que existe una receta estándar para llegar a felicidad?

Siento que mi verdadero camino está lejos de los cimientos que en la actualidad estoy forjando. Siento que en mi vida debe haber un cambio radical que me permita encontrar un camino que me satisfaga. Espero ser suficientemente valiente para emprender ese arriesgado viaje eligiendo bien mi destino, teniendo el coraje para superar los obstáculos que vengan y siendo lo suficientemente sincero conmigo mismo”.

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La prisión de la mente y la sociedad:

No hay nada más asfixiante que verse obligado a estar recluido en una prisión. Cuando estás preso no existe un futuro inmediato, sólo existe un presente desolador del que no podemos escapar y que nos impide realizar lo que anhelamos. Nuestro destino se encuentra bloqueado, nuestras necesidades más íntimas son ignoradas y los placeres de la vida pasan por nuestro lado sin que podamos disfrutarlos.

Esta es la vida del prisionero, una vida sin libertad y sin esperanza donde la existencia pierde su chispa, convirtiéndose en algo monótono, gris e indeseable. El no ser dueño de ti mismo ni de tu destino convierte la vida en algo indigno de ser vivido.

Nuestro mundo está lleno de prisiones, pero no de prisiones de piedra y metal sino de prisiones que habitan en nuestra mente. Nuestro entorno y nuestra sociedad nos cargan de obligaciones y trampas para mantenernos constantemente ocupados y preocupados. Luego, nuestra mente acaba siguiendo esos dictados hasta desarrollar pensamientos negativos, rutinas inútiles y obligaciones autoimpuestas. Y al final, sin darnos cuenta, nos encontramos con una agenda sin huecos, un ritmo de vida frenético y una existencia monótona, falta de estímulos y sin proyectos a largo plazo que nos ilusionen.

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Vivir así perpetúa un estilo de vida que no potencia nuestras cualidades, que nos obliga a hacer cosas que no nos gustan y que impide que sigamos nuestros sueños. Esto no es una vida, es una prisión. Una prisión donde todos nuestros actos están controlados y donde aquello que se sale de los límites establecidos está prohibido. Por tanto, acabamos presos de una vida mediocre que, en lo más profundo de nuestro ser, sentimos que no merece la pena ser vivida.

Ser consciente de estos hechos es útil para liberarse las limitaciones que tanto nuestra propia mente como la sociedad acaban incrustando en nuestra forma de ser y vivir. De hecho, el modelo social actual nos lleva al límite hasta que terminamos vacíos y agotados. Pero, en realidad, ¿Para qué tanta prisa? ¿Hacia dónde nos lleva ese ritmo de vida tan acelerado? Estas preguntas me llevaron a la tercera reflexión.

El estrés, la enfermedad de los tiempos modernos:

En nuestra sociedad “moderna” solemos empeñarnos por hacer el máximo número de actividades posibles en un tiempo limitado: estudios, trabajo, cursos de idiomas, un segundo trabajo de fin de semana, …Eso nos lleva a ir constantemente al límite y con la agenda continuamente apretada. Siempre estamos lamentándonos de lo ocupados que estamos y del poco tiempo del que disponemos para nosotros mismos. En estas circunstancias no tenemos margen de maniobra, estamos siempre al filo del colapso y cualquier imprevisto, contratiempo o circunstancia que altere nuestra rutina hace que nos sintamos sobrepasados.

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Finalmente, acabamos nuestra vida eternamente ocupados, angustiados y estresados por tareas absurdas. Y cuando ya es demasiado tarde, nos damos cuenta de que hemos dejado pasar las actividades que realmente importan: aquellas que nos hacen sentir bien, aquellas que nos ayudan a cumplir nuestros sueños y aquellas que nos permiten hacer algo por los demás y crear un mundo mejor.

Ser consciente que llevas una vida frenética y sin sentido es el primer paso a la hora de crear un estilo de vida “diferente” que se ajuste más a aquél que siempre deseaste. Y, para concluir, no podía dejar pasar la oportunidad de azotar un poco a la humanidad entera como especie en mi última reflexión. De hecho, si analizamos fríamente nuestra especie, no podremos negar que dejamos aún mucho que desear.

La crisis espiritual de la humanidad:

Observo una curiosa paradoja en la forma de actuar de las personas. Aquéllas que tienen dinero, poder y recursos no son felices en su vida porque se sienten vacíos, solos o porque no tienen tiempo para sí mismos. Por otro lado, las personas que no disponen de dinero, poder y recursos tampoco son felices porque, aunque puedan disponer de tiempo para sí mismos, no disponen del confort y la tranquilidad necesaria para disfrutar de lo poco que tienen.

Así pues, parece que nadie es ni puede ser feliz o, mejor dicho, que nadie sabe ser feliz. De esta situación derivan muchas paradojas y nacen muchas de las crisis existenciales que atormentan las personas de nuestros tiempos. Crisis que tienen origen en cuestiones de naturaleza filosófica, moral y espiritual. Muchos no estarán de acuerdo conmigo en esta última afirmación pero, decidme entonces por qué el desarrollo (tecnológico, económico, ecológico, médico e intelectual) es cada vez mayor y, en cambio, somos cada vez más infelices a causa del modo de vida que acabamos construyendo. ¿Cómo es posible si no que cuantas más comodidades y posesiones materiales tengamos más vacíos e insatisfechos nos sintamos? ¿Por qué no usamos los avances tecnológicos para mejorar la ecología y el medio ambiente en lugar de fabricar armas y obtener un mundo cada vez más deforestado, más contaminado y más cercano a la desaparición de la vida? ¿Por qué el desarrollo de la economía genera cada vez más hambrunas y desequilibrios entre las personas y sociedades?