vendedora de caricias …

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Desde tiempos antiguos se ha escuchado hablar de geishas y prostitutas, así como también se les ha criticado desde siempre por ser pecadoras, hijas de Satanás y de más cosas; pero nunca se han puesto a pensar cuáles son los motivos por los cuales han tenido que vender sus cuerpos. Bueno, esta es mi historia y de cómo fue que terminé siendo prostituta.

Mi nombre artístico es PAMELA y empecé como sexo-servidora a los 19 años. Los motivos por los cuales empecé en este medio fue cuando la economía de mi familia empezó a deteriorarse, pero la circunstancia más grande fue cuando mi pequeño empezó a enfermar, hasta llegar el punto que le dio neumonía, así que tuve que llevarlo al hospital y ahí mismo lo internaron, pero desafortunadamente no tenía dinero para pagar, así que acudí con una amiga, ella me prestó dinero y enseguida fui al hospital; cuando llegué me dijeron que no era suficiente, que mi pequeño Mateo estaba cada vez más débil y que lo mejor era que me lo llevara a mi casa para que ahí muriera.

Y fue así como me vi en la necesidad de tener que aceptar aquella propuesta, que por mucho tiempo Karina me había propuesto acerca de convertirme en una vendedora de caricias. Esa misma tarde Karina me llevó con Orlando, el hombre que me daría protección y el mismo para el que empezaría a trabajar desde entonces para empezar a llevar una doble vida.

Mi primera cita fue con un hombre aproximadamente 45 de edad, esa noche me sentí la mujer más sucia del mundo, me bañe una y otra vez, pero enseguida intente ver el lado bueno del porqué hice lo que hice y ese único motivo fue por mi bebé, nada más por él; así que busqué fuerza de donde fuese que la tuviera para continuar en este nuevo mundo. Sí, mi bebé se recuperó, pero ahora lo único que quedaban eran deudas, así que habría que pagar aproximadamente 50,000 mil pesos en tres meses, no me quedo de otra que seguir trabajando para Orlando.

Y es que entre más me quería zafar de ese trabajo, más me veía envuelta y sin darme cuenta, ya había pasado casi un año, corriendo riesgos en este empleo, pero ¿qué podía hacer si la crisis cada día empeoraba y era cada vez más difícil encontrar un buen empleo? Así que debía continuar como prostituta.

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En una ocasión mientras atendía a un cliente, éste me empezó a golpear sin razón alguna, pero afortunadamente uno de los protectores que me había asignado Orlando, se dio cuenta y fue así como me salvó, pero infortunadamente muchas veces no es así con otras mujeres.

Sin embargo, esta pequeña historia no es nada a comparación de las miles y miles de mujeres, que como yo, tuvieron que convertirse en vendedoras de caricias. Créeme mi amigo, que nunca se gana más de lo que se pierde, porque en un trabajo como este, los riesgos que se corren son innumerables, además la doble vida que uno lleva es demasiado dolorosa, ya que debes fingir placer al estar con alguien a quien no conoces y quizás no volverás a ver nunca más.

Mi nombre real es Diana y hoy en día ya no empleo como sexo-servidora, sin embargo, esta historia siempre estará conmigo y puedo decir orgullosa que lo hice para salvar a mi hijo; no como muchos creen que lo hacemos por dinero fácil. Así que nunca critiques el porqué una mujer se convierte en vendedora de caricias.

 

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